39313(31-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado Acta No. 403  

Bogotá, D. C., treinta y uno (31) de octubre  de dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Entra  la  Sala  a examinar si se reúnen los  requisitos  de  orden  legal  y  formal  para  admitir  la  demanda de revisión  presentada  por  el  apoderado  de  JAVIER  FRANCISO  ABRIL  CHAPARRO  contra la  sentencia  condenatoria  dictada  por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de  Bucaramanga  el  16  de  marzo  de 2012, que revocó la proferida por el Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal  de  San  Gil por el delito de lesiones personales  dolosas.   

HECHOS  

El 16 de abril de 2008 Leonardo Alfonso Torres  León   se   hallaba   en   la   tienda   conocida   como   el   “Mamón” ubicada en la carrera 10 No. 16-  78  de  la  ciudad  de  San  Gil  (Santander)  a  donde  llegaron  dos  señoras  preguntando   sobre   una  dirección,  ante  lo  cual  aquél  les  suministró  indicaciones  utilizando  terminología  que  no  fue  del  agrado de Laura Edil  Villamizar  Sambrano,  quien  al sentirse ofendida le relató lo acontecido a su  compañero  JAVIER  FRANCISCO  ABRIL  CHAPARRO, quien de inmediato le reclamó a  aquél  y  lo  empujó por las escaleras, causándole lesiones en los ligamentos  internos  de  su rodilla izquierda que le determinaron incapacidad médico legal  definitiva   de   60   días   y   “como   secuelas  perturbación  funcional de órgano y perturbación funcional del miembro, ambas  de carácter permanente”.   

Cumplidos  los ritos procesales de la Ley 906  de  2004,  la  Fiscalía presentó escrito de acusación contra JAVIER FRANCISCO  ABRIL  CHAPARRO  por  el  delito  de  lesiones  personales dolosas. Efectuado el  juicio  por el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de San Gil el 18 de diciembre  de  2009,  dictó  fallo  absolutorio  que  apelado  por  la Fiscalía -luego de  algunas                 contingencias1    (cuya   información   se  extractó  de  los  registros  audio  fílmicos, toda vez que no se anexaron las  copias  de  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia, como tampoco se  determinó  la actuación procesal) no mencionadas por  el    actor2  –  fue  revocado  el  16  de  marzo  de 2012 por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  que  al  hallarlo responsable del delito de  lesiones  personales  dolosas  (artículos 111, 112 inciso 2°, 114 inciso 2° y  117  Código  Penal) lo condenó a las penas principales de 54 meses de prisión  y  multa  de 34, 93 salarios mínimos legales mensuales vigentes, a la accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por  término  igual  al  de  la  pena  principal  de  prisión  y no le concedió la  suspensión  condicional  de la ejecución de la sentencia, pero sí la prisión  domiciliaria.   

Acorde   con  la  constancia  allegada,  la  sentencia  de  segunda  instancia  halló  ejecutoria  el 26 de marzo de 2012 no  habiéndose interpuesto recurso de casación.   

LA DEMANDA  

En virtud del artículo 192 numeral 3° de la  Ley  906  de 2004, presenta el actor acción de revisión contra la sentencia de  segunda  instancia  de  16  de marzo de 2012 emitida por el Tribunal Superior de  Bucaramanga,   argumentando,   ésta   se   fundamentó  en  la  “tesis   de   la   Fiscalía   Seccional  de  San  Gil”,  la  cual  a su vez se apoyó en reconocimientos de Medicina Legal  hechos  por  el  profesional  Mario  Alberto  Gómez  Cáceres, quien se hallaba  impedido  por  tener  parentesco  consanguíneo  con  la víctima Alfonso Torres  León  como  lo  demuestran  los  registros  civiles  de  nacimiento  que anexa,  circunstancia omitida a la administración de justicia.   

Añadió que Mario Alberto Gómez Cáceres es  médico,   abogado   y  funcionario  de  mucha  experiencia,  conocedor  de  sus  obligaciones  y de las causales de impedimento establecidas en los numerales 1°  y  3°  del  artículo 56 de la Ley 906 de 2004, “las  que   transgredió   incurriendo   en   infracciones  penales,  como  sería  el  prevaricato    por    omisión    u    otra    infracción   que   el   despacho  calificara”.   

Para  fundamentar  su  petición  allegó los  registros  civiles de nacimiento de Adriana Gómez Torres y Jorge Gómez Torres,  así  como  un  disco  compacto en donde, afirma, están los fallos de primera y  segunda instancia.   

Solicitó  la  declaración  de Mario Alberto  Gómez  Cáceres  y  Adriana  Cecilia  Torres  Santos,  para lo cual se deberá,  según  él, comisionar a un Juzgado del municipio de San Gil y a uno de Socorro  (Santander).   

Pidió dejar sin efecto la sentencia del 16 de  marzo  de  2012  dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bucaramanga,  como  consecuencia “dejar en firme la sentencia de la  primera   instancia”  y  disponer  la  libertad  del  condenado.   

Posteriormente   allegó   constancia   de  ejecutoria  del  fallo  de  segunda  instancia  dictado  por  la  Sala Penal del  Tribunal       Superior      de      Bucaramanga3.   

CONSIDERACIONES  

1.  La Corte es competente para conocer de la  acción  de  revisión  presentada  a  través de apoderado por JAVIER FRANCISCO  ABRIL  CHAPARRO  ya  que  la  sentencia  de  segunda  instancia fue proferida el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  de  conformidad  con  lo  dispuesto  por el  artículo 32-2 de la Ley 906 de 2004.   

2. La acción de revisión tiene como objetivo  primordial  alcanzar  la  remoción de una decisión con fuerza de cosa juzgada,  de  la  cual  se  deduzca  razonablemente  su  injusticia  por ser evidentemente  antagónica  la  verdad formal de la real, al cimentarse sobre hechos contrarios  a  la  realidad, impropia en un modelo de Estado como el nuestro, el cual cuenta  entre   sus   fines  con  la  materialización  de  los  derechos  y  garantías  fundamentales   para   obtener  la  convivencia  pacífica,  mediante  un  orden  justo.   

La misma procede al acreditarse alguno de los  motivos  previstos  en  el  artículo 192 de la Ley 906 de 2004, entre ellos, el  invocado  genéricamente  por  el  apoderado  del  accionante,  esto  es, cuando  aparezcan  hechos  nuevos  o  surjan  pruebas  no  conocidas en el tiempo de los  debates    que    establezcan    la    inocencia    del    condenado,    o    su  inimputabilidad.   

La Sala de tiempo atrás viene entendiendo por  hecho nuevo el acontecimiento  o  suceso  fáctico  conectado  con la conducta punible investigada, que por ser  desconocido   en  el  trámite  procesal  se  ha  quedado  sin  controvertir  ni  valorar.   

Y,   por   prueba  nueva,  la  aparición  de  un medio de convicción no  practicado  o  incorporado  al  proceso que comprueba un hecho desconocido o una  variante  sustancial  de uno conocido en las instancias, cuya presencia tenga el  poder  necesario  para  transmitir al funcionario judicial la convicción de que  condenó  a  un  inocente  o declaró imputable a quien no lo era. Es decir, que  además  de  acreditarse  su  ausencia en el proceso, debe probarse que de haber  sido  conocido  en  su  momento  por  el  juez  lo habría llevado a adoptar una  decisión diferente de la condena.   

En  consecuencia, no bastará que la prueba o  el  hecho  sean  novedosos  para  que la revisión tenga vocación de prosperar,  sino   que  además  debe  evidenciar  tal  naturaleza  que  permita  cuestionar  inmediatamente  y  con  eficacia  el  carácter  de cosa juzgada de la sentencia  objeto de revisión.   

Adicionalmente,  la  prueba  nueva  tiene que  adecuarse  al  régimen  probatorio  previsto  en  el  estatuto  procesal  penal  atendiendo  los  principios  que la orientan, es decir, que busque la obtención  de  la  verdad material, dirigirse a demostrar las circunstancias que evidencien  la  inocencia o falta de responsabilidad o las circunstancias que prueben que el  condenado  es  inimputable;  por  consiguiente, no podrán invocarse aquellas ya  conocidas   y   debatidas   en  el  trámite,  las  obtenidas  ilegalmente,  las  ineficaces,    impertinentes,    inconducentes,    prohibidas,    superfluas   e  inútiles.   

Se  ha  reiterado por la jurisprudencia de la  Sala4   que   “(…)  Para  que  proceda  la  revisión  de  una  sentencia  que,  con efectos de cosa juzgada, puso fin a una  actuación  penal, se requiere, al amparo de la causal tercera del artículo 220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  [artículo  192 Ley 906 de 2004] que el  hecho y/o prueba exhibidos sean novedosos (…)”.   

Respecto del hecho nuevo, que es “(…)  aquel  acaecimiento  fáctico  vinculado  al delito que fue  objeto  de la investigación procesal, pero que no se conoció en ninguna de las  etapas  de la actuación judicial de manera que no pudo ser controvertido; no se  trata,  pues,  de  algo  que  haya  ocurrido  después  de la sentencia, pero ni  siquiera  con  posterioridad  al  delito que se le imputó al procesado y por el  cual  se  le  condenó,  sino de un suceso ligado al hecho punible materia de la  investigación  del  que,  sin  embargo,  no tuvo conocimiento el juzgador en el  desarrollo  del  itinerario  procesal  porque  no  penetró al expediente (…)”  .5   

Y    por    prueba   nueva   “(…)    aquel   mecanismo   probatorio   (documental,   pericial,  testimonial)  que  por  cualquier  causa  no se incorporó al proceso, pero cuyo  aporte  ex  novo tiene tal valor que podría modificar sustancialmente el juicio  positivo  de responsabilidad penal que se concretó en la condena del procesado.  Dicha  prueba  puede  versar  sobre  el  evento  hasta  entonces desconocido (se  demuestra  que  fue  otro  el  autor del delito) o sobre hecho conocido ya en el  proceso  (muerte  de  la  víctima,  cuando  la  prueba ex novo demuestra que el  agente  actuó  en  legítima  defensa), por manera que puede haber prueba nueva  sobre   hecho   nuevo   o   respecto  de  variantes  sustanciales  de  un  hecho  procesalmente  conocido  que  conduzca  a  la  inocencia o irresponsabilidad del  procesado             (…)”.            6   

En suma, dicha novedad debe guardar relación  con  la  conducta  punible  imputada  y ostentar la virtualidad de determinar la  remoción  de  la  cosa juzgada que ampara el fallo combatido, de suerte que sea  procedente disponer la revisión de la actuación.   

3.  De  igual  forma  ha  sido reiterativa la  jurisprudencia  de  la Sala que tal acción ostenta un carácter excepcional, ya  que  su procedencia se halla signada por los precisos casos señalados en la ley  y  que  la  demanda  correspondiente  requiere  reunir  determinados  requisitos  mínimos    y   de   ineludible   observancia   para   quien   acuda   a   dicha  acción.   

4.  El  artículo  194  de la Ley 906 de 2004  prescribe  que  la  solicitud  a  través  de  la  cual se reclama la revisión,  deberá  contener:  i)  la  determinación  de  la  actuación  procesal  cuya  revisión  se demanda con la  identificación  del  despacho que produjo el fallo; ii) el delito o delitos que  motivaron  la actuación procesal y la decisión; iii) la causal que se invoca y  los  fundamentos  de  hecho  y  de  derecho en que se apoya la solicitud; iv) la  relación  de  las  evidencias  que  fundamentan  la petición que se aportan en  orden  a  la  demostración de la pretensión, a la cual se acompañará copia o  fotocopia  de  la  decisión de única, primera y segunda instancia y constancia  de  su  ejecutoria,  según  el caso, proferidas en el proceso cuya revisión se  demanda.   

Acorde  con lo anterior, se debe puntualizar,  de  una  vez,  que  el  libelo  presentado al ser examinado por la Sala, ostenta  notorias  falencias,  porque  aunque  cumple  medianamente  con  los  requisitos  exigidos  en los numerales 1°, 2° y 4° del artículo 194 del C.P.P., no logra  el  requerimiento  del  numeral  3°,  según  cual  debe  contener “los  fundamentos  de  hecho  y  de  derecho  en  que  se apoya la  solicitud”.   

Respecto  a  los  requisitos  de la demanda a  través  de  la  cual  se  pretende  la remoción de la cosa juzgada, los que en  esencia  se  mantienen incólumes ahora bajo la égida de la Ley 906 de 2004, ha  sostenido             la             Sala7 que:   

“El  ordenamiento  positivo estableció la  acción  de  revisión  como  mecanismo  dirigido  a  quebrar  la cosa juzgada e  invalidar  una  sentencia  que  entraña  un  contenido de injusticia, porque la  verdad  procesal  allí  declarada  es  bien distinta a la histórica y real del  acontecer  fáctico objeto de juzgamiento. Su carácter es excepcional, pues tan  sólo procede en los estrictos casos señalados en la ley.   

”Si  bien  la  demanda no requiere mayores  tecnicismos,   es   imperativo  el  cumplimiento  de  unos  requisitos  mínimos  establecidos  por  el legislador, cuya observancia es estricta para que la Corte  pueda  darle  curso, en cuanto no se trata de un alegato más dentro del proceso  ni de un recurso adicional a los ordinarios.   

”Su finalidad no es desconocer, sin razón,  el  carácter definitivo e inmutable de la declaración de justicia contenida en  los  fallos,  con  la sola intención de revivir debates superados en las etapas  del proceso.   

”Por consiguiente no es posible que, por su  conducto,  se  intente  cuestionar  las  pruebas  aportadas sencillamente por el  desacuerdo  del  actor  con la forma en que fueron valoradas por los falladores,  se  busque  enmendar  errores  de  juicio o de procedimiento y menos intentar la  redosificación de la pena impuesta.   

”Es  imprescindible  que quien se proponga  quebrar   el  carácter  de  cosa  juzgada  de  una  providencia,  demuestre  la  existencia  real  de  alguna  de las causales señaladas en el artículo 222 del  Código  de Procedimiento Penal (artículo 192 Ley 906  de 2004).   

”En  efecto, conforme a dicho precepto, el  escrito  debe  contener la descripción de la actuación procesal cuya revisión  se  demanda,  la  conducta  punible  que la motivó, la copia o fotocopia de las  decisiones  de  primera  y  segunda  instancia con constancia de ejecutoria, las  causales  que  se invocan, los fundamentos de hecho y derecho en que se apoya la  solicitud y las pruebas que se aportan para demostrar la petición.   

”Su contenido no puede consistir solamente  en   una  exposición  desordenada  del  acontecer  fáctico  y  procesal  o  en  apreciaciones  meramente  subjetivas  sobre  la  manera  en  que  se  evaluó el  material  probatorio.  El  actor  debe  seleccionar cuidadosamente la causal que  pretende  aducir  en  apoyo  de  su  pretensión,  presentarla de manera clara y  precisa  y  sustentar  con argumentos serios y con suficiente poder suasorio las  razones en que fundamenta su solicitud”.   

Dichos  presupuestos,  conforme lo señala el  artículo  195  del  C.P.P., son los que debe evaluar la Sala para determinar si  la demanda es apta para promover la acción de revisión.   

En relación a las señaladas exigencias, se  advierte  que  el  libelo  no contiene la descripción de la actuación procesal  que  según  sostiene  el actor se finiquitó con el fallo de segunda instancia,  emanado  de  la Sala Penal del Tribunal Superior de Bucaramanga, como tampoco el  Juzgado  que  dictó  el fallo de primera instancia y lo más protuberante aún,  que  si bien es cierto aludió a la causal tercera del artículo 192 ibídem, no  desarrolla  “los  fundamentos  de hecho y derecho en  que se apoya la solicitud”.   

El  actor argumentó que el ad quem se basó  en  la  “tesis  de  la Fiscalía Seccional de Sangil  (sic)”,  la  cual  se  apoyó  en los dictámenes de  Medicina  Legal  emanados  del  galeno  Mario Alberto Gómez Cáceres, que en su  criterio  se  hallaba  impedido  en  razón  del parentesco consanguíneo con la  víctima  Alfonso  Torres León, pues el referido profesional es el “padre    de   los   sobrinos   de   la   víctima”,  aspecto  no  conocido  por los falladores pero si por éste, quien  pudo incurrir en el delito de prevaricato u otra infracción penal.   

Adjuntó  copia  de  registros  civiles  de  nacimiento  de  Adriana  Gómez  Torres  y de Jorge Gómez Torres y solicitó la  recepción  de  los  testimonios del Médico Forense y de Adriana Cecilia Torres  Santos  “para confirmar las causales en que incurrió  el  médico  legista”.  Pretensión  a  todas  luces  resulta  improcedente  por  cuanto  el trámite para impedimentos y recusaciones  establecido  en los artículos 56 y siguientes de la Ley 906 de 2004 de la forma  como  lo  intenta  el  actor debió plantearse en las instancias pertinentes, de  donde  deviene  que  no  resulta  dable en sede de acción de revisión intentar  revivir  trámites  procesales  cuyo  escenario  de  planteamiento, discusión y  resolución  quedaron  signados  bajo  el  principio de preclusión de los actos  procesales.   

Las  partes  o  sujetos  procesales  pueden  recusar  a  los funcionarios cuando concurra en ellos algunos de los motivos que  llevan  a  pensar  o  suponer que su imparcialidad resulta comprometida o que no  tendrán  el  equilibrio  suficiente  para  el cabal ejercicio de sus funciones,  caso  en  el cual la Ley 906 de 2004 exige la expresa mención de la causal, los  hechos   y   las   pruebas   que   a   esa  demostración  conduzcan8.   

Al  respecto de la circunstancia expuesta no  se  extracta  la  condición  de  hecho  nuevo  ni  de  prueba  nueva,  pues esa  afirmación  apenas  constituye  una  apreciación  del  actor  en  torno  a que  respecto   del  médico  que  rindió  los  dictámenes  concurren  causales  de  impedimento,  lo  cual  debió plantearse y dilucidarse en las instancias acorde  con  lo  señalado  en  los artículos 56 y siguientes de la Ley 906 de 2004, en  concordancia  con  los  artículos  63,  203  y  204  ibídem,  inherentes  a la  extensión  de  las  mismas  a  servidores públicos, como es el caso del galeno  forense  -quien según se desprende del contenido de la demanda de revisión- se  halla  adscrito  a  la  regional  respectiva  del  Instituto de Medicina Legal y  Ciencias  Forenses, órgano de apoyo técnico científico en las investigaciones  adelantadas por la Fiscalía General de la Nación.   

No  basta que una de las partes sostenga que  se    configuran    causales    de    impedimento   para   que   éstas   operen  automáticamente,9 pues lo que resulta procedente  es  la  recusación,  como se desprende del contenido del artículo 60 de la Ley  906  de  2004,  modificado  por  el  artículo  84  de  la  Ley 1395 de 2010 que  establece:  “Si  el  funcionario  en  que se dé una  causal  de  impedimento  no  la  declarare,  cualquiera  de  las  partes  podrá  recusarlo”.   

De  manera  que,  si tal procedimiento no se  realizó  en  las  instancias  diseñadas  por  el  legislador,  ahora  no puede  pretender   revivir  estadios  procesales  superados  para  “confirmar  las  causales de impedimento”,  cuando  tuvo  las  oportunidades  de  hacerlo,  pues  de acuerdo con el fallo de  segunda  instancia  el  aludido  galeno valoró en tres ocasiones a la víctima,  amén que concurrió al juicio oral.   

Aquél era el momento para hacer uso de tales  instrumentos   jurídicos   deviniendo  por  contera,  como  ya  se  anotó,  la  observancia  del principio de preclusión de los actos procesales, puesto que su  falta  de  manifestación no ostenta la entidad suficiente para la invalidación  del  proceso y mucho menos de la sentencia. El impedimento que alega el actor se  predica  del  médico forense y alude a la Ley 600 de 2000, pues el instituto de  los  impedimentos  y recusaciones bajo la égida de la Ley 906 de 2004 aplicable  al  presente  caso  no  sufrió  transformaciones de fondo.  Al respecto la  jurisprudencia de la Sala se ha pronunciado de la forma como sigue:   

[…]  por su parte, la jurisprudencia de la  Corte  ha  sido  constante  en  sostener  que  la  ausencia de manifestación de  impedimento  por  parte  del  juzgador  cuya imparcialidad podría haberse visto  comprometida  por  alguna de las causales descritas en el artículo 99 de la Ley  600  de  2000  no  comporta causal de nulidad alguna y menos aún, estructura un  motivo  de  incompetencia por las siguientes razones10:   

”i)  El impedimento es un fenómeno que no  transforma  a ninguno de los extremos que determinan la competencia, vale decir,  su  configuración  no altera la cuantía del hecho, no muta el territorio donde  sucedió,    no    le   quita   o   le   da   el   carácter   de   aforado   al  justiciable.   

”Se  trata  de  un  aspecto  por  completo  íntimo  del  funcionario,  que  lo liga de una manera u otra no a la naturaleza  del  proceso,  sino  a  las  partes.  Aquél  deberá  sopesar  si el concreto y  evidente  motivo  de  impedimento que respecto suyo se configura, puede poner en  riesgo  su  ánimo  y,  por  tanto,  un  ponderado  y  sereno buen juicio. Si lo  reconoce,  no  significa  que el asunto ya no sea de su competencia, sino que en  acatamiento  de  principios  superiores, que tocan con el derecho de acceso a la  justicia  y  la obligación de los funcionarios de hacer efectivos los derechos,  garantías,  obligaciones y libertades (artículo 1°, Ley 270 de 1966), permita  que  otro  juez  lo  releve  en el conocimiento de la actuación.”11   

”ii)  Los sujetos procesales pueden acudir  al instituto de la recusación.   

”iii)  La  conducta  del  juez  que  no se  declare  impedido  debiendo  hacerlo puede generar responsabilidad disciplinaria  y/o penal.   

”iv)   El   silencio   de   la  parte  o  interviniente   afectada   por   el  acto  que  compromete  la  objetividad  del  funcionario,  contrae  la aplicación del principio de convalidación, según el  cual  si  la  parte  afectada  no  reclama  oportunamente  la nulidad de un acto  procesal,  la  actuación  subsecuente se ratifica por el consentimiento tácito  de  quien  pudo  alegarlo  y  no  lo  hizo […]”.12   

De   donde  se  desprende  que  siendo  el  impedimento  una manifestación, unilateral, voluntaria y oficiosa y no habiendo  ejercitado  tal despliegue el referido médico, por ejemplo porque no estimó la  configuración  del  mismo  u  otra  razón,  correspondía  al  defensor en las  instancias  invocar  la  recusación  en  aras  de  separarlo del asunto y si no  ejercitó  un tal despliegue la pretensión que ahora se invoca no resulta dable  para remover el principio de la cosa juzgada.   

4.  En  consecuencia  sentadas  las premisas  anteriores,  la Sala al examinar la demanda, fácil advierte que existen razones  más  que  suficientes  para  no admitir la demanda de revisión por las razones  atrás precisadas,   

5. Así las cosas, tratándose de una acción  de   naturaleza  eminentemente  rogada,  se  tornaba  en  deber  ineludible  del  accionante  cumplir  los  requisitos  formales  previstos  en la disposición en  cita,  cuestión  que  al no hacer, conlleva a su no admisión como lo establece  el inciso 3° del artículo 195 de la Ley 906 de 2004.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

No   admitir  la  demanda  presentada  por  el  apoderado  del  condenado  JAVIER  FRANCISCO ABRIL  CHAPARRO,  con  el  fin  de  iniciar acción de revisión contra la sentencia de  condena  proferida  en  su  contra  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior de  Bucaramanga, por el delito de lesiones personales dolosas.   

Contra  esta  decisión  procede  recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                     FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                                        GUSTAVO  ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

        IMPEDIDO   

LUIS       GUILLERMO       SALAZAR  OTERO                                          JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA            

                                                                                                               

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

                                                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Impedimento  declarado  por  los Magistrados (que en su momento conocieron de la  actuación,  dentro  de  los  cuales se hallaba el magistrado Dr. Luis Guillermo  Salazar       Otero)-       Radicación      Nro.  686796000151-2008-00091)  –  y  Conjueces  de la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  San  Gil. Al igual que las acción de tutela  Radicación  No.   49.806  del  18 de noviembre de 2010 de la Sala Penal de  esta Corporación.   

2  Audiencias  de  debate oral celebrado el 24 de febrero  de  2010 (sustentación del recurso de apelación por  la  fiscalía ante la Sala Penal del Tribunal Superior  de  San  Gil) y lectura de sentencia en dicho Tribunal  acaecida  el  10  de  marzo  de  2010,  actos procesales en los que intervino  el  magistrado     Dr.     Luis    Guillermo    Salazar  Otero  (Radicación  Nro.  686796000151-2008-00091).   

3 Fl 12  C 1.   

4  Radicación  No.25.590 de 25 de septiembre de 2006.   

5   Sentencias  de revisión del 3 de diciembre de 2003 (radicado 24.404) y del 4 de  agosto de 2004 (radicado 18.453).   

6  Sentencia  del 1° de diciembre de 1983, reiterada, entre otras, en la sentencia  del  22  de  abril  de  1997 (radicado 12.460) y en el auto del 18 de febrero de  1998 (radicado 9.901).   

7 Auto  del 27 de junio de 2007, radicación No. 27.256.   

8  Radicación No. 10.176 de julio 10 de 19996.   

9 Sala  de  Casación Penal, Corte Suprema de Justicia, Radicación No. 10.176 del 10 de  julio de 1996.   

10  Consultar  entre  otras,  auto  del  9  de  marzo  de  2010, radicación 28.545,  Sentencia  del  8  de noviembre de 2000, radicación 14.078. Sentencia del 14 de  septiembre  de  2000,  radicación  13.268.  Sentencia  del 8 de agosto de 1996,  radicación  10.632.  Auto  del  14  de  abril  de 1994, radicación 9.169,  sentencia del 23 de noviembre de 1989, radicación 3.600.   

11  Sentencia del 1º de agosto de 2002, radicación 14.501.   

12  Radicación No. 34.495 del 8 de noviembre de 2011.     

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