39237(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 376.   

Bogotá  D.C.,  octubre diez (10) de dos mil  doce (2012).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  del   libelo   de   casación   presentado   por  el  defensor  de  ANDRÉS  ANTONIO  CUESTA  BOGOTÁ, con el  objeto  de  sustentar  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el  9  de  abril  de la anualidad en curso, a través de la cual confirmó la de  primer  grado  dictada  el  24  de  enero  anterior  por el Juzgado Quinto Penal  Municipal  con  Funciones  de Conocimiento del mismo lugar, que lo condenó como  coautor          del          delito         de         hurto         calificado  agravado.             

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  hechos  que  motivaron  el  presente  diligenciamiento,   fueron   declarados   por   el  Tribunal,  de  la  siguiente  manera:   

“La investigación tuvo su génesis en la  denuncia  presentada por el señor Arbey Alexander Bonilla Muñoz, en calidad de  gerente  de  la  empresa  Oxiredes Ltda, informando que el 20 de junio del 2011,  cuando  el ingeniero residente de obra, Diego Ochoa, abrió el conteiner ubicado  en  el  Hospital  Militar Central, donde realizaban trabajos de instalaciones de  redes  de  gases  medicinales  del  centro  quirúrgico,  para  iniciar labores,  encontró  que los elementos allí depositados, tres días antes (el 17 de Junio  del  2011),  correspondientes  a  tubos  de  cobres  TK  de diferentes pulgadas,  almacenados  para  realizar  las instalaciones de las redes, una caja de cartón  de  gases  y varios tomas de pared vacíos, objetos de propiedad de Oxígenos de  Colombia,  valorados  en  $61.800.000.oo,  habían  desaparecido  sin  huella de  violencia,  por  cuanto  los contenedores estaban cerrados con candado, como los  habían dejado.   

Enterado  de lo ocurrido se entrevistó con  el  soldado  profesional  Alirio  Castillo, vigilante del lugar, quien le indica  que  tres  sujetos  vistiendo  uniformes  de  la empresa habían ingresado en el  camión  de  placas FTH-525 y con una autorización presuntamente firmada por el  ingeniero  residente  (falsificada)  y  se  llevaron la tubería, herramientas y  accesorios,  existentes en el contenedor. Al ponerle de presente al soldado tres  fotografías  de ex empleados de la empresa, reconoció a ANDRÉS ANTONIO CUESTA  BOGOTÁ, quien hasta hacía  dos  meses,  había  laborado  con  la  compañía  y había tenido acceso a las  llaves  de  los  contenedores,  por cuanto el ingeniero se las entregaba para su  uso, por permanecer ocupado en diferentes labores”.   

Con fundamento en  los  anteriores  acontecimientos, el 9 de septiembre de 2011 se celebró ante el  Juzgado  33  Penal  Municipal  con  Función de Control de Garantías de Bogotá  audiencia  preliminar,  durante  la  cual  la  Fiscalía formuló imputación en  contra  de ANDRÉS ANTONIO CUESTA BOGOTÁ como  coautor  del  delito de hurto calificado agravado (arts. 239,  240-3    y    4-   y   241-2   y   10   del   C.P.1),  al  cual  se  allanó tras  solicitar  un  receso. En la misma audiencia concentrada el despacho judicial se  abstuvo  de  imponer,  en  contra  del  implicado,  la  medida  de aseguramiento  solicitada por el ente acusador.   

Por   razón   de   la   admisión   de  responsabilidad,   el   Juzgado   Quinto   Penal   Municipal  con  Funciones  de  Conocimiento  de  la  misma  capital  dispuso,  el 24 de enero     siguiente,   la   realización   de  “audiencia  de  aprobación  de aceptación de imputación y eventual individualización de pena  y  sentencia”,  en  cuyo  desarrollo  la  Fiscalía  retiró    de   la  imputación  la  circunstancia  calificante  del  hurto  consagrada    en    el    numeral    3°    del   artículo   240   ibídem.   

El juzgado en mención, luego de aprobar el  allanamiento,  dio  curso  al  trámite  contemplado  en  el  artículo  447 del  estatuto  procesal,  a cuyo término profirió fallo de primer grado mediante el  cual   condenó   a   CUESTA   BOGOTÁ  a  la  pena  principal  de  setenta  (70)  meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un período igual, al encontrarlo coautor penalmente responsable  del  punible  aceptado.  Así  mismo,  le negó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Impugnada esta decisión por la defensa del  procesado,  el  Tribunal Superior de Bogotá la confirmó el 9 de abril del año  en curso.   

