40146(08-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 335   

Bogotá  D.C.,  octubre  ocho (8) de dos mil  trece (2013).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por  el  defensor  del  procesado  MARIO  WILSON  PARRA  ORTEGA.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Los  primeros  fueron  sintetizados  en  la  sentencia  de  primera instancia en los siguientes  términos:   

“El 17 de agosto  de  2003,  en  el  área rural del corregimiento de Media Luna jurisdicción del  municipio  de San Diego (Cesar), fueron abatidos por  miembros del pelotón  Trueno  del  Batallón de Artillería #2 La Popa de Valledupar y del grupo GAULA  Cesar  del  Ejército  Nacional,  Juan  Carlos  Galvis  Solano  y  Tania  Solano  Tristancho,  quienes  se  desplazaban en motocicleta por la vía que conduce del  corregimiento  Los  Encantos  al de Media Luna, y fueron reportados como muertos  en    enfrentamiento   armado   dentro   del   desarrollo   de   la   operación  arrasador”.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el  17 de marzo  de 2009, fueron vinculados mediante indagatoria,  entre  otros,  el  oficial  del  Ejército Nacional MARIO WILSON PARRA ORTEGA, a  quien  la  Fiscalía  detuvo  preventivamente  el 3 de diciembre de 2010 por los  cargos,  en concurso homogéneo, de homicidio en persona protegida (Art. 135 del  C.P.).  El 22 de marzo de 2011 se hizo extensiva la medida de aseguramiento a la  conducta  punible  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  (Art. 286  Ib.).   

3. En desarrollo del  trámite  de  sentencia  anticipada, el procesado aceptó los cargos mencionados  el  26  de  abril  de  2011  y  el Juzgado 3º Penal del Circuito de Valledupar,  mediante  sentencia  del  22  de  agosto  siguiente,  lo condenó a 294 meses de  prisión,  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  término de 9 años, multa de 2.000 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y  a  pagar, por perjuicios materiales y morales, el equivalente a 120  salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

4. El defensor, con  la  pretensión  de  conseguir  una  pena menor para su representado, apeló ese  pronunciamiento  y  el  Tribunal  Superior  de  Valledupar, por intermedio de la  sentencia  recurrida   en  casación,  dictada  el  7 de diciembre de 2011,  fijó  en  20  años  la  pena  de  prisión  y  en  lo demás le impartió a la  providencia confirmación integral.   

LA DEMANDA:  

Primer   cargo  (principal).  Nulidad  por  transgresión del principio de investigación integral.   

Señaló   el  casacionista  que  tras  un  minucioso  análisis  del  acta de aceptación de cargos, de la indagatoria y de  la     prueba    testimonial    recaudada,    se    evidencia    “inercia  investigativa”  del instructor.  Nada  acredita  algún  esfuerzo  del  Fiscal  “para  aclarar  las  razones  por  las  cuales  se  pudo haber incurrido en la conducta  punible  y  si  estas  pudieron  estar  enmarcadas  en  alguna  de  las causales  eximentes   de   responsabilidad   penal  o  aclarar  quién  fue  el  verdadero  determinador del hecho punible”.   

Al  admitir  cargos  el procesado dijo que a  pesar  de  no haber dado la orden, era consciente de que se pudo “evitar”  lo  sucedido.  Esa  salvedad le  resta  a  la aceptación de responsabilidad penal “la  condición de incondicional”.   

Se transcribió en el acta correspondiente a  esa  diligencia,  el  aparte  de su indagatoria conforme al cual “cuando  él  llegó  al  sitio  de  la retención ya estaba allí el  teniente  LORA  CABRALES,  quien  después  de  hacer  una llamada por teléfono  satelital  le  dijo  que  había  que  matar  a  los  retenidos porque ya había  informado  al  batallón  sobre  esas bajas y que tenía ya todo organizado para  ponerle  armamento a las víctimas, que a la mujer retenida la mataría SALCEDO,  uno  de  sus  hombres,  mientras que al hombre lo debía matar uno del GAULA”.  PARRA  ORTEGA consintió, según dijo, “porque  tuvo  miedo”. De conformidad con  otro  aparte  de la injurada de éste, a pesar de ser el oficial más antiguo en  el  lugar,  el mando lo tenía el comandante del Batallón La Popa, con quien el  teniente  LORA  mantenía  permanente comunicación. Se hizo alusión en el acta  de  aceptación  de  cargos, por último, a un escrito remitido por ABEL DOMINGO  SALCEDO  JIMÉNEZ  al Juez, conforme al cual “estando  de  centinela  vio  que  miembros  del  GAULA tenían retenidas a las víctimas,  bajó  a mirar y cuando llegó LORA, éste le ordenó disparar a la mujer, orden  que  cumplió,  mientras  que  al  hombre  le  disparó  uno de los soldados del  GAULA”.   

En conclusión, la única prueba en contra de  PARRA   ORTEGA   es   la   indagatoria   de   LORA   CABRALES,   “quien  no existe duda fue quien ordenó la muerte de las víctimas y  que  por  ello  su declaración se encuentra seriamente comprometida”.    

          Las   pruebas   dejadas   de  practicar  fueron  un  “contrainterrogatorio”   al   MY.  MARIO  WILSON  PARRA  ORTEGA,  a  fin  de  establecer  los  motivos que lo condujeron a  “una  posición  en  donde  por  miedo  se permitió  realizar  y se omitió denunciar un hecho punible de esa envergadura”;   un interrogatorio a CARLOS LORA CABRALES para determinar  “a  quién llamaba por el radio y qué instrucciones  recibió  en  relación  con  los  detenidos” y, por  último,     “citar     al    proceso”   al   comandante   del   Batallón   La   Popa  “con   miras   a   establecer   qué  información  recibió  y  qué  instrucciones dio al respecto”.   

          Seguro  esos  medios  de  convicción  omitidos habrían conducido a  “desenterrar  la  realidad de los hechos”,  el  por  qué  del  miedo  del  procesado.  Resulta  evidente,  entonces,  “la  violación  del debido proceso y del  derecho  de  defensa  por  ausencia  de  una investigación integral”.   

          Para  el  censor,  de  otro  lado,  su  asistido careció de defensa  técnica  en  la  indagatoria  y  en la diligencia de admisión de cargos. Se le  indujo  en  la última a aceptar responsabilidad penal en los homicidios, cuando  en   la   vinculación   procesal   “manifestó  con  suficiente  claridad  que él no tuvo nada que ver con la muerte de Tania Solano  Tristancho     e    incluso    en    la    muerte    de    alias    ‘el          cachaco’  ”.  Dijo  en tal oportunidad que se  dejó  convencer  “de  lo  que  se  hizo”,      “de      tapar”  y  señaló  ser  consciente  de  que  pudo  haber  evitado los  crímenes.   

          Su  condición  de  “joven  oficial  del  Ejército  sin  ninguna  formación  jurídica”,  lo  llevó  a la admisión de responsabilidad penal “bajo  completa  desinformación”,  sólo  pensando  que se  beneficiaría   con   la   rebaja   punitiva   correspondiente,  “todo    ello    con   la   anuencia   de   su   defensor”.   

          En  el  presente  caso, en fin, se declaró la responsabilidad penal  del  procesado  sin  las  pruebas  suficientes  para  ello y sin “una   oportuna   asistencia   técnica”.  Procede,  en  consecuencia,  casar  la sentencia recurrida y anular lo actuado a  partir  de  la  diligencia  de indagatoria. “No sobra  advertir   –finalizó  el  demandante—  que  en  la  graduación de la pena que hizo el Tribunal Superior de  Valledupar  se  violó  el principio de la reformatio in pejus, consagrado en el  inciso  2º  artículo  31  de  la  Constitución  Política,  pues  en  primera  instancia  se  partió  de 370 meses y en segunda instancia se aumentó al techo  del  primer  cuarto  esto  es a 390 meses, pero en razón del límite máximo de  condena  que  para  la  época  de los hechos era de 40 años el resultado final  coincidió  en  480  meses  de  prisión.  Pero  la  base de la liquidación fue  agravada”.   

Segundo  cargo  (Subsidiario).  Violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de error de hecho por falso juicio de  identidad.   

          El  juzgador  tergiversó  lo  relatado  en la indagatoria por MARIO  PARRA  ORTEGA  y a causa de ello no le reconoció rebaja de pena por confesión.   

