38853(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 376  

Bogotá  D.C.,  octubre diez (10) de dos mil  doce (2012)   

VISTOS  

Emprende  la  Corte  la verificación de las  exigencias  de  censura  lógica  y  suficiente  acreditación  en  los  libelos  casacionales  presentados  por  los  defensores  de  los  acusados  ORLANDO  DE  JESÚS  GÓMEZ  BOTERO,  JOSÉ  LÁZARO  GÓMEZ MONTES  y MANUEL SALVADOR PULGARÍN  PARRA,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín el 8 de noviembre de 2011,  confirmatoria  de  la  dictada  el  3  de  febrero  de la misma anualidad por el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Bello, por cuyo medio los condenó, junto  con  otras  personas, como coautores del concurso de delitos de fraude procesal,  falso  testimonio  y  obtención  de documento público falso; el último de los  nombrados no fue condenado por el punible de fraude procesal.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio   fueron   resumidos   en   la   sentencia   de   segundo   grado,  así:   

“En el año 2004  y  con  el  propósito  de  obtener  la declaración judicial de pertenencia por  prescripción  extraordinaria  de un bien raíz con un área de 33.130,57 metros  cuadrados,    ubicado    en    la    Diagonal    51    No.    40    –  64 del Barrio Niquía del Municipio  de  Bello (Antioquia), se conformó toda una empresa criminal en la cual Orlando  de  Jesús  Gómez  Botero  aparece  comprando  a  quien dice llamarse Ramiro de  Jesús  Grisales  Bermúdez,  la  posesión  que  asegura ostentar sobre el bien  desde  el  7  de  enero  de  1978, con documento que autenticaron ante notario y  seguidamente  el  abogado  José  Lázaro  Gómez  Montes en representación del  nuevo  comprador,  presenta  en el mes de abril la correspondiente demanda civil  contra  la  Sociedad Niquía S.A., y terceros indeterminados, correspondiendo la  misma  al  Juzgado  Segundo Civil del Circuito de Bello Antioquia, donde una vez  admitida  y  previa manifestación juramentada del desconocimiento del domicilio  del  demandado, se designa curador ad litem y se pasa a la práctica de pruebas,  escuchándose  en  declaración al supuesto Ramiro de Jesús Grisales, así como  a  José  Gerardo  Madrigal  Marín  y  Antonio  José Castro Martínez, quienes  corroboraron los hechos de la demanda.   

“Obtenida  la  sentencia  judicial a favor de la parte demandante de fecha noviembre 5 de 2004,  quienes  afirman  ser  los  verdaderos titulares del dominio de la extensión de  terreno  conocen  lo sucedido y previa denuncia penal, se demuestra que quien se  hizo  pasar  por  Ramiro  de Jesús Grisales fue el señor Víctor Hugo Arboleda  Rendón,  el  que  confesó  haber sido contactado por Manuel Salvador Pulgarín  Parra  y  Orlando  de  Jesús  Gómez Botero para realizar dicha suplantación a  cambio  de  promesa  remuneratoria  y  en  unión  con  el abogado José Lázaro  Gómez,  le  instruyeron  sobre lo que tenía que hacer y decir ante el juez que  adelantaba el proceso ordinario”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La Fiscalía Seccional de Bogotá dispuso la  correspondiente  indagación preliminar y luego de practicar algunas diligencias  declaró  abierta  la  instrucción,  en desarrollo de la cual vinculó mediante  indagatoria,  entre  otros, a ORLANDO DE JESÚS GÓMEZ  BOTERO,  JOSÉ  LÁZARO  GÓMEZ  MONTES  y       MANUEL       SALVADOR       PULGARÍN      PARRA.   

Culminada  la  instrucción,  el mérito del  sumario  fue calificado el 10 de diciembre de 2007 con resolución de acusación  en  contra de los procesados GÓMEZ BOTERO    y    GÓMEZ   MONTES   como  presuntos  autores del concurso de delitos de fraude procesal,  obtención  de  documento  público  falso  y  falso  testimonio;  se  imputó a  PULGARÍN PARRA la comisión  de los dos últimos punibles mencionados.   

          La  defensa  impugnó  la  acusación, pero posteriormente desistió  del  recurso,  manifestación  admitida  mediante  proveído  del 10 de abril de  2008.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Bello, despacho que una vez realizada  la  audiencia  pública  profirió  fallo el 3 de febrero de 2011, a través del  cual  condenó  a ORLANDO DE JESÚS GÓMEZ  a la pena principal de ocho (8) años de prisión, inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por siete (7) años y multa  por  quinientos  (500)  salarios  mínimos legales, como coautor del concurso de  delitos por el cual fue acusado.   

En     la    misma    decisión    fue  condenado   JOSÉ   LÁZARO   GÓMEZ   a  la  pena  principal  de  siete  (7)  años  y  tres  (3) meses de  prisión,  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  seis  (6)  años  y seis (6) meses, y multa por trescientos cincuenta (350)  salarios  mínimos  legales,  como coautor del concurso de punibles imputados en  la acusación.   

