41297(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 302  

Bogotá    D.C.,    once    (11) de septiembre de dos mil trece (2013).   

V I S T O S  

La   Sala   se  pronuncia  acerca  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida argumentación de las demandas de casación  presentadas    por    los    defensores    de    los   procesados   GILDARDO  CALDERÓN  BECERRA y WILLIAM  YECID  GUAVITA  RUBIO.   

H E C H O S  

Fueron   expuestos   por  el  ad quem en estos términos:   

“Según   queja   formulada   ante   la  Procuraduría  Regional  del  Caquetá,  el 26 de julio de 2006, el señor Luís  Eduardo  Carvajal López denuncia que el día anterior (25 de julio), siendo las  12:40  minutos  del  día, llegaron unos hombres armados, con camuflado militar,  gafas  oscuras  y  casco  negro,  aproximadamente  de  8  a  15,  entraron  a su  residencia,  lo  requisaron poniéndolo contra la pared con una pistola 9 m.m. y  lo agredieron verbalmente.   

Señaló  que luego de que los militares se  retiraron  de  su  vivienda,  su  esposa  se  dio  cuenta que faltaba la suma de  $2.900.000,  que  era  producto de la venta de un lote, por lo que se dirigió a  la   Décimo   Segunda   Brigada   a  poner  el  denuncio  ante  la  Unidad  del  Gaula”.   

   

A N T E C E D E N T E S  

1. Agotado el ciclo instructivo, la Fiscalía  Séptima  Seccional de Florencia (Caquetá) calificó el mérito del sumario, el  29  de  marzo  de  2007, con resolución de acusación en contra de WILLIAM  YECID  GUAVITÁ RUBIO,       JOSÉ      JORGE      GUZMÁN      PEÑUELA      y  GILDARDO CALDERÓN BECERRA como  presuntos  responsables  del  delito de abuso de autoridad por  acto  arbitrario  e  injusto (artículo 416 del Código Penal), precluyendo a su  favor  la  instrucción en lo atinente a la conducta punible de hurto calificado  (artículo           240          ibídem).1   

2.  Correspondió  adelantar  la etapa de la  causa  al Juzgado Segundo Penal del Circuito de Florencia que, luego de celebrar  las  audiencias  preparatoria  y  pública,  emitió sentencia el 20 de marzo de  2012,  imponiendo  a  los  acusados las penas principales de multa por cinco (5)  unidades  para  cada  uno  y  la  pérdida  del  empleo,  al  hallarlos  autores  penalmente   responsables   del   injusto   por   el  cual  se  les  convocó  a  juicio.2   

3.  Apelada  esta  determinación  por  los  defensores    de   CALDERÓN   BECERRA   y       GUAVITA      RUBIO,  fue confirmada  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Florencia -Sala Penal- el 5  de         diciembre         de         2012.3   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

Los  defensores  de  los  sentenciados  en  mención  interpusieron  el  recurso  extraordinario,  por  vía de la casación  discrecional,  para  postular  a  través  de  sendas  demandas  un cargo  único  en contra de la providencia  de  segunda  instancia,  al amparo de la causal contemplada en el artículo 207,  numeral  3, de la Ley 600 de 2000, denunciándose en ambos libelos la violación  a la garantía fundamental del debido proceso.   

De  manera  conjunta  plantean  que  en  el  trámite  se  conculcaron  las  formas propias del juicio, en atención a que la  competencia  para  adelantar  la  actuación  correspondía  a la justicia penal  militar  y  no  a  la  jurisdicción ordinaria, toda vez que la conducta punible  investigada  fue ejecutada, a su juicio, en estricto vínculo con un acto propio  del servicio asignado a las Fuerzas Militares.     

Luego  de  agotar,  al  unísono, un estudio  profuso  de  esta figura y de las consideraciones que al respecto efectuaron los  funcionarios  que  conocieron  del  proceso,  cuestionan  el  criterio  al  cual  arribaron  para  sostener  que el registro del inmueble del señor Luís Eduardo  Carvajal  López  se  hizo  en  el  marco  de una orden de operaciones. En estas  condiciones,  afirman,  la  labor  de  sus  acudidos  nunca  estuvo  relacionada  directamente   con   el  despliegue  premeditado  y  deliberado  de  actividades  delictivas,  como  lo  fue  el  hurto del que fue víctima el denunciante y, por  ende,  su  investigación  y  juzgamiento  no  correspondía  a  las autoridades  civiles,  vulnerándose  así  la garantía al juez natural, en especial, cuando  el  delito  de  abuso  de  autoridad  por acto arbitrario e injusto prevé en su  descripción  típica  que  solo puede ser cometido con ocasión de una función  pública, según se verificó en este evento.   

