41295(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE      SUPREMA    DE   JUSTICIA   

SALA        DE    CASACIÓN   PENAL   

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 279  

Bogotá,  D. C., veintiocho (28) de agosto de  dos mil trece (2013).   

ASUNTO:  

La  Sala resuelve acerca de los requisitos de  crítica    lógica    y    suficiente    demostración   de   la   demanda   de   casación   presentada  por  la defensora del procesado Rafael Alcalá González  contra   la   sentencia   proferida   por   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  confirmatoria  de  la dictada por el Juzgado Veintidós Penal del Circuito de la  misma  ciudad  con  Funciones  de  Conocimiento,  que lo condenó como autor del  delito de homicidio agravado en grado de tentativa.   

HECHOS        Y    ACTUACIÓN   PROCESAL   RELEVANTE:   

Los  primeros  fueron  reseñados  por  el  ad  quem  en los siguientes  términos:   

“En  la  noche  del  3  de junio de 2012,  cuando  David Joaquín Casas Ortiz y Rafael Alcalá González consumían licor y  jugaban  en  compañía de algunos amigos en el establecimiento público ubicado  en  la  carrera  112A  No.  23J-34  de  esta  ciudad, se generó entre ellos una  discusión  por  las  apuestas  que realizaban, en curso de la cual se retaron a  pelear  en  el  exterior  del  local,  sin que tal desafío se concretara por la  mediación de los acompañantes.   

No  obstante,  cuando  se consideró que la  reyerta  había  sido  evitada,  José  David Casas Ortiz fue atacado por Rafael  Alcalá  González  con  arma  corto  punzante, a quien le ocasionó heridas que  determinaron  una incapacidad de 35 días y que comprometieron órganos vitales,  como  fue  dictaminado  por  el  Instituto de Medicina Legal, a tal punto que el  deceso  se  evitó  por  la  oportuna  atención  recibida en un establecimiento  hospitalario.”   

Con  fundamento en ese suceso, el 5 de junio  de  2012,  ante  el  Juzgado  Treinta  y  Tres  Penal  Municipal  de Bogotá con  Funciones  de  Control  de  Garantías,  la  Fiscalía le formuló imputación a  Rafael  Alcalá  González  como  autor  de  la  conducta  punible  de homicidio  agravado  en  grado de tentativa (artículos 27, 103 y 104-4 del Código Penal),  a la cual se allanó.   

El  6  de  septiembre  de  2012,  el  Juzgado  Veintidós  Penal del Circuito de Bogotá con Funciones de Conocimiento condenó  al  inculpado  a  la  pena  principal  de  175 meses de prisión, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término, al hallarlo autor de la conducta punible por  la  que  se  allanó,  a  quien  se  le  negó  la suspensión condicional de la  ejecución   de   la   pena   y   el   mecanismo   sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria.   

Ese fallo fue apelado por la defensa y el 22  de  febrero  de  2013  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  lo  confirmó  en su  integridad.   

Contra  esa  determinación  la  abogada del  implicado presentó recurso de casación.   

LA   DEMANDA:  

Está   integrada   por  un  cargo,  cuyos  argumentos se sintetizan de la siguiente manera.   

Inicialmente  la  censora pone de manifiesto  que  en  este caso se debe admitir el libelo a fin de asegurar la protección de  las garantías fundamentales del procesado.   

Posteriormente,  con fundamento en la causal  primera  de  casación  prevista  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, la  impugnante  acusa  la  sentencia  de  haber  violado  de  manera  directa la ley  sustancial,  debido  a  que  se  incurrió  en  la  interpretación errónea del  numeral   4º  del  artículo  104  del  Código  Penal,  norma  que  recoge  la  circunstancia  de agravación del delito de homicidio relativa a que el mismo se  haya cometido por motivo fútil.   

En respaldo de tal postulación, la libelista  afirma  que  a  dicha interpretación errónea se llegó como consecuencia de la  apreciación   equivocada   de  los  elementos  probatorios  por  parte  de  los  juzgadores  de primer y segundo grado, lo que permitió deducir la circunstancia  de agravación prevista en la disposición atrás citada.   

Añade que como según lo muestran los medios  de  persuasión,  previo  a la comisión del delito hubo ingestión de alcohol y  entre  los  antagonistas se presentó una fuerte discusión por las apuestas que  hicieran  durante  el  juego  en  que participaban, quienes además se retaron a  pelear  fuera  del  lugar  donde  estaban,  de  ello  se sigue que no es posible  predicar  la  existencia  de un motivo fútil, pues hubo una razón que impulsó  al agresor a actuar.   

Una     vez     trae    criterio    de  autoridad1  con el propósito de precisar el alcance del término “fútil”  a  que  hace  referencia la  circunstancia  de  agravación  del  delito de homicidio señalada en el numeral  4º  del  artículo  104 del Código Penal, insiste en que en el caso particular  no  se  configura  tal situación, pues considera que este asunto es semejante a  otro       que      conoció      la      Corte2   en   donde   la   misma  se  descartó.   

Finalmente,   considera   que   el   error  in  iudicando  que  pone de  presente  es  trascendente,  por cuanto de no haberse cometido la pena sería de  103  meses  de  prisión  y no de 175 como en efecto fue fijada, por tanto, pide  casar    parcialmente    la    sentencia    y    que   se   corrija   el   yerro  denunciado.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   SALA:   

I.   Sobre   la  casación   en  la  Ley  904  de 2004:   

Para  que la demanda que sustenta el recurso  extraordinario   sea  admitida,  es  necesario  que  satisfaga  un  conjunto  de  presupuestos  encaminados  a  que contenga una exposición lógica y debidamente  argumentada,  conforme  se  desprende  de  lo  preceptuado  en el inciso 2º del  artículo  184,  pues  allí se indica que “No será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado…  Si  el  demandante carece de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  [o] no desarrolla los cargos de  sustentación”.   

Así mismo, cabe señalar que de acuerdo con  lo  consagrado  en  el  artículo  183 de la Ley 906, el recurso de casación se  debe  interponer  mediante  “demanda  que de manera  precisa     y     concisa    señale    las    causales    invocadas    y    sus  fundamentos”.   

Ahora,  a  los  criterios  señalados en las  disposiciones  citadas,  se  suma  aquel relativo a que concurra la necesidad de  proferir  un  fallo  con  el  objeto  de cumplir alguno de los fines del recurso  referidos  en la última parte del inciso 2º del artículo 184 de la mencionada  ley,  por  cuanto  allí  se  expresa  que  también  se  inadmitirá la demanda  “cuando de su contexto se advierta fundadamente que  no   se   precisa   del  fallo  para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  del  recurso”.   

En esa medida, es claro que con la Ley 906 de  2004  adquieren significativa importancia los fines del recurso, al punto que en  el  inciso  3º  de  su artículo 184 se establece que la Corte, “atendiendo  a  los  fines  de  la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo anterior permite concluir, que no obstante  la  demanda  de  casación  no  reúna  los  presupuestos  de  orden  lógico  y  argumentativo  para  su  admisión, si la Sala advierte la necesidad de proferir  fallo   de   fondo   con   el   objeto  de  garantizar  los  fines  del  recurso  extraordinario,  salva  tales  inconsistencias  para  acometer  el  estudio  del  asunto.   

Así   mismo,  es  posible  la  hipótesis  contraria,  es  decir,  que a pesar de que la demanda cumpla a cabalidad con los  presupuestos  formales  antes  indicados,  se  deba  inadmitir  en  razón de la  ausencia  de  necesidad  de  proferir  fallo  de  fondo, pues no hay motivo para  activar los fines de la casación.   

Esta concepción del recurso extraordinario,  ha  llevado  a  exigir  que  para  admitir  la demanda se indique y demuestre la  necesidad  de un pronunciamiento de fondo con el propósito de satisfacer alguno  de  sus  fines,  es  decir,  los  previstos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

Siendo ello así, la Sala evidencia que en el  caso  particular, si bien la impugnante da a entender que se precisa de un fallo  de  la  Corte,  no  atina  a  demostrar  ni su legitimidad en la causa ni que en  verdad  aquel  sea  necesario.  Además,  tampoco se considera necesario superar  estas falencias para decidir de fondo.   

II.       Sobre    la   demanda   en   concreto:   

Como en la única censura presentada por la  defensa,  esencialmente  alega que se violó de forma directa la ley sustancial,  pues  en  el  fallo se incurrió en la interpretación errónea de la expresión  “motivo    fútil”  prevista  en  el numeral 4º del artículo 104 del Código Penal, que recoge una  de  las  circunstancias  de  agravación  del  delito de homicidio por el que se  condenó  al  procesado  a  consecuencia  de haberse allanado tras formulársele  imputación,  toda  vez  que  asegura,  se  cometieron  yerros  al  apreciar los  elementos  probatorios;  de  lo  anterior se sigue que al exponerse el reparo en  esos  términos hay ausencia de interés en la causa para impugnar la sentencia,  sin  ignorar  que  además  se  cae en protuberantes defectos formales frente al  recurso  de  casación  y  de  allí que sea necesario  anticipar que el cargo será inadmitido.   

En  efecto,  lo que en el fondo evidencia la  censura  es  la  retractación  al allanamiento manifestado por el implicado, en  concreto  bajo  el argumento, por demás infundado, de que no están demostrados  los  presupuestos para deducir la circunstancia de agravación contemplada en el  numeral  4º del artículo 104 del Estatuto Punitivo, es decir, que el delito de  homicidio   tentado  no  se  cometió  por  “motivo  fútil”.   

En  esa  medida,  cabe  señalar  que  no es  factible  sustraerse  al  allanamiento  luego  de  manifestada  la  voluntad  de  acogerse   al   mismo,   conforme   lo   ha   precisado   la   Corte3, pues solo es  posible  denunciar  su  falta de validez, bien por vicios en el consentimiento o  por  la  vulneración  de  garantías  fundamentales,  lo  que  en el caso de la  especie  no  demuestra  la  impugnante  y  tampoco  ello  es  vislumbrado por la  Sala.   

En    ese    sentido,    la   Corte   ha  expresado:   

“Ahora  bien, el contenido del parágrafo  introducido  al  artículo  293 de la Ley 906 de 2004, por el artículo 69 de la  Ley  1453  de  2011,  puede  conducir  a  equívocos  dada  la impropiedad de su  redacción,  que  pese  a  utilizar  el  término «retractación» —que  en  su  más  prístino  sentido  alude  a  la  simple  decisión  unilateral  del  imputado  de  desdecirse de lo  aceptado  antes, sin intervención de factores que puedan significar viciado ese  acto—,   ya   después  advierte  limitada  esa posibilidad a los casos en los cuales se demuestre «que  se    vició    su   consentimiento   o   que   se   violaron   sus   garantías  fundamentales».   

La  Corte,  debe  señalarse  expresamente,  asume  errada  —y por esa  vía     factor     de    confusión—  la forma en que el legislador denomina «retractación» a lo que  en  su  naturaleza  no  son  más que circunstancias invalidantes de lo actuado,  propias  de  las  causales  de nulidad y sin vinculación siquiera cercana a ese  actuar  unilateral  de  quien,  por  su  solo  querer,  busca  desdecirse  de lo  aceptado.   

Es  claro, de igual manera, que la norma en  comento  de  ninguna  manera habilita, legitima o permite que la persona, cuando  aceptó   de  forma  unilateral  los  cargos  presentados  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación,  apenas  por  su simple voluntad se desdiga de lo  aceptado.   

Expresamente el parágrafo examinado faculta  un  tal  proceder,  a cargo de los imputados y pasible de exponer «en cualquier  momento»,  sólo  cuando  el  consentimiento devino viciado o en el decurso del  trámite se violaron sus garantías fundamentales.   

Y ello, cabe anotar, se ofrece si se quiere  elemental,  pues,  precisamente  la  obligación de los funcionarios judiciales,  sea  juez  de  control  de  garantías  o  de conocimiento, es vigilar que en la  tramitación  ante  ellos  surtida  se  respeten  las  garantías fundamentales,  asunto  que,  huelga  recalcar, conduce a la nulidad de lo actuado, en términos  del  artículo  457  de la Ley 906 de 2004, y corre incluso de manera oficiosa o  en     cualquier    estadio    del    proceso,    incluida    la    tramitación  casacional.   

Incluso, si se entiende, como lo consagra la  ley,  que  el  acta  del allanamiento representa materialmente la acusación, es  necesario  colegir que la audiencia destinada por la ley a la individualización  de  pena  y  sentencia  ha  de desarrollarse compleja para que el juez, previo a  adelantar  esa  tarea  de  dosificación  de  la sanción y formalización de la  condena,    realice    la    necesaria   labor   de   depuración   —que  en  la  confrontación  material  realizada  por la Corte remite a una de las etapas o estadios de la audiencia de  formulación      de     acusación—  en  aras  de  escuchar lo que las partes tengan que manifestar al  respecto,  y  resolverlo,  o  adelantar  de oficio el compromiso invalidante que  surge de advertir violadas garantías fundamentales.   

Por  lo demás, en la práctica es esta una  tramitación  que  precisamente  por  su abierta necesidad adelantan los jueces,  visto  que,  igualmente,  la  individualización  de pena y sentencia tampoco se  puede  despejar  automática,  si  antes  no  se  ha  determinado que los cargos  aceptados  por el imputado obedecen a la legalidad y no vulneran el principio de  presunción de inocencia.   

Por lo demás, en el campo específico de la  justicia  premial,  el  parágrafo introducido recientemente al artículo 293 de  la  Ley  906  de 2004, reitera para el escenario de la aceptación unilateral de  cargos  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación,  lo  que ya estaba  institucionalizado  respecto  de  los acuerdos en el inciso cuarto del artículo  351  ibídem, en cuanto postula: «Los preacuerdos celebrados entre la Fiscalía  y  acusado  obligan  al  juez  de  conocimiento,  salvo  que ellos desconozcan o  quebranten las garantías fundamentales».   

Conforme  lo  consignado  en  la  ley  y la  necesaria  contextualización  de  las normas regulatorias del tema, advierte la  Corte  que  en  la  práctica  se  pueden  presentar  dos  escenarios diferentes  respecto  del  tema  de  la  aceptación  unilateral  de  cargos  operada  en la  audiencia  de  formulación  de imputación: (i) la retractación en su estricto  sentido,  entendida  cuando  unilateralmente  la  persona,  por  su solo querer,  desdice  de  lo  aceptado  previamente; (ii) los casos en que esa aceptación de  cargos     estuvo    viciada    o    refleja    vulneración    de    garantías  fundamentales.   

(i)  En el primer evento, se reitera, si la  persona  acepta  voluntariamente y de forma unilateral los cargos consignados en  la  formulación de imputación, ya después no puede desdecirse de ello, porque  la  ley  no permite que el simple deseo o querer afecte la legitimidad y efectos  del allanamiento.   

(ii)  En  el  segundo, si la persona acepta  unilateralmente  cargos  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación  y  posteriormente  aduce  que  su  consentimiento  fue viciado o le fueron violadas  garantías   fundamentales,  el  juez  de  conocimiento  (o  cualquiera  de  las  instancias,  incluida  la  Corte  en  casación), puede invalidar ese acto y sus  efectos.   

Desde luego, si de lo que se trata es de dar  plena  operatividad  material  al  parágrafo del artículo 293 de la Ley 906 de  2004,  el  juez  de  conocimiento,  al  momento  de  adelantar  la  audiencia de  individualización  de  pena  y  sentencia,  debe  permitir que el imputado o su  defensor,  si  así  lo  alegan  allí  o presentan previamente escrito en dicho  sentido,  accedan  a  la posibilidad de anular la aceptación de responsabilidad  penal,   para   lo   cual,   además,  ha  de  abrir  un  espacio  previo  a  su  pronunciamiento  de  fondo,  en el cual se discuta el tópico y, más importante  aún,  el  imputado y su defensor efectivamente prueben que lo aducido sucedió,  pues,  expresamente  la norma demanda del postulante demostrar que el vicio o la  violación sucedieron.   

Si el tópico no se prueba u obedece apenas  a  la  simple manifestación del imputado, ha de proseguir el funcionario con el  trámite   propio  de  la  sentencia  —eso  si, evaluado que tampoco se vulneran el principio de legalidad  y  la presunción de inocencia, como reclama el inciso tercero del artículo 327  de  la  Ley  906 de 2004—,  pues,  se  recalca,  no  es posible retractarse, en su acepción estricta, de lo  aceptado  en  sede de allanamiento a cargos durante la audiencia de formulación  de  imputación,  por  el solo querer de la persona”  4.   

Precisada la imposibilidad de retractarse de  un  allanamiento  y  que  frente  a éste solo es factible denunciar su falta de  validez  a  consecuencia  de  vicios  en  el  consentimiento  o por razón de la  vulneración  de  garantías  fundamentales,  conviene  señalar  que  la  queja  insinuada  por  la  impugnante acerca de que no se demostró el motivo fútil en  orden   a   deducir   en  el  sub  judice  la  circunstancia de agravación contemplada en el numeral 4º del  artículo  104  del  Código  Penal,  es  infundada si se tiene en cuenta que el  Tribunal expresó puntualmente sobre ese particular, lo siguiente:   

“…Ciertamente, a la futilidad erigida en  el  supuesto  contemplado  en  el  artículo  104, numeral 4º, de la Ley 599 de  2000,  aludió  inicialmente  el  policial  Ernesto  Martínez  en la entrevista  rendida  sobre las circunstancias que mediaron en su intervención en calidad de  primer  respondiente, ante quien el ahora procesado en forma espontánea y luego  del  arribo  del  uniformado,  admitió  que  el  ataque  fue  impulsado  por el  resultado  que  le fue adverso en una «apuesta» (f. 49 vto.); recuento del que  se  destaca  además, en contrariedad con lo sostenido ahora por la defensa, que  el  Instituto  de  Medicina  Legal dictaminó de forma negativa la embriaguez de  Alcalá González.   

Este  elemento  de  persuasión  coincide a  plenitud   con   el  relato  que  de  lo  ocurrido  rindió  la  víctima  José  (sic)  David Casas ante los  funcionarios  de  Policía  Judicial  (f.  43),  quien indicó que la sorpresiva  agresión  del  enjuiciado,  pues  la  emprendió  luego  de  que  los presentes  evitaron  el  enfrentamiento  entre  ellos,  mas  no  en  el  curso de una riña  conforme  lo  plantea  el  recurrente,  insiste la Corporación, fue determinada  simple  y  llanamente porque el nombrado le solicitó que cancelara a un tercero  la suma apostada [de $10.000] y perdida en el juego de «bolirana»   

Ante   estas   anotaciones,   bien  puede  colegirse,  como  lo hiciera la Corte Suprema de Justicia en la decisión citada  en  precedencia5,  que la conducta punible tuvo una «causa tan insignificante, tan  nimia,  que  hace  resaltar de forma inmediata la falta de proporcionalidad ente  el motivo y el hecho»…”   

Ahora,  amén  de  que  lo señalado pone de  presente  que  evidentemente  no  hay  duda  acerca  de  la configuración de la  circunstancia  de agravación puesta en cuestión por la demandante, en gracia a  discusión   se   observa   que   la   forma   en   que   ello   se   alegó  es  desacertada.   

En  efecto,  debido  a  que  se acudió a la  violación   directa   de   la   ley  sustancial,  no  era  factible  cuestionar  abiertamente  la  apreciación  de  la prueba, pues, como se sabe, en razón del  principio  de autonomía, cuando se aduce la causal anotada, se parte de aceptar  los  hechos  y  la  valoración  de  los elementos de persuasión conforme se ha  fijado  uno  y  otro aspecto por el fallador en la sentencia, sin olvidar que la  interpretación  errónea  a la que alude l actora parte de suponer que la norma  aplicada  es  la correcta (en este caso el art. 104-4 del C.P.), pero el alcance  que  se  le  concede  es  errado, lo que en términos lógicos no le era posible  demostrar  a  la  censora  en  este  caso,  si  se  tiene en cuenta que niega su  consolidación.   

Además,  el  mismo  discurso  que  trae  la  impugnante  para  negar  la  existencia  de  la  circunstancia de agravación de  marras,  se  encarga  de  contradecir la postura que defiende, pues si el motivo  fútil,  de  conformidad  con  la  jurisprudencia  que cita, hace alusión a que  “no  puede  ser  otra  cosa  que  realizar el hecho  delictivo  por  una  causa  tan  insignificante, tan nimia, que hace resaltar en  forma   inmediata   la   falta   de   proporcionalidad  entre  el  motivo  y  el  hecho”, es claro que la pretensión de justificar la  conducta  de  su representado a raíz de una apuesta, valga agregar, de $10.000,  desvirtúa  la pertinencia de la queja y confirma la procedencia de la decisión  del  Tribunal  al  confirmar  la  sentencia  por el delito de homicidio agravado  tentado.   

Es   más,  como  la  decisión  de  esta  Corporación6  que  trae para respaldar su postura personal recoge un supuesto de  hecho  distinto al que aquí se juzga, de allí se sigue la impertinencia de tal  argumento.   

Al margen de lo anterior, se observa que el  descuido  de la defensora va hasta el punto de proponer un monto de pena que, en  gracia  a  discusión,  tampoco  correspondería,  de  dar pábulo a su punto de  vista,  pues  si la imputación tan solo fuera por el delito de homicidio simple  tentado,   la   sanción   sería   de   91   meses7   y  no  103  meses  como  lo  sugiere.   

En  resumen,  tal  como  se  dejó plasmado  inicialmente,  la  ausencia  de  interés en la causa para impugnar la sentencia  conduce  a  la  inadmisión  de  la  censura,  amén de que adicionalmente en su  presentación    incurrió    en    múltiples    y    protuberantes    defectos  formales.   

De otro lado, es preciso mencionar que no se  observa  que  con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación,  efectivamente  se  hayan  violado  los derechos o las garantías de las partes o  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga superar los defectos  del  libelo  en orden a decidir de fondo, según lo preceptúa el inciso 3° del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Finalmente,  cabe  mencionar  que contra la  decisión   de  inadmitir  la  demanda  de  casación,  únicamente  procede  el  mecanismo  de  insistencia previsto en el inciso 2º del artículo 184 de la Ley  906  de  2004,  en  los  términos  señalados  por  esta Sala en auto del 12 de  diciembre de 2005, proferido dentro de la radicación No. 24322.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.   INADMITIR   la     demanda     de    casación   presentada   a   nombre  del  procesado  Rafael  Alcalá  González.   

2.   ADVERTIR  que de conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, es viable la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos referidos en la  parte final de esta determinación.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, sentencia del 26 de enero de  2006, radicación No. 22106.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, sentencia del 18 de abril de  2012, radicación No. 38020.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, sentencia del 13 de febrero de  2013,  radicación  No.  40053.  En  el  mismo sentido, fallo del 10 de abril de  2013, radicación No. 39003.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, sentencia del 13 de febrero de  2013, radicación No. 40053.   

5  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia del 28 de enero de 2006, radiación 22106.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, sentencia del 18 de abril de  2012, radicación No. 38020.   

7  Siguiendo  el  criterio  fijado  en  la  sentencia  impugnada, donde se tomó el  mínimo  de  pena  que  es  posible imponer, se tiene que el delito de homicidio  simple  tiene  una  prisión  de 208 meses, así que reducida en la mitad por la  tentativa,  quedaría  parcialmente  en 104, a lo cual se le reduciría el 12.5%  por  concepto  del  allanamiento,  por  lo  que  entonces  la pena supuestamente  ascendería a 91 meses.     

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