Contra  esta última decisión, el defensor  de   CUESTA  BOGOTÁ,  de  manera  exclusiva, la recurrió extraordinariamente, mediante demanda sobre cuya  admisibilidad se pronuncia la Sala.   

LA  DEMANDA   

         El  defensor del procesado formula cuatro censuras contra el fallo,  todas  con  fundamento  en la causal de casación prevista en el numeral 1° del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  por  violación  directa  de la ley  sustancial.   

         Previo  a  plantear  los  cargos,  desde su misma presentación, el  actor  aduce  que  el  libelo  no  tiene  por fin la retractación de los hechos  “sino  en  hacer  efectivo  que  se  reconozca  la  prevalencia del derecho sustancial”.   

         Así,  en  el  capítulo  de  “interés  para  recurrir” recuerda cómo si bien su defendido  aceptó  los  cargos,  la  demanda  de casación “no  busca  la  retractación  de  los  hechos,  busca  demostrar  que  se  presentó  violación  a  garantías  fundamentales”,  para lo  cual,  según  la jurisprudencia de la Corte, cuenta con interés para impugnar,  como  así  se  señaló  en  la  sentencia  26587 de  2007   y   en   la   jurisprudencia   constitucional  desarrollada      en     la     sentencia     C-1195     de     2005.   

Precisamente    en    esta    última  determinación,  acota, se  indicó   que,   añade,  “la función del juez de  conocimiento  es  la  de  verificar  no  sólo  fácticamente  sino  jurídica y  legalmente  que  la  imputación  aceptada  está  conforme  a las disposiciones  legales  en  especial  que  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y lugar sean  congruentes  con  el  tipo  penal,  su calificante y/o agravantes”  y  que,  en  caso  contrario,  se  viola  el  debido  proceso por  desconocimiento  del  principio  de legalidad, deber establecido en el artículo  293   del  estatuto  procesal  penal,  modificado  ahora  por  la  Ley  1153  de  2011.        

         A  su  juicio, entonces, como esa es la situación verificada en el  asunto   sub   exámine,  habilita  su  postulación  en esta sede. Basado en ello, plantea los siguientes  cargos:   

          1.  Primer  cargo,  violación  directa por interpretación errónea  del artículo 293, modificado por la Ley 1453 de 2011:   

         Este  yerro  se  configuró,  según  el actor, porque el     Tribunal,     “sustentado   en   la   no  retractación  y  la enunciación de la no  vulneración  de garantías fundamentales, no hizo el  mínimo  esfuerzo  en  pronunciarse  en  relación  al fondo del asunto, incluso  sobre  la  no  violación  de  garantías  y  en especial a lo solicitado por la  defensa  en  relación  a la atipicidad de la conducta tanto del calificado como  de      los      dos     agravantes”.   

         Con   ello,  dice,  se  desconoció  lo  señalado  en  la  aludida  sentencia  C-1195 de 2005, en cuanto a que cuando se trata de fallos anticipados  el  juez  de  conocimiento  está  obligado  a valorar la prueba en conjunto, la  evidencia  física  y  la información legalmente obtenida para corroborar si se  reúnen los presupuestos para condenar.   

         Pero  el  Tribunal,  con el único argumento de que lo planteado en  la  apelación  configuraba  una  retractación,   omitió el anterior  deber  de  estudiar  el  recurso  y  analizar la decisión de primera instancia,  dejando  de  lado  la  improcedencia  en este caso de imputar la calificante del  hurto  y  las  dos  circunstancias  de agravación del mismo delito deducidas en  contra de su prohijado.   

         Sobre  el  particular,  afirma, “olvida  el  Tribunal  que el juzgado de primera instancia a los argumentos de la defensa  de  la  atipicidad  del  calificado  y  de los dos agravados, se pronunció y le  halló  parcialmente la razón a la defensa en el punto del hurto calificado por  el   uso   de  llave  falsa  o  sustraída,  el  cual  la  juez  consideró  que  efectivamente  no  estábamos  frente  a esa causal pero ella misma lo encuadró  para  condenar  por  el de seguridades electrónicas o  similares,  es  decir podía el juez de conocimiento revisar el asunto dejado a  su   consideración”,   punto  respecto  del  cual,  destaca,  también estuvo de acuerdo el Ministerio Público durante la audiencia  del  art.  447  al considerar que no se configuraba la agravante de la confianza  del  art.  241-2  del C.P. y más bien la que se concretaba era la del numeral 4  del mismo artículo.       

         Sin     embargo,     subraya    a    continuación,    “el            Tribunal,  no  se  pronunció  respecto  a  la adecuación típica del calificante y de los dos  agravantes.  Se  limitó  a  sostener  la no     retractación     en  casos  de  aceptación de cargos, olvidándose que esta defensa  solicita  es  la  readecuación  típica  dentro  de los aspectos fácticos, sin  negar   el   hurto  realizado,  pero  no  en  las  condiciones  que  indicó  el  juzgado”.      

         Es  que, insiste, los derechos fundamentales no se suspenden por el  sólo  hecho de la aceptación y no es cierto que únicamente pueda revisarse lo  atinente  a  los  aspectos  de la pena o a las medidas sustitutivas,  “como si los servidores públicos en  especial  jueces  y magistrados no tuvieran la obligación de hacer efectivo los  derechos   y   garantías  fundamentales,  ellos  son  primero  jueces  de  garantías,  por  cuanto  deben  verificar  el  ajuste  del  acto  de  aceptación  de  cargos  o en los casos de  acuerdos  con  la  FGN,  de  que  estos  no  sólo  sean  informados,  libres  y  voluntarios  sino  que  estén  estrechamente ligados entre los hechos y el tipo  penal  que  se  está  endilgando  y  se  espera  una condena. Si no fuera así,  entonces  para  qué  los  jueces  de  conocimiento  en  casos de allanamiento a  cargos?,  sería  suficiente  que  el  mismo  juez  tasara  la  pena, que sería  finalmente  lo  que  tendría  que  hacer un juez de conocimiento”.   

         Ello  también,  complementa,  en  consonancia con lo estipulado en  los  artículos  351.4  y  368,  inciso primero, del ordenamiento procesal, así  como  en  el  preámbulo  y  los          artículos         1°         y        2°   de   la   Carta   Política   que  elevan  a  la justicia, el  orden  justo  y  la dignidad  humana  como superiores baluartes axiológicos,   constituyéndose   en  los  instrumentos  por excelencia con  los  cuales  se puede hacer  efectivo  el  principio  constitucional  de  prevalencia  del derecho sustancial  establecido       en       el      artículo  228  ibídem.                

Por razón de lo expuesto, advierte que es  preciso  casar  el fallo y emitir fallo de fondo en relación con la pretensión  de   la   defensa  “bajo  la  óptica  de  aspectos  fácticos  vs.  Aspectos jurídicos – adecuación típica-”.             

          2.  Segundo  cargo,  violación directa por aplicación indebida del  artículo  240,  numeral  4,  de  la       Ley  599  de  2000:   

         Se   concreta,   a  juicio  del  actor,  porque  la  circunstancia  de calificación del hurto  prevista  en  la mencionada preceptiva “no  coincide  con  los  hechos  narrados  por la FGN”,    con    lo    cual    se    quebranta   el   principio    de    legalidad    .   

         En  tal  sentido,  recuerda  cómo  para  el  juzgador  de  primera  instancia   los   hechos  encuadran  en  la  aludida  causal porque   “haber  abierto  un  candado  que  daba  seguridad  a  un conteiner, era aplicable a ese  numeral     en     relación     a    ‘superando seguridades electrónicas u  otras             semejantes’…”.   

         Al  respecto,  comienza  por  señalar  que  su defenddio abrió el  container    donde   se  encontraban  los  elementos  sustraídos  de  manera  normal, esto es, abrió el  candado  que le daba seguridad, lo cual no se puede asimilar a la superación de  seguridades  electrónicas  a  que  hace  relación  dicha circustancia, como lo  concibió       el       a       quo.   

Además, porque esto último, añade, supone  la  existencia de “un delincuente especializado, con  mucho  conocimiento,  muy  bien  informado,  con  destreza  intelectual  dada la  necesidad  de  especialización  y  preparación  en  estas  materias, el uso de  medios   e  instrumentos  electrónicos  sofisticados,  todos  en  conjunto  sí  demuestran  la alta capacidad ofensiva de! infractor, de allí que esta clase de  conductas  se  sancionen con una tutela especial jurídico-penal, traduciendo un  aumento  del  rigor  de la sanción tal y como lo refiere ese articulado con esa  punibilidad”.     