A  su  vez, MANUEL  SALVADOR  PULGARÍN  fue condenado a la pena principal  de  seis  (6)  años  de  prisión  y  a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como coautor de  los delitos por los cuales se le acusó.   

          En  la  citada  decisión  les  fue negada a los procesados tanto la  condena  de ejecución condicional, como la prisión domiciliaria sustitutiva de  la intramural.   

Impugnada la sentencia por los defensores de  los  referidos  ciudadanos, el Tribunal de Medellín la confirmó mediante fallo  del  8  de  noviembre  de  2011,  contra  el cual los defensores de ORLANDO  DE  JESÚS  GÓMEZ  BOTERO,  JOSÉ  LÁZARO  GÓMEZ MONTES  y MANUEL SALVADOR PULGARÍN  PARRA  interpusieron  recurso de casación y allegaron  oportunamente los respectivos libelos.   

LAS DEMANDAS  

Con  la  finalidad  de  sortear repeticiones  innecesarias,  por razones de método se procederá a sintetizar cada uno de los  planteamientos  de  los  recurrentes,  para  inmediatamente  verificar  si en su  postulación  y  desarrollo  cumplen  o  no las exigencias de lógica y adecuada  fundamentación requeridas para acceder a este recurso.   

Advertido lo expuesto, se tiene que de tiempo  atrás  ha  señalado  la  Colegiatura  que  en  el  estudio  de las demandas de  casación  le  corresponde  establecer  que los impugnantes formulen sus reparos  con  apego a los requisitos de lógica y pertinente argumentación definidos por  el  legislador  y desarrollados por la jurisprudencia, a fin de que este recurso  extraordinario   no   se  convierta  en  una  tercera  instancia.  Tales  exigencias  se orientan a conseguir  que  los  libelos  se  desenvuelvan  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la postulación y desarrollo de los cargos propuestos, de manera  que  resulten  inteligibles en cuanto precisos y claros, dado que no corresponde  a  la  Sala  en  su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el  sentido   de   confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  recurrentes en casación.   

Puntualiza  la  Sala  que  por  tratarse del  delito  de  fraude procesal, el cual tiene de conformidad con el artículo 11 de  la  Ley  890  de  2004 una pena superior a ocho (8) años de prisión, es viable  acceder  a  esta  impugnación por el sendero común1.   

Una  vez  precisado  lo anterior, procede la  Corporación  a  resumir los reproches y pronunciarse sobre ellos en punto de su  admisibilidad, como sigue.   

1.             Demanda   a   nombre   del   procesado  ORLANDO DE JESÚS GÓMEZ BOTERO   

1.1.          Primer cargo: Nulidad por violación del  derecho de defensa   

Considera  el  impugnante  que  el fallo fue  proferido  en  una  actuación  viciada  de  nulidad,  pues  en la diligencia de  indagatoria   únicamente   le  fue  imputado  el  delito  de  fraude  procesal.  Posteriormente,  mediante  despacho  comisorio  del  29  de  mayo  de  2007,  se  solicitó  a  la  Fiscalía  de Medellín ampliar la indagatoria de ORLANDO  DE  JESÚS GÓMEZ a fin de que le  fueran  imputados  los delitos de obtención de documento público falso y falso  testimonio.   

Destaca  que  el  28  de  junio  de  2007 el  procesado  manifestó por escrito a la Fiscalía que no había acudido a ampliar  indagatoria,  y  que  se acogía al derecho constitucional de guardar silencio y  no  autoincriminarse,  pese  a  lo cual el 3 de julio siguiente el ente acusador  dio  cumplimiento  al  despacho  comisorio en el sentido de ampliar la injurada,  oportunidad  en  la  que  ORLANDO  GÓMEZ  dejó  expresa  constancia  en  cuanto  se  refiere  a que deseaba  guardar   silencio,   motivo   por   el   cual   se   dio   por   terminada   la  diligencia.   

          Advera  que  en  tal  caso, correspondía a la Fiscalía señalar al  procesado   las   razones  de  la  ampliación  de  indagatoria,  así  como  la  imputación  jurídica  provisional de los delitos que aparecían en el despacho  comisorio.   

Puntualiza  que sólo hasta la acusación se  tuvo  conocimiento  de  todos los hechos y de los delitos imputados, de modo que  fue  vulnerado  el  derecho  de  defensa  de  su  procurado,  en  cuanto no tuvo  conocimiento  desde  el  momento  de  su  vinculación  acerca de la imputación  jurídica  de  aquellos.  En  apoyo  de  su  exposición  cita  fragmentos de la  sentencia del 27 de agosto de 1992, proferida por esta Sala.   

