41179(04-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta N°. 172  

          Bogotá    D.C.,    junio    cuatro    (4)   de   dos   mil   trece  (2013).   

VISTOS  

La  Sala  decide  sobre  la admisión de la  demanda  de  casación  presentada por la defensora de la procesada SONIA1          o   ZONIA2     AFRICANO    HERNÁNDEZ  con  el  objeto  de sustentar el recurso de casación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el  17 de  septiembre  de  2012  por  el Tribunal Superior de Bucaramanga, mediante la cual  confirmó,  con  modificaciones,  la  dictada  el  30  de  abril anterior por el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito Especializado Adjunto de la misma sede que  condenó  a  la  mencionada como coautora de los delitos de homicidio agravado y  secuestro extorsivo agravado.     

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         Los  primeros fueron declarados por el ad  quem, de la siguiente forma:   

         “Se  extrae  de las diligencias que el primero (1°) de diciembre  de  dos mil cinco (2005), en un sector rural ubicado en fincas de la vereda Río  Sucio,  municipio  de  Sabana  de  Torres,  fueron secuestrados 

Eduardo  Ballesteros  Angarita y Marco Tulio Mancilla Silva, por un  grupo  armado  al margen de la ley denominado Ejército de Liberación Nacional,  quienes  exigían  la  suma  de  ochenta  (80)  millones  de pesos y veinticinco  (25)   millones de pesos, respectivamente, por su liberación; sin embargo,  luego  de  varias  negociaciones  fallidas, el siete (7) de diciembre de dos mil  cinco  (2005), el Ejército Nacional hizo presencia en el sitio donde mantenían  retenidos  a  lo  secuestrados, presentándose un cruce de disparos, hallándose  sin vida a las víctimas.   

         Posteriormente,  este  grupo  armado  continuó  extorsionando a la  cónyuge  del señor Mancilla Silva bajo amenazas de atentar contra su vida o la  de  su  familia,  exigiendo  la  suma  de  veintidós  (22)  millones  de pesos,  consignándose  finalmente  a  la cuenta de María Elda de Bros un total de ocho  millones   ($   8.000.000)  de  pesos”.       

Adelantadas  labores  de investigación, se  logró     la    captura    de    SONIA    AFRICANO  HERNÁNDEZ,  presunta  integrante  de  la  mencionada  agrupación  subversiva  y  quien  habría  participado  en los actos delictivos  narrados,  motivo  por el cual se dispuso la apertura formal de instrucción, en  cuyo  curso  la  mencionada  fue  vinculada  mediante diligencia de indagatoria,  siendo   resuelta  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  beneficio  de  excarcelación,  por los delitos de  secuestro     extorsivo    agravado,    homicidio    agravado    y    extorsión  agravada.   

Clausurado   el   ciclo  instructivo,  se  calificó  su  mérito  el  8  de  mayo de 2009 con resolución de acusación en  contra  de  la  vinculada  “como  presunta coautora  responsable  de  un  concurso  de delitos de secuestro extorsivo agravado de que  tratan  los artículos 169 y 170 numeral 10 de la ley 599 de 2000 modificado por  el  artículo  2  de  la  ley  733 de 2002; homicidio agravado consagrado en los  artículos  103  y  104  numeral  7  de la Ley 599 de 2000 y extorsión agravada  contemplada  en  los artículos 244 y 245 numeral tercero de la ley 599 de 2000,  modificados  por  los  artículos 5° y 6° de la Ley 733 de 2002”.   

Impugnada   la  anterior  decisión,  fue  confirmada  por  un  fiscal perteneciente a la Unidad de Fiscalía Delegada ante  el Tribunal de Bucaramanga el 3 de mayo de 2011.   

