AP2187-2015(44590)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP2187-2015  

Radicación Nº 44590  

(Aprobado mediante Acta No. 148)  

          Bogotá   D.C.,   veintinueve  (29)  de  abril  de  dos  mil  quince  (2015).   

La Sala examina la admisibilidad de la demanda  de  revisión presentada por la condenada TERESITA RINCÓN RAMÍREZ,   a  través  de  apoderado,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia de 26 de mayo de 2011, por medio de la cual la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó la proferida por el  Juzgado  12 Penal del Circuito de Conocimiento de la misma ciudad el 10 de marzo  de  ese año, que condenó a la nombrada a las penas principales de 110 meses de  prisión  y  multa  de  200  salarios  mínimos mensuales legales vigentes, como  autora  de  los  delitos  de  falsedad  material  en  documento público, estafa  agravada y fraude procesal.   

ANTECEDENTES  

1.  La  situación  fáctica    fue    sintetizada   en   la   sentencia   de   segunda   instancia,  así:   

«A  mediados  del  año  2005  Elsy  Fabiola  Espitia  Vargas,  le  entregó  su  camioneta  de  placas  CSP106 a David Alirio  Castillo  Parra  y  Jorge  Enrique  Castillo  Espinosa  con  el  fin  de  que la  vendieran,  por  lo  que  el  día  7  de septiembre del mismo año uno de ellos  realizó  un  presunto  contrato  de consignación con la firma de razón social  “Nacional  de  Vehículos  E.U.”, mediante el cual dicha empresa, en calidad  de  consignataria,  recibió  el  rodante  a  título  de  mera  tenedora con el  propósito de venderlo en $33.000.000.oo.   

Si  embargo  (sic),  al  pasar el tiempo sin  recibir  ninguna contraprestación, Elsy Fabiola Espitia acudió a dicha empresa  donde  le  informaron  que  el vehículo lo habían enajenado a TERESITA RINCÓN  RAMÍREZ  procesada  dentro de estas diligencias, con quien se reunió en varias  oportunidades,  asegurándole  haber  cancelado  el  valor  de  la  camioneta  y  solicitándole  que  no  interpusiera  ninguna  denuncia al respecto, negándose  entonces  la  propietaria  del  rodante  a  firmar  los papeles del traspaso del  vehículo   a   la   acusada   hasta   tanto   recibiera   el   dinero   de  tal  negociación.   

Posteriormente y debido a la desconfianza que  le  generaron  las  reuniones  sostenidas  con la encausada Rincón Ramírez, la  señora  Elsy  Espitia se presentó en la Secretaría de Tránsito de La Calera,  con  el  fin  de solicitar el certificado de tradición del rodante, encontrando  con  sorpresa  que  el  mismo  no  aparecía  a  su nombre sino al de la señora  TERESITA  RINCÓN RAMÍREZ, anotación que se logró mediante falsificación del  formulario 109526107-1101 presentado por la procesada.   

De igual forma se pudo constatar que el 22 de  diciembre  de  2007  la señora TERESITA RINCÓN RAMÍREZ suscribió contrato de  compraventa  con  Carlos  Julio  Peña  Carrillo,  mediante  el cual enajenó el  vehículo  a  pesar  del  traspaso  fraudulento  que  había  realizado  y de la  indagación  penal que cursaba en su contra en la Fiscalía de la Calera, motivo  por  el  cual  la  autoridad  de  tránsito  de  dicho  municipio  se abstuvo de  registrar  dicho  trámite,  generando  un perjuicio a Peña Carrillo, quien con  ocasión    de    la    venta    había    entregado    $15.000.000.oo    a   la  encausada».   

2. En razón de los  hechos  reseñados,  el Juzgado 12 Penal del Circuito de Conocimiento de Bogotá  condenó  a  RINCÓN RAMÍREZ a las penas principales de 110 meses de prisión y  multa  de  200  salarios  mínimos  mensuales  legales vigentes, como autora del  concurso  de delitos de falsedad material en documento público, estafa agravada  y fraude procesal.   

El Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  en  decisión  mayo  26  de  2011  proferida al resolver el recurso de  apelación  interpuesto por la defensa de la enjuiciada, confirmó integralmente  la sentencia de primer grado.   

