33125(05-09-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 331   

Bogotá D.C., septiembre cinco (5) de dos mil  doce (2012).   

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  FETNER SALAZAR MOLANO, contra la  sentencia  condenatoria proferida por el Juzgado 2º Penal del Circuito de Neiva  y confirmada por el Tribunal Superior de la misma ciudad.   

HECHOS:  

1.   En el  Barrio  La  Libertad de Neiva, frente al inmueble ubicado en la calle 15 #18-05,  hacia  las  4:30  P.M., luego de cruzarse insultos, FETNER SALAZAR MOLANO, de 29  años  de  edad,  golpeó en el rostro a Saúl Arias Moya, de 48 de edad y quien  se  encontraba  en  estado  de  embriaguez. Este cayó de espaldas a causa de la  agresión   física   y   recibió   un   trauma  cerebral  que  le  produjo  la  muerte.   

ANTECEDENTES PROCESALES:  

1.  Al  proceso,  iniciado  el  26  de enero de 2004, fueron vinculados mediante indagatoria EDWIN  SALAZAR  MOLANO  y  FETNER  SALAZAR  MOLANO.  Al  primero  se  le  precluyó  la  instrucción  y  al  segundo, tras la resolución de su situación jurídica, se  le  dictó  acusación  el  1º  de  marzo  de  2006,  en calidad de autor de la  conducta  punible  de homicidio preterintencional. Esta determinación quedó en  firme el 14 de marzo de 2006.   

2.  Tramitado  el  juicio,  el  22  de  mayo  de  2007  el  Juzgado 2º Penal del Circuito de Neiva  condenó  al  acusado  a  78  meses  de  prisión, inhabilitación de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término y al pago de 50 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes, por concepto de perjuicios morales, a favor de los  perjudicados  con  el  delito.  No  se le concedió la condena condicional ni la  prisión   domiciliaria.   Se  dispuso  su  captura,  una  vez  ejecutoriada  la  sentencia.   

3.  El  defensor  apeló  ese pronunciamiento y el Tribunal Superior de Neiva, a través del fallo  recurrido  en  casación,  expedido  el  13  de  julio  de  2009,  le  impartió  confirmación.   

4. La Sala, mediante  providencia  del 6 de octubre de 2010, se pronunció acerca de los requisitos de  forma  de la demanda de casación presentada por el apoderado del acusado, en la  cual  fueron  propuestos  dos cargos. Se aceptó la misma sólo en relación con  el primero, respecto del cual se superaron sus defectos.   

EL CARGO ADMITIDO:  

Violación  indirecta  de  la ley sustancial  derivada de error de derecho por falso juicio de legalidad.   

Se  fundó  en  la sentencia la autoría del  homicidio,  en  la  declaración  rendida  ante  Policía Judicial por Heriberto  Escobar  Quimbaya.  Y  ella  “es ilícita”  en  consideración  a  que  se  recaudó  con  vulneración  de  “las   formas   propias   del   juicio”.  Se  realizó  a las 8 de la mañana del 26 de enero de 2004, a  espaldas  del imputado, quien sólo contó con defensor cuando se le escuchó en  indagatoria  ese  día,  a  las 3:20 de la tarde. Permaneció incomunicado hasta  entonces, desde cuando fue capturado el 24 de enero anterior.   

Aunque el Tribunal reconoció “parcialmente”   que   dicho  testimonio  tenía  comprometida  su validez, le otorgó valor probatorio pleno y se sirvió  de  él  para  concluir  que  el  sindicado  golpeó a la víctima en el rostro,  “haciéndolo    caer    hacia   atrás”  y “ocasionando su muerte”.   

El declarante “no  volvió  a dar la cara en todo el proceso”. Por ende,  no  existió  posibilidad  para la defensa de contrainterrogarlo. Además, no se  practicó  ese testimonio ante autoridad competente. Así las cosas, tratándose  del  único  elemento  de  juicio para establecer la autoría de la conducta, es  claro  que no se desvirtuó la presunción de inocencia. Por ende, procede casar  la sentencia y absolver al acusado.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA:  

          La  Fiscal  a  cargo  del  asunto,  en  el  auto  de  apertura de la  instrucción  expedido el 26 de enero de 2004, ordenó, entre otros testimonios,  el  de  Heriberto  Escobar  Quimbaya.  Y  comisionó  para  su  recepción a los  investigadores  de  la  SIJÍN Rodrigo Serrano Cachaya y Édgar Navia Salamanca,  adscritos  a  la  Unidad  de  Fiscalía  de Delitos contra la Vida. Estos, en la  misma fecha, escucharon esa declaración.   

          Se  trató,  para la Delegada, de un encargo que no podía hacerse a  los  miembros  de  la  Policía  Judicial. Estos, conforme a la Ley 600 de 2000,  sólo   se   encuentran  facultados  para  realizar  labores  de  verificación,  practicar  pruebas  periciales  y  excepcionalmente, en casos de flagrancia o de  imposibilidad  de  intervención  inmediata  de  la Fiscalía derivada de fuerza  mayor,  para  recepcionar  declaraciones.  Y  ninguna  de esas circunstancias se  presentaba en el caso de examen.   

          En  cuanto  ya  se  había  dispuesto la apertura de la instrucción  “la  Policía Judicial sólo podía actuar a través  de  comisión por orden del Fiscal y exclusivamente dentro de los alcances de lo  dispuesto  en  el  artículo  316”  del  Código  de  Procedimiento  Penal.  Así  las  cosas,  la  actividad de los investigadores se  restringía  en  el  presente  caso  a  la  práctica  de  pruebas  periciales y  “a  la  recepción  de  información valiosa para el  esclarecimiento  de  los  hechos  investigados”.  La  actuación  procesal  le correspondía adelantarla a la Fiscal Seccional a cargo  del  asunto,  “quien  justamente  estaba  obligada a  recepcionar  las  declaraciones  juradas  de  Miller  Villegas  Apias, Heriberto  Escobar   Quimbaya  y  Eulises  Cárdenas  Delgado”.   

          Conforme  a  la  norma  citada,  en  otras palabras, la facultad del  Fiscal  de  recaudar  la  prueba  testimonial  era  indelegable, “aún   acogiéndose   a   la   figura  de  la  comisión”.  Esta  conclusión  tiene  pleno  respaldo  en  la sentencia de  casación   de   la   Corte   del   14   de   diciembre   de  2009  (radicación  32237).   

          Las   declaraciones  practicadas  en  el  sumario  por  la  Policía  Judicial,    entonces,    al   ser   “indebidamente  autorizados  por la Fiscalía son ilegales”. Debían,  por  consiguiente, excluirse de valoración y en esa medida no podían servir de  fundamento a la declaración de responsabilidad penal.   

          Ahora  bien:  aunque  es  cierto  que  el  Tribunal  “fue  consciente  de  las falencias en la aducción del testimonio de  Heriberto  Escobar Quimbaya”, estimó “menguado   su   valor   probatorio”   y  equivocadamente     le     asignó     la    condición    de    “criterio  orientador”, para de esa manera  poder   articularlo   con   los   demás  medios  de  conocimiento.  Debió  esa  Corporación  judicial,  en  lugar  de  lo  anterior,  considerar inexistente la  actuación  y no valorarla en la sentencia como fundamento de la condena, según  lo ha reiterado la jurisprudencia de la Corte.   

          Así   las  cosas,  la  censura  debe  prosperar  debido  a  que  el  ad quem le atribuyó poder de  persuasión,    en    la   determinación   de   la   autoría   del   homicidio  preterintencional,  a  un  testimonio  inválido.  Y como se trató de la única  prueba  de  cargo  que respaldó la sentencia condenatoria, de la cual se dedujo  –en correspondencia con la  necropsia— que el procesado  golpeó  a  la  víctima  y  la  hizo  caer  hacia atrás ocasionando su muerte,  procede casarla para, en su lugar, dictar absolución al acusado.   

          Solamente  con  la  necropsia, no se sostiene la sentencia recurrida  en  casación.  La  misma, además de aludir a un golpe que presentaba el occiso  en  la  cabeza, región occipital izquierda, registró una lesión en el rostro,  “representada en equimosis suborbitaria en ala nasal  derecha”.    No    se    deduce    “obligatoriamente”  que el último trauma  “se  produjo  en  el  momento  del desplome de Saúl  Arias,  o  que  fue la razón de su caída”, expresó  finalmente la Procuradora.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  Como  igual lo  extractó  la  Sala  en  la  providencia a través de la cual admitió el primer  cargo  del  libelo,  aunque  el Tribunal dijo en la sentencia, del testimonio de  Heriberto   Escobar   Quimbaya,  que  era  “criterio  orientador”,  le  dio  valor de testimonio y con ese  fundamento,  de  acuerdo con la demanda, declaró probado el golpe que causó la  caída  de  la  víctima  y  su  deceso. El error de derecho por falso juicio de  legalidad   lo   hizo  recaer  el  defensor  en  esa  declaración  –rendida  ante  dos investigadores de la  Sijin—,  desentrañándose  como  razón  de  la  invalidez de la prueba postulada, que la Policía Judicial  carecía de facultad para practicarla.   

2. En la sentencia  de  segunda  instancia, luego de transcribir el juzgador la jurisprudencia de la  Sala  del  5  de noviembre de 2008 (sentencia de casación 27508), conforme a la  cual  en  concordancia  con  el artículo 316 de la Ley 600 de 2000 el Fiscal no  puede  comisionar  a la Policía Judicial para la práctica de pruebas distintas  de   las   técnicas   o  periciales,  confirmó  la  condena  del  a  quo  con  sustento  en  los  siguientes  argumentos:   

2.1.  La  Fiscal a  cargo  de  la  instrucción, en el auto de su apertura, comisionó a miembros de  la  Policía  Judicial  para practicar, entre otros testimonios, el de Heriberto  Escobar Quimbaya.   

2.2.    Esa  declaración   así   rendida  “sin  lugar  a  dudas  determinó  la  existencia  del actuar doloso dirigido hacia la causación de un  daño   en   el  cuerpo  de  Saúl  Arias  Moya  por  parte  de  Fetner  Salazar  Molano”.  El  testigo,  en  efecto,  afirmó  que el  procesado  “se  abalanzó  al  finado y le pegó una  palmada haciéndolo caer patas arriba”.   

2.3.    Ante  “la   imprecisión  del  ente  investigador  en  la  determinación  de  la práctica de la prueba”, se ve  “menguado”   el  valor  probatorio  de  las  manifestaciones  de  Escobar Quimbaya. Sirven, no obstante,  “como  criterio  orientador,  aunado  a  los  demás  medios    de    conocimiento    para    determinar    la   responsabilidad   del  procesado”.   

2.4.  La necropsia  corrobora  el  dicho  del  testigo. Se probó con ella la existencia de un golpe  “sobre  la región nasal”  de    la    víctima,    causado   “con   mecanismo  contundente”. FETNER SALAZAR MOLANO, “dominado  por su ímpetu lesionador”, fue  el autor de esa agresión.   

2.5.  Los testigos  Jaime  Salazar, Edwin Salazar Molano, Euclides Cárdenas delgado y el inculpado,  incurrieron         en        “contradicciones  sustanciales”.  Se  configura,  a partir de ello, el  indicio  de  mentira, que  “se forja a partir de  la  desacertada  estrategia  defensiva  plasmada  a  través  de  los  dichos en  mención”,  con  los cuales se quiso hacer creer que  la  víctima  cayó  sola  y que nunca existió siquiera intercambio de palabras  entre  ésta  y  el  acusado.  Esto,  sin  duda,  “es  mentira,  forjando  así  la  credibilidad  de  las manifestaciones de Heriberto  Escobar  Quimbaya, que forjan el criterio para determinar la responsabilidad del  procesado”.   

3. El testimonio de  Heriberto  Escobar  Quimbaya,  eso es evidente, fue el fundamento exclusivo para  concluir  que  FETNER SALAZAR MOLANO golpeó en el rostro a Saúl Arias Moya y a  causa  de ello éste cayó al piso, propinándose en la cabeza la lesión que le  produjo su fallecimiento.   

Esa   declaración   la   practicaron  los  investigadores  de la Sijin Rodrigo Serrano Cachaya y Édgar Navia Salamanca, en  desarrollo  de  la comisión dispuesta por la Fiscal a cargo del caso en el auto  de  apertura  de  la  instrucción.  Y,  como  lo  demandó el casacionista y lo  respaldo la Procuraduría, es una prueba inválida.   

          El  artículo 316 de la Ley 600 de 2000, por la cual naturalmente se  rige  el  presente caso, regula la actuación de la Policía Judicial durante la  investigación y el juzgamiento en los siguientes términos:   

“Iniciada  la  investigación  la  policía judicial sólo actuará por orden del fiscal, quien  podrá  comisionar  a  cualquier  servidor  público  que  ejerza  funciones  de  policía   judicial  para  la  práctica  de  pruebas  técnicas  o  diligencias  tendientes  al  esclarecimiento  de  los  hechos,  lo cual podrá ser ordenado y  comunicado  por cualquier medio idóneo, dejando constancia de ello. La facultad  de dictar providencias interlocutorias es indelegable.   

“Los miembros de policía judicial pueden  extender  su  actuación a la práctica de otras pruebas técnicas o diligencias  que  surjan  del  cumplimiento de la comisión, excepto capturas, allanamientos,  interceptación  de  comunicaciones,  las  que  atenten  contra  el derecho a la  intimidad   o   cualquier  actividad  que  represente  la  vinculación  de  los  implicados a la actuación procesal.   

“Por comisión del juez respectivo, en la  etapa  del  juzgamiento  cumplirán  las  funciones  en la forma indicada en los  incisos anteriores”.   

          Al  sentido  y  alcance  de esta disposición se refirió la Sala en  las  sentencias  de  casación  del 5 de noviembre de 2008 (radicación 27508) y  del  14 de diciembre de 2009 (radicación 32237). En las dos se concluyó que no  se  podía comisionar a la Policía Judicial en la instrucción y el juzgamiento  para  la  práctica de pruebas distintas de las técnicas o periciales. Y que la  expresión  “diligencias  tendientes   al   esclarecimiento  de  los  hechos”  contenida  en  la  norma, no equivalía a medios de prueba. Quedó así definido  por  la  jurisprudencia,  claramente,  que  ni  el  Fiscal  ni  el  Juez podían  comisionar  válidamente en esas fases procesales a la Policía Judicial para la  recepción de testimonios.   

         

          Los  argumentos  dichos  en  el  primero  de  esos pronunciamientos,  reiterados     en    el    segundo,    se    reproducen    enseguida    en    lo  fundamental:   

“…cuando  ya  la  Fiscalía ha asumido  formalmente  la  dirección  de  la  investigación,  la facultad de la Policía  Judicial  se  restringe  en  enorme  medida,  al  punto  que, como lo dispone el  artículo  316  de  la  Ley  600 de 2000, únicamente puede actuar por orden del  ente  instructor  ‘para la  práctica  de  pruebas  técnicas o diligencias tendientes al esclarecimiento de  los hechos’.   

“Estima  necesario  precisar  la  Corte el  sentido  de  la frase citada, pues, se patentiza que la actividad de la Policía  Judicial,  por  comisión  del  Fiscal,  opera  dentro  de  estrictos límites y  precisos derroteros, dada la excepcionalidad que comporta.   

“En  este  sentido, es tempestivo denotar  que  respecto  de  las  pruebas  como  tales,  la  facultad  de  comisión de la  Fiscalía  hacia  la  Policía  Judicial,  remite  exclusivamente  a aquellas de  contenido   eminentemente   técnico  –dígase,  para  citar  un  ejemplo,  la  experticia acerca de libros  contables  incautados-. Y ello asoma si se quiere natural, pues, se entiende que  el  fiscal  no  posee  esos  conocimientos  requeridos  para allegar el medio de  prueba  y  debe  recurrir  al  auxilio del personal de Policía Judicial para el  efecto.   

“A  renglón  seguido,  el  artículo 316  citado,  permite  que  se  comisione  a  la  Policía  Judicial para desarrollar  “diligencias   tendientes   al   esclarecimiento   de   los   hechos”.  Esas  diligencias,  estima  la  Corte,  no dicen relación con la práctica de pruebas  -con  excepción, desde luego, de las técnicas, como se anotó en precedencia-,  pues,  ello  atenta  no  solo  contra  la  excepcionalidad  de  la intervención  probatoria  de la Policía Judicial, sino con el tipo de actividad pesquisitoria  propia  de estos organismos, a partir de los cuales, para citar algunos ejemplos  comunes,  debe  recoger evidencias que eventualmente se requieran para demostrar  los  hechos,  o acudir al lugar para la verificación de quiénes pueden conocer  algo  de  lo  sucedido  y  podrán ser citados por la fiscalía a declarar, y en  fin,  esas  labores investigativas de campo que permiten orientar al director de  la  investigación  respecto  de  la mejor forma de abordar la demostración del  objeto del proceso penal.   

    

“Es  esa una labor de apoyo investigativo  que  no puede tornarse abierta, global o genérica, para que no represente en la  práctica  un  desplazamiento  del  órgano  que  en  la  Ley  600 de 2000 está  directamente  vinculado  con  la  práctica  probatoria,  en  seguimiento de ese  principio  de  inmediación  relativizado allí consignado y que deriva no sólo  de  las  amplias  facultades  judiciales  otorgadas  a  la  Fiscalía,  sino del  principio de permanencia de la prueba.   

“Así  lo  entendió  el  legislador,  en  seguimiento  de  ese  procedimiento  que  algunos dan en significar mixto, y por  ello,  una  vez  asumida  la investigación por el fiscal encargado del caso, no  corre  de  cargo  de  la  Policía  Judicial  adelantar  motu  proprio  la tarea  investigativa,  ni  mucho  menos,  proceder a una práctica probatoria que en la  generalidad  de  los casos, con excepción de la prueba técnica, corre de cargo  directamente  de  la fiscalía, en cuanto órgano, previo al Acto Legislativo 03  de  2002,  que  modificó  el  artículo  250  de la Carta Política, con plenas  facultades judiciales en la fase instructiva del proceso.   

“En  otras palabras, si por virtud de sus  amplios  poderes judiciales, la Fiscalía, en la investigación, toma decisiones  trascendentes   fundadas   en   pruebas,  particularmente  la  que  resuelve  la  situación  jurídica  del  procesado  y  aquella  que  califica  el mérito del  sumario,  lo  natural, en aplicación adecuada del principio de inmediación, es  que  el funcionario judicial en la generalidad de los casos practique la prueba,  o  mejor,  para  precisar  el  tópico testimonial, ante él concurra el testigo  para  que  pueda  evaluarse  directamente por aquél su credibilidad, y sólo en  casos   excepcionales   o   puntuales   plenamente   justificados   –entre ellos el consagrado por la norma  acerca  de la prueba técnica, dada la ausencia de conocimientos calificados del  fiscal-,   ello   se   delegue   por   vía   de   comisión   a   la   Policía  Judicial…”.   

         Resulta  claro, pues, conforme al antecedente jurisprudencial, en el  cual  insiste  la  Sala  en  esta oportunidad, que la Fiscalía no se encontraba  facultada  en  la  instrucción  para  encargarle  a  la  Policía  Judicial  la  práctica  de  testimonios.  Carece de validez, en consecuencia, el rendido ante  los  investigadores de la SIJÍN por Heriberto Escobar Quimbaya. Y eso significa  que  no  se  debía  haberlo  considerado  para ningún efecto. Ni siquiera como  “criterio  orientador”,  según   lo   calificó  equivocadamente  el  ad  quem  para   sustentar   en   él   la   prueba  del  hecho  desencadenante de la muerte de Saúl Arias Moya.   

         Se  configuró  el  error  de  derecho por falso juicio de legalidad  denunciado,  entonces,  al  servirse el Tribunal de la declaración inválida de  Heriberto    Escobar    Quimbaya   en   la   construcción   de   la   sentencia  condenatoria.   

         4.  Dicho yerro probatorio, sin embargo, no  ocasiona  el  resquebrajamiento  del fallo, en consideración a que subsisten en  la  actuación  otros  medios  de  conocimiento  que el juzgador omitió estimar  –estos       sí  válidos—, de los cuales se  infiere  que  FETNER  SALAZAR  MOLANO  le  pegó  en  el  rostro  a la víctima,  causándole la caída que motivó su fallecimiento.   

         Se   cuenta,  en  primer  lugar,  con  la  inspección  al  cadáver  realizada  por  la  misma  Fiscal que tramitó el sumario. Tuvo lugar, según el  acta  correspondiente,  a  las  7:30  de  la  noche  del  día de los hechos. La  funcionaria,  en  el  punto  “averiguación  de  los  hechos”,  dejó la siguiente constancia acerca de la  forma como sucedieron:   

“Sostuvo  una  discusión  el  occiso  con N.N. quien carece de un ojo, de apellido SALAZAR, el  cual  le propinó un golpe yéndose el occiso hacia atrás y recibiendo un golpe  en el piso al parecer en la cabeza”.   

         Esa  información  obtenida  al  momento  de  la  diligencia  por la  Funcionaria  judicial,  así se desconozca exactamente en quién se originó, es  fuente  válida de conocimiento. Constituye una manifestación expresa y directa  de  ella,  acerca  de lo que en ese momento consiguió averiguar en ejercicio de  sus  funciones,  en  torno  a  las  posibles causas del deceso de Arias Moya. Se  presume  la  veracidad  de  ese contenido por provenir de la servidora pública,  restringiéndose   a   su   fuerza   de   persuasión  el  debate  respecto  del  mismo.   

         Lo  consignado  por la instructora, no cabe duda para la Sala, es la  prueba  de  un  hecho  indicador  consistente  en  que  la  gente  señaló a la  autoridad  la  manera  como  ocurrió  la muerte de la víctima. Esta discutió,  según  la  constancia  de  la  Fiscal,  con  un  hombre  de  apellido  SALAZAR,  “quien  carece de un ojo”  y  enseguida el mismo la golpeó en la cara. SALAZAR, según se comprobó, es el  apellido  del  sindicado.  En su indagatoria, al aludirse a sus características  particulares,   se  hizo  constar  que  perdió el ojo derecho debido a una  infección.  Es  deducible,  por  tanto,  que  FETNER  SALAZAR MOLANO, contra la  afirmación   suya   de  que  no  le  pegó  a  Saúl  Arias  Moya  –respaldada  por  varios testigos que no  le  merecieron  credibilidad al fallador—,  fue  el  autor  doloso  de  la lesión que hizo caer y morir a la  persona   agredida.   Para   el   ad  quem,  la  misma  concuerda  con el siguiente hallazgo del legista en la  necropsia:   

“Ojos:  equimosis  suborbitaria  derecha.  Nariz: abrasión de un centímetro en ala nasal derecha”.   

         Como  a  esta  deducción  el  demandante  no vinculó ningún error  judicial  y  tampoco  la  Sala advierte alguno, es un referente probatorio firme  que no se encuentra en discusión.   

La conclusión de que FETNER SALAZAR MOLANO  golpeó  a  Saúl  Arias  Moya,  que igual se impone al excluir el testimonio de  Heriberto  Escobar  Quimbaya,  se afianza con las declaraciones rendidas ante la  instructora   por   los  declarantes  Reinel  Hernández  y  Roberto  Gutiérrez  Calderón1.   

El primero, tras reconocer que no presenció  los  hechos,  señaló  que  varias  personas  se  dieron  cuenta  de ellos pero  “por   amistad   y   por   no   acudir”  a un despacho judicial “no cuentan y  no  dicen”  qué  sucedió. Anotó, no obstante, que  “el    comentario    de    la    gente”  es  que la víctima “vino a hacer un  reclamo  por una ofensa que le habían hecho cuando le gritaron borracho y pelao  y  fue  hasta  la  casa  de  él  y  se devolvió a hacer el reclamo al papá de  FETNER,  José,  y  en  ese  momento  se  transan  en palabras y se ofenden y el  comentario  callejero  y que FETNER bajó y reaccionó y le pegó un puño y eso  fue…”.   

El  segundo  recordó,  a  su turno, que el  lunes  siguiente  al  del  crimen,  sorprendido  al enterarse de la muerte de su  amigo  Saúl  Arias,  fue  a  donde la madre de éste, le preguntó qué pasó y  ella   le   contó   que   FETNER   había  matado  a  su  hijo  “de un puño”.   

         Así  las  cosas,  no obstante la acreditación del error probatorio  denunciado,  es manifiesta su insuficiencia para modificar la orientación de la  sentencia.  No  se  casará  la  misma,  en  consecuencia,  en desacuerdo con la  opinión de la Procuradora Delegada.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

NO   CASAR   la  sentencia  impugnada,  expedida por el Tribunal Superior de Neiva el 13 de julio  de 2009.   

        Contra la presente decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                      FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              LUIS          GUILLERMO          SALAZAR  OTERO              

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA  ORTIZ                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  .  Folios 107 y 105/1.     

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