37586(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 37.586  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 139-  

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de abril de dos  mil doce (2012).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de Jairo  Alirio Castellanos Zambrano, contra  la  sentencia  proferida  el  16 de junio de 2011 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  que confirmó la emitida el 6 de septiembre de 2010  por  el  Juzgado  Único Penal del Circuito de Cáqueza y lo condenó en calidad  de autor del delito de homicidio culposo, en concurso homogéneo.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.   Aproximadamente a las 2:00 p.m. del  15   de   julio  de  2006,  en  el  kilómetro  17  +  150  metros  de la vía que de Chiquinquirá conduce a  Ubaté,  de  la  vereda  Tarabita, el vehículo tipo campero, de placas FCF-447,  conducido     por    Jairo    Alirio    Castellanos  Zambrano  arrolló  a  los menores Diyer Andrey Gómez  Castiblanco  y  Andrés  Camilo  Hernández  Castiblanco de 4 y 6 años de edad,  respectivamente,  que  estaban  en  una cuneta a la orilla de la carretera, para  terminar colisionando contra un árbol.   

Como consecuencia del accidente, se produjo la  muerte  de  los  menores  y además de los pasajeros del automotor: Melba Iladid  Castellanos  Zambrano,  Aminta  Zenedt Zelandia Zambrano, María Eunice Velandia  Coy  y  del  menor  Michel  Francisco Castellanos (hermana, esposa, esposa de un  tío    e    hijo    de   Castellanos   Zambrano,   respectivamente)1.   

2. Por estos hechos, el mismo día, el Fiscal  Segundo  URI  de  Ubaté  profirió  resolución de apertura de investigación y  dispuso  la vinculación mediante indagatoria de Jairo  Alirio   Castellanos   Zambrano  por  los  delitos  de  homicidio  y  lesiones  personales,  ambos  en  la modalidad culposa2.   

3.  El ciclo instructivo fue clausurado el 15  de  mayo de 20073.   

4.  El  mérito  del sumario se calificó con  resolución  de  acusación  del  7  de  septiembre  del  mismo año4   de   la  Fiscalía   Tercera   Seccional   de   Ubaté,   en   contra   de   Jairo   Alirio  Castellanos  Zambrano  en  calidad  de  autor  del  delito de homicidio culposo5.   

5. Contra esta decisión la defensa interpuso  recurso  de  reposición  y, en subsidio, apelación, pero fue confirmada en las  dos  instancias  mediante  resoluciones  del  4  de  octubre de 20076  y 27 de mayo  de    20087  por  las Fiscalías Tercera Seccional de Ubaté y Segunda Delegada  ante el Tribunal Superior de Cundinamarca, respectivamente.   

6.  El  juicio correspondió al Juzgado Penal  del  Circuito de Ubaté, despacho que avocó el conocimiento del asunto el 29 de  septiembre  de  2008  y  corrió  el traslado del artículo 400 de la Ley 600 de  20008.   

7. La audiencia preparatoria se surtió el 16  de          enero          de          20099  y  la pública de juzgamiento  se  llevó  a  cabo  en dos sesiones, el 27 de marzo10  y  el  2  de  septiembre  de  200911.   

8.  Mediante sentencia del 6 de septiembre de  2010   la   Juez   Penal  del  Circuito  de  Cáqueza  condenó  a  Jairo  Alirio  Castellanos  Zambrano  por  el  punible  de  homicidio  culposo  en  concurso homogéneo y simultáneo, en calidad de autor, a las penas  principales  de  38 meses de prisión, multa en cuantía de 22 salarios mínimos  legales  mensuales  y  a  las accesorias de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por el mismo término de la pena privativa de la  libertad  y  “suspensión  del  derecho  a conducir  vehículos  automotores”12  por  el  lapso de 48 meses,  así  como  a  pagar  las  sumas  de  $4.304.000 y 25 s.m.l.m.v. por concepto de  perjuicios  materiales y morales a favor de la madre de los menores Diyer Andrey  Gómez  Castiblanco  y  Andrés  Camilo  Hernández  Castiblanco.  Le  negó  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y le concedió la prisión  domiciliaria13.   

9.  Inconforme  con  el  fallo  de  primera  instancia,  la  defensa  interpuso  recurso de apelación contra aquél, pero en  sentencia  del  16  de  junio  de  2011  la  Sala Penal del Tribunal Superior de  Cundinamarca          lo          confirmó14.   

10.  La    defensa    técnica    interpuso15   y  sustentó  el  recurso  extraordinario          de         casación16.   

11.   El   asunto   fue   remitido   a   la  Corte.   

LA DEMANDA  

Invoca la casación discrecional con el fin de  obtener   un   “avance  jurisprudencial”17  frente  a la posibilidad de  emitir  sentencias  declarativas  en  casos  de  muerte  de personas del núcleo  familiar  del  procesado,  atendiendo que hizo un rastreo del tema en los fallos  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  y  no  encontró  ninguno  que tratara ese  tópico.   

Destaca que en las sentencias de instancia no  se  aplicó  el  principio  de necesidad porque se produjo la muerte de personas  ajenas a la familia del procesado.   

Indica  que  de haber procedido en el sentido  pedido,  el  incremento  punitivo  por razón del concurso, habría sido menor a  los  doce  meses deducidos, pues siendo cuatro los sujetos que pertenecían a su  familia,  se debía hacer una reducción de 9.6 meses de prisión, de tal suerte  que  la  pena definitiva no podía ser superior a 28.4 meses, pudiendo a su vez,  entonces,   acceder  a  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.    

Añade  que  el  postulado de “necesidad    de    la    imposición    de    la   pena”18  descrito  en  el inciso 2º  del   artículo   34   del   Código   Penal,   actualmente  es  “casi           un          artilugio          normativo”19,    por    lo    que    un  pronunciamiento     de     la     Corte     al     respecto,     “contribuiría  a  que  la  garantía  de debido proceso se cumpla a  cabalidad”20.   

De  este  modo,  cree  que  corresponde  a la  Corporación,     indicar     si     es     posible    emitir    “sentencia  de  tipo  mixto  (de  condena y declarativo)”21,  en  qué  casos  y  si  es  viable la reducción de pena correspondiente.   

A  continuación,  el demandante postula tres cargos, los dos  primeros  por  la  ruta  de la violación indirecta de la ley sustancial, en los  sentidos  de  falso  juicio de identidad y raciocinio, en su orden y el tercero,  conforme   a   la   infracción   directa   en   la   modalidad   de   falta  de  aplicación.   

Primer cargo.  

Al  amparo  de  un  error  de hecho por falso  juicio  de identidad, tras citar un aparte de la sentencia de segunda instancia,  en  el que el Tribunal valora el álbum fotográfico del vehículo colisionado y  la  zona  del  accidente,  afirma  el  recurrente  que  a  esta  “prueba          documental         y/o         pericial”22  se la puso a decir algo que  no  revela,  esto  es,  que “si el vehículo hubiese  venido  a  una  velocidad  menor,  los  daños  hubiesen sido diferentes y en su  sentir     menores”23.   

A juicio del censor esa argumentación sirvió  para  descartar  el  caso  fortuito alegado por la defensa y las contradicciones  entre los peritos.   

Acusa al Tribunal de valerse de conocimientos  personales  y  de una interpretación individual ajenos a la praxis judicial. En  ese    orden,    se    pregunta   “[c]uál  era  el  daño  para  una u otra velocidad estando dentro del  riesgo    permitido”24.   

También  cuestiona  al Ad quem por acudir al  principio  de  libertad  probatoria  y  al referido álbum fotográfico, ante la  imposibilidad   de   absolver   “la  contradicción  existente      en      el      ámbito     del     caso     fortuito”25.   

Agrega  que  no  hay un marco comparativo que  permita   establecer  si  el  exceso  de  velocidad  pregonado  por  Luz  Cristi  Castiblanco  y  el  “dictamen pericial fotográfico  desbordan  la  velocidad permitida en carretera y por ende establecer que lo que  es  alta  velocidad  no  es menos que el cumplimiento del reglamento”26.   

Así, considera que esos dos medios de prueba  fueron  tergiversados  por el juez colegiado porque se los puso a decir algo que  “en         sana         lógica”27  no  dicen, cuando ha debido  optar  por  acoger  la  interpretación  que  se  desprende  del  testimonio del  procesado  en  el  sentido  que  el resultado ocurrió porque no pudo detener el  curso  causal  de  los acontecimientos. Al respecto, cita su declaración, en el  segmento  que  dice:  “le di un cabrillazo y siguió  derecho  y  se  fue  por encima de los menores y llegué al barranco”28.   

Concluye   que  la  colegiatura  no  podía  establecer  la  responsabilidad  culposa  de  su  representado por el solo daño  ocasionado  y que el defecto es trascendente porque si no se hubiera argumentado  en  los  términos anotados, la Sala Penal tendría que haber reconocido el caso  fortuito,  al  tenor de lo previsto en el numeral 1º del artículo 32 ejúsdem,  ya  que  ningún otro medio de conocimiento permitiría descartar la ausencia de  responsabilidad.   

Segundo cargo (subsidiario).  

Por  la  senda  del  error de hecho por falso  raciocinio,  el  censor cita la sección del fallo de segundo nivel en la que el  Tribunal   reflexiona  sobre  la  discrepancia  entre  las  conclusiones  de  la  inspección  al  vehículo realizada por el intendente Edwin Remolina Caviedes y  la  pericia del CTI practicada por Luis Antonio Varón Mancera, para, enseguida,  señalar  que  dado  que  “los peritajes”29  ofrecían  reparos, el ente  acusador  no  pudo  derruir  la  presunción  de inocencia en tanto no se logró  establecer  si  los  hechos  ocurrieron  por  un  daño mecánico imprevisible o  previsible del automotor.   

Resalta  que  el contraste de “los    dos    dictámenes”30  y  de  los  testimonios  de  los  respectivos  expertos,  pone  en evidencia “un  entredicho  que  no  es  otro  que  el del tercero excluido que  indica  que  si  una  proposición  es verdadera y la otra falsa, no cabría por  ende  una  tercera  postura que permita el llegar a una conclusión plausible al  caso     sometido     a    escrutinio”31.    Lo  anterior,  por  cuanto  de un lado se afirmó que se trataba de un daño interno  por  la  fatiga  del  material  y,  del  otro,  que la avería se produjo por el  impacto.   

Como no se logró llegar a la certeza sobre la  existencia   del  “caso  fortuito  derivado  de  la  imprevisibilidad  de  la  fatiga interna de los mecanismos que ofrecen tracción  del    rodante    sin    posibilidad    de   detener   el   curso   causal   del  movimiento”32,  el  procesado  debió  ser  favorecido  con  una  sentencia  absolutoria  con  el  reconocimiento de la duda  probatoria.   

Sostiene  que  el yerro es trascendente en la  medida  que  la  presunción  de inocencia y la duda probatoria se deben aplicar  cuando no cabe predicar certeza.   

Tercer cargo (subsidiario).  

El  demandante  es  del  criterio  que  los  juzgadores  incurrieron  en violación directa de la ley sustancial por falta de  aplicación del inciso 2º del artículo 34 del Código Penal.   

En aras de demostrar el error indica que Melba  Iladid  Castellanos  Zambrano,  Aminta  Zenedt  Velandia Zambrano, María Eunice  Velandia  Coy  y  Michael  Francisco  Castellanos,  fallecidos  en el accidente,  integraban   el  núcleo  familiar  de  su  prohijado  y,  aunque  solicitó  la  aplicación  de  la  aludida norma, la fiscalía de segundo grado sostuvo que su  reconocimiento   correspondía  al  juez  de  conocimiento  porque  dos  de  las  víctimas no pertenecían al núcleo familiar del acusado.   

Luego  de  reiterar que la decisión correcta  era  la  emisión  de  sentencia  mixta  de  carácter condenatorio –si   es  que  había  certeza  de  la  responsabilidad  culposa-  y  declarativa  frente  a  las  cuatro  víctimas que  integraban  el  grupo  familiar  del procesado, añadió idénticos argumentos a  los  expuestos  para invocar la casación discrecional, concretamente, en cuanto  se  refiere  al  monto de la pena que le debió ser impuesta y la posibilidad de  acceder a los subrogados penales.   

Solicita  “dictar  el    fallo    de    sustitución    de    (sic)   que   corresponda”33.   

CONSIDERACIONES  

En  orden  a  derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre  el  fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las formalidades  técnico  jurídicas previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de  cada  una  de  las  causales  establecidas  en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

En  ese sentido, la demanda debe ser íntegra  en  su formulación, suficiente, clara y precisa en su desarrollo y eficaz en la  pretensión,   de  tal  suerte  que  se debe soportar en los principios que  rigen  el  recurso  extraordinario,  en  especial,  los de claridad, precisión,  fundamentación,  prioridad,  no contradicción y autonomía, sin que sea viable  argumentar  a la manera de un alegato de instancia.  La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

De  conformidad  con  el  artículo  213  del  Código  de Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda, porque  no  reúne  los  presupuestos ni cumple con las exigencias mínimas previstas en  el artículo 212 del mismo Estatuto.   

    

1. De la casación discrecional.     

1.1. Según lo establece el artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal  del  2000,  la  casación  procede contra las  sentencias  “proferidas en segunda instancia por los  tribunales  superiores  de  distrito  judicial  (…)  en  los  procesos  que se  hubieren  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad      cuyo      máximo     exceda     de     ocho     años”.   

El  mérito  del  sumario fue calificado con  resolución  de  acusación por el delito de homicidio  culposo,   en  concurso  homogéneo,  el  cual  está  descrito  en el artículo 109 de la Ley 599 de 2000, adecuación típica que fue  acogida en los fallos censurados.   

La conducta señalada tiene prevista una pena  de  2 a 6 años de prisión, supuesto objetivo que determina la improcedencia de  la casación ordinaria en el caso concreto.   

Teniendo  en cuenta tales límites punitivos  el  recurrente  acudió  a  la  vía  de la casación discrecional, para lo cual  debía  atender  el  contenido  normativo  del  inciso 2° del artículo 205 del  Código  de Procedimiento Penal, esto es, demostrar la necesidad de que la Corte  avoque  el  conocimiento  del  asunto  “para        el        desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la  garantía  de  los derechos fundamentales”.   

Cuando tal pretensión se funda en obtener la  protección  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes  o intervinientes  corresponde  al  censor  demostrar  la irregularidad que se posiciona en directa  afrenta  con  la  garantía  cuya  salvaguarda  se  procura,  indicar las normas  constitucionales  y legales que protegen el derecho invocado y la forma como fue  desconocido en el fallo recurrido.   

Así  mismo, si la admisión del libelo tiene  por   objeto   desarrollar  la  jurisprudencia,  el  censor  debe  explicar  con  suficiencia  en  qué sentido lo pretende, es decir, si lo procurado es fijar el  alcance  interpretativo de una norma, la unificación de posturas hermenéuticas  distintas  frente a un mismo tópico, el pronunciamiento sobre algún aspecto no  desarrollado  por  vía  jurisprudencial o la modificación de una posición que  no se atempere a la Constitución o la ley.   

En ese ejercicio, el recurrente se debe apoyar  en  la  jurisprudencia  existente y argumentar con claridad y precisión cuáles  son  los  cambios  o  variaciones que se deben introducir en sede extraordinaria  con  el  objeto último de perfeccionarla y de servir de criterio auxiliar de la  actividad judicial.   

1.2.  En un intento fallido por alcanzar tal  cometido,  el defensor se limitó a exponer en forma poco precisa que el recurso  busca        obtener        un        “avance  jurisprudencial”34 en punto de la viabilidad de  aplicar  el  principio  de  necesidad  de  la pena previsto en el inciso 2º del  artículo  34 de la Ley 599 de 2000 para emitir sentencias declarativas en casos  de  homicidio  culposo  de  personas  pertenecientes  al  núcleo  familiar  del  procesado.   

Lo  anterior,  lo  justificó en el hecho de  haber  rastreado  el tema en las decisiones de la Corte Suprema de Justicia, sin  encontrar ningún pronunciamiento al respecto.   

1.3.  Sin  embargo,  en  tal  postulación  inadvirtió  un  cardinal  presupuesto,  sin  el  cual no es posible dar curso a  ningún  tipo  de  censura  o  pretensión  en  sede  de  casación, este es, el  relativo al interés para recurrir.   

El artículo 213 de la Ley 600 de 2000 prevé  expresamente  que  “[s]i  el  demandante  carece de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos  se   inadmitirá   y  se  devolverá    el   expediente   al   despacho   de   origen.   (…)”.    Subrayas    fuera   del   texto  original.   

Constituye  presupuesto de procedibilidad del  recurso  extraordinario  de  casación  que  quien  promueve  la  demanda  esté  legitimado para incoar la impugnación.   

Dicha legitimación o interés jurídico para  recurrir  en casación se deriva del comprobado ejercicio del derecho de defensa  en  sus componentes de contradicción y doble instancia, materializado en: i) el  efectivo  agotamiento  del  recurso  de apelación contra la sentencia de primer  nivel  y,  ii)  la  correspondencia  o  sincronía  temática entre el motivo de  impugnación  elevado  ante  el  juzgador  de  segundo grado y el que soporta la  reclamación en sede extraordinaria.   

El  segundo evento, esto es, el relativo a la  unidad  temática  corresponde  a  la necesidad de que exista un mismo objeto de  debate  en los argumentos de la pretensión de la alzada y las causales y cargos  que  fundamentan  el  recurso  de  casación,  dado  que  si  el juez de segunda  instancia  no se pronuncia sobre el asunto en disputa porque la parte apelante a  su  vez  no  se ocupó del mismo en el recurso de apelación, mal puede la Corte  invadir  la  esfera  decisoria  del  Ad  quem,  salvo  que  se trate de proteger  garantías  fundamentales,  caso en el cual estaría habilitada para conocer del  reproche  formulado  al  amparo de la causal tercera y emitir el pronunciamiento  de rigor.   

En   otras   palabras,  si  el  núcleo  de  argumentación  como  la pretensión formulada en la apelación son distintos de  los  presentados  en  sede  de  casación,  los  últimos  motivos de disenso no  podrán  ser  examinados  por  la Corte porque no fueron objeto de inconformidad  ante   la   alzada   y   tampoco   pudieron   ser   tema   de  decisión  en  la  instancia.   

Esto  es  precisamente lo que sucede en este  asunto,  ya  que  tal  como  lo  admite  el demandante en la fundamentación del  tercer  cargo –cuyo soporte  involucra  en un todo la pretensión de la casación discrecional-, la solicitud  orientada  a  que  se prescinda de la pena impuesta por satisfacer presuntamente  el  supuesto  del  artículo 34.2 de la Ley 599 de 2000 solamente fue elevada en  sede  de  instrucción,  al impugnar la resolución de acusación, no así en el  recurso  de apelación contra el fallo de primera instancia, en el que nada dijo  sobre este concreto particular.   

Con este proceder, la defensa no solo mostró  su  conformidad con el ejercicio de dosificación punitiva implementado por el A  quo,  en  el  que no se aplicó el referido canon, sino que impidió al fallador  de  segundo  nivel  emitir  cualquier pronunciamiento en punto de alguna posible  inconformidad al respecto.   

Estas  consideraciones descartan de plano la  posibilidad  de admitir la demanda y se extienden por sustracción de materia al  tercer  cargo  (subsidiario)  en  tanto  se  sustenta en idénticos fundamentos,  razón  por  la  que  desde  ya  se  anticipa que no se hará un pronunciamiento  adicional frente al mismo.   

1.4.  Aunque  lo  dicho  en  precedencia  es  suficiente  para  no  dar  curso  al  libelo,  bien está precisar que cuando se  invoca  la  casación excepcional no basta indicar que un asunto jurídico no ha  sido   tratado  por  el  órgano  cierre  de  la  jurisdicción  ordinaria  para  condicionar     como     irremediable     la    admisión    de    la    demanda  correspondiente.   

Como   se   reseñó   al   principio,  el  casacionista   tiene   la  carga  de  fundamentar  la  necesidad  de  avocar  el  conocimiento  del  libelo,  enseñando para tal fin la relevancia superlativa de  adentrarse   en   el   fondo   del  asunto  para  lograr  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la protección de las garantías esenciales, trascendencia que  no  necesariamente  depende de que alguna norma y su hermenéutica no hayan sido  aún  tratadas  en  sede  casacional o, por lo menos, escasamente, máxime si un  precepto  por  su  meridiana  claridad  difícilmente  admite  diversos sentidos  interpretativos  y,  por lo tanto, no resulta indispensable para la Sala abundar  en mayores razonamientos.   

Justamente  esto  es  lo  que sucede en este  caso,  pues además que no es cierto que la Corte no se hubiera ocupado nunca de  precisar  el  alcance  del  artículo  34.2  del  Código Penal, toda vez que al  respecto  se  pronunció  en  el  auto  del  9  de  marzo  de  2006, radicación  29.94335,   el   tenor   literal  de  dicha  norma  no  deja  espacio  a  la  interpretación,  en la medida que únicamente se admite la no imposición de la  pena  prevista  para  cada  delito  culposo  o que no tenga pena privativa de la  libertad   cuando   i)  “las  consecuencias  de  la  conducta   han  alcanzado  exclusivamente   al   autor  o  a  sus  ascendientes,  descendientes,  cónyuges,  compañero  o  compañera  permanente, hermano, adoptante o adoptivo, o pariente  hasta  el  segundo  grado  de  afinidad”    (Negrilla    y    subraya   de   la  Sala)    y ii) la sanción no sea necesaria.   

En  el  caso de la especie, es nítido que la  lesión  al  bien  jurídico  tutelado –la  vida-,  no se produjo exclusivamente respecto de la cónyuge, la  hermana  y  el  hijo del enjuiciado, sino también de dos menores de edad ajenos  por  completo  a su núcleo familiar y la esposa de un tío que evidentemente no  integra siquiera el segundo grado de afinidad.   

Así  las  cosas,  no  hay lugar a admitir la  demanda con el fin planteado por el demandante.   

1.5. Además, no se puede perder de vista que  el  propósito  argüido  por  el  censor para acudir a la casación excepcional  únicamente   se   relaciona   con  el  tercer  cargo  postulado  con  carácter  subsidiario  en la demanda,  dejando  de  este  modo  de lado la pretensión principal tendiente a obtener la  absolución,  que,  entonces,  carecería de justificación alguna para proceder  por   la   vía   del   recurso   discrecional,   lo   cual   resulta  del  todo  impropio.   

Lo  dicho sería suficiente para inadmitir la  demanda,  en  tanto  la  acreditada  ineptitud  del  reparo discrecional así lo  condiciona;   no  obstante,  la  Sala  demostrará  que  los  cargos  intentados  –salvo el tercero, al que  la  Corte  –se insiste- no  se  referirá  otra  vez  porque  lo  entiende  suficientemente  examinado en el  acápite   precedente-   tampoco   superan   el   juicio  lógico  jurídico  de  admisión.   

2. Primer cargo.  

Frente al error de hecho por falso juicio de  identidad,  la  Sala  ha  sido  consistente  en  reiterar que él se perfecciona  cuando  el  sentido  literal  de  un  medio de prueba es cambiado para ponerlo a  decir  lo  que  no  revela.   Ello puede ocurrir por tergiversación, si se  varía  el  contenido  material  de  la  prueba; por adición, cuando se agregan  aspectos  o  resultados fácticos no comprendidos por el medio de convicción; o  por  cercenamiento,  si  se  suprimen hechos fundamentales del medio probatorio.   

En  cualquier  caso,  la postulación de este  tipo  de  yerro,  exige del casacionista el deber de identificar la prueba sobre  la  que  recae,  revelar  en  términos  exactos  tanto lo que dimana de ella de  acuerdo  con  su  estricto  contenido material, así como lo apreciado por parte  del  sentenciador  del  mismo  medio  de  convicción,  y  concretar  el tipo de  desfiguración  (adición,  supresión  o tergiversación) en que haya incurrido  el  juzgador,  para lo cual se debe efectuar el correspondiente cotejo entre los  dos  textos  y  rematar  enseñando  la  incidencia  del defecto en la decisión  final.   

En  el  reproche  que  se estudia, si bien el  censor  citó  el  aparte  del  fallo  en  el  que el Tribunal valoró el álbum  fotográfico  del  vehículo  colisionado, no solo omitió señalar con estricta  precisión  qué es lo que se percibe en las fotografías analizadas sino que la  construcción  del  reparo  por  el  sendero  del  falso  juicio de identidad se  edificó en un silogismo aparente.   

En  verdad,  afirma  el  libelista que a esta  “prueba   documental   y/o   pericial”36,  que  en  estricto  sentido  corresponde  a  un  documento y no a una pericia, se la puso a decir algo que no  revela,  esto  es,  que  “si  el  vehículo hubiese  venido  a  una  velocidad  menor,  los  daños  hubiesen sido diferentes y en su  sentir     menores”37.   

Sin  embargo,  verificada  la  sentencia,  se  advierte  que  lo  expresado  en  ella  sobre  el  particular  fue del siguiente  tenor:   

“Bien  revelador  del  exceso  de  velocidad con que conducía el acusado el campero en el momento  del  accidente,  lo  constituye el álbum fotográfico levantado por la policía  judicial  respecto  del  vehículo  y  de  la  zona  donde ocurrió el aparatoso  accidente.  De  la  observación del mismo se aprecia  con  facilidad  el grado de destrucción del automotor  (fls,  85 a 89 C.O.1.), lo cual no se habría presentado de avanzar el vehículo  a  una  velocidad  moderada.  Las  nefastas  y  letales  consecuencias  para los  ocupantes  del  automotor  son  otra  evidencia  de  la forma imprudente como se  desarrollaba   la   conducción   (…)”38.  (Subrayas    y    negrillas    fuera    del   texto  original).   

Claramente lo señalado en primer orden por el  Ad  quem  a  partir  de  la  observación del álbum fotográfico es el grado de  destrucción  del  automotor, premisa no discutida por el censor en parte alguna  y    que    corresponde   a   la   lectura   literal   del   medio   de   prueba  documental.   

Ahora,  si  lo  pretendido  era cuestionar la  segunda  conclusión  del  juez  plural  en  cuanto  a este aspecto, relativa al  exceso  de  velocidad  como producto de la destrucción masiva del automotor, el  yerro  lo debió construir por la senda del falso raciocinio, indicando la regla  de  la  experiencia,  el  postulado  de  la  lógica  o  la  ley  de  la ciencia  indebidamente   aplicado,   así  como  el  que  realmente  correspondía  y  la  relevancia del defecto en el sentido de la decisión.   

Como si se tratara de un alegato de instancia,  al  censor le bastó criticar al sentenciador de segundo nivel por presuntamente  fundar   el   fallo  en  conocimientos  personales,  sin  expresar  –asumiendo  que  se  refiere a un falso  raciocinio,  por  supuesto- cuál es la ley de la sana crítica que expresaría,  contrario   a   la   inferido  por  el  Ad  quem,  que  un  vehículo  destruido  prácticamente  en  su  integridad,  no  indica  el  hecho  de  conducir  a alta  velocidad.   

A  lo dicho se suma que el togado dejó en el  solo  enunciado  el  reproche  según el cual el Tribunal estaría impedido para  acudir  al  principio  de libertad probatoria y al referido álbum fotográfico,  para  descartar el alegado caso fortuito, y la Corte por virtud del principio de  limitación  no  puede  irrumpir  en la órbita de argumentación del recurrente  para complementar y dar sentido al reparo.   

En  todo  caso, no se puede inobservar que el  referido  axioma:  libertad probatoria, constituye piedra angular del sistema de  valoración  imperante  en  la  actualidad  en  el régimen procesal colombiano,  luego,  no  podría oponerse ataque alguno frente al juzgador que acude al mismo  para llegar al conocimiento de los hechos.   

Así mismo, afirma el letrado que el juzgador  colegiado  tergiversó  el  testimonio  de  Luz Cristi Castiblanco, pero ningún  esfuerzo  por  demostrarlo  se  percibe  en  el libelo, pues ni siquiera indicó  cuál  sería  el  aparte  concreto  que  habría sido distorsionado por la Sala  Penal.   

La confusión entre los dos sentidos de error  mencionados:       falso       juicio       de       identidad      –el   postulado-  y  falso  raciocinio  –el  alegado-,  es  tan  palmario  que  por la senda del primer yerro señalado afirma que los dos medios  de  prueba  referidos  fueron  tergiversados por el juez colegiado porque se los  puso  a  decir algo que “en sana lógica”  no  dicen,  defecto  que,  entonces, correspondería a un falso  raciocinio.   

El  demandante  acusa  al fallador de segundo  grado  por  no  darle alcance a la expresión del procesado en la indagatoria en  el  sentido  que:  “le  di  un cabrillazo y siguió  derecho  y  se  fue  por encima de los menores y llegué al barranco”39,  pero abandonó el deber de  indicar  en  qué tipo de error de hecho habría incurrido el Tribunal, dejando,  entonces, huérfana de argumentación esta precaria crítica.   

Finalmente, aunque dedicó una sección de la  demanda  a demostrar la trascendencia del cargo, la que vagamente dice radica en  que     dada     la     apreciación     de    dichas    pruebas    –álbum  fotográfico  y  testimonio de  Luz  Cristi Castiblanco- no se aplicó el numeral 1º del artículo 32 ejúsdem,  lo  cierto  es  que dejó de lado confutar el resto de pruebas empleadas por los  juzgadores  –testimonio de  Ana  Rosa  Forero Forero, indagatoria, dictamen pericial mecánico- para deducir  el  exceso de velocidad, como causa eficiente del accidente de tránsito y de la  muerte plural de personas por la que fue condenado.   

3. Segundo cargo (subsidiario).  

Cuando  se  predica  un  error de hecho en el  sentido  de  falso raciocinio, se debe demostrar que el ejercicio valorativo del  funcionario  judicial  es  trasgresor  de  los  postulados de la lógica, de las  leyes  de la ciencia o de las reglas de experiencia, es decir, de los principios  de la sana crítica como método de apreciación.   

Con  tal  fin, el libelista debe señalar con  exactitud  el  medio  de prueba sobre el que recae el yerro, identificar aquello  que  expresamente  dice  y  se  deduce de él, el mérito persuasivo otorgado al  mismo  por el juzgador, indicar y desarrollar con exactitud la regla lógica, la  ley  de  la ciencia o la máxima de la experiencia o del sentido común aplicada  erradamente  al  realizar  el  proceso  valorativo de los medios de prueba, así  como  la  que  apropiadamente  le  debió  servir  de apoyo, la norma de derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada o  interpretada  y,  finalmente,  demostrar  que  de  no  haberse  incurrido  en el  defecto,  el  sentido  de  la  decisión  adversa  habría  sido sustancialmente  opuesto.   

Ninguno de estos presupuestos metodológicos  fue  acatado  por el demandante y, por el contrario, antes que hacer manifiestos  los  presuntos  yerros lógicos de la sentencia acusada, enarboló su particular  apreciación  de  algunos  medios  de  convicción: dictamen pericial mecánico,  informe  de  policía  mecánico  y  testimonios de quienes los rindieron, en un  alegato  de  libre  formulación, natural en las instancias pero ajeno a la sede  de casación.   

En  realidad,  el  primero de los múltiples  defectos  argumentativos  detectados en el cargo que se examina radica en que el  censor  indistintamente  se  refiere a la prueba pericial mecánica y al informe  de  policía de tránsito como dictámenes, siendo que sólo la primera de ellas  puede ser considerada como tal.   

Ahora, afirma el demandante que el contraste  de      “los     dos     dictámenes”40   y   de   los  testimonios  respectivos  que se contraponen en tanto Edwin Remolina Caviedes indica que hubo  una      falla      mecánica      –fatiga  de  la  biela  de  la  dirección- y Antonio Varón Mancera,  observa  que  la  ruptura  de  esa  pieza  se  generó  por  el impacto, pone en  evidencia  “un entredicho que no es otro que el del  tercero  excluido  que  indica  que  si  una proposición es verdadera y la otra  falsa,  no  cabría  por  ende  una  tercera postura que permita el llegar a una  conclusión    plausible    al    caso    sometido    a   escrutinio”41.   

No  obstante,  la inidoneidad de su tesis es  ostensible  desde la sola lectura del enunciado, si se considera que alude a dos  posturas    –claramente  diferenciadas  aunque  sin  juicio  de  valor  positivo  o  negativo para lograr  establecer  la  verdadera  y  la falsa-, y no identifica cuál sería la tercera  proposición  que  el Tribunal habría formulado con contenido falso o verdadero  a  manera  de  postulado  intermedio  para  vulnerar  de éste modo el principio  lógico    del    tercero    excluido,    también    denominado   del   tercero  excluso -principium tertium  exclusum-.   

Recábese que este axioma parte de la base de  considerar  que  entre  dos  premisas  o  juicios  contradictorios, verdaderos o  falsos,   no  se  puede  concebir  un  tercero  intermedio  porque  toda  proposición  es verdadera o falsa, y entre estos dos valores  de verdad no cabe otra; alguna es la correcta.   

Por manera que, si el demandante no atribuye  al  Ad  quem  la  formulación  de  una  proposición  distinta a las dos que se  debatieron  durante  el  proceso  y,  en  cambio,  se  advierte  que entre ellas  escogió  una,  la  que  creyó  verdadera  por  tener soporte científico en el  criterio  experto del perito mecánico, la Sala no logra comprender cuál sería  el   defecto   lógico  que  el  togado  predica  contra  el  fallo  de  segunda  instancia.   

Ahora,  si  es  la  credibilidad que el juez  plural  le confirió al dictamen pericial mecánico sobre el informe de policía  de  tránsito,  lo  que  motiva  al  censor para edificar este reparo, se impone  precisarle  que  ella  no  es susceptible de ser cuestionada en casación, salvo  que  se demuestre que el sentenciador vulneró alguna máxima de la experiencia,  postulado  lógico o ley científica al apreciar el medio de convicción, lo que  en  este  caso,  brilló  por su ausencia, pues ninguna crítica eficaz dirigió  contra la apreciación del aludido medio de convicción.   

Siendo lo anterior así, tampoco hay lugar a  admitir este cargo.   

4.  La  casación  de  oficio.  Ruptura  del  principio de legalidad de la pena.   

Siendo el recurso extraordinario de casación  un  control  constitucional y legal de las sentencias de segunda instancia, a la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia le corresponde la  salvaguarda  de  los  derechos  fundamentales  de los sujetos en las actuaciones  penales.  En  vigencia de esa tarea debe velar por el respeto irrestricto de las  garantías  esenciales  del  ciudadano  procesado,  en  aras  de  posibilitar la  efectividad de las mismas.   

En aplicación de tal compromiso y en el marco  del  estado social y democrático de derecho, por virtud del artículo 216 de la  Ley  600  de  2000,  cuando  quiera  que  se  advierta  la  existencia de alguna  trasgresión  sustancial de los derechos constitucional o legalmente reconocidos  a  las  partes o intervinientes, deberá remediarla oficiosamente aunque ella no  hubiera  sido  postulada en el libelo, sin que para tal fin sea necesario correr  el  traslado  a  la Procuraduría General de la Nación previsto en el artículo  213 ibídem.   

Justamente,  al verificar el fallo de primera  instancia se advierte que el  juzgador  de  primer  grado quebrantó el principio de  legalidad      de      la     pena     –defecto   no   corregido  en  segunda  instancia-  por  cuanto  le  impuso  a  Jairo  Alirio  Castellanos  Zambrano  cuarenta  y  ocho (48) meses de  privación   del   derecho  a  conducir  vehículos  automotores,  sanción  que  corresponde  al límite máximo del segundo cuarto, siendo que de acuerdo con el  inciso  segundo  del  artículo  61 de la Ley 599 de 2000, el sentenciador sólo  podía  moverse  dentro del cuarto mínimo, pues tal como lo reconoció al tasar  las  penas  de  prisión  y  de  multa,  en  el  caso  concreto  “a  favor  del  acusado  se  configura  la  circunstancia  de  menor  punibilidad   prevista   en   el   artículo  55-1  Código  Penal  –carencia   de  antecedentes  penales  conforme  al  artículo  248  de  la  Carta  Política-  y  en la resolución de  acusación,  no  se  le  imputó  ninguna  circunstancia  de  mayor  punibilidad  –artículo  58  Ejusdem  (…)”42.   

En efecto, se tiene que el delito de homicidio  culposo,  cuando  la  conducta  se  comete  utilizando  medios motorizados tiene  prevista  pena  de  privación  del  derecho a conducir vehículos automotores y  motocicletas  entre  tres  (3)  y  cinco  (5)  años,  por  lo  que  los cuartos  correspondientes son del siguiente orden:   

Primero43             

Segundo             

Tercero             

Cuarto  

36m. – 42m.             

42m.1d.  – 48m.             

48m.1d.     –  54m.             

54m.1d.     –  60m  

Cuando  el  juzgador le impuso a Castellanos  Zambrano como pena accesoria  48  meses  de “suspensión del derecho a conducir vehículos”, claramente no  solo  superó  el  límite  punitivo  máximo  del  primer  cuarto,  sino que al  individualizar  este sanción no expresó con claridad, cuál era la razón para  imponer  el máximo del segundo cuarto, siendo que al tasar la pena principal de  prisión  sólo  hizo  un  incremento del 16.66% y que al dosificar la de multa,  impuso la sanción mínima prevista para el tipo penal.   

Siendo ello así, como la Sala advierte que el  criterio  para  imponer  las  penas  privativa  de  la  libertad y pecuniaria es  distinto,  por  cuanto,  se  insiste,  frente  a la primera realizó un pequeño  incremento  y respecto a la segunda no efectuó ninguno, la Corte escogerá esta  última  postura,  en tanto es más favorable a los intereses del encartado, por  lo  que para restablecer el derecho que le fue conculcado, la Sala lo condenará  a  la  pena  de  36  meses  de  privación  del  derecho  a  conducir vehículos  automotores  y  motocicletas,  que  corresponde  a  la  pena  mínima  para este  tópico.   

Finalmente,  como la revisión del expediente  permite  inferir  que  no  se ha incurrido en notorias causales de nulidad ni en  flagrantes   violaciones  de  derechos  fundamentales,  distinta  a  la  recién  advertida,   la   Corporación   no  puede  penetrar  de  oficio  al  fondo  del  asunto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  través de apoderado por Jairo  Alirio Castellanos Zambrano, contra  la  sentencia  del  16  de  junio de 2011 dictada por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Cundinamarca.   

Segundo.  Casar     parcialmente    de    oficio,   la   sentencia   impugnada   en   el   sentido  de  imponer a Jairo  Alirio  Castellanos  Zambrano la pena de privación del  derecho   a   conducir   vehículos   automotores   y   motocicletas por el término de 36 meses.   

Tercero.  Contra  esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ   

            

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ     MUÑOZ  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

            

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO  

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA   

            

JAVIER  ZAPATA  ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  En  este  accidente  también  sufrió  lesiones  el menor Hernán Yamil Castellanos  Velandia;  sin embargo, la investigación del  presunto delito se continuó  en  otra  cuerda  procesal,  por  cuanto  no  fue  imputado en la resolución de  acusación.   

2 Cfr.  folio 21 del cuaderno 5 del expediente.   

3  Ver  folio 195 ibídem.   

4  Ver  folios 200-204 ibídem.   

5 En la  parte   motiva   de   la   resolución,  concretamente  en  el  acápite  de  la  calificación  jurídica provisional se imputa el delito de homicidio culposo en  concurso.  Cfr.  folio  204  ibídem.   

6 Cfr.  folios 212-213 ibídem.   

7 Cfr.  folios 2-7 del cuaderno 4 del expediente.   

8 Cfr.  folio 224 del cuaderno 5 del expediente.   

9 Cfr.  folios 235-236 ibídem.   

10 Cfr.  folios 267-282 ibídem.   

11 Cfr.  folios 19-53 del cuaderno 3 del expediente.   

12 Cfr.  folio  30  ibídem.  Se  precisa  que  la pena accesoria en los términos de los  artículos  43  y  109  del  Código Penal se denomina. Privación del derecho a  conducir vehículos automotores y motocicletas.   

13 Cfr.  folios 61-90 ibídem.   

14 Cfr.  folios 5-31 del cuaderno 1 del expediente.   

15 Cfr.  folio 39 ibídem.   

16 Cfr.  folios 42-49 ibídem   

17 Cfr.  folio 44 ibídem.   

18 Cfr.  folio 45 ibídem.   

19  Ibídem.   

20  Ibídem.   

21  Ibídem.   

22 Cfr.  folio 46 ibídem.   

23  Ibídem.   

24  Ibídem.   

25  Ibídem.   

26 Cfr.  folio 47 ibídem.   

27  Ibídem.   

28  Ibídem.   

29 Cfr.  folio 48 ibídem.   

30  Ibídem.   

31  Ibídem.   

32  Ibídem.   

33 Cfr.  folio 49 ibídem.   

34 Cfr.  folio 44 ibídem.   

35 En  esta oportunidad la Corte expresó:   

“c)   Una  observación  objetiva  de la ley penal y de lo esbozado por la censora, permite  afirmar  dos cosas, emanadas del artículo 34.2. del Código Penal: primera, que  la  exoneración de las penas, tratándose de conductas punibles culposas, se ha  establecido  exclusivamente  para  cuando  del  agente  activo  del delito tiene  determinados  nexos  con  las  víctimas; y, segunda, la otra hipótesis, que la  posibilidad  de  no imponer sanción por innecesaria alude a los delitos punidos  exclusivamente con pena no privativa de la libertad.   

Resulta  de  lo anterior, entonces, que por  esa  vía  tampoco  los  jueces  podían desconocer la ley, cuya aplicación les  resultaba imperativa.   

El  artículo  34.2 de la Ley 599 del 2000,  recuérdese, establece:   

En    los   eventos   de   delitos     culposos     o    con   penas   no   privativas   de   la   libertad,   cuando   las   consecuencias   de  la  conducta  han  alcanzado  exclusivamente   al  autor  o  a  sus  ascendientes,  descendientes,  cónyuges,  compañero  o  compañera  permanente, hermano, adoptante o adoptivo, o pariente  hasta   el  segundo  grado  de  afinidad,  se  podrá  prescindir  de  la  imposición  de  la  sanción  penal  cuando ella no resulte  necesaria” (Resalta la Sala).   

Objetivamente,  pues,  no era viable dictar  sentencia  en concordancia y con fundamento en la prescindencia punitiva surgida  del principio de necesidad.”   

36 Cfr.  folio 46 ibídem.   

37  Ibídem.   

38 Cfr.  folio  24  de  la  sentencia  de segunda instancia a folio 28 del cuaderno 1 del  expediente.   

39  Ibídem.   

40 Cfr.  folio 48 ibídem.   

41  Ibídem.   

42 Cfr.  folio  26  de  la  sentencia  de primera instancia a folio 86 del cuaderno 3 del  expediente.   

43  Convenciones: m: meses; d: días.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *