AP2753-2015(45471)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP2753-2015  

Radicación n° 45471  

(Aprobado  Acta No.  184)   

Bogotá D.C., veinticinco (25) de mayo de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  presentadas por los defensores de LUIS    EMILIO    ALVARADO    ESTEPA   y  RAÚL   EMILIO   PEÑARANDA   ALVARADO  contra  la sentencia del 2 de julio de 2014, a través de la cual el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  revocó  la  absolución  pronunciada  el 29 de  febrero  de 2012 por el Juzgado Quince Penal del Circuito de la misma sede para,  en   su   lugar,   condenar   a  los  prenombrados,  así  como  a  Hernando  Rafael Díaz Mejía a título de  determinadores del delito de peculado por apropiación agravado.   

HECHOS  

Los  resumió  el  Tribunal  de la siguiente  manera:   

El  14  de  noviembre  de  1997,  ante  la  Inspección  de  Trabajo  y  Seguridad  Social Regional Cundinamarca, el abogado  LUIS  EMILIO  ALVARADO  ESTEPA,  en  representación  de  HUGO  CORREA GRANADOS,  BLADIMIRO  MONTESINOS  PÉREZ, MANUEL MANJARRÉS JIMÉNEZ, BERNARDO LÓPEZ TORO,  PAUL  VARGAS  DE  LA HOZ, HERNANDO RAFAEL DÍAZ MEJÍA y RAÚL EMILIO PEÑARANDA  ALVARADO,  suscribió  con la apoderada del Fondo de Pasivo Social de la Empresa  Puertos  de  Colombia,  en liquidación, acta de conciliación número 042 de la  misma  fecha,  en  que  acordaron  el pago de $104.402.522,70 por indemnización  moratoria,  a la que no tenían derecho sus poderdantes, para lo que se tuvieron  en  cuenta las Resoluciones 0038 de 16 de enero, 518 de 13 de marzo, 713 de 7 de  abril,  1433  de 23 de junio, 1546 de 6 de julio, 2538 de 18 de diciembre y 2543  de  22  de  diciembre  de 1995, en que fueron reliquidadas prestaciones sociales  por  factores salariales no causados o que se encontraban prescritos y, además,  en  algunos  casos, se había renunciado a futuras reclamaciones por la supuesta  sanción   o   se   exigió   con   fundamento  en  conceptos  por  los  que  no  procedía.   

En  acatamiento  de  lo  anterior, SALVADOR  ATUESTA  BLANCO,  director  general  de  Foncolpuertos, profirió la Resolución  0483  de 14 de abril de 1998 en que ordenó pagar la referida suma a LUIS EMILIO  ALVARADO  ESTEPA,  lo  que  se  efectuó el día siguiente según comprobante de  egreso  de 000373 de la Fiduciaria La Previsora S.A. por $81.453.258,91, previas  deducciones por embargos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Iniciada la instrucción penal respectiva,  se  vinculó  a  la actuación mediante indagatoria, entre otros, a LUIS  EMILIO  ALVARADO  ESTEPA,  RAÚL  EMILIO  PEÑARANDA ALVARADO  y  Hernando  Rafael  Díaz  Mejía.   

2.  Clausurada  la  instrucción,  mediante  interlocutorio  del  23  de  agosto  de 2006 el fiscal investigador calificó el  mérito  del  sumario,  profiriendo  resolución  de acusación contra los antes  nombrados por el delito de estafa agravada.   

          3.  En virtud de la apelación interpuesta por la defensa, el pliego  de  cargos  obtuvo  confirmación  de  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal  Superior de Bogotá, en decisión del 20 de junio de 2008.   

          4.  Adelantada  la  etapa  del  juicio, el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de Descongestión con sede en esta Capital puso fin a la instancia con  decisión   del   21   de  septiembre  de  2009,  absolviendo  a  los  acusados.   

          5.  Por  apelación  interpuesta en su momento, el Tribunal Superior  también  de  Bogotá,  a  través  de  la  Sala  de Decisión integrada por los  Magistrados  ESPERANZA NAJAR MORENO, EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER y JAVIER ARMANDO  FLETSCHER  PLAZAS,  mediante  providencia  del  10 de marzo de 2011, decretó la  nulidad  de  lo  actuado  desde la intervención de la Fiscalía en la audiencia  pública,  por  error  en  la  calificación  jurídica,  al  considerar que las  pruebas  recaudadas  daban  cuenta de la existencia de un delito de peculado por  apropiación,   en   vez   de   la   estafa   agravada  atribuida  por  el  ente  acusador.   

          6.  De  retorno  el  proceso a sede de primera instancia, se ordenó  rehacer  la  actuación,  conforme  a  lo  dispuesto  por  el  superior, en cuyo  desarrollo  el  procesado  LUIS EMILIO ALVARADO ESTEPA  solicitó  la  nulidad  de lo actuado, cuestionando al  Tribunal  por  la  decisión  reseñada,  en  cuanto allí efectuó valoraciones  acerca de la responsabilidad del acusado.   

          7.  Por  auto  del  5  de  abril  de  2011,  el Juzgado 37 Penal del  Circuito  de  esta  ciudad, a cuyo cargo corrió el subsiguiente trámite, negó  la referida solicitud.   

          8.  Ante  la apelación interpuesta contra esa decisión, el proceso  arribó   nuevamente  al  Tribunal  de  Bogotá,  oportunidad  en  la  cual  los  Magistrados   ESPERANZA  NAJAR  MORENO, EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER y JAVIER  ARMANDO  FLETSCHER  PLAZAS  se  declararon impedidos con fundamento en la causal  6ª del artículo 99 de la Ley 600 de 2000.   

          9.  La  Sala  de Decisión subsiguiente de la mencionada colegiatura  negó  la manifestación de inhibición en auto del 5 de octubre del mismo 2011.  Por  esa  razón  la actuación se remitió a la Corte Suprema de Justicia, cuya  Sala  de  Casación Penal optó por declarar fundado el impedimento en decisión  del 21 de octubre siguiente.   

          10.  Correspondió  de  esa  forma  a  otra  Sala  de  Decisión del  Tribunal  de Bogotá desatar la referida apelación, cuyos integrantes, mediante  providencia   del   15   de   noviembre   de   2011,  confirmaron  la  decisión  impugnada.   

          11.  Devuelto  el proceso a sede de primera instancia y culminada la  audiencia  pública  de  juzgamiento,  el  Juzgado  Quince  Penal  del  Circuito  absolvió a los procesados en proveído del 29 de febrero de 2012.   

          12.  Contra  el  fallo  de  primer grado se alzaron en apelación la  Fiscalía  y  el  Ministerio  Público,  por  cuya  vía el Tribunal Superior de  Bogotá,  en  sentencia  del  2  de julio de 2014, lo revocó para, en su lugar,  condenar  a  LUIS  EMILIO  ALVARADO  ESTEPA, HERNANDO  RAFAEL  DÍAZ  MEJÍA y RAÚL  EMILIO  PEÑARANDA  ALVARADO,  como determinadores del  delito  de  peculado  por apropiación agravado. A título de pena principal, al  primero  le  impuso  9  años  de  prisión, mientras a los otros dos 6 años de  prisión,   cada   uno.   También   como  principal  les  irrogó  a  los  tres  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  idéntico  lapso  al  determinado  para  la  privativa de la libertad, así como  multa en cuantía de $104.402.522,70.   

13.  En  atención a la decisión de segunda  instancia,   los   defensores   de   ALVARADO  ESTEPA  y   PEÑARANDA   ALVARADO  interpusieron  el recurso extraordinario de casación.   

14. Remitido el proceso a la Corte Suprema de  Justicia,  correspondió  su  tramitación al doctor EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER,  ahora  Magistrado  de  esta  Corporación,  quien  en auto del 27 de febrero del  cursante año se declaró impedido para conocer de la impugnación.   

