39236(14-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 300  

Bogotá, D. C., catorce (14) de agosto de dos  mil doce (2012)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Jairo    Albero   López   Pachón   y   Weisneer  Alonso Peña Pachón,   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante  la  cual  modificó  parcialmente la  proferida  por  el Juzgado Dieciocho Penal Municipal de la misma ciudad, que los  condenó  como  coautores  de  la  conducta  punible  de  extorsión en grado de  tentativa.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“Ocurrió  entre  el 18 de mayo y el 22 de  junio  de 2011 en esta ciudad, cuando fue violentamente conminado el señor Luis  Guillermo  Rippe  Blanco  para que pagara una suma dineraria inicialmente tasada  en  cincuenta  millones  de  pesos  a  cambio de no causarle daño a él ni a su  familia.  Para  ese  efecto  fue contactado en el almacén EASY Centro Mayor por  quien  dijo  llamarse  Julián  Barreto  -a la postre identificado como Weisneer  Peña-,  conduciéndolo  hasta una camioneta en donde se hallaban otras personas  que  dijeron  pertenecer a la Oficina de Cobros de San Andresito de la 38. Allí  le  exhibieron  un  arma de fuego, le pusieron de presente unos títulos valores  firmados     en     blanco,    así    como  unas  fotografías  de  los  miembros  de  su  familia,  y  lo  amedrentaron   para   que   antes  del  30  de  mayo  cancelara  un  dinero  que  supuestamente  le  adeudaba al señor Henry Aguiño, quien los había contratado  para lograr dicho cometido.   

“Después de recibir numerosas llamadas en  los  días  subsiguientes  para  concretar  la  suma final y la forma de pago, e  igualmente  hacerle saber que estaba siendo vigilado, fue citado el señor Rippe  Blanco  para  una  entrega  que  debía  realizar a la una de la tarde del 22 de  junio  de 2011 en las instalaciones del Centro Comercial Centro Mayor, a la cual  asistió  previa  coordinación  con  funcionarios  del  GAULA  de  la  Policía  Nacional.  A las 13:15 horas se acercan al denunciante dos sujetos, uno de ellos  decía  llamarse  Julián  Barreto,  y  otro,  más  joven,  quienes luego de un  dialogo  salieron  del  establecimiento de comercio. Al cabo de un rato regresó  la  persona  que  resultó ser Jairo Alberto López, para recibir de la víctima  el  paquete  con  el dinero, guardarlo en su chaqueta y dirigirse hacia la calle  38  sur  con  carrera  34.  Entonces  la policía intervino y capturó a los dos  ciudadanos hoy acusados”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  el anterior acontecer, la Fiscalía  General  de  la  Nación  presentó  escrito  de  acusación contra Jairo  Albero  López Pachón y        Weisneer        Alonso       Peña       Pachón,  por el delito  de extorsión en grado de tentativa.    

2.  Celebradas  las  audiencias     de     acusación,  preparatoria  y  del  juicio  oral, el  Juzgado   Dieciocho  Penal  Municipal  con  función de  conocimiento          de         Bogotá,  el    20    diciembre    de    2011,   dictó      sentencia      de     primera     instancia,  mediante la  cual condenó a Jairo Albero  López  Pachón  y  Weisneer  Alonso  Peña Pachón  a  las  penas principales de 100 meses de prisión y multa de 600 salarios mínimos  legales  mensuales vigente y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la privativa de la  libertad,  como  coautores  de  la  conducta  punible  de extorsión en grado de  tentativa.   

   

3.  Apelado  el  fallo  por  el defensor, el  Tribunal  Superior  de Bogotá, el 13 de abril de 2012, lo modificó únicamente  en  cuanto  a la pena de multa estableciéndola en 400 salarios mínimos legales  mensuales para cada uno de los acusados.   

Contra  la anterior decisión, la defensa de  los procesados interpuso recurso de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El citado profesional del derecho, al amparo  de  las causales segunda y primera, según la sistemática reglada en la Ley 906  de 2004, en escrito confuso, presenta dos cargos, así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  la  cual  debe declararse “a   partir   de   la   audiencia  preliminar  concentrada  para  la  legalización   de   la   captura  de  mis  representados,  formulación  de  la  imputación  y  solicitud  de  imposición  de  la  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva por haberse pretermitido el trámite de la audiencia para  el  control  de  legalidad  de  la  incautación  de  los  elementos  materiales  probatorios  incautados  a  mis  defendidos durante el procedimiento policivo de  captura”.   

Acota  que  el  Fiscalía 269 Local realizó  “una  mixtura”  confusa  entre  la  solicitud  de  legalización  de la captura y la legalización de los  elementos  materiales  probatorios,  en la medida en que sobre estos últimos no  hizó  una  adecuada  precisión  con sujeción a los protocolos de la cadena de  custodia,    impidiendo    por    parte    de    la    defensa   “solicitar  o  no”  la exclusión de los  mismos.   

Reitera  que  la  juez  de primera instancia  impartió    legalidad    al   procedimiento   de   captura,   “ésta  sí razonada con suficiencia”, pero  no  lo hizo con los elementos materiales probatorios incautados, providencia que  fue   calificada  como  “precaria,  confusa  y  con  ausencia   de   motivación”,  afectando  de  manera  ostensible la validez de dicho acto procesal.   

Anota   que   la   juez   no  realizó  la  sustentación  debida   y que a ésta “no le es  posible  decidir  extra petita, siendo desde esta óptica que la defensa letrada  considera  que  no  se  hizo  la  legalización  de  unos  elementos  materiales  probatorios    y    evidencia   física   incautadas   que   en   la   audiencia  preparatoria   y  del  juicio  oral  fueron  utilizados  por  parte  de  la  Fiscalía  para  consolidar su teoría del caso y sus alegaciones…”.   

Aduce  que el Tribunal, al manifestar que la  Fiscalía  no  omitió  sustentar  la  legalización de los elementos materiales  probatorios    y    las   evidencias   físicas,   quebrantó   las   garantías  constitucionales,  “por cuanto no se le posibilito a  esta  parte  procesal decidirse en estrategia defensiva de cara a la omisión de  la fiscalía…”.   

Como normas vulneradas cita los artículos 29  de la Constitución Política, 23, 337 y 457 de la Ley 906 de 2004.   

Asevera    que    el    “arco    toral    de    esta   alegación   de   nulidad”   está  referida   a  la  acusación  contra  López     Pachón,     “para  quien jamás la fiscalía pudo sustentar  la atribución  de  un  comportamiento  reprochable  como  delictivo  en  forma clara, puntual y  expresa       y       circunstanciada       en       su       contra…”.   

Concluye  que  esta  circunstancia  omisiva  impidió   al  acusado  y  a  la  defensa  conocer  con  claridad  el  grado  de  participación   que  le  correspondía  asumir  y  de  este  modo  vulneró “el deber de estructura”.   

Segundo cargo  

Acusa  al  Tribunal  de   haber     transgredido,      de      manera    directa,   la   ley   

sustancial  “al  pretermitir  dar  aplicación  a la previsión normativa consagrada en el inciso  2° del artículo 30 del ordenamiento penal sustantivo”.   

Aduce  que  López  Pachón   “únicamente  intervino  en  la  relevancia  fáctica  acaecida,  para  recibir el paquete que  contenía   la   suma  dineraria  incautada  en  el  procedimiento  policivo  de  captura…”,      lo      cual     lo     haría  cómplice.   

Comenta    que     la    fiscalía  “no pudo determinar fáctica ni probatoriamente que  el   joven   Jairo  Alberto  López  Pachón  hubiese  intervenido  en  el  iter  criminis”,  solamente  el hecho de haber recibido el  paquete.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corporación  casar    el    fallo    impugnado   y,   consecuentemente,   proferir   uno   de  reemplazó.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación se concibe como un medio   

de control constitucional y legal que procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos adelantados  por delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido  que el censor no cumplió los anteriores presupuestos, en  tanto  no  demostró  la  existencia  de  los  vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

2.1  En  lo  relativo  a los presupuestos de  lógica  y debida fundamentación de la  nulidad,  la  Sala   ha     puntualizado     que     si     bien    la   acreditación de esta   

causal de casación es menos exigente que la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a partir de la cual se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  invalidez, demostrar que  procesalmente  no existe manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo  más   importante,  evidenciar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

2.2  Por  su  parte,  cuando  la  censura se  postula  por  la  vía  de  la  infracción  directa  de  la  ley sustancial, el  casacionista  está aceptando que los hechos y las pruebas plasmadas en el fallo  fueron  correctamente apreciadas, razón por la cual el debate se circunscribe a  la  aplicación  del derecho, sin que tengan cabida aspectos relacionados con la  credibilidad de los elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

De  esa manera, la labor de demostración de  la  trascendencia del vicio deberá estar sustentada en destacar que el juzgador  seleccionó  una  norma que no era la llamada a gobernar el asunto, omitió otra  que   sí   resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o,  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se  deriva del texto de la ley.   

3.   En  lo  que  atañe  al  primer  cargo que el libelista postula por  la  vía  de  la causal de nulidad por violación del debido proceso, se infiere  que  el mismo se quedó en el simple enunciado, en la medida en que no demuestra  que  efectivamente  a  la  defensa se le impidió que realizara un control a los  elementos  materiales  probatorios, en tanto el discurso argumentativo lo centra  en  criticar  que con relación a este tema, la decisión del juez de control de  garantías  fue “precaria, confusa y con ausencia de  motivación”,  es decir, la hipótesis así expuesta  resulta  contradictoria,  puesto  que  no  se  puede  colegir  la existencia del  aludido  vicio  y,  menos,  cómo  el  mismo  incidió en el resultado final del  trámite.   

La  incertidumbre  sobre ese aspecto se hace  mayor  cuando   acepta  que  el  Tribunal,  al resolver el punto que hoy se  cuestiona,  fue  claro  en  aseverar  que  la  fiscalía no omitió legalizar la  evidencia física en la audiencia preliminar.   

Ahora  bien, si la intención del censor era  que  se  excluyera  de  la actividad probatoria los citados elementos materiales  probatorios,  conforme  a  los  presupuestos de lógica y debida fundamentación  que  rige  la casación, competía construir el reproche bajo el epígrafe de la  causal  tercera  por  error de derecho por falso juicio de legalidad, por cuanto  constituye un yerro de derecho y no de actividad.   

Respecto  al  tema en discusión el Tribunal  anotó:   

“6.3.12.1.  ¿Se  debe  anular  lo actuado  desde   las  audiencias  preliminares,  por  no  haberse  expuesto  y  discutido  puntualmente  la  legalización  de  elementos  incautados, con sustentación de  cadena de custodia?   

“No  hay lugar conceder lo pedido, por las  siguientes  razones:  i)  Una  discusión  de  tal índole dice relación con la  legalidad  y  admisibilidad  de  los  medios probatorios y no con la validez del  proceso,  pues  sabido es que se trata de tópicos claramente diferenciados, sin  que  lo  primero  incida  en lo segundo, con la única excepción consistente en  que  la  ilicitud  de  las  pruebas  se  predique  por graves violaciones de los  derechos  humanos,  caso en el cual sí se anula el juicio, como lo ha enseñado  la  jurisprudencia.  ii)  Porque  el mismo defensor reconoce que la solicitud de  legalidad   al   procedimiento   de  captura  en  flagrancia  fue  razonada  con  suficiencia.  iii)  Si  algún cuestionamiento se hiciera en sede de valoración  probatoria  por  la  circunstancia  alegada, no de validez procesal —porque   como   se   dijo,  ésta  es  inconducente-,  habría  que  coincidir  en  que  el  fallo no se basó en tales  pruebas,  sino en las de contenido testimonial, fundamentalmente la víctima, el  gendarme  captor  e  inclusive uno de los acusados. iv) Se trató de un registro  incidental  a la captura, según los precisos términos del artículo 248 C.P.P.  y  como  tal no requería orden judicial previa, y) La ley expresamente consagra  cinco  actividades  investigativas  en las que corresponde al Juez de Control de  Garantías  verificar  la  legalidad  de  la  incautación y recolección de los  elementos  materiales probatorios y evidencia física, las cuales se contraen al  cumplimiento  de  las  órdenes  de registros, allanamientos, interceptación de  comunicaciones,  retención  de  correspondencia,  recuperación de información  dejada  al  navegar  por  Internet  u  otros medios similares, impartidas por la  Fiscalía  (Art.  154-1  y  237).  Ahora, la razón de que en tales eventos deba  recurrirse  al  Juez  de  Control  de  Garantías  es  precisamente  porque esos  hallazgos  derivan  de  diligencias que afectan derechos fundamentales y a dicho  funcionario  le  está  asignado  el  control formal y material de esos actos de  investigación,  valga  decir,  la  actividad  desplegada  por  la  Fiscalía en  ejercicio de su atribución de persecución penal.   

“6.3.1.2.2.  ¿Se  predica  nulidad  de la  audiencia de formulación de acusación?   

“1)  Previa  revisión de los registros de  audio  esta Sala encuentra que los cargos le fueron comunicados por la Fiscalía  a  los procesados desde las perspectivas fáctica y normativa en la audiencia de  imputación,  y  se  ratificaron  en  la acusación. Ahora bien, sobre el señor  Jairo  Alberto  López  Pachón  es  meridianamente  claro  que  se le atribuyó  participación  funcional  relevante en la ejecución del designio criminal pues  se  presentó  con  su hermano el día 22 de junio en el Centro Comercial Centro  Mayor,  abordó  a  la  víctima  y  recibió  de  ella el paquete con el dinero  producto de la extorsión.   

“Esta narración se corrobora a partir del  texto  del escrito de acusación y la lectura que del mismo hizo la Fiscalía en  la  audiencia  correspondiente,  en cuanto allí se identifica e individualiza a  ambos  coautores,  diferenciándolos entre sí al punto que refulge diáfano que  Jairo  Alberto  tiene  20 años, mientras que Weissner es casi diez años mayor.  Así  mismo  resulta  patente,  según explícita mención del pliego de cargos,  que  fueron  ellos dos, y solo ellos, quienes se presentaron en Centro Mayor y a  la  postre  fueron  capturados  en  virtud  del  operativo  policial  desplegado  después  de  recibir  el  objeto  material  ilícito. Teniendo esto discernido,  basta  recorrer  la  descripción  sobre lo acontecido y la actividad desplegada  por  cada  quien,  para  conocer  que  fue  el  joven de 20 años la persona que  regresó  para  hablar con don Luis Guillermo y recibirle el paquete que guardó  en una chaqueta, para seguidamente abandonar el lugar.   

“Se  aprecia allí la referencia personal,  temporal,  espacial  y  circunstanciada,  dentro  de  un contexto más amplio de  sucesos  precedentes  atribuibles al coprocesado Peña Pachón, que se compadece  con  las descripciones objetivas que inciden en el juicio de adecuación típica  enrostrado  y posibilitaba el ejercicio cabal del contradictorio por parte de la  defensa, como en efecto ocurrió.   

“ii)  En  relación  con  la  aclaración  demandada  por  la  defensa  sobre  el escrito de acusación en la audiencia que  regula  el  canon  339  C.P.P. , nótese que aquella enmienda no fue solicitada,  como  ahora  lo sugiere el apelante, porque el bloque defensivo no comprendiera,  y  requiriese  por  ende  ilustración  sobre  el  marco  fáctico en el cual se  circunscribía  y  puntualizaba  la actuación de cada uno de los acusados; sino  que  se  orientó  hacia  la razón por la cual en un momento procesal previo la  Fiscalía   había   optado   por  el  archivo  de  la  noticia  criminis,  pero  posteriormente  dispuso  su  reactivación.  De  suerte que no se trataba de una  aclaración  de  los  hechos  que  motivaban la acusación, sino de la petición  para  una  rendición  de  cuentas  a la gestión procedimental de la fiscalía;  situación  que  para nada interfiere con la comprensión fáctico-normativa del  cargo ni disminuía la posibilidad de defenderse frente a ello”.   

Como bien puede observarse, de las anteriores  consideraciones  del  juzgador  de  segundo  grado no se desprende yerro, alguno  pudiéndose   apreciar,   además,  que  los  interrogantes  del  censor  fueron  respondidos satisfactoriamente.    

Con    relación    al    segundo  cargo que el libelista enuncia por  la  vía  de la infracción directa de la  ley sustancial, la Sala advierte  que  éste  desconoció  los  supuestos lógicos de esta causal, toda vez que en  vez  de  enseñar  en qué consistió la falta de aplicación del inciso 2° del  artículo  30  del  Código Penal, como si esta impugnación fuera una instancia  más  del proceso, arremete contra las conclusiones del fallador, predicando que  el  acusado  López  Pachón  actuó en el ilícito a título de cómplice y no de autor.   

La argumentación del casacionista la centra  en  inferir  que  la  actividad  que  desplegó  el  acusado  fue  la de recoger  “el paquete”, situación  que  lo  lleva a colegir que éste actuó en la condición anteriormente citada,  pero  no  presenta  hipótesis  de  orden  jurídico  en  aras  de  demostrar la  equivocación del sentenciador frente a este punto.   

En  cuanto  al  grado  de  participación de  López  Pachón  el Tribunal  textualmente consignó:   

“…la actividad criminal no había cesado  y  por el contrario estaba en plena ejecución el iter criminis, al punto que no  solo  se  estaba apenas procurando su consumación, sino que, recuérdese que se  trataba  de un pago parcial al que debían suceder otros. Siendo ello así, como  en  efecto  lo es, la actividad del joven en comento no solo fue concomitante al  discurrir  de  la  acción  criminal,  sino también de relevancia, pues no solo  materializó  la  obtención  del  ilícito  beneficio  sino  que apuntaló a la  intimidación,  como  puede  verse  en  el  testimonio  de  la  víctima, que no  requiere otras glosas”.   

Así  las  cosas,  el actor desconoce que la  simple  discrepancia  de  criterios en torno a la credibilidad de las pruebas no  se  erige  en  un  motivo  para  acudir  a  la casación, en la medida en que el  juzgador  goza  de  libertad  para justipreciarlas, únicamente limitado por los  postulados  que  informan  la  sana  crítica,  evento  que  no  ocurre  en esta  censura.   

En tales condiciones, ninguno de los cargos,  postulados  contra  la  sentencia  de   segunda   instancia  ponen  de  relieve la existencia de algún yerro,  razón   

por  la  cual  deviene  la  inadmisión  del  libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del   fallo impugnado o dentro de la actuación se violaron  los  derechos  o  las  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo   para   decidir   de  fondo,   según  lo  dispone   el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir    la    demanda   de   casación   presentada   a   nombre   de   los  procesados   procede   el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta reconsidere lo decidido.   

También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Jairo  Albero  López Pachón y Weisneer Alonso Peña Pachón.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                           LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO        

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                                                                    JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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