          Expresó  el impugnante que se equivocó el Tribunal “cuando  dijo  que  la Fiscalía en la formulación de cargos no hizo  mención  alguna  a  tales beneficios y que en el plenario no obra prueba alguna  de  dicha  circunstancia  y  además  que  su confesión no fue espontánea sino  producto  de  la declaración previa de uno de los testigos ABEL DOMINGO SALCEDO  JIMÉNEZ,  situación que no se compadece con la realidad procesal, toda vez que  no  existe  prueba  de  que  mi  defendido tuviese acceso al proceso antes de su  indagatoria,  pero principalmente porque el testigo”,  según  el  acta  de admisión de cargos, presentó un escrito en el que le dice  al  Juez que LORA le ordenó disparar contra la mujer, mientras que al hombre le  disparó uno de los soldados del GAULA.   

          Las    manifestaciones    del    procesado   PARRA   ORTEGA   fueron  “decisivas   para   la  emisión  de  la  sentencia  condenatoria”.     Desde    su    “primera   diligencia   de   indagatoria”  confesó  cómo  sucedieron  los  hechos,  “lo  cual  resultó   trascendente  para  el  esclarecimiento  de  los  sucesos  dadas  las  diferentes  versiones que se venían manejando por las personas que participaron  en  el  operativo  que culminó con la muerte” de las  víctimas.   

Le  solicitó  el  censor  a  la  Corte, por  último,  casar parcialmente la sentencia y disminuir en una sexta parte la pena  impuesta a su representado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

En  relación  con  ninguna  de las censuras  presentadas  en  la demanda de casación hay lugar a la admisión de la demanda.   

1. Cargo principal. Nulidad por transgresión  del principio de investigación integral.   

1.1. Este proceso,  como  quedó  registrado  en la síntesis de la actuación procesal realizada al  comienzo  de  la  presente  providencia, finalizó anticipadamente. El sindicado  MARIO  WILSON  PARRA  ORTEGA aceptó los cargos que le formuló la Fiscalía y a  cambio  de  ello  se  hizo  acreedor  a  una  reducción  del  50%  de  la  pena  impuesta.   

En  concordancia el artículo 40, inciso 10,  de  la Ley 600 de 2000, el procesado y su defensor se encuentran facultados para  interponer   “los   recursos   de   ley”   contra   la   sentencia   anticipada,  limitados  ellos  a  la  impugnación  de  la dosificación de la pena, de los mecanismos sustitutivos de  la  pena  privativa  de  la  libertad  y  la  extinción  de  dominio  sobre los  bienes.   

Significa  lo  anterior  que  el  interés  jurídico  para  recurrir en casación se encuentra circunscrito a esos aspectos  e  igualmente,  conforme  lo  ha  señalado  la  jurisprudencia, a la discusión  vinculada  a eventuales vulneraciones de garantías fundamentales, dentro de las  cuales  no  tienen  lugar reproches vinculados a la afectación del principio de  investigación  integral  por  la  razón obvia de que el sometimiento a cargos,  aparte  de  suponer  la  renuncia  por  parte del procesado a la garantía de no  autoincriminación  y  a  la  controversia  probatoria,  releva  al  funcionario  judicial  del deber de ordenar y practicar todas las pruebas pertinentes para la  obtención de la verdad real.   

En  los  casos  de  sentencia  anticipada,  entonces,  el  cese  en  la  práctica  de  pruebas  orientadas  a investigar lo  favorable  y  lo  desfavorable  al  sindicado  hace  parte  de la naturaleza del  mecanismo  de  justicia  premial  y, por tanto, en manera alguna se trata de una  circunstancia  dependiente  de  la  negligencia  o arbitrariedad del funcionario  judicial.     

1.2.  Conforme a lo  anterior,  está  fuera  de  lugar  la  crítica  del  recurrente  asociada a la  “inercia  investigativa”  del  instructor,  supuestamente lesiva del principio de investigación integral.  Igualmente  el  debate probatorio que plantea acerca de la responsabilidad penal  de su defendido.    

Con  la  aceptación  de los cargos, como se  dijo,  el  procesado  hizo  declinación  de  esos  derechos  e intentar ante el  Tribunal  de  casación  que  se  examinen  tales  reclamos, constituye simple y  llanamente  una  retractación indebida de la admisión libre y voluntaria de su  responsabilidad  penal respecto de las conductas punibles con claridad imputadas  por la Fiscalía, tanto en lo fáctico como en lo jurídico.   

Así  las cosas, ante la manifiesta falta de  interés  para recurrir del censor, no hay lugar a la admisión de la demanda en  lo  atinente  al  primer  cargo,  del  cual  no puede soslayar la Corte su parte  final.   

Allí  el libelista, frente a un aspecto que  sí  podía  controvertir  a través del recurso extraordinario, le atribuyó al  ad  quem  la transgresión de  la  prohibición  de  reforma  en  peor  de  la  sentencia. Más allá de que el  planteamiento  debía  formularse  en  cargo  separado, no es cierto que se haya  incurrido en esa irregularidad.   

La  primera  instancia entendió que la pena  máxima  permitida  por  la ley eran 60 años. Al dosificar la pena privativa de  la  libertad  para  uno  de  los  homicidios, sancionado con prisión de 30 a 40  años,  se ubicó en el primer cuarto  (360 a 390 meses) y estableció para  el   mismo  370  meses  de  prisión.   En  razón  del  segundo  homicidio  incrementó  194  meses,  es  decir,  el  52.4% de la cifra de partida, y por la  falsedad  sumó  24  meses  más  para  un  total  de  588  meses. En razón del  sometimiento  del  procesado  a  sentencia  anticipada  descontó  el  50% de la  última  cantidad  y,  finalmente,  se  le impuso pena de prisión de 294 meses.   

El Tribunal Superior concluyó que la pena  máxima  privativa  de  la  libertad  permitida por la ley para el momento en el  cual  sucedieron  los hechos era de 40 años de prisión. Entonces redefinió la  tasación  punitiva.  E  incurrió  en  un  error,  como  con acierto lo puso en  evidencia  el  censor.  En  lugar,  como  debía,  de  respetar  el criterio del  a   quo  y  partir  en  la  redosificación  de  la  pena  de 370 meses, decidió hacerlo de 390 y en virtud  del  concurso  delictual  fijó  el  término de la prisión en 480 meses, a los  cuales  le  restó  la  mitad por la sentencia anticipada, imponiendo finalmente  240 meses de prisión.   

La  equivocación advertida, sin embargo, es  intrascendente.  Simplemente  porque  partiendo  de  370  meses  o  de  390,  el  resultado   era   el   mismo.   Al   superar   40   años   el   “hasta  el  otro  tanto”  en  que podían  aumentarse  esas  penas  en razón del concurso de delitos, fatalmente, en ambos  casos,  siguiendo  las pautas dosimétricas de la primera instancia, la sanción  imponible  era  la de 40 años o 480 meses de prisión, como en efecto concluyó  la segunda instancia.   

   

2. Cargo subsidiario. Violación indirecta de  la   ley   sustancial   originada   en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad.   

Se  limitó  el casacionista en este cargo a  manifestar  que  se  tergiversó  en  la  sentencia la indagatoria del procesado  MARIO  PARRA  ORTEGA  y  no se le reconoció, a causa de ello, la rebaja de pena  por confesión.   

A  su parecer, es todo cuanto dijo, el dicho  de   su   representado   fue   “decisivo”  para  la  condena.  No  explicó, en primer lugar, por qué hay  confesión  y,  en  segundo,  de  cara a los varios medios de convicción que se  relacionaron  como  fundamento de la declaración de responsabilidad penal en la  primera  instancia,  en qué radicó la utilidad de la misma, en los términos a  que  aludió la Sala en la sentencia de casación 11960 del 10 de abril de 2003,  en  la  cual  se fijó el alcance del requisito consistente en ser la confesión  fundamento  de  la  sentencia,  previsto como condición para la rebaja punitiva  dispuesta en el artículo 283 de la Ley 600 de 2000.   

Claramente, pues, en virtud de este reproche  tampoco hay lugar a la admisión de la demanda.   

         Concluye  la  Sala,  además, una vez revisada la actuación, que no  procede  casar  de  oficio  la  sentencia  pues  no se evidencia quebrantamiento  alguno  de  los  derechos  fundamentales  de los sujetos procesales.           

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de justicia,   

RESUELVE:  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre del procesado MARIO WILSON PARRA  ORTEGA.   

         Contra esta decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                               FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                     MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   MUÑOZ         

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                  LUIS                              GUILLERMO                              SALAZAR  OTERO                                               

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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