          Precisa  que  en  la  acusación se dijo que el procesado se negó a  ampliar  su  indagatoria y por ello se le tuvo como legalmente vinculado por los  delitos  de  obtención  de  documento público falso y falso testimonio, aserto  que  no  es cierto, pues la diligencia sí se realizó, asunto diverso es que el  acusado  hubiera  invocado  su  derecho  a  guardar  silencio, y la Fiscalía no  hubiera procedido a imputarle los referidos punibles.   

De  lo  expuesto  colige  que  ORLANDO  GÓMEZ  fue  sorprendido  en  la  acusación  con  delitos y hechos que no fueron imputados en su injurada, de los  cuales  no  pudo defenderse en el sumario, y por los que se le condenó en   primera y segunda instancia.   

          También  dice  que  únicamente  fue  hasta  el  fallo  que se tuvo  conocimiento  del  proceder  que  dio lugar al delito de obtención de documento  público,  de modo que se le privó de trazar una adecuada estrategia defensiva,  “como  aquella referente a que la autenticación de  los  mencionados documentos no era necesaria para el fin propuesto, y que con la  misma  no se había causado un  daño adicional o una lesión efectiva a la  fe pública”.   

Estima  que  la Fiscalía omitió aplicar el  artículo  338  de  la Ley 600 de 2000 y por ello la acusación no puede cumplir  su  finalidad,  dado  que  no  contiene  todas las conductas y delitos objeto de  condena  en  el  curso  de  las  instancias, sin que tal irregularidad haya sido  convalidada por la defensa o el acusado.   

          Con  base  en  lo expuesto el censor solicita a la Corte declarar la  nulidad   de  la  actuación  a  partir  de  la  resolución  de  cierre  de  la  investigación,  inclusive,  respecto  de los delitos de obtención de documento  público   falso   y   falso  testimonio  a  fin  de  preservar  su  derecho  de  defensa.   

         Consideraciones de la Sala   

Tiene  dicho  la  Colegiatura que si bien la  acreditación    de    la    causal    tercera    de    casación   –   a  la  cual  acude  el  demandante  aduciendo  violación  del  derecho  de  defensa  de  su  asistido  –  suele  ser  menos  compleja  que  la  demostración  de  las  otras  causales,  en todo caso corresponde al impugnante  precisar   con  claridad  la  especie  de  irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y  las normas que estima conculcadas, con la indicación  de  los  motivos  de  su  quebranto.  También  es  de su resorte especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la  nulidad, demostrar que procesalmente no existe manera diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante, acreditar que la  anomalía  denunciada  tuvo incidencia perjudicial y decisiva en la declaración  de     justicia     contenida    en    el    fallo    impugnado    (principio  de  trascendencia),  pues este  recurso  extraordinario  no  puede  sustentarse  en  especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

Al  verificar  los argumentos del libelista,  sin   dificultad  se  establece  que  pese  a  denunciar  una  anomalía  en  la  indagatoria   de  ORLANDO  GÓMEZ  BOTERO,  específicamente  en  el  ámbito  de  la imputación, no atina a  señalar   de   qué   manera   se   lesionó   en  concreto  su  derecho  a  la  defensa.   

          Impera     señalar     que     en     virtud    del    principio   de   trascendencia   en   la  declaración   de   nulidades,   para  que  una  incorrección  pueda  llegar  a  tener   efectos  invalidantes  es  preciso  acreditar no únicamente que se  desconoció  un  específico  rito  o  una  determinada  liturgia,  sino  que la  formalidad  omitida  o  indebidamente  efectuada afectó la garantía del sujeto  procesal  que  la  alega,  o  las  bases  fundamentales  de la instrucción o el  juzgamiento.   

Así  las  cosas, si la defensa siempre tuvo  claro  que el despacho comisorio dispuesto para la ampliación de la indagatoria  tenía    por   objeto   adicionar   la   imputación   jurídica   –  con  base en los mismos hechos sobre  los   que   versó   la   injurada   –  por  la  comisión  de  los  delitos  de  obtención  de documento  público  falso y falso testimonio, es palmario que el demandante no señala, ni  la  Sala  advierte, en qué forma fue sorprendido el procesado en el curso de la  actuación,  máxime  si  a  tales  conductas  se  refirió  su  defensor en las  oportunidades  en  las  que  alegó,  circunstancia  de la cual se deduce que el  casacionista   no   demuestra   la  trascendencia  material  y  efectiva  de  su  queja.   

          Tampoco  el  recurrente tiene en cuenta pronunciamientos de la Corte  sobre al particular, como aquél en el cual se dijo:   

“La   Sala,  interpretando  los  artículos  338 y 442 de la Ley 600 de 2000, estableció que  si  bien  el  funcionario  judicial  está obligado a  poner  de  presente  al  indagado  la  calificación jurídica provisional de la  conducta,  ello  no  impide  su  variación  posterior  en virtud a su carácter  temporal.   