En  providencia de 13 de septiembre de 2011,  esta  Sala  inadmitió  la  demanda  de  revisión instaurada por el defensor de  RINCÓN RAMÍREZ.   

3.  En escrito de 6  de  junio  de  2014,  radicado ante el Tribunal Superior de Bogotá y remitido a  esta  Corporación  el  4  de  septiembre  de  la  misma anualidad, el apoderado  judicial  de  RINCÓN  RAMÍREZ  instauró  ante el Tribunal Superior de Bogotá  acción  de  revisión,  con  fundamento en la causal prevista en el numeral 3°  del artículo 192 de la Ley 906 de 2004.   

       3.  Los  Magistrados  José  Leónidas  Bustos  Martínez,  José Luis  Barceló  Camacho,  Fernando  Alberto  Castro  Caballero  y  María  del Rosario  González  Muñoz manifestaron su impedimento para conocer del presente trámite  por  haber  suscrito el auto que inadmitió la demanda de casación; impedimento  que fue aceptado por la Sala.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  prevista en  el     numeral    3°  del  artículo 192    de    la    Ley    906       de       2004,    el  apoderado     de     RINCÓN     RAMÍREZ   reclama   la   revisión  de  los  fallos condenatorios de primera y segunda instancia.   

En  desarrollo  de la demanda, indica que la  condena  proferida contra su mandante estuvo determinada, principalmente, por su  supuesta  participación  en  «la radicación de los  documentos  de  traspaso  del vehículo camioneta Toyota Hilux de placas CPS-106  en la oficina de transito (sic) de la calera (sic)».   

          Esa  condena,  no obstante, se profirió  sin  que  se hubiera demostrado la responsabilidad de la procesada más allá de  toda   duda   razonable,   pues   la   Fiscalía   no  acreditó  «el  origen  del  formulario»,  sino  que  «se  enfocó  en  la  radicación  realizada  por la  señora  RINCÓN  RAMÍREZ» y desconoció entonces las  presunciones de buena fe y de inocencia.   

         El  demandante  agrega  que la Fiscalía  «agravo  (sic)  la  situación  de (su) mandante, al  configurar  un  tipo  penal adicional de estafa por la venta que intentara hacer  de  la  camioneta,  omitiendo  seguir  la  cadena  de  ventas  posteriores  a la  retención de (sic) rodante».   

         Con  similar orientación argumentativa,  señala  que  las  sentencias  de  instancia pasaron por alto que «estos  delitos  sobre  los  negocios de vehículos generalmente son  adelantados  por  bandas»,  lo cual no requiere prueba  por  tratarse  de  un  hecho  notorio  «para todo el  conglomerado social».   

         De  igual  modo, que se fundamentaron en  «valoraciones  obtusas»  y  desconocieron  tanto la apreciación objetiva de los hechos como los derechos de  RINCÓN   RAMÍREZ,   concretamente,   «en  lo  que  concierne a investigar y aportar lo favorable y desfavorable».   

         Con  similar  orientación,  el  peticionario  sostiene  que  en  la  actuación  seguida  contra  la  condenada  resultó quebrantado el derecho a la  defensa  técnica, pues aunque estuvo acompañada de un profesional del derecho,  éste  no desplegó ninguna gestión positiva para lograr un resultado favorable  a los intereses de su representada.   

          Dicho   lo  anterior,  aduce  que  con  posterioridad  a  la  emisión  de  las  sentencias  cuya  revisión se pretende  «fue  posible  esclarecer los hechos que rodearon la  obtención,  entrega  y  radicación  del traspaso del vehículo», específicamente,  a  través de la declaración rendida por Álvaro  David  Agudelo  Torres, quien participó en las negociaciones que terminaron con  la condena de RINCÓN RAMÍREZ.   

Alegó   que   de   haber   sido  conocida  oportunamente  dicha  declaración,  la  ahora  condenada hubiese sido absuelta,  pues  a  través de ella es posible establecer que la participación de aquélla  en   los   hechos  investigados  se  limitó  a  «la  radicación del traspaso».   

         En  ese orden, concluyó que se trata de  una    prueba    nueva    que   «habría   cambiado  ostensiblemente  el  sentido  de  la  decisión», como  quiera  que  los  artículos  9° y 12° de la Ley 599 de 2000 establecen que la  culpabilidad  es  una  condición necesaria para la punibilidad de una conducta.   

         

CONSIDERACIONES  

1.  De conformidad  con  lo establecido en el numeral 2º del artículo 32 de la Ley 906 de 2004, la  Corte  es  competente  para conocer de la demanda de revisión presentada por el  apoderado  de  TERESITA  RINCÓN  RAMÍREZ,  como  quiera que se promueve contra  sentencia   dictada   por   el   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá.   

          2.   La   Sala  ha  sostenido  de  manera  reiterada  que  la  acción  de  revisión es un mecanismo judicial especial que  constituye  una excepción al principio de la cosa juzgada, en tanto que por esa  vía  se  pretende  dejar  sin  efectos  la intangibilidad de la declaración de  justicia  contenida en una sentencia ejecutoriada, cuando quiera que se acredite  la  configuración  de  cualquiera  de  las  causales  previstas para ello en el  artículo 192 de la Ley 906 de 2004.   

De  allí que el legislador haya establecido  no  sólo  causales taxativas para su procedencia, sino requisitos de forma y de  fondo  en  la  demanda que resultan indispensables para poder pronunciarse sobre  su  admisión  y  disponer el trámite correspondiente, pues se constituye en el  primer    examen   a   realizar,   de   conformidad   con   el   artículo   195  ibídem.   

Entre  los  requisitos  exigidos  para  la  admisión  de  la  acción  se  encuentran algunos de carácter general, comunes  para  todos  los casos, y otros de carácter específico, exigibles en razón de  la naturaleza de la causal invocada.   

En lo que tiene que ver con los primeros, el  artículo  194  de la codificación en cita exige que el demandante i) determine  la  actuación  procesal  cuya  revisión  solicita,  con la identificación del  despacho  que  produjo  el  fallo;  ii)  el  delito  o  delitos que motivaron la  actuación  procesal;  iii) la causal que se invoca y los fundamentos de hecho y  de  derecho en que se apoya la solicitud; iv) la relación de las evidencias que  fundamentan  la  petición;  v) el aporte de copia de las sentencia de primera y  segunda  instancia,  según  el  caso,  así  como; vi)  constancia de su ejecutoria.   

          Este  último  presupuesto  no  se  halla  satisfecho en el presente  asunto,  en el que el interesado omitió allegar la certificación que demuestre  la firmeza de las providencias cuya revisión reclama.   

          En  efecto,  lo que en el texto de la demanda se identifica como tal  (f.  9),  corresponde  en  realidad  a  una  constancia secretarial en la que se  señala  que «las anteriores copias corresponden a la  Sentencia  Condenatoria  de  fecha  10  de Marzo de 2011…y al fallo de segunda  instancia   proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá»;  así  mismo,  que  «son fiel copia tomada  de su original» (f. 11).   

          Sin  dificultad  se  advierte  que  ese documento no da cuenta de la  ejecutoria  de  una  y  otra providencia, sino únicamente de la autenticidad de  las fotocopias que de ellas aportó el interesado.   

          3.   Pero  incluso  de  aceptarse  que  la  demostración   de   la  ejecutoria  de  las  providencias  atacadas  se  satisface  con  el  auto  de  13  de  septiembre  de  2011,  por  medio  del  cual  esta Sala inadmitió el recurso de  casación   interpuesto  a  nombre  de  RINCÓN  RAMÍREZ  (fs.  48  a  57),  la  inadmisión   de   la   demanda   de   revisión   se   impone,   como   pasa  a  explicarse.   

Ciertamente,   en   relación   con   el  entendimiento  de  la  causal  de  revisión  prevista  en  el  numeral  3° del  artículo  192  de  la  Ley  906 de 2004, la Sala ha sostenido que el demandante  debe  soportar  su  pretensión en una prueba nueva, esto es, que «no  haya  sido  debatida  en  el  juicio: que el accionante no haya  tenido  conocimiento  de  su  existencia,  o  que teniéndola, no haya estado en  condiciones de aportarla».   

En ese orden, «si  la  parte  ha  conocido la prueba, pero por razones estratégicas o de cualquier  otro  tipo  decide  voluntariamente renunciar a su descubrimiento y debate en la  audiencia  del  juicio  oral,  no tendrá la connotación de nueva»1.   

De otra parte, la admisión del líbelo está  supeditada  a  que  el  elemento  de  conocimiento  que  sirve como soporte a la  pretensión,  además  de  novedoso,  resulte  trascendente,  esto  es,  que  su  «naturaleza  y capacidad suasoria… debe ser de tal  consistencia,  que  permita  la formación de un juicio distinto, en punto de la  responsabilidad  penal  declarada  en la sentencia»2.   

Ninguna  de  estas  condiciones se encuentra  satisfecha  en  el  presente  asunto, como quiera que la declaración de Álvaro  David  Agudelo  Torres,   con fundamento en la cual el apoderado de RINCÓN  RAMÍREZ  pretende dar inicio al trámite de revisión, no se ofrece novedosa ni  está  revestida de mérito suasorio suficiente que permita afirmar que se trata  de un medio de conocimiento trascendente.   

         En  efecto, se observa sin dificultad que  las  partes  e  intervinientes  tenían conocimiento de la existencia de Agudelo  Torres,  por  ende,  de  la  posibilidad  de  acopiar  su  testimonio, desde los  albores  del  proceso seguido contra la condenada, al  punto  que  quien  entonces  fungía  como  defensor  suyo,  en  el curso de las  alegaciones  conclusivas  al  término del debate probatorio y según se observa  en  la  sentencia  de  primer  grado,  lo vinculó  con  los  hechos  por cuya comisión RINCÓN RAMÍREZ fue  investigada    a    efectos    de   desvirtuar   su  responsabilidad penal (fs. 12 y 13).   

         Lo     que     es     más,    se    consigna    en    esa  providencia  que  Agudelo Torres se  desempeñaba  como «representante legal de la empresa  Nacional  de vehículos» (f. 20); a su vez, el propio  apoderado   judicial  de  RINCÓN  RAMÍREZ  admite  en  la  demanda  que  ésta  «realizo  (sic) varios negocios comerciales lícitos  de  compra-venta  de vehículos con la empresa NACIONAL DE VEHÍCULOS E.U. entre  los  años  2005  y  2006,  creando  entre las partes una relación comercial de  confianza y amistad» (f. 1).   

         Así,  mal  puede  admitirse  que  el testimonio de quien sostenía  relaciones    comerciales    frecuentes    con    la   enjuiciada   tenga  la  condición  de novedad que el  demandante  le  atribuye, menos aún en cuanto su supuesta participación en los  hechos   objeto   de  juzgamiento  fue  alegada   y  valorada    en    las  instancias.   

         Desde  luego, la Sala reitera  que  la  prueba  invocada  en  el  trámite  de  revisión  puede  reputarse  novedosa  cuando,  a  pesar  de  haber sido  conocida oportunamente, fue imposible para el interesado aportarla.   

         No  obstante,  aunque  el  accionante  refiere  que  «los  familiares  de  la  señora  TERESITA  RAMÍREZ  RINCÓN (sic)  buscaron  infructuosamente  al  representante  legal  de  NACIONAL DE VEHÍCULOS  E.U.,  señor  ÁLVARO  DAVID  AGUDELO  TORRES, siendo durante años imposible»  (f.  2),  dicha  afirmación  no  supera  el  simple  enunciado,  desprovisto  totalmente  de  asidero  probatorio  y,  por  lo mismo,  insuficiente para determinar la admisión de la demanda.   

         4.   Ahora,  incluso  de  admitirse,  en  gracia  de  discusión,  el  carácter  novedoso  de  la declaración de Agudelo  Torres,  ocurre que la misma carece de la entidad o mérito suasorio  suficiente  para poner en entredicho el  efecto  de  cosa  juzgada  de  las  providencias condenatorias proferidas contra  RINCÓN RAMÍREZ.   

         Ciertamente,  el  apoderado  de  la  condenada aporta, a efectos de  acreditar  la  configuración  de  la causal de revisión invocada, un documento  suscrito  por  Álvaro  David  Agudelo  Torres,  rubricado personalmente ante la  Notaría  57  del Círculo de Bogotá, cuyo contenido  es el siguiente:   

“Yo,   Álvaro  David  Agudelo  Torres,  identificado  como  aparece  junto  a  mi  firma  por medio del presente escrito  manifiesto   que  con  la  señora  teresita  rincón  Ramírez (sic)  identificada  con  la  cédula  de  ciudadanía  #  51.592.455 de  Bogotá,  realicé  varios negocios comerciales de compra venta de vehículo con  la  empresa Nacional de Vehículos E.U: entre 2005 y 2006, así mismo el último  negocio  realizado  con  la  señora  rincón Ramírez  (sic)  se  hizo  sobre  la  camioneta  Hilux de placa  CPS-106  negocio  que  no  se  realizó directamente con la propietaria sino con  unos autorizados David y Carlos Castillo.   

En  el  año  2006  la empresa Nacional de Vehículos E.U. fue vendida entregando la totalidad  de   vehículos,   carpetas,   local   y   demás   elementos  propios  para  el  funcionamiento por parte de los nuevos propietarios.   

Después del  último  negocio  realizado  con  la  señora Teresita Rincón Ramírez, ella me  contactó  para  decirme  que  surgieron  inconvenientes  con  los papeles de la  camioneta,  por  lo  que  solicite  a  los  nuevos  propietarios  de nacional de  vehículos  buscaran  la carpeta, contactaran a los autorizados y realizaran las  gestiones  necesarias  para  cerrar  el  tema.  Los  documentos  faltantes  y el  traspaso   le   fueron   entregados  a  la  señora  teresita  rincón  Ramírez  (sic)   por  los  nuevos  propietarios  en  las  instalaciones  de  la empresa»  (f. 38).   

        Esa    manifestación,    se    insiste,    carece    de   trascendencia   probatoria  para  «establecer en grado de  certeza  la  inocencia  del  procesado  o su inimputabilidad, o de tornar cuando  menos    discutible    la    verdad    declarada    en    el   fallo»3,         básicamente  porque  la participación de RINCÓN RAMÍREZ en los  hechos  objeto  de  condena,  concretamente,  en  la  confección  del documento  espurio   utilizado  para  inducir  en  error  a  la  autoridad,  fue  acreditada mediante distintos medios  de   conocimiento   de  mayor  solidez  que controvierten lo dicho por Agudelo Torres.   

        En  efecto,  se advierte, a partir del contenido de las sentencias  de  instancia, que la Fiscalía y la defensa celebraron estipulación probatoria  mediante   la   cual   acordaron   tener   por   demostrado   que   «las  impresiones dactilares obrantes al reverso…del formulario  único  nacional 1095261…a nombre de TERESITA RINCÓN RAMÍREZ corresponde con  las  impresiones  dactilares  obrantes  en  la  tarjeta  alfabética a nombre de  ella» (f. 11).   

        En  igual  sentido,  la  sentencia  de  primera  instancia aparece  soportada  en  el  testimonio  de  Carlos Julio Peña Carrillo, quien describió  «la  cadena  de  ardides  ejecutados  por  RINCÓN  RAMÍREZ  para  defraudar»  su  patrimonio (f. 17).   

        Lo  que  es  más,  a  la  vista  pública concurrió Elsy Fabiola  Espitia,   quien   de   manera  expresa  atestó  que  RINCÓN  RAMÍREZ  tenía  conocimiento  de  que ella no había suscrito el formulario de traspaso, el cual  de  todas  maneras fue diligenciado y radicado por aquélla ante la autoridad de  tránsito   (f.  15),  aun  cuando  la  segunda  le  hizo  saber  «la  negativa…para transferirle la posesión (sic) hasta tanto no  reconocerá   contraprestación   económica»   (f.  18).   

         

        Así   las   cosas,   claro   resulta  que las pruebas practicadas en juicio, de  manera  pública,  concentrada,  con  inmediación  y  contradicción  de  la  parte  contra  la  que fueron aducidas,  contravienen  lo  afirmado  por  Agudelo  Torres,  que dicho sea de paso,      refiere      situaciones  abstractas     e  imprecisas,  desprovistas de detalles  y  que,  por  lo  mismo, ofrece escasa credibilidad,  ausencia  de convicción para derruir la prueba de cargo que soportó los fallos  de condena.   

        La  conclusión  precedente  se  afianza  al  constatarse  que  el  demandante  asevera  que «durante varias entrevistas  y  contactos  con  el señor AGUDELO TORRES se logró reconstruir los diferentes  negocios  y  las  diferentes  compraventas  realizadas  con  la  señora RINCÓN  RAMÍREZ,  inclusive  la  del  vehículo  camioneta  Hilux  objeto  central  del  proceso» (f. 2).   

        No  obstante,  lejos  de  aportar  los  documentos    que   supuestamente   soportan   esa  negociación      y      permitieran  colegir  que «los hechos por los que  fue  condenada  la  señora  TERESITA  RAMÍREZ RINCÓN no están ajustados a la  realidad  de lo ocurrido» (f. 2), el peticionario se  limita   a   allegar  la  escueta  declaración  rendida  por  Agudelo Torres, a partir de la cual resulta  imposible suponer si quiera la injusticia de los fallos atacados.   

        Agréguese  a  lo anterior que la declaración rendida por Agudelo  Torres  el  16  de  septiembre  de 2013 no lo fue bajo la gravedad de juramento,  pues  no  se  trata de una manifestación elaborada bajo esa solemnidad, sino de  un   documento   privado   rubricado   de   manera  personal  ante  el  Notario;  circunstancia  que enerva en mayor medida su mérito suasorio, pues «aunque cualquiera de las categorías  comprendidas  dentro  del concepto de medios cognoscitivos es teóricamente apta  para  promover  la  acción  de revisión, en tratándose de elementos de juicio  como  declaraciones  o  entrevistas,  es  importante que hayan sido recaudadas o  ratificadas  bajo juramento ante las autoridades autorizadas por el Código, con  el  fin  de  que sus fuentes adquieran vinculación legal con los compromisos de  verdad   y  lealtad  procesal,  y  que  la  pretensión  se  torne  sumariamente  seria»4.   

        En  suma,  el  medio  de prueba con soporte en el cual se pretende  obtener  la  revisión  de  los  fallos  de  condena  carece de la trascendencia  requerida para promover el trámite reclamado.   

          5.  Resta  señalar  que,  como  lo  tiene  decantado  esta Corporación, «la revisión no es una  prolongación  de  las  instancias,  ni  un escenario establecido para reintenta  debates  probatorios  ya superados»; en ese entendido,  las  alegaciones «orientadas, por ejemplo, a discutir  la  actividad investigativa realizada por el ente acusador, o la valoración que  los  juzgadores  realizaron  de  las  pruebas  que  sirvieron de fundamento a la  decisión  de  condena, resultan impertinentes para intentar una acción de esta  índole»5.   

En ese entendido, se ofrecen impertinentes e  inanes  las  múltiples  aseveraciones  del  demandante  atinentes a la supuesta  ocurrencia  de  yerros  o  irregularidades  en  el proceso investigativo seguido  contra  RINCÓN  RAMÍREZ, como también a los posibles yerros en la valoración  de  la  prueba  por  parte  de los juzgadores, pues con ello presenta verdaderos  alegatos   de   instancia,  si  acaso  propios  del  recurso  extraordinario  de  casación,  que resultan ajenos al trámite de la acción de la revisión y que,  desde  luego, son inútiles a efectos de suscitar un pronunciamiento favorable a  sus intereses en esta sede.   

         

        Como  quiera  entonces,  que la demanda  no  satisface     las    exigencias    normativas  mínimas,   no   cabe  más  alternativa  que  inadmitirla.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR   la   demanda   de   revisión  presentada  por TERESITA RINCÓN RAMÍREZ, a  través  de apoderado, conforme lo expuesto en la parte motiva de  esta providencia.   

Contra  esta decisión procede el recurso de  reposición.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

Impedido  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

Impedido

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

Impedido  

FERNANDO       ALBERTO       CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

Impedida  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 CSJ  AP, 29 ene 2014, rad. 42.849   

2 CSJ  AP, 9 mar 2015, rad. 43.325.   

3 CSJ  AP, 30 jul 2014, rad. 36.219.   

4 CSJ  AP, 15 oct 2008, rad. 29.626.   

5 CSJ  AP, 24 sep 2014, rad. 43.314.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *