36234(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36234  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No.139  

Bogotá  D. C., dieciocho de abril de dos mil  doce.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  FRANCISCO  JAVIER  MOLINA  GONZÁLEZ contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Cali el 25 de noviembre de  2010,  mediante  la  cual  confirmó  la  emitida  por el Juzgado Doce Penal del  Circuito  de esa ciudad el 20 de enero del mismo año, que condenó al procesado  por  los delitos de peculado por apropiación y peculado por aplicación oficial  diferente.   

Hechos  

En  el  año  de 1996 el Concejo Municipal de  Dagua  en  el Departamento del Valle autorizó al Alcalde Municipal FRANCISCO  JAVIER  MOLINA  GONZÁLEZ  para  obtener   un   préstamo   por   $450’000.000  destinado  a financiar gastos de funcionamiento, y otro por  valor  de $150’000.000 para  ser    invertido   en   proyectos   de   infraestructura,   salud,   educación,  electrificación  rural,  acueducto  y  alcantarillado  de las comunidades de la  zona   de   influencia   del  poliducto  del  pacífico,  que  comprendían  los  Corregimientos  de  Piñal,  Atuncela,  El  Rucio,  El Naranjo y Juntas, para un  total   de  $600’000.000,  empréstito   que   gestionó  y  obtuvo  a  través  de  la  Caja  de  Crédito  Agrario.      

A raíz de una denuncia penal suscrita por el  señor  EDWAR OROZCO GARCÍA, en la que se informaba sobre irregularidades en el  manejo   de   estos   dineros   por   parte  del  Alcalde,  se  adelantaron  las  averiguaciones  preliminares pertinentes, en cuyo desarrollo logró establecerse  que  a  nombre  del  burgomaestre  y  de  terceros  aparecían cheques girados y  cobrados    por    valor    de    $22’302.528,  no  soportados  contablemente,  y  que  buena parte de los  dineros  destinados  a inversión fueron empleados en gastos de funcionamiento y  otros.    

   

Actuación procesal relevante  

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  FRANCISCO  JAVIER MOLINA GONZÁLEZ, y el 17  de  enero  de  2005  calificó  el  sumario  con resolución de acusación en su  contra  por  los delitos de peculado por apropiación y peculado por aplicación  oficial  diferente,  descritos  en  los  artículos 133 y 136 del Decreto 100 de  1980  (modificados  por  los artículos 19 y 32 de la  Ley  190  de 1995).  Apelada esta decisión por la  defensa,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal la confirmó, en decisión  fechada    el    22    de    marzo    de    2006.1   

2. Tramitado el juicio, el Juzgado Doce Penal  del  Circuito  de Cali dictó fallo el 20 de enero de 2010, en el que condenó a  FRANCISCO   JAVIER   MOLINA   GONZÁLEZ  a    94    meses    de    prisión,    multa    de   $22’302.528   e   inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por seis (6) años,  como  autor  responsable  de  los  delitos  imputados  en  la  acusación.2    

3.  Apelado  este  fallo  por la defensa para  demandar  la  absolución  del procesado, el Tribunal Superior de Cali, mediante  el  suyo  de 25 de noviembre de 2010, que ahora el mismo sujeto procesal recurre  en  casación,  lo  confirmó  en  los aspectos materia del recurso.3   

La demanda  

Afirma que las decisiones de instancia violan  las  reglas  de producción y apreciación de la prueba, y que esta vulneración  se  asocia con el desconocimiento del artículo 381 del estatuto procesal penal,  que  dispone  que  “para  condenar  se  requiere el  conocimiento  más allá de toda duda acerca del delito y la responsabilidad del  acusado”.   

Argumente  que  los  juzgadores, al unísono,  manifiestan  que los peritajes apuntan a señalar al Alcalde como responsable de  los  delitos imputados, pero que esto no es así, porque la pericia del técnico  del  C.T.I.  JAIMES  JESÚS  RIVERA  TORRES  fue  declarada  improcedente por el  fiscal,  y  la  de la perito ANA ARLINE GÓMEZ BEDOYA está plagada de dudas, no  siendo posible, con fundamento en ella, sustentar una condena.   

Además,  en su informe, la perito ANA ARLINE  es  clara  en  precisar que el estudio “evidencia de  manera  precisa  los  pagos  realizados por concepto de los contratos celebrados  durante  la administración del sindicado: Molina González, entre ellos algunos  de  los  que fueron objeto de específica asignación en el acuerdo 034 de 12 de  diciembre  de 1995, detallando incluso los comprobantes de egresos y la cuantía  de  los  pagos, lo que demuestra sin duda alguna que hubo erogaciones destinadas  a  cumplir  el convenio con Ecopetrol”, apreciaciones  de  las  que  surge la existencia de un recto proceder en la administración del  erario    público    y    de   los   créditos   adquiridos   por   parte   del  Alcalde.   

Agrega que la médula de la condena radica en  los  cheques  que le fueron girados al Alcalde, aspecto en relación con el cual  resulta  pertinente  evocar  los  argumentos  de  la  fiscal  de entonces, quien  manifestó,  entre  otras cosas, que “los cheques por sí solos, no prueban la  apropiación   endilgada”,  y  que  la  investigación  se  había  “quedado  corta”.    

Sostiene que los juzgadores contravinieron el  numeral  3°  del  artículo 181 del estatuto procesal penal, lo cual constituye  una  causal  para  acudir  en  casación,  como también, el debido proceso y el  derecho  de defensa “porque se aspira a condenar sin  la  aplicación  de  las reglas de producción de la prueba y segundo, porque se  ha  pretermitido el derecho de contradicción integrante el (sic) de defensa, lo  que  constituye  la  segunda  causal  para  solicitar  el  recurso  de CASACION;  contenida   en   el   numeral   1°   del   artículo   181   del  procedimiento  penal”.   

SE CONSIDERA  

Una  vez  más  debe la Corte precisar que la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito de elaboración libre, en el que sea  dable   plantear  alegaciones  indiscriminadas,  de  cualquier  tipo,  sino  una  exposición  lógico  jurídica,  vinculada  al   cumplimiento  de  ciertas  exigencias  mínimas  de  forma  y  contenido,  sin  las  cuales  no  es posible  aprehender su estudio.    

Este  principio  medular,  denominado  por la  dogmática  casacional,  de  crítica  vinculada,  que  preside  el  recurso  de  casación,  por  oposición al de crítica libre, que regenta las alegaciones de  instancia,  impone  al  actor  la obligación de circunscribir los ataques a las  causales  establecidas  en  las  normas legales, y de acreditarlos siguiendo las  directrices  trazadas  por  ellas y por la lógica que dicta la naturaleza de la  causal planteada o del error denunciado.     

También le impone cumplir ciertos derroteros  en  la labor de fundamentación del recurso, algunos de carácter general,   entre  los que se encuentran el señalamiento de la causal invocada (enunciado),  la  acreditación  del  error  propuesto  (desarrollo)  y  la  precisión  de la  consecuencia  jurídica  (conclusión),  y  otros específicos, asociados con el  contenido   del   ataque,   cuyas   particularidades   dependerán   del   error  planteado.          

Además,  debe  sujetar  su exposición a los  principios  que  rigen  su  fundamentación,  entre  los  que  se  cuentan el de  autonomía  de  las causales, no contradicción, coherencia y razón suficiente,  que  exigen,  en  su  orden, no entremezclar alegaciones que involucren causales  distintas,  no  incluir posturas excluyentes, mantener una adecuada relación de  conformidad  entre  el  enunciado  del  cargo  su desarrollo y su conclusión, y  presentar  una  demanda  que se baste así misma para lograr la infirmación del  fallo.   

En el caso analizado la demanda que se estudia  no  cumple  ninguno  de  estos requerimientos, pues, como viene de ser visto, se  trata  de  un escrito ligero, totalmente desprovisto de rigor lógico jurídico,  en  el  que  se  ataca  la  valoración que los juzgadores hicieron de la prueba  pericial   y   documental,   sin    demostrar  en  concreto  ningún  error  probatorio.   

   

Para  empezar dígase que la normatividad que  invoca    para    identificar    las   causales   de   casación   (numerales  1°  y  3° del artículo 181),  es  equivocada, porque este asunto no se rituó por la ley 906 de 2004, sino por  la  Ley  600 de 2000, debiendo ser, por tanto, las normas que definen el proceso  casacional  en  este  estatuto las llamadas a servir de fundamento a los ataques  propuestos.   

Adicionalmente a esto el libelista incurre en  la  contradicción  lógica  de  plantear,  al mismo tiempo, en relación con el  mismo  ataque,  dos  causales  excluyentes,  pues  asegura  que  los  juzgadores  contravinieron  el  numeral  primero del artículo 181, que define la violación  directa  de  la  ley  sustancial,  y  también  el  3°  ejusdem,  que prevé la  violación   indirecta,   planteamiento   que   hace   que  el  cargo  se  torne  conceptualmente indescifrable.   

Lo   anterior,   porque  cuando  se  invoca  violación  directa de la ley sustancial, el ataque debe sustentarse en el marco  del   raciocinio   puramente  jurídico,  sin  discusión  de  la  prueba,  cuya  apreciación  se  acepta,  exigencia que el casacionista abiertamente desatiende  al  hacer  radicar  el  error  que  plantea  en  una indebida valoración de los  elementos probatorios.      

Tampoco  identifica la clase ni la especie de  error  cometido,  pues asegura que los juzgadores incurrieron en errores de  producción  y apreciación probatoria, pero no precisa si el error cometido fue  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia, falso juicio de identidad o falso  raciocinio,  o  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad o falso juicio de  convicción.   

También  omite  acreditar  su  existencia  y  trascendencia,   toda  vez que, más allá del enunciado cargo, no adelanta  ninguna  labor  argumentativa orientada a probar que los elementos estructurales  de  uno cualquiera de estos errores de valoración probatoria se materializaron,  ni  mucho  menos,  que  de  no  haberse  presentado,  las conclusiones del fallo  habrían sido sustancialmente distintas.       

Podrían    destacarse    muchas    más  inconsistencias,  pero  las advertidas resultan suficientes para concluir que la  demanda  no  cumple  los  requisitos  mínimos  de  orden  formal  ni sustancial  exigidos  para  su  estudio.  Por  tanto,  en  aplicación de lo dispuesto en el  artículo  213 de la Ley 600 de 2000, se la inadmitirá, y se ordenará devolver  el  proceso  a la oficina de origen, no advirtiendo violaciones a las garantías  fundamentales   que   la   Corte  esté  en  el  deber  de  proteger  de  manera  oficiosa.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por   el   defensor   de   FRANCISCO   JAVIER  MOLINA  GONZÁLEZ.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                FERNANDO                              ALBERTO                             CASTRO  CABALLERO                               

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                  MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                                          

AUGUSTO        J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                LUIS                              GUILLERMO                              SALAZAR  OTERO                                 

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA  ORTIZ                           

Nubia Yolanda Nova García  

SECRETARIA  

    

1  Folios  111,  126-131  del  cuaderno original 1, y 620-646, 668-682 del cuaderno  original 3.   

2  Folios 839-863 del cuaderno original 3.   

3  Folios 887-896 del cuaderno original 3.     

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