41658(25-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                            EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER   

                            Aprobado Acta No. 317   

Bogotá, D. C., veinticinco (25) de septiembre  de dos mil trece (2013).   

ASUNTO  

Estudia la Corte la posibilidad de admitir por  vía  discrecional la demanda de casación presentada por el apoderado de MARLIO  VICENTE  CABRERA  MANRIQUE contra el fallo de segunda instancia proferido por el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de Neiva, en el cual confirmó la pena de  veinticuatro  meses  de  prisión  y  diez  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes  de  multa  que  le  impuso  a  la  referida persona el Juzgado Segundo  Promiscuo  Municipal  de  Palermo (Huila) como autor responsable del concurso de  conductas  punibles  de  perturbación de la posesión  sobre inmueble.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. Entre octubre de  2003  y julio de 2004, MARLIO VICENTE CABRERA MANRIQUE incurrió en varias vías  de  hecho  que  afectaron  el  predio  ‘Mangón     El    Cebador’,  situado en la vereda Oriente del municipio de Palermo (Huila), de  propiedad  de  Jaime  Rojas  Tafur.  Particularmente, entre el 4 de diciembre de  2003  y el 26 de julio de 2004, ingresó ganado al inmueble, así como destruyó  el  alambrado  por  el  costado  oriente de la finca, con una frecuencia de unas  cuatro veces por semana.   

2.  Debido  a  lo  anterior,  la  Fiscalía  Local  de  Palermo  ordenó  la  apertura del proceso,  vinculó  a  MARLIO  VICENTE CABRERA MANRIQUE mediante indagatoria y, agotada la  instrucción,  calificó  el  mérito  del sumario, en el sentido de decretar la  preclusión de la investigación.   

3.   Apelada  la  resolución  por  el  representante  de  la parte civil en cabeza de Jaime Rojas  Tafur,  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal la revocó y en su lugar acusó  al  procesado,  mediante  providencia  de 29 de octubre de 2008, por un concurso  del  delito  de  perturbación  de  la posesión sobre  inmueble,  según  lo  previsto en los artículos 31 y  264  de  la  Ley  599  de  2000,  actual  Código  Penal.  Esta decisión quedó  ejecutoriada   el   8   de   noviembre   de   20081.   

4.  Correspondió  asumir  la  etapa siguiente  al  Juzgado  Segundo     Promiscuo    de  Palermo,  despacho  que  condenó al  procesado  por  el  delito  atribuido   a   veinticuatro   meses   de  prisión,  así  como  de   inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  y diez salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes  de  multa.  Igualmente,  lo  condenó  al  pago de perjuicios y le  concedió la suspensión condicional de ejecución de  la  sanción  privativa  de la libertad por un periodo  de prueba de tres años.   

5.  Apelada    la    decisión         por        la   defensa,  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de Neiva lo confirmó en los aspectos  materia    del   debate.   

6.  Contra  el  fallo  de  segundo     grado,     presentó  el  apoderado  de MARLIO VICENTE CABRERA MANRIQUE el recurso de  casación   por   la   vía  excepcional.   

LA DEMANDA  

1.  Invocando  la  protección   de   la   garantía  fundamental  del  debido  proceso,  y  al amparo de la causal primera del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal, propuso el recurrente un  cargo  único, consistente  en    la    violación    directa    de    la   ley  sustancial por indebida aplicación del artículo 264  del  Código  Penal  y  falta  de  aplicación  de  los preceptos que regulan la  prescripción.         Lo         sustentó          mediante       los       siguientes  argumentos:   

1.1. Los  hechos que dieron lugar a la condena de MARLIO VICENTE CABRERA  MANRIQUE     ocurrieron     el     10    de    octubre    de    2003.   

1.2.   Luego   de   esa   fecha,   no  hubo  perturbaciones  al  predio  del  denunciante.  Lo que ocurrió el 26 de julio de  2004  se  trató de una circunstancia ajena a actos de tal índole achacables al  procesado.   

1.3. La acusación  de  segunda  instancia  fue  proferida  el  29 de octubre de 2008. Por lo tanto,  transcurrieron  más  de  cinco  años  entre  la  fecha  de  los hechos y la de  ejecutoria del pliego de cargos.   

2.  En  consecuencia,  solicitó  a  la Corte  casar    el    fallo    recurrido    para,   en   su  lugar,  declarar prescrita  la acción penal por el delito imputado.   

CONSIDERACIONES  

1. De conformidad con  lo  señalado  en el inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000 (Código  de  Procedimiento  Penal  aplicable al presente asunto), la casación procede de  manera  regular  contra  las  sentencias  de  segunda instancia emitidas por los  Tribunales  Superiores  de  los distritos judiciales del país, así como por el  Tribunal  Penal Militar, que correspondan a procesos adelantados por delitos con  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo señalado en la ley exceda de los  ocho años de prisión.   

Si  la decisión de segundo grado proviene de  un  juzgado  de  circuito,  o si el tope legal de la pena de prisión es de ocho  años  o  menos,  la  casación  únicamente  será viable de modo excepcional o  discrecional.  Es  decir,  en  la  medida en que la Corte lo considere necesario  para  respetar las garantías de quienes intervinieron en la actuación procesal  o  desarrollar  la  jurisprudencia,  tal  como lo consagra el inciso final de la  norma indicada.   

En  esos  eventos, la Sala tiene dicho que al  demandante  le  asiste  la  carga de presentar en forma racional y coherente las  razones  por  las  cuales  esta Corporación debería conocer de un asunto en el  cual  no  concurrieron  los presupuestos de la casación común, bien sea porque  el  pronunciamiento  resulta  necesario para el progreso de la jurisprudencia, o  bien porque hubo vulneración de garantías fundamentales.   

Pero,  adicionalmente,  la  demanda tiene que  elaborarse   con   el   debido  acatamiento  de  los  requisitos  formales  establecidos  por  la  ley  y la  jurisprudencia.  Esto  es,  en  virtud  de  los parámetros de formulación y de  sustentación  de  los  cargos  previstos  en  el  artículo  207  del  estatuto  procesal,  que  por  obvias razones deben ser consonantes con los argumentos por  los   cuales   el   recurrente   fundó  la  solicitud  a  través  de  la  vía  discrecional.   

De  ahí  que la demanda de casación nunca  podrá  equipararse a un alegato de instancia, máxime cuando los artículos 212  y   213   de   la   Ley   600  de  2000  exigen  una  presentación lógica y  adecuada  de cada una de las causales establecidas en  el      artículo      207      del     referido  ordenamiento,  así como el desarrollo de los cargos  que   por   los   yerros   de  trámite     o     de    juicio  haya  propuesto el recurrente, con la  demostración   de  su  relevancia  para    efectos    de    la    decisión  adoptada.   

2. En este asunto, el  fallo  de  segunda  instancia proviene de un juzgado de circuito. Así mismo, la  pena  de  la  conducta  punible  de perturbación de la  posesión  sobre  inmueble por la cual fue condenado el  procesado  ostenta un máximo de dos años de prisión, según lo previsto en el  artículo  264  de  la  Ley  599  de 2000. Por lo tanto, el demandante tenía la  obligación  de  circunscribirse  a  las  obligaciones  propias  de la casación  discrecional, conforme a lo ya analizado.   

El  profesional  del  derecho,  sin  embargo,  aunque  hizo alusión a la violación del debido proceso por desconocimiento del  fenómeno  de  la  prescripción  de  la acción penal, no estableció que dicha  irregularidad  tuviese  sustento  en la actuación. Y, como si lo anterior fuese  poco,  planteó  al  respecto un cargo (violación directa de la ley sustancial)  que  no  se  compadece  con  las  reglas  de  formulación  y  desarrollo  de la  demanda.   

En  otras  palabras, el reproche propuesto es  incoherente  con  el  problema jurídico aludido por el demandante y éste, a su  vez, carece de cualquier tipo soporte en el proceso.   

En  efecto, cuando  en  casación  se  propone la violación directa de la  ley  sustancial,  el recurrente tiene la carga de probar un yerro del ad quem en  la  selección  o  comprensión  de  una  norma  específica, bien sea porque no  reconoció  la  llamada  a  regular  el  caso  (falta  de aplicación), o porque  ajustó  de  forma  incorrecta  el  supuesto  fáctico  a  lo  previsto  en otra  disposición  (aplicación indebida), o porque le asignó al precepto elegido de  manera  adecuada  un  efecto contrario a su contenido o un sentido jurídico del  cual carece (interpretación errónea).   

Una   censura   en   cualquiera   de  estas  modalidades,  entonces,  le  impone a quien la postula la obligación de aceptar  tanto  la  apreciación probatoria efectuada en el fallo objeto del recurso como  la   situación   fáctica   que   se   declaró   demostrada  a  raíz  de  tal  valoración.   

Lo  anterior  no  aconteció  en  el presente  asunto.  El  profesional  del  derecho  aseguró  que  los  hechos  de este caso  ocurrieron  únicamente  el 10 de octubre de 2003, razón por la cual la acción  ya  estaría prescrita para la fecha en que fue emitida la acusación en segunda  instancia.   

No  obstante,  desconoció dos circunstancias  fundamentales.   En   primer  lugar,  en  la  acusación  de  segunda  instancia  (providencia  que revocó la preclusión de investigación de primera y llamó a  juicio  al  procesado)  el  organismo  instructor  se  refirió  a tres tipos de  situaciones:   (i)   las  amenazas  que  el  sindicado  profirió  contra  dos trabajadores de Jaime Rojas  Tafur     el    10    de    octubre    de    20032;          (ii)   las  manifestaciones  que  MARLIO  VICENTE  CABRERA  MANRIQUE  le  hizo  de  manera  directa al denunciante el 5 de  noviembre         de         ese         año3       y      (iii)  lo  ocurrido hasta el 26 de julio  de   2004,  época  en  la  que,  en  palabras  del  denunciante,  el  procesado  “no   ha   parado   una  sola  semana  [en]  que  sus trabajadores y el mayordomo  tengan   que   sacar   de  sus  predios  ganado  de  propiedad  de  […]     MARLIO    VICENTE”4;  y  además, él “ha destruido el cerco  de   alambre   por  el  costado  oriente  cuatro  veces  por  semana”5.   

Pero, en segundo lugar, en el fallo de primera  instancia  (que  fue  confirmado en la decisión impugnada de segunda) el juez a  quo   consideró   como  hechos  jurídico  penalmente  relevantes  los  que  se  presentaron  “desde  la  fecha de la denuncia penal,  diciembre  5  de  2003”6,  es  decir,  aquellos  en los  cuales  hubo  “actos  de  perturbación […]    por   el   encartado  […]  cortando cercos, metiendo ganado,  impidiendo  servidumbre”7.   

El  demandante, entonces, no sólo partió de  presupuestos  equivocados,  aduciendo  que  los  únicos hechos constitutivos de  delito  se  dieron  el 10 de octubre de 2003, sino que por lo demás ni siquiera  sustentó  dicha  aserción,  pues  en  el  escrito tan solo intentó refutar de  manera  racional  que  durante  “los supuestos hechos  llevados  a  cabo  el  26  de julio del año 2004 […]  ninguna  perturbación  a  la  posesión  realizó  el  señor  MARLIO  VICENTE CABRERA MANRIQUE”8.   

En este orden de ideas, jamás se presentó la  prescripción  de  la  acción  penal por las conductas punibles de perturbación   de   la   posesión   sobre   inmueble  en  la  etapa  de  instrucción, porque el concurso de hechos se dio  entre  el  5  de  diciembre  de  2003  y  el mes de julio de 2004, y el término  extintivo  se  interrumpió cuando quedó en firme la resolución revocatoria de  segunda  instancia,  es  decir, el 8 de noviembre de 2008 (tal como se anotó en  el  apartado  de  los  antecedentes),  razón por la cual, reitera la Corte, los  cinco  años  contemplados  por  el inciso 1º del artículo 83 de la Ley 599 de  2000 nunca se agotaron.   

En  consecuencia, tanto la vulneración de la  garantía  como  el reproche invocados por el censor carecen de fundamentos como  de coherencia.   

3. De conformidad  con  lo  hasta  ahora expuesto, la Corte no encuentra algún yerro propuesto por  el   recurrente   ni   derivado  de  las  decisiones de instancia.   Por  lo  tanto,  la  demanda  no  será  admitida.   Y,  adicionalmente,  como  la  Sala  tampoco  advierte violación de las garantías judiciales del procesado, ningún  pronunciamiento  oficioso  hará  contra la sentencia  dictada por el juez de circuito.   

En  virtud de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada         por        el apoderado de MARLIO VICENTE CABRERA  MANRIQUE     contra  el  fallo de            segunda          instancia    emitido    por   el Juzgado  Quinto Penal del Circuito de Neiva.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,       cúmplase y devuélvase al juzgado de circuito   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

                                                                                                            

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER          MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ    

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ       LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1   Folio   31   del   cuaderno   de   la   Fiscalía   de   segunda  instancia.   

2    Folio   6   del   cuaderno   de   la   Fiscalía   de   segunda  instancia.   

3 Folio  7  ibídem. Si bien en el pliego de cargos aparece la expresión “cinco    de    noviembre    de    ese    mismo    año”,  se  entiende, dado el contexto de los hechos narrados, que el  ente  acusador se refiere a hechos ocurridos el 5 de diciembre, fecha en la cual  Jaime Rojas Tafur denunció inicialmente lo que estaba sucediendo   

4  Ibídem.   

5  Ibídem.  Es  de  anotar,  no  obstante,  que la denuncia fue presentada el 4 de  diciembre   de   2003   y   no   el   5.   Cf.  el  folio  1  de  la  actuación  principal.   

6 Folio  645 de la actuación principal.   

7 Ibídem.   

8 Folio  15 de la demanda.     

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