39328(17-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    7CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 382.   

Bogotá, D. C., diecisiete (17) de octubre de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ANDRÉS  DAVID  SÁNCHEZ  SUÁREZ contra la  sentencia  del  18 de abril de 2012 mediante la cual el Tribunal Superior de San  Gil  confirmó  el  fallo  proferido  el  18 de noviembre de 2011 por el Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Socorro (Santander), que condenó al procesado a  las  penas  principales de 52 meses de prisión, 30.66 salarios mínimos legales  mensuales  de  multa  y 50 meses de privación del derecho a conducir vehículos  automotores,  así  como  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por igual lapso a la sanción privativa de la  libertad,  como  autor  responsable del delito de homicidio culposo, en concurso  con lesiones personales culposas.   

HECHOS  

          Se   vienen  resumiendo  por  los  juzgadores  de  instancia  de  la  siguiente manera:   

          “Ocurrieron  en  la noche del 12 de agosto del año 2006, sobre la  vía  nacional  que  del municipio de San Gil conduce a Socorro, en el sector de  la  vereda  el  “Luchadero”, frente al restaurante Las Acacias, cuando cerca  ya  de  las  siete  de  la  noche  hacía  su  tránsito  hacia  esta población  (se  refiere  a  Socorro)  un  camión  Chevrolet NPR, tipo furgón de placas FLH 101, conducido por José Paco  Muñoz  Santos  en  el  que  también  se  desplazaban por esa época su esposa,  Martha  Yamile  León  Cárdenas,  un sobrino de ésta (menor de edad) de nombre  Martín Santiago Gavilán León y Martín Fernando León Cárdenas.   

          En  ese  mismo  instante  sobre  la  zona de parqueo del restaurante  pretendía  estacionarse  un  camión  de  estacas  Ford  600, de placas XKJ 599  conducido  por  ANDRÉS  DAVID  SÁNCHEZ  SUÁREZ,  quien  en  desarrollo de esa  maniobra  y  sin  que  tuviera plena visión sobre los costados de su vehículo,  pues  habían  otros  allí  estacionados, da reverso al automotor invadiendo el  carril  norte  de  la vía nacional sin advertir que en ese justo momento pasaba  el  rodante conducido por José Paco, ocasionando que este último estrellara de  frente  contra  la  carrocería  del  camión  600,  colisión  de  la  que como  consecuencia  falleciera  Martín  Fernando León Cárdenas, quien viajaba sobre  el  costado derecho de la cabina y resultaran heridos los demás ocupantes y con  alguna gravedad la mujer y el menor de edad”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar realizada el 4 de  febrero  de  2011  ante  el  Juzgado Tercero Promiscuo Municipal de Socorro, con  funciones  de  control  de  garantías,  la  Fiscalía  formuló  imputación  a  ANDRÉS    DAVID   SÁNCHEZ   SUÁREZ   por  los delios de homicidio culposo y lesiones personales culposas.   

2. Presentado escrito de acusación, el 5 de  abril  del  precitado  año  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Socorro  llevó  a  cabo  la  respectiva  audiencia,  en el curso de la cual la Fiscalía  atribuyó   al  imputado  los  mismos  punibles  considerados  en  la  audiencia  preliminar.   

3.  La preparatoria la realizó el 9 de mayo  siguiente  y el juicio oral lo celebró los días 25 y 26 de octubre postrero, a  cuyo  término anunció el sentido del fallo, precisando que sería de carácter  condenatorio.   

4.  La  sentencia  la  profirió  el  18  de  noviembre  del  mismo  2011,  contra  la cual interpuso recurso de apelación la  defensa,  siendo  confirmada  por el Tribunal Superior de San Gil el 18 de abril  de  2012, ante lo cual dicho sujeto procesal promovió el recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  actor  formula  diez  cargos  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  todos  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 906 de  2004,  denunciando  así  el  desconocimiento  de  las  reglas  de producción y  apreciación de las pruebas que fundaron la condena.   

          En  ese  sentido  acusa  al Tribunal de violar indirectamente la ley  sustancial  como  consecuencia  de  incurrir  en  errores  de hecho derivados de  falsos raciocinios y falsos juicios de identidad.   

          Pasa  entonces  la Sala a resumir los cargos, reseñando primero los  falsos  raciocinios  (cinco)  y  luego  los  falsos  juicios de identidad (cinco  también).   

          Falsos raciocinios:   

          Primer cargo:   

          Considera  que  el  Tribunal  desconoció  el  principio  lógico de  implicación,  conforme  al  cual  dadas  las  premisas  A  (mayor)  y B (menor)  necesariamente   debe   producirse  C  (conclusión),  cuando  predicó  que  si  SÁNCHEZ  SUÁREZ  no hubiera  dado  reversa  a  su  camión  el  resultado  no  se  habría  ocasionado,  así  José  Paco  Muñoz estuviese  en    ese    mismo    momento    conduciendo   su   camioneta   en   estado   de  embriaguez.   

          Recuerda   que  el  argumento  se  compone,  básicamente,