36976(01-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 364  

Bogotá,  D.  C., primero (01) de octubre de  dos mil doce (2012)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Jhon   Fredy   Campos   Acero,   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante la cual confirmó la proferida por el  Juzgado  Veintiocho  Penal del Circuito de la misma ciudad, que lo condenó como  coautor  de  los  delitos  de homicidio agravado en grado de tentativa, lesiones  personales  agravadas,  hurto calificado agravado y hurto calificado agravado en  grado de tentativa.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“Como  hechos trascendentales del presente  proceso,  se  pueden  referir los ocurridos el 14 de junio de 2010, en el sector  del  barrio  Nueva Delicia de la localidad de Kennedy, cuando una patrulla de la  policía  al  practicar  una  requisa  a  dos personas que dijeron llamarse JHON  FREDY  CAMPOS y DIDIER STIVEN JIMÉNEZ ACERO, le encontró a uno de ellos, quien  finalmente  resultó  ser  el  mentado  JHON  FREDY  CAMPOS  ACERO,  una  navaja  impregnada  de  sangre, por lo que se procedió a su conducción hasta el CAl de  Las  Delicias  para  allí  someterlo  a un completo registro y cuando a ello se  dedicaba,  hicieron presencia los señores JHON ANDERSON VILLA y ROBERTO AUGUSTO  RODRÍGUEZ,  quienes  manifestaron  haber  sido  momentos  antes víctimas de un  atraco  por la suma de $ 1.200.000.oo y de indistintas agresiones corporales con  arma  punzante  por  parte de unos sujetos, reconociendo cabalmente al conducido  JHON  FREDY  CAMPOS  ACERO  como  el  autor  de  tales hechos y, por ese motivo,  entonces  se  dispuso  su  inmediata  retención  para  los  ulteriores fines de  investigación  y  judicialización,  no  sin antes igualmente coordinar que los  agredidos  fueran  atendidos  en un centro asistencial, habida cuenta que uno de  ellos     presentaba     múltiples     heridas    en    tórax    y    sangraba  profusamente”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  el anterior acontecer, la Fiscalía  General  de  la  Nación  presentó  escrito  de acusación, entre otros, contra  Jhon  Fredy  Campos Acero por  los  delitos  de  homicidio  agravado en grado de tentativa, lesiones personales  agravadas,  hurto  calificado  agravado  y hurto calificado agravado en grado de  tentativa.   

2. Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral,  el Juzgado Veintiocho Penal        del        Circuito        con       función  de  conocimiento  de  Bogotá,       el      2         de         febrero  de  2011,  dictó  sentencia de  primera  instancia  en  la  que  condenó  a Jhon Fredy  Campos  Acero  a  la  pena  principal  de 238 meses de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  plazo de la privativa de la libertad, como  coautor  de  las conductas punibles de homicidio agravado en grado de tentativa,  lesiones  personales  agravadas,  hurto  calificado  agravado y hurto calificado  agravado en grado de tentativa.    

3.  Apelado  el  fallo  por el acusado   y  su  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  12   de   mayo        de       2011,   al   desatar   el   recurso,   lo  confirmó.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  interpuso recurso de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Al amparo de la causal  tercera, según  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de  2004,  presenta un único   cargo,  a  través  del cual  acusa  al Tribunal de haber transgredido, de manera indirecta, la ley sustancial  “que  para el presente caso encuentra su sentido de  la  violación en error de derecho por falso juicio de convicción, contrariando  la  tarifa  probatoria  que  en el respetuoso concepto del suscrito censor está  dada  por  el  desistimiento  de  la  querella  que  determina  el sentido de la  decisión,   preceptuada   por   el   artículo   76   del   estatuto   procesal  vigente”.   

Así  mismo,  dice que en forma subsidiaria,  hubo  “violación  por  error  de  hecho  por falso  juicio  de identidad, al incurrir la sentencia objeto de censura en la modalidad  de  cercenamiento  de  los  elementos probatorios que encauzaron el apreciar una  parte  del  escenario  probatorio como si se tratase de un todo, particularmente  en  lo  atinente  a la identificación del encausado en gracia de la distorsión  del medio probatorio”.   

Por  lo  expuesto, solicita a la Corte casar  parcialmente   la   sentencia   impugnada   y,   en  su  lugar,  “condenar  al  procesado  a la pena principal de veintiocho meses de  prisión  y  a  la accesoria de rigor otorgándole el subrogado de la pena de la  suspensión    condición   de   la   ejecución   de   la   pena”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación se concibe como un medio   

de control constitucional y legal que procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos adelantados  por delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido  que el censor no cumplió los anteriores presupuestos, en  tanto  no  demostró  la  existencia  de  los  vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En  primer  lugar, resulta oportuno recordar  que  este  recurso fue estatuido para denunciar vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

De  otra  parte, los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en  tanto  se  excluye  un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral  o  se  supone  otro que no desfiló en el debate, se tergiversa su  contenido   material,  haciéndose   derivar   una   verdad   que   no  emerge  del  mismo, y cuando se aprecia en abierta  contrariedad    con    las   reglas   que   rigen   a  la  sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la  probanza  se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la norma.   

Así mismo, en punto de la postulación de la  censura  el  actor debe enseñar a la Corte la clase del error y el falso juicio  que  lo determinó. De igual manera, respecto a la trascendencia del vicio, debe  evidenciar  cómo  los  medios  de prueba de haber sido incorporados y valorados  correctamente,  el  fallo  necesariamente habría sido favorable a los intereses  que representa.   

Y,  por  último,  también  le  corresponde  indicar  a  la Corte cómo el vicio incidió en la aplicación del derecho, esto  es,  se seleccionó una norma que no era la llamada a gobernar el asunto  o  se  excluyó  otra  que  sí  resolvía  todos  los  extremos  de  la  relación  jurídico-procesal.   

3.   En   lo   atinente   al  único  cargo  que el casacionista postula  contra   la   sentencia   de   segunda  instancia,  es  claro  que  el  discurso  argumentativo   no  muestra  la  existencia  de  un  error  en  la  apreciación  probatoria,  porque  el  mismo  está  concebido  para cuestionar la valoración  hecha  en  las  instancias  a  los  elementos  de  conocimiento que sirvieron de  fundamento al fallo.   

En  efecto,  las  hipótesis expuestas en la  demanda  únicamente  exteriorizan  una  inconformidad con el mérito dado a las  probanzas  incorporadas  al juicio oral, público y concentrado acerca de que el  sentenciador  incurrió  en un error de derecho por falso juicio de convicción,  toda  vez que se dio aplicación a lo estatuido en el artículo 76 en la Ley 906  de  2004,  argumento  que  no  se  compadece  con  el enunciado, toda vez que el  presunto  vicio  indicado  únicamente atañe al acto de apreciación probatoria  por  desconocimiento  de  la  tarifa  legal  de  prueba,  aspecto que en nada se  concatena  con  el  anunciado  “desistimiento de la  querella”.   

Así  mismo,  igual  descalificación  debe  hacerse  al  incoado  error  de hecho por falso juicio de identidad, dado que en  vez   de  señalar  cuáles  fueron los medios de prueba mal estimados y de  qué  manera  se tergiversó el contenido objetivo de la prueba, al punto que se  hizo  derivar  una  verdad  que  no  emerge  del medio de convicción, dedica el  discurso  argumentativo  simplemente a cuestionar que se valoró parcialmente la  plural prueba incorporada en el juicio.   

Es decir, las argumentaciones del actor sólo  demuestran  una  personal forma de estimar las probanzas, sin que se acredite al  respecto algún desatino por parte del sentenciador.   

Ante esa simple discrepancia de criterios, se  impone la inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del   fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación se violaron  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga   superar   los    defectos    del   libelo  en  orden  a  decidir   de  fondo,   según   lo   dispone   el   inciso   3°   del   artículo   184  de  la   Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación presentada,   procede el mecanismo de insistencia de conformidad con  lo  establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido   instituto   procesal,   la   Sala   ha   definido     las    reglas   que   habrán   de   seguirse   para   su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de casación presentada a nombre de Jhon Fredy  Campos Acero.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO             FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                             LUIS              GUILLERMO             SALAZAR  OTERO           

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                                      JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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