AP053-2014(42630)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                      

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado ponente  

AP053-2014  

Radicación 42630  

Aprobado acta número 11  

Bogotá,  D.  C., veintidós (22) de enero de  dos mil catorce (2014)   

Decide    la  Sala  el  recurso  de  reposición interpuesto por el  representante  de  la  parte  civil contra el auto que  declaró  prescritas  las  acciones  penal  y  civil,  al  igual que decretó la  cesación del procedimiento.  

          I. ANTECEDENTES  

1.  NELSON  OMAR  SOLANO  MESA  fue  acusado  como  autor  responsable  del delito de lesiones  personales culposas, debido a hechos ocurridos el 2 de junio de 2003.   

El llamado a juicio quedó en firme el 11 de  septiembre  de  2007.  La  víctima,  a  su  vez,  se  constituyó como parte civil.  

    

2. El 21 de agosto  de  2012, el Juzgado Veintidós Penal del Circuito Adjunto confirmó  el  fallo  condenatorio  de  primera  instancia  proferido por el  Juzgado Dieciocho Penal Municipal.  

Contra       la      decisión  del  ad  quem, el defensor de  NELSON   OMAR   SOLANO   MESA   presentó,   por   la   vía  discrecional,  el  recurso  extraordinario  de  casación.  

3.  La  actuación  llegó  a  la Corte el 1º de noviembre de 2013. El  20 del mismo mes y año, la  Sala       resolvió:       (i)      declarar  prescritas  las  acciones  penal  y civil por la conducta  punible  de  lesiones personales culposas,  (ii) ordenar  la  respectiva  cesación del procedimiento adelantado  contra  el  inculpado, (iii)  disponer   que  por  conducto  del  juez  a  quo  se  efectuasen   las   anotaciones   y   cancelaciones  pertinentes  y  (iv)   remitir  copias  con  el  fin  de  investigar  disciplinariamente  a los jueces involucrados con las dilaciones que  suscitaron  la  prescripción  del asunto.  

Uno  de  los  magistrados  salvó  de forma  parcial  el  voto,  aduciendo  que el artículo 98 del  Código  Penal  (según  el  cual «[l]a acción civil  proveniente  de  la  conducta  punible,  cuando  se  ejercita dentro del proceso  penal,  prescribe,  en  relación con el penalmente responsable, en tiempo igual  al   de   la   prescripción   de   la   respectiva   acción  penal»)     debía     ser    interpretado  «en  el  sentido  de  que  el  juez  penal  no puede  proferir  el  fallo civil correspondiente a la demanda de constitución de parte  civil,  y  el  afectado  queda  en  libertad  de reclamar los perjuicios ante la  jurisdicción  civil  mientras  que  la acción se encuentre vigente»   (folio   20  del  cuaderno  de  la  Corte).  

    

4.  El  representante  de  la  parte civil en  cabeza   de   Pedro   Pablo  Pinto  Hernández  repuso  la  providencia.  En  el  escrito   de   sustentación,  argumentó lo siguiente:  

4.1.  La  postura de la Sala mayoritaria en  relación  con  la interpretación del artículo 98 del Código Civil, aunque es  reiterada,   vulnera  la  Constitución  Política  al  sacrificar  de  tajo  el  derecho  de  acudir  a  la  jurisdicción civil.  

4.2.   En  este  asunto,  los  funcionarios  dilataron  de forma injustificada el proceso. Fue su  negligencia  la  que  produjo la prescripción de la acción penal. El    lesionado,   quien   sufrió   la  amputación  de  una  de  sus  piernas  y  en  la  actualidad es un octogenario,  ha   tenido   fe  en  la  justicia.   De  ahí  que  prohijar  al  procesado y dejar de lado a la víctima  es de una injusticia increíble.  

4.3.  La  Corte  debe  variar  su concepto  jurisprudencial  equivocado  y aplicar la excepción de constitucionalidad de la  Ley    599    de    2000,    pues    el    aforismo    de    que    ‘la   ley   es  dura,  pero  es  la  ley’  no  tiene  ahora  cabida en el derecho.  

4.4.  El salvamento de voto es la postura  correcta.  El  cuerpo  colegiado no puede estar atado  incondicionalmente    por    el    legislador,   ya  que   en  el   Estado   Social   de   Derecho  la  justicia  material  tiene  que  estar  por  encima  de las formas.  

5. En   consecuencia,   solicitó  a  la  Sala  revocar  de  manera  parcial  el auto de 20 de  noviembre  de  2013,  en  el  entendido  de  que «se  declare    que    la   acción   civil   no   se   halla   prescrita».  

    

II.          CONSIDERACIONES  

1.  Los reparos  del  recurrente, orientados a que la Sala reponga el  auto  impugnado para que sólo declare prescrita la acción penal seguida contra  NELSON  OMAR  SOLANO MESA, y no la civil,    carecen    de    asidero.   Estas  son   las razones.     

1. El             artículo 98 de la Ley 599 de 2000 establece:     

Artículo     98-.     Prescripción.   La   acción   civil  proveniente  de  la  conducta  punible,  cuando  se  ejercita dentro del proceso  penal,  prescribe, en relación con los penalmente responsables, en tiempo igual  al  de  la prescripción de la respectiva acción penal. En los demás casos, se  aplicarán las normas pertinentes de la legislación civil.  

Este  precepto  fue  declarado  exequible  mediante    el    fallo    C-570    de    2003,    proferido    por   la   Corte  Constitucional.  Allí el  Alto          Tribunal          resolvió  una  demanda de acuerdo con  la     cual     el    artículo    98    del    Código    Penal    (i)           «deroga  las  normas  de  Código  Civil  que tienen que ver con la  prescripción   de  la  acción  civil,  entre  las  cuales  se  encuentran  las  disposiciones    que    permiten    interrumpir   la   prescripción»;       (ii)       «también   infringe   el   derecho  constitucional  a la igualdad (art. 13), pues quien la indemnización de  perjuicios  dentro  del proceso penal debe esperar la decisión del fiscal o del  juez    penal»,   mientras   que   «quien  intenta  la  acción  civil  independientemente  tiene a su  favor  un  término de prescripción mucho más amplio, el cual, a su vez, puede  interrumpir»;  y   (iii)  «limita  ostensiblemente la capacidad  de  acción del perjudicado porque dentro del proceso  penal    el    término   de   prescripción   es   menor   y   no   puede   ser  interrumpido».   

El máximo organismo en materia  de  constitucionalidad  denegó tales  planteamientos    aduciendo,    entre    otras    cosas,    que   «[a]l  ejercerse  dentro  del  proceso  penal,  la acción civil se  amolda  a  la  mecánica del primero», por lo que la  participación  de  la  parte  civil  «se ejecuta de  conformidad   con   el   esquema  diseñado  por  el  Código  de  Procedimiento  Penal».  En palabras de  la Corte Constitucional:   

La   conclusión   impuesta   por   esta  normatividad  es  que  cuando  el  afectado por el delito acude al proceso penal  para  constituirse en parte civil, recibe del sistema jurídico un amplio margen  de   actuación   que   le  permite  reclamar  derechos  adicionales  a  la  simple  reparación  del  daño, los cuales se encuentran  íntimamente  ligados  con  el  desarrollo  de  la  investigación y juzgamiento  penales.   

Una   segunda   conclusión   es   que  la  posición  de  la parte civil dentro del proceso  penal  no  es,  por  la  misma  naturaleza de este proceso, equivalente a la del  afectado   que   por   separado  inicia  un  proceso  de  responsabilidad  civil  extracontractual.   

De  una parte, el proceso civil se asienta  sobre  la base de la disponibilidad del derecho litigioso, lo cual se refleja en  el  carácter  dominantemente  dispositivo  de este procedimiento. En el proceso  penal,  en  cambio,  la constitución de parte civil no es ni siquiera necesaria  para  que  el  aparato de justicia inicie de oficio las diligencias tendientes a  determinar  el  perjuicio  patrimonial  ocasionado  con el delito y a ordenar su  reparación.   

