33374(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado        acta        No.  382         

Cali,  D.  C.,  diecisiete  de  octubre  de  dos mil doce.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora del acusado JOSÉ  RICARDO MUÑOZ GARCÍA.   

ANTECEDENTES  

1.-  La cuestión fáctica, a que se contrae  la    actuación,    ocurrida    en    Cali,   fue  reseñada  por  el  Tribunal  de la manera siguiente:   

“Ocurrieron  el  día  22  de  junio  de 2007, sobre la vía pública a eso de las 18 horas en la  carrera  39  con  calle  46B  del  barrio Antonio Nariño de esta ciudad, sector  conocido  como  Puente  Pescado  donde  perdieran  la vida JOSÉ ANTONIO CAICEDO  ORTIZ  (a.) Cheo) y CARLOS ALBERTO ALOMIA (a. Carlitos), jóvenes de 18 años de  edad,  luego  de  ser  abordados  por  otros  jóvenes  del lugar al parecer por  problemas de territorio.   

“Conforme  a la  información  legalmente  obtenida  se  señala al imputado JOSÉ RICARDO MUÑOZ  GARCÍA  conocido  como  alias  “CARA  NIÑA”  como  una de las personas que  conformaba  el  grupo de agresores, quien exhibió un arma de fuego y participó  en los ataques disparando contra las víctimas”.   

2.-        El       23  de   agosto  de  2007,  la  Fiscalía  21 Seccional   con   sede  en  Cali,            presentó   escrito   de  acusación  en  el  cual  le  imputó  al  incriminado  JOSÉ RICARDO MUÑOZ GARCÍA   la   realización  del  concurso            homogéneo            de           delitos  de  homicidio y heterogéneo con fabricación, tráfico y  porte  de armas de fuego o  municiones,      definido     por     los     artículos     103  y  365  del  Código  Penal,  con  las  modificaciones  punitivas  introducidas  por  el  artículo  14 de la Ley 890 de  2004.   

3.-   Ante   el   Juzgado   Catorce  Penal  del    Circuito    de  Cali, el día 2  de  octubre  de    2007  se llevó a cabo la audiencia de formulación de acusación   -en  la  cual la Fiscalía  acusó al ciudadano en mención como presunto coautor  responsable   del   referido   concurso   delictivo-,  el     día   16  de  octubre        de       2007   la audiencia preparatoria, en  la  que se resolvió sobre la pertinencia y conducencia de practicar las pruebas  pedidas  por  las partes  e igualmente se dieron  a  conocer  las  estipulaciones probatorias acordadas  por  la  Fiscalía  y  la  defensa,  tales como  “inspecciones  técnicas a los cuerpos sin vida de  las   dos   víctimas.  Constancia  del  registro  civil de nacimiento de JOSÉ ANTONIO CAICEDO ORTIZ de  la  Notaría  7ª  de  Cali. Preparación de la cédula de ciudadanía de CARLOS  ALBERTO   ALOMIA.   El   informe   pericial   de   necropsia  de  JOSÉ  ANTONIO  CAICEDO y CARLOS ALBERTO  ALOMIA.  La  preparación de la cédula del acusado JOSÉ RICARDO MUÑOZ GARCÍA  que  se  puede  integrar  con  el  Registro Civil de Nacimiento. Informe del DAS  sobre  la no presencia de antecedentes del acusado. Informe de la 3ª Brigada en  donde   se   informa   que   no   aparece   con  permiso  para  portar  arma  de  fuego”                 (sic)1.   

Posteriormente,  los días 19 de noviembre de 2007 y 27 de febrero de  2008  el  juicio oral. En  esta  última  fecha,  se  anunció   el   sentido   condenatorio  del               fallo2.   

4.-    La    sentencia    de  primera  instancia fue proferida el  4   de   mayo       de      2009,   por  el  mismo  funcionario  que  anunció el sentido del  fallo,   el   titular   del   Juzgado  Catorce  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento de  Cali3,  y  con ella se puso fin a la instancia  condenando   al  acusado  JOSÉ RICARDO MUÑOZ GARCÍA, a la pena principal  de  seiscientos  dieciséis  (616)  meses  de  prisión,  y  las  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas  y  la   privación  del derecho a la tenencia y porte de armas de fuego por el  mismo  término  de  la  pena  aflictiva,  al  tiempo  que  no  le  concedió la  suspensión   condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  ni  la  prisión  domiciliaria,  a  consecuencia  de  hallarlo  coautor penalmente responsable del  concurso  homogéneo  y  heterogéneo de delitos de homicidio agravado (definido  por  los  artículos  27,  103,  104  numeral  7  Código Penal) y fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o municiones (de que trata el artículo 365  ejusdem)  con  las  modificaciones  punitivas  establecidas  por  la  Ley 890 de  2004.   

5.- Contra este fallo la defensa recurrió en  apelación,  para  solicitar  la  nulidad  de  lo  actuado  por violación a los  principios  de  concentración  y de congruencia entre fallo y acusación; falta  de  correspondencia  entre  lo  consignado  en  la  necropsia  e  inspección al  cadáver  y  lo  expresado  por  el juez en torno a la hora de ocurrencia de los  hechos;  cuestionar la credibilidad conferida a la prueba testimonial practicada  en  el juicio; y la autenticidad de la entrevista rendida por el testigo Manyoma  Carabalí,  entre  otras  objeciones  formuladas,  pero el Tribunal, mediante el  suyo  de  11 de agosto de 2009, que ahora la defensa del procesado JOSÉ RICARDO  MUÑOZ  GARCÍA  impugna  en  casación,  modificó, en el sentido de condenarlo  “a la pena de 314 meses de prisión, por el delito  de  homicidio  simple,  en  concurso homogéneo en José Antonio Caicedo Ortiz y  Carlos  Alberto  Aloma,  así como heterogéneo con el ilícito de fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones de defensa personal, según  circunstancias   de   tiempo,  modo  y  lugar  que  se  describen  en  el  fallo  impugnado”,   al  tiempo  que  le  impuso  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas “por  el  mismo  término  de  la  pena  principal”.   

   

6.- Contra la sentencia de segunda instancia,  en  oportunidad  la  defensora  del  acusado interpuso recurso extraordinario de  casación  mediante  la  presentación de la correspondiente demanda4,  sobre cuya  admisibilidad se pronuncia la  Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  así  como  de  hacer  un relato de lo actuado en las instancias,  dos    cargos        postula    la  recurrente contra la sentencia del Tribunal.   

En    el  primer cargo,    formulado    con    apoyo    en    la   causal   segunda   de  casación,  denuncia      que     la      sentencia     impugnada  afecta garantías fundamentales por desconocimiento del  derecho  de  defensa  y el debido proceso, toda vez que se vulneró el principio  de  concentración,  que  afectó  subsiguientemente el principio de congruencia  “por  el  lapso  de  tiempo  tan  extenso entre la  audiencia de sentido de fallo y lectura de fallo”.   

Sostiene que de conformidad con lo dispuesto  por  los artículos 17 y 454 del Código de Procedimiento Penal, la audiencia de  juicio   oral   debe   ser  continua,  pudiendo  ser  suspendida  excepcionalmente  hasta  por  treinta  días,  cuando  se  presenten  circunstancias  especiales  que  lo  justifiquen,  pues  cuando las suspensiones  superan  dicho  término,  ello  afecta  la  mente  del juez y es contrario a la  esencia   misma   del   sistema   acusatorio  que  debe  ser  oral,  público  y  concentrado.   

Considera  que  en  este caso, el  excesivo  tiempo  transcurrido entre el sentido del fallo y la  sentencia,  descontado el período de vacancia judicial y el atentado terrorista  al  palacio  de  justicia  de Cali,  incidió de tal manera en la mente del  juez  que  condenó  por  un  delito  no  acusado, y dejó de considerar toda la  prueba, tanto en su singularidad como en su complejidad.   

Sostiene  que el  error  es  trascendente,  dado  que  por el paso del  tiempo,   se   afectó   la  mente  del  juzgador  de  primera instancia quien  condenó   por   un   delito   con  una  agravante  no  atribuida,  no  apreció  que  los  dos testigos de  excepción  de  la  Fiscalía,  eran  enemigos del acusado y que por ello había  animadversión  en  su  testimonio  y  dejó de analizar las pruebas en conjunto  “apreciación  que filtró la segunda instancia, a  tal  punto  que  se  hizo  una  apreciación  probatoria  similar”.   

Después de argumentar que la irregularidad  noticiada  lesiones el derecho de defensa y el debido proceso, solicita casar la  sentencia  recurrida y decretar la nulidad a partir de la iniciación del juicio  oral.   

El   segundo  cargo,  postulado  con  apoyo  en la causal tercera de casación para   denunciar   la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  el  libelista  lo  hace consistir en que el  juzgador  incurrió  en errores de hecho en la apreciación de la prueba, debido  a falsos juicios de identidad y falsos raciocinios.   

En   primer  término  sostiene  que  en la sentencia se cometió  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad al tergiversar la prueba en lo  relacionado con la hora de ocurrencia de los hechos.   

Después de traer a colación apartes de la  sentencia  de  segunda  instancia, manifiesta que el Tribunal, “al apreciar la  prueba  tanto  estipulada,  como  la  testimonial tergiversa su contenido y hace  agregaciones  fácticas  que  las  pruebas  no  le aportan”, pues menciona,  sin  ser  ello  cierto, que los hechos ocurrieron a las  18:00  horas,  “estableciendo erradamente que esta  hora  coincide  con  la  fijada  en  el  protocolo  de  necropsia”,   pues   en   dicho   informe   se   indica   que  los  hechos  tuvieron  lugar a las 18:50  horas.   

Anota que ni de la inspección al cadáver,  ni  de  los  protocolos  de  necropsia,  ni  de  los  dichos  de los testigos se  establece   que   los   hechos   hayan   ocurrido  a  las  18  horas,  sino  que  por  el  contrario  no hay una hora fija debidamente  establecida sobre el particular.   

Estima que este yerro resulta trascendente,  toda  vez  que  al  establecer las 18:00 horas como momento de ocurrencia de los  hechos,  le impidió al juzgador valorar las posibles condiciones de visibilidad  del  lugar  y  que  podrían  permitir  la  percepción  de  los  testigos en el  desencadenamiento  de los hechos, pues no es lo mismo  que  si  estos  ocurren  a  las  17  horas, todavía de día, que a las 18 horas  cuando  empieza  a  caer  la  tarde,  que a las 18:50 o a las 19 horas cuando ya  cayó la noche.   

Al no haberse establecido las condiciones de  visibilidad,  ello impide obtener un conocimiento más allá de toda duda de que  el  testigo  Manyoma  pudo  observar  lo  que  pasó,  e  imprimir crédito a su  versión.   

En   segundo  lugar,  sostiene que en la sentencia se incurrió en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento  de  los  testimonios  rendidos  por  Néstor  Andrés  Manyoma Carabalí y Diego Mauricio  Muñoz  Henao,  en  lo  relativo  con  la  enemistad  existente entre ellos y el  procesado.   

La  libelista  observa  que  Néstor  Manyoma  era  amigo  de  los  occisos  y  que  “los agresores eran liebres con el  testigo” y que luego se contradice cuando sostiene  que  no  había  tenido inconveniente con su representado MUÑOZ GARCÍA. Agrega  que  “el  hecho  de  la  enemistad  (liebre),  fue  cercenado  por  el Ad quem y no tuvo una apreciación correcta y completa de los  dichos del testigo”.   

Después  de  referir  lo  dicho  por  Henry  Aguiño Sinisterra y  Diego  Mauricio  Muñoz  Henao, menciona que “de lo  que  dijo el ad quem respecto de las enemistades entre testigos y procesado y lo  transliterado  como  dicho  de cada uno de  éstos,  se  tiene que cercenó parte del contenido de sus declaraciones, y ello  incide  en  el hecho que no pueda apreciar la enemistad, como factor para restar  credibilidad   a   sus  dichos”,  lo  cual  estima  trascendente   por  la  posibilidad  de  mantener  privado  de  la  libertad  al  procesado, para poder ir  a sus terrenos.   

Sostiene  que  este  razonamiento  no  es  realizado  por  el  sentenciador,  y  esto lo lleva a no advertir la ausencia de  prueba para dictar sentencia de condena.   

En   tercer  término,   denuncia que en el fallo de segunda  instancia  se  incurrió  en  error  de  hecho por falso juicio de identidad por  cercenamiento  del  dicho  de  los  testigos  Néstor  Andrés  Manyoma  y Diego  Mauricio  Muñoz  Henao,  en  lo  referente  a haber  observado  quienes  fueron los autores de los mortales disparos, pues, según la  recurrente,  la parte mutilada  impide establecer con claridad la presencia  del  acusado  en  el lugar de los hechos, como también que haya desenfundado un  arma  y  que  la  haya disparado, toda vez que las versiones sobre el particular  resultan siendo contradictorias.   

Sostiene   que  si  el  Tribunal  hubiera  apreciado  íntegramente  el  testimonio  de  cada  uno  de  estos testigos, sin  escindir  ninguna  parte  de  ellos, habría concluido que no existe el grado de  conocimiento  para  afirmar  que  el  acusado  se  encontraba en el lugar de los  hechos,  que  desenfundó  el  arma  y  que  disparó contra la humanidad de las  víctimas.   

El   cuarto  error,  la  libelista lo  hace  consistir  en  que  en  la sentencia se cometió falso juicio de identidad  por   cercenamiento  del  contenido  de  las  declaraciones de los testigos  presenciales,  con  respecto  a  las  personas  que  recogen a las víctimas después de haber sido agredidas.   

Después de traer a colación apartes de lo  dicho    por   Néstor  Manyoma, y Diego Muñoz,  sostiene  que entre ellos hay muchas contradicciones en las que para nada incide  el  lugar  desde  donde percibieron los hechos, cuestión no advertida por el ad  quem,   lo   cual   le  permite  advertir  que  las  discrepancias  no  resultan  trascendentes,  cuando  en  verdad  lleva  a  cuestionar si Manyoma fue testigo  presencial.   

Señala   que   si  el  Tribunal  hubiera  considerado  las  contradicciones  en  los  testigos, habría determinado que no  existe  claridad  en  torno  a  la  formo  como  ocurrieron  los  hechos,  en la  determinación  de  quienes  desenfundaron  sus  armas,  quiénes fueron los que  dispararon,  quiénes  presenciaron  los  hechos  y  quiénes  recogieron  a  la  víctimas.   

Con fundamento en estos reparos, solicita a  la  Corte casar la sentencia recurrida y absolver al procesado de los cargos que  le fueron formulados.   

Finalmente,  al amparo de este mismo motivo  de  casación,  la  demandante ensaya un quinto error  de  apreciación  probatoria,  para  denunciar  que  el     sentenciador     incurrió     en    falso  raciocinio,    toda    vez    que    “los  errores de hecho explicados anteriormente en que incurrió  el  Tribunal,  de  no  habersen  (sic)  presentado,  permitirían  señalar  que  objetivamente  analizadas  las  pruebas  no  se dan los requisitos para condenar  (art.  381), pues para ello se requiere el conocimiento más allá de toda duda,  acerca  de  la  responsabilidad  penal  del  acusado,  fundado  en  las  pruebas  debatidas  en  el  juicio  a  la  luz  de  la  sana  crítica,  las reglas de la  experiencia y la lógica”.   

Sostiene que lo único que arroja la prueba  practicada  en  el  curso del juicio oral, es la existencia de una profunda duda  frente  a  la  responsabilidad  penal  del  acusado,  conclusión  a  la cual el  Tribunal  habría  llegado, de no ser por la errada y equivocada valoración que  le  dio  a  los medios de convicción, que hace que surjan falsos raciocinios al  estimar  que  las declaraciones de los testigos de la Fiscalía no riñen con la  lógica y son verosímiles.   

Después  de referir que la prueba debe ser  valorada  en  conjunto  y  no  de  manera  individual, la libelista retoma  los  planteamientos  referidos a la indeterminación de la  hora  de  ocurrencia  de los hechos, la visibilidad del testigo Néstor Manyoma,  la  falta  de  certeza  en  torno  al  modo  en  que se desarrolló el acontecer  fáctico,    quiénes    participaron    en    el    mismo    y    quienes    lo  presenciaron.   

A partir de mencionar que cuando una persona  declara  teniendo  a  su  enemigo como procesado, se le brinda la posibilidad de  poner   en   la   mesa   cualquier   cuenta  de  cobro,  como  también  para alejarlo de los lugares más  cercanos  y  sobre  todo  de  los terrenos que se quieren dominar, insiste   en   sostener   que  el  testigo  Diego  Mauricio  Muñoz  fue  claro  en señalar  que  había  enemistad entre el grupo del barrio, al  cual  pertenecía  el  testigo  y  las  víctimas,  y  aquél a que pertenecían  Gamboa, Nieto y el acusado José Ricardo Muñoz.   

Agrega  que  los  allegados o amigos de los  ofendidos   o    víctimas,  tienden  a  exagerar  la  conducta  desplegada  contra   éstos,   mientras   que  los  victimarios  apuntan       a  minimizarla,  después de lo cual manifiesta que con  la  cantidad  de contradicciones, inconsistencias y ambigüedades  en   la  prueba  testimonial,  no  se  logró  demostrar que el acusado se encontraba  dentro  del  grupo de agresores, ni que realmente desenfundó un arma y agredió  a las víctimas.   

Señala,  además, que la visibilidad a una  cuadra  de  distancia no permite establecer las circunstancias en que se lleva a  cabo     un     hecho    delincuencial,  como  sí  lo  permite  la  proximidad a metros. De este modo, si el testigo Diego Mauricio  Muñoz,  que  estuvo  próximo a las víctimas, no pudo observar con claridad la  manera  como  ocurrió  el hecho, menos podía hacerlo el testigo Manyoma que se  encontraba a una cuadra de distancia.   

Anota  finalmente, que un reconocimiento en  juicio   oral   acerca   de   quien  es  el  presunto  agresor,  acompañado  de  ambigüedades  en  la  percepción  de  los  hechos,  no  da  certeza  sobre  la  responsabilidad  penal. Advierte al efecto que pese a  que   en   el  juicio  oral  los  testigos  indiquen  conocer  al  acusado,  que  describieran  sus  prendas  de  vestir,  ello no implica la responsabilidad  penal  en  los  hechos,  tal señalamiento riñe con la prueba testimonial vista  individualmente,       pues      no      hay      claridad     sobre     lo  ocurrido.                  

Sostiene   que   el   yerro   resulta  trascendente,  ya  que  si se hubiera analizado la prueba en su conjunto, con un  raciocinio  lógico  a  la luz de sana crítica y las de experiencia, se habría  concluido     que    no    haya    prueba    para    proferir    sentencia    de  condena.        

Solicita,   en   consecuencia,  casar  la  sentencia  recurrida  y  absolver a su representado de los cargos formulados, no  sin  antes  advertir  que  cuenta con interés para recurrir, que se precisa del  fallo  de  casación  para  cumplir  las  finalidades  del  recurso,  pues  hubo  violación  del  debido proceso, el principio de concentración, la apreciación  correcta  de  la prueba, existen dudas sobre la responsabilidad de su asistido y  se  requiere  de  un  pronunciamiento  jurisprudencia  en  torno a la naturaleza  jurídica  del  señalamiento  en juicio oral. Finalmente, menciona lo dispuesto  por   el   artículo   184   de   la   Ley   906  de  2004,  sobre  casación      de     oficio.    

              

SE CONSIDERA  

1.-    La  jurisprudencia  de  esta  Corte  de  manera  reiterada  ha señalado5,  que  la  casación   no   es  instancia  adicional  a  las  ordinarias  del  trámite,  y  que  por  lo mismo no ha  sido  concebida  como  un  instrumento  que  permita la continuación del debate  fáctico  y  jurídico  llevado  a  cabo  en  un proceso ya culminado, sino que,  por    su   propia   naturaleza   de   recurso  extraordinario,  corresponde  a  una sede única que  parte  del  supuesto  de  la  terminación del juicio con el proferimiento de la  sentencia  de  segunda  instancia  y,  además,   que ésta no solamente es  acertada  sino  legal,  por ajustarse en un todo al ordenamiento jurídico, cuya  desvirtuación compete al demandante.   

De  conformidad  con  la ley de rito, dicho  propósito  sólo  puede  lograrse  mediante  la  presentación  de  una demanda  escrita,  en  la  que  se  identifique  la  sentencia recurrida, se acrediten la  legitimidad  y  el interés para recurrir, se expresen con claridad y precisión  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de la pretensión, y se demuestre la  objetiva   configuración   de   uno  o  varios  de  los  motivos  de  casación  taxativamente previstos por el Código de Procedimiento Penal.   

Acorde  con  los  principios  que  rigen la  utilización  del  instrumento extraordinario de impugnación, en el libelo debe  demostrarse  igualmente, la necesaria intervención de la Corte para cumplir, en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines propios del recurso extraordinario,  los  cuales aparecen previstos por el artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones  contenidas  en  los   artículos  181  y  183 ejusdem, según las cuales la  casación   resulta   procedente   contra   sentencias   de   segunda  instancia  “cuando    afectan    derechos    o   garantías  fundamentales”  y  que  en  la  demanda  se  debe  señalar  “de manera precisa y concisa” las causales invocadas y sus fundamentos.   

Tanto  es  esto,  que  el artículo 184 del  mencionado  estatuto  faculta  al  Juez de Casación  para no admitir al trámite aquellas demandas en las  cuales  se  establezca  que  el  impugnante  carece  de interés, o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  o  cuando  en el escrito se dejan de  desarrollar  clara  y  precisamente  los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió  formular,  “o  cuando  de  su contexto se advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso”.   

Entre    los   mencionados   requisitos  establecidos  por  el original artículo 183 de la Ley 906 de 2004 (esto es, con  anterioridad  a  la modificación introducida por el artículo 98 de la Ley 1395  de    20106),   se destaca que el censor tiene el deber de interponer el  recurso  dentro  de  la  oportunidad  legalmente  prevista,  esto  es dentro del  término  común  de  los  60  días siguientes a la última notificación de la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal,  y  la carga de  acreditar   la  existencia  de  interés  para  acudir  a  sede  extraordinaria.   

El  demandante  tiene  por  deber señalar,  además,   con   absoluta   precisión  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar  y  sustentar  de manera clara y precisa el  cargo  o  cargos  que  a su amparo pretenda proponer y; demostrar con la nitidez  requerida,  que  la  intervención  de  la Corte en el asunto particular resulta  necesaria  para  cumplir  alguna  de  las  varias  finalidades previstas para el  recurso,  tales  como  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las  garantías  de  los intervinientes en el proceso, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En todo caso, la adecuada sustentación del  recurso,  sin  la  cual  no es posible acceder a éste,  “exige que el demandante demuestre que el juzgador  cometió  un  error  al  tomar  la decisión, bien de juicio (in iudicando) o de  actividad   (in   procedendo),  para  cuyo  efecto  no  basta  afirmar  que  una  determinada  infracción  se  cometió,  sino  que es necesario precisar en qué  consistió,  qué  repercusiones o implicaciones tuvo en la decisión recurrida,  qué  consecuencias desfavorables se derivaron de ella para la parte impugnante,  y  por  qué  la  intervención de la Corte es necesaria para el cumplimiento de  los  fines  del recurso”7.     

2.- En este caso,  pese   a   los   esfuerzos   que   la   defensora   del  acusado  JOSÉ  RICARDO  MUÑOZ  GARCÍA  realiza,  no  logra  colmar  estas  exigencias  básicas. No solamente no acata el deber  de  enunciar,  desarrollar  y  acreditar  adecuadamente  sus  reparos (idoneidad  formal),  sino  que  tampoco  cumple  con  el  de demostrar que las censuras que  presenta  estén  razonablemente  llamados  a desquiciar parcial o totalmente el  fallo que impugna.   

2.1.-  Como  se  recuerda  en  el  resumen  que  se  hizo  de la demanda, el primer cargo lo hace  consistir  en que se violó el debido proceso y el derecho de defensa, tan sólo  por  haber  transcurrido   entre  el  anuncio  del  sentido  del fallo y la  sentencia  finalmente  proferida en primera instancia, un término que considera  excesivo  y,  por  ende,  violatorio  de  los  principios de concentración y de  congruencia.   

La   demandante   no   se   percata   que  en   cuanto  tiene  que  ver  con  la  causal   segunda   de  casación,  por  “desconocimiento    del   debido   proceso   por  afectación  sustancial  de  su  estructura  o de la  garantía  debida a cualquiera de las partes”, cuya  configuración  inexorablemente daría lugar a declarar la nulidad de lo actuado  o   de   parte  del  trámite  procesal,  la  Sala8   tiene   precisado  que  los  motivos  de ineficacia de los actos procesales -a que  se  alude en el Libro III, Título VI, artículos 455 y siguientes de la Ley 906  de  2004-,   no  son  de postulación libre, sino  que,  por  el  contrario,  se  hallan  sometidos  al  cumplimiento  de  precisos  principios que los hacen operantes.   

En   este  sentido,  la  jurisprudencia  ha  señalado  que   de  acuerdo  con  dichos  principios, solamente es posible  alegar   las   nulidades   expresamente   previstas   en  la  ley  (taxatividad);  no  puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  motivo   invalidatorio,   salvo   el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica,  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella  puede  convalidarse  con  el consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las  garantías  fundamentales  (convalidación);  quien alegue la nulidad está en la obligación de acreditar que  la  irregularidad  sustancial  afecta  las  garantías  constitucionales  de los  sujetos  procesales o desconoce las bases fundamentales de la investigación y/o  el      juzgamiento     (trascendencia);  no  se declarará la invalidez de un  acto  cuando  cumpla  la  finalidad  a  que  estaba destinado, pues lo  importante  no es que el acto procesal se ajuste estrictamente a  las  formalidades  preestablecidas  en  la ley para su producción -dado  que  las  formas  no  son  un  fin  en  si mismo-,   sino  que  a  pesar  de  no  cumplirlas  estrictamente, en  últimas  se  haya  alcanzado  la  finalidad  para  la  cual está destinado sin  transgresión  de  alguna  garantía  fundamental  de  los  intervinientes en el  proceso  (instrumentalidad)  y;  además,  que  no existe otro remedio procesal, distinto de la nulidad, para  subsanar       el       yerro       que      se      advierte      (residualidad).           

De manera que en sede de casación, no basta  con  solamente  invocar  la existencia de un motivo de ineficacia de lo actuado,  sino  que  compete   al  demandante  precisar  el tipo de irregularidad que  alega,  demostrar  su  existencia, acreditar cómo su configuración comporta un  vicio  de garantía o de estructura, y, tal vez lo más importante, demostrar la  trascendencia    del    yerro    para    afectar    la    validez    del   fallo  cuestionado,   aspectos   que  la  libelista  omite  considerar.   

Tómese  en cuenta, en primer lugar, que de  acuerdo  con  el resumen de lo actuado que realiza en la demanda, los principios  de   concentración   y  de  congruencia  fueron  cabalmente  respetados  en  la  actuación  de  las instancias, toda vez que el juicio se llevó a cabo  de  manera  concentrada  en  tan  sólo  dos  sesiones  celebradas  entre  los  días 19 de noviembre  de  2007    y    27   de   febrero   de   2008,   con   interrupciones   debidamente  justificadas,  por  la imposibilidad de concurrencia  del  Fiscal,  el  haberse presentado cese de actividades en el sector judicial y  la  interposición  del  período de vacaciones. Esto  indica  que se trata de situaciones sobrevinientes e  ingobernables,  y  sin  que  existiera alternativa distinta a la suspensión del  juicio  mientras  duraba  el  fenómeno  que  motivaba  la  suspensión,  con lo  cual   se cumplía a  cabalidad  lo  dispuesto en el artículo 454 del Código de Procedimiento Penal,  máxime  si,  de  todas  maneras,  el mismo juez que  presidio   el   recaudo  probatorio,  fue quien anunció el sentido del fallo y posteriormente emitió la  sentencia,   de   modo  que,  también  desde       este      otro   punto   de   vista,   ningún   atentado  al  principio  de  inmediación pudo haberse presentado.   

La  libelista  hace depender la prosperidad  del  reparo,  en sostener  que  la  demora  en el pronunciamiento de la sentencia incidió negativamente en  la  memoria  del juzgador a tal punto que incurrió en un vicio de incongruencia  al  atribuirle  al  acusado  una circunstancia agravante del homicidio que no le  había  sido  imputada  por  la  Fiscalía,  y  en  que  apreció  indebidamente  la prueba testimonial de cargo.   

Ambos  fundamentos  resultan inadmisibles.  El primero, por cuanto el  pregonado  vicio  de  incongruencia  fue  corregido  por  el Tribunal en sede de  apelación,  y el segundo, por constituir apenas una apreciación personal de la  libelista,  condicionada  además  a la prosperidad de los reparos que postula a  la     ponderación  probatoria.   

Para  que  una  tal  censura tuviera alguna  posibilidad  de  ser  admitida a su estudio de fondo, la demandante no solamente  tenía  que  demostrar  la dilación en el término normativamente previsto para  proferir  sentencia,  sino  que ésta fue ostensiblemente injustificada, pero es  la  propia  libelista  quien se encarga de advertir que en este  interregno  se  presentaron  situaciones  atípicas, como la relativa al atentado terrorista  de  que  fue  objeto  el  palacio  de  justicia  donde  funcionaba el juzgado de  conocimiento y la interposición del período de vacancia judicial.   

Eso sin contar la explicación ofrecida por  el  funcionario de primera instancia y no controvertida por la demandante, en el  sentido  de que ese Despacho “como los 12 restantes  Penales  del  Circuito  de esta ciudad, tienen a su cargo todos los procesos del  Circuito  de  Cali,  cuando  antes  de  la entrada en vigencia del Sistema Penal  Acusatorio  dicha  carga la asumían 21 juzgados, y ahora 9 de ellos se encargan  de    la   depuración   del   sistema   anterior   o   Ley   600”9.    

Entonces, por el lado que se observe, tanto  desde  el  punto  de  vista  formal como del sustancial, la censura permanece  en  su  solo  enunciado, en  cuanto  quedó  sin  desarrollo  y  demostración  acorde  con  los  parámetros  normativa y jurisprudencialmente establecidos.   

        

2.2.- Esta misma  situación  de desapego a la objetividad que la actuación evidencia, observa la  Corte   cuando  analiza  la  idoneidad  formal  y  sustancial  del  segundo  cargo que, al amparo de causal  tercera,  la  libelista  postula,  para  denunciar  que  la  apreciación de las  pruebas  que  determinaron  la  responsabilidad  del acusado se fundamentaron en  falsos  juicios  de  identidad y de raciocinio, por inobservar los postulados de  la sana crítica.   

Cabe destacar, al efecto,       que      la     recurrente    hace    consistir   el  primer  falso  juicio de  identidad    que   pretende   noticiar   en  que  el  Tribunal  distorsionó  la  prueba con la que se  acreditaría   la   hora   de   ocurrencia  de  los  hechos,   pretextando   que    ello   resulta  importante  para  determinar  la  visibilidad   de  los  testigos,  pues, a  su  criterio,  no  es lo  mismo  que  los  hechos  hubiesen ocurrido a las 5, a las 6:50 o a las 7:00 P.M.  pero  no  indica  en  qué habría de cambiar la situación frente a los relatos  circunstanciados    que    de    los    hechos    los   testigos   NÉSTOR    ANDRÉS    MANYOMA          CARABALÍ  y  DIEGO MAURICIO MUÑOZ HENAO  hicieron    en    el    juicio    oral,  así  como  frente  al  señalamiento  al acusado de haber sido  uno         de        los        autores de  los    disparos    que    segaron   la   vida   de   las   víctimas.   

Lo mismo ocurre cuando denuncia falso juicio  de   identidad   en   relación   con   los   testimonios  de  los  mencionados  Manyoma Carabalí y Muñoz Henao, en lo relativo a la  presunta  enemistad  existente  entre  ellos  y  el  acusado,  la indicación de  quiénes  fueron  los  autores de los disparos, la identidad de las personas que  recogieron  los  cuerpos  de las víctimas  y el falso raciocinio frente al  cúmulo  probatorio,  que  a  su  vez  hace  depender de la demostración de los  anteriores yerros.   

2.3.- Deja de considerar la demandante, que  la  jurisprudencia  ha  insistido en precisar que cuando en sede de casación se  pretende  noticiar,  con apoyo en la causal tercera,  que     la     sentencia     del    Tribunal    incurre    en    “manifiesto   desconocimiento   de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la prueba sobre la cual se ha fundado la sentencia”,   dicho  tipo  de  desacierto  corresponde  a  la  forma  indirecta  de  violación  a  las  disposiciones  de  derecho  sustancial,  y se  configura  cuando  el  sentenciador  comete  errores  en  la apreciación de los  medios  de  prueba, los elementos materiales probatorios o la evidencia física,  los  cuales  pueden  ser  de  hecho  o  de  derecho10.   

Los   primeros,   es   decir   los  errores  de  hecho  en  la apreciación probatoria,  se  presentan  cuando  el  juzgador  se  equivoca  al  contemplar  materialmente  el  medio  de  conocimiento;  porque deja de apreciar una prueba,  elemento  material  o  evidencia,  pese  a  haber  sido  válidamente presentada  o   practicada  en  el  juicio oral, o porque la supone practicada en éste  sin  haberlo  realmente  sido  y  sin  embargo le confiere mérito (falso  juicio  de existencia); o cuando no  obstante   considerarla   legal   y   oportunamente   presentada,  practicada  y  controvertida,  al  fijar  su contenido la distorsiona, cercena o adiciona en su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no se  establecen     de    ella    (falso    juicio    de  identidad);  o,  porque  sin  cometer  ninguno  de los  anteriores  desaciertos,  habiendo  sido válidamente practicada la prueba en el  juicio  oral,  en  la  sentencia  es apreciada en su exacta dimensión fáctica,  pero   al   asignarle   su   mérito  persuasivo  se  aparta  de  los  criterios  técnico-científicos  normativamente establecidos para la apreciación de ella,  o   los  postulados  de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de  experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la sana crítica, como método de  valoración  probatoria  (falso raciocinio).   

De este modo, cuando el reparo se orienta por  el     falso     juicio    de    existencia    por  suposición  del  medio  de  conocimiento,  compete al  casacionista  demostrar el yerro con la indicación correspondiente del fallo en  donde  se  aluda a dicho medio que materialmente no fue practicado, presentado o  controvertido  en  el  juicio;  y  si  lo  es  por  omisión de ponderar prueba,  elemento  material  o  evidencia física válidamente presentada o practicada en  la   audiencia   de  juicio  oral  (falso  juicio  de  existencia  por  omisión),  es  su deber concretar la  parte  pertinente de la audiencia pública en que se presentó la evidencia o el  elemento  material  o  se  practicó  la prueba, e indicar qué objetivamente se  establece  de  ella, cuál  mérito le corresponde siguiendo los postulados  de  la  sana  crítica  y  los criterios de valoración normativamente previstos  para  cada  una,  y  señalar  cómo  su  estimación  conjunta  con  el arsenal  probatorio  aducido  por  las partes en el juicio y debidamente controvertido en  éste,  da  lugar  a variar las conclusiones del fallo, y, por tanto a modificar  la    parte    resolutiva    de    la    sentencia    objeto   de   impugnación  extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de errores de hecho por falsos juicios  de   identidad  en  la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar  expresamente  qué  en  concreto  dice  el medio de  prueba,  el  elemento  material  probatorio  o  la  evidencia física, según el  caso;   qué  exactamente dijo de él el juzgador, cómo se le tergiversó,  cercenó  o adicionó en su expresión fáctica haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Si se denuncia falso  raciocinio   por  desconocimiento  de  los  criterios  técnico  científicos normativamente establecidos para cada medio en particular  (Art.  380  CPP),  el  casacionista tiene por deber precisar la norma de derecho  procesal  que  fija  los criterios de valoración de la prueba cuya ponderación  se  cuestiona,  indicar  cuál  o cuáles de ellos fueron conculcados en el caso  particular  y  demostrar  la  incidencia  que  dicho desacierto tuvo en la parte  resolutiva del fallo.   

Si  la  denuncia  se  dirige  a patentizar el  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué infirió de él el juzgador y cuál  mérito  persuasivo  le  fue otorgado; también debe señalar cuál postulado de  la  lógica, ley de la ciencia o máxima de experiencia fue desconocida, y cuál  el  aporte científico correcto, la regla de la lógica apropiada, la máxima de  la  experiencia  que  debió  tomarse  en  consideración  y  cómo; finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error, indicando cuál debe ser la apreciación  correcta  de  la  prueba  o  pruebas  que  cuestiona, y que habría dado lugar a  proferir  un  fallo  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  ameritado.    

La    Corte    no    puede   dejar   de  subrayar   conforme  lo  ha  hecho en ocasiones  anteriores,  que  cuando de precisar la naturaleza y  alcance  de  los  errores originados en la apreciación judicial de las pruebas,  como  uno  de los motivos de invalidación susceptibles de ser invocados en sede  de      casación,      la      jurisprudencia11  ha  sido  insistente  en  señalar  que  este  desacierto no resulta configurado por la sola disparidad de  criterios  entre la valoración realizada por los jueces y la pretendida por los  sujetos  procesales,  sino  de  la  comprobada  y  grotesca contradicción entre  aquella   y   las   reglas   que   informan   la   valoración  racional  de  la  prueba.   

También    ha   dicho,   en   doctrina  suficientemente  decantada  y  difundida,   que  si  un  contraste de tales  características  no  se  presenta,  porque los juzgadores, en ejercicio de esta  función,  han  respetado  los  límites  que  prescriben  las reglas de la sana  crítica,  será  su criterio, no el de las partes, el llamado a prevalecer, por  virtud  de la doble presunción de acierto y legalidad con que está amparada la  sentencia de segunda instancia.   

Por  esto,  ha  de  reiterarse  que  inane  resulta,  por  tanto,  en sede extraordinaria, pretender desquiciar el andamiaje  fáctico-jurídico  del  fallo impugnado con fundamento en simples apreciaciones  subjetivas  sobre  la forma como el juez de la causa debió enfrentar el proceso  de  concreción  del mérito demostrativo de los elementos de prueba, o el valor  que debió habérsele asignado a un determinado medio.   

No se trata, pues, de presentar discrepancias  interpretativas  en relación a cómo se aprecian las pruebas por los juzgadores  y  cómo  hubiera  querido  el  demandante que fueran valoradas, pues ello no es  posible  de  plantearlo  en sede del recurso extraordinario de casación dada la  inocuidad  de  este  tipo de argumentos para derruir la presunción de acierto y  legalidad  que ampara el fallo. Esto tiene sentido si se considera que dentro de  la  autonomía de apreciación probatoria la labor del juez al evaluar el caudal  probatorio  consiste  precisamente  en  definir  a  qué elementos de juicio les  reconoce  credibilidad  y  a cuáles no para llegar a su convencimiento sobre la  verdad  de  lo  acaecido,  establecer  la  base  fáctica  de  la sentencia y la  declaración   del   derecho  en  la  parte  resolutiva  del  fallo.     

Tampoco  trata la casación, en cuanto a este  motivo  se  refiere, de presentar argumentos probatorios que puedan ser válidos  frente  a  una  hipótesis  posible  de  interpretación,  pues lo posible no se  identifica  con lo cierto, real, claro y manifiesto, ni puede ser utilizado como  fundamento  para resolver la divergencia apreciativa de los medios entre el juez  y  las  partes.  En  tal  eventualidad prevalece el criterio de aquél siempre y  cuando  se mantenga dentro de las pautas que rigen la persuasión racional, cuya  desvirtuación  compete  al  demandante de manera objetiva, clara y completa con  referencia  a  la totalidad de los medios en que se sustentó el fallo objeto de  censura  y no combatiendo tan sólo una parte de ellos desde su particular punto  de  vista,  como  si  el  juicio no hubiera concluido con el proferimiento de la  sentencia de segunda instancia.      

Los  errores  de  derecho  en  la apreciación de las pruebas, entrañan,  por  su  parte, la apreciación material del medio de conocimiento por parte del  juzgador,  quien  lo  acepta  no  obstante  haber  sido  aportado  al  juicio, o  practicado   o   presentado   en   éste,   con  violación  de  las  garantías  fundamentales  o de las formalidades legales para su aducción o práctica; o lo  rechaza  y  deja  de  ponderar  porque  a  pesar  de  haber  sido  objetivamente  cumplidas,  considera  que no las reúne (falso juicio  de legalidad).   

También,  aunque  de restringida aplicación  por  haber desaparecido del sistema procesal la tarifa legal, se incurre en esta  especie  de  error  cuando  el juzgador desconoce el valor prefijado al medio de  conocimiento  en  la  ley,  o  la  eficacia  que  ésta  le asigna (falso     juicio    de    convicción),  correspondiendo  al  actor,  en  todo  caso,  señalar las normas procesales que  reglan  los  medios  de conocimiento sobre los que predica el yerro, y acreditar  cómo se produjo su trasgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedecen  a  momentos  lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponden  a  una secuencia de carácter progresivo, así encuentren concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  técnicamente  correcto  que  frente a un mismo medio de conocimiento y  dentro  del  mismo  cargo,   o  en  otro  postulado  en el mismo plano, sin  indicar  la  prelación  con que la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen  argumentos     referidos     a    desaciertos    probatorios    de    naturaleza  distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras  de  la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar  el sentido de trasgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios  de  conocimiento  sobre los que predica el yerro, e indicar de manera  objetiva  su  contenido, el mérito atribuido por el juzgador, la incidencia del  desacierto   cometido   en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación  concretar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  mediatamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber  ocurrido  el yerro, el sentido del fallo habría sido sustancialmente distinto y  opuesto  al  impugnado,  integrando  de  esta  manera  lo  que se conoce como la  proposición    jurídica    del   cargo   y   la   formulación   completa   de  éste.   

5.-  De todos modos, debe insistir la Sala en  que  de  optar  el demandante por la vía indirecta para denunciar la violación  de  normas  sustanciales  por  errores  en  la  apreciación  de  los  medios de  conocimiento,  la misma naturaleza excepcional que  la casación ostenta le  impone  la  necesidad de abordar la demostración de cómo habría de corregirse  el  yerro  probatorio  que denuncia, modificando tanto el supuesto fáctico como  la parte dispositiva de la sentencia.   

Como   resulta  apenas  obvio,  esta  tarea  comprende  el  deber de realizar un nuevo análisis de los medios de prueba, los  elementos  materiales  probatorios  y  la  evidencia  física presentados y, por  ende,  debatidos  en  el  juicio;  valorando  los  medios  que  fueron omitidos,  cercenados  o  tergiversados,  o  apreciando  acorde con los principios técnico  científicos  establecidos  para  cada uno en particular y las reglas de la sana  crítica  respecto  de  aquellos  en  cuya ponderación fueron transgredidos los  postulados   de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los  dictados  de  experiencia;  y excluyendo del fallo los supuestos o los ilegalmente practicados  o aducidos.   

Dicha  labor  no debe ser realizada de manera  independiente  en  la  ponderación  individual de cada medio, sino en conjunto,  esto  es,  valorando la prueba ameritada en confrontación con lo acreditado por  las  otras  debatidas  en juicio y acertadamente apreciadas, tal como lo ordenan  las  normas  procesales establecidas para cada elemento probatorio en particular  y las que aluden al modo integral de valoración.   

Todo  ello en orden a hacer evidente la falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de un concreto precepto de derecho  sustancial,  pues,  al  fin y al cabo, es la demostración de la trasgresión de  la  norma  de derecho sustancial por el fallo, la finalidad de la causal tercera  de  casación. De otro modo no podría concebirse el trámite extraordinario por  errores  de apreciación probatoria, si su propósito no se orienta a evidenciar  la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales debido a la falta de  aplicación  de  una  norma  del  bloque de constitucionalidad, constitucional o  legal,  pese  a  ser  la llamada a regular el caso, o la aplicación indebida de  alguna  de  éstas  cuando  en  realidad no lo rige12.   

2.4.-  En  este  caso,  los  cuestionamientos  a  la  apreciación  probatoria  realizada  por la  defensa,   se   queda  en  solos  enunciados,  en  cuanto  no intenta siquiera  darle  desarrollo  y  demostración  con  el rigor exigible en esta sede, pues a  partir  de  una  unilateral  interpretación  de  los  medios pretende descubrir  cercenamientos en la actividad probatoria por parte del juzgador.   

Es tan cierto lo anterior, que es la propia  libelista  quien  cercena  el  protocolo  de  necropsia  para  tratar  de  hacer  coincidir  a  su  amaño  la  hora  de  ocurrencia de los hechos con la hora del  fallecimiento  de las víctimas y por esta vía trata  de   llevarse  por  delante  las  atinadas  consideraciones  realizadas  por  el  sentenciador de alzada.   

Recuérdese que en el informe pericial de la  necropsia  practicada  al  cadáver  de  quien  en  vida respondía al nombre de  Carlos  Alberto  Alomia,  si  bien el forense indico como hora del fallecimiento  las  18:50  horas,  también  en  el  mismo  documento  expresó que la víctima  falleció  en  el  Hospital  Carlos  Holmes  Trujillo,  a  donde  fue trasladado  inmediatamente después del mortal atentado de que fue objeto.   

Al  efecto cabe destacar que el Tribunal en  torno al punto expresó:   

“La  defensa  cuestiona  la  valoración  probatoria  realizada  por  el  juez en la sentencia, porque a su juicio existen  contradicciones  en  punto relacionado con la hora en que ocurrieron los hechos,  toda  vez  que  en la inspección a los cadáveres de los occisos, se anotó las  6:60  p.m., mientras que el juez en la sentencia señaló que los mismos habían  sucedido a las 5 p.m.   

“En primer término ha de anotarse que no  es  cierto  lo  argumentado  por el togado, por cuanto en el informe pericial de  necropsia,  realizado  por  el  médico  forense Hermes Pinzón, consignó en el  acápite  fecha  de la muerte, 22-07-2007 a las 18:50  horas,  este  documento  fue  objeto  de estipulación entre las partes. De otro  lado  el  juez en la sentencia consigna como hora de la muerte las 18:00 horas y  no las 17:00 como lo plantea el recurrente.   

“Ahora  la  diferencia de tiempo entre lo  fijado  en  la  diligencia  de  necropsia  y  la hora referida por el juez en el  fallo,  no  tiene  otra  lógica  explicación  que la mencionada por el testigo  Manyoma  Carabalí,  quien  señala:  ‘Pues  yo me di cuenta cuando los pelados están tirados en el piso  yo  ya  como a los 15 minutos que ellos salen corriendo, yo llego hasta el lugar  y    levantamos   a   los   pelados   y   los   ayudamos   a   montar   en   una  carretilla’.      

        

“Así  las  cosas,  este  tiempo  en  que  permanecieron  las  víctimas mientras fueron auxiliadas por sus compañeros, 15  minutos,  más  el  lapso  que transcurrió del traslado de las mismas al centro  asistencial,  donde  posteriormente  se practicó la necropsia, hace que la hora  fijada  por  el  médico forense, coincida con la señalada por el señor juez a  quo  en  la  sentencia,  como  de ocurrencia de los hechos”.      

Así  resulta claro, que lo importante para  el  juzgador  no  fue  la  hora  de  la muerte de las  víctimas,  consignada  en  el informe de necropsia,  sino  el  momento  de  ocurrencia  de  los  hechos  de  acuerdo al análisis del  conjunto  de  la  prueba  practicada en el juicio, incluida la que fue objeto de  estipulación  entre  las partes, cuestión que no se  ve  demeritada  por  el  hecho  de  que  se presenten  pequeñas  diferencias  que en nada cambian la facticidad declarada en el fallo,  todo  lo  cual   denota  la  precariedad  de la  censura, máxime si no logró acreditar la  trascendencia de un eventual error de apreciación probatoria.   

2.5.-  Esta  misma situación de desapego al rigor técnico  y  lógico que rige la casación, se observa en los reparos que por falso juicio  de   identidad   formula   con   respecto  a  los  testimonios  de  Néstor         Andrés         Manyoma        Carabalí,  y  Diego  Mauricio  Muñoz Henao,  sobre  la  presunta  enemistad  existente  entre los  testigos  y el procesado, puesto que no aborda el proceso demostrativo completo,  toda  vez  que  dicha  hipótesis  no  fue en manera  alguna  descartada  por el juzgador, sólo que no le confirió el mérito que la  demandante  reclama,  para cuyo cuestionamiento, no es en manera alguna al error  de hecho por falso juicio de identidad el que resulta procedente.   

Recuérdese  que el Tribunal, al considerar  la   hipótesis   que   la   libelista   inopinadamente   propone,  señaló  lo  siguiente:   

“Del  mismo  modo,  el  señor  defensor  cuestiona  el fallo de primera instancia en cuanto a la valoración de la prueba  testimonial,  porque  considera  que  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la sana  crítica, la misma no ofrece credibilidad, porque:   

“1.-   Existía  enemistad  entre  los  testigos,  Néstor  Andrés  Manyoma  Carabalí  y Diego Mauricio Muñoz, con el  acusado.   

“Al  ser  interrogado  en juicio Manyoma  Carabalí  por  la  Fiscalía  acerca de si con antelación había tenido algún  problema o inconveniente con el procesado respondió negativamente.   

“Cuando  se preguntó por la Fiscalía a  Henry  Samir  Aguiño  Sinisterra, investigador adscrito a la SIJIN, sobre si de  la  información  que  recibió  se  enteró  de alguna enemistad o malquerencia  entre  los  testigos  y  las  personas que eran señaladas como agresores en las  entrevistas, respondió en forma negativa.   

“Por   su  parte,  el  testigo  de  la  Fiscalía,  Diego Mauricio Muñoz Henao, expone que existe un problema de guerra  territorial      entre      barrios,      en     este     caso,     ‘Antonio     Nariño’,  donde  él reside y ‘Vergel’  por  lo que les está prohibido a  los  habitantes  de  uno  y  otro  sector  traspasar los límites de los mismos,  siendo   así   que   se   presentan   rencillas   por  el  liderazgo  de  estos  grupos.   

“Si  bien  es  cierto,  el  reclamo  del  impugnante  puede  surgir  por  los  lazos  de  solidaridad existentes entre los  testigos  y  las  víctimas,  también  lo  es,  que  como  lo  tiene sentado la  jurisprudencia,  frente  a  este tipo de testigos, lazos de amistad, parentesco,  solidaridad,  etc.,  no es dable desecharlos de plano, sino que deben ponderarse  con cuidado, de acuerdo a las reglas de la sana crítica”.   

Entonces     si    el    Tribunal no descartó la existencia de  lazos   de   solidaridad  entre  la  víctima  y  los  testigos,  así  como  de  “guerra  territorial”  entre   las   pandillas  de  las  que  hacían  parte  el  procesado,  la víctima y testigos de cargo, el  presunto       yerro       de       identidad       queda      sin      sustento  alguno.                 

Igual ocurre con el presunto falso juicio de  identidad  en  las  declaraciones  de  los  testigos  presenciales,    con  respecto  a las personas que recogieron a las víctimas para prestarles auxilio,  pues  por  parte  alguna se da a la tarea de indicar  cómo  dichos  aspectos  resultan relevantes en la exclusión de responsabilidad  del  acusado,  quedando  sus  reparos  a  la apreciación probatoria en aspectos  marginales  del  debate,  pues  no  indica  en  qué  cambia  la  situación  de  establecerse  que  fueron  otras  personas quienes recogieron a los heridos para  llevarlos  al  hospital,  pero  sin  cuestionar  de  manera seria y objetiva, la  consideración  del Tribunal en el sentido de que las diferencias en sus relatos  obedece  a  que  en  esos  momentos  se  hallaban  ubicados en lugares distintos  respecto de la escena del crimen.        

Pero  los  desaciertos en la confección de  las  censuras  por  parte de la demandante no paran en los que viene de advertir  la  Sala. So pretexto de denunciar violación de las  reglas    de    la    sana    crítica    en    la   apreciación   probatoria,   da  por  supuesto  que acreditó los errores de  identidad  que dijo denunciar y formula una crítica adicional pero no sobre una  prueba  en  particular sino sobre el cúmulo probatorio, para, a la mejor manera  de  un  alegato de instancia, expresar su particular criterio sobre el  poco  mérito persuasivo que a su criterio ofrece la prueba de  cargo,  pero  sin  realizar  un  proceso demostrativo completo, en los términos  precisados párrafos arriba de este pronunciamiento.   

Tampoco  logra  demeritar la consideración  del   juzgador,   según   la  cual  “si  bien  es  cierto Mayoma Carabalí alude a un tercero de nombre  Brayan  como  la  persona  que  asimismo  fue  testigo  presencial,  quien ya es  fallecido,  también  lo  es,  que  los  dos  deponentes  referidos tuvieron una  apreciación  distinta  de  los  hechos  porque  estaban  ubicados en diferentes  sitios  respecto  de la escena del crimen, lo que lleva necesariamente a que sus  relatos  no  sean  totalmente coincidentes”, lo que  patentiza  que el reparo formulado no pasa de ser un recurso de último momento,  carente de demostración en sede extraordinaria.   

Ya  esta  visto  que  aún  por  la  propia  libelista  no   se  discute que los testigos de  cargo  señalaron  al  acusado de haber sido una de las personas que mediante el  uso  de  armas de fuego dieron muerte a los jóvenes José Antonio Caicedo Ortiz  y    Carlos    Alberto    Alomia.   Siendo  ello  así,  no se observa cómo  habría  de  verse  modificado  el  panorama  fáctico  y  jurídico   del   fallo,   si  se  acepta  que  los    hechos  ocurrieron a una hora diversa de la que considera declaró  el  juzgador, o que fueron otras personas las que se aprestaron a auxiliar a las  víctimas,  o  que  existía  una  guerra  por  el  control  territorial  de las  pandillas  en  conflicto,  de  las  que  hacíaa  parte,  víctimas,  testigos y  acusado,   cuestión   que   no   ha   sido   negado   por  ninguno,  pues  no  se identifica con claridad  cuáles  son  las  dudas  que  dice  existen,  a qué aspecto corresponden,  cómo  se  manifiestas éstas, ni por qué tendrían el carácter de insalvables  para que procediera resolverlas a favos del acusado.   

La Sala advierte, que en lugar de ajustarse a  los  derroteros  normativamente  establecidos  para  la  casación y ampliamente  desarrollados  por  la  jurisprudencia  de  esta Corte, la casacionista acude al  instrumento  extraordinario  de impugnación como recurso de último momento tan  sólo  porque  no  se atendió los planteamientos de la defensa, expuestos   cuando  recurrió  en  apelación,  en torno al mérito que, a su criterio, debe  conferirse  a  algunos medios de convicción, distanciándose de tal modo de los  lineamientos  párrafos  arriba  referenciados. Pese a los esfuerzos que realiza  en  orden  a  sustentar los fundamentos fácticos y jurídicos de la censura, no  logra  demostrar  que  el  sentenciador  hubiere  incurrido  en  los  errores de  apreciación  probatoria que denuncia, ni la trascendencia que ellos tuvieron en  la  definición  del  juicio, lo que impide que los cargos que postula, resulten  admitidos al trámite casacional.   

Se observa en últimas, es la divergencia de  criterios  en  el  demandante  con  el  sentenciador  en  torno a la negativa de  reconocer  la  existencia  de  dudas probatorias que posibilitaran a absolver al  acusado,  pero  sin  llegar a demostrar la concreta y objetiva configuración de  desacierto   alguno  que  diera  lugar a la casación del fallo, y ello, como resulta apenas obvio, impide  que  la  demanda  sea  admitida  al  trámite  para el estudio de mérito de las  censuras que propone.   

                    

3.- En  síntesis,  dado  que la  demanda estudiada no cumple las exigencias mínimas de forma y  contenido    normativa    y   jurisprudencialmente  requeridas, no cabe más  alternativa que inadmitirla a su estudio de fondo.   

4.- Contra esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  por parte del demandante, de  conformidad  con  lo  establecido en el artículo 184 inciso segundo ejusdem, en  la   oportunidad,   forma   y  términos  precisados  por  la  Corte13.   

5.- Cuestión Final.  

A  tenor  de  lo previsto por el artículo  184,  inciso  tercero,  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  la  Corte tiene  establecido  que  dicha  disposición  le  confiere  la  facultad  de intervenir  oficiosamente,  sin  que  resulte  necesario  la  realización  de  audiencia de  sustentación,  cuando  advierta  la  necesidad  de  hacer  efectivo  el derecho  material,   preservar   o   restablecer  las  garantías  fundamentales  de  los  intervinientes  en  el  trámite  procesal,  reparar  los  agravios  inferidos a  éstos,    o   unificar   la    jurisprudencia  nacional.   

En  este  caso,  se  advierte  que  con  la  sentencia   de   segunda   instancia,  probablemente   al   procesado   se   le   pudo   haber  vulnerado  el  principio  de legalidad en la individualización  de  las  penas  accesorias  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  y la privación del derecho a la tenencia y porte de armas  de  fuego,  razón por la cual habrá de verificarse  si  surge  la  necesidad  de  casar  parcialmente y de oficio el fallo, a fin de  restablecer  la  garantía  que,  en  principio,  se  advierte conculcada.   

Por  lo tanto, una vez cumplido el rito de  insistencia,   la  actuación  deberá  retornar  al  Despacho  del  Magistrado Ponente para pronunciamiento oficioso en relación con  la   posible   vulneración   de   garantías   fundamentales,  según  ha  sido  indicado.      

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

PRIMERO.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por la defensora del acusado      JOSÉ     RICARDO     MUÑOZ  GARCÍA, por las razones expuestas en la motivación  de este proveído.   

SEGUNDO. Contra  esta  determinación  procede  la insistencia en los términos del artículo 184  de la Ley 906 de 2004.   

TERCERO.  En firme  esta  decisión  y una vez cumplido el trámite de la insistencia, la actuación  deberá  regresar  al  Despacho  del  Magistrado  Ponente  para  pronunciamiento  oficioso   acerca  de  la  posible  vulneración  de  garantías  fundamentales,  conforme      ha      sido     expuesto     en     el     cuerpo     de     este  proveído.      

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                                                                                           

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                           LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                     JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Para  resaltar  que  no  se  estipulan pruebas, sino  hechos y circunstancias.   

2  Fls. 87 y ss. carpeta original   

3  Fls. 145 y ss. carpeta original.   

4  Fls. 201 y ss. carpeta original.   

5  Cfr. auto de casación del 5 de diciembre de 2007. Rad. 28653.   

6 Ley  1395  de 2010. Art. 98. “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo 183. Oportunidad.  El  recurso se interpondrá ante el Tribunal dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  última  notificación y en un término posterior  común  de  treinta (30) días se presentará la demanda que de manera precisa y  concisa señale las causales invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

7  Cfr. Auto casación de 26 de septiembre de 2007. Rad. 28053.   

8  Cfr. por todos, auto de casación de junio 9 de 2008. Rad. 29092   

9  Cfr. Fl. 101 Carpeta Original   

10  Cfr. Por todas. Cas. de 29 de agosto de 2007. Rad. 26276.   

11  Cfr. por todas cas. de 17 de septiembre de 2003. Rad. 17690   

12  Cfr. Por todas Cas. de 26 de septiembre de 2007. Rad. 28213   

13  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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