La ulterior fase del juicio correspondió al  Juzgado   Segundo   Penal   del  Circuito  Especializado  Adjunto  de  la  misma  sede3,   donde   se   surtieron   las   audiencias   preparatoria  y  de  juzgamiento.    Finiquitada   esta  última,  el  mencionado  despacho  dictó   fallo   el  30  de  abril  de  2012,  por  cuyo  medio  condenó  a  la  acusada   a   las  penas  principales  de  cuatrocientos ochenta (480) meses de prisión y multa por valor  de  doce mil seiscientos (12.600) salarios mínimos legales mensuales, así como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  lapso de veinte (20) años, como coautora de los delitos por  los cuales fue acusada.   

En   la   misma  decisión,  negó  a  la  sentenciada  el subrogado de la condena de ejecución condicional y el mecanismo  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Por  razón  del  recurso  de  apelación  interpuesto  en  contra  de  la  anterior  sentencia  por  la  defensora  de  la  condenada,   el   Tribunal   Superior   de  Bucaramanga,  el  17  de  septiembre  subsiguiente,  la revocó parcialmente en cuanto a la condena por la conducta de  extorsión  agravada  para, en su lugar, absolverla de ese comportamiento.   Atendida  la  modificación, redujo las penas principales a cuatrocientos veinte  (420)  meses  de  prisión  y  multa  por  valor  de  doce mil (12.000) salarios  mínimos legales mensuales. En lo demás, confirmó el fallo.   

Contra esta última determinación, la misma  sujeto   procesal   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  sustentó  oportunamente  mediante  libelo,  de  cuya  admisibilidad se ocupa la  Sala.   

LA DEMANDA  

Contiene   dos   cargos   del   siguiente  tenor:   

1. Primer cargo, causal segunda de casación,  “violación  a  las  garantías  sustanciales  del  debido      proceso      y     del     derecho     de     defensa”:   

La  censora  endilga  al  fallo  impugnado  “haber  violado  la  estructura  del debido proceso  legal  y  menoscabado  las  garantías debidas a la defensa, por cuanto edificó  una  condena  sobre  prueba indirecta, y fue imposible para la defensa practicar  pruebas   inequívocas,   como   lo  son  testimonios  de  persona  (sic)   que  hubieran   presenciado  los hechos”.   

A  su  juicio,  indica  a continuación, no  existe   prueba  que  señale  directamente  a  su  prohijada  como  la  persona  responsable  de  los  hechos  por los cuales fue acusada y condenada, pues sólo  obran  conjeturas y especulaciones, “conclusiones de  premisas  subjetivas,  mas  no  objetivas,  fácticas,  como lo son, el hecho de  encontrar  prendas  para  el  uso  de las mujeres, indicando que entonces, allí  estaba  ZONIA  AFRICANO HERNÁNDEZ, que en el lugar había prendas propias de un  bebé,  entonces,  se  concluye,  que  allí  estaba  el  hijo de ZONIA AFRICANO  HERNÁNDEZ,  me  pregunto:  la  única  mujer  y  el  único  bebé,  a  quienes  corresponden  las  prendas  en  el lugar de los hechos, son necesariamente y sin  lugar     a     duda,     de     ZONIA    AFRICANO    HERNÁNDEZ    (sic)”.   

Por  lo  anterior, alude, se transgredieron  los  artículos  8f del Pacto de San José de Costa Rica, 29 de la Constitución  Política y 7, 15, 16, 181-2 y 457 del estatuto procesal penal.   

Enseguida,  en  el  acápite  que  denomina  “demostración    del    cargo”    y  luego  subtitula “ausencia de prueba  directa”,  aduce  que  después  de  analizar  las  pruebas  recaudadas  dentro del proceso encuentra que no existe certeza sobre la  presencia  de  su  representada  en  el  lugar  de los hechos, pues “simplemente  quedó  probado que ZONIA AFRICANO se encontraba en  el  campamento de Miraflores, junto con otra compañera embarazada, alias Yenny,  mujer  de  Miguel  (José  Antonio  Ramírez), quien se encontraba con ellas por  cuanto  había  sufrido  una  herida  grave  en  su mano ocasionado (sic)  por  disparo  de  ama de fuego, y  como  lo  manifestó  éste, allí sólo se encontraban los lisiados, los que no  estaban    activos    al    servicio    de    la    organización”.   

Además,  el hecho de que su prohijada haya  sido  la  compañera  de uno de los comandantes de la organización al margen de  la  ley  que  participó  en  los  hechos no significa que ella también hubiera  intervenido,  por  ende,  “se  concluye  que no hay  certeza  de  la  culpabilidad  de ZONIA AFRICANO HERNÁNDEZ en los hechos que se  investigan”.  Así  mismo, porque se trataba de una  combatiente  rasa y no ejercía autoridad en el grupo, quien, de acuerdo con los  testimonios,  no  tenía  ninguna  responsabilidad  y  se  dedicaba a labores de  cocina.   

No  se  puede,  por  tanto,  señalar  a su  defendida  de  haber  cometido  los  homicidios  cuando  no  está probado en el  expediente   que   hubiera  disparado  contra  la  humanidad  de  las  víctimas  “y  mucho menos se probó técnicamente con peritos  expertos  en  balística  que  las balas encontradas en el cuerpo de los occisos  pertenecieran  al  arma  que  supuestamente  portaba  ZONIA  AFRICANO HERNÁNDEZ  cuando  ésta  ni siquiera se encontraba en el lugar de los hechos como se dejó  probado”.   

De  ese  modo,  colige, el ente acusador no  logró  “mostrarnos  cuáles son esas probanzas que  nos  llevan al puerto de la convicción, y los escasos testimonios de los cuales  se  fundamenta  (sic), los  cuales  fueron controvertidos y desvirtuados, amén de ello, sin mayor crítica,  igualmente  el  juzgador  los  toma  de  fundamento  para  emitir  una sentencia  condenatoria             (sic)”.   

Igual ocurre, afirma, con los informes de  policía,  pues “también se hallan en tal oscuridad  probatoria,   fundamentados   en   disertaciones   que   en  el  periplo  de  la  investigación  fueron  perdiendo  credibilidad, no existiendo el hilo conductor  para  inferir indicios, menos arrojar como conclusión que ZONIA AFRICANO H. sea  responsable de tan deplorables hechos”.   

En  el  apartado  de  trascendencia  de  la  censura,  por  su  parte,  sostiene  que  en este caso la estructura del proceso  “sufrió  enormes  fisuras  que  determinaron  una  condena   injusta.   En   el   camino   hacia   la   búsqueda  de  ‘su’  verdad,  la Fiscalía atropelló el  proceso debido”.   

Y     en     el    de    “necesidad    del    fallo    de    la    Corte”   expone  que  “la duda incubada respecto  de  la  responsabilidad   de la implicada, no fue posible eliminarla, menos  para   predicar   los   presupuestos   legales   para   proferir  una  sentencia  condenatoria”   

Corolario   de   lo   expuesto,   depreca  “casar  totalmente el injusto fallo impugnado, para  en    su    lugar    absolver   a   ZONIA   AFRICANO   HERNÁNDEZ”.              

              

2.    Segundo    cargo,    “Violación  a  la estructura del debido proceso y del derecho de  defensa”:   

Para  la  censora el enunciado se verificó  porque  en  contra  de su defendida se “edificó una  condena  sin  dar  el  valor probatorio a los diferentes testimonios solicitados  por  la  defensa, los cuales son claros en afirmar que  ZONIA AFRICANO HERNANDEZ, no estaba en el lugar ni en  el  momento  en  el  cual se dieron los hechos que hoy nos ocupan”.   

Lo único que emana de la prueba, advierte,  es  que  se trataba de una militante rasa dentro de la organización subversiva,  amén  de que en cuanto a su responsabilidad por las conductas atribuidas, sólo  afloran dudas.   

Así, enfatiza, surge de la declaración de  Martha  Bayona León, quien  si  bien  señaló  a  la  procesada  como  integrante  del grupo de  Ariel,  nunca  la  relacionó  con  el  secuestro     de    los    señores    Marco  Tulio Mancilla Silva y  Eduardo  Ballesteros Angarita. Además,  este  deponente incurrió en contradicciones en sus diversas salidas procesales,  las cuales expone a continuación.   

Luego, refiere al testimonio de Zuleyma  Sierra,  de quien dice dejó en  claro  que  ella  y  su  defendida  formaban  parte del grupo subversivo pero en  campamentos  diferentes  y  distantes  y  que  la implicada realizaba labores de  ranchera,     esto     es,     cocinaba     y    prestaba    guardia.   

         Por  consiguiente,  encuentra  que esta deponente no fundamenta sus  aseveraciones  en  un conocimiento directo y personal de los hechos, sino que se  trata de una testigo de oídas.   

         A   continuación,   recaba   en   el  testimonio  de  Yurley  Torres Salazar, precisando que la  defensa   no   tuvo   oportunidad   de   debatirlo,  pues  a  pesar  de  haberlo  solicitado“no  se hicieron las gestiones necesarias  por  parte  del  ente  fiscalizador para lograr su ubicación y comparecencia al  despacho  con  el fin de ser contrainterrogada, máxime cuando hace afirmaciones  graves   en   contra  de  mi  defendida.  Se  observa  que  sus  manifestaciones  contradicen    lo   manifestado   por   los   diferentes   testigos,   perdiendo  credibilidad”.   

          Por  último,  la  actora  se  ocupa  del testimonio de José  Antonio  Ramirez,  de  cuyo relato  transcribe     algunos      apartes,     destacando     que    Martha  Bayona no formaba parte del grupo,  ya  que  sólo  era  la  mujer  del Tigre a   quien   visitaba   ocasionalmente.   En  cuanto  a  AFRICANO  HERNÁNDEZ  destacó  cómo  no  tiene  responsabilidad  alguna en los hechos, pues se dedicaba a prestar guardia  y  a  desarrollar  labores  domésticas,  situación  que  responde  al papel de  combatiente,    acorde    con    la   jerga   empleada   en   la   organización  subversiva.   

La  errónea valoración de los testimonios  reseñados  condujo, según  la  libelista, a que no obre  certeza  en  torno  a  la  culpabilidad  de  la sindicada en la comisión de los  delitos investigados.   

En el acápite siguiente de trascendencia del  reparo,  indica  que  “a la defensa se le privó de  ejercer  el  derecho  del  debido  proceso  y  de defensa al no dar el verdadero  alcance     probatorio     a     los    diferentes    testimonio    (sic)  ofrecidos por la defensa, respecto  a  las  pruebas de cargo, en el momento de contrainterrogar y ejercer el derecho  de  contradicción, arrojando duda respecto a la responsabilidad penal en cabeza  de ZONIA AFRICANO HERNANDEZ”.   

         En  atención  a  lo  expuesto, coincide con la solicitud del cargo  anterior  en sentido de “casar totalmente el injusto  fallo    impugnado,    para    en   su   lugar   absolver   a   ZONIA   AFRICANO  HERNÁNDEZ”.              

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La   Sala   asumirá  el  estudio  coetáneo  de  los  dos  reparos  propuestos  en  libelo  allegado  por  la  defensora de la procesada  SONIA o ZONIA  AFRICANO  HERNÁNDEZ  por contener falencias similares  que determinan su inadmisión.   

          Pues  bien,  empiécese  por precisar que según lo dispuesto en el  numeral  3°  del  artículo  212  de la Ley 600 de 2000 la demanda de casación  debe  contener  “La  enunciación de la causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las   normas   que   el  demandante  estime  infringidas”.   De  otra  parte,  en  el  siguiente numeral de la misma preceptiva,  también  se exige que “si fueren varios los cargos,  se  sustentarán  en  capítulos  separados”  y que  “es   permitido  formular  cargos  excluyentes  de  manera  subsidiaria”.   

    

La  presentación  de  la  demanda de forma  clara   y   precisa   en  los  términos  de  esta  normativa  legal,  ha  dicho  reiteradamente  esta  Colegiatura,  dice  relación  con  la carga para quien la  suscribe,  en  atención  al  carácter  rogado  del  recurso extraordinario, de  esbozar  una  argumentación  coherente,  comprensible  y  lógica,  pues  no le  corresponde    desentrañar    confusos,    ambivalentes    y    contradictorios  planteamientos.   

De tal forma se han de calificar los libelos  que  en  su seno desarrollan propuestas disímiles o conceptualmente contrarias,  pues    la    entremezcla   argumentativa   repercute   en   perjuicio   de   su  entendimiento.   

         

         En    las    dos   censuras  objeto  de  estudio  se  incurre  en  tal incorrección cuando ni  siquiera  se  logra  establecer la causal de casación a cuyo amparo se pretende  el decaimiento del fallo impugnado.   

Así,   en  la  primera   censura   la  confusión  es  total,  pues  tras   invocar  expresamente  el  motivo  segundo  de  casación,             previsto        para        “cuando   la  sentencia  no  esté  en  consonancia    con    los    cargos    formulados    en    la   resolución   de  acusación”     y  aun           cuando           éste,  de  acuerdo  con  lo  precisado  reiteradamente  por la Sala  en  últimas responde a una  forma   de   vulneración   del  debido  proceso  y del derecho de defensa, por lo  que  tal  enunciado de la censura no merece reproche, sí sorprende cuando  lo hace fincar en el hecho de que  se  “edificó una condena  sobre  prueba  indirecta,  y  fue  imposible  para  la defensa practicar pruebas  inequívocas,    como    lo    son    testimonios    de   persona   (sic)   que  hubieran   presenciado  los hechos”,   para   acto   seguido   arremeter   contra  la  valoración  de  algunos    medios    de    convicción.   

En  efecto,  si  la         transgresión        del  derecho  de  defensa sobrevino porque  le  fue imposible impulsar  la  práctica probatoria, se  la  privó  de  ejercer  las  facultades      que  constitucional  y legalmente le asisten o dado  que  el ente instructor no cumplió  en  esa  misma  materia  con  los  deberes  que  le  son imperativos,  asertos que, dicho sea de paso, apenas  la censora sí enuncia,   es  claro  que  se  aparta  del  motivo de incongruencia  contemplado   en  la  causal  segunda  de  casación  invocada  y, en tal medida,  conforme  con  la  normativa traída a colación y los  postulados  que regulan el  ejercicio        casacional,       según  se verá más adelante, ha debido  plantear      por  separado,  como única forma de garantizar coherencia  en su argumentación.   

Empero,      la      propuesta    se   torna   aún   más  confusa  cuando              emprende,   acto  seguido,  contra  la  apreciación  de las pruebas, pues los vicios o yerros  que  se  adviertan  frente  a  tal  proceder del sentenciador deben alegarse por  otra    causal    de  casación,  no  otra  que  la  primera,    cuerpo   segundo,   del  artículo  207  del  estatuto  procesal penal, por violación  indirecta de la ley sustancial.     

Sin  embrago,  el  panorama  se  visualiza  todavía   peor   en   el  segundo  cargo  donde  la  actora  ni siquiera señala causal de casación alguna  que  sustente  su  pretensión  y  refiere  indistintamente  a  la  “violación  a  la estructura del debido proceso y del derecho de  defensa”  y  a  la  par cuestiona la valoración de  algunos medios de prueba de carácter testimonial.   

Tal  forma de concebir el ataque en las dos  censuras  configura  quebranto,  como ya se anunció, de principios basilares de  la  actividad  casacional  en  procura  de conseguir demandas que satisfagan las  exigencias  argumentativas  propias de este medio extraordinario de impugnación  de  naturaleza  rogada, tales como los de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.                 

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Contrario  a  lo  que se persigue con estos  postulados,  en  los  dos  reparos  formulados no sólo se involucran propuestas  disímiles,   sino  que  además  resultan  antagónicas,  como  sucede  con  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, concerniente a, como ya se dijo,  errores  del  sentenciador en la valoración probatoria, y la nulidad, porque en  el  primer  caso  se  acepta  la validez de la actuación procesal por cuanto el  ataque  se  circunscribe  a  errores  de  juicio  o in  iudicando  en  los  que  incurre  el  sentenciador al  momento  de  fallar,  mientras  que  en  el  segundo precisamente se discute ese  aspecto   a   través   de   yerros   in  procedendo  o de procedimiento.   

Esa  forma  de  concebir  las censuras, por  introducir  confusión  y  ambigüedad,  basta  para  sustentar  la decisión de  inadmitir  la  censura,  pero  a ello se suman otras razones que confluyen en el  mismo sentido.   

En efecto, amén de lo expuesto se observa  cómo   los   cuestionamientos   que   la           demandante           desarrolla          principalmente  contra  la valoración  probatoria   del  sentenciador  en  los  dos  cargos  propuestos  no  guardan  relación  alguna  con  los  yerros  que  determinan el  decaimiento  del  fallo  por  los  denominados  errores  de  hecho  derivados de  falsos juicios   de   existencia,   identidad   o  raciocinio  o  por los de derecho, a su vez por falsos juicios de legalidad o de  convicción,  cuya  naturaleza  y forma de instaurar en esta sede ha    sido    abordada    profusamente  por la Sala.   

Al          contrario,  opta simple e impropiamente  por  confrontar  el criterio del juzgador con su modo personal de apreciarlos al  margen  de  los referidos errores, actitud que atenta  contra  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación –en   cuanto  se  concentra  en  la  producción  de yerros que  afectan  la  constitucionalidad  o  legalidad  del fallo, sin que constituya una  tercera  instancia-  y  deja  de  lado  que el mismo  arriba   a   esta   sede   gobernado  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  -en  cuya virtud prevalece el juicio del  sentenciador   sobre   la   opinión   subjetiva   del  recurrente-.     Es     decir    que,  en  tales  condiciones, las     propuestas     carecen   de  total  idoneidad  argumentativa  para  conseguir  el  propósito trazado con su formulación.     

El cúmulo de incorrecciones reseñadas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Sala  en  virtud  del principio de  limitación  que regula este medio extraordinario de impugnación y que por vía  legal  encuentra  consagración  en  el  artículo 216  de  la  Ley 600 de 2000, imponen la inadmisión de la  demanda,  conforme  se  anunció  en  el exordio de este acápite considerativo.   

Por  último,  se  debe  precisar que no se  advierte  la necesidad de activar el mecanismo oficioso de enmienda, contemplado  en    el    artículo    216    ibídem,  para  conjurar  la violación de garantías fundamentales dentro  del presente trámite o en la sentencia.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

       INADMITIR  la  demanda de casación    presentada       por    la    defensora  de   SONIA  o    ZONIA   AFRICANO   HERNÁNDEZ,   de  conformidad con las razones expuestas en la anterior motivación.   

         

Contra  este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ                    GUSTAVO           ENRIQUE          MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                    JAVIER             ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1  De  acuerdo  a  como la implicada se identifica y suscribe diligencia de indagatoria  a   fols.   275   y   ss.   del   c.o.   2   y,   en   general,   en  todas  las  actuaciones.      

2 Con  este  nombre se la identifica en la providencia por medio de la cual se definió  su  situación  jurídica (fol. 282 c.o. 2), se dictó resolución de acusación  en  primera (fol. 97 del c.o. 3) y segunda instancia (fol. Fol. 164 ibídem)   y   así   también  aparece  en   las sentencias de primero (fol. 42 c.o. 4) y segundo grado (fol. 5 del  c. del Tribunal).   

3  Competencia  asignada mediante Acuerdo No. PSAA11 de marzo 10 de 2011 emanado de  la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura.     

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