[…]   El  ejercicio  de la acción civil dentro del proceso penal no implica detrimento de  las   garantías  procesales  de  la  parte  civil.  Por  el  contrario,  dichas  garantías  se  encuentran aseguradas como consecuencia de la preponderancia que  el  afectado  y la víctima tienen en el trámite del proceso penal. El hecho de  que  el  impulso del proceso penal esté a cargo del  Estado,  por  disposición  de  la  Constitución y la ley, implica que la parte  civil  del proceso penal tiene una posibilidad directa y concreta de recibir los  resultados    de    la    investigación    para    satisfacer    sus    propias  pretensiones.   

Las   circunstancias  previstas  indican  también  que el contexto jurídico de la parte civil del proceso penal no es el  mismo   de   quien   demanda   por  separado  ante  la  jurisdicción  civil  la  responsabilidad   civil   extracontractual   de   la   reparación   del  daño.   

   

         Adicionalmente,      sostuvo  la  Alta Corporación que «no  le  parece  irrazonable  que  el  legislador  haya  decidido establecer un plazo  temporal   entre   la   prescripción   extintiva   civil   y  la  prescripción  extintiva    de   la   acción   penal»     y     que     «la  medida  de  ligar  el  término de prescripción de la acción  civil  al  de  la  acción  penal, cuando la primera se ejerce en el marco de la  segunda,  es  proporcional y ajustada a las exigencias propias del proceso penal  y  a las características que identifican el papel de la parte civil».  Por  consiguiente,  «el establecimiento de un término de  prescripción  para  la  acción civil dentro del proceso penal no es arbitrario  ni   desproporcionado»  Según la Corte Constitucional:  

Lo que pretende el legislador al expedir el  artículo  98  del  Código  Penal  es  que  el  término de prescripción de la  acción  civil  esté  acorde  con la posición asumida por la parte civil en el  proceso  penal  o,  lo  que  es  lo  mismo,  que  las obligaciones jurídicas de  carácter  civil  derivadas del delito se extingan a la par que las obligaciones  de  rango  penal  provenientes  del  mismo cuando aquellas son reclamadas por el  perjudicado en el contexto del proceso penal.   

[…]   Así  bien,  dado  que  el  fin  de  la  prescripción  es  sustraer  al sindicado del poder punitivo del Estado, no sería razonable que el  juez  penal  dictara  la  condena  en  perjuicios si la acción penal ya ha sido  prescrita.  La  coherencia  interna exigida por el proceso penal obliga a que la  pretensión  adyacente  de  naturaleza  civil  siga  la suerte de la pretensión  principal   y   que   si  ésta  desaparece,  desaparezca  la  primera  como  su  consecuencia lógica.  

         En  este  orden de ideas, para la Corte  Constitucional, es claro  que  el  artículo  98  de  la  Ley  599  de  2000 no  puede ser interpretado en  un  sentido  distinto  a su tenor literal, esto es, que la acción civil, cuando  se  ejerce  dentro  del  proceso  penal,  prescribe  en  el mismo término de la  acción  penal  respecto del penalmente responsable,  sin  que,  en tal evento, pueda luego acudirse a la jurisdicción civil a fin de  reclamar los perjuicios ocasionados con el daño.         

1.2.  Los     fundamentos     primordiales   de   la  sentencia  C-570  de  2003  acabados  de  reseñar  tienen     efectos  vinculantes con carácter  general,     es     decir,     que    todos    los  asociados     tienen     la     obligación    de  acatarlos   y,   por  ende,  pueden oponerse a  cualquier    persona    o    autoridad  pública, sin excepción.  Lo anterior encuentra sustento en el  artículo   243   de   la   Carta   Política,  según  el  cual  «[l]os  fallos  que  la Corte Constitucional dicte en ejercicio del  control      jurisdiccional      hacen      tránsito     a     cosa     juzgada  constitucional».  

Al respecto, el  Alto    Tribunal   ha  precisado lo siguiente:                    

La  cosa  juzgada  es  una  institución  jurídico  procesal mediante la cual se otorga a las decisiones plasmadas en una  sentencia,  y  en  algunas  otras  providencias,  el  carácter  de  inmutables,  vinculantes  y  definitivas.  Los  citados  efectos se conciben por disposición  expresa  del  ordenamiento  jurídico  para lograr la terminación definitiva de  controversias   y   alcanzar   un   estado  de  seguridad  jurídica.   

De   esta  definición  se  derivan  dos  consecuencias  importantes.  En  primer lugar, los efectos de la cosa juzgada se  imponen  por  mandamiento  constitucional  o  legal  derivado de la voluntad del  Estado,   impidiendo   al   juez   su   libre   determinación;   y  en  segundo  lugar,  el  objeto  de  la  cosa juzgada consiste en  dotar  de  un  valor  definitivo e inmutable a las providencias que determine el  ordenamiento  jurídico.  Es decir, se prohíbe a los funcionarios judiciales, a  las  partes, y eventualmente a la comunidad, volver a entablar el mismo litigio.  […]   

La  cosa  juzgada  constitucional  es  una  institución  jurídico  procesal que tiene su fundamento en el artículo 243 de  la  Constitución  Política  y  mediante  la  cual  se  otorga a las decisiones  plasmadas  en  una  sentencia  de constitucionalidad el carácter de inmutables,  vinculantes     y     definitivas    (Corte          Constitucional,  fallo      C-774      de      2001).   

De   ahí   que   no   viene  al caso presentar, como ocurre con el  recurrente,  interpretaciones  del  artículo 98 del Código Penal diversas a la  que   fue   declarada   exequible   por   la   Corte  Constitucional,  o  propuestas de aplicar  en  el caso concreto la excepción de  inconstitucionalidad     cuando     existe    una    decisión    que    hizo    tránsito  a  cosa  juzgada  en  virtud  del  artículo  243  de  la  Carta  Política,  o  posturas  controvertibles   que   entronizan  el  valor  de  la  justicia  material  sin  considerar otros principios  que  en el Estado Social de Derecho ostentan igual o superior raigambre, como la  seguridad   jurídica,   la   superioridad   de  la  Constitución  y  los  efectos  vinculantes  de  los  fallos de control constitucional.   

1.3.  Como  si  lo  anterior  fuese poco, es completamente  inane  la  pretensión del apoderado de la parte civil de dejar a la víctima en  libertad  de  acudir  a  la  respectiva jurisdicción especializada en    pro   de   una   reparación   por   responsabilidad   civil  extracontractual.  

En  efecto,  de  acuerdo  con  el  artículo  2536 del Código Civil, modificado por el artículo  8º  de  la  Ley 791 de 2002, «por medio del cual se  reducen   los   términos   de   prescripción   en   materia  civil»,  redujo  el  lapso extintivo de la acción ordinaria de veinte  (20) años a diez (10).  

En el presente asunto, los hechos tuvieron  lugar  el  2  de junio de  2003.  Ello significa que el plazo para interponer una demanda civil  e  interrumpir  el  término  de  prescripción  de  la  acción  ordinaria expiró el 2 de junio del año pasado.   

De esta manera,  incluso  en  el  evento de compartir los argumentos del recurrente, la decisión  de  reponer el auto de la Corte de 20 de noviembre de 2013 en el sentido deseado  en  el  escrito  de  impugnación  resultaría  intrascendente  para  efectos de  obtener el amparo de los derechos de la víctima.  

1.4.   Por  último,  es  de  anotar  que  la  Corte  no  se  mostró  indiferente  ante  el  probable   hecho,   puesto  de  relieve     en    el    recurso,    de   que   «los   funcionarios,  palmariamente,  dilataron  el  proceso con su negligencia extrema hasta llegar a  la   prescripción  de  la  acción  penal»  (folio  27   del  cuaderno  de  la  Corte).  Por  tal  motivo, en el auto impugnado,  dispuso  remitir  copias  de  la actuación para que las autoridades competentes  investigasen:  

1. La mora entre  la  llegada  del  proceso al Juzgado Primero Penal Municipal de Bogotá, el 8 de  mayo  de  2008,  y  el auto que avocó conocimiento del asunto para la etapa del  juicio,  de  fecha  28  de  enero  de  2009 (folios 189-190 del cuaderno I de la  actuación principal).   

2. El  trámite  de  notificación  e impugnación de la decisión de  primera  instancia,  de  fecha  7 de diciembre de 2011, en el cual participó el  Juzgado  Promiscuo  de  Aquitania  (Boyacá)  y  que  comprendió  desde el 9 de  diciembre  de  2011, día en el que se comisionó a este último despacho, hasta  el  17  de  mayo  de  2012,  fecha  en  la cual el a quo concedió la apelación  (folios 79-136 del cuaderno II de la actuación principal).   

3. Y  el  trámite  de  notificación  del fallo de segundo grado, de  fecha  21  de  agosto  de  2012,  que  contó  con  la colaboración del Juzgado  Promiscuo  de  Aquitania  (Boyacá) y que abarcó desde el 21 de agosto de 2012,  fecha  en  la  cual  se  emitió el despacho comisorio, hasta el 15 de agosto de  2013,  día en el que el funcionario ad quem ordenó enviar las diligencias a la  Corte   (folios   5-88   del   cuaderno   de   segunda   instancia  [folios 13-14, c. de la C.].  

El   reconocimiento   de   dichas  irregularidades,  más  allá  de la responsabilidad de los  funcionarios  en  ellas  implicados,  no  constituye  motivo,    sin   embargo,   para   acceder   a   la  pretensión  del  recurrente, sino tan solo para dar  cumplimiento  al  deber,  por  parte  de todo servidor público, de informar   acerca   de   la   posible  comisión  de  cualquier delito o falta disciplinaria  a      las     autoridades     encargadas     de  conocerlos.  

2. En  este  orden  de  ideas,     la    Corte    no    repondrá    el    auto    materia    de  impugnación.   

III.  DECISIÓN   

En mérito de lo  expuesto,   la   CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

No     reponer    el    auto   de   20   de   noviembre   de   2013,   que   declaró   la  prescripción de las acciones penal y civil seguidas  contra NELSON OMAR SOLANO MESA.  

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.  

Notifíquese y cúmplase  

(Salvamento    de  voto)   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER  PATIÑO  CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

SALVAMENTO  PARCIAL DE VOTO  

Con  el debido respeto que la decisión de  mayoría  merece, procedo a consignar las razones por  las  cuales  me  separo  en  forma  parcial  de  la  decisión  que  declara  la  prescripción  de las acciones penal y civil surgidas con ocasión del delito de  lesiones    personales    culposas,    atribuido   al   procesado   Nelson Omar Solano Mesa   

En  ese  propósito  reitero  mi  criterio  expuesto  en precedentes salvamentos frente a las providencias con las cuales la  Corte  adoptó similares determinaciones a las asumidas en esta especie, el cual  sintetizo señalando que,   

“…  mi  discrepancia  es  frente  a la  oportunidad  en  que  se hace la declaración de prescripción civil y por quien  la  hace,  y  no  en  cuanto  se  relaciona  con  la  cesación de procedimiento  penal   por  el  delito  de  (…) pues,  en  verdad,  a partir de la ejecutoria de la resolución de  acusación  hasta  la  fecha  de este pronunciamiento, ha transcurrido de manera  ininterrumpida   un término superior a cinco años, suficiente para que el  Estado   perdiera   toda   oficiosidad  para  continuar  ejerciendo  la  acción  penal,    ya  que  tal  determinación  no  amerita  reparo  alguno  de  mi  parte.   

Tal  y  como  lo expuse en el curso de los  debates  orales  en  el  seno  de  la  Sala, no puedo prohijar la providencia en  comento  sin  referirme  a  la decisión de declarar prescrita la acción civil,  pues  si  bien ella corresponde a una interpretación literal de la norma que la  establece  (Art. 98 del C. Penal), su aplicación inmotivada no se compadece con  el  deber  de  establecer  primero  la  razón  de  ser  de  la disposición, su  conformidad  con  la  Carta  Política,  o  al  menos con el principio rector de  aplicación  prevalente relativo al restablecimiento del derecho, según el cual  los  funcionarios  judiciales  deberán  adoptar las medidas necesarias para que  cesen  los  efectos  creados  por la comisión de la conducta punible, las cosas  vuelvan  al  estado  anterior, y se indemnicen los perjuicios, pues es claro que  el  delito  -como  fuente  de  obligaciones-,  ni,  por  supuesto,  sus  efectos  materiales,  económicos  y sociales, desaparecen por haber operado el fenómeno  de la prescripción de la acción penal.   

No  se tuvo en cuenta, que la disposición  aplicada  al  caso  sin  consideración  al  sistema  a que pertenece, se ofrece  excesivamente  gravosa  para  los intereses particulares de los perjudicados con  el  delito,  que  ven  frustradas  sus  expectativas  y  resultan  sancionados a  consecuencia de la inactividad del Estado.   

Esto,  si  se  considera  que en el evento  presente  la  parte  civil ejerció la acción en oportunidad y acudió a uno de  los   mecanismos   previstos  por  el  ordenamiento  jurídico  para  lograr  el  restablecimiento de su derecho.   

Con la decisión mayoritariamente adoptada,  no  sólo  se  exonera, sin más, de toda responsabilidad civil a la persona que  ha  sido acusada, sino que deja a la afectada sin instrumentos para perseguirla,  tan  sólo  por  haber optado por pretender la indemnización dentro del proceso  penal,  y  no  por  la  vía civil donde la prescripción de la acción opera en  términos  mucho  más  amplios,  se  interrumpe  con  la notificación del auto  admisorio  de  la  demanda  y  no hay lugar a declararla como consecuencia de la  simple          y          llana         inactividad         del         órgano  judicial.             

Y  si  bien  no  desconozco   que  el  Tribunal  Constitucional  mediante Sentencia C-570 de 2003 declaró exequible el  Artículo  98  de  la  Ley  599  de  2000,  bajo el supuesto de que “la  medida  de ligar el término de prescripción de la acción  civil  al  de  la  acción  penal, cuando la primera se ejerce en el marco de la  segunda,  es proporcional y ajustada a la exigencias propias del proceso penal y  a  las  características  que  identifican  al  papel  de  la parte civil en las  últimas  diligencias”,  tampoco  puedo  pasar por  alto  que  el  pronunciamiento  del  Tribunal  Constitucional,  pese  a  haberlo  anunciado,  desconoció  que  “en cuanto hace a la  acción  civil,  el  objetivo  de  la  prescripción  es extinguir el derecho de  reclamar  judicialmente  el  crédito  como  consecuencia  de la inactividad del  acreedor   en   demandar   el   cumplimiento  de  la  obligación”.   

De ahí que, con todo y el pronunciamiento  de  la  Corte Constitucional en torno a la exequibilidad del precepto, considero  que  cuando el legislador precisa en el artículo 98 del Código Penal que   “la  acción  civil  proveniente  de  la  conducta  punible,  cuando  se  ejercita dentro del proceso penal, prescribe, en relación  con  los  penalmente  responsables, en tiempo igual al de la prescripción de la  respectiva  acción  penal”, debe ser entendida en  el   sentido   de   que   el  juez  penal  no  puede  proferir  el  fallo  civil  correspondiente  a  la  demanda  de  constitución de parte civil, y el afectado  queda  en  libertad  de  reclamar  los  perjuicios  ante  la jurisdicción civil  mientras  que  la  acción  se encuentre vigente, pues, en palabras de la propia  Corte    Constitucional    en    la    sentencia    en   comento,   “no  sería  razonable  que  el juez penal dictara la condena en  perjuicios   si   la   acción   penal   ya   ha  sido  prescrita”.   

Lo   contrario  implicaría  victimizar  nuevamente  al  sujeto  pasivo de la infracción penal por haber incurrido en el  desacierto  de  acudir a la jurisdicción penal con la esperanza de que allí se  produjera  en  un  tiempo menor la reparación por el agravio recibido, frente a  la  opción  de ir ante la jurisdicción civil, ya que a pesar de haber ejercido  en  tiempo  el  derecho  de  reclamar  el  pago por los perjuicios recibidos, la  lentitud  del  aparato  judicial  en  el trámite de su pretensión, le implicó  perder  el  derecho  frente  al penalmente responsable, para obligarlo acudir al  inicio  de  un proceso contencioso administrativo en contra del órgano judicial  que  frustró  sus  expectativas,  nada  de  lo  cual  hubiera ocurrido de haber  presentado la demanda ante la jurisdicción civil.”   

      

Son  estos razonamientos los que me llevan a  discrepar respetuosamente de la decisión mayoritaria.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

Fecha ut supra.  

    

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