AP2153-2014(42817)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

AP2153-2014  

Radicación 42817  

(Aprobado Acta No. 119).  

Bogotá  D.C., abril treinta (30) de dos mil  catorce (2014)   

VISTOS  

Procede la Colegiatura a pronunciarse acerca  de  la  admisibilidad  de la demanda de casación presentada por el defensor del  acusado  LUIS  HUMBERTO CASTAÑEDA OSORIO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Manizales  el  24  de  mayo de 2013, confirmatoria de la  dictada  el  28  de  mayo de 2010 por el Juzgado Penal del Circuito de Riosucio,  por  cuyo medio lo condenó, junto con Julián Andrés  Colina  Ríos,  como coautores penalmente responsables  del  concurso  de  delitos  de  desaparición  forzada  y  homicidio agravado en  José        Efraín       Ramírez.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  las  6:00  de  la tarde del 28 de marzo de 2008,  José  Efraín  Ramírez fue  visto   por  Silvio  de  Jesús  Guerrero  conduciendo  su  motocicleta  en la vía que de Riosucio conduce a  Supía,  sin  que  se  volviera a tener noticia de aquél, hasta cuando el 30 de  los  mismos  mes  y  año  se  encontraron  en  el  municipio  de La Pintada los  cadáveres  de  tres  personas  flotando sobre el río Cauca, motivo por el cual  los  familiares  se  desplazaron  hasta  el  lugar, donde reconocieron al señor  Ramírez, quien fue ultimado  con el disparo de un proyectil de arma de fuego en su cabeza.   

          Carlos  Enrique Vélez, alias Víctor,    desmovilizado    de    las  autodefensas  unidas  de  Colombia  señaló  a  LUIS  HUMBERTO    CASTAÑEDA    OSORIO    y   Julián  Andrés  Colina  Ríos  como los  autores   de   la  desaparición  forzada  y  ulterior  homicidio  del  referido  ciudadano.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La   Fiscalía   de  Riosucio  dispuso  la  correspondiente  indagación  preliminar  y  luego  de practicar algunas pruebas  declaró  abierta  la  instrucción,  en cuyo marco vinculó mediante injurada a  LUIS    HUMBERTO    CASTAÑEDA   OSORIO     y     Julián    Andrés    Colina  Ríos,  resolviéndoles  su  situación  jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posibles  coautores del concurso de delitos de desaparición  forzada y homicidio agravado.   

Cerrada la investigación, la Fiscalía de la  Unidad  de  Derechos  Humanos  y  Derecho Internacional Humanitario calificó el  mérito  del  sumario el 1º de octubre de 2009 con resolución de acusación en  contra  de los procesados, como presuntos coautores del concurso de punibles que  sustentó la medida de aseguramiento.   

Impugnada  la  acusación  por el Ministerio  Público  en  procura  de  marginar  el  delito  de  desaparición  forzada, fue  confirmada  por  la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá,  mediante proveído del 13 de noviembre de 2009.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Penal del Circuito de Riosucio, despacho que una vez surtido el rito  dispuesto  por  el  legislador  profirió  fallo el 28 de mayo de 2010, por cuyo  medio    condenó   a   LUIS   HUMBERTO   CASTAÑEDA  OSORIO  y  Julián  Andrés  Colina  Ríos  a  la pena principal de treinta y siete  (37)  años  de  prisión, multa por 1.750 salarios mínimos legales mensuales e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por veinte  (20)  años,  como  coautores  del  concurso  de  delitos  por  el  cual  fueron  acusados.   

          En   la  citada  decisión  les  fue  negada  tanto  la  condena  de  ejecución   condicional,  como  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Impugnada la sentencia por los defensores, el  Tribunal  de  Manizales  la  confirmó  mediante  fallo  del 24 de mayo de 2013,  contra  el  cual la defensa de los acusados interpuso recurso de casación, pero  únicamente  el  abogado  de  LUIS HUMBERTO CASTAÑEDA  allegó  el  respectivo libelo, motivo por el cual fue  declarado  desierta  la  impugnación  extraordinaria  propuesta  en  nombre  de  Julián     Andrés    Colina    Ríos.   

LA DEMANDA  

          Bajo  la  égida  de la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  defensor denuncia la violación indirecta de la ley por aplicación indebida  del  artículo  232  de  la  Ley  600  de  2000,  derivada de error de hecho por  “FALSO    JUICIO    DE    RACIOCINIO”.   

En el desarrollo de la censura manifiesta que  fueron    trasgredidos    los    postulados    de    la    sana   crítica   del  testimonio.   

Luego   de   transcribir  apartes  de  las  intervenciones  del  testigo  Carlos  Enrique  Vélez  Ramírez,   así  como  de  las  consideraciones  del  Tribunal   y   del  a  quo,  señala  varios  asertos  que  en  su  criterio  corresponden a postulados de la  ciencia,  máximas  de la experiencia y principios del sentido común; entre los  primeros,  que  “las condiciones de personalidad del  testigo,  la moralidad del testigo, el estado de independencia o de libertad del  testigo  y  el interés del testigo, son factores que determinan la credibilidad  del declarante”.   

A   las   segundas,   que  “el  malhechor  (criminal)  de profesión tiene la mentira como arma  de  agresión  y  de  defensa”, y a los terceros, que  “la forma en que hubiere declarado el testigo y las  singularidades  que se observen en el testimonio, son aspectos que inciden en su  credibilidad”.   

          Acto   seguido   trae   a   colación   citas   jurisprudenciales  y  doctrinarias  sobre  el  testigo  sospechoso, para luego concluir que se aplicó  indebidamente  el  artículo 232 de la Ley 600 de 2000, toda vez que el fallo de  condena  se  sustentó  en  la  declaración de Carlos  Enrique  Vélez  Ramírez, recluido en el pabellón de  máxima  seguridad  de la penitenciaría de Palmira, quien ha sido paramilitar y  como   tal,   carente  de  moralidad  para  que  su  testimonio  sea  tenido  en  cuenta.   

Añade que el citado declarante no es libre,  pues   está  sometido  a  diversas  presiones,  tales  como  eludir  su  propia  responsabilidad  en  el  delito  investigado,  de  modo  que  no es garantía de  sinceridad, máxime si no fue testigo directo de los hechos.   

          Con  apoyo  en  lo expuesto, el defensor asevera que acudiendo a los  datos   de   la   ciencia   testimonial   puede  concluirse  que  no  se  obtuvo  probatoriamente  la  certeza  necesaria para condenar a su procurado, motivo por  el  cual  se  impone  casar  el  fallo  para en su lugar absolver a LUIS HUMBERTO CASTAÑEDA.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  sentado  la  jurisprudencia  de  esta  Colegiatura  que  en  el  examen de admisibilidad de los libelos casacionales le  corresponde  constatar  que  los recurrentes formulen los reparos conforme a los  requisitos  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente definidos por el  legislador  y  desarrollados  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso  extraordinario   no   se  convierta  en  una  tercera  instancia.  Tales  exigencias  se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación  y  demostración  de  los  cargos  propuestos,  en cuanto resulten  inteligibles  por  ser  precisos  y  claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de  acuerdo  con  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante carece de interés o la demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

Una  vez advertido lo anterior, encuentra la  Corporación  que  como  el  recurrente invoca la violación indirecta de la ley  sustancial    derivada   de   “falso   juicio   de  raciocinio”,  se  impone  efectuar  las  siguientes  precisiones:   

La primera, que si bien esa fue la expresión  inicialmente  utilizada por la Sala (Cfr. CSJ AP, 29 mar. 2000, Rad. 12784 y AP,  3  abr. 2000. Rad 15288) para diferenciar el falso juicio de identidad (objetivo  –  contemplativo),  del  quebranto  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  (valorativo), tal expresión  corresponde  a  un  pleonasmo,  en  cuanto  todo  juicio comporta un raciocinio,  motivo  por  el  cual  de  tiempo  atrás  la Corte lo ha denominado simplemente  falso  raciocinio (Cfr. CSJ  AP, 8 may. 2000, Rad. 14603 y AP, 12 may. 2000. Rad 11987).   

La  segunda, que dicho yerro acontece cuando  las  pruebas  son  tenidas  en  cuenta,  pero en su valoración los funcionarios  quebrantan  las  reglas  de  la  sana  crítica,  esto  es, los principios de la  lógica,  las  leyes  de la ciencia y las máximas de la experiencia, caso en el  cual  es  deber  del  recurrente  expresar  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo   a   la  par  indicar  su    consideración   correcta,   

identificar  la  norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del yerro expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que su enmienda da lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable  a  los intereses de su representado, proceder que en este asunto no acometió el  actor.   

Por  el  contrario,  procedió a plantear su  parecer,  como cuando señala  los  que en su criterio son postulados de la ciencia, máximas de la experiencia  y principios del sentido común.   

En  efecto, si bien  en el desarrollo del reproche el defensor cuestiona la  falta  de  aplicación  de  las  que en su opinión se erigen en “reglas  de  la experiencia”, no tiene en  cuenta  que  éstas  tienen  una  entidad  definida  y no corresponden a simples  percepciones     personales     y    caprichosas    de    quien    demanda    en  casación.   

Al  respecto  ha  dicho la Sala (CSJ. SP, 28  sep. 2006. Rad. 19888):   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto   temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

“Así las cosas,  las   reglas   de   la   experiencia   corresponden  al  postulado  ‘siempre   o   casi  siempre  que  se  presenta   A,   entonces,   sucede   B’,   motivo   por   el   cual   permiten   efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los primeros, referidos a predecir el acontecer que sobrevendrá  a  la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección)  y  los segundos,  predicables  de  la  posibilidad de establecer a partir de la observación de un  suceso     final     su     causa     eficiente     (retrospección)”.   

          Conforme  a  lo anterior, se advierte que el casacionista procede de  manera  impropia  a  cuestionar  el  testimonio  de cargo y a enunciar supuestas  “reglas     de     la    experiencia”  o  del  sentido común, pero no explica por qué sus postulados  tienen   tal  condición,  y  de  qué  manera  fueron  quebrantados  de  manera  trascendente  en  el  fallo  atacado,  circunstancia  a  partir  de  la  cual se  establece  que  su  escrito  no  guarda  el  debido  rigor  en la proposición y  desenvolvimiento  del  reparo,  quedándose  en  la  simple  exposición  de  su  percepción  personalísima  sobre  el asunto, sin identificar los pilares de la  sentencia    y    encaminar    su    esfuerzo   argumentativo   demostrativo   a  derruirlos.   

En   efecto,  encuentra  la  Sala  que  el  recurrente   no   acogió  tales  reglas,  pues  desentendiéndose  de  la  dual  presunción  de  acierto y legalidad de la cual se encuentra revestido el fallo,  únicamente  orientó  su esfuerzo a exponer en forma desordenada y reiterada su  personal  percepción  del  asunto,  para  insistir  en  la descalificación del  testigo  de  cargo,  pero  sin  detenerse  a observar la técnica propia de este  medio de impugnación.   

Es oportuno destacar que el casacionista nada  dice  acerca  de  cada  una  de  las  consideraciones a partir de las cuales los  falladores  dieron  credibilidad  al  dicho  de Carlos  Enrique  Vélez  Ramírez, y por el contrario, orienta  su  esfuerzo  de  manera  global  a  desacreditarlo  en  atención  a  su pasado  delincuencial,  sin  percatarse  que  en  casos  como  el  de  la  especie,  son  precisamente  antiguos  compañeros de fechorías o jefes, quienes tienen acceso  a   la   información   sobre  la  comisión  de  delitos  al  interior  de  una  organización   armada,   sin   que   su  carácter  de  criminales  baste  para  descalificar sus testimonios.   

Ahora, si bien el censor considera vulnerado  en  forma  indirecta  el  artículo 232 de la Ley 600 de 2000, encuentra la Sala  que  dicho  precepto  no  tiene la condición de sustancial, en cuanto no define  conductas  delictivas o hace referencia a la punibilidad o a la responsabilidad,  sino  que  sólo tiene la virtud de servir como medio o instrumento para arribar  a  los  fines  de las disposiciones sustantivas, equívoco que se desentiende de  la  preceptiva  contenida  en  el  numeral  1º del artículo 207 de la referida  normativa  procesal,  según  la  cual,  la  casación  procede  “cuando   la   sentencia   sea   violatoria   de   una  norma           de          derecho          sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta    inexcusable    (numeral    3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más para advertir  incorrecciones   lógicas   y   de   fundamentación  en  la  presentación  del  cargo.   

Las   citadas  falencias  imposibilitan a la Sala acometer el estudio del libelo, pues si éste  no  corresponde  a un alegato de libre confección, su presentación con base en  asertos  inexplicados  y  sin  atenerse  a  alguna  de  las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que  lo  gobiernan,  obliga  a  la Corporación a inadmitirlo de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, pues en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se encuentra facultada para enmendar los errores del actor.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación  de  derechos o garantías, como para que tal circunstancia impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el  legislador  a  la  Corte  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado LUIS  HUMBERTO CASTAÑEDA OSORIO, por las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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