“Dicha condición  resulta  concordante  con  la  índole progresiva del  proceso   penal,  que  transita  por  los  grados  de  conocimiento  desde  la  ignorancia  a  la  posibilidad, probabilidad y certeza,  respecto  a  las  categorías  de  la  conducta punible y la responsabilidad del  sujeto  activo  de  la  acción  penal  para  dictar  medida  de  aseguramiento,  resolución de acusación y condenar.   

“Es racional que  la  valoración  jurídica  hecha  en  la  indagatoria  en  los  inicios  de  la  investigación  no  sea  obligatoria  para las decisiones futuras, pues el mejor  juicio  del  funcionario  judicial  o la prueba nueva pueden producir cambios en  ella,  por eso se insiste en la inmutabilidad solo de  la       imputación      fáctica”2   (subrayas  fuera de texto).   

          En sentido similar se ha expuesto:   

“Este carácter  temporal,  transitorio  o no definitivo de la calificación legal de la conducta  se  aviene  perfectamente  con  la  característica  de progresividad propia del  proceso  penal, la cual explica que a medida que se avanza en su recorrido puede  por  razón  de circunstancias probatorias o de mejor entendimiento acerca de lo  acontecido   ir   mudando  el  nombre  jurídico  de  los  hechos,  sin  traducir  ello  quebrantamiento alguno del derecho fundamental  al  debido  proceso  y  tampoco,  por tanto, la necesidad de volver a imputar la  conducta  en  ampliación  de indagatoria o de resolver nuevamente la situación  jurídica.  Eso  aclara, a la vez, que la imputación  jurídica  hecha  en  la  indagatoria  no  determina  la  de  la  resolución de  situación  jurídica,  ni  ésta  la  de la decisión calificatoria”3.   

          Las  razones  anteriores  son  suficientes  para  establecer  que el  reproche   carece   de  adecuada  fundamentación  y  por  ello,  se  impone  su  rechazo.   

          2.        Segundo  cargo (subsidiario): Nulidad por falta de consonancia entre  acusación y fallo   

Afirma  el  demandante  que  se  violó  el  principio  de  congruencia  entre la resolución acusatoria y la sentencia, pues  en  el  pliego  de  cargos  su asistido fue acusado como coautor del concurso de  delitos  de fraude procesal, falso testimonio y obtención de documento público  falso,  pero en el fallo de segundo grado dijo el Tribunal que por ser el delito  de  falso  testimonio  un  punible  de  propia  mano,  quienes  prepararon a los  testigos   tenían   la  condición  de  determinadores,  y  con  tal  grado  de  participación  procedió  a  confirmar  el  fallo  de  condena proferido contra  GÓMEZ BOTERO.   

Considera  que al condenar a su representado  como  determinador del delito de falso testimonio, mientras que fue acusado como  autor  del mismo comportamiento, se quebrantaron las formas propias del juicio y  fue  violado  su  derecho  al  debido  proceso,  amén de que se desbordaron los  límites de la resolución acusatoria.   

          Añade  que  la  referida  irregularidad  no  fue  coadyuvada por la  defensa  y  no  puede ser convalidada, de modo que se impone declarar la nulidad  de  la  actuación  a partir de la clausura de la etapa probatoria, a fin de dar  aplicación  al  artículo 404 de la Ley 600 de 2000, en el sentido de variar la  calificación  en punto del grado de participación respecto del delito de falso  testimonio.   

         Consideraciones de la Sala   

          Se  advierte  que  el tema propuesto por el defensor se encuentra de  tiempo  atrás  dilucidado  por la Colegiatura, pues se ha definido con criterio  de  autoridad  en  forma  pacífica  y  reiterada, que acusar a una persona como  autora  y  condenarla  como  determinadora,  o  viceversa, no comporta quebranto  alguno   del   principio  de  congruencia.   

          Sobre al particular se ha señalado:   

   

“Las variaciones  en  el  fallo referidas a la forma de participación de la modalidad deducida en  el  pliego acusatorio, en cuanto no comporten agravación punitiva, como     ocurre     con     los     grados     de     autoría    y  determinación,   no  configuran  desconocimiento  o  desarmonía  entre  las  dos  providencias,  siempre y cuando claro está, tales  modificaciones   respeten   el   marco  fáctico  de  la  acusación”4 (subrayas fuera de texto).   

          Conforme  a  lo  expuesto, se consigue establecer que la exposición  del  casacionista  no cuenta con la argumentación suficiente como para dar paso  a la admisión del reproche.   

          En  suma,  se  inadmite  el  libelo  presentado  por  el defensor de  ORLANDO   DE   JESÚS   GÓMEZ   BOTERO.   

2.             Demanda   a   nombre  de  JOSÉ LÁZARO GÓMEZ PUENTES   

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  recurrente  formula  un  solo  reproche  por  violación indirecta de la ley  sustancial,    derivada    de   errores   de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad.   

          1.        Afirma   el   actor  que  “el  Tribunal  incurrió  en  falso  juicio  de  identidad  al  inferir  la intervención en la  empresa  criminal   de  mi defendido sobre la base de la coincidencia,   

como se indicó en la primera instancia, de  algunas   fechas   con  su  aparición  en  escena;  concretamente  con  las  de  elaboración  de las promesas de compraventa de la posesión del supuesto Ramiro  Grisales  al  señor  Orlando Gómez, de donde se dedujo que aquél debió haber  asesorado  a  éste  en  tal  acto,  dejando  en  evidencia desde ese momento su  conocimiento de la empresa criminal”.   

          Advera  que en contra de dicha decisión se tiene que los documentos  fueron  elaborados  en  computadores  diferentes,  pese  a  que  fue en un mismo  aparato en el cual se realizaron ambas promesas de compraventa.   

          2.        De   otra   parte,   indica   que  el  ad  quem    dio    al    testimonio    de   Víctor  Hugo Arboleda un alcance del cual  carece,  “pone  en  boca  del  testigo cosas que no  afirmo  (sic)”  con  el  propósito  de acreditar la  vinculación   de  JOSÉ  LÁZARO  GÓMEZ  a  la  empresa  criminal,  pese  a  que  únicamente  le  dijo que  estuviera tranquilo al dar su declaración.   

Deplora  que  la  Fiscalía  no averiguó en  concreto  el conocimiento que tenía el abogado GÓMEZ  MONTES  acerca  de la organización delictiva, de modo  que le fue vulnerado su derecho a la presunción de inocencia.   

          3.        Considera  que  el  Tribunal  incurrió  en error de hecho por falso  raciocinio  pues  “no  se  toma  en cuenta, como un  verdadero  contraindicio  de  la  participación  de  mi prohijado en la empresa  criminal  a la que se lo vincula, la celebración del contrato de prestación de  servicios  con  el  señor  Orlando  Gómez  Botero.  La experiencia enseña, en  relación  con  los  acuerdos  criminales,  que  las personas tratan de no dejar  evidencias  que  pongan  al descubierto su ilícita intervención. Por lo mismo,  resultaría  de  la  mayor  ingenuidad  pactar  por  escrito  las resultas de un  negocio  de  esa  naturaleza.  Si  la  finalidad  de la intervención del doctor  Gómez  hubiese sido la de participar en una empresa criminal, todo hubiese sido  tratado,  como  se  estila en este tipo de empresas, de manera secreta. De ahí,  entonces,  que  la  celebración  de  este  contrato  pone  de presente, como la  pregonado  mi  representado,  que  su intervención en el cuestionado proceso se  enmarcó  dentro  de  lo  que  era propio a su ejercicio profesional”.   

          En  punto  de  la  trascendencia  de  los  errores  denunciados,  el  casacionista  manifiesta  que  de  haberse  presentado  tales  equívocos  en la  apreciación  de  las  pruebas,  el  sentido  del fallo respecto de JOSÉ  LÁZARO  GÓMEZ sería absolutorio,  pues  no podía acreditarse su participación en la empresa criminal urdida para  apropiarse  de  un inmueble, con mayor razón si “la  inclusión  del  nombre  del  señor Víctor Hugo Arboleda como testigo, con sus  propios  datos  de  identidad, en ambas demandas, no obstante ser en realidad la  persona  que  suplantaría  al  señor Ramiro de Jesús Grisales, no es más que  evidencia  de  la  confusión  que  tenía  el  profesional  del  derecho por la  manipulación  de  que  fue  objeto.  Sólo  una  persona  con  serios problemas  mentales  y  sin  la formación del doctor GÓMEZ MONTES, pensaría que la misma  persona  podría  prestar  testimonio dos veces con identidad distinta dentro de  un mismo proceso”   

          Estima  violadas  las  garantías  establecidas en el artículo 14-2  del  Pacto  de  Nueva York, 8-2 de la Convención de San José de Costa Rica, 29  de  la  Carta  Política y 7º de la Ley 600 de 2000, de manera que se aplicaron  indebidamente  los  artículos  31, 453, 442 y 288 de la Ley 599 de 2000 y falta  de aplicación del artículo 7º de la Ley 600 de 2000.   

          Apoyado  en  lo  expuesto,  el  defensor solicita a la Sala casar la  sentencia  impugnada,  para  en  su  lugar  dictar  fallo absolutorio a favor de  JOSÉ     LÁZARO     GÓMEZ    MONTES.   

          Consideraciones de la Sala   

Como  el  recurrente  invoca la presencia de  errores  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, conviene rememorar que tal  especie  de  yerro  tiene  lugar  cuando  los  falladores  al  ponderar el medio  probatorio   distorsionaron   su   contenido   cercenándolo,  adicionándolo  o  tergiversándolo,  motivo  por  el  cual corresponde al demandante identificar a  través  del  cotejo  objetivo  de  lo  dicho en el elemento de convicción y lo  asumido  en  el  fallo,  el  aparte  omitido o añadido a la prueba, los efectos  producidos  a partir de ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia de  la falencia en la parte resolutiva de la sentencia atacada.   

Sobre  la acreditación de dicho error se ha  puntualizado  que  no puede sustentarse con el simple planteamiento del criterio  subjetivo  del  recurrente acerca de la prueba cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación demostrar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustancial en el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustantiva de la sentencia atacada  con  la  corrección del error y la debida valoración de la prueba, en conjunto  con  las  demás, obligaciones no asumidas en forma alguna en este asunto por el  casacionista.   

          En  efecto,  constata  la Sala que el actor reprocha al ad     quem     por    “inferir   la   intervención   en   la   empresa   criminal  de  mi  defendido”    y    por   deducir   “que  aquél  debió haber asesorado a éste en tal acto”,  discurrir  ajeno  al  falso  juicio de identidad de naturaleza  esencialmente  objetivo-contemplativa,  y  propio  del  error de hecho por falso  raciocinio  de índole valorativa, falencia que obviamente le impide estructurar  en  debida  forma  la censura, dando lugar a un proceder ambiguo e impreciso que  se  desentiende  de lo exigido en el numeral 3º del artículo 212 de la Ley 600  de  2000,  al señalar que la demanda de casación debe contener “la  enunciación de la causal  y  la formulación del cargo, indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas  que  el  demandante  estima  infringidas”  (subrayas  fuera de texto).   

          Igualmente  observa  la  Corporación  que el recurrente se limita a  ofrecer  su  particular visión de las pruebas, sin adentrarse a señalar en que  consistió  la  adición,  cercenamiento o tergiversación de alguna prueba, con  efecto trascendente en la declaración de justicia cuestionada.   

          En  cuanto  atañe  a  la  valoración  del  testimonio Víctor  Hugo Arboleda el defensor tampoco  precisa  de  qué  manera  erraron  los falladores en su apreciación, y lo más  importante,  como  su  adecuada  ponderación,  desde luego, en conjunto con las  demás  pruebas  obrantes  en  la  actuación,  permiten  colegir que el abogado  JOSÉ   LÁZARO   GÓMEZ  desconocía  el  proceder ilegal de quienes intervinieron en el proceso civil en  procura    de    conseguir    la    declaración    de    propiedad   del   bien  inmueble.   

         Como  más  adelante  el  actor  denuncia la presencia de errores de  hecho  por  falso  raciocinio,  pertinente  resulta  señalar  que tal equívoco  acontece  cuando  las  pruebas son tenidas en cuenta, pero en su valoración los  funcionarios  quebrantan las reglas de la sana crítica, esto es, los principios  de  la lógica, las leyes de la ciencia y las máximas de la experiencia; en tal  caso,  es  deber  del  recurrente  expresar  qué  dice  concretamente  el medio  probatorio,  qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del yerro  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de acreditar que su enmienda da lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder que en este asunto no emprendió el demandante.   

          Adicionalmente  se encuentra que cuando el censor alude a las reglas  de  la  experiencia,  olvida  que  éstas  tienen  una entidad definida y que no  corresponden  a  simples  percepciones personales de quien demanda en casación.  Al     respecto     ha     dicho     la     Sala5:   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto   temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

“Así las cosas,  las   reglas   de   la   experiencia   corresponden  al  postulado  ‘siempre   o   casi  siempre  que  se  presenta   A,   entonces,   sucede   B’,   motivo   por   el   cual   permiten   efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los primeros, referidos a predecir el acontecer que sobrevendrá  a  la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección)  y  los segundos,  predicables  de  la  posibilidad de establecer a partir de la observación de un  suceso     final     su     causa     eficiente     (retrospección)”.   

          De  acuerdo  con  lo  anterior,  es  evidente  que  el  defensor  no  demuestra  en qué forma “La experiencia enseña, en  relación  con  los  acuerdos  criminales,  que  las personas tratan de no dejar  evidencias  que  pongan  al  descubierto  su  ilícita intervención”,  planteamiento  que  no  pasa de ser su particular percepción,  pero  no  acredita  la  generalidad  y  pretensiones  de  universalidad  de  tal  expresión,  como  para  que  tuviera  la  virtud  de ajustarse a las reglas que  gobiernan  la  postulación  y  desarrollo  de  reproches  por falso raciocinio,  máxime  si  tampoco  ofrece una valoración conjunta de las pruebas obrantes en  la actuación en punto de la responsabilidad de su asistido.   

Sobre el particular es oportuno destacar que  el  casacionista  nada  dice  acerca  de lo expuesto claramente por MANUEL    SALVADOR   PULGARÍN   en   su  indagatoria,  en  cuanto  señala  al  abogado  JOSÉ  LÁZARO  GÓMEZ  como  conocedor  del  proceder ilegal  promovido ante la jurisdicción civil.   

Finalmente  se  tiene  que  el recurrente no  explica  de  qué manera se produjo el quebranto de las normas internacionales y  nacionales  que  simplemente cita numéricamente, omisión que denota descuido y  desatención  en  su  pretensión  casacional  y  que,  unida  a  las anteriores  falencias impone la inadmisión de la demanda.   

3.             Demanda   a   nombre   del   procesado  MANUEL SALVADOR PULGARÍN PARRA   

          El   demandante   formula   dos  reproches,  los  cuales  postula  y  desarrolla en los siguientes términos:   

          3.1.                      Primer  cargo: Errores en la apreciación de las  pruebas.   

          Con  fundamento en el numeral 1º del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  el  impugnante  asevera que en la ampliación de indagatoria se imputó a  su  asistido  la  comisión del delito de obtención de documento público falso  “dado  que  con  lo  manifestado  por  usted  en el  juzgado  segundo  civil de Bello, se obtuvo una sentencia de posesión de predio  a  favor  de  ORLANDO  DE  JESÚS GÓMEZ y el de Falso Testimonio, en calidad de  autor,  como  quiera que ante dicho juzgado usted faltó a la verdad”.   

          No  obstante,  refiere que MANUEL SALVADOR  PULGARÍN  no  rindió  declaración  alguna  ante  el  Juzgado  Segundo  Civil  del Circuito de Bello, como si lo hicieron Ramiro  de  Jesús Grisales, Antonio José Castro Martínez, Sergio  León  Ramírez Zapata y José Gerardo Madrigal Marín,  expresamente  mencionados  en  la  sentencia  dictada  por  el  citado  despacho  judicial,  de modo que carece de soporte la imputación que le fuera formulada a  aquél en la diligencia de ampliación de indagatoria.   

          De  otra  aparte  afirma  que  el  proceder  de su patrocinado no se  adecua  al delito de obtención de documento público falso, pues además de que  no  declaró  en  el  proceso  civil, aún si lo hubiera hecho no podía cometer  dicho  punible,  motivo  por  el  cual  considera  que  también respecto de tal  conducta  se  presentó  equívoco en la imputación formulada cuando se amplió  la injurada el 14 de junio de 2007.    

          Estima  perjudicial  para  su  defendido  que  en  la ampliación de  indagatoria  se  le  señaló  como  coautor  de  los  delitos  de obtención de  documento  público  falso  y falso testimonio por haber declarado en el Juzgado  Civil  del  Circuito de Bello. Igual condición se mantuvo en la acusación y en  el  fallo de primer grado, pero en la sentencia del Tribunal se le condenó como  determinador,  sin  distinguir  en  que  una  cosa  es  declarar  en un despacho  judicial,  y  otra  muy  distinta es preparar testigos, proceder que lesionó el  derecho    a   la   defensa   de   MANUEL   SALVADOR  PULGARÍN.   

          Consideraciones de la Sala   

Como ya fue dilucidado al abordar un reproche  similar  planteado  por  el  defensor  de  ORLANDO DE  JESÚS  GÓMEZ  BOTERO, tiene sentado la jurisprudencia  de  la  Corte  que  no  se  viola el principio de congruencia entre acusación y  fallo  cuando,  como  en  este  caso, se acusa a un individuo como autor y se le  condena  como  determinador,  con mayor razón si en la indagatoria realizada el  29  de  noviembre  de  2006  se  le  imputó  la  comisión del delito de fraude  procesal     a     título     de    determinador6,  de modo que el reparo en tal  aspecto   resulta   argumentativamente   insuficiente  como  para  conseguir  su  admisión.   

          Además,  el censor no puntualiza cuál fue el daño concreto que en  punto  del  derecho a la defensa de su asistido se produjo, es decir, no explica  en  qué  forma  se  le  privó  de  una  adecuada  asistencia  e  intervención  defensiva,    o    cómo   el   sentido   del   fallo   sería   sustancialmente  diverso.   

          El reproche se inadmite.   

          3.2.                      Segundo cargo: Nulidad por violación del debido  proceso   

          Con  base en la causal tercera de casación reglada en la Ley 600 de  2000,  el  defensor  plantea  que  si  en  la indagatoria inicial rendida por su  asistido  le  fue  imputada  exclusivamente  la  comisión  del delito de fraude  procesal,  y  por ello expresó su interés en someterse a sentencia anticipada,  se  violó  su  derecho  al  debido  proceso cuando cuatro meses después le fue  imputada  la  comisión de los delitos de obtención de documento público falso  y   falso   testimonio,  sin  que  “se  le  permita  defenderse  de  esa  calificación inicial de los hechos que fueron la razón de  su  inicial acogimiento a una sentencia anticipada, lo que fue en desmedro de su  defensa”.   

          Añade   que   “basta   confrontar  la  ampliación  de  indagatoria  que  rindió  Víctor  Hugo  Arboleda  donde se le  imputan  los  cuatro  delitos,  con la ampliación de indagatoria que rindió el  señor  Manuel  Salvador  Pulgarín  Parra  el  14 de junio de 2007, donde se le  imputan    solo    dos    delitos,    para    concluir   que   al   (sic)  uno  se  le  dio la oportunidad de  volver  a  recapacitar  sobre  la nueva calificación que se hizo de los hechos,  para  ver  si se sometía o no a sentencia anticipada, mientras que mi defendido  no  tuvo  la  misma  oportunidad,  pues  dejando firme la petición de sentencia  anticipada  y su allanamiento a los cargos por fraude procesal que se le habían  hecho,  procede  a  imputar  dos  nuevos delitos, los de obtención de documento  público falso y falso testimonio”.   

          Precisa     el     defensor    que    respecto    de    Víctor  Hugo Arboleda Rendón se declaró  la  nulidad  del  acta de formulación de cargos para sentencia anticipada, dado  que  se  percató  de  la  presencia  de  un concurso de delitos y no de un solo  punible,   proceder   que   no   se   adoptó   con   relación  a  MANUEL   SALVADOR  PULGARÍN,  quien  fue  condenado de manera independiente por el delito de fraude procesal.   

          Insiste  en  que  si se hubiera precisado que los cargos consistían  en  tres  delitos,  su  procurado había estado en condiciones de analizar si le  convenía  someterse  a  sentencia  anticipada,  oportunidad  de  la  cual se le  privó.   

          A  partir de lo anterior, el censor reclama la nulidad de lo actuado  a partir del acta de formulación de cargos para fallo antelado.   

Consideraciones de la Sala  

          Sin  dificultad  observa la Corporación que el planteamiento carece  de  trascendencia,  en  cuanto  es  claro  que  si  era intención del procesado  someterse  a  sentencia  anticipada  no  únicamente  por  el  delito  de fraude  procesal,  sino  también  por  los punibles de obtención de documento público  falso  y  falso testimonio, nada impedía que procediera por separado a hacerlo,  pues  como le fue expresado en el curso de las instancias, en caso de dos fallos  antelados  las  penas  impuestas  deben  acumularse  jurídicamente,  sin que la  ruptura   de  la  unidad  procesal  en  tal  sentido  le  trajera  consecuencias  perjudiciales   o  más  gravosas  a  si  hubiera  mediado  una  sola  sentencia  anticipada por los tres delitos.   

          Como  ya  se  ha  destacado en esta decisión, si la pretensión del  casacionista  apunta  a  la  invalidación de lo actuado, no le basta señalar y  acreditar  la  ocurrencia  de  la incorrección, en cuanto es preciso probar que  afectó  en  forma  cierta  y  real, no supuesta ni especulativa, los derechos o  garantías  del  sujeto procesal que la alega, proceder omitido en el desarrollo  de esta censura y por ello, debe ser inadmitida.   

   

Como viene de verse, es claro que en evidente  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la que se encuentra  revestido  el  fallo,  los censores únicamente orientaron su esfuerzo a exponer  su  particular  ponderación  probatoria  o a denunciar incorrecciones, pero sin  detenerse  a  observar  las  reglas  propias  de  este  medio de impugnación de  naturaleza  extraordinaria, cuando no, a desentenderse de otros medios de prueba  que dan pábulo al fallo objeto de sus censuras.   

Las          citadas  falencias  imposibilitan  a  la  Sala   acometer   el   estudio   de  los  libelos, pues  si     éstos     no  corresponden     a  alegatos    de   libre  confección,    su    presentación    con    base   en   asertos   subjetivos  y  sin  atenerse a alguna de  las      reglas     lógicas     y     argumentativas     que     los  gobiernan, obliga a la Corporación a  inadmitir      las  demandas de acuerdo con lo  dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de 2000, pues en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional  la  Corte no se  encuentra  facultada  para  enmendar  los  equívocos  de   aquellas.   

         Para   culminar   es   necesario   señalar  que  no  se    observa    en    el    curso   del  diligenciamiento  o  en  el fallo objeto del recurso,  violación    de    derechos    o    garantías   de  los   acusados,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere  el legislador a la Corte en punto de asegurar  su protección.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR        las  demandas   de  casación  interpuestas     por  los  defensores        de        los          procesados  ORLANDO DE  JESÚS    GÓMEZ    BOTERO,    JOSÉ    LÁZARO   GÓMEZ   MONTES   y     MANUEL    SALVADOR    PULGARÍN  PARRA,  por  las razones expuestas en la parte motiva  de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                            LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                               JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  En  este  sentido providencias del 14 de marzo de 2012. Rad. 38004 y del 27 de junio  de 2012. Rad. 39048.   

2 Auto  del 8 de noviembre de 2011. Rad. 38482.   

3  Sentencia del 6 de mayo de 2009. Rad. 26930.   

4  Providencia  del  6  de julio de 2011. Rad. 36132. En sentido similar decisiones  del  15  de junio de 2000. Rad. 19866, 14 de septiembre de 2003. Rad. 20493 y 25  de abril de 2004. Rad. 12372, entre muchas otras.   

5  Sentencia del 28 de septiembre de 2006. Rad. 19888.   

6 Folio  44. c.o. No. 4.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *