40892(29-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                            Aprobado acta N°  170.   

Bogotá,  D. C., veintinueve (29) de mayo de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación  de la demanda de casación presentada por el defensor  de  ROBERTO  SELLARES  FIAT  contra  la  sentencia  del  9  de  octubre de 2012, mediante la cual el Tribunal  Superior  de Medellín confirmó el fallo proferido el 4 de mayo anterior por el  Juzgado  Veintiuno  Penal  del  Circuito  de  la  misma  sede,  que  condenó al  procesado  a  las  penas principales de 40 meses de prisión y multa en cuantía  de  $82.564.000,  así  como a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por igual lapso, como autor del delito de  omisión del agente retenedor o recaudador, en concurso homogéneo.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente manera:   

          “El  señor  ROBERTO  SELLARES  FIAT,  representante  legal  de la  sociedad  Paco  Majo  S.  A., omitió cancelar los valores recaudados por IVA de  los  períodos  6 de 2003, y 1 y 2 de 2004; (así como)  de  retención en la fuente de los períodos 8 a 12 de  2003 y 1 a 3 de 2004, que ascienden a la suma de $41.282.000”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El trámite de la investigación estuvo a  cargo  de  la  Fiscalía  92  Seccional  de  Medellín, despacho judicial que la  inició  el  5  de  mayo  de 2006 y en su desarrollo escuchó en declaración de  indagatoria   de   ROBERTO  SELLARES  FIAT.   

2.  A  través  de sustanciatorio del 1º de  noviembre  del  precitado  año,  el  fiscal instructor decretó el cierre de la  investigación  y  calificó  el mérito del sumario el 7 de diciembre siguiente  con  resolución  de acusación contra ROBERTO SELLARES  FIAT, por el delito de omisión del agente retenedor o  recaudador, en concurso homogéneo.   

3.  Por  vía  de  apelación,  la Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal de Medellín impartió confirmación a la acusación,  en   providencia   del  5  de  agosto  de  2009.    

4.  Correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio   al   Juez  Veintiuno  Penal  del  Circuito  de  la  mencionada  ciudad,  funcionario  que  surtió  las  fases  subsiguientes  de la actuación, poniendo  término  a  la instancia mediante la sentencia del 4 de mayo de 2012, decisión  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  el 9 de octubre siguiente al desatar la  apelación interpuesta por la defensa.   

4. Contra el fallo de segundo grado el mismo  sujeto  procesal  en  alusión promovió el recurso extraordinario de casación,  el cual sustentó oportunamente.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la sentencia del  Tribunal,  en  el  cual  denuncia la violación directa de la ley sustancial por  falta  de  aplicación  de  los  artículos  86 de la Ley 788 de 2002 y 28 de la  Constitución Política.   

          Precisando  que  el  recurso  tiene  como  fin  el  desarrollo de la  jurisprudencia  y  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales,  sustenta el  reproche  señalando,  en  primer lugar, que en este caso operó el fenómeno de  la  prescripción,  porque  desde  el  momento  en  que  se  hicieron legalmente  exigibles  las  obligaciones,  esto  es, 2003 y 2004, han transcurrido más de 5  años.   

          En  segundo  término, aduce que al procesado se le está condenando  por  una  deuda con el fisco, pues tanto el agente retenedor como el responsable  del  IVA son unos intermediarios entre el Estado y los contribuyentes, y es así  como  en  el  caso  del segundo de esos impuestos, una vez se causa el mismo, el  intermediario  debe cancelarlo, de manera que si se declara sin pago se reconoce  a  favor  del  Estado  una  deuda,  que  puede  hacerse efectiva a través de la  compensación  o  mediante  el cobro coactivo, sin que el hecho de no cancelarlo  permita  colegir de antemano una actitud dolosa orientada a apropiarse de bienes  del erario público.   

          Lo  anterior  es  así,  añade,  al  punto  que la acción penal se  extingue  cuando  en  cualquier  estado  del  proceso el retenedor o responsable  cancela  en  efectivo  o  por  compensación  lo  adeudado  o,  incluso,  cuando  demuestra  que ha suscrito un acuerdo de pago por las sumas debidas, conforme lo  establece el artículo 665 del Estatuto Tributario.   

          Por tanto, considera que si se pretendía  predicar  la  ocurrencia  de  la  conducta  punible  atribuida  al  acusado  era  necesario acreditar que éste la realizó intencionalmente.   

