36736(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36736   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N°. 331.   

Bogotá  D.C., septiembre catorce (14) de dos  mil once (2011).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre el cumplimiento de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida argumentación del libelo de casación  presentado  por  el  defensor  del  procesado  MIGUEL  ANTONIO  PARDO  MATÍAS, contra la sentencia de segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Cundinamarca el 12 de abril del  año  en curso, a través de la cual confirmó la de primer grado dictada por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de Cáqueza que  condenó  al  mencionado por el delito de acto sexual con menor de catorce años  agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros,  que  motivaron  el  presente  diligenciamiento,   fueron   declarados  por  los  juzgadores  de  la  siguiente  manera:   

“De  acuerdo  a  lo  que  se extracta del  escrito  de  acusación  la  presente  actuación  tuvo su origen en la denuncia  formulada  para  el  día  6  de  octubre del año 2009, por parte de la señora  Blanca   Floripes   Guativa   Rojas,  madre  de  la  menor  J.L.G.F.  1,  quien  informa  que su hija le comunicó que el padrastro señor  MIGUEL  ANTONIO  PARDO  MATÍAS,  varias veces la ha tocado mientras duerme y la  obliga   a  darle  besos  en  la  boca”.   

Con    base    en    la    notitia  criminis,  se dispuso la captura  de    MIGUEL   ANTONIO   PARDO   MATÍAS   cuya   legalización  tuvo  lugar  durante  audiencia  preliminar  realizada  el  21  de  mayo  de  2010  ante  el  Juzgado Promiscuo Municipal con  Función  de  Control  de  Garantías  de  Fómeque. Allí mismo la Fiscalía le  imputó  el delito de acto sexual con menor de 14 años agravado, por el cual le  impuso  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la libertad en establecimiento  carcelario.  En  desarrollo  de  la  audiencia,  PARDO  MATÍAS no aceptó su responsabilidad.   

Posteriormente,  el  8  de junio de la misma  anualidad,  la  Fiscalía  radicó  escrito de acusación en contra del imputado  como  presunto  autor  del  delito  de  actos  sexuales  con  menor  de 14 años  “previsto  en el artículo 209, modificado Ley 1236  de   2008  (sic)…agravada  conforme   al  art.  211  numerales  2  y  4  de  la  misma  obra”,  el  cual  ratificó en desarrollo de la audiencia de formulación  de  acusación  que tuvo lugar al 30 de junio ulterior ante el Juzgado Penal del  Circuito con Funciones de Conocimiento de Cáqueza.   

Evacuadas  las  audiencias preparatoria y de  juicio  oral,  el  mismo  despacho  dictó  sentencia  de  primer grado el 15 de  diciembre   siguiente   por   medio   de   la   cual   condenó  a  PARDO  MATÍAS  a  la  pena  principal de  ciento  sesenta (160) meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la  sanción  privativa  de la libertad, al encontrarlo autor penalmente responsable  del  delito  de  acto  sexual  con  menor de catorce años agravado “en     concurso     homogéneo     y     sucesivo”.   

En la misma determinación, el Juzgado negó  al  condenado  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y el  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Esta  providencia,  en virtud del recurso de  apelación  interpuesto  por  el  defensor  del procesado, fue confirmada por el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  el  12  de abril del año en curso, con la  modificación  consistente  en fijar la pena principal en ciento cuarenta y ocho  (148)  meses  de  prisión  por no haberse deducido en la acusación el concurso  homogéneo y sucesivo de conductas punibles.   

Inconforme  con  esta  decisión,  el  mismo  interviniente    interpuso  en  su  contra  recurso  extraordinario de  casación  mediante  demanda sobre cuya admisibilidad, en punto del cumplimiento  de  los  presupuestos  de  lógica  y  adecuada  argumentación, se pronuncia la  Sala.   

LA  DEMANDA   

          El  defensor  del  procesado  formula  una  única censura contra el  fallo  con  fundamento  en  la causal tercera prevista en el artículo 181 de la  Ley  906  de  2004,  por violación indirecta de la ley sustancial, al encontrar  que  incurre  en  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  identidad  y  de  existencia.   

          Para  demostrar la primera modalidad de yerro, parte de precisar que  el   Tribunal   tomó  como  base  de  condena  el  testimonio  de  Blanca  Floripes  Guativa,  madre  de  la  menor,  en la cual “de manera precisa manifiesta que  nunca  se entero (sic) de los  hechos  sino  que  se  vino a enterar en la Comisaría de Familia”.   

         No  obstante  lo  anterior, aduce, dicho juez colegiado “le  hizo  producir  un  efecto  contrario  a lo narrado por esta  (sic),  es  decir  da  por  cierto  las  conductas  endilgadas  al  señor PARDO MATÍAS, cuando en realidad  esta  prueba debe producir un resultado diferente para el acusado”.   

En  el  mismo  error,  afirma,  incurre  el  Tribunal  cuando  no  acepta  como verdad probatoria lo manifestado por la misma  deponente  cuando señaló que denunció al sindicado porque la había echado de  la  casa,  a  pesar  de lo cual la toma como prueba fehaciente para confirmar la  condena  “porque  a ella le constan los tocamientos  que  supuestamente  recibía  su menor hija, y por el contrario, esta misma sala  de  decisión  da  por  probado, sin serlo, y ni siquiera debatido en el juicio,  que   haya   existido  violencia  intrafamiliar  y  maltrato,  por  la  denuncia  presentada por la madre del menor”.   

          Estima    que   este   vicio   es   trascedente   por   “dar  por probado que a ésta le constaban los tocamientos objeto  del  debate  probatorio, cuando en realidad ella de manera precisa manifestó no  constarle los mismos”.   

Acto  seguido,  refiere  al  falso juicio de  existencia   por  suposición  derivado  de  tomar  como  tarifa  probatoria  la  jurisprudencia  de esta Sala en cuanto a la especial confiabilidad del dicho del  menor cuando es víctima de delitos sexuales.   

A partir de ahí se supone, prosigue, que la  versión  de  la  menor  es  verdad  absoluta sin analizar sus contradicciones y  aunque  pueda  tener  la  suficiente madurez para narrar los hechos, se dejó de  advertir   que   durante   la  audiencia  pública  declaró  que  los  últimos  tocamientos  fueron en octubre 14 o 15 de 2009, “sin  embargo,  esta  gran  mentira  corrobora  enfáticamente  que  se  trata  de una  venganza  contra  el  padrastro,  porque  ellos  ya  no vivían en familia desde  septiembre  9  de  2009,  por  consiguiente  ha  de  deducirse que para la fecha  mentada     por     ésta     no     hubo    tocamiento    alguno”.   

Además,  acota, esa misma tarifa probatoria  se   evidencia   porque   no   está   demostrado  que  existieran  “maltratos  y  agresiones  entre  cónyuges y del padre hacia sus  hijos”.   

Este yerro también lo considera trascendente  porque  “no  puede  suponer como verdad absoluta la  versión  de J.L.G.F., desconociendo las contradicciones e invenciones expuestas  por ésta”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita casar  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver  a  su  prohijado.   

                

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  Para  que  la  demanda  de casación sea  admitida,  acorde  con  las  preceptivas  previstas  en  la  Ley 906 de 2004 que  regulan  este  recurso  extraordinario,  resulta  imperativo  que cumpla con una  serie  de  presupuestos  orientados  a  que  contenga  una exposición lógica y  debidamente  argumentada, como así se desprende, en primer lugar, de lo normado  en el inciso segundo del artículo 184, según el cual:   

“(N)o   será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación…”.   

Y,  en  segundo lugar, de lo advertido en el  artículo  183 del mismo estatuto, conforme al cual el recurso extraordinario de  casación se interpondrá:   

“(M)ediante demanda que de manera precisa  y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus fundamentos”.   

A  partir  de lo consagrado en estas   disposiciones,  se  infiere  que  sólo  se  admitirán las demandas que exhiban una adecuada estructura lógica y  cuenten  con  una  argumentación  mínima  orientada  a  ofrecer las razones de  disenso  frente  al  fallo  impugnado,  pues sobre el  particular  ha  sido insistente la Sala en advertir que, con el advenimiento del  estatuto  procesal  de 2004,  no  desaparecieron  tales  presupuestos,  ni  los  principios orientadores de la  actividad     casacional     exigidos    en    los    ordenamientos    adjetivos  anteriores.   

Es    más,    a    los    criterios      allí     contenidos  se  aúna  la  necesidad  de proferir el fallo con el  objeto       de       cumplir       alguno  de los  fines        del  recurso,   a  los  cuales  refiere  la  última parte  del  segundo  inciso  del mencionado artículo 184 de la misma codificación, al  señalar    que    también    se    inadmitirá    la    demanda   “cuando  de  su  contexto  se advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del recurso”.   

De  tan  significativa  importancia  son los  fines  del recurso con la nueva reglamentación que en el inciso siguiente de la  misma  preceptiva se prevé que la Corte “atendiendo  a  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de los mismos, posición del  impugnante  dentro  del  proceso e índole de la controversia planteada, deberá  superar  los  defectos  de  la  demanda  para  decidir  de  fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos presupuestos mas no se hace necesario proferir fallo de fondo,  se procederá a su inadmisión.   

2.  Frente  a  la  demanda presentada por el  defensor  conjunto  del procesado MIGUEL ANTONIO PARDO  MATÍAS,   se impone precisar lo siguiente:   

En  primer  lugar,  en  el  libelo  se  hace  abstracción  total  de  la  obligación  señalada  de precisar la necesidad de  fallo  atendiendo  los  fines  para  los  cuales está instituido el recurso, no  otros  que los establecidos en el artículo 180 del estatuto procesal, en cuanto  “El  recurso  pretende  la  efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los    agravios    inferidos    a    estos    y    la    unificación    de   la  jurisprudencia”.   

Pero  tampoco  ello  dimana del contexto del  libelo,  fundamentalmente porque el objetivo que se persigue es el de revivir un  espacio  para la discusión y el debate de los medios de prueba, desvinculado de  cualquiera de estos fines.   

Por lo mismo, y en segundo lugar, el actor no  desarrolla  a  cabalidad  una  propuesta  consecuente con la causal atribuida al  fallo,  ni  con  ninguna  de  las  previstas  taxativamente  para  conseguir  su  resquebrajamiento.    

En  efecto,  el casacionista acude al motivo  tercero  de  casación por violación indirecta de la ley sustancial al advertir  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  identidad  y  de  existencia en la  apreciación   de  la  prueba,  pero  se  verá  cómo,  a  partir  de  su  real  connotación, la censura no compagina con ella.   

Así  es,  de conformidad con la pacífica y  reiterada  jurisprudencia  de  la Sala, el falso juicio de identidad se verifica  cuando  el juzgador tergiversa o distorsiona el contenido de la prueba, esto es,  lo   adiciona,   o   suprime  para  hacerle  decir  algo  que  objetivamente  no  expresa.          

Significa  lo  anterior  que, en esencia, se  trata  de  un  yerro  de contemplación objetiva de la prueba que surge luego de  confrontar  su expresión material con lo que consigna el sentenciador acerca de  ella,  deformación que, además, debe recaer sobre prueba determinante frente a  la decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  un  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad cumplir los  siguientes pasos:   

     

i. Individualizar o concretar la prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro.     

     

i. Evidenciar cómo fue apreciada por  el fallador.     

     

i. Señalar   de  qué  forma  esa  valoración   tergiversa   o   distorsiona   su  contenido  material,  esto  es,  puntualizar  la  supresión o agregación de su contexto real para de allí  inferir que en realidad se alteró su sentido.     

iv)  Establecer  la  trascendencia del yerro  frente  a  lo  declarado  en el fallo, es decir, concretar por qué la sentencia  debe  mutarse  favorablemente  al  demandante,  ejercicio  que  lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento en las restantes pruebas que lo sustentan.   

   

v)   Demostrar   que  con  el  defecto  de  apreciación   se  vulnera  una  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación indebida.   

Por  su parte, el falso juicio de existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio de prueba es excluido de la valoración que  efectúa  el juzgador no obstante haber sido allegado al proceso en forma legal,  regular  y oportuna (ignorancia u omisión) o porque el juzgador lo crea a pesar  de   no   existir   materialmente  en  el  proceso  (suposición  o  ideación),  otorgándole un efecto trascendente en la sentencia.   

En esta hipótesis, el recurrente, siguiendo  la   misma   metodología   empleada  con  el  anterior,  está  obligado  a  lo  siguiente:   

     

i. Identificar el medio de prueba que  en su criterio se omitió o se supuso.     

     

i. Establecer  la  incidencia  de esa  omisión  o  suposición  probatoria  en  la  decisión que se controvierte y en  favor  del  interés  que  se  representa,  lo  cual  comporta  la  necesidad de  demostrar   que  el  fallo  atacado  no  se  preserva  con  otros  elementos  de  juicio.     

iii) Demostrar de qué forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

De  ahí  que,  como  conclusión,  se pueda  colegir  su  improcedencia  cuando  lo  pretendido  es  discutir  en  torno a la  credibilidad  que ofrezca el medio de prueba, caso en el cual sólo es viable el  ataque  por  el  llamado falso raciocinio, siempre que se logre demostrar que en  esa valoración se desconocieron postulados de la sana crítica.   

Pues bien, en la primera parte de la censura  que  apunta  a  controvertir  la  valoración  del  testimonio de la denunciante  Blanca  Floripes  Guativa,  madre  de  la menor víctima de los hechos, con fundamento en un falso juicio de  identidad,  tal  situación  es  la  que  se constata habida cuenta se contrae a  señalar  que  a dicha probanza se “le hizo producir  un   efecto   contrario   a   lo   narrado   por  esta  (sic)”.  Es  decir,  un  efecto  o ponderación diferente al de la visión subjetiva del casacionista, lo  cual,   como   ya   reseñó,   nada   tiene  ver  con  la  naturaleza  de  este  error.   

Además,  porque  es  evidente  que quien en  últimas  termina  tergiversando  el  contenido  objetivo del fallo es el propio  censor  en  tanto  no  es  cierto  que  alguno  de  los juzgadores, cuyos fallos  conforman  una  unidad jurídica inescindible, haya señalado que esta deponente  presenció  los  actos de tocamiento desarrollados sobre la menor, cuando lo que  claramente  se  indica  es que la versión de la menor, quien da cuenta de tales  actos  sobre su humanidad, se ve respaldada con el dicho de su progenitora, pero  sin  que  en  momento  alguno  se señale, reitérese, que directamente los haya  apreciado.   

Tampoco  se  corresponde con la esencia del  falso  juicio  de  existencia  por  suposición el planteamiento contenido en la  segunda  parte  de  la  censura.  Dice  allí el censor que se incurrió en este  desacierto   porque   el   fallador   supuso   que  la  versión  del  menor  es  incontrovertible, imponiendo una tarifa legal probatoria.   

De  una  parte,  si se trata de aplicar una  tarifa  legal  sobre  un  medio de prueba que no tiene esa calidad, el error, de  acuerdo  con  las  pautas  vistas,  no  es el pretextado sino que se estaría en  presencia  de  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción, cuya  procedencia  es  excepcional,  dado  que,  por  regla  general, el legislador en  materia  penal  no  prevé  este sistema de ponderación, sino el de persuasión  racional.   

De otra, porque frente a este tipo de error,  esto  es,  falso  juicio de existencia por suposición, lo que se reprueba, como  quedó  claro  al  repasar  sus características esenciales, es la suposición o  ideación    material    de    un   medio   de   prueba   y   nunca   su   valor  probatorio.   

Y,  finalmente porque tampoco es verdad que  tal  tarifa  exista,  mucho menos que la haya impuesto esta Sala a través de su  jurisprudencia,   y   que   los  juzgadores  la  hayan  aplicado  en  este  caso  particular.   

Lo  que la sala ha precisado sobre el punto  es  que  estos  testimonios  ofrecen confiabilidad, esto es, que no se descartan  per  se,  como  en  pasadas  épocas  ocurría,  pero  ello  no excluye la posibilidad de que, como cualquier  otro  medio  de  prueba, puedan desvirtuarse en la labor de valoración conjunta  de  la  prueba2.   De  esta  forma  no es verdad la aseveración del libelista  según  la  cual  los testimonios de menores en casos de delitos sexuales tienen  “carácter  absoluto”.   

Adicionalmente,  ello  no  es  lo  que  se  evidencia  en el caso concreto, donde los juzgadores optaron por otorgarle valor  probatorio  al  testimonio  de  la  impúber en relación con los señalamientos  directos  que  espeta  al  procesado  de  haber  desplegado actos sexuales en su  humanidad, tras sopesar el acervo probatorio.   

Para  rematar, el actor tampoco se preocupa  por  atender  la  mínima  exigencia  que  a la luz de la causal invocada le era  imperativa  de  señalar la ley sustancial vulnerada y el sentido de infracción  (falta  de aplicación o aplicación indebida), tópicos determinantes a la hora  de corroborar la trascendencia de la censura.   

Los  ostensibles defectos de argumentación  puestos  de  manifiesto,  la  falta  de  demostración  en el sentido de que era  necesario  el  fallo  de  acuerdo  con los fines del recurso, aunado a que no se  observa   la   necesidad   de   superarlos   para  decidir  de  fondo,  conducen  inexorablemente a inadmitir la censura, como así se declarará.   

No  obstante,  la  Corte  observa  que  el  sentenciador   de   segundo   grado  pudo  vulnerar  el  principio  non  bis  in  ídem  al imponer la causal  específica  de  agravación  punitiva  consagrada  en  el  numeral  cuarto  del  artículo  211  de la Ley 599 de 200, modificado por el art. 7 de la Ley 1236 de  2008.  Por  tanto,  como ya lo ha hecho en pretéritas oportunidades3,   la  Sala  ordenará  que  una vez cobre ejecutoria la presente decisión y se resuelva, en  caso  de  interponerse,  lo  relacionado  con  el  mecanismo  de insistencia que  procede  contra  la  providencia inadmisoria de la demanda, vuelva el proceso al  Despacho  de  la  Magistrada  ponente para de oficio proferir, en su momento, el  pronunciamiento de rigor.   

Ahora  bien,  como  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la  Ley  906  de  2004,  impera  precisar que en tanto dicha legislación no  regula  el trámite a seguir para que se aplique el referido instituto procesal,  habrán    de    seguirse    la   reglas   fijadas   por   la   Sala   para   su  aplicación.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  MIGUEL  ANTONIO  PARDO  MATÍAS, por las razones consignadas en  la anterior motivación.   

        De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184   de   la   Ley   906   de   2004,   contra   esta   decisión   procede  la  insistencia.   

2. Ejecutoriada la  presente  decisión  y  resuelto,  en  caso  de  interponerse,  el  mecanismo de  insistencia,   volverá  el  proceso  al  Despacho  de  la Magistrada ponente, a fin de que la Sala provea de  manera  oficiosa  acerca de la posible vulneración de garantías fundamentales,  conforme lo expresado en esta providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                 ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre de la menor, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2  Al  respecto  puede  consultarse  sentencia  del  26  de  enero de 2006, rad. 23706.   

3 Cfr.  Auto del 2 de septiembre de 2008, radicación 30267.     

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