37849(13-03-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 37849  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado Acta Nº 78  

Bogotá  D.C., trece (13) de marzo de dos mil  trece (2013).   

OBJETO DEL PRONUNCIAMIENTO  

Decidir   sobre  la  admisión de  la  demanda  de casación incoada por  la  apoderada  de  la  Parte Civil contra el fallo del  Tribunal   Superior  de  Distrito  Judicial  de  Cali  (Valle)   que  revocó el  emitido  en  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito  Adjunto  de  esa  ciudad,  y  en  su lugar absolvió a  JOSÉ OLIVER MORALES MUÑOZ  de   los   cargos   formulados   como   autor   del  delito  de  actos  sexuales  abusivos con incapaz de resistir.   

HECHOS Y SÍNTESIS PROCESAL  

1.  Se  extrae  de  la  actuación  que  el  11 de mayo de 2004 Beatriz  García  Escobar  formuló  denuncia  en  la  Inspección  de  Policía de Yumbo  (Valle),  debido  a que en  horas  de  la tarde de esa fecha recibió una llamada telefónica de su empleada  domestica  para  comentarle  que,  al  parecer,  JOSÉ  OLIVER  MORALES  MUÑOZ,  jardinero al servicio de la  familia  por  más  de  ocho años, en la sala de la casa había “manoseando”  a  su hija de 15 años de  edad  (DBG),  quien padece  retardo  mental,  motivo  por el que la quejosa se dirigió a su residencia y al  llegar,  como  la  joven no quiso contarle lo ocurrido, la amenazó con llamar a  la  Policía  para  obligarla  a  hablar,  como  en efecto así ocurrió pues en  presencia  de  los  agentes la adolescente manifestó que el sindicado le había  acariciado  y  besado  los  senos,  lo mismo que la vagina, razón por la que de  inmediato      aquél      fue      aprehendido1.   

2.  Una     vez    vinculado    mediante    indagatoria    MORALES  MUÑOZ, su situación jurídica  fue  resuelta  de  manera  provisional el 21 de mayo de 2004 en el sentido de no  imponer  medida  de  aseguramiento  contra  éste,  decisión  impugnada  por el  apoderado  de  la  Parte  Civil  y  confirmada  en su integridad el 9 de mayo de  20062.   

3.  Perfeccionada  en  lo  posible la investigación, tras su clausura,  el  mérito  probatorio  del  sumario  fue calificado el 31 de marzo de 2008 con  resolución  de  acusación  en contra de JOSÉ OLIVER  MORALES    MUÑOZ   como  probable  autor  responsable  del  delito  de acto sexual abusivo con incapaz de  resistir,  agravado,  de  acuerdo con los artículos 210 y 211, numeral 2, de la  Ley  599  de  2000,  pliego de cargos que no fue impugnado y alcanzó ejecutoria  material3.   

4.  La  siguiente  fase procesal se inició en el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de Cali, ante cuyo titular se agotó el debate oral y público en  varias  sesiones,  y  luego  las  diligencias fueron enviadas para fallo al juez  adjunto  a  ese  despacho  (en  cumplimiento  de  las  labores  de  descongestión  ordenadas  por el Consejo Superior de la Judicatura  – Acuerdo PSAA 09-6097 de  2009),  funcionario  que declaró al acusado culpable  de  los  cargos  formulados  y  en tal virtud lo condenó a la pena principal de  cuatro  (4)  años  y  dos  (2) meses de prisión, así  como  a  la  accesoria  de inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  privativa de la libertad, le impuso la  obligación   de  reparar  los  perjuicios  causados  equivalentes  a  cincuenta  (50)  salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes  y  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución        de        la        condena4.   

5.  De   la   expresada   decisión   apeló   la  asistencia  técnica  del  acusado  y el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Cali  la  revocó  mediante  la  suya del 11 de  junio  de  2011, y en su lugar absolvió al procesado  de  la  conducta  punible  atribuida en la acusación,  fallo   de   segunda  instancia  contra  el  cual  la  apoderada  de  la Parte Civil interpuso y sustentó el  recurso     extraordinario     de     casación5.   

LA DEMANDA  

6.  La impugnante sostiene que el ad-quem  violó  el  artículo  9 del Código Penal y el 238 de la Ley Penal Adjetiva, al  “omitir  valorar  debidamente  y  en  conjunto  la  prueba  testimonial  y  la prueba pericial con sujeción a las reglas de la sana  crítica”,  postulación  que  fundamenta  en  el  “artículo  306 del Código de Procedimiento Penal  (Ley  600  de  2000);  Causales  de nulidad: Son causales de nulidad:         2-        La    comprobada    existencia    de  irregularidades   sustanciales   que   afecten   el  debido  proceso”.   

En   el   desarrollo  de  tal  cargo  la  memorialista  primero  comenta  la  dinámica  de la actuación en sus etapas de  instrucción  y  juzgamiento,  destacando  la  elevada condición solvente de la  progenitora  de  la víctima y que por lo mismo no tiene necesidad de utilizar a  su  hija  en  un  montaje en contra del acusado para no pagarle las prestaciones  sociales,  como  lo  manifestó  éste  en  su injurada, consignando en la misma  disertación  la  impugnante  una  valoración  negativa  de la personalidad del  procesado.   

Asegura  la  demandante  que  el  Tribunal  asumió  “una  posición  facilista  al no aplicar  normas  y  principios  para  dejar  sin  ninguna  posibilidad de defenderse a la  víctima”     además    que    “desconoció  las  pruebas  que  sirvieron de fundamento tanto a la  Fiscalía  Seccional  como  a  la  señora  Juez  Penal del Circuito”,  lo cual “refleja la ausencia de  garantías  que  se  necesita para lograr el principio de equidad a favor de las  víctimas de abusos sexuales”.   

En  esencia  de la réplica se extracta la  inconformidad  de la abogada porque el ad-quem, pese a que apreció el relato de  la  menor  ofendida en el que acusa directamente al procesado de haber realizado  en  su  humanidad actos deshonestos, igualmente aceptó como posible la versión  del  acusado,  respaldada  en  el  testimonio  de una extrabajadora (Dalia    Segura   Caicedo)   de   la  denunciante,  en  el  sentido  de  que las imputaciones de la adolescente fueron  producto  de  una  manipulación por parte de su progenitora para no cumplir con  el  pago  de  sus  prestaciones sociales, como ya lo había hecho no solo con la  aludida    testigo,    sino    también    con   otros   dependientes   de   esa  familia.   

Además  sostiene  la  recurrente  que  el  Tribunal   desatendió   la   prueba   pericial  en  la  cual  se  concluye  que  clínicamente  se  evidenció  la  manipulación  en  los  genitales de la joven  agraviada,  motivo  por el que no existe duda razonable sino certeza absoluta de  que  el acusado furtivamente abusó de aquella, y en consecuencia solicita casar  el  fallo  atacado  para  en  su  lugar  condenar  al  enjuiciado  por el delito  atribuido.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

7.  De  manera  reiterada  ha  dicho  esta  Sala  que,  en cualquier  régimen,   la   casación  atiende  a  unos  fines  superiores  cuales  son  la  reparación  de  los agravios inferidos a las partes con la sentencia censurada,  la  incolumidad  del  derecho  material y de las garantías fundamentales de los  intervinientes    en    la    actuación,    y    la    unificación    de    la  jurisprudencia.   

Empero,   con   el   mismo  énfasis  ha  puntualizado  que  ello  de  ninguna  manera significa que la naturaleza de este  mecanismo  sea  de  libre configuración, desprovisto de todo rigor, y que tenga  como  objetivo  abrir  un  espacio  procesal semejante al de las instancias para  prolongar   el   debate   respecto  de  los  puntos  que  han  sido  materia  de  controversia,  pues  ha  de resaltarse que al proponer el recurso el censor debe  sujetarse  a  las causales taxativamente señaladas en el ordenamiento procesal,  y  con  observancia de los presupuestos de lógica y argumentación inherentes a  cada  motivo extraordinario, persuadir a la Corte de que a raíz de la decisión  cuestionada urge hacer efectiva alguna de aquellas finalidades.   

Tales  exigencias  no  rinden tributo a un  insustancial   formalismo,   sino  que  guardan  armoniosa  dependencia  con  el  carácter  restringido  de  este  instrumento de impugnación extraordinario, en  cualquiera   de   sus  modalidades,  en  el  que  la  pretensión  de  examinar la legalidad y constitucionalidad del fallo atacado no  puede  quedar  comprendida  en  un  escrito  de  libre factura, sino que, por el  contrario,  debe  estar  respaldada  por  un  contenido  mínimo  de  claridad y  coherencia   que   permita   entender   los  vicios  que  se  denuncian,  así como la identificación de  sus consecuencias.   

8.  Los cuestionamientos expuestos en la  demanda  analizada  hacen  gala  de  una  evidente  incomprensión  de los fines  fundamentales  de  la  casación,  y absoluta desatención de las exigencias que  gobiernan  cada  una  de sus causales, habida cuenta que en ellos no se presenta  una  propuesta  seria  que  goce  del  rigor  necesario  acerca  de  la probable  ocurrencia  de  un  dislate  trascendente materializado en la actuación o en la  sentencia  emitida por el Tribunal, motivo por el que  sus        argumentaciones        quedan  reducidas  a  un  insustancial  alegato de instancia que torna perentorio el rechazo del libelo.   

8.1.  Inicialmente  es  obligatorio precisar que de conformidad con lo  normado  en  el  inciso  1º  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, estatuto  vigente  al  tiempo  de  los hechos y que gobernó el desarrollo del proceso, el  recurso  extraordinario de casación resulta viable contra sentencias proferidas  en  segunda  instancia  por los tribunales superiores de distrito judicial y por  el  Tribunal Penal Militar por delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad     cuyo    máximo    exceda     de     ocho     (8) años.   

Cuando  el  fallo  de  segundo grado no es  emitido  por  los  aludidos despachos o el delito por el que se procede consagra  una  sanción  privativa de la libertad de ocho años  o  inferior,  el  inciso tercero del citado precepto  faculta     a     la     Sala     para     admitir  discrecionalmente  las  demandas  de  casación  que  cumplan   con   los  demás  requisitos,  siempre  que  sea  necesario  para  el  desarrollo    de   la   jurisprudencia   o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales.   

En el asunto que concita la atención de la  Sala   el   límite  punitivo  máximo  del  delito  de  acto  sexual  abusivo  con  incapaz  de resistir  agravado,    de    acuerdo    con    la  calificación jurídica plasmada en la acusación (Ley  599  de  2000, artículo 210 y 211, numeral 2, en vigor para  la  época  del  suceso), era de apenas siete  (7)  años        y        seis        (6)  meses  de  prisión,  lo  cual  indica que en este caso no se satisface el requisito de  que     la    pena    exceda    de    ocho            (8)  años  para  la procedencia de la  casación común.   

Por  lo  tanto,  la impugnación sólo era  procedente     por     la    vía    discrecional,   como   en  efecto  así  expresamente  lo  aludió  la  censora,  empero,  el  cumplimiento  de  esa  formalidad  no es suficiente para que la Sala, per se, acceda a la revisión del  fondo del asunto.   

Acerca      de      esa modalidad de impugnación, de tiempo  atrás  tiene  precisado  la  Corte  que una disertación con la que se aspire a  persuadirla  acerca de la procedencia de la casación  discrecional,  debe  estar dirigida a hacerle ver la  necesidad  de  su  pronunciamiento,  en forma tal que si se trata de reclamar la  garantía  de un derecho fundamental, le corresponde al recurrente señalar el o  los  que  fueron  desconocidos,  indicar las normas constitucionales y/o legales  que   los   protegen   y   la   determinación   que   debe  adoptarse  para  su  salvaguarda.   

Si  el  motivo  invocado  es  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  debe  puntualizar el tema  jurídico  que  requiere  definición o precisión, sea porque es nuevo o porque  existen  posiciones opuestas que deben ser unificadas para la acertada solución  del asunto debatido y frente a casos futuros.   

Y,  atendiendo el principio de limitación  inherente  a  este  recurso  extraordinario,  así como a su esencial naturaleza  rogada,  la  demanda  también  tiene que elaborarse con el debido acatamiento a  los  requisitos formales establecidos en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000,  esto  es,  respetando las reglas de formulación, desarrollo y demostración del  cargo o los cargos de que trata el artículo 207 ibídem.   

Lo  anterior  porque no podría entenderse  cumplido  el  requisito  de  sustentación,  de  manera  que  si  se  reclama el  pronunciamiento  de la Sala sobre la protección de los derechos fundamentales o  un  específico  tema,  es  apenas  elemental  que  la censura le permita a esta  Corporación  examinar  en  concreto  uno  o los dos puntos que la habilitan. En  otras  palabras,  debe  haber  perfecta  conformidad  entre  el fundamento de la  casación       excepcional      —desarrollo  de  la  jurisprudencia  y/o  protección de garantías  fundamentales—,   el  cargo  o  los  cargos  que  se  formulen contra el fallo y, por consiguiente, el  desarrollo de los mismos.   

8.2.  En la demanda analizada la recurrente no identifica con claridad  cuál  es  el  fin  que  persigue  con  el recurso, empezando porque ni siquiera  identifica  con  acierto  el motivo de casación en el que hallaría sustento su  inconformidad,  sin  que  tal  ambigüedad  sea remediada con la invocación del  artículo  306-2 de la Ley 600 de 2000, merced a lo cual podría pensarse que lo  pretendido   era   denunciar   y  acreditar  la  violación  de  las  garantías  fundamentales  de la parte representada por la actora, toda vez que en el libelo  no se encuentra una mínima argumentación en ese sentido.   

Acerca  de  la  nulidad   como   causal   de  casación  pese  a la flexibilización adoptada  por   la   Corte   en   esa   materia  al       aceptar       que      la  demostración  de  irregularidades  determinantes de  esa  consecuencia,  suele no ser tan estricta como la  exigida   para   las  otras  causales,  es  menester  recordar  que  al  acudir  a  ese  vía el  demandante  está  en  el deber de  observar         las        reglas      de      la  lógica,  sumadas  a  la claridad y precisión sobre el vicio de  estructura  o  de  garantía  que denuncia, siendo su  obligación  acatar  los  principios que orientan la  declaración      y      convalidación     de     las     nulidades.   

Dicho  de  otra  forma,  aún cuando desde  hace  algún  tiempo  se  asumió  como  criterio  que  para la proposición y  sustentación   de   nulidades   no   hay  fórmulas  sacramentales,    ello    no    implica   que   la  correspondiente      solicitud      pueda  estar  contenida  en  un  escrito  de libre factura, habida  cuenta  que no cualquier anomalía conspira contra la vigencia del proceso, pues  la  afectación  debe  ser  esencial  y estar vinculada en calidad de medio para  socavar  algún  derecho  fundamental  de los sujetos  procesales,  de  suerte  que, igual que en las otras  causales,  la censura debe  ajustarse  a ciertos parámetros que permitan comprender el motivo de ataque, el  yerro  sustancial  alegado  y  la  manera  como  se  quebranta la estructura del  proceso o se afectan las garantías a consecuencia de aquél.   

Precisamente,  a  asegurar esos cometidos,  así    como    el    carácter    serio    y    vinculante    de   un reproche  de   ese  alcance,  apunta  la  observancia  de  los  principios  que  orientan la declaración de nulidades previstos en el  artículo 310 de la Ley 600 de 2000, los cuales no observó la  recurrente,  y de las múltiples e inconexas afirmaciones hechas en ella la Sala  escasamente  puede  percibir  su inconformidad con la valoración de las pruebas  por parte del fallador de segundo grado.   

9.  Ahora  bien, la actora tampoco alega tácita ni expresamente que  el   ad-quem   hubiesen  incurrido  en  vicios           de          fundamentación          lesivos de  la      garantía      fundamental      a      una     adecuada     motivación6,         pues  sus  planteamientos  no ilustran  con   rigor   y   claridad  acerca  de  la  objetiva  y    probable   configuración   de   la  clase  de dislates que podrían ser  susceptibles de proponer en tal evento.   

Esta  Corporación    en    diversos   pronunciamientos7   ha  señalado  que  cuatro son las situaciones que dan  lugar  a  invalidar  la  sentencia  por  violación  del  señalado  axioma: (i)  ausencia  absoluta  de  motivación,  (ii)  motivación incompleta o deficiente,  (iii)   motivación   equívoca,   ambigua,  dilógica  o  ambivalente,  y  (iv)  motivación  sofística,  aparente  o  falsa.  Los  tres  primeros  son   susceptibles   de   proponer  y  demostrar  por  vía  de la causal tercera de casación en cuanto su prosperidad  implica  la  nulidad  del  pronunciamiento  a  efecto  de  corregir  el  yerro y  garantizar  el adecuado ejercicio del derecho de contradicción, no ocurre  así  con  la  última,  porque  una tal falencia se erige  en    un   vicio   de  juicio,  que encuentra  sendero apropiado para su demostración con sujeción a  las   exigencias  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  toda  vez  que  su  prosperidad implica emitir el correspondiente fallo sustitutivo.   

Impera  aclarar  que  también  ha  sido  enfática            la            Corte8 en cuanto a que el  recurso  de  la  nulidad  cuando  se está frente a la última  hipótesis,  sólo  opera cuando los sujetos procesales no denuncian el error, o  lo  hacen  en  forma  deficiente,  y  por  contera  la  Sala, en ejercicio de su  facultad  oficiosa,  se  ve  precisada  a  ese  remedio extremo, toda vez que el  dislate   en   esencia   es   una  flagrante  vía  de  hecho,  violatoria,  por  supuesto,  del  debido proceso, que el juez de casación debe enmendar.   

10.  En  aras  de  dotar  de  algún  sentido  lógico a la queja, al  estudiar  la  misma  desde esta última perspectiva, es decir, desde la probable  configuración    de    errores    de   valoración   probatoria,   surge    indiscutible   la   imposibilidad   de   acceder  al  análisis  de  fondo  del  presente  asunto, ya que si la recurrente, aspiraba a  demostrar  una  motivación  falsa,  ausente  o  sofistica  de  los elementos de  conocimiento,   estaba   en   la  obligación  de  desarrollar  la  censura  con  acatamiento   de   las  exigencias  de  la   violación  indirecta  de  la  ley  por  aplicación  indebida  o  exclusión evidente,  únicos  sentidos susceptibles de proponer, los cuales pueden producirse a raíz  ostensibles,     graves     y     protuberantes    errores    de    apreciación  probatoria.   

Si la demandante  estaba  convencida  de  la  estructuración  de  errores  de derecho,     dado     que     en   materia   procesal  penal  (Ley  600  de 2000)  los  diferentes  medios de prueba no  están  sometidos  a un sistema tarifado,  en  principio, resultaba improcedente argüir un falso juicio de  convicción,  luego  únicamente  cabría proponer un falso juicio de legalidad,  y    para    ello    debía    iniciar    que    el   Tribunal   valoró  elementos  de  conocimiento que carecían de requisitos legales en su aducción,  práctica  o incorporación, o que desestimó los que  sí  los reunían bajo el  equívoco  entendiendo de  que no satisfacían esos presupuestos.   

Ahora bien si el  ataque  se  dirigía  a  evidenciar yerros de hecho, en el desarrollo argumental  estaba  llamada a precisar  si    los   dislates   estructurados   frente  a  cada  uno  de  los  distintos  medios  de prueba fueron  constitutivos  de falso juicio de existencia, falso juicio de identidad, o falso  raciocinio.   

El falso juicio de existencia ocurre cuando  el  juez  deja  de  apreciar  el  contenido  de  un  medio  de  prueba  legal  y  oportunamente  adosado  a la actuación (falso juicio  de  existencia  por  omisión),  o  hace precisiones  fácticas  extrañas  a  los  elementos  de prueba obrantes, o que atribuye a un  elemento  de  persuasión  que en verdad no reposa en el expediente (falso   juicio   de   existencia   por   suposición).   

Por  su  parte,  en  el  falso  juicio  de  identidad  el  juzgador,  al  aprehender  el  contenido de un medio de prueba le  recorta     apartes     trascendentes    de    su    literalidad    (falso   juicio   de   identidad   por  cercenamiento),   adiciona   circunstancias   fácticas   ajenas   a   su  texto  (falso juicio de identidad por adición),  o  transforma  o  cambia  el sentido fidedigno de su expresión  material    (falso   juicio   de   identidad   por  tergiversación), dislates con los que le hace decir  a la prueba lo que en realidad no afirma.   

Para  acreditar  los citados vicios, en el  primer  evento,  es  preciso indicar el lugar del proceso en el que se encuentra  adjunto  el  medio  de  prueba omitido y su contenido, o destacar la concreción  fáctica  plasmada  en  el  fallo  y que carece de acreditación con las pruebas  allegadas,   o  cuya  demostración  se  atribuyó  a  una  prueba  ajena  a  la  actuación;  y  en  el  segundo,  basta con hacer un ejercicio de confrontación  veraz  e imparcial entre el texto o tenor del medio de prueba y la síntesis que  de  su  contenido  postuló  el  juzgador,  en  aras de evidenciar alguno de los  dislates  atrás singularizados (adición, supresión  o distorsión).   

En el falso raciocinio, a diferencia de los  dos  anteriores  errores  de  hecho,  además  de no discutir la legalidad de la  prueba,  es  forzoso  aceptar  que  está  adosada  al  proceso y que su texto o  contenido  fáctico fue extractado de manera fidedigna por el fallador, toda vez  que  el yerro recae en las deducciones hechas a partir de su literalidad, cuando  las  mismas  entrañan  desconocimiento  de  los  postulados de la sana crítica  (leyes  de  la  ciencia,  reglas  de  la  lógica, o  máximas de la experiencia).   

Por  consiguiente le corresponde al censor  en   tales  eventos  desarrollar  una  réplica  que  permita  apreciar  cuál  fue  la ley de la ciencia,  regla  lógica  o  máxima  de  la  experiencia  equivocadamente empleada por el  funcionario, y cuál es la que acertadamente corresponde utilizar.   

Trátese      de      errores  de  derecho  o  de  hecho,  es  obligación   insoslayable   para   el   demandante  ilustrar   cómo   el   respectivo  desacierto  fue  determinante   de  una  conclusión  jurídica  equivocada,  de  suerte  que  la  corrección  de  tales  desaguisados  y la nueva valoración de esas pruebas, en  conjunto,   de  manera  racional   y  objetiva,  lleva  a  una  solución  favorable  a  los  intereses de la parte que alega los  vicios.   