En consecuencia, solicitan casar la sentencia  y  se  decrete  la nulidad de lo actuado, a partir de la resolución de apertura  de instrucción.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   Una vez  más  debe  indicarse  que  el  libelo  de  casación  no es un escrito de libre  formulación  en  el  que  su  autor  puede plantear de manera genérica y desde  personales     puntos     de     vista     las    inquietudes,    perplejidades,  contradicciones,    incoherencias    o   errores   que   advierta   o  le  suscite  el fallo de segunda instancia, ya  que  este  debe cumplir con parámetros mínimos de lógica y argumentación que  resultan  necesarios para desvirtuar la doble presunción de acierto y legalidad  que cobija a las decisiones impugnadas en sede extraordinaria.   

Lo  anterior,  tiene  su  fundamento  en la  naturaleza  rogada  del  recurso,  por  tanto,  la demanda correspondiente ha de  plegarse  a  estrictas  y específicas reglas de postulación, acatar principios  tales  como  el  de autonomía, limitación, claridad, entre otros, y bastarse a  sí  misma  para  demostrar  la  existencia  del  yerro  pregonado,  también su  trascendencia,  pues  no se trata de exponer la simple discrepancia de criterios  ni de prolongar la controversia que finiquitó con la sentencia.   

Bajo  esa  perspectiva,  es claro que en el  caso  que nos ocupa los casacionistas pasaron por alto esta serie de preceptivas  y  ello  conducirá  a  la  inadmisión  de  las  demandas.  Toda  vez  que su confección es prácticamente  idéntica,   a   estas   le   son  aplicables  simultáneamente  las  siguientes  observaciones:   

2.   El   cargo  único  no  se  somete  a los parámetros conceptuales  propios  del  recurso  extraordinario  porque  solo  subsume  la opinión que le  merece   a  la  defensa  la  coyuntura  en  que  se  materializaron  los  hechos  investigados,  a  la  manera  de  un alegato de instancia. Es decir, este sujeto  procesal  desconoce  de forma deliberada los razonamientos de la providencia que  ataca  y  únicamente  pretende  anteponer ante los mismos la mera inconformidad  descontextualizando  su  eje  argumentativo, ya que el Tribunal para precisar la  competencia  escindió  sin  hesitación alguna el juicio de reproche del delito  contra  la  administración  pública  por  el  cual  se  dictó sentencia, para  advertir  que  no  podía considerarse un acto conexo al servicio encomendado al  Ejército Nacional. Sobre el particular, indicó:    

“Los procesados iban a desarrollar labores  de  patrullaje  de  acuerdo  con  la  orden  de operaciones fragmentarias No. 29  “Fénix  12-29”  de  fecha  25  de  julio  de  2006 para realizar registro y  control  del  área,  orden  que  implicaba la realización de esas específicas  actividades  desde las 12:00 hasta las 18:00 horas de ese día, sin embargo, con  base  en  una  presunta  información  obtenida por vía telefónica, se dirigen  hacia   el   barrio  donde  reside  el  denunciante  con  el  fin  de  allanarlo  abusivamente,  es  decir,  arbitraria  e  injustamente.  O  lo  que es lo mismo:  caprichosa e ilegalmente.   

Según  lo  dicho  por  el sargento William  Yecid  Guavita  Rubio, comandante del grupo AFEUR, pidió permiso al morador del  inmueble  para  ingresar  al  mismo  a realizar una inspección, sin embargo, el  denunciante  expone  que  no  se  le  solicitó  permiso  para  ingresar  ni  se  identificó el personal ni a que unidad pertenecían.   

En   uno  u  otro  caso,  como  la  orden  específica  de  operaciones  claramente  dice  que  las  funciones asignadas no  incluían  allanamientos  sino  registro y control militar de área, además que  el  mismo  Código  de  Procedimiento  Penal  vigente para la época (Ley 600 de  2000)  expresamente dispone que para realizar un registro o allanamiento en bien  inmueble  se  requiere  orden expresa emitida por autoridad judicial competente,  no   cabe   duda   que  la  conducta  endilgada  a  los  militares  se  realizó  voluntariamente  por  fuera  de  la misión señalada y con clara desviación de  poder,  incurriendo  en el reato que se les imputa de competencia de la justicia  ordinaria.   

En  efecto,  se  puede  colegir,  entonces,  claramente,  que  las  fuerzas  militares  y concretamente este grupo de fuerzas  especiales  urbanas  no  estaban  legitimadas  ni  facultadas  constitucional ni  legalmente  para  realizar  este  tipo de diligencias (ingresar a una vivienda e  inspeccionarla   en  búsqueda  de  armas  de  fuego),  tampoco  era  una  tarea  específicamente   encomendada,   constituyendo  tal  acción  una  conducta  de  extralimitación  en  el ejercicio de funciones y de la posición que tenían en  ese     momento    los    aquí    procesados”.4   

De  este  modo,  resulta irrelevante que la  censura  sostenga que la ulterior pérdida de dinero de la residencia del señor  Carvajal   López   no   fue   un   cometido  delictivo  planteado  ab  initio  y consumado bajo el ejercicio  de  la  labor  castrense,  atendiendo  que este aspecto no fue el que generó la  sanción  penal -al punto que se precluyó-, sino el allanamiento ilegal del que  aquel  fue víctima. Y por demás resulta contrario a las constancias procesales  predicar  que  el  ingreso de los procesados sin orden judicial ni en situación  de  flagrancia  a su vivienda estaba justificado por el ordenamiento jurídico y  avalado  por  el  deber  preventivo  y  de seguridad de la fuerza pública, como  quiera  que,  según  se  acreditó  en  las  diligencias,  la  aludida orden de  operaciones  fragmentaria  “Fénix  12-29”  no confería a la agrupación de  fuerzas  especiales urbanas de la que éstos hacían parte la facultad de llevar  a  cabo  ese tipo de registros y mucho menos les atribuía funciones de policía  judicial.5   

Se devela así la  ausencia   de   cualquier  asidero  en  las  prolijas  elucubraciones    esbozadas   en   los   reproches   porque,   se   insiste,          las            mismas   no   están   dirigidas  a  la demostración de la existencia  de  un vicio de tal magnitud  que  la  invalidación  de  la  actuación  sea  la  única  posibilidad  de  conjurarlo, sino que llanamente  contraen  la divergencia de  criterios  con  relación a  lo   decidido   en   el   curso  de  las     instancias,     durante    las    cuales    se    estableció        cómo  la  presencia de los sentenciados en  la  morada  del  ciudadano  ya  mencionado no resultó  fortuita           al           tratarse de un  comportamiento  arbitrario,  con  origen en la  llamada  telefónica  de  una de sus  esposas,  que no  podía  dar  lugar a la conculcación  de  la  garantía  fundamental  a  la  inviolabilidad  del domicilio  al  carecer  ese  obrar de soporte          diverso   a  la  especulación,    la   discrecionalidad   y  la  ilegalidad.  Por  lo  que  no  puede  asumirse, y tampoco se  ofrece    razonable,     que    tan    reprobable   actitud  concurra  con    un    hipotético   nexo  causal  implícito al ejercicio       válido  de  la  autoridad  pública,  en los  términos          sugeridos         en         las         demandas.    

3.  De  otra parte, aunado a esta falencia  conceptual  insalvable,  ha  de  decirse  que  los defensores tienen una visión  limitada   de   la   configuración  típica  de  la  conducta  punible  por  la  que    se   procede,  ya  que el artículo 416  del  estatuto  punitivo  no restringe la materialización del abuso de autoridad  por  acto  arbitrario  e  injusto  a  los  supuestos en que el servidor público  incurre  en  una irregularidad de esta clase con ocasión de sus funciones, sino  que  también abarca los casos en que ello sucede por  el  exceso  en  el  ejercicio  de  aquellas. En ese  entendido,  tal escenario  se   deduce   en   el  sub  examine,    toda    vez   que   en        el        procedimiento       realizado         es      diáfano      que  la función castrense constituyó  el  pábulo  que    dio    cabida    al     trato    vejatorio    y   de   atropello   al      que      se      ha      hecho      referencia,             desprovisto     de     cualquier    vínculo   legítimo      con     el       deber       misional       de      las      Fuerzas      Militares.   

4.  Por  estas  razones,  se  inadmitirá  la  demanda, conforme con los  artículos  212  y  213  de  la codificación en cita, pues de su contexto no se  deriva   que   se  ajuste  a  las  finalidades  del  recurso  extraordinario  y,  además,   porque   no   se  vislumbra  del  estudio  del expediente violación de  derechos  fundamentales  o garantías de los sujetos procesales que den lugar al  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  de  índole constitucional y legal que le  asiste a la Sala para asegurar su protección.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR        las  demandas  de  casación  presentadas    por  los   defensores   de   los  procesados  GILDARDO  CALDERÓN  BECERRA y WILLIAM  YECID  GUAVITA  RUBIO.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                       GUSTAVO    ENRIQUE    MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

        Secretaria                    

1  Fl. 140 y siguientes cuaderno original 1   

2  Fl. 38 y s.s c.o 2   

3  Fl. 4 y s.s cuaderno Tribunal   

4  Fl. 20 y s.s cuaderno Tribunal   

5  Cfr. Fl. 43 c.o 1     

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