39677(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 376.   

Bogotá,  D.  C.,  diez   (10)   de  octubre dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  acerca  de  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ÓSCAR      ENRIQUE     BARRAGÁN     GÓMEZ  contra la sentencia del 23 de abril de 2012 mediante la cual  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  confirmó, en lo fundamental, el fallo  proferido  el  30  de enero anterior por el Juzgado Penal del Circuito de Funza,  que  condenó  al procesado a las penas principales de 36 meses de prisión y 70  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa,  así  como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechoS  y  funciones  públicas  por  idéntico término, como autor responsable del delito de estafa.   

HECHOS  

          Los  que  encontró  demostrados el sentenciador de segundo grado se  pueden resumir de la siguiente manera:   

          ÓSCAR  ENRIQUE BARAGÁN GÓMEZ, psicólogo  familiar  y  orientador  de  problemas  personales  y  familiares, se hizo tomar  confianza  de  la  familia  Segura  Alzate,  entre  cuyos  miembros  se  encuentran  los hermanos Nelly     Esperanza    y    Jasson   Fredy   Segura  Zárate,  quienes  después  de  acudir  al  consultorio esotérico de aquél y comprarle productos  relacionados  con  el  ramo para la buena suerte y protección de los vehículos  de  la  casa,  fueron  convencidos por el prenombrado en el sentido de que en el  inmueble  donde  funcionaba  el  consultorio  de Jasson  Fredy,  médico  de  profesión,  había un tesoro por  cuya  extracción les propuso que les transfiriera la casa ubicada en la Avenida  11  No.  14-20 de Funza, adquirida por la señora Elina  Zárate  Acosta,  madre  de  los hermanos Segura    Zárate,   en   la   suma   de  $40.000.000.              

          Así   lo   hicieron.   La  correspondiente  escritura  pública  la  suscribieron  el  28  de  febrero de 2003 en la Notaría Única de la mencionada  localidad,  pero  a  cambio  solamente recibieron una copa sin ningún valor y 4  llaves entregadas en intervalos mensuales sucesivos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Con    base    en    la   denuncia   instaurada   por   Nelly  Esperanza  Segura  Alzate, el 15 de  abril  de  2004  la Fiscalía dispuso la apertura de instrucción penal, en cuyo  desarrollo    escuchó   en   declaración   de   indagatoria   a   ÓSCAR ENRIQUE BARRAGÁN GÓMEZ.   

          Por  providencia  del 21 de julio de 2005 le resolvió la situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, por los delitos  de  estafa  agravada, falsedad material en documento público y constreñimiento  ilegal.   

El  4  de  octubre siguiente, el funcionario  dispuso  la  clausura de la instrucción, procediendo a calificar el mérito del  sumario  el  8  de  noviembre del mismo año con preclusión de la instrucción.  Por  vía  de  apelación interpuesta por el representante de la parte civil, la  Fiscalía  Sexta  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior, en decisión del 24 de  diciembre   de   2007,   revocó   parcialmente  la  preclusión  para  proferir  resolución  de  acusación  contra  BARRAGÁN  GÓMEZ  por el delito de estafa simple.   

          En  firme  el pliego acusatorio, asumió el conocimiento del proceso  el  Juzgado  Penal  del Circuito de Funza, funcionario que tras surtir las fases  subsiguientes  del  juicio, puso fin a la instancia mediante la sentencia del 17  de  enero de 2012, en la cual, como ya está dicho, condenó al procesado por el  ilícito de estafa.   

Contra   esa   determinación  la  defensa  interpuso  el  recurso  de  apelación,  por  cuya  vía el Tribunal Superior de  Cundinamarca  le  impartió confirmación en el fallo del 23 de abril siguiente,  ante  lo  cual  el  mismo  sujeto  procesal acudió al recurso extraordinario de  casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la sentencia del  Tribunal,  el  cual  apoya en la causal tercera de de casación de la Ley 600 de  2000,   denunciando  de  esa  forma  la  vulneración  del  debido  proceso  por  desconocimiento  de  la  garantía  fundamental  al  juez  natural, en tanto los  falladores no tenían competencia para adelantar el juzgamiento.   

          Según  el  actor,  los llamados a tramitar el presente proceso eran  los  jueces  penales  municipales,  pues  así  lo establece el artículo 37 del  Código  de Procedimiento Penal, en la modificación del artículo 2º de la Ley  1142  de  2007,  norma que asigna a esa categoría de funcionarios judiciales la  competencia  para  conocer de los delitos contra el patrimonio económico cuando  la cuantía no exceda de 150 salarios mínimos legales mensuales.   

          En  este  caso,  añade,  se procede por el delito de estafa simple,  cuyos  hechos  ocurrieron  el  28  de febrero de 2003, año para el cual los 150  salarios  mínimos  mensuales  correspondían a la suma de $49.800.000, cuantía  superior  al  valor  del  inmueble  sobre  el  cual presuntamente se cometió el  ilícito,  fijado  en  $40.000.000  e,  incluso,  al  determinado  en el avalúo  pericial  efectuado  con  fundamento en la inflación causada dos años después  de    los    acontecimientos,    oportunidad    en    que    se    valoró    en  $49.600.000.   

          En  consecuencia,  concluye,  la Fiscalía se equivocó cuando en su  momento  remitió  la  actuación  a  los  jueces penales del circuito, error no  advertido  por  los  funcionarios  que  adelantaron  el juzgamiento en primera y  segunda  instancia,  quienes  carecían de competencia funcional para el efecto.   

          Con  ese  basilar  sustento,  solicitó casar la sentencia impugnada  para,  en su lugar, decretar la nulidad de lo actuado a partir del auto mediante  el  cual  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Funza avocó el conocimiento del  juicio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          La  demanda  instaurada  por  el defensor del procesado ÓSCAR   ENRIQUE  BARRAGÁN  GÓMEZ  será  inadmitida, por las siguientes razones:   

De  acuerdo   con lo previsto el inciso  1º  del  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, en cuya vigencia ocurrieron los  hechos  objeto  de  juzgamiento,  el recurso extraordinario de casación procede  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  por  el Tribunal Penal Militar, cuando se  trata  de  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo  máximo exceda de ocho años.   

Ahora  bien,  el inciso tercero de la citada  disposición  faculta  a  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia para  admitir  de  manera  excepcional  las  demandas de casación interpuestas contra  sentencias   de   segunda   instancia   proferidas  por  autoridades  judiciales  diferentes  a las ya mencionadas o relativas a delitos que tengan señalada pena  de  prisión  inferior  a la prevista por el legislador para acceder a esta vía  de  impugnación  extraordinaria o para los no sancionados con pena privativa de  la   libertad,   cuando   ello   fuese   necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  nacional  o  para garantizar derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley.   

         

          En  relación  con  lo  anterior,  la  Sala  ha  sido  insistente en  señalar  que  cuando  se  trata  de  la casación discrecional al demandante le  corresponde     exponer     con     claridad     y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina, bien para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.  Por  su  parte,  si  la  pretensión  del  casacionista  se orienta a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e  indicar  las normas constitucionales o legales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido1.   

En el caso materia  de   estudio,  el  recurso  sólo  procedía  por  vía  discrecional     o    excepcional,    pues  el delito  por  el cual se dictó la sentencia tiene  señalada  pena  de  prisión  cuyo máximo no excede de ocho (8)  años.   

El libelista olvidó la exigencia procesal en  mención,   limitándose   a   invocar   el   recurso   por  la  vía  común  u  ordinaria,   creyendo  tener  pleno  acceso  a  esa  modalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  sin  advertir  que lo procedente era acudir a la  vía excepcional.   

Pero, desde luego, no puede pasarse por alto  la  postura  de la Sala, conforme a la cual podría admitirse la impugnación si  el  demandante,  a pesar de no señalarlo expresamente, ofrece razones a través  de  las  cuales  se  pueda  inferir  claramente que su intención es fundamentar  alguno  de  los  dos  motivos que habilitan la casación excepcional2.   

En  ese  sentido,  se  observa que el censor  aduce  la  vulneración del debido proceso por desconocimiento del principio del  juez  natural.  Siendo  así  la situación, resulta factible interpretar que su  pretensión  es  propender  por  la protección de las garantías fundamentales.   

          De  todas  maneras,  encuentra  la  Sala  que el actor no cumple las  demás  exigencias  legales  indispensables para admitir la demanda, conforme lo  establece  el  inciso  final  del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, entre las  cuales  está la de enunciar la causal y formular el cargo, con expresión clara  y  precisa de sus fundamentos y de las normas que se estiman infringidas, según  lo  determina  el numeral 3º del artículo 212 ibídem, para cuya satisfacción  se  requiere, además, seguir las pautas de sustentación que la Corte ha fijado  cuando se trata de elaborar una demanda de casación.   

En  efecto,  como  lo  tiene suficientemente  decantado    la    jurisprudencia   de   la   Sala3,  cuando por vía de casación  se  aduce nulidad por falta de competencia, es necesario que el actor formule el  cargo  con  apoyo  en  la  causal  tercera  y  lo  desarrolle  al  amparo de los  lineamientos  propios  de  la  causal  primera,  demostrando que se incurrió en  violación directa o indirecta de la ley sustancial.   

En  tal virtud, si se opta por la violación  directa  de la ley, corresponde al casacionista indicar las disposiciones que el  fallador  aplicó  indebidamente  o  aquellas  que  dejó  de  aplicar o las que  interpretó  inadecuadamente,  según sea la naturaleza de la violación directa  aducida,   así   como   expresar   las  razones  jurídicas  que  sustentan  el  cargo.     

Por  su  parte,  si  el  actor  denuncia  la  violación  indirecta  de la ley, deberá expresar si proviene de error de hecho  o  de  derecho  en la apreciación de las pruebas, así como señalar el sentido  del  yerro,  esto es, en el primer caso (error de hecho) precisar si se trata de  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o falso raciocinio. Y en  el  segundo evento (error de derecho) indicar si se incurrió en falso juicio de  legalidad o en falso juicio de convicción.   

En  el  caso  objeto  de  estudio, el censor  pretermitió  la  regla casacional en mención, pues confeccionó el reproche al  amparo  únicamente  de  la  causal tercera, sin que lo hubiese desarrollado con  sujeción  a  los  parámetros  inherentes a la causal primera. De ahí que haya  omitido  precisar  y,  con  mayor  razón,  demostrar si la falta de competencia  aducida provino de la violación directa o indirecta de la ley.   

Pero  es  más. El actor no explica por qué  solicita  la  aplicación  del  artículo  37  de  la  Ley  906  de 2004, si esa  disposición,  incluida  la modificación que le efectuó el artículo 2º de la  Ley  1142  de  2007,  solamente  opera  en  los procesos seguidos con apego a la  ritualidad  allí  contemplada,  mientras la presente actuación se tramita bajo  el  procedimiento  regulado en la Ley 600 de 2000, en cuyo artículo 78, numeral  2º  asigna  a  los  jueces  penales  municipales el conocimiento de los delitos  contra  el  patrimonio  económico  cuya  cuantía  sea  inferior  a 50 salarios  mínimos  legales,  valor que para el año de 2003 equivalía a $16.600.000, muy  inferior  al  precio  fijado  al  inmueble  constitutivo del objeto material del  delito.   

Pasa  inadvertido,  en esas condiciones, que  cuando  la  cuantía  excede  de  los  mencionados  50 salarios mínimos legales  mensuales  la  competencia  corresponde  a  los  jueces penales del circuito, de  acuerdo  con lo previsto en numeral 1º, literal b) del artículo 76 del Código  de  Procedimiento Penal de 2000, como en efecto lo entendieron los falladores de  instancia.   

         En  consecuencia, ante las evidentes falencias de sustentación que  presenta    el   cargo  formulado,  la Sala inadmitirá la demanda de casación  instaurada   por   el   defensor  de  ÓSCAR  ENRIQUE  BARRAGÁN              GÓMEZ.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ÓSCAR ENRIQUE BARRAGÁN GÓMEZ.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo   187   del   estatuto   procesal   penal,  contra  esta  providencia    no    procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

2 Cfr.  Auto del 18 de noviembre de 2004. Rad. 22082.   

3  En  ese sentido, ver auto del 12 de diciembre de 2003. Rad. 21379.     

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