Además, so pena  de  violar el principio lógico de no contradicción,  el    actor   no   puede   proponer   en   un   mismo   cargo,  respecto  de  idéntico   medio   de  prueba,  simultánea  e  indistintamente     las     respectivas    especies    en    que    éstos  se  subdividen, y tiene  el  deber  de demoler todos los  fundamentos  probatorios  de  la sentencia de segunda  instancia  mediante  la  acreditación  de  errores  típicos  de  la  violación indirecta, pues si deja incólume alguno y éste es  suficiente  para respaldar  el  fallo, es claro que no  habrá  conseguido  quebrar  la  doble presunción de legalidad y acierto con la  que llega ungido tal pronunciamiento a la sede de casación.   

Un  desarrollo  argumental  semejante  al  requerido  en  cada  uno  de los dislates de apreciación probatoria por los que  puede  llegarse  a  acreditar  una  motivación  sofística  determinante  de la  violación  de  la  ley  sustancial  no  aparece consignado en las disertaciones  expuestas en la demanda.   

El  sesgo  y  falta  de  objetividad de la  recurrente  se  aprecia,  no solo en los calificativos con los que se refiere al  acusado,  sino  también  en  su  apreciación  del reconocimiento médico legal  practicado  a  la  menor  el  14 de mayo de 2004, al asegurar que en el mismo se  afirma   que   “se  evidenció  clínicamente  la  manipulación   en   los   genitales”,  cuando  lo  concluido  en  el  dictamen  por  el galeno es que a pesar de presentar la joven  “himen       anular       integro”  ello  “no excluye el hecho de la  manipulación  genital  correlacionada  con el relato de la paciente”.   

Además,  si  el  Tribunal  desestimó  la  declaración  de la mamá de la adolescente y de la empleada del servicio que le  comunicó  a  ésta  el  presunto  acto  impúdico porque ninguna de las dos fue  testigo  directo  de  ese suceso, la demandante estaba en el deber de acreditar,  por  ejemplo, cómo tal afirmación contrariaba la literalidad de esos medios de  prueba,  esto  es,  acudir  a  un  falso  juicio de identidad; y como el ad-quem  también  desestimó  la  versión  de  la  joven  al  advertir  incoherencias y  discrepancias  en  los  relatos  de aquélla frente a las diferentes autoridades  (a  los  agentes  de  Policía  y  a los galenos que  le   practicaron   los  exámenes  físico y psicológico), debió atacar esa  valoración,   bien   acreditando   que   las   referidas  discordancias  no  se  presentaban,  esto  es, nuevamente mediante un falso juicio de identidad, o bien  (nunca    en    forma    simultánea)  señalando  que  pese a la existencia de esas sinuosidades de la  narración,  la  mínima  credibilidad  otorgada  por  el  juez plural vulneraba  algún  concreto postulado de la sana crítica (regla  lógica,   ley   de   la   ciencia  o  máxima  de  la  experiencia).   

Sin  embargo,  en  lugar  de  evidenciar  objetivamente  esos  u  otros  vicios  concretos  de apreciación probatoria, la  crítica  de  la  recurrente  se  reduce  a  poner de  presente  su  interesado  criterio valorativo con la pretensión de hacerlo  prevalecer  frente al sentado  en  la  sentencia  de  segunda instancia,    fin   para   el   que   no   está   concebido   el   recurso  extraordinario      de     casación.   

11.    En   conclusión,   la  recurrente  no demostró, como lo exige la jurisprudencia en  eventos  como  el  presente,  la  configuración  objetiva de vicios   de   motivación   determinantes   de   nulidad   o        de        apreciación       probatoria       constitutivos   de   una  fundamentación  sofística,  falsa  o  aparente,  deviniendo  perentorio  el  rechazo  de  la  demanda,  sin  que sobre  reiterar  que  la  casación, en cualquiera de sus modalidades, es en esencia un  juicio  lógico  jurídico,  de  delicada  argumentación y crítica vinculante,  emitido  acerca  de  la  legalidad  de  la sentencia, y no puede entenderse como  instancia  adicional,  ni  como potestad ilimitada para revisar el proceso en su  totalidad,  en  sus  diversos  aspectos  fácticos  y normativos, sino como fase  extraordinaria, limitada y excepcional.   

Los principios de sustentación suficiente,  limitación,  crítica  vinculante,  autonomía  de las causales, coherencia, no  exclusión  y no contradicción, ha sido dicho por la Corporación, en cualquier  régimen    gobiernan    la    casación.   Los   dos   primeros   (sustentación       suficiente      y      limitación),  derivan  del carácter dispositivo del recurso, e implican que  la  demanda debe bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del fallo,  y  que  la  Corte  no  puede  entrar  a  suplir  sus  vacíos, ni a corregir sus  deficiencias.   

El de crítica vinculante, presupone que la  alegación  debe  fundarse  en las causales previstas taxativamente por la misma  normatividad,  y  que  se somete a determinados requisitos de forma y contenido,  dependiendo  de  la  causal  invocada.  Y  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión   y  no  contradicción,  implican  que  el  discurso  debe  mantener  identidad  temática,  y  ajustarse  a  los  requerimientos  básicos de lógica  general y lógica jurídica.   

La  inobservancia  de  esos requerimientos  impide  la  demostración  clara  y  contundente  de  cualquiera  de  los yerros  previstos  por  el legislador como motivo enervante del fallo, y veda a la Corte  el  estudio  de  los fundamentos fácticos o jurídicos de la decisión atacada,  pues  en  atención  al  principio  de limitación, y dado el carácter rogado y  dispositivo  de  la  casación,  las  deficiencias  del  libelo  no  pueden  ser  enmendadas,  ni  asignarse otro sentido a la expresa pretensión del demandante,  la  cual  debe  tener un objeto preciso, claro, definido y coherente, regido por  causales  específicas  señaladas por la ley, con cargos que han de adecuarse a  éstas,  los  cuales  se  resuelven  en una nueva sentencia, diversa en objeto y  contenido de la proferida por los falladores de instancia.   

Por  lo  tanto,  cuando  en  la demanda de  casación,  que  no  es  de  libre  factura,  se  desatienden los requerimientos  argumentativos  y de trascendencia orientados a derruir las disposiciones   de   la  sentencia   atacada,  o  cuando  se  yerra  en  señalar  de  manera  lógica  y  concluyente  el  objeto  de  lo  censurado, la  consecuencia  procesal  inmediata  no  puede ser otra que su inadmisión, por la  manifiesta  ausencia  de  requisitos para una adecuada fundamentación, al tenor  de lo normado en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Lo  anterior no impide a la Corte precisar  que  no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o del fallo impugnado,  vulneración   de  los  derechos  fundamentales  inherentes  a  la parte que  representa  la  aquí  demandante, como para que sea  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad  legal  oficiosa  que  le asiste para  conjurar         algún        atentado        de        esa        naturaleza.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO   ADMITIR  la  demanda de casación presentada por la  abogada  de  la  Parte  Civil,  de  acuerdo con las razones plasmadas en el presente proveído.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO E. MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cuaderno # 1, folios 1-13.   

2  Ídem, folios 33-37, 54-60, 64-68, 77-79 y 108-121.   

3  Ídem, folios 134, 146-153 y 160.   

4  Ídem,  folios  171, 179-181, 218-234, 260-261, 266-270 y 281-294. Cuaderno # 2,  folios 1-22.   

5  Cuaderno # 2, folios 46-59 y 74-100.   

6 Cfr.  Sentencia de 31 de marzo de 2004, radicación 17738.   

7 Cfr.  Sentencias  de  28  de septiembre y 9 de noviembre de 2006, 7 de febrero y 18 de  julio  de 2007, radicaciones 22041, 23495, 23331 y 26255, respectivamente, entre  otras.   

8 Cfr.  Sentencia de 31 de marzo de 2004, radicación 17738.     

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