         En  virtud  de lo expuesto, depreca casar  el    fallo    y    se   emita   una   sentencia   de   reemplazo   “por  ser  evidente  la atipicidad de!  calificante           imputado”.   

       3.  Tercer  cargo,  violación  directa por aplicación indebida del  artículo 241, numeral 2, de la Ley 599 de 2000:   

         Estima  que,  como  se  expuso en el reproche anterior, en éste al  igual   se   impuso   la   referida   circunstancia   de  agrvación  del  hurto  correspondiente  a  la  confiaznza depositada por el dueño o poseedor o tenedor  de  la cosa en el sujeto agente, a pesar de no coincidir con los hechos narrados  por la Fiscalía.   

Al  respecto,  afirma  que  los juzgadores estructuraron  esta   circunstancia   porque  el  sindicado  y  sus  acompañantes  utilizaron  overoles  y  cascos de la  empresa      para      generar      credibilidad  en el lugar y así lograr  el    apoderamiento   de   las   cosas,  haciendo  creer  que  laboraban         en            ella,  cuando  lo  cierto  es  que  la  confianza  debe partir de una relación interpersonal  depositada  por  el sujeto pasivo en el activo, en virtud de alguna función que  deba   desempeñar   o  que  esté desempeñando  al momento de los hechos.   

Así mismo, como  es    una   relación  inmediata  entre  el apoderamiento y su rol dentro o  con  la  cosa, no se puede  predicar   cuando   ya   no   existe   relación   laboral  o  personal  con  el  dueño, como sucedido con  su  defendido dada      su      condición  de  ex  trabajador,  pues la relación no se mantiene en  el  tiempo,  amén de que  no  persistía  vínculo  alguno      de     éste     con   los   dueños   de  la  empresa  afectada,  ni     de    índole    laboral   ni   personal,   ni   mucho  menos     familiar,  por    lo    que    carecía    de    influencia      o     acceso   a   tenerla,   verificándose  un   inexistente  vínculo jurídico entre el bien  mueble   (objeto   material)   y   el   sujeto   activo   al   momento   de  los  hechos.   

         En  consecuencia, estima, debe casarse la sentencia y, en su lugar,  “emitirse    una    de   reemplazo”.   

         4.  Cuarto  cargo,  violación  directa por aplicación indebida del  artículo 241, numeral 10, de la Ley 599 de 2000:   

         Como  ocurrió  con los anteriores, en esta censura advierte que se  aplicó  incorrectamente  la  circunstancia de agravación contenida en la norma  referida  toda vez que los hechos expuestos por la Fiscalía no encasillan en su  descripción,     violentándose    de    esa    manera    el    principio    de  legalidad.   

         Lo  anterior,  en  tanto  el  juzgador  de  primer  grado señaló,  aplicando  reglas  de  la experiencia, que en la conducta intervinieron al menos  tres  personas,  pues  no  es concebible que una sola lo haya cometido, amén de  que  el  procesado  contrató  a  dos  personas  como  concuctor y ayudante para  transportar    los    elementos;     sin   embargo,   acota,   “la   Fiscalía  de  la  URI,  en  su  audiencia  de  imputación  manifestó  que  según entrevistas e información legalmente obtenida de dichas  dos  personas  -conductor  y ayudante volqueta- no sabían que hacían parte del  hurto  de material de construcción de redes”.    

         Acto  seguido,  precisa  que  de  conformidad  con  la agravante en  cuestión  es  indispensable  que entre las personas intervinientes en el delito  medie  acuerdo  de voluntades e, incluso, una reunión para definir los detalles  del  delito;  no  obstante “la defensa no encuentra  por  ningún  lado  que  la  Fiscalía  o  el  juzgado  de conocimiento hubieran  enunciado  un medio de prueba para confirmar que existió el acuerdo. Brilla por  su   ausencia   tal   exigencia   legal  y  obviamente  no  se  va  a  presentar  porque jamás     existió    acuerdo,   jamás  hubo   reunión  para  cometer  el  hurto,  así  lo  determinó     la     Fiscalía     durante     la    indagación”.     

       

         Lo  cierto,  por  tanto, es que al existir, para dicho funcionario,  múltiples  dudas  sobre la participación de más personas en el punible, no se  puede  endilgar  de forma negativa a su prohijado para imputarle la circustancia  de   agravación   en   comento,  menos  aún  cuando  no  se  distingue  si  su  participación  fue  a título de autores, cómplices o encubridores y cuando no  está   demostrado,   como   ya   lo  indicó,  la  forma  de  realización  del  ilícito.   

         Conforme   a   lo  dicho,  solicita  casar  el  fallo  “dado  que  no existe medio de prueba que infiera juiciosamente y  más  allá  de  toda  duda  razonable  que  existió  pluralidad  de  actores o  coautoría               en              los              hechos”.         

         En      un      acápite     final,     denominado     “otras   consideraciones”,   explaya  sobre  la  necesidad en este asunto de dictar sentencia de mérito para unificar  la  jurisprudencia,  pues  algunos funcionarios “han  considerado  que  la  aceptación  de  cargos  conlleva la renuncia total de los  derechos  de  las  partes y en particlar del imputado condenado”, a  pesar  de  que tanto esta Sala como la Corte Constitucional, tal  como   atrás  lo  referenció,  se  han  pronunciado,  por  lo  que  “debe  reiterarse dicha jurisprudencia indicando los límites o  requisitos  de  movilidad  y  alcances  de  la  misma,  en especial porque dicho  artículo  fue  adicionado  con un parágrafo por la ley 1453 de 2011 y en cuyos  motivos   para   esta   adición   los   congresistas  tuvieron  en  cuenta  los  pronunciamientos de las altas cortes”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Según criterio reiterado de esta Sala, para  que  la  demanda de casación sea admitida, acorde con las preceptivas previstas  en  la  Ley  906  de  2004,  resulta  imperativo el cumplimiento de una serie de  presupuestos  orientados  a  que  contenga una exposición lógica y debidamente  argumentada,  como  así  se  desprende,  en  primer  lugar, de lo normado en el  inciso segundo del artículo 184, según el cual:   

“(N)o   será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la causal, no  desarrolla   los   cargos   de   sustentación…”  (subraya fuera de texto).   

Igualmente, y en segundo orden,  de  lo  advertido  en  el  artículo  183  del  mismo estatuto,  modificado  por  el  98  de  la  Ley  1395  de 2010,  conforme  al  cual  el recurso extraordinario  de  casación  se interpondrá mediante demanda   “que  de    manera    precisa    y   concisa  señale  las causales invocadas y sus fundamentos” (subraya fuera de texto).   

A  los  criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  aúna  la  necesidad  de  proferir el fallo con el objeto de  cumplir    alguno   de   los   fines   del   recurso,   a  los  cuales     refiere     la  última  parte del segundo inciso del mencionado artículo 184  de  la  misma  codificación, al señalar que también se inadmitirá la demanda  “cuando de su contexto  se  advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades      del      recurso”.   

Es  decir  que  con  la  Ley  906 adquieren  significativa  importancia  los  fines  del recurso, hasta el punto de que en el  inciso  siguiente de la misma preceptiva, se establece que la Corte “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica del recurso  también  ha llevado a exigir que, para su admisión, de la demanda debe aflorar  la  necesidad  del pronunciamiento de fondo para satisfacer alguno de sus fines,  no  otros  que  los  previstos  en  el  artículo  180  del  estatuto  procesal.   

Con  ese marco conceptual lo primero que se  debe  reseñar  es  que  el  libelista.  aunque pareciera ostentar interés para  recurrir,  en  tanto  la  demanda se dirige contra un fallo obtenido mediante el  sistema  de  allanamiento  y alude que propende por la protección de garantías  fundamentales  de su defendido, siendo ese uno de los eventos en que, de acuerdo  con  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación  se legitima al procesado o a su  defensor  para interponer el recurso extraordinario de casación cuando se trata  de  sentencias  anticipadas,  lo  cierto es que ello no se verifica en realidad,  por  cuanto  en  ninguna  de  las  censuras propuestas  desarrolla   una   argumentación   afín   con  tal  prédica.   

