AP1507-2017(48451)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS  ANTONIO  HERNÁNDEZ  BARBOSA   

Magistrado ponente  

AP1507 – 2016  

Radicación 48451  

(Aprobado Acta No.  077)   

Bogotá  D.C.,  ocho (8) de marzo de dos mil  diecisiete (2017).   

VISTOS:  

Decide  la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  KARLA  TATIANA  GÓMEZ ARISMENDI y  OTONIEL MURILLO ÁLVAREZ.   

HECHOS:   

          El  Tribunal  declaró  probada  la  siguiente  situación fáctica:   

Desde  mediados  de  2012,  en  la  vereda  Travesías     del    barrio    Belencito    Corazón,    sector    “El     Morro”    o    “El  Cristo” de la ciudad de Medellín  operaba  una banda delincuencial autodenominada “Los  paracos”,     dedicada     a    actividades    de  comercialización  de estupefacientes, extorsión, homicidios y otros. Entre sus  integrantes    estaban    OTONIEL    MURILLO    ÁLVAREZ,   alias   “Toto”,    KARLA   TATIANA   GÓMEZ  ARISTIZÁBAL,    Hélmer   Andrés   López   Barrientos,   alias   “Cuencas”,   Juan  Esteban  Betancur  Ortiz,   alias  “Gato”,  Jhon  Jaime  Monsalve  Escobar  y  algunos  menores  de  edad, entre ellos alias  “Garrillo”  y  E. M. S.  A., compañera sentimental de MURILLO ÁLVAREZ.   

El 16 de febrero de 2013 tres de los miembros  de  dicha  agrupación  delincuencial  retuvieron a los menores Esteban Álvarez  Muñoz  y  Sleyder Asprilla Girón luego de que descendieran de un vehículo que  los  condujo  al  sector de “El Morro”    o    “El    Cristo”.    De    allí    los    condujeron    al    sector   “Los   Pinos”,   zona  despoblada  y  boscosa,  donde los golpearon, torturaron y despojaron de sus prendas de vestir,  tras   lo   cual   les   dieron   muerte  con  armas  corto  punzantes  y  corto  contundentes.   

Al  día  siguiente,  a las 7 de la mañana,  enterraron  los  cuerpos  de las víctimas en una fosa que excavaron en la finca  “Aguadas”, sector Aguas  Frías,  de  donde  fueron  exhumados  en  horas  de  la  tarde  por la Policía  Judicial.   

ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  El 12 de marzo de 2013 la Fiscalía les  imputó  a  KARLA  TATIANA  GÓMEZ  ARISMENDI, OTONIEL MURILLO ÁLVAREZ, Hélmer  Andrés  López  Barrientos,  Juan  Esteban Betancur Ortiz y Jhon Jaime Monsalve  Escobar  los delitos de homicidio agravado, tortura, secuestro simple, concierto  para  delinquir  y  utilización de menores para la comisión de delitos. Éstos  no  se  allanaron  a  los  cargos  y  se  les  formuló  acusación en audiencia  celebrada el día 23 de octubre del mismo año.   

2.  En  el curso posterior de la actuación  López  Barrientos  suscribió  preacuerdo  con  la Fiscalía, produciéndose la  ruptura de la unidad procesal.   

3.  Surtido  el trámite de rigor, en fallo  emitido   el  28  de  mayo  de  2015  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado     de  Medellín  condenó  a los  demás  acusados.  Les  impuso,  a  título  de  penas principales, 720 meses de  prisión  y  43.829  salarios  mínimos legales mensuales de multa, así como la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 20 años.   

4.  La defensa apeló ese pronunciamiento y  el  Tribunal  Superior  de la precitada ciudad, a través del fallo recurrido en  casación,  expedido  el  20  de  abril de 2016, revocó la condena proferida en  contra  de  Juan  Esteban  Betancur  Ortiz  y  Jhon Jaime Monsalve Escobar en lo  relativo  a  los  delitos de homicidio agravado, tortura y secuestro simple. Por  tanto,  los absolvió por razón de esos punibles, imponiéndoles 118 meses y 21  días  de  prisión  y  2.700  salarios mínimos legales de multa. En lo demás,  confirmó la decisión de primera instancia.   

LA DEMANDA:  

Cargo primero. Violación indirecta de la ley  sustancial    derivada    de    error   de   derecho   por   falso   juicio   de  legalidad.           

