36036(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36036  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 139   

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de abril de dos  mil doce (2012)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación de las demandas de casación presentadas  por  el  apoderado  de  las  víctimas  y el defensor del procesado Joann  Felipe  Riveros  Lozano,  contra el  fallo  del  25  de  noviembre  de  2010,  por  medio  del cual la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  modificó  la  sentencia  de  primer  grado que condenó al mencionado por el  delito  de  homicidio  agravado  y,  en  su  lugar,  lo hizo por el de homicidio  simple, con la correspondiente redosificación punitiva.   

H E C H O S  

El sentenciador de segundo grado los resumió  así:   

“De acuerdo a los elementos allegados, se  arriba  al  convencimiento  que el 11 de febrero de 2010, siendo aproximadamente  las  nueve  y  quince  minutos  de  la  noche (9:15 p.m.), cuando Carlos Andrés  Osorio  Martínez llegaba a su casa, se suscitó una discusión con Joann Felipe  Riveros  Lozano,  quien  lo lesionó en la cabeza e ingresó a su vivienda en el  conjunto       residencial       ‘Rincón  de  las  Violetas’,  localizado  en  la  calle  2  No.  31B-20,  Barrio  ‘Asunción’, de la nomenclatura de Bogotá. Ante  esta  situación,  el  joven  agredido vía celular clamó auxilio e informó lo  que  había  ocurrido  a  la  policía y a su madre Mariela Martínez de Osorio,  llegando  al  sitio  esta dama junto a su esposo Jaime Osorio Villegas y su otro  hijo  Diego  Alexander  Osorio  Martínez,  requiriendo  en  la portería que se  llamara  a  Riveros  Lozano,  intentado  acceder  al  edificio,  lo  que les fue  impedido por el celador, Yonelcito González Vargas.   

En   el   momento  en  que  llegaron  los  uniformados  y  ante  el  descuido  del  vigilante, que atendió la salida de un  automotor  de la unidad residencial, Mariela Martínez de Osorio y sus dos hijos  cruzaron  la  puerta  vehicular  para  acceder  al  conjunto,  sitio donde ya se  encontraba  Joann  Felipe  Riveros  Lozano,  tras el que arribó su padre Óscar  Daniel  Riveros,  dando  inicio  a  una  discusión  entre  estas personas,  dentro  de  la  cual se clamó la presencia de los policías, por lo que Riveros  Lozano, aduciendo tener sueño, procuró irse con su progenitor.   

Frente a la posición del requerido, Carlos  Andrés  Osorio Martínez sujetó a Óscar Daniel Riveros, lo que motivó que el  hijo  de éste, Joann Felipe Riveros Lozano, quien estaba aperado de un cuchillo  que  guardaba  escondido  bajo la manga derecha de su saco, apuñaleara en siete  oportunidades   al  joven.   Una  de  tales  heridas  penetró  la  región  precordial   a   nivel   del   tercer   espacio   intercostal  de  la  víctima,  comprometiendo  tejido  celular  subcutáneo,  músculo  pectoral mayor, lóbulo  superior  del  pulmón  izquierdo;  produciendo  laceración  en el tronco de la  arteria   pulmonar   y   en   la   aurícula  izquierda;  hemotórax  izquierdo,  hemopericardio;     la    que    en    forma    fulminante    le    causó    la  muerte.”         

    

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  A  solicitud del Fiscal 322 Seccional de  Bogotá,  el Juez 53 Penal Municipal con Función de Control de Garantías de la  misma  ciudad, en audiencia preliminar concentrada celebrada el 12 de febrero de  2010,  legalizó  la  captura  en  flagrancia  de Joann  Felipe   Riveros  Lozano,  le  imputó  el  delito  de  homicidio  agravado  (artículos 103 y 104-4 del Código Penal), cargo que aquel  no  aceptó,  al tiempo que, a instancias de la fiscalía, lo afectó con medida  de aseguramiento de detención preventiva intramural.   