Así, en el primer  cargo  aduce  que  se presentó la  vulneración  porque  el  Tribunal  no  se pronunció sobre algunas temáticas planteadas para  sustentar  el  recurso  de  apelación,  ocupándose exclusivamente del problema  punitivo  denunciado  y  de  la procedencia de la prisión domiciliaria, bajo el  prurito  de que constituían una clara retractación frente a lo aceptado por el  procesado  durante  la  audiencia  de  formulación  de  imputación,  pero  sin  percatarse   de  que  estaban  relacionadas  con  la  violación  de  garantías  fundamentales,  correspondiendo  a  los  mismos  tópicos  desarrollados  en los  cargos  subsiguientes  de  este libelo, esto es, a que probatoriamente no están  demostradas  las  circunstancia de calificación y las de agravación del delito  imputado a su patrocinado.   

Empero,  la  decisión  del  ad  quem  resulta  correcta toda vez que  tales  materias, en la forma como fueron planteadas para sustentar la apelación  y,  vale  decir,  como  lo  hace ahora para postularlas en sede de casación, no  redundan   en   vulneración   alguna  del  principio  de  legalidad,  garantía  fundamental  que  estima  conculcada, sino de su inconformidad subjetiva con los  argumentos   expuestos   por   el  a  quo para sustentar su procedencia.   

La  propuesta  hubiera  tenido  eco  si  el  recurrente  al  sustentar  el  recurso  de  apelación, y ahora el de casación,  atendiendo  que  su  inconformidad  radica  en  el  ámbito  de  la apreciación  probatoria,   hubiera   demostrado  que  en  tal  ponderación  el  a  quo  incurrió en algún error, lo que  no  se  logra  en  sede  de  alzada  ni mucho menos en la extraordinaria, con la  simple  exposición  de  su  criterio  personal  acerca  de  cómo  debieron ser  valorados.     

Tal  situación  se  constata  en    la   totalidad   de   los   cargos   subsiguientes  contenidos en la demanda de casación, en donde el actor persigue  abiertamente   apartarse   de   la   valoración   probatoria  plasmada  por  el  sentenciador,  por  fuera  de  los  errores  con  la  potestad  de  demostrar la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo, en este caso, de acuerdo con su  postulación,  por  desconocimiento  del  principio  de legalidad en tanto no se  estructuraba  la  circunstancia de calificación y las de agravación del delito  de  hurto  atribuidas  a  CUESTA  BOGOTÁ,  mas  no  a  través de la causal de violación directa de la ley  sustancial  invocada, sino por la vía indirecta contenida en el numeral tercero  del artículo 181 del estatuto procesal.   

Dicha  causal, por cierto, se deriva de los  denominados  errores  de  hecho y de derecho. Los primeros se originan en falsos  juicios  de  existencia, falsos juicios de identidad y falsos raciocinios;   los  segundos,  por  su  parte, en falsos juicios de legalidad y de convicción.  Sobre   su   esencia   y   forma  de  ataque  es  preciso  tener  en  cuenta  lo  siguiente:   

–  El  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que efectúa  el  juzgador  no obstante haber sido allegado al proceso en forma legal, regular  y  oportuna  (ignorancia  u omisión) o porque el juzgador lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  que se controvierte y en favor del interés que se representa -lo  cual  comporta la necesidad de demostrar que el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

–  El falso juicio de identidad se verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de la prueba  para  hacerla  decir  lo  que  ella  no  expresa  materialmente.  También se ha  expuesto  que  en  esa modalidad de desacierto en la apreciación de las pruebas  igualmente  incurre el juzgador cuando toma una parte de la prueba como si fuera  el  todo,  en tanto ello constituye una forma de distorsión pues, en su proceso  de  valoración se le suprimen apartes trascendentes, omitiendo de esa manera su  apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde  esa  perspectiva,  resulta necesario  para  quien  propone  esta clase de error, ante todo, individualizar o concretar  la  prueba  sobre  la  cual recae el supuesto yerro; luego, evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su sentido.  Acto seguido, se debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  debe  mutarse  a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

– La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

–  El  error de derecho por falso juicio de  legalidad  tiene  ocurrencia por doble vía.  La primera, también conocida  como  aspecto  positivo,  se verifica cuando a un medio de prueba se le confiere  validez  jurídica  tras  suponer  que  satisface  las  exigencias  formales  de  producción  sin  que  en  realidad  las  satisfaga  y,  la  segunda,  o aspecto  negativo,  se  configura  ante  la  situación  contraria,  esto  es,  porque se  considera que no las reúne, cumpliéndolas.   

En   ambos   casos  se  exige  del  actor  individualizar  la  prueba sobre la cual recae el vicio, especificar cuál es la  formalidad  legal  omitida,  por  lo  que  es  necesario  referir a la norma que  contiene  la formalidad y señalar su trascendencia en relación con el fallo o,  dicho  de  otro  modo,  que  al marginarla y confrontarla con las demás pruebas  cuya  validez  no  se  encuentra  comprometida,  en  caso  de  que  existan, las  conclusiones  y  el  sentido  de  la  sentencia  sufren  modificación de manera  favorable  para  el  interesado.  Si lo decidido no varía, la invalidación del  medio  de  prueba  carece  de  trascendencia  para  casar  el  fallo; pero si la  invalidación  de  la  referida prueba ilegal conduce a una providencia diversa,  el  yerro  se  torna  trascendente e impone casar el fallo y así proferir en su  reemplazo  la  decisión  que se ajuste a la nueva valoración probatoria.   No  escapa  a  su  demostración,  como  es  innato  a  todos  estos  yerros, la  obligación  de corroborar que con el defecto de apreciación se vulnera una ley  sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

– El error de derecho por falso juicio de  convicción,  se  produce  al  momento en que se valora una prueba haciendo caso  omiso del predeterminado crédito que la ley le ha otorgado.   

Con  el fin de demostrar adecuadamente este  yerro,  el  casacionista  debe identificar el medio de prueba que en su criterio  fue  apreciado  contrariamente  al  valor  otorgado  por  la  ley;   luego,  precisar  el  o  los  preceptos  legales  en  virtud  de los cuales se asigna un  específico  valor  probatorio al medio de prueba;  después, determinar la  trascendencia  que  tuvo  la  incorrecta  apreciación del medio de prueba en la  decisión  impugnada  y  en  favor  del interés representado, lo cual comporta,  como  ya  se ha precisado en los supuestos anteriores, la necesidad de demostrar  que  el  fallo  atacado  no  se  mantiene  con  otros elementos de juicio y, por  último,  establecer  la  forma cómo se violó la ley sustancial con el defecto  de   apreciación,   bien   por   falta   de   aplicación   o  por  aplicación  indebida.   

Con fundamento en las anteriores pautas, sin  dificultad  se  arriba a la conclusión de que ninguna de las censuras objeto de  estudio  logra  evidenciar que la sentencia confutada esté incursa en alguno de  los  errores  de  apreciación probatoria invocados, ni en algún otro que tenga  cabida en esta sede extraordinaria.   

Ahora  bien,  al  haber  seleccionado  para  emprender  el  ataque  contra  el  fallo  impugnado,  en  los  reparos objeto de  estudio,  la causal de violación directa de la ley sustancial, inadvirtió que,  conforme  lo tiene dicho en forma pacífica la jurisprudencia de la Sala, estaba  obligado  a  respetar  los  fundamentos  fácticos y probatorios de la decisión  impugnada  para  así  concentrar  su  atención  exclusivamente  en el error de  juicio  que  sin  mediación  alguna  recae  sobre  la norma sustancial, pues si  pretende  ventilar  discusiones en derredor de la apreciación de la prueba o de  los  supuestos  fácticos,  para  ello  cuenta con la causal que por antonomasia  está  concebida  para  tal efecto, esto es, la referida violación indirecta de  la ley sustancial, de conformidad con los errores referidos.   

Ha  dicho la Sala que la violación directa  de  la  ley  sustancial  sólo  concierne  al  yerro  en  el  que  incurren  los  sentenciadores  cuando  a  partir  de  la  ponderación  de los hechos objeto de  juzgamiento  legal  y  oportunamente allegados a la actuación, dejan de aplicar  la  disposición  que  se  ocupa  de la situación en concreto, en cuanto yerran  acerca  de  su existencia (falta de aplicación o exclusión evidente), realizan  una  equívoca  adecuación de los hechos probados a los supuestos que contempla  el  precepto (aplicación indebida), o le atribuyen a la norma un sentido que no  tiene   o   le   asignan   efectos   diversos   o   contrarios  a  su  contenido  (interpretación errónea).   

Por  tanto,  cualquiera sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto, todo lo cual exige, como punto de partida, la aceptación de  la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias e inmodificable dentro del  proceso que, según ya se dijo previamente, no respeta el censor.   

En   efecto,   contrariando  la  anterior  exigencia,  el demandante construye su cuestionamiento contra el fallo impugnado  apartándose  de  la  valoración probatoria del juzgador. Desde esa perspectiva  es  claro que la vía adecuada para enderezar ese planteamiento era, subráyese,  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  en  la medida en que hubiera  demostrado  que  en  dicho  proceso  de  ponderación probatoria el sentenciador  incurrió  en  los  aludidos  errores de hecho por falsos juicios de existencia,  identidad  o  raciocinio  o  de  derecho  por  falsos  juicios  de  legalidad  o  convicción,  nada  lo  cual  desarrolla,  en detrimento de las posibilidades de  admisión de la censura.   

Al contrario, lo que se advierte es que en  el  fondo  la  propuesta se contrae a exponer su criterio personal en el sentido  de  que  no  ha  debido  atribuirse  la  calificante y las agravantes del delito  patrimonial a su defendido.   

Actitud  esta que, como mucho se ha dicho,  no  tiene  cabida  en  esta sede por no estar concebida como tercera instancia y  porque  tampoco logra desvirtuar la doble presunción de acierto y legalidad que  gobierna  al fallo, para lo cual es preciso demostrar yerros trascendentes en la  apreciación de las pruebas con incidencia en la ley sustancial.   

Adicionalmente,  como  ya se dijo, tampoco  compagina  con la vulneración de garantías, sino con el claro propósito, como  lo  advirtió  el  Tribunal en el fallo impugnado, de retractarse de lo aceptado  por  el  procesado  durante la audiencia de formulación de imputación de forma  voluntaria,  libre,  consciente y debidamente informada, para lo cual contó con  la  debida asistencia técnica, cuyo efecto es el de renunciar a controvertir su  responsabilidad   penal  por  los  cauces  normales  que  le  brinda  un  juicio  concentrado, oral y público.   

De lo expuesto en precedencia, surge como  conclusión   razonable  que  el  defensor  carece  de  interés  para  proponer  los   temas          aludidos,   en   tanto   implican  retractación de la responsabilidad  admitida  por su defendido en el allanamiento a los cargos, presupuesto procesal  que  se  torna  ineludible  para  admitir  el  libelo,  de  conformidad  con  lo  preceptuado    en   el   ya   citado   inciso   segundo   del   artículo   184   de   la   Ley   906  de  2004.      

       En    razón    de    las  falencias  advertidas,  se  impone  la  inadmisión  de la demanda allegada por el defensor  de ANDRÉS ANTONIO CUESTA  BOGOTÁ,  como así se declarará, sin que encuentre  la  Sala  la necesidad de dictar fallo de fondo superando los defectos indicados  o  casar  oficiosamente  la decisión impugnada para enmendar la vulneración de  garantías fundamentales.   

Resta  señalar  que tampoco el recurrente  persuade  a  la  Corte  de  que se precisa del fallo para cumplir algunas de las  finalidades  del recurso de casación, es decir, que la violación de derechos o  garantías  de  su  representado deba ser enmendada a través de una providencia  que  haga  efectivo  su  derecho  material,  sus garantías, repare los agravios  sufridos  o  unifique  la  jurisprudencia,  temática que, dicho sea de paso, ha  sido    abordada   prolijamente,   motivo   adicional   para   no   escoger   el  libelo.   

        Para   concluir,   es  necesario  señalar  que  no  se   observa  con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación violación de derechos o garantías del  procesado ANDRÉS ANTONIO  CUESTA  BOGOTÁ,  como  para  que  tal circunstancia  imponga      superar      los      defectos      del     libelo     y  decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3º del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

       Ahora  bien,  habida cuenta que contra  esta decisión procede el  mecanismo  de insistencia,  de  conformidad  con  lo  establecido en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  impera   precisar   que   como   dicha   legislación   no  regula  su  trámite,  habrán de seguirse las  reglas    fijadas    por    la   Sala   sobre   el  particular2.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

       INADMITIR  la  demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del procesado  ANDRÉS ANTONIO CUESTA BOGOTÁ, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

        De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de     2004,    es    facultad    del    demandante    elevar    petición    de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ     LEONIDAS    BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ               MUÑOZ       LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO     

JULIO             E.            SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1    A    partir   de   8’30’’  del  c.d.      contentivo      de      la     audiencia     correspondiente     (1er.  bloque).        

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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