          Tanto  el  testimonio  de  la  señora  Alexandra  Ángel  como  las  grabaciones  por  ella  realizadas,  debieron ser excluidas, por cuanto, como lo  demostró  la  defensa  en  el  juicio  oral,  la declarante fue inducida por la  Policía  Judicial,  al  proporcionarle  el celular con el cual las efectuó, es  decir,  que  aprovechando  la  relación de confianza que tenía con la presunta  organización  criminal  la  infiltraron  ilegalmente  para obtener información  relevante,  desconociendo  así el derecho fundamental a la intimidad de quienes  participaron  en  esas  conversaciones  y de paso los artículos 241 y 242 de la  Ley    906    de    2004    que   regulan   la   actuación   de   los   agentes  encubiertos.   

          El  proceder  de  los  miembros  de  la  Policía  Judicial  fue tan  desproporcionado  que  inicialmente  pretendieron demostrar que el CD contentivo  de  las  grabaciones  fue  entregado directamente por la señora Ángel, al cual  tampoco  se  acompañó  el  dictamen  pericial  que  explicara la forma como se  realizó   la  extracción  de  las  conversaciones,  de  manera  que  no  puede  garantizarse que sean las mismas o que hayan sido editadas.   

          Para  el  recurrente,  la  información  contenida  en  un teléfono  celular  constituye  evidencia  digital,  de  manera  que  para su extracción y  preservación  deben  cumplirse  los  estándares  internacionales  que rigen la  materia,  por  cuanto  en  nuestro  país no existe regulación al respecto. Por  tanto,  es  necesario  aplicar  los  protocolos  adoptados por la Asociación de  Jefes  de Policía del Reino Unido (ACPO) y la Organización Internacional de la  Evidencia  del  Computador  (IOCE)  y,  en  particular,  hacer  uso de la prueba  denominada  MD5  o  CHECKSUM,  consistente  en  “un  algoritmo  que  tiene  como finalidad calcular la huella digital de un archivo o  checksum,  este  mecanismo  es  usado  para  poder comprobar la integridad de un  archivo  que  ha  sido  transmitido  mediante  copia,  e-mail,  ftp,  etc. entre  diferentes sistemas informáticos”.   

          En  este  caso,  de haberse entregado el teléfono celular por parte  de  Alexandra  Ángel  a  los  investigadores,  éstos tenían que enviarlo a un  perito  experto  en  informática para proceder a la extracción de la evidencia  digital,  en  forma  que  la defensa pudiera acceder al celular para someterlo a  sus  propios  análisis y determinar la validez del dictamen del perito, lo cual  nunca ocurrió.   

          Si,  de  otra  parte,  se  considerara  que la testigo miente cuando  afirmó  que  recibió  el  teléfono  de los funcionarios de Policía Judicial,  igualmente  debería  concluirse  que  no  dijo  la verdad cuando señaló en el  juicio  oral  quiénes  son los interlocutores de las conversaciones, máxime la  animadversión  hacia  OTONIEL MURILLO y los demás compinches del barrio por la  relación  de  su  menor hija E. M. S. A. con el procesado y las contradicciones  en  que  incurrió  en sus diversas intervenciones frente a los participantes en  cada  una de las visitas que realizó al domicilio de su hija para llevar a cabo  las grabaciones.   

          Surgen,  por  tanto,  dudas  razonables  sobre  los  personajes  que  intervinieron  en  esas  conversaciones,  de  manera  que no está demostrada la  responsabilidad  de  los  procesados  en  los  delitos  de  secuestro, tortura y  homicidio.   

         

          Si  el  Tribunal hubiera advertido que las grabaciones se obtuvieron  ilegítimamente,  las habría excluido junto con las diversas manifestaciones de  la  testigo  Ángel  y,  de  esa  manera,  tendría  que  haber  absuelto  a los  acusados.   

          Así  las  cosas,  le  solicitó  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada y dictar la de reemplazo de carácter absolutorio.   

Cargo segundo. Violación indirecta de la ley  sustancial   derivada  de  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.           

          La  Corporación  judicial  vulneró  el principio lógico de razón  suficiente  cuando  concluyó que el sentido de las conversaciones tiene que ver  con      la      advertencia      efectuada      por      alias     “Toto”  a su interlocutor para que no  circularan   por   el   lugar   donde   se   encontraban   los  cuerpos  de  los  menores.   

          Para  efectuar esa inferencia partió de un presupuesto erróneo, si  se  tiene  en  cuenta  que el doble homicidio se cometió entre el 16 y el 17 de  febrero  de 2013, mientras las interceptaciones telefónicas se realizaron entre  el  28  de febrero y el 7 de marzo siguiente, es decir, 11 días después de que  sucedieran  los  hechos,  perdiendo  de vista el Tribunal que los cuerpos fueron  exhumados el 17 de febrero, en horas de la tarde.   

          Si  la  exhumación ocurrió ese día, mientras las interceptaciones  una  semana  después,  no  resulta  lógico  inferir  que  MURILLO  ÁLVAREZ se  refería  al  lugar  donde  se  encontraban  los  cuerpos  de  los  menores. Por  consiguiente,  no  es dable deducir su participación en los delitos atribuidos,  máxime  cuando  de  las  demás  pruebas  practicadas  no  puede  concluirse su  responsabilidad,  atendidas  las  contradicciones  en  que  incurrió  Alexandra  Ángel   sobre   las   personas  que  estaban  presentes  cuando  visitó  a  su  hija.   

          El  Tribunal  desconoció  también  el  principio lógico de razón  suficiente  cuando  del  tono imperativo utilizado en las conversaciones con los  demás  miembros  de  la  banda  delincuencial  infirió que el procesado era el  líder  de  ese  grupo  para  atribuirle así el conocimiento de los hechos y un  aporte  esencial en la comisión de los delitos, cuando bien pudo tratarse de un  mando medio.   

          Lo  cierto  es  que  no  existe  prueba  acerca  del  conocimiento o  participación  de  MURILLO ÁLVAREZ en el secuestro, tortura y homicidio de las  víctimas.  Por  tanto,  le  solicitó  a la Sala casar la sentencia impugnada y  absolver al procesado frente a esos punibles.   

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

El estatuto procesal penal expedido mediante  la  Ley  906  de  2004,  conforme  ocurre con el previsto en la Ley 600 de 2000,  también  exige,  como  condición para la admisión de la demanda de casación,  la  satisfacción de exigencias de claridad y precisión, cuyo fin es permitirle  a   la   Corte  establecer  sin  dificultad  cuál  es  el  error  atribuido  al  sentenciador,  causante  de  la  violación  de  la  Constitución o la ley o la  afectación de las garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos,  en  el esquema procesal  contemplado  en la Ley 906 de 2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 183  y  184, inciso segundo. La primera de dichas normas exige al censor presentar la  demanda  señalando  de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus  fundamentos.  A su turno, la segunda establece que no se seleccionará el libelo  cuando,  entre  otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la  causal  o  no se  desarrollan los cargos de sustentación.   

          Al  amparo  de  las  mencionadas disposiciones la Corte ha expresado  que  en  la  nueva  sistemática  procesal  penal  al  demandante le corresponde  también  satisfacer,  al  formular  los  respectivos cargos, las pautas fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Analizará  la  Sala  en seguida si los dos reproches formulados por  la defensa cumplen tales requisitos.   

Cargo primero. Violación indirecta de la ley  sustancial    derivada    de    error   de   derecho   por   falso   juicio   de  legalidad.           

          Según  el actor, el yerro se presentó, en primer lugar, por cuanto  las  grabaciones  efectuadas  por  Alexandra  Ángel  Moreno  no se sujetaron al  procedimiento  establecido en los artículos 241 y 242 de la Ley 906 de 2004 que  regulan  la figura de los agentes encubiertos. Y, en segundo lugar, porque en la  extracción  y  preservación  de la información no se siguieron los protocolos  que   garantizaran   que  se  trata  de  las  mismas  conversaciones  objeto  de  grabación.   

          Quien  acude  al  recurso extraordinario de casación tiene la carga  de  demostrar  que el Tribunal incurrió en error de juicio o de procedimiento y  para  ello  lo mínimo que debe hacer es intentar desvirtuar los fundamentos con  los  cuales  el  juzgador  desestimó  los  argumentos de parte expuestos, en su  momento,  para  acreditar la existencia de la equivocación. La obtención de un  tal  propósito  no  se  logra,  entonces,  con  sólo plantear en la demanda la  particular  visión  que se tiene sobre el tema, con exclusión de la discusión  jurídica    o    probatoria    que    se    suscitó   al   interior   de   las  instancias.   

          Y  esto  es  lo  que  acontece  en el presente caso. El ad  quem  no acogió el criterio del ahora  casacionista,  señalando  que  la señora Ángel Moreno no actuó en condición  de  agente  encubierto cuando, en coordinación con la Policía Judicial, grabó  con  un  teléfono celular las conversaciones que sostuvo con los integrantes de  la  banda  criminal  que operaba en el sector de “El  Morro”    o    “El  Cristo”, entre quienes se encontraba OTONIEL MURILLO  ÁLVAREZ.  Agregó  que  ese  proceder  surgía  legitimado  por  su  calidad de  víctima,  en  cuanto  una hija suya había sido incorporada a esa organización  delictiva  y  era objeto, por tanto, de la conducta punible de uso de menores de  edad  para  la  comisión  de  delitos.  Para  arribar  a  dicha  conclusión la  Corporación  judicial  se  apoyó  en  jurisprudencia  de  la  Corte Suprema de  Justicia.   

          En  contra  de  ese planteamiento nada dijo el censor. Por tanto, en  momento  alguno  rebatió  la condición de víctima de la testigo, como tampoco  que  la  situación  aquí  ocurrida  encaje  en  los precedentes de la Sala. Y,  ciertamente,  que así lo ha expuesto la Corte, como lo recordó en la sentencia  CSJ AP, 11 sep. 2013, rad. 41790:   

“Si la víctima  de  un  delito  graba  o  autoriza  la  grabación de su voz o de su imagen para  efectos   probatorios,   mientras   dialoga  o  interactúa  con  el  implicado,  obviamente  sin  que  éste  consienta  tales  operaciones,  podría generar una  tensión  aparente  o  muy leve entre el derecho a la intimidad del implicado, y  los  derechos  de la víctima a la protección integral de las autoridades, a la  verdad,  a  la  justicia  y  a la reparación. Ello, por cuanto en la expresión  literal  del  artículo  15 de la Carta el derecho a la intimidad solo puede ser  interferido  por  orden  de  autoridad y en los términos que la ley disponga; y  porque   siendo  la  comunicación  un  acto  en  el  que  necesariamente  deben  intervenir  el  emisor  y  el  receptor,  generalmente  con  alternancia en esas  posiciones,  la  comunicación  deja  de  ser privada, aunque sólo uno de ellos  facilita su consentimiento para que así ocurra.   

Se precisa entonces ponderar tales derechos  desde la perspectiva del mejor efecto constitucional posible.   

En ese ejercicio es razonable privilegiar el  derecho  de  la víctima, puesto que al establecer la verdad, dentro de un marco  de  justicia  material,  utilizando  para  ello  las  voces y las imágenes así  grabadas,  se  logran  los fines constitucionales atribuidos al proceso penal en  mayor  medida,  que  si  se  optara  por la solución contraria; es decir, si se  concediera  preponderancia  a la intimidad del implicado como derecho absoluto o  intangible,   mientras   la  autoridad  judicial  no  disponga  lo  contrario”  (CSJ AP, 9 feb. 2006, rad. No. 19219).   

    

          No  se ve cómo -y el actor tampoco lo evidenció- cambien las cosas  por  el  hecho  de  que  Alexandra  Ángel  haya  utilizado,  para  realizar las  grabaciones,  un  teléfono  celular que le suministró la Policía Judicial. Lo  cierto  es  que  aquélla  ostentaba  la  condición de víctima y ello, como lo  concluyó el Tribunal, legitimó su actuación.   

          Nada  dijo  el  defensor,  igualmente,  acerca  de  la respuesta del  fallador  de  segundo grado conforme a la cual la inobservancia de las reglas de  cadena  de  custodia no incide en la legalidad o licitud de la prueba sino en el  mérito  persuasivo  que de la misma pueda extraer el juzgador de manera directa  o  indirecta  por los resultados obtenidos a través de su análisis técnico. Y  por  eso  pretende,  una  vez  más,  la  exclusión  de  las  grabaciones y del  testimonio  de  Alexandra Ángel, en lo pertinente, sin advertir que el Tribunal  se  apoyó  también  en  la jurisprudencia vigente de la Corte para soportar su  criterio, la cual, ciertamente, dice lo siguiente:   

“…  la inobservancia de los protocolos  de  cadena  de  custodia  no  afecta  la  legalidad  de los elementos materiales  probatorios  o  la  evidencia  física,  sino  eventualmente  su autenticidad y,  consecuentemente,  su  valor  suasorio  (CSJ  21/2/07, rad. 25920; 24/8/11, rad.  36958; 26/6/12, rad. 34867, entre otras).   

En  efecto,  el  incumplimiento  total  o  parcial  de  los  procedimientos  orientados a asegurar y demostrar el carácter  genuino  de los medios de convicción difiere de la legalidad de la prueba, pues  el  primer  instituto  se  relaciona  con  la  protección  o  conservación del  elemento  de  convicción  a partir de su descubrimiento o recaudo, mientras que  el  segundo  tema  atañe al cumplimiento de las condiciones previstas en la ley  para  su  formación,  producción  o  incorporación  al proceso. Se trata, por  tanto,  de  dos fenómenos diversos y subsiguientes: primero se produce el medio  de  prueba  y  después  se  somete  al  protocolo  de custodia para asegurar su  genuinidad”   (CSJ   AP,   28   sep.   2016,   rad.  47884).    

         Al  impugnante  le  correspondía,  por tanto, si su pretensión era  demeritar  la  mismidad  de  la  prueba,  cuestionar el mérito asignado por los  juzgadores  sobre su capacidad probatoria a través de cualquiera de los errores  de  hecho,  demostrando  las  irregularidades  advertidas en el procedimiento de  conservación  y  que  la  autenticidad  del  medio  de  convicción  no  logró  establecerse   con   otras  pruebas,  resultando  probable  la  alteración  y/o  manipulación de su contenido.   

         No  cumplió  esa carga de sustentación. Se limitó a poner en duda  que  la  información  introducida  al  juicio  oral  sea la misma que grabó la  señora  Alexandra Ángel a través del celular suministrado por los miembros de  la Policía Judicial.   

Sin  embargo,  no  realizó esfuerzo alguno  para  acreditar  que el Tribunal erró en la apreciación de las pruebas con las  cuales  la Fiscalía demostró, en los términos del artículo 277 de la Ley 906  de  2004  y  al  amparo  del  principio  de libertad probatoria consagrado en el  artículo  373  ibídem,  la  genuinidad  de  esa  información. La Corporación  judicial,   en   efecto,   concluyó   que,   independientemente   de   que  las  conversaciones  hubiesen sido extraídas del teléfono celular para ser copiadas  en  un  CD,  el investigador Alexander Zapata Piedrahíta testificó que él fue  quien  realizó  esa  labor, mientras la propia Ángel Moreno corroboró que las  conversaciones  publicitadas  en  el  juicio oral corresponden exactamente a las  grabadas por ella.   

         Lo  único  que  hace  el  actor  es  cuestionar  la credibilidad de  Alexandra  Ángel,  en  razón  a  su  animadversión hacia el procesado OTONIEL  MURILLO  y  por  las  contradicciones en que incurrió, exponiendo su particular  punto  de  vista  sobre  el  alcance probatorio de ese medio de prueba, pero sin  acreditar,  a  través de los motivos de casación establecidos en la ley, error  grave en la valoración efectuada por el juzgador.   

         En consecuencia, el reproche se inadmitirá.   

Cargo  segundo.  Violación indirecta de la  ley  sustancial  derivada  de  error  de hecho por falso raciocinio.           

         

         Esta  censura cumple las exigencias de sustentación exigidas por la  ley y desarrolladas por la jurisprudencia y, por eso, se admitirá.   

Se  precisará,  finalmente,  que contra la  decisión  inadmisoria sólo cabe el mecanismo de insistencia, conforme lo tiene  establecido  el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia reiterada de la Sala ((CSJ AP, 12 dic  2005, Rad. 24322).   

         

En  lo referente al cargo que se admitirá,  se  ordenará  que  una vez se surta el trámite relacionado con el mecanismo de  insistencia,  se  fije  fecha para la realización de la respectiva audiencia de  sustentación oral.   

           

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:   

1.  INADMITIR  el cargo primero de demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de KARLA  TATIANA GÓMEZ ARISMENDI y OTONIEL MURILLO ÁLVAREZ.   

Según lo establecido en el artículo 184 de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  de  la  demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

         2.-   ADMITIR  el  cargo  segundo  de  la  referida demanda.   

         Una  vez  se  surta  el  trámite  relacionado  con  el mecanismo de  insistencia,  se  fijará  fecha para la realización de la respectiva audiencia  de sustentación oral.   

NOTIFÍQUESE   Y   CÚMPLASE.   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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