15. En auto del 25 de marzo del cursante año  la  Sala  declaró  fundado  el  mencionado  impedimento  y  ahora  se apresta a  pronunciarse  acerca  de  los  requisitos de adecuada y lógica sustentación de  los libelos casacionales instaurados.   

LAS  DEMANDAS   

          LA PRESENTADA A NOMBRE DE LUIS EMILIO ALVARADO ESTEPA:   

          Único cargo:   

          Al  amparo  de la causal tercera de casación de la Ley 600 de 2000,  el  impugnante  propende por la nulidad de la sentencia de segunda instancia por  irregularidades sustanciales que afectan el debido proceso.   

          Según   el   actor,  cuando  el  Tribunal,  como  juez  de  segunda  instancia,  decretó  la  nulidad  a partir de la intervención del fiscal en la  audiencia  pública  y  propuso  la  variación  de  la  calificación jurídica  incurrió  en  irregularidad  sustancial,  pues  no  existe  norma  legal que lo  autorice para proceder en ese sentido.   

          Con  cita  de  precedentes  de esta Corporación, sostiene que en el  marco  de  la  Ley  600  de 2000 sólo hay una única oportunidad para variar la  calificación  jurídica,  cual es la de terminación de la práctica de pruebas  en  la  audiencia  pública. Superada esa fase, añade, la calificación deviene  en   definitiva  e  intangible,  de  manera  que  proponer  su  alteración  con  posterioridad   vulnera   el  principio  de  preclusión  y  la  estructura  del  enjuiciamiento.   

          Por  lo  anterior, solicita casar la sentencia impugnada para, en su  lugar,  decretar  la  nulidad  a  partir  de  la  decisión  mediante la cual el  Tribunal  Superior  decidió  invalidar la actuación. Consecuentemente, impetra  declarar   la  prescripción  de  la  acción  penal,  pues  la  resolución  de  acusación  cobró  ejecutoria  el  20  de  junio  de  2008, consolidándose ese  fenómeno  el  20 de junio de 2014, atendiendo que el delito de estafa agravada,  cuya  calificación  es  la intangible y definitiva, tiene prevista una sanción  máxima  de  12  años,  si  se  aplica  por  favorabilidad el artículo 246 del  Código  Penal  de  2000,  término  que  se  reduce  a la mitad en la etapa del  juicio.    

LA  INSTAURADA  A  NOMBRE  DE  RAÚL EMILIO  PEÑARANDA    ALVARADO:                    

          Primer cargo:   

          Al  amparo  también  de  la  causal tercera, aduce la existencia de  idéntica irregularidad a la planteada por el otro casacionista.   

          Para  sustentar  el  reparo  expresa  similares  fundamentos  a  los  ofrecidos  por su colega. Adicionalmente, sostiene que el proceder del Tribunal,  al  decretar  la  nulidad  por  indebida  calificación  jurídica, desconoce lo  previsto  en  el  artículo  204  de  la  Ley  600  de  2000,  pues desbordó la  competencia  funcional que ostentaba como juez de segundo grado, al pronunciarse  sobre   un   aspecto   que   no  fue  objeto  de  inconformidad  por  el  único  apelante.   

          Igualmente,  con apoyo en la decisión de esta colegiatura del 20 de  julio  de  2009  (rad.  31753),  argumenta  que la calificación jurídica sólo  puede  variarse  por  prueba  sobreviniente,  situación  no  ocurrida  en  este  caso.   

          De  esa  manera,  pide  también casar la sentencia para decretar la  nulidad  desde la decisión del Tribunal del 10 de marzo de 2011 y, en su lugar,  se confirme el fallo absolutorio proferido en primera instancia.   

          Segundo cargo:   

          Acusa  al  Tribunal  de  incurrir  en violación indirecta de la ley  sustancial  derivada  de  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad.   

          Para   sustentar   el   reproche  el  demandante  sostiene  que  los  documentos  apreciados  por  el  juzgador  de segundo grado no demuestran que el  procesado    PEÑARANDA    ALVARADO    cometió  el  delito de peculado por apropiación en la modalidad de  determinador,  sin  que  la  solicitud  de la Corte Constitucional de investigar  algunas   irregularidades   de  extrabajadores  de  Foncolpuertos  implique  tal  acreditación,  pues  las  reclamaciones  laborales  realizadas  por  aquél  se  ajustan a derecho.   

          En  su  opinión,  con  el criterio del ad  quem  cada  vez  que  se reclame un derecho laboral se  configuraría  la mencionada conducta punible. Lo cierto, añade, es que en este  caso  el  fallo  “se  fundamentó  en  la  indebida  apreciación  de  algunas  pruebas,  en  la suposición de otras y en errores de  derecho por equivocados juicio de valoración de ellas”.   

          Considera  que  el  error  de  derecho  denunciado  recayó  en  las  siguientes pruebas:   

          1)  Resolución  143512 del 12 de septiembre de 1992. La prestación  allí     reconocida,     dice,    no    corresponde    a    una    “reliquidación”    sino    a   una  liquidación  definitiva,  amén  de  no ser cierto, como lo afirma el Tribunal,  que  el  monto de esa prestación se haya sufragado con anterioridad a la citada  resolución.   

          2)  Resoluciones  145904  y  145919 del 14 de septiembre de 1993. El  error  de  apreciación  del sentenciador, en concepto del libelista, es afirmar  que  con  la  segunda de esas resoluciones se reajustó el monto de la pensión,  mientras en la primera no se abordó ese aspecto.   

          3)  Resoluciones  0029  y  0038  del  16  de  enero  de 1995. Estima  evidente  el  falso  juicio de legalidad, en tanto sin estar probada la falsedad  del  documento  o  la  nulidad  del  mismo  el ad quem  pone  en duda la prestación de trabajo dominical y de  festivos.   

          4)  Acta  de  conciliación  del  4  de  noviembre  de  1997.  En su  criterio,  el  yerro  en  la  apreciación  de  esa  prueba llevó al juzgador a  aplicar  indebidamente  el artículo 65 del Código Sustantivo del Trabajo, pues  pasó  por  alto que en la liquidación de las prestaciones sociales realizada a  la  terminación  del contrato de trabajo no se incluyeron los valores relativos  a trabajos dominicales y feriados, que constituyen salario.   

          5)  Consulta  del  Consejo  de  Estado del 19 de septiembre de 1996,  radicación  878.  El error de apreciación del Tribunal, señala, consistió en  condicionar  la  aplicación  de  la  indemnización moratoria a la “buena  o  mala  fe  del  empleador”,  olvidando  que  en  este  caso  la  reclamación  no  fue sometida a una acción  judicial.   

          Para   el   casacionista,   si  el  fallador  de  segunda  instancia  “hubiese  realizado  una  contemplación  jurídica  acertada  de  las  citadas  pruebas,  de  la  legalidad  de  su  expedición, en  consonancia  con las normas que la regulan y hubiese tomado en consideración la  respuesta  a  la  consulta  del  Consejo de Estado respecto a la conciliación y  aplicación  de la indemnización moratoria, indefectiblemente hubiera llegado a  la  conclusión  de  que en ningún momento existió la conducta de determinador  del  delito  de  peculado  por  apropiación  agravado,  así como tampoco la de  estafa…”.   

         De  esa  manera,  solicita  casar la sentencia impugnada para, en su  lugar, confirmar el fallo de primer grado.   

ALEGATOS DEL NO RECURRENTE  

         El  defensor  de  Hernando  Rafael  Díaz  Mejía,  a manera de sujeto procesal no recurrente, se  pronunció  en  torno a las demandas de casación para coadyuvar la solicitud de  nulidad  desde  la  decisión  mediante  la  cual  el Tribunal Superior decidió  invalidar la actuación.   

         Considera   al  respecto  que  en  este  caso  se  materializó  una  flagrante  violación  al  derecho  de  defensa  y  al debido proceso, pues a su  prohijado  en  ningún  momento se le indagó o formuló cargos por el delito de  peculado por apropiación en calidad de determinador.   

         Impetra,   por   tanto,   declarar   la  referida  nulidad  y,  como  consecuencia  de  ello,  declarar  la prescripción de la acción penal, pues el  término  exigido  para  el  efecto  se  cumplió el pasado 20 de junio de 2014.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         Acorde  con  lo  establecido  en  el  artículo  213  del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000,  bajo cuyo imperio se ritúa el presente asunto,  corresponde  a  la  Corte  calificar  la demanda de casación para determinar si  reúne  o  no  los  requisitos  contemplados en la ley. Uno de esos presupuestos  está  establecido en el numeral 3º del artículo 212 ibídem, conforme al cual  en  el  libelo  se  debe  enunciar la causal y formular el cargo con indicación  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos y de las normas que el demandante estime  infringidas.   

         Según  criterio  reiterado  de  la  Sala,  el cumplimiento de dicho  presupuesto  impone  al  actor la carga de efectuar una labor de fundamentación  lógica  y  coherente,  en tal forma que los cargos formulados correspondan a la  causal  invocada  y  se  orienten  a  demostrar que el sentenciador incurrió en  vicios   in  procedendo  o  in iudicando, de acuerdo con  el  motivo  de  casación seleccionado, para lo cual, además, se hace necesaria  la  satisfacción  de  las  pautas  de sustentación que la jurisprudencia de la  Corte  tiene  establecidas frente a la estructuración de cada uno de los yerros  demandables por la vía extraordinaria en mención.   

En  el  caso  objeto de examen, advierte la  Sala  que  los demandantes no cumplen dichos requisitos de fundamentación de la  demanda, según se explica a continuación.   

         En    el    único   cargo   formulado  por  el defensor de LUIS EMILIO  ALVARADO     ESTEPA    y    en    el    primero  expuesto  por el representante de  RAÚL    EMILIO   PEÑARANDA   ALVARADO,  se  acusa al  Tribunal  de  haber  dictado  la  sentencia  en un juicio viciado de nulidad, en  concreto,  porque  esa misma corporación, en decisión del 10 de marzo de 2011,  decretó  la  invalidación de lo actuado desde la intervención de la Fiscalía  en   la  audiencia  pública,  por  error  en  la  calificación  jurídica,  al  considerar  que  las  pruebas  recaudadas  daban  cuenta  de la existencia de un  delito  de peculado por apropiación, en vez de la estafa agravada atribuida por  el ente acusador.   

         Según  lo  actores,  si superada la fase de la práctica de pruebas  en  la  audiencia  pública  no  se  propone  la  variación de la calificación  jurídica,  ésta  se  torna en definitiva e intangible, de manera que invalidar  la  actuación  posteriormente  para  promover  la  realización de ese trámite  vulnera  el  debido  proceso,  amén  de  que,  conforme lo aduce el defensor de  PEÑARANDA        ALVARADO,        constituye  desbordamiento  de  la competencia funcional, por cuanto  el  Tribunal  se  pronunció sobre un aspecto que no fue objeto de inconformidad  por el único apelante.   

           En la proposición del mencionado reproche los libelistas vulneran  de  manera  palmar  el  principio  de  sustentación  suficiente que gobierna el  recurso  extraordinario  de casación, conforme al cual la censura debe bastarse  a sí misma para provocar la infirmación del fallo.   

         Lo  anterior  porque  si bien los demandantes evocan, para apoyar su  criterio,  la sentencia del 20 de marzo de 2003 dictada dentro de la radicación  199601,  lo  cierto  es que esa postura jurisprudencial fue variada por la  propia  Corte  en reciente sentencia de casación al considerar que lo ilegal no  ata  al  juez,  de modo que si se incurre en error en la calificación jurídica  le   corresponde   al  funcionario  judicial  subsanar  el  yerro,  sin  que  la  regulación  prevista  en  el  artículo  404  de  la  Ley 600 de 2000 le impida  hacerlo  en  una  instancia  posterior  a  la  fase  allí  establecida,  ni  su  competencia  quede  limitada  por  el  hecho  de pronunciarse en sede de segunda  instancia  y  ese aspecto no haya sido objeto de impugnación, pues su capacidad  funcional  también  abarca  vicios  que afectan la estructura del proceso, cuyo  correctivo  es  de  imperativo  legal.  En  concreto,  la  Sala  señaló  en la  remembrada decisión lo siguiente:   

“6. Aun cuando  razón  asiste al actor en considerar que el texto legal corresponde al supuesto  correctivo  de  la  acusación  que se realiza una vez concluida la práctica de  pruebas  en  el  juicio,  esto  se  debe a que las normas que permiten sanear la  actuación  frente  a eventuales vicios de estructura o de garantía, están por  fuera  de dicho marco, pero conducen a través de la declaración de nulidades a  su  aplicación,  cuando  quiera  que, según sucedió en este caso, el Tribunal  advirtió  (auto  de  27  de  agosto  de 2009) que se estaba en presencia de una  irregularidad   sustancial   lesiva   del   debido   proceso  por  error  en  la  denominación  jurídica  de  la  conducta  y  grado de imputación, dado que el  pliego  de cargos aludió, con manifiesta confusión y error, que Luis Alexander  García  Navarrete  debería responder en calidad de cómplice de los delitos de  falsedad  y estafa, aunque en la parte resolutiva se mencionaba que a título de  autor  de  ambas  conductas,  lo  cual  a  juicio  del  Tribunal era equivocado.   

7.  La Corte ha  señalado  que lo ilegal no ata al juez, ni puede correlativamente amparar a los  sujetos  procesales.  De  modo  que el correctivo introducido por el Tribunal al  observar  que  existían  errores en la calificación provisional de la conducta  punible  en cuanto a la forma de coparticipación, de anular lo actuado para que  sin  afectación  del  núcleo básico de los cargos se variara dicha especie de  intervención  delictiva,  tampoco  admite  ningún  reparo,  ni  es  viable por  consiguiente,  reprobarse  por  estar  desfasada  temporalmente,  o entender que  dicho  acto  gozaba  de  una  intangibilidad  absoluta, pues en relación con la  determinación  tomada  no  existía  preclusividad  procesal  alguna, con mayor  razón  cuando  la intervención del ad quem si bien correspondía limitadamente  a  aquellos  aspectos  impugnados  y  cuantos inescindiblemente se le vinculaban  como   objeto  de  decisión,  también  abarcaba  desde  luego  vicios  que  se  consideró  afectantes  de  la  estructura de la acusación y del proceso y cuyo  correctivo  era  igualmente  un  imperativo  legal  (Rad  36598/11).     

8.  En  este  sentido  acierta  el  fallo  impugnado  al  destacar  que  la  variación  de la  calificación  por  prueba  sobreviniente  y  el error de la calificación deben  asumirse  como  mecanismos diferentes en sus causas, en forma tal que bien se ha  precisado,   encuentran   solución   también   con   el   empleo  de  métodos  diversos.   

Si Fiscalía o juez advierten la necesidad  de  corregir  la  acusación  debe  provenir  de  su iniciativa que así se haga  agotando  el  trámite  contemplado  en el art. 404 en mención, pero si, según  sucedió  en  este  caso,  pasa  en  silencio  esa  oportunidad  pero observa el  Tribunal  al  tomar  conocimiento  del  proceso  la existencia de un vicio en la  calificación  que  deba  corregirse,  por  ello debe propender así conlleve la  alternativa  de  depuración  la necesidad de declarar la nulidad de lo actuado,  caso  en  el  cual  le  corresponde  definir  el  momento  a  partir del cual es  necesario  hacerlo,  dependiendo de si la circunstancia defectuosa advertida que  agrava  la  situación  jurídica del procesado (pues cuando la modificación es  favorable  la  doctrina  no  admite modificar los cargos), ha tenido ocasión de  ser  debatida o no, dado que en el primer supuesto la nulidad deberá abarcar la  propia  acusación y en el segundo a partir de finalizar la práctica probatoria  del  juicio,  conforme  entendió  en  este  caso el ad quem, en vista de que el  objeto  de  error  era  el  grado  de participación de García Navarrete en las  conductas  punibles  de  falsedad  en  documento  privado  y  estafa  materia de  imputación  (CSJ SP, 10 de  sep. de 2012, rad. 37382).   

         Es  de  anotar  que en igual sentido se pronunció esta Corporación  en  CSJ  SP,  5  de  marz.  de 2014, rad. 36337.            

Los  censores,  se insiste, no aludieron al  actual  criterio  jurisprudencial  de  la  Sala  para  rebatirlo en búsqueda de  propender  por  su  modificación,  carga  argumentativa  que era indispensable,  además,  a fin de poner de presente la necesidad del fallo de casación de cara  a  los  fines  del  recurso  extraordinario, también previstos en la Ley 600 de  2000   (art.  206),  en  especial,  aquel  referido  a  la  unificación  de  la  jurisprudencia nacional.   

         El  desacierto argumental puesto de presente en precedencia también  se  observa  cuando  el  representante  de  PEÑARANDA  ALVARADO   sostiene   que   la   variación   de   la  calificación  jurídica sólo procede por prueba sobreviniente, no por error en  la adecuación típica, como ocurrió en el presente caso.   

         

         Como  lo  puso  de  manifiesto la Corte en la sentencia de casación  antes  citada, si bien en alguna oportunidad se expuso la postura aludida por el  actor,  es  lo cierto que la misma se revaluó posteriormente para retornar a la  que  desde casi la vigencia de la Ley 600 de 2000 prohijó esta Corporación, es  decir,  que la variación de la calificación jurídica procede tanto por prueba  sobreviniente  como por error en la adecuación típica, cuya interpretación es  la  que  mejor  consulta  la  exégesis  del  artículo  404  de  la  mencionada  disposición  legal.  En  el  fallo  del 10 de septiembre de 2012, en efecto, se  señaló:   

“4. La profusa  jurisprudencia  en  torno  a  la  certera  exégesis  en el entendimiento que la  dinámica  aplicación  de  dicho  precepto  posibilitaba,  condujo a la Corte a  reconocer   desde  un  principio  (Rad.  18457/02),  que  la  variación  de  la  calificación  se  podía  introducir  tanto  frente  a  prueba antecedente como  sobreviniente,   criterio   que   se   mantuvo   en   general  hasta  comprender  restrictivamente  que  sólo era admisible ante novedosos elementos acopiados en  el  juicio  que  condujeran  a  su modificación (Rad. 29339/08), en una postura  interpretativa  que  finalmente  ha  cedido  para  reivindicar  la  primigenia y  original  interpretación  que, consultando el propio texto legal, acepta que la  corrección   de   la   acusación   también  es  viable  por  “error  en  la  calificación”,  hipótesis  que en la norma correspondiente está contemplada  con  la  autonomía  suficiente  para  asumirla  como distinta de aquella que se  sustenta     en     la     presencia     de     prueba     sobreviniente    (Rad  34495/11).      

Así  entonces,  no existe controversia en  torno  a  si  los  dos  motivos  de  prueba  antecedente  o sobreviniente tienen  respaldo  legal  para  aplicar la norma 404 del C. de P.P. en orden a introducir  variantes  a  la  calificación  jurídica,  despejada la comprensión de la ley  dentro  del  ámbito  de  sus  propios  enunciados y teleología, por lo cual en  relación  con  este  aspecto,  los  reparos del actor casacional carecerían de  fundamento.     

         Tampoco,  se  repite,  el  demandante  en cuestión aludió al nuevo  criterio  jurisprudencial  de  la  Corte,  luego  por  ese  aspecto desatendió,  igualmente,  el  principio  de  sustentación  suficiente  y,  por  lo mismo, la  exigencia  de  acreditar la finalidad de la casación desde la perspectiva de la  unificación de la jurisprudencial nacional.   

         En    el   segundo   cargo   el   representante  del  procesado  RAÚL  EMILIO   PEÑARANDA   ALVARADO  atribuye  al  juzgador  incurrir  en  violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de error de  derecho por falso juicio de legalidad.   

El   precitado  dislate,  como  lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia de la Sala, se configura cuando el fallador asigna  validez  a  un  medio de prueba, a pesar de que en su producción y aducción se  desconocen  las  reglas establecidas en la ley para el efecto, y también cuando  el  juzgador  deja  de  apreciar  algún elemento de convicción, por considerar  erróneamente que en su recaudo se desatendieron dichas reglas.   

Desde  luego,  para  su  demostración  le  corresponde   al  demandante  identificar  claramente  la  prueba  indebidamente  apreciada,  señalar  las  normas  medio  que regulan su formación o aducción,  acreditar  que  la  misma fue excluida debiendo ser apreciada o que fue valorada  debiendo   ser  excluida,  y  demostrar  las  implicaciones  del  error  en  las  conclusiones probatorias.   

         El  casacionista  en  momento  alguno  satisface  la  aludida  carga  argumentativa,  pues  si  bien identifica las pruebas cuya indebida apreciación  argumenta,   lo   cierto  es  que  no  precisa  las  normas  reguladoras  de  su  formulación  o  aducción.  Tampoco acredita que el sentenciador las excluyó a  pesar  de  ser  imperativo  valorarlas,  o  las  apreció  cuando  debieron  ser  excluidas. Por lo mismo, no sustentó la trascendencia del yerro.   

         En  realidad,  el  demandante  no  hace  cosa diversa a presentar su  particular  visión  acerca  de  mérito suasorio de las pruebas, señalando que  con  las  referidas  en el libelo se demuestra la legalidad de las reclamaciones  laborales efectuadas por el acusado.   

Pretende de esa forma que la Corte acoja su  criterio  y  rechace,  consecuentemente, el postulado por los juzgadores, con lo  cual  olvida  que  ese  tipo  de discrepancias probatorias no son pertinentes en  sede  de  casación,  dada  la  doble  presunción de acierto y legalidad de que  está  revestido  el  fallo  impugnado,  a  cuyo  tenor  la  apreciación de los  sentenciadores   prevalece   sobre  la  de  los  sujetos  procesales,  salvo  la  demostración  de  un  falso  raciocinio,  lo cual no hizo el libelista, pues en  ningún  momento  les  atribuyó,  mucho menos acreditó, la vulneración de los  principios  de la sana crítica integrados por las reglas de la experiencia, los  postulados  lógicos y las leyes de la ciencia, carga argumentativa a cumplir en  ese caso.   

Más aún, con evidente desconocimiento del  principio  de  autonomía  que  rige en sede de casación, acorde con el cual el  desarrollo  del  ataque  se  debe  corresponder con su enunciación, reprocha al  Tribunal  suponer  algunas pruebas, insinuando de esa forma la configuración de  un  falso  juicio  de  existencia  por  invención  que,  en  todo  caso, apenas  mencionó,  en  tanto  se  abstuvo  de desarrollar el yerro, empezando porque ni  siquiera   identificó   los   medios   probatorios  objeto  de  la  suposición  aducida.           

En   consecuencia,   por   su  inadecuada  formulación,  que  deja  al  descubierto  falencias  de  naturaleza  argumental  incompatibles  con el rigor de la casación, se inadmitirán las demandas objeto  de examen.   

         Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR        las  demandas  de  casación   interpuestas   por   los   defensores   de  LUIS    EMILIO    ALVARADO    ESTEPA   y  RAÚL EMILIO PEÑARANDA ALVARADO.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

IMPEDIDO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  En  esta  decisión  se  señaló  que  la  calificación  jurídica  se  tornaba en  intangible  y  definitiva  una  vez  se  superara la fase de la práctica de las  pruebas en la audiencia pública.     

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