          En  su  criterio,  sin embargo, las pruebas tomadas en cuenta por el  Tribunal  no  son  suficientes  para  hablar de certeza de la realización de la  conducta,  como  tampoco  se valoraron con la necesaria experticia que requería  el  caso,  amén  de haberse omitido el recaudo de otras probanzas, faltando una  investigación integral.   

          Al  respecto,  echa  de menos una inspección contable, así como la  aportación  de  información  exógena  de la administración de impuestos para  verificar  los  montos de las compras y los valores que fueron directamente a la  DIAN  por encontrarse la sociedad bajo medida cautelar de embargo de dineros, lo  mismo  que  la  práctica  de  los  testimonios  de  los  miembros  de  la junta  directiva,  del  contador  y  del  revisor  fiscal,  pruebas  todas necesarias y  trascendentes para la definición del asunto.   

          Poniendo  de  presente  la  actitud  de  uno  de los Magistrados del  Tribunal,  quien  aprobó  la  sentencia condenatoria a pesar de que en anterior  decisión   había  salvado  voto  en  un  caso  similar,  proceder  que  estima  arbitrario,  finaliza  acotando  que  en  este caso se violó el principio de la  última  ratio  del  derecho  penal,  pues  se  acudió al mismo sin agotarse el  mecanismo   administrativo,   dejándose   todo  en  manos  de  autoridades  que  desconocen  por  completo  la  normatividad  tributaria,  quienes se limitaron a  acusar y condenar con pruebas que carecen de análisis y pericia.   

          Solicita  de  esa  manera  casar  la sentencia impugnada para, en su  lugar, absolver al procesado.   

ALEGATOS DEL NO RECURRENTE  

          La  apoderada  de  la parte civil considera que la demanda no cumple  los  requisitos  atinentes  a  la  casación,  pues no se vislumbra en este caso  violación   alguna  a  los  derechos  fundamentales,  y  en  relación  con  la  unificación   de   la   jurisprudencia   la  Corte  ha  sido  generosa  en  sus  pronunciamientos   acerca   del  delito  de  omisión  del  agente  retenedor  o  recaudador.   

          De  otra  parte, estima carente de sustento legal la afirmación del  impugnante  consistente  en  que  la  acción  penal  se encuentra prescrita. Al  respecto,  pone de presente cómo la obligación más antigua se causó el 10 de  noviembre  de  2003, sin que hubiese transcurrido más de los 6 años requeridos  para  el  efecto,  antes  de producirse la interrupción de la prescripción, lo  cual  ocurrió  el  5  de  agosto de 2009, luego de confirmarse la acusación de  primera instancia.   

          Finalmente,  rechaza  el  argumento  del  actor  según  el  cual la  condena  se  basa  en  una  deuda  civil,  por  cuanto la obligación del agente  retenedor  o  recaudador  no  nace  de  un negocio jurídico sino de la ley, que  impone  consignar  a  favor  del  Estado  los  dineros recibidos de terceros por  concepto  del  pago  de  impuestos,  por  cuya razón no resulta dable eludir su  cumplimiento   con   fundamento   en   una   crisis  económica  de  la  persona  jurídica.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

La  demanda  instaurada  por el defensor del  procesado    ROBERTO    SELLARES    FIAT será inadmitida, por las siguientes razones:   

          Los  hechos  objeto  de  este  proceso tuvieron ocurrencia entre los  años  2003  y  2004,  luego  a este caso resulta aplicable el artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000, cuya norma establece que la casación  ordinaria  o  común  procede  respecto  de  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales,  en  procesos  seguidos  por  delitos cuya pena  máxima fuese superior a ocho (8) años.   

          El  artículo 402 del Código Penal de 2000 contempla para el delito  de  omisión  del agente retenedor o recaudador, por razón del cual se condenó  al   acusado,   la   pena   máxima   de   6  años1.   

          Significa  lo  anterior  que  no  era  del  caso  aquí  acudir a la  casación  ordinaria  o  común.  Le  correspondía  al actor, por el contrario,  interponer   la  denominada  casación  excepcional  o  discrecional,  mecanismo  impugnaticio  regulado  en el inciso final del artículo 205 precitado, debiendo  para  el  efecto  expresar  el  propósito del recurso, es decir, si se trata de  buscar  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  de  preservar  las garantías  fundamentales.   

El libelista olvidó la exigencia procesal en  mención,   limitándose   a   invocar   el   recurso   por  la  vía  común  u  ordinaria,   creyendo  tener  pleno  acceso  a  esa  modalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  sin  advertir  que lo procedente era acudir a la  vía excepcional.   

Pero, desde luego, no puede pasarse por alto  la  postura  de la Sala, conforme a la cual podría admitirse la impugnación si  el  demandante,  a pesar de no señalarlo expresamente, ofrece razones a través  de  las  cuales  se  pueda  inferir  claramente que su intención es fundamentar  alguno  de  los  dos  motivos que habilitan la casación excepcional2.   

En  ese sentido, se observa que en la única  censura  formulada  el  actor  reseña  en forma genérica como propósito de la  casación  la  unificación  de la jurisprudencia y la garantía de los derechos  fundamentales.   No   obstante,   no   explica  tales  asertos,  quedándose  la  postulación en la mera enunciación sin sustento alguno.   

          En  relación  con  lo  anterior,  pertinente  resulta  recordar  el  criterio  de  la  Sala,  acorde  con  el  cual  cuando  se trata de la casación  discrecional  al demandante le corresponde exponer con  claridad  y  precisión los motivos por los cuales debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio de  autoridad  respecto  de  un  tema jurídico especial, ora para unificar posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  bien para abordar un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la  dual  utilidad  de brindar solución al asunto y servir de guía a la  actividad  judicial. Por su parte, si la pretensión del casacionista se orienta  a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales, tiene la obligación de  demostrar  la  violación  e  indicar  las normas constitucionales o legales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido3.   

Tal  carga  argumentativa no la satisfizo el  libelista.            De  todas  formas,  encuentra la Sala que el actor no cumple tampoco  las  demás  exigencias legales indispensables para admitir la demanda, conforme  lo  establece el inciso final del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, entre las  cuales  está la de enunciar la causal y formular el cargo, con expresión clara  y  precisa de sus fundamentos y de las normas que se estiman infringidas, según  lo  determina  el numeral 3º del artículo 212 ibídem, para cuya satisfacción  se  requiere, además, seguir las pautas de sustentación que la Corte ha fijado  cuando se trata de elaborar una demanda de casación.   

          En  efecto,  el  demandante acusa al Tribunal de violar directamente  la  ley  sustancial  por falta de aplicación de los artículos 86 de la Ley 788  de  2002  y  28  de  la Constitución Política, señalando, de una parte que la  acción  penal  se  encuentra prescrita y, de la otra, que la condena se basa en  una deuda de carácter civil.   

          De  esa  manera,  el impugnante resulta incluyendo en un mismo cargo  dos  postulaciones  que  requieren  una  fundamentación  diversa  en  esta sede  extraordinaria  y,  además,  son  excluyentes  entre sí. Lo primero, porque la  prescripción  de  la  acción  penal,  como  lo  tiene  dicho  la  Corte,  debe  proponerse  por  vía de la causal tercera de casación, es decir, nulidad de la  actuación,  y  sustentarse  por  el  sendero  de  la  causal primera, vía esta  última  a  la  cual  debe  acudirse  únicamente  para plantear ataques como la  atipicidad  de  la  conducta,  que  es  en  últimas lo aducido por el libelista  cuando rechaza la condena porque se basa en una deuda civil.   

          Por   lo   mismo,   afirmar   la   presencia  del  fenómeno  de  la  prescripción  de  la  acción  penal  implica  cuestionar  la  legalidad  de la  actuación,  por  cuya  razón  resulta  contradictorio  que al propio tiempo se  reconozca  su  validez  para  plantear  únicamente la existencia de un error de  juicio ocurrido en el fallo de segundo grado.   

          Pero  es  más,  la  primera de las referidas postulaciones tiene un  fundamento  impreciso,  pues  el  libelista invoca el artículo 86 de Ley 788 de  2002,   que   regula   la   prescripción   de   cobro   de   las   obligaciones  fiscales4,  sin advertir que la prescripción de la acción penal derivada de  la  comisión  de  delitos  se  encuentra  establecida  en  los  artículo  83 y  siguientes  del Código Penal, preceptos al amparo de los cuales dicho fenómeno  opera  en  un  término igual al máximo de la pena fijada en el respectivo tipo  penal,  sin  ser  inferior  a  5  años  ni  exceder de 20, pero en todo caso se  interrumpe con la ejecutoria de la resolución de acusación.   

Como en el presente asunto el lapso llamado a  tener  en  cuenta era el de 6 años, máximo establecido en el artículo 402 del  estatuto  punitivo,  dicho  término  no  alcanzó  a  cumplirse antes de cobrar  ejecutoria  la citada pieza procesal, pues los hechos ocurrieron entre los años  de  2003  y 2004, mientras tal firmeza se produjo el 5 de agosto de 2009, cuando  la   Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  impartió  confirmación al pliego de cargos.   

          El  reproche  consistente  en que la condena se basa en una deuda de  carácter  civil  tampoco  es fundamentado adecuadamente por el demandante, pues  para  ello  aduce  la violación directa de la ley sustancial, situación que lo  obligaba  a  sujetarse  a  los hechos declarados probados por el Tribunal y a la  valoración  probatoria  efectuada  en  el fallo, pese a lo cual sostiene que en  este  caso  no  logró  demostrarse la apropiación dolosa de bienes del Estado,  pasando  por  alto  que  el  juzgador  arribó  a  conclusión diversa a partir,  precisamente,  del  mérito  que  le  asignó  al  acervo  probatorio  acopiado.   

          A  los  desaciertos  antes referidos, se suma también la violación  del  principio de autonomía que gobierna el recurso de casación, acorde con el  cual  el  desarrollo  del  ataque se debe corresponder con su enunciación. Ello  porque  a  pesar de acudir a la violación directa de la ley, termina incluyendo  en  el  cargo ataques de otra índole, como la vulneración de los principios de  investigación   integral   y   de  la  última  ratio  del  derecho  penal,  que  por  sus  implicaciones, en  cuanto  conllevarían a la nulidad de la actuación, debió postularlos por vía  de  la  causal tercera de casación, aun cuando respecto del segundo de ellos le  correspondía  desarrollarlo  con  apego  a  la  causal  primera,  dado  que  su  argumentación  envuelve  un  cuestionamiento a la competencia de los falladores  para        tramitar        el        proceso5.   

          Es  necesario  señalar,  en  todo caso, que el actor apenas enuncia  esos  otros ataques, sin emprender su fundamentación en forma adecuada. Es así  como,  en lo referente a la violación del principio de investigación integral,  si   bien  reseña  los  medios  probatorios  que,  en  su  sentir,  dejaron  de  practicarse,  omite explicar su pertinencia, conducencia y factibilidad respecto  de  su  recaudo;  tampoco  hizo  una  aproximación  al contenido de las pruebas  echadas  de  menos; mucho menos fundamentó la incidencia favorable que hubieran  podido  tener  frente  a la situación del procesado, carga argumental a cumplir  en  esos  casos,  como  ha tenido oportunidad de precisarlo la Corte6.   

          Por  su  parte,  frente  al  desconocimiento  del  principio  de  la  última  ratio, se abstuvo de  indicar  el  fundamento  legal  que  contempla,  como  requisito previo para dar  inicio  a  la  acción   penal,  la  obligación  de  agotar  el  mecanismo  administrativo    dispuesto    para    hacer    efectivas    las    obligaciones  fiscales.   

          Finalmente,  en  lo  relativo  al  cuestionamiento según el cual el  Magistrado  ponente  suscribió  el  fallo  de  segundo grado, no obstante haber  expresado  en oportunidad anterior criterio diverso en un salvamento de voto, el  casacionista  se  limita  a  citar  un  parte de lo dicho pretéritamente por el  funcionario,  pero  nada  expresa para acreditar su similitud con el tema objeto  de  debate  en  el presente asunto. Por lo demás, tampoco explica de qué forma  la  legalidad  de  la sentencia se afecta con el vicio que denuncia, si de todas  formas la misma fue también aprobada por otros dos Magistrados.   

En   consecuencia,  habida  cuenta  de  la  inadecuada  sustentación  del  único  cargo  propuesto, la Sala inadmitirá la  demanda objeto de examen.   

         Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ROBERTO  SELLARES  FIAT, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del estatuto procesal penal, contra la  anterior               decisión      no      procede     recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                                                                                                                                                           

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  El  precepto  también  contempla  multa,  pero para los efectos analizados sólo se  tiene en cuenta la privativa de la libertad.   

2 Cfr.  Auto del 18 de noviembre de 2004. Rad. 22082.   

3  Cfr.  Entre  otros,  auto  del  18  de abril de 2007, radicación  26916, entre otros.   

4  La  norma  señala:  “Término  de   prescripción  de  la  acción  de  cobro.  La  acción  de  cobro  de  las  obligaciones    fiscales,    prescribe    en    el   término   de   cinco   (5)  años…”.   

5 Cfr.  Auto del 10 de octubre de 2012, radicación 39677.   

6 Cfr.  Auto del 7 de diciembre de 2011, radicación 37847.     

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