AP2744-2015(45553)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada ponente  

AP 2744-2015  

Radicación N° 45553  

(Aprobado Acta No.  184)   

Bogotá D.C., mayo veinticinco (25) de dos mil  quince (2015).   

VISTOS  

Emprende  la  Sala  la  verificación  de los  presupuestos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de casación presentada por el  defensor    del    procesado    LECC   contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa  de Viterbo el 10 de diciembre de 2014, por cuyo medio  confirmó  la  dictada  el  20  de mayo de 2013 por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Sogamoso  que  condenó al mencionado por el delito de acto sexual  violento agravado, en concurso homogéneo y sucesivo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los primeros se declararon por el ad    quem,  de la siguiente forma:   

Los   hechos  materia  de  investigación  tuvieron  su  génesis,  el  pasado 24 de mayo de 2010 cuando la señora MLAD se  hizo  presente  ante  la Comisaría de Familia de Aquitania, en compañía de su  menor             hija            K.E.P.A1.  (9  años  de edad para esa  época)  con el fin de formular denuncia en contra del señor LECC, quien era su  compañero  sentimental,  y sospechaba había abusado de la niña K., por cuanto  ésta  le comentó que le tocaba la vagina con la mano en varias oportunidades y  por  eso se estaba orinando en la cama. Agrega que lleva tres años viviendo con  LE,  es  muy morboso le contaba qué hacía con sus novias y que su frustración  era  no  haber  estado  con  una  virgen  por  eso  cree  que iba a abusar de su  hija.   

Por  su  parte  la menor K.E. manifestó en  medio  de su llanto que, el señor LECC, quien vive con su mamá le ha tocado la  vagina  en  repetidas ocasiones, con la mano, restregándosela, introduciéndole  uno  de  sus  dedos  y  haciéndole fuerza, hechos que realiza cuando su mami no  está,  además  que le dice que se baje la ropa interior y que él le da plata,  que  no  le  diga  a  nadie lo que él hace, comenta que dormían los tres en la  misma  cama  y  a veces la acostaban a ella en medio lo que él aprovechaba para  hacerle  tocamientos  en  la vagina, agrega que esos tocamientos se los hace los  lunes  y los viernes cuando su mamá se viene para Aquitania a estudiar, le dice  que  le  baje  la  ropa  y  le mete los dedos y la aruña con una uña larga que  tiene en el dedo meñique de la mano izquierda.   

El  24  de  marzo  de  2011 se llevó a cabo  audiencia   preliminar  concentrada  ante  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Aquitania,  donde  la  Fiscalía  formuló  imputación en contra de  LECC  por  el  delito  de  acto  sexual  violento  agravado  en  concurso  homogéneo y sucesivo, cargo que no aceptó el  imputado  y  por  el cual se lo afectó con medida de aseguramiento privativa de  la libertad en establecimiento carcelario.   

El  13  de  abril  ulterior,  el ente fiscal  radicó  escrito  de  acusación  en  contra  del mencionado por el mismo delito  y   bajo  la misma modalidad concursal (arts. 206, modificado por el 2° de  la  Ley  1236  de  2008  y 211-2 del Código Penal), cargo que ratificó en  desarrollo  de  la  audiencia de formulación celebrada el 22 de junio siguiente  ante el Juzgado Primero Penal del Circuito de Sogamoso.   

El mismo despacho judicial, una vez realizó  las  audiencias  preparatoria  y  de juicio oral, profirió sentencia de primera  instancia   el   20  de  mayo  de  2013,  a  través  de  la  cual  condenó  al  acusado   CC   a  la  pena  principal  de  ciento  cuarenta  (140)  meses  de  prisión  y a la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  al  hallarlo responsable, en calidad de autor, del delito por el cual  fue acusado.   

En la misma decisión, le negó el subrogado  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y el sustitutivo de  la prisión domiciliaria.   

Inconforme  con  lo  decidido, la defensa la  impugnó,  motivo  por  el cual se pronunció el Tribunal Superior de Santa Rosa  de     Viterbo     el     10    de    diciembre    de    2014,    impartiéndole  confirmación.   

Contra  esta última determinación acude al  recurso   extraordinario  de  casación  la  misma  parte,  mediante libelo  allegado oportunamente, de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Formula una única censura con sustento en la  causal  tercera  del  artículo  181 del estatuto procesal penal, por violación  indirecta   de   la   ley  sustancial  en  la  apreciación  de  los  medios  de  prueba.   

En desarrollo del cargo comienza por indicar  que  la  prueba  reina del proceso fue la testimonial de la víctima, por lo que  es  preciso  “analizar  la  formación  misma de la  prueba,  es  decir como se desarrollo (sic)  desde  un  inicio,  es  decir  el  mismo  denuncio y las primeras  entrevistas      y      testimonios      dados      por      la     ‘victima’   a   fin   de   establecer  si  el  psicólogo,  el  médico,  el profesional de medicina legal, estableció sin dar  lugar  a  duda,  una  verdad,  si  se  realizaron  los  debidos  cuestionamiento  (sic),  si en fin la prueba  resulta  ser  el  producto  de una recolección detallada, juiciosa y cuidadosa,  que   viera   (sic)  si  se  tomaron  en  cuenta  todas  las posibilidades que conllevara al resultado de una  verdad      verdadera,      esto      no      se      dio      (sic)”.   

De   ese   modo   encuentra   que  no  hay  correspondencia  entre  lo  dicho por la menor en la Comisaría de Familia el 24  de  mayo de 2010, renglón 14, primer párrafo, y lo que sostuvo en la audiencia  pública  donde  señaló  que  nunca  recibió dinero, ni ninguna otra cosa del  implicado,  “sin  embargo  tanto  la fiscalía como  posteriormente    el    aquí    (sic)   pasan   en   alto   (sic)   esta prueba”.   

Lo mismo advierte frente a lo expuesto en el  renglón  21  del  mismo  documento,  al indicar que su progenitora la maltrató  cuando  le  contó  lo  sucedido,  lo cual se opone a lo dicho por esta última,  quien  niega  ese suceso, pero “además fortalece la  postura  que  se  ha  inducido  la versión de la menor, bien sea por temor a la  madre  o  por  otras  causas  no  investigadas  por  la fiscalía”.        

Acto  seguido, señala que, a su vez, en los  “folios  no.  8, 9, en donde el medico (sic)  Diego  Gómez amarillo  (sic)   profesional no idóneo  al  momento  de  realizar  el  examen  a  la  menor,  por  cuanto  a pesar de la  presentación  de  la  fiscalía  quien  lo  mostró  como un medico  (sic) especialista, con un sinnúmero de  títulos  y  experiencia,  la  verdad  es  que a la fecha del examen solo estaba  realizando   el   rural   que  es  la  practica  (sic)  de  medicina  y  según  su  decir  en  audiencia  su  experiencia  solo  era académica, razón por la cual difícilmente se comprende  como  (sic)  se  toma  como  prueba,  más tratándose de un posible delito en contra de la sexualidad de una  menor,  y  se  limita a relatar circunstancias que directamente no percibió, es  decir  que  no  le constan y que fueron proyectadas por la menor en presencia de  la  madre  y  termina  su  testimonial que la madre contó y que la menor contó  (sic),   pero   son  solo  versiones  que  no  fueron  probadas  con  este dictamen, ya que el mismo arrojo  (sic)   que:  sin  signos  o  hallazgos sugestivos de  maniobras  recientes,  himen integro (sic) no  desflorado.  Y  procede  a dar un veredicto lo cual no descarta  maniobras   sexuales,  a  toda  luz  del  derecho      (sic)      esto  no  es  más  que  una  aseveración sin fundamento, que a lo  único  lleva (sic)  a  concluir  es  que  no  existió  prueba  de  maniobras  sexuales  con  la menor, es decir que no es verdad que el  señor  LECC  hubiera tenido  actos  sexuales  con  la menor, sin embargo violando la garantía constitucional  de  presunción  de  inocencia,  y  con los relatos sesgados de la madre y de la  menor  desde  alli  (sic) se  procedió   a   presumir   la   culpabilidad   de   mi  defendido”.   

Además,  “todas  las  entrevistas  que se le tomaron a la menor, por la comisaria de familia, por  la    psicóloga,    no    usaron    la    cámara   de   heissen   (sic),  lo  cual para la existencia de la  prueba   es   requisito   en   estos   casos.,  (sic)  es  decir  que  no  se  usaron  los  protocolos de la  Fiscalía General de La Nación”.   

Tampoco,  destaca,  se  adelantaron  labores  propias  de  policía  judicial  para verificar los datos de la entrevista de la  menor  y lo manifestado por su progenitora, relato éste que ha sido cambiado en  cuatro  ocasiones,  encontrándose     contradicciones entre  ambos.   

Contrariamente,  reseña, su patrocinado sí  ha  sido “congruente”, pues, “incluso delante de  la  menor y frente a la madre, el señor LECC siempre ha señalado su inocencia,  ha  rechazado  las  conductas  que se le atribuyen con la menor y se presentó a  todas y cada una de las audiencias”.   

En  seguida  advierte  que  dentro del mismo  documento    de   la   Comisaría   hay   dos  redacciones  contradictorias  sobre   la  forma  cómo dormían en la cama su defendido, la menor  y  su     progenitora,     por     lo     que     era     necesario    “profundizar   más   en  las  incongruencias  presentadas  y  no  investigadas  o  tomadas  a  consideración en el fallo en alzada”,   como   así   lo  expone  in  extenso  a  continuación,  confrontando  de  forma  confusa su  contenido.   

Después  (punto  12), anota que   “cuando   se   le   pregunto   (sic)  por  parte  de  la  defensa  a  la  psicóloga de las  pruebas   realizadas   a   la   menor,   se  evidencio  (sic)  que  la improvisación fue el conducto seguido  por   la   profesional,   pues   hacer   creer   que   solo  un  dibujo  que  no  presento  (sic) al proceso a  pesar  de  habérsele requerido por esta defensa, y que unas pruebas que no supo  ni  pudo  explicar  fehacientemente,  solo  deja  la  duda  de la verdad, que no  permite  darle  el  100%  de  credibilidad a esas pruebas y menos al diagnostico  (sic)”.   

Insiste     en     que    “las  entrevistas  a  la  menor no se hicieron en las condiciones  que  debieron  hacerse,  en  primer  lugar  todas estuvieron acompañadas por la  madre,  es decir ella siempre estuvo al lado de la menor, en segundo lugar no se  gravaron  (sic), no hubo una  entrevista     en     cámara    hassel           (sic),  que  es  lo  ideal  para  estas,  a  fin  de  recoger con fidelidad los dichos de la menor al  momento  de  las  entrevistas, ya pasados tantos años en juicio oral, se pueden  preparar,     manejar    y    predeterminar,    más    tratándose    de    una  inimputable”.   

Luego,  nuevamente  persiste  en  que  no se  desplegaron  labores de policía judicial, de tal suerte que hay un “sinnúmero  de  omisiones  investigativas, nacen con que no hubo  un  análisis  de  la  escena señalada de crimen, no hay verificación frente a  circunstancias  temporo-espaciales  y  modales de tales relatos, por lo que solo  se  cuenta con una serie de relatos que como ya se dijo estaban predeterminados,  y   los   expertos   que   en  su  trabajo  no  cumplieron  con  su  función  a  cabalidad”,  a más de que los peritos no señalaron  claramente  los  criterios  usados,  por  lo que no hay evidencia de que se haya  realizado una técnica adecuada.   

Así  sucedió,  afirma,  con  “la  entrevista  realizada  por la dra. Dory rincón (sic), dictamen y testimonio como testigo  de    acreditación    y    de    la    dra.    Sonia    yolanda    (sic)      lizarazo      (sic),  no es un informe psicológico, es  un  mero informe de investigador de campo, pues el objeto del mismo era realizar  una  entrevista  judicial y dado que no se hizo un trabajo para determinar desde  el   punto   de   vista  cientifico  (sic)  si  la  menor  decia  (sic)  o no la verdad, si el relato era o no confiable, da al traste que  este   (sic)   comprobado  científicamente      un      hecho      como     lo     indico     (sic)  el  Fallo del H. Tribunal de Santa  Rosa”.   

Igual,  añade, ocurrió con el dictamen del  doctor     Diego    Gómez    Amarillo,   porque   no   aplicó  los  protocolos  establecidos  por  Medicina  Legal  para  la  elaboración de dictámenes periciales, conforme la Resolución  430  de abril de 2005; también “en el expediente se  denota  la  falencia  del  consentimiento informado cuando se trata de un delito  sexual,  ya que la resolución 1054 de 2004 señala que  (sic)    procedimientos    se    aplica    a    las  victimas (sic) de agresiones  sexuales,  y  al  tratarse  de  una  menor  de  edad,  era obligatorio que dicho  dictamen     procediera    previo    mediación    de    permiso    (sic),  lo que no ocurrió”.   

En   síntesis,   pregona,   “no  se  establecieron  fechas  claras,  más  cuando  como ya se  señalo  (sic)  existen tres  relatos  de  la  madre  y  tres  de la menor, todos con tiempos distintos, no se  estableció   el   lugar   de   los  presuntos  tocamientos,  y  mas  (sic) grave, indicar que el señor LE en  presencia  de  la  madre  tocaba  a  la  menor,  o  que  aprovecho  (sic)  momentos  en  los que no estaba la  misma  cuando jamás se demostró que el señor LE, hubiese estado en el lugar y  hora  señalados,  o  que  frecuentaba  la casa cuando la madre no estaba, o que  hizo  tocamientos y luego dio dinero a la menor, o que esta le contó a la madre  sin  presión  alguna,  o  sin  existir  pre  indicación  de  la  madre  de que  (sic)  debe decir, y que la  menor  no  fue inducida por  la  madre,  es  decir  en  este  proceso  nada  quedo  demostrado”.   

Todo  lo  anterior,  colige, podría haberse  superado  si  la  Fiscalía y su cuerpo de investigación hubieran hecho un buen  trabajo  pericial, ajustado a los protocolos, descartando estas “hipótesis”  y    obtenido   prueba   confiable,   consistente,   científica,   “para  que  lleve  a  la  seguridad de que no hay probabilidad de  error en el fallo como hoy sucede”.   

Concluye   que,  por  tanto,  “el  Honorable Tribunal de Santa Rosa de Viterbo, yerra en cuanto  y  según  lo relatado da como verdad verdadera, lo que no se ha probado, ya que  los   testimoniales   de   la   menor   adolecen   de   1.   La  presunción  de  inocencia…”,   consagrada   en   los   artículos  7o  del  C.  de P. Penal de  2000  e  igual  norma  del estatuto de 2004, sobre cuya naturaleza e importancia  trae   a   colación   lo   dicho   por   doctrinantes   foráneos  y  la  Corte  Constitucional.   

En  esa  dirección, encuentra que aquí fue  quebrantada   dicha  garantía  y,  por  ende,  clama  por  la  aplicación  del  in  dubio pro reo a favor de  su  defendido  absolviéndolo de los cargos, “ya que  los  testimonios  de  la  menor  fueron  inducidos por la madre, los dictámenes  presentados  no  son  confiables  al  no  haber sido tomados de conformidad a la  técnica  para  tales,  y  además  ni  un  testimonio  ni  los  decires  de los  profesionales    presentados    genera    un    100%    de    confiabilidad    o  certeza”.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Aun  cuando,  como  lo  ha  dicho  de  forma  reiterada  la  Sala,  la  Ley  906  de 2004 amplió la cobertura para acceder al  recurso  de  casación,  pues  a  diferencia  de  los  ordenamientos  procesales  anteriores  es  viable  contra  todo  tipo  de  sentencias  de segunda instancia  “en     los     procesos     adelantados     por  delitos”,  sin  que  obre  restricción  en  relación  con la autoridad que la  profiere      y      eliminarse      la      exigencia      del     quantum  de  pena  del  delito,  ello por  manera  alguna  significa  que  quien  acuda  a este medio de impugnación esté  exento  de  satisfacer una serie de requisitos técnico jurídicos, básicamente  de   orden   argumentativo,   encaminados   a   la   cabal  comprensión  de  la  propuesta.   

En efecto, de conformidad con los artículos  183,  modificado  por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y 184 de dicha normatividad,  para  que  la  demanda sea admitida es preciso acreditar interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la necesidad del fallo de casación en aras de materializar alguno de  los  fines  establecidos  para  el recurso en el artículo 180, siendo ellos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación de la jurisprudencia.   

          Por   ello,   en   la   demanda,   también   se   ha  reiterado  en  correspondencia  con  los preceptos legales referidos, el actor debe sujetarse a  un  rigor  argumental, en tanto la propuesta debe ser concisa, suficiente, clara  y   trascendente,   pues  no  le  corresponde  a  la  Sala,  dado  el  carácter  eminentemente   rogado  del  recurso,  ocuparse  de  confusos,  contradictorios,  ininteligibles o inocuos planteamientos.   

Y  es  precisamente  en  este  aspecto donde  reside  la  primera  falencia  del  libelo,  pues su exposición carece de total  claridad.  Así,  para  empezar,  en cuanto utiliza una redacción deshilvanada,  con  múltiples  falencias ortográficas, que impide la comprensión cabal de su  exposición  e,  incluso,  la  elaboración  de  una  síntesis  apropiada de su  exposición,  motivo  por  el  cual  se  optó,  en  el  apartado previo, por la  transcripción de apartes de su contenido.   

          Además  porque  emana  absoluta indeterminación en la propuesta en  cuanto  entremezcla diversos planteamientos, resultando imposible establecer con  diafanidad hacia dónde apunta su inconformidad con el fallo.   

De esa manera, aunque acude expresamente a la  causal  tercera  de  casación  del  ordenamiento  procedimental  de  2004,  por  violación  indirecta  de la ley sustancial, jamás concreta el tipo de error de  apreciación  probatoria  que  adjudica al fallo impugnado, desconociendo que en  esta  materia  se  pueden  presentar errores de hecho y de derecho; los primeros  por  falsos  juicios  de existencia, identidad o raciocinio y, los segundos, por  errores  de  derecho  por falsos juicios de legalidad y convicción, únicos, se  subraya,    con    la    entidad    de   socavar   el   fallo   en   esta   sede  extraordinaria.   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio  de  prueba  es  excluido de la  valoración  efectuada  por  el  juzgador  no  obstante  haber  sido allegado al  proceso  en  forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión) o porque lo  crea  a  pesar  de  no  existir  materialmente  en  el  proceso  (suposición  o  ideación), otorgándole un efecto trascendente en la sentencia.   

Bajo  esta  hipótesis,  el recurrente está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  controvertida  y  en  favor  del  interés  representado -lo cual  comporta  la  necesidad  de  demostrar  que  el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

El error de hecho falso juicio de identidad,  por  su  parte,  se  verifica  cuando  el  juzgador  tergiversa o distorsiona el  contenido  objetivo  de  la  prueba  para  hacerla  decir lo que ella no expresa  materialmente.  También se ha expuesto que en esa modalidad de desacierto en la  apreciación  de  las  pruebas  igualmente  incurre  el juzgador cuando toma una  parte  de la prueba como si fuera el todo, en tanto ello constituye una forma de  distorsión,  pues,  en  su  proceso  de  valoración,  se  le  suprimen apartes  trascendentes,   omitiendo   de   esa  manera  su  apreciación  integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro; luego, ha de evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido, debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  ha  de mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

La  última  de  las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,  está  compelido  a demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

El  error  de  derecho  por  falso juicio de  legalidad,  a  su  vez,  tiene  ocurrencia  por doble vía. La primera, también  conocida  como  aspecto  positivo, se verifica cuando a un medio de prueba se le  confiere  validez  jurídica  tras suponer que satisface las exigencias formales  de  producción  sin que en realidad las siga y, la segunda, o aspecto negativo,  se  configura frente a la situación contraria, esto es, porque se considera que  no las reúne, cumpliéndolas.   

En   ambos   casos   se  exige  del  actor  individualizar  la  prueba sobre la cual recae el vicio, especificar cuál es la  formalidad  legal  omitida,  por  lo  que  es  necesario  referir a la norma que  contiene  la formalidad y señalar su trascendencia en relación con el fallo o,  dicho  de  otro  modo,  que  al marginarla y confrontarla con las demás pruebas  cuya  validez  no  se  encuentra  comprometida,  en  caso  de  que  existan, las  conclusiones  y  el  sentido  de  la  sentencia  sufren  modificación de manera  favorable  para  el  interesado.  Si lo decidido no varía, la invalidación del  medio  de  prueba  carece  de  trascendencia  para  casar  el  fallo; pero si la  invalidación  de  la  referida prueba ilegal conduce a una providencia diversa,  el  yerro  se  torna  trascendente  e  impone  casar  el  fallo y proferir en su  reemplazo  la  decisión  que se ajuste a la nueva valoración probatoria.   No  escapa  a  su  demostración,  como  es  innato  a  todos  estos  yerros, la  obligación  de corroborar que con el defecto de apreciación se vulnera una ley  sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

El  error  de  derecho  por  falso juicio de  convicción,  para  finalizar,  se  produce cuando se valora una prueba haciendo  caso omiso del predeterminado crédito que la ley le ha otorgado.   

Con  el  fin de demostrar adecuadamente este  yerro,  el  casacionista  debe identificar el medio de prueba que en su criterio  fue  apreciado  contrariamente  al  valor  otorgado  por  la  ley;   luego,  precisar  el  o  los  preceptos  legales  en  virtud  de los cuales se asigna un  específico  valor  probatorio al medio de prueba;  después, determinar la  trascendencia  que  tuvo  la  incorrecta  apreciación del medio de prueba en la  decisión  impugnada  y  en  favor  del interés representado, lo cual comporta,  como  ya  se  ha  precisado  frente  a los supuestos anteriores, la necesidad de  demostrar  que  el fallo atacado no se mantiene con otros elementos de juicio y,  por  último,  establecer  la  forma  como  se  violó  la ley sustancial con el  defecto  de  apreciación,  bien  por  falta  de  aplicación  o por aplicación  indebida.   

Al  margen  de la denominación empleada, lo  que  sí  debe aflorar claro en el texto del libelo casacional, si de exponer un  error  de  apreciación  probatoria  se  trata, es un desarrollo consecuente con  alguna  de  las  modalidades  vistas,  cumpliendo  las exigencias argumentativas  señaladas,  so  pena de rechazo de la pretensión, pues la Corte no se ocupa en  esta  sede  de  la  confrontación entre el ejercicio valorativo contenido en la  sentencia   y  el  criterio  subjetivo  del  casacionista,  ni  mucho  menos  de  desentrañar,   como   aquí  ocurre  y  ya  se  previno,  propuestas  confusas,  ininteligibles,    contradictorias    o   ambiguas,   atendida   la   naturaleza  extraordinaria del recurso y su carácter esencialmente rogado.   

          Contrario   a   lo   dicho,   en  la  única  censura  formulada  se  entremezclan  distintos  planteamientos, no sólo conceptualmente diversos sino,  lo  que  es  peor,  incompatibles,  lo cual obligaba a su propuesta a través de  cargos separados.   

          De   ese  modo,  el  actor  refiere,  simultáneamente  y  de  forma  atropellada,  a  múltiples contradicciones de la prueba de cargo -aspecto en el  que  más  se  ocupa-, a la falta de investigación por cuenta de la Fiscalía y  desarrollo  de una apropiada labor de policía judicial, a la inidoneidad de los  peritos  que  certificaron  la  veracidad  del  dicho  de  la menor K.E.P.A.,  y  a que se realizó la prueba  técnica  y  se  recibieron  las  versiones  de  la  víctima  sin  cumplir  con  protocolos especiales.   

No  repara  el actor, empero, que algunos de  esos  ataques en la forma como los presenta (falta de investigación y actividad  diligente  de  policía  judicial)  no  son  alegables  a  través  de la causal  seleccionada  y,  peor  aún,  ni siquiera son compatibles con la naturaleza del  sistema  acusatorio,  donde  ya  no  es  viable  invocar  la  transgresión  del  principio  de  investigación  integral  como  fenómeno  vulnerador  del debido  proceso y del derecho de defensa.   

De  cualquier forma, la nulidad y los yerros  de  valoración  probatoria  son  excluyentes,  porque  cuando  se  cuestiona lo  segundo  (violación  indirecta)  se acepta la validez de la actuación procesal  centrándose  el  ataque  en  errores  de  juicio o in  iudicando,  mientras que en la primera precisamente se  discute  ese  aspecto  -la  validez  del proceso o de la sentencia- a través de  yerros  in  procedendo  o de  procedimiento.   

También  es  contradictorio el cargo cuando  alude,  coetáneamente,  a vicios relacionados con la materialidad de la prueba,  que  bien  pueden  encasillar, según lo atrás visto,  en errores de hecho  por  falso  juicio  de existencia o de identidad, cuyo planteamiento simultáneo  igualmente  es  excluyente,  y  los  que  versan  sobre  la forma correcta de su  aducción  y  formación  en  el  proceso  (error de derecho por falso juicio de  legalidad),          todos          entre         sí         diversos         e  incompatibles.           

Tal entremezcla argumentativa por sí sola da  al  traste  con  la  posibilidad de admitir el libelo, por atentar, según ya se  dijo,  contra  su cabal comprensión en detrimento de principios basilares de la  actividad   casacional  orientados  a  conseguir  demandas  que  satisfagan  las  exigencias  argumentativas  propias de este medio extraordinario de impugnación  de  naturaleza  rogada, tales como los de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.                 

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

A  más  de  las falencias argumentativas  expuestas,  sin  dificultad se observa cómo, en su mayor parte, el actor lo que  pretende  a través de esta vía es imponer su íntimo criterio valorativo de la  prueba  sobre  el  expuesto,  en  unidad  inescindible,  por  los  falladores de  instancia,  al  margen  de  los yerros aludidos de apreciación probatoria, esto  es,   simplemente   que  se  mine  credibilidad  a  lo  depuesto  por  la  menor  K.E.P.A. acerca de cómo fue  víctima     de     actos     sexuales     por     parte     de     LECC,   cuyo   dicho   es   corroborado,  principalmente,  con  el  testimonio  de su progenitora y con la prueba pericial  practicada  y,  a cambio de ello, se otorgue plena credibilidad a lo manifestado  por  su  prohijado,  quien,  desde  su  muy  particular  punto de vista, ha sido  “congruente”,  pues,  “incluso  delante  de  la  menor  y frente a la madre, el señor LECC siempre ha señalado su inocencia, ha  rechazado  las conductas que se le atribuyen con la menor y se presentó a todas  y   cada   una   de   las  audiencias”,  por lo que se trata de un caso de aleccionamiento de la menor para  perjudicarlo.   

Tal  ejercicio es comprensible a partir del  interés  que  el  casacionista representa en el proceso, pero insuficiente para  sacar  avante  una  crítica  en  esta sede, pues se reduce a un mero alegato de  instancia  que  no  consulta  con  el  carácter  extraordinario  del recurso de  casación  en  tanto no constituye una tercera instancia habilitada para debatir  abiertamente  sobre  la  valoración de las probanzas, menos aún con la entidad  de  derruir  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que ampara al fallo  impugnado.   

A todo lo anterior se suma que el demandante  ningún  esfuerzo  realiza en orden a demostrar que es necesario emitir fallo de  fondo  para cristalizar alguno de los fines del recurso extraordinario previstos  en  el  artículo  180  del estatuto procesal, lo cual  refrenda  la  decisión de inadmitir el libelo, conforme lo establece la última  parte  del segundo inciso del artículo 184 de la misma  codificación,    al    señalar    que    así   se   procederá   “cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”.   

Corolario  de  las  múltiples  falencias  advertidas,  las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas por la Corte en virtud del  postulado  de  limitación que regula este medio extraordinario de impugnación,  deviene   forzosa   la  inadmisión  del  libelo,  en  atención  a lo normado en los citados artículos 183 y  184  de  la  Ley 906 de 2004, debiendo enfatizar la Sala que ni del contenido de  la  demanda  ni  de la revisión del proceso surge la necesidad de superar tales  defectos  en  procura  de  cumplir  alguno  de  los reseñados fines del recurso  extraordinario     previstos     en     el     artículo     180    ibídem,  o   que  haga  imprescindible  activar  la  casación  oficiosa.    

Por último, en tanto contra esta decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  último  artículo  referido,  impera  precisar  que  como dicha legislación no  regula  el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido instituto procesal,  habrán  de  acatarse  las  reglas fijadas por la Sala en tal sentido (CSJ AP 12  dic. 2005, rad. 24322 y CSJ AP 25 jun. 2014, rad. 42597).   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada      por      el      defensor     del     procesado     LECC,   en   virtud   de   las   razones  consignadas en la anterior motivación.   

         

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 No se  Identifica  a  la  menor  por  respeto  a  su dignidad y derecho a un nombre, de  conformidad  con  lo  previsto  en  la  Ley  1098  de  2006 artículos 47 y 153,  Declaración  de los Derechos del Niño y lo dispuesto en las Reglas Mínimas de  las  Naciones  Unidas  para la Administración de Justicia de Menores (Reglas de  Beijing), Asamblea General de la ONU, Resolución 40/33 de 1985.     

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