El   escrito  de  acusación   fue  presentado  el  13  de marzo de 2010; la audiencia de formulación  de acusación tuvo lugar el 7  de  mayo  siguiente  ante  el  Juez  3º  Penal  del  Circuito  con  Función de  Conocimiento  de  Bogotá; en ella, el Fiscal Seccional 43 acusó a Joann  Felipe  Riveros  Lozano  como autor  doloso  de  la  conducta  punible  de  homicidio agravado (artículos 103 y  104-4 del Código Penal).   

Cumplidas  las  audiencias del juicio oral y  anunciado  el sentido del fallo, el mencionado Juzgado, el 23 de agosto de 2010,  profirió  la  correspondiente  sentencia,  a  través  de  la  cual  condenó a  Joann Felipe Riveros Lozano a  la  pena  principal de 480 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por 20 años, como autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  agravado,  por  el cual fue  acusado.  Al condenado se le negó el subrogado de la suspensión condicional de  la   ejecución  de  la  pena  y  el  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria.   

Contra  el  fallo de primer grado, interpuso  recurso  de  apelación el defensor del procesado; así, en sentencia de segunda  instancia  del  25  de  noviembre  de  2010,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá  modificó  la  decisión  recurrida,  en  el  sentido de condenar a Joann  Felipe  Riveros  Lozano a la pena de  prisión  de  240  meses  por  el  delito  de homicidio simple, al tiempo que la  confirmó en todo lo demás.   

Inconformes con lo resuelto, el apoderado de  las   víctimas   y   el   defensor   del   sentenciado  formularon  el  recurso  extraordinario   de   casación   y   lo   sustentaron   oportunamente  con  las  correspondientes demandas.   

LAS DEMANDAS DE CASACIÓN  

El   apoderado   de   las   víctimas,  en  representación  de  Jaime  Osorio  Vargas,  Mariela Martínez de Osorio, Jaime,  Diego  y Sonia Patricia Osorio Martínez, presenta un cargo por violación a las  reglas  de  producción  y  apreciación de la prueba. Por su parte, el defensor  del  procesado  presenta  uno  de nulidad y, en capítulo separado, dos más por  violación  directa de la ley sustancial y falso juicio de existencia.  Sus  argumentos se resumen así:   

1.    Demanda  presentada por el representante de las víctimas    

Al  amparo  de la causal de casación de que  trata  el  artículo  181,  numeral  3,  de  la Ley 906 de 2004, el casacionista  denuncia  la  errónea  y  arbitraria apreciación de la prueba realizada por el  Tribunal,   ya   que   dicha  valoración  no  se  deriva  de  las  circunstancias del caso.   

Reprocha que el Tribunal hubiera desestimado  la  causal  de agravación del homicidio y, por lo tanto, modificado el monto de  la  pena,  toda  vez  que,  en su criterio, la prueba demuestra que el procesado  actuó por un motivo abyecto o fútil.   

Así,  aprecia  que de los testimonios de la  madre  y  del  hermano  de  la  víctima,  así  como  de  la  prueba documental  proveniente  de  la  firma  Comcel,  se  deduce  que  el hoy occiso se vio en la  necesidad   de  llamar  a  sus  familiares  y  a  la  policía  por  haber  sido  injustamente  agredido  por  Riveros Lozano,  quien  luego  huyó  a  refugiarse  en  su propio domicilio, como  también   que   no   existió   agresión  de  Osorio  Martínez  hacia  aquel.   

De  igual forma, dice que de la declaración  del  padre  del  sentenciado  y  del video de seguridad que captó los hechos se  infiere     que    Riveros    Lozano    tuvo  tiempo  de  armarse  de  un  cuchillo, el cual sorpresivamente  empleó  contra  la  víctima  en  siete  oportunidades,  lo  que, en su sentir,  demuestra   la   premeditación,   el   dolo   y   la  sevicia,  “por  lo que es fácil colegir que estamos frente a motivo abyecto o  fútil”,  además,  por  cuanto  el  victimario  fue  aprehendido  en  estado  de  flagrancia.  Por otra parte, asegura que de la  versión   del   vigilante  del  conjunto  residencial,  así  como  de  la  del  investigador,   quedó  demostrado  que  Joann  Felipe  Riveros    Lozano    huyó    del   lugar   de   los  hechos.   

