38217(27-02-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 38217  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 57.  

Bogotá,  D.C., veintisiete de febrero de dos  mil doce.   

V I S T O S  

Con  el  fin  de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  los  artículos  205 y 212 de la Ley 600 de  2000,  examina la Corte las demandas de casación presentadas por los defensores  de  ANA  TERESA  GONZÁLEZ GARZÓN y SALVADOR BRICEÑO ALVARADO, en contra de la  sentencia  de  segundo  grado  proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá, el 12 de septiembre de 2011, mediante la cual  confirmó  la  emitida  por el Juzgado 39 Penal del Circuito de la misma ciudad,  el  27  de  julio  de  2010,  condenando  a  los  mencionados  procesados,  como  responsables  del  concurso  de conductas punibles constitutivas de fraude     procesal    y    estafa  tentada, a las penas principales de  58  meses de prisión y el equivalente a 210 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  de  multa,  y  a  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación para el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo lapso.   

H E C H O S  

En  anterior  oportunidad  procesal quedaron  consignados de la siguiente forma:   

“A  efecto  de cumplir con el pago de una  deuda  contraída  con el señor Juan de la Rosa Rojas Durán, por la compra que  de  un  vehículo  automotor (buseta Expor-Van, modelo 1992, de placas SUC-044),  que  se  realizara  entre Ana Teresa González Garzón y José Ángel Salamanca,  la  señora  González  Garzón y su esposo Salvador Briceño Alvarado solicitan  al  señor  José  Edgar  Carol  Tobaría  Becerra,  un préstamo por la suma de  diecisiete   millones  de  pesos  ($17’000.000.oo)  m/cte.,  para  cuyo  efecto se constituyó un gravamen  hipotecario  de primer grado sobre el inmueble (apartamento) ubicado en la Calle  55  N°  78-73,  de  la  Unidad  Residencial  Zona  F.  Lote  once  (11)  de  la  urbanización  Santa  Cecilia  de  ésta ciudad, mediante escritura pública N°  174,  de fecha 28 de enero de 2000, protocolizada en la Notaría 54 del Círculo  de  Bogotá,  inmueble  sobre el cual pesaba, desde el 1° de agosto de 1982, el  gravamen  denominado  patrimonio  de familia, constituido por el señor Salvador  Briceño  Alvarado  a  favor  de  sus  hijos y de su futura esposa, si contraía  matrimonio.   

Dentro  de  la misma escritura pública N°  174,  que  se  constituyó  el gravamen hipotecario a favor de José Edgar Carol  Tobaría  Becerra,  el  señor Salvador Briceño Alvarado, procede a cancelar el  gravamen  de  patrimonio  de  familia, para lo cual manifestó ser soltero y que  sus  hijos  Teotiste Norely y Ramón Salvador Briceño González ya eran mayores  de  edad,  ocultando  haber contraído matrimonio, desde el 28 de abril de 1994,  con la señora Ana Teresa González Garzón.   

Ante  el  incumplimiento  en  el pago de la  obligación  hipotecaria, el señor José Edgar Carol Tobaría Becerra, instaura  acción  civil  ante el Juzgado 47 Civil Municipal de esta ciudad, el cual dicta  sentencia  favorable,  rematando  y  adjudicando  el  bien  inmueble al acreedor  hipotecario,  librando  despacho  comisorio  para llevar a cabo la diligencia de  entrega  del  inmueble al nuevo propietario, la cual se suspendió por petición  de  los esposos BRICEÑO GONZÁLEZ, puesto que solicitaron otorgamiento de plazo  para la entrega.   

Encontrándose   el   proceso   ejecutivo  pendiente  para  llevar  a  cabo  dicha entrega, la señora ANA TERESA GONZÁLEZ  GARZÓN  instaura  demanda  ante el Juzgado Segundo de Familia de esta ciudad, a  fin  de anular la cancelación del patrimonio de familia que realizara su esposo  SALVADOR  BRICEÑO  ALVARADO, arguyendo que desconocía tal situación; esto es,  que  su  esposo había cancelado dicho gravamen sin su autorización, proceso en  el  cual  se dicta sentencia el día 29 de agosto de 2005, declarando la nulidad  de  la  escritura  pública N° 174 de fecha 28 de enero de 2000, suscrita en la  Notaría  54  del  Círculo  de esta ciudad, por medio de la cual se canceló el  patrimonio  de  familia  del inmueble distinguido con el folio de matrícula N°  50C-659818,  ubicado  en  la  Calle  55  N°  78-73  de  esta ciudad, además de  declarar   sin   valor   ni   efecto   alguno  las  anotaciones  realizadas  con  posterioridad  a  este  acto, empezando con el gravamen hipotecario contenido en  la  misma  escritura  y  del  cual  era beneficiario el señor José Edgar Carol  Tobaría Becerra”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Denunciados  los hechos anteriores por José  Edgar  Carol  Tobaría  Becerra,  la  Fiscalía  73 Seccional de Bogotá emitió  resolución  el  13  de mayo de 2004, ordenando la apertura de la instrucción y  la  vinculación  de  SALVADOR BRICEÑO ALVARADO y ANA TERESA GONZÁLEZ GARZÓN,  quienes  fueron  escuchados  en  indagatoria  el  14  de octubre de 2004 y 28 de  septiembre de 2005, respectivamente.   

Con antelación, el 14 de febrero de 2005, el  ente  instructor  admitió  la demanda de constitución de parte civil promovida  por el denunciante Tobaría Becerra, en nombre propio.   

Clausurada  la  fase  investigativa  el 7 de  abril  de  2006,  la  Fiscalía  calificó  su mérito el 27 de diciembre de esa  anualidad,  profiriendo resolución de acusación en contra de GONZÁLEZ GARZÓN  y  BRICEÑO  ALVARADO,  como  presuntos  coautores  del  concurso  de delitos de  fraude    procesal    y  estafa          tentada.          Adicionalmente,  al  último  de  los  mencionados  le  atribuyó el  ilícito   de   obtención   de   documento  público  falso.   

Apelada  la  resolución  acusatoria por los  defensores  de  los  sindicados,  la  Fiscalía  19  delegada  ante  el Tribunal  Superior  de  Bogotá  la  confirmó, en decisión de segunda instancia del 5 de  junio de 2008.   

La  etapa  de juzgamiento fue asumida por el  Juzgado  39 Penal del Circuito de esta ciudad, dependencia que luego de realizar  las  audiencias  preparatoria -el 28 de enero de 2009- y pública de juzgamiento  –en  sesiones  del  2  de  julio  y  24  de  noviembre  del mismo año-, dictó sentencia el 27 de julio de  2010,  condenando  a  BRICEÑO  ALVARADO  y  GONZÁLEZ GARZÓN por las conductas  punibles  de fraude procesal y  estafa tentada, al tiempo que  declaró   la   prescripción  de  la  acción  penal  respecto  del  delito  de  obtención  de  documento  público  falso endilgado al primero.   

Consecuente   con  su  determinación,  el  A  quo  les impuso las penas  principales  y  accesoria  reseñadas en la parte inicial de este proveído; asi  mismo,   se   abstuvo   de   condenarlos  al  pago  de  perjuicios  –dado  que,  dispuso la cancelación de  los  registros  fraudulentos-,  y  les  negó  el  beneficio  sustitutivo  de la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena, aunque les concedió el de  prisión domiciliaria.   

Impugnado el fallo por los defensores de los  enjuiciados,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá lo confirmó  íntegramente  mediante  providencia  del  12  de  septiembre de 2011, en la que  además  dispuso  la expedición de copias con destino a la Fiscalía General de  la  Nación, con el fin de que se investigue si la incriminada GONZÁLEZ GARZÓN  incurrió  o  no  en la comisión del ilícito de falso  testimonio.   

En  contra de la sentencia del Tribunal, los  mismos  sujetos  procesales interpusieron el recurso extraordinario de casación  y presentaron las correspondientes demandas.   

RESUMEN DE LAS IMPUGNACIONES  

1. Demanda presentada a nombre de ANA TERESA  GONZÁLEZ GARZÓN.   

Cargo único: violación directa.  

Con  fundamento  en  el  numeral  1°  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, el defensor de la procesada ANA TERESA  GONZÁLEZ  GARZÓN  manifiesta  que  procede  la  causal  invocada,  ya  que  el  “legislador”  (sic)  de  segunda  instancia desconoció las garantías fundamentales del debido proceso y  defensa,  toda  vez que en el fallo agravó su situación, mediante la decisión  de   compulsar   copias   en  contra  de  su  prohijada,  la  cual  no  se  pudo  controvertir.   

De otro lado, luego de denunciar que tampoco  la  prueba fue controvertida, enunciar las normas que estima infringidas y citar  precedente  de  la  Sala  sobre  el  tópico,  el  casacionista diserta sobre la  importancia   del  testimonio  de  Edgar  Carol  Tobaría  Becerra  –abogado,   acreedor   hipotecario   y  posterior      denunciante-,      destacando      que      era      “plenamente  conocedor” de los hechos,  en  especial  del  estado  civil  de  los  sentenciados,  razón por la cual era  conducente.  De  ahí  que  con  su  omisión  se  negó el sagrado derecho a la  contradicción,  pues,  si se hubiese allegado, otro habría sido el sentido del  fallo,  ya  que  descartaba  la  comisión de los delitos imputados, asi como la  expedición  de  copias  para  investigar  a  la  sindicada  por  el ilícito de  falso testimonio.   

Claro está, en la parte introductoria de su  libelo,  aclara  que  en  la audiencia preparatoria se ordenó la ampliación de  dicha  declaración, la cual no pudo llevarse a cabo debido al fallecimiento del  testigo.   

Para  finalizar,  el  demandante  vuelve  a  referir  los  preceptos  que  considera  vulnerados  y  solicita  que se case la  sentencia  impugnada,  para  en su lugar dictar fallo absolutorio en favor de su  defendida.   

2.  Demanda  presentada a nombre de SALVADOR  BRICEÑO ALVARADO.   

Cargo   único:   violación   de  la  ley  sustancial1.   

Coincidiendo   con  el  planteamiento  del  anterior  memorialista, la defensora de SALVADOR BRICEÑO ALVARADO estima que la  no  práctica  de la ampliación del testimonio de Edgar Carol Tobaría Becerra,  decretada  en  la  audiencia  preparatoria,  impidió  su  controversia  y  debe  conducir   a   reconocer   el   beneficio   de   la   duda   en   favor   de  su  representado.   

Así,  como  el  juzgador  de  segundo grado  omitió  esa  circunstancia,  desconoció varios preceptos rectores –los  cuales  cita-  y  las  garantías  fundamentales     del    debido    proceso,    defensa    y    presunción    de  inocencia.   

De  igual  modo,  agrega  la  censora,  se  quebrantaron  los  postulados  de la ciencia, los principios de la lógica y las  máximas  de  la  experiencia, dado que, a pesar de haberse acreditado el deceso  del  testimoniante,  ello  constituye  una  irregularidad trascendente lesiva de  derechos,   “ya  que  existían  pruebas  legalmente  producidas    que    indicaban    la    posibilidad   de   contrainterrogar   al  denunciante”.   

La  sentencia debe casarse, en consecuencia,  por  ignorar los principios lógicos que deben acatarse en su construcción como  un   todo  y  por  presentar  “plurales  errores  de  hecho” que surgen de la valoración incompleta de la  prueba,  impidiendo al fallador reconocer la duda y la aplicación del principio  del      in      dubio     pro     reo.   

Finalmente,  la  actora  reitera  que  debe  casarse  el  proveído censurado por ser violatorio de la ley sustancial, no sin  antes        disertar        sobre        el        objetivo        “político”  del Estado consistente en  “el  esclarecimiento  de  la  verdad” y  aseverar,  a  partir  de su propia percepción probatoria, que en  este  caso  ningún  esfuerzo  hicieron  los  funcionarios para desentrañar los  motivos  que  tuvo  su  prohijado  “para realizar tan  execrables  delitos”, ni se esforzaron por investigar  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar,  llegando  así a conclusiones  “sin   soporte   técnico   alguno”  y  subjetivas,  en  las que se dejaron de lado aspectos como la edad  avanzada   de   su  defendido,  su  personalidad  y  lo  que  manifestó  en  su  injurada.   

ALEGACIONES DE LOS NO RECURRENTES  

Durante  el  término  de  traslado a los no  impugnantes,  allegó  memorial  la ciudadana Olga María Tobaría Cuellar, hija  del    fallecido    José    Edgar    Carol    Tobaría   Becerra   –reconocido  como  parte  civil  en  el  proceso-,  quien  luego  de  repasar  la  actuación  procesal y referir algunos  elementos    probatorios,    pidió    que    no    se   casara   la   sentencia  demandada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Advertida  la  identidad   temática   de  las  propuestas  casacionales  presentadas  por  los  defensores  de  los  procesados ANA TERESA GONZÁLEZ GARZÓN y SALVADOR BRICEÑO  ALVARADO, la respuesta a sus demandas se hará de manera conjunta.   

En  efecto,  ambos  casacionistas consideran  vulneradas  una  serie  de  garantías fundamentales, en especial las del debido  proceso  y  defensa, debido a que durante la fase probatoria del juicio, no pudo  allegarse  la  ampliación  del testimonio del denunciante, quien falleció. Esa  circunstancia,     dicen,     les     impidió    ejercer    el    derecho    de  contradicción.   

La diferencia entre uno y otro libelo radica  en  que  mientras  el defensor de GONZÁLEZ GARZÓN aduce una violación directa  de  la  ley  sustancial,  la  representante  judicial de BRICEÑO ALVARADO nunca  concreta   el   tipo  de  violación,  refiriéndose  de  manera  indistinta  al  quebrantamiento   de   los  derechos  de  su  prohijado  y  a  la  presencia  de  “plurales    errores    de    hecho”  en la apreciación probatoria, ya que se vulneraron los postulados  de   la   ciencia,   los   principios  de  la  lógica  y  las  máximas  de  la  experiencia.   

Así,  de  la  sola lectura de las demandas,  claramente  se  advierte  el absoluto desconocimiento de las normas y principios  que  gobiernan  el  ataque casacional, pues, múltiples falencias se detectan en  ellas,  las  cuales  se  caracterizan por la dificultad a la hora de definir los  supuestos  yerros  atribuidos al Tribunal y en que nunca logran desenmascarar la  materialización  de  una  flagrante  violación,  protuberante  y  evidente que  faculte  derrumbar  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad de que llega  revestida la sentencia de segunda instancia.   

Los  deshilvanados discursos presentados por  ambos  demandantes  hacen  ver  que  lejos  de confeccionar un cargo concreto de  inescapable  violación,  buscan  hallar  un  escenario  adecuado,  a  manera de  tercera  instancia,  para  facultar  introducir  su  particular  análisis de lo  arrojado  por  las  pruebas,  en  contravía de lo contemplado en la providencia  atacada.   

2. Así las cosas,  al  margen  de  la  indebida  nominación  de  los  cargos, es lo cierto que los  memorialistas  parten  de una premisa equivocada cuando aseveran que no pudieron  ejercer   el   derecho  de  contradicción  respecto  de  lo  declarado  por  el  denunciante  José Edgar Carol Tobaría Becerra, pues, independientemente de que  no  haya  podido  recepcionársele  en  ampliación durante la causa debido a su  fallecimiento, su versión ya contaba en el proceso.   

En efecto, además del documento escrito que  presentó  el  30 de abril de 2004, con el cual dio lugar a la iniciación de la  acción  penal,  se  tiene  su  ratificación mediante declaración juramentada,  rendida el 1° de octubre del mismo año.   

Por ello, no sobra aclararle a los defensores  cómo  la  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  sido  pacífica en sostener que el  derecho    de    contradicción    no    sólo   se   ejerce   a   través   del  contrainterrogatorio,   dado   que,   entre   las   múltiples  aristas  que  lo  caracterizan,   se  tiene  que  puede  desplegarse  a  través  de  la  crítica  probatoria  o  de  la  aducción de pruebas, para citar dos de los ejemplos más  palpables2.   

No  es  cierto, por consiguiente, que se les  haya  dificultado  su  labor  como  defensores,  ni que se hayan menoscabado las  garantías  del  debido proceso o de presunción de inocencia, pues, basta mirar  el  amplio  ejercicio  defensivo  que  han  venido  ejerciendo  en  el curso del  proceso,  reflejado en múltiples peticiones que presentaron y en la posibilidad  de    alegar    previamente,    así    como    de   interponer   los   recursos  procedentes.   

Además, omiten referirse a la trascendencia  de  lo  denunciado,  para  lo  cual  era  menester  que  indicaran  cuál fue el  fundamento  probatorio  de  la  condena  y  cómo  lo  supuestamente declarado a  través  de la ampliación testifical que se echa menos, habría incidido en las  resultas de la misma.   

En  suma,  el  yerro  denunciado  por  los  impugnantes  no  existió,  siendo  ello  suficiente  para  declarar  que  no se  presenta  informalidad alguna en la actuación, a causa de la no práctica de un  elemento   de  juicio  que,  como  explicaron  ellos  mismos,  obedeció  a  una  circunstancia   de   fuerza   mayor   –muerte  del  declarante- y no a negligencia por parte del juzgado de  conocimiento.   

Los cargos así postulados, en consecuencia,  deben ser objeto de rechazo.   

3.  Adicionalmente,  es menester acararle a los recurrentes lo siguiente:   

3.1. Al defensor de  ANA   TERESA   GONZÁLEZ   GARZÓN,   que   no  es  posible  apelar  al  recurso  extraordinario  de  casación con el fin de lograr la revocatoria de la orden de  expedición  de  copias  para  investigar penalmente a su defendida, conforme lo  dispuso el Tribunal en la providencia de segundo grado.   

Al  respecto,  basta  decir  que  la  orden  impartida   por   el  juzgador  Ad  quem  para  que se investigue un supuesto hecho constitutivo del delito de  falso  testimonio,  es  una  decisión  de  simple  trámite  que  escapa  tanto a la revisión de la segunda  instancia,  como  a  la  extraordinaria  en  esta  sede,  por ser inherente a la  órbita  del  funcionario  que  la decide, y del funcionario de destino, el cual  resolverá dentro de su competencia lo que considere pertinente.   

Así  lo  ha señalado la Sala en distintas  oportunidades,  entre  ellas, en el auto del 24 de febrero de 2005 (Radicado No.  19.810), en el que se dijo:   

“La orden de expedir copias adoptada por  el  Juzgado  2°  Penal  del  Circuito  Especializado de Bucaramanga, obedece en  primer  lugar,  al  deber  constitucional  y  legal  que  tienen  los servidores  públicos  de  poner  en  conocimiento  de  la  autoridad  competente  un  hecho  considerado,  inicialmente,  como ilícito y que deba ser investigado de oficio,  tal  como  lo  prevé  el artículo 27 del Código de Procedimiento Penal; Y, en  segundo  lugar,  de  acuerdo  con la naturaleza de la orden de la expedición de  copias  se  imparte  mediante  un auto de sustanciación, por lo tanto, el sólo  hecho  de  que tal decisión se adopte en la sentencia, no significa que por esa  razón,  sea  susceptible de ser impugnada mediante el ejercicio de los recursos  legales    tanto   de   carácter   ordinarios   como   el   extraordinario   de  casación”3.   

Establecido,  entonces,  que  la censura se  dirige   en   contra  de  un  auto  de  simple  trámite,  contra  el  cual,  en  consecuencia,   no   es  procedente  interponer  el  recurso  extraordinario  de  casación,  es  claro  que  el  cargo,  en lo que atañe a esa precisa crítica,  también debe rechazarse.   

3.2.  Y  a  la  defensora  de  SALVADOR  BRICEÑO  ALVARADO,  que  si  su pretensión apuntaba a  rechazar  las  conclusiones probatorias de las instancias, debió direccionar su  censura  a  través  de  la  violación  indirecta de la ley sustancial, por uno  cualquiera  de  los  yerros  de  hecho  o  de  derecho  en la apreciación de la  prueba.   

Aquí  se tiene que fuera de que la censora  no  especifica  la  clase  de  violación  que  denuncia,  se  refiere de manera  indistinta     e    indiscriminada    a    la    presencia    de    “plurales   errores   de  hecho”,  sin  especificar  en  qué  consistieron  ellos.  Fuera  de  ello, también de manera  abstracta  y  genérica,  denuncia  el  quebrantamiento  de los postulados de la  ciencia,  los  principios de la lógica y las reglas de la experiencia, pero sin  explicar de qué forma operó dicha vulneración.   

De  igual  modo,  que  si su propósito era  alegar  el desconocimiento de la duda y la falta de aplicación del in  dubio  pro  reo, no bastaba con que lo  planteara  genéricamente  a  partir  de  su propia visión probatoria, pues, la  Corte  ha  significado  que  en  estos  casos  deben  distinguirse  dos aspectos  diversos4:   

    

1. Si  afirma  que  el  juez  ha errado porque la sentencia reconoce la  existencia  de  duda  razonable  originada  en  el haz probatorio, pero dejó de  aplicar  el  precepto sustantivo que reconoce ese hecho, debe invocar violación  directa; y     

    

1. Si  encuentra  que  el  juez  ignora  la  existencia  razonable  y  manifiesta  de la duda por errores en la valoración de las pruebas, debe acudir  a  la violación indirecta de la ley sustancial, especificando la naturaleza del  yerro cometido, esto es, si de hecho o derecho.     

En  el  evento  del  rubro,  se  itera,  la  libelista  no  concreta yerro alguno de los anteriormente indicados, siendo ello  más que suficiente para desestimar su propuesta.   

4.  En  suma,  la  falta  de claridad y fundamento respecto de las irregularidades destacadas, para  no  hablar  de  la total carencia de soporte en punto de trascendencia, conducen  indefectiblemente  a la inadmisión de las demandas de casación presentadas por  los   defensores   de   ANA   TERESA   GONZÁLEZ  GARZÓN  y  SALVADOR  BRICEÑO  ALVARADO.   

Para terminar, ha de señalarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E LV E  

INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas  por  los  defensores de los procesados ANA  TERESA    GONZÁLEZ    GARZÓN    y   SALVADOR   BRICEÑO   ALVARADO,  conforme con las motivaciones plasmadas  en el cuerpo del presente proveído.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

Página continuación  parte resolutiva y firma de los 9 Magistrados   

Casación   N°   38.217   –Inadmite demanda-  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                          LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  La  libelista    no   precisa   si   la   violación   denunciada   es   directa   o  indirecta.   

2 Auto  del 23 de noviembre de 2011, Radicado N° 37.794.   

3 Ello  fue  ratificado  en  los  autos  del  27  de  julio  y  11 de noviembre de 2009,  Radicados        31.765        y       32.743,       respectivamente.   

4 Auto  del 26 de octubre de 2011, Radicado No. 37.634, entre otros.     

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