El  censor  señala  que  al procesado se le  atribuyó  en  la  audiencia de imputación el delito de homicidio agravado, sin  que la defensa técnica apelara dicha determinación.   

Con apoyo en los razonamientos anteriores, el  casacionista  le  pide  a  la  Sala  “analizar  las  pruebas  legal y oportunamente allegadas al proceso para determinar si se cumple  con  los  requisitos  exigidos  por  la  legislación penal adjetiva para emitir  fallo  condenatorio por el delito de homicidio agravado y no por el de homicidio  simple”.   Así  mismo,  asegura  que  la  conducta  demostrada  es  la  de homicidio agravado y, por lo tanto, la sentencia se ha de  casar,  razón por la cual a Riveros Lozano  se  le  debe  imponer  una  pena  que responda a los principios de  necesidad, proporcionalidad y razonabilidad.   

2.   Demanda  presentada por la defensa del procesado   

Capítulo primero:  primer cargo   

Por vía de la causal segunda de casación de  que  trata  el  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004, y con el fin de que se  promueva  el  avance  de  la  jurisprudencia  sobre la viabilidad de conceder el  derecho  a  la rebaja de penas por aceptación de cargos, el libelista alega que  el   Tribunal  incurrió  en  violación  del  debido  proceso  y  principio  de  legalidad,   como   consecuencia  de  “degradar  la  acusación  típica  a  la  de  homicidio  simple, con llamada de atención al a  quo”.    Así   mismo,   censura   la   equivocada  calificación   jurídica   impartida   por  el  acusador  en  la  audiencia  de  imputación,  como  también  la  condena  por  el  delito de homicidio agravado  proferida  por  el  juez  de  conocimiento,  toda  vez  que dicha calificación,  asegura,   “se   sale   de   la   realidad  de  lo  acontecido”.   

En  sustento de su crítica, recuerda que el  ad  quem llamó la atención  del  juez  de  primer grado por no argumentar de manera suficiente lo relativo a  la      materialidad      del      ‘motivo        fútil’  de  la  agravación  imputada.   A  partir de lo anterior, el  casacionista  denuncia  que  el  acusador  y  el juez de la causa incurrieron en  violación  a  los  principios  de  legalidad  y  defensa,  pues al calificar el  primero  y  condenar  el  segundo, ambos de forma equivocada, por la conducta de  homicidio  agravado,  le  negaron  al  procesado  el  derecho que le asistía de  aceptar  los  cargos  por  homicidio  simple, lo que le hubiera representado una  rebaja punitiva relevante.   

Con apoyo en los anteriores razonamientos, el  impugnante  le  pide  a  la  Corte  que  case  la  sentencia y, en consecuencia,  disponga  la  nulidad  de  lo actuado para que se reponga la actuación desde la  audiencia de formulación de cargos.   

Capítulo segundo: cargo primero  

El  recurrente, al amparo de lo dispuesto en  la  “causal  primera, cuerpo segundo, de lo sentado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004”, denuncia  que  el  juzgador  incurrió en violación directa, por falta de aplicación, de  la  ley  sustancial,  como  consecuencia  de  no  haber  reconocido  a favor del  procesado  la  causal eximente de responsabilidad del artículo 32-6 del Código  Penal  “y/o  la  legítima  defensa  presunta, o la  diminuente  consagrada  en el artículo 57 del estatuto sustantivo penal, la ira  e intenso dolor”.   

Pide  que  se  analice  de  nuevo  el video,  “que     es    la    prueba    reina”,    con  fundamento  en  la cual el sentenciador le negó al acusado el reconocimiento de  la  causal  eximente  de  responsabilidad  consagrada  en  el artículo 32-6 del  Código  Penal, así como la legítima defensa presunta o el exceso de la misma.  Luego  de  asegurar que el video permite apreciar que la madre de Carlos Andrés  Osorio  Martínez,  debido  a  su  intención  de  persistir  en la riña y a su  actitud  permisiva  e  intransigente,  es  la  mayor  responsable  de su deceso,  señala  que  Riveros Lozano,  quien  se  hallaba en estado de embriaguez, no tenía intención de dar muerte a  la  víctima,  sino  que  reaccionó  para  proteger  a su padre, situación que  configura  una  legítima defensa privilegiada, la defensa de un derecho propio,  “o  bien  en  el  peor  de los eventos un exceso de  legítima defensa”.   

Alega,    además,    que   Joann  Felipe Riveros Lozano actuó incurso  en  estado  de  ira,  por  la intolerancia de la víctima y sus familiares, como  también  en  el  de  intenso  dolor, por razón de la agresión grave e injusta  dirigida contra él y su padre.   

Capítulo segundo: cargo segundo  

Con  apoyo en la causal tercera de casación  que  señala  el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, el impugnante alega la  existencia  de  un error de hecho manifiesto, en la modalidad de falso juicio de  existencia,  por  ignorar  el  juzgador  la  declaración  del perito sicólogo.   

A través de un discurso confuso, errático y  difícilmente    comprensible,    indica   que   dicho   yerro   “está  referido  a  lo  tangible  de  la prueba, ora respecto de su  existencia,  ora  respecto  de  la  objetividad de su expresión, es decir, como  último  argumento  a  la  casación ideada va encaminada a que se case para que  naturalmente  se  beneficie en ponderación y razonabilidad lo presupuesto en el  dictamen  del  perito científico sobre el porqué se desenvolvió de esa manera  el  condenado,  porque ese impulso ese intensidad que causó la muerte del joven  Carlos  Andrés,  puesto  que ello es acogido en la reseña de lo fáctico visto  en  el  video  y  por  los  testimonios  de  todo  y cada uno que previnieron la  trifulca” (sic).   

Así,  tras  exponer  algunas  generalidades  sobre  el  peritaje,  el  derecho  penal  de  acto,  los  elementos  objetivos y  subjetivos  del  injusto  y  el  valor  probatorio  del  silencio, el impugnante  pregona  que  es  ineludible  y  forzoso  tener  en cuenta las recomendaciones y  enseñanzas   del  sicólogo,  a  partir  de  las  cuales  se  puede  fundar  el  presupuesto  de la legítima defensa, así como la ira e intenso dolor, lo cual,  asegura, tiene respaldo en el video.   

Por último, el impugnante le pide a la Corte  que  supere  las  deficiencias  de  la demanda y acepte el recurso de casación.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  Corporación  anticipa  su  decisión de  inadmitir  las  demandas  de  casación  presentadas  por  el  apoderado  de  las  víctimas y el defensor del  procesado,  toda  vez que evidentemente no cumplen con los requisitos de lógica  y  debida  fundamentación  que  ha  desarrollado su jurisprudencia.  Así,  además  de  que  ninguno de los recurrentes acredita el interés que les asiste  para  acudir  a  esta  sede  extraordinaria,  sus  alegatos apenas configuran la  personal  apreciación  de  las  pruebas  de los respectivos apoderados, lo que,  como  reiteradamente  lo  ha  dicho  la  Sala,  carece  de  toda  idoneidad para  demostrar  un yerro evidente y trascendente en la apreciación del juzgador, que  llega  a  sede  de  casación  amparada  por  la  doble presunción de acierto y  legalidad.   

1.    Demanda  presentada   por   el   apoderado   de  las  víctimas   

1.1.  La  Colegiatura  encuentra  qué  el  recurrente  omite  toda  reflexión  encaminada  a  acreditar  qué  interés  y  beneficio  le  asiste  para  recurrir en casación, frente a la existencia de un  fallo  condenatorio  que  le  permitirá,  cuando  la  sentencia  cobre firmeza,  participar  en el correspondiente incidente de reparación integral.  Así,  aún  cuando  es  cierto  que  la  jurisprudencia de la Corte ha dicho que a las  víctimas  les  asiste  el derecho de recurrir en casación en protección a sus  intereses  de  verdad,  justicia  y  reparación,  lo cierto es que en este caso  particular,  el  censor  nada  dice al respecto, limita su discurso a mostrar su  desacuerdo  con  la  apreciación  probatoria  del  fallador y, como  ya se  indicó,   omite   explicar   qué  beneficio  le  traería  el  éxito  de  sus  pretensiones,  con  miras  a  su  participación  en el incidente ya mencionado.   

1.2. Por otra parte, el discurso central del  demandante,   orientado   a   criticar   que   el  ad  quem  hubiera desestimado la causal de agravación del  artículo  104-4  del  Código  Penal  (motivo abyecto o fútil), no precisa por  ninguna  parte  cuál,  en  concreto, es el yerro que configura la violación de  las  reglas  de  producción  o  apreciación  de  las  pruebas y, en cambio, se  contrae  a  criticar que la apreciación del Tribunal fue arbitraria y errónea,  y  a  asegurar  que  “es fácil colegir que estamos  frente a motivo abyecto o fútil”.   

Un  tal  razonamiento carece de toda aptitud  para  ser  admitido  a  esta  sede,  pues  comoquiera que la causal de casación  invocada  (artículo  181-3  de la Ley 906 de 2004) corresponde a la tradicional  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  al  impugnante le correspondía  enunciar  las  normas  sustanciales violadas, así como precisar si el yerro que  se  configura  es  de  hecho  o  de  derecho  e  indicar la modalidad de la vía  seleccionada,  esto  es, si se trata de falso juicio de existencia, falso juicio  de  identidad  o  falso raciocinio, en el primer caso, o bien de falso juicio de  legalidad  o  falso  juicio de convicción, en el segundo y, lo más importante,  su incidencia en el sentido de la sentencia.    

Nada  de  lo anterior precisa el censor, sin  que  a  la  Corte  le  corresponda, por la expresa prohibición que le impone el  principio  de  limitación,   entrar  a  corregir  los  yerros del libelo o  desentrañar  las  intenciones  de  su  autor.  En conclusión, el argumento que  sustenta     el     cargo     es    claramente    deficiente,    incompleto    e  intrascendente.   

2.   Demanda  presentada   por   el   defensor  del  procesado  Joann  Felipe  Riveros  Lozano   

2.1.  El demandante reclama la nulidad de lo  actuado  a  partir  de la audiencia de formulación de cargos, con el fin de que  se  corrija  la  calificación  jurídica  impartida a la conducta y para que su  asistido  tenga  la oportunidad de acogerse al cargo de homicidio simple, por el  que finalmente fue condenado.   

Pues bien, tampoco en este caso el impugnante  demuestra  el  interés  que le asiste para recurrir a esta sede extraordinaria,  pues  de  manera reiterada a lo largo del escrito de demanda exalta y pondera el  buen  juicio  del ad quem por  reconocer  la  tesis  defensiva  formulada  dentro  del  proceso,  cual  fue  la  calificación  de  la  conducta  como un homicidio simple y no agravado, como en  efecto así sentenció el Tribunal Superior de Bogotá.   

Por  manera  que carece de toda lógica que,  por  una  parte,  el  recurrente  manifieste su conformidad con la sentencia, en  cuanto  reconoció  su  argumento  defensivo  y,  por  la  otra,  censure  a  la  Corporación   de  instancia  porque  como  consecuencia  de  acoger  sus  tesis  defensivas  generó  una violación a las garantías fundamentales, en perjuicio  del  procesado.  Dicho de otra manera, el libelista reconoce que el éxito de su  gestión   condujo   a  la  violación  del  debido  proceso  de  su  defendido,  razonamiento    insostenible    para    fundar    un   cargo   de   nulidad   en  casación.   

En   todo   caso,   las   reflexiones  del  casacionista  carecen  de  trascendencia, pues lo cierto es que la irregularidad  pregonada  no  se  evidencia.  Lo  anterior  es  así, por cuanto al juzgador de  conocimiento  le está dado desestimar una causal de agravación, que fue objeto  de  imputación  y acusación, pero cuya materialidad, en últimas, no demostró  el  acusador.  De  esta manera, se beneficia al procesado con una condena por el  delito básico, con la consecuente disminución punitiva.   

Así  las  cosas,  oportunista, por decir lo  menos,  resulta  el  argumento del recurrente, quien pretende retrotraer todo lo  actuado     para,     con     una     visión     a  posteriori  de los resultados del proceso, implementar  una  estrategia  defensiva distinta, cuando, en todo caso, el fallo condenatorio  acogió sus pretensiones.   

2.2. Los dos cargos  restantes,   formulados  en  capítulo  separado  por  violación  directa de la ley  sustancial  y  falso  juicio de existencia,  respectivamente,  adolecen  de una indebida fundamentación, pues  ambos  omiten  formular a la Sala una clara petición acorde con lo argumentado,  al  igual  que  en su desarrollo se limitan a enfrentar la personal apreciación  probatoria  del  libelista  a  la del juzgador, sin demostrar en ella un dislate  evidente, idóneo para mutar el sentido de la decisión.   

2.2.1.  Sea  lo  primero  hacer  notar  lo  impreciso  del reproche formulado por el casacionista, pues no menciona cuál es  el  cuerpo  primero  de la causal primera de casación, sobre la cual edifica el  cargo.   

Por  otra  parte, se hace necesario recordar  que  la  jurisprudencia  de  la  Corporación  ha  señalado que la violación  directa de la ley sustancial se  relaciona  con  la equivocación en que incurre el juzgador de manera inmediata,  es  decir,  sin  mediar un yerro en la apreciación de la prueba, al realizar el  juicio  de  derecho,  es decir, al aplicar la normatividad que corresponde a los  hechos materia de juzgamiento.    

La  equivocación  aludida  se  manifiesta a  través  de  tres variaciones, así: la primera, denominada falta de aplicación  o  exclusión evidente, se presenta cuando no se aplica la norma que corresponde  porque  el  juez  yerra  acerca  de  su  existencia;  a  través  de la segunda,  denominada  aplicación indebida, el sentenciador efectúa una falsa adecuación  de  los  hechos  probados  a  los supuestos que contempla la disposición; en la  última,  conocida  como  interpretación  errónea  de  la ley, los procesos de  selección   y   adecuación  al  caso  en  cuestión  son  correctos  pero,  al  interpretar  el precepto, el juez le atribuye un sentido que no tiene, o bien le  asigna efectos distintos o contrarios a su contenido.   

Así  mismo,  el fundamento argumentativo de  esta  causal  le impide al censor discutir la valoración de la prueba realizada  por  el sentenciador o cuestionar la declaración de los hechos consignada en el  fallo,  pues toda su actividad debe estar dirigida exclusivamente a demostrar la  equivocación  en  que  incurrió  el  Tribunal  al  aplicar  o  al inaplicar la  normatividad  al  caso  concreto, así como el perjuicio irrogado por razón del  yerro.   

En el caso que ocupa la atención de la Sala,  surge  nítido  que,  muy  lejos  de  cumplir  con las exigencias reseñadas, el  razonamiento  del  recurrente  se concreta a su personal apreciación, según la  cual,   de   la  ‘prueba  reina’   (el  documento  videográfico)     se     aprecia     que    Riveros  Lozano   actuó   indiscriminadamente   en  legítima  defensa,  legítima defensa privilegiada, exceso en el ejercicio de la legítima  defensa, o bien bajo los estados de ira y de intenso dolor.   

Aparte lo desatinado de evocar el injurídico  concepto   de   ‘prueba  reina’  para describir el  fundamento   probatorio   de   la  decisión  impugnada,  y  de  lo  ilógico  y  contradictorio  que  resulta  alegar  simultáneamente la omisión de las normas  que  consagran la legítima defensa, su modalidad privilegiada y el exceso en su  ejercicio,  así  como  la atenuante de ira e intenso dolor, figuras todas ellas  excluyentes  entre  sí,  lo  cierto es que el casacionista se limita a reclamar  que  en  esta  sede  se  aprecie de mejor manera el video y, en consecuencia, se  comparta  su tesis defensiva, según la cual la madre de Osorio Martínez fue la  principal responsable de su deceso.   

2.2.2.  Similar es la situación del último  cargo,    orientado    como    falso    juicio    de  existencia,  el  cual  se  sustenta  sobre  argumentos  impertinentes,  confusos  y  erráticos,  de  los  cuales  apenas  se  alcanza a  comprender   que   el   casacionista  pretende  que  se  tengan  en  cuenta  las  ‘recomendaciones   y  enseñanzas’ del  perito  sicólogo,  a  partir de las cuales, en su criterio, se  puede fundar el presupuesto de la legítima defensa.   

El escaso argumento así presentado omite la  mención  de  la  norma sustancial violada, lo que configura desconocimiento del  principio  de  proposición  jurídica  completa,  al  tiempo  que carece de una  petición  concreta  que  la  Sala  pueda  atender.  Su  pobre  sustento  olvida  precisar,  además,  cuál  es  el  contenido  de  la  prueba, de qué manera su  omisión  incidió  en  la  decisión  impugnada y, lo más importante, pasa por  alto  que  el  vicio  alegado  no  existe,  pues  el  Tribunal sí consideró el  mencionado  medio  de  convicción, solamente que no le concedió el mérito que  en  esta  sede  reclama  el  impugnante.  Por  lo  tanto,  el sustento del cargo  desconoce los deberes de debida fundamentación y trascendencia.   

3.        En       conclusión,  por  carecer de una debida y  suficiente  argumentación,  la  Corte  inadmitirá las  demandas  de  casación,  sin que, por otra parte, del  estudio  de  las  diligencias encuentre motivo alguno que justifique superar los  defectos  del  libelo  para, de manera oficiosa, asegurar el cumplimiento de las  finalidades del recurso extraordinario.   

4.  Cuestión  adicional   

Toda      vez     que   contra     la   decisión    de    inadmitir   la   demanda    de   casación   procede   el   mecanismo    de    insistencia   según   lo   establece   el   artículo  186  de  la  Ley   906   de   2004,   es   necesario   precisar   que  como    dicha    legislación    no   regula   el   trámite   que  ha de regir ese instituto procesal, la jurisprudencia de la  Sala   ha   fijado   los   siguientes  lineamientos1:   

a)  La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el demandante, dentro de los cinco días  siguientes  a  la  notificación  del  auto  pro  medio  del cual la inadmite la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  promovido  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por   el  Procurador Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda, o bien ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público   ante   quien   se   formula  la  insistencia,  someter  el  asunto  a  consideración  de  la  Sala o no hacerlo, evento este último que se informará  al peticionario en un plazo de quince días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

PRIMERO:       INADMITIR   las  demandas  de  casación  presentadas por el apoderado de las  víctimas  y  el  defensor  del procesado Joann Felipe  Riveros Lozano.   

SEGUNDO:  De conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de  la  Ley 906 de 2004, contra la determinación adoptada en el numeral anterior es  viable la interposición del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

                                                                                         

                                                                                                                        IMPEDIDO   

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO             FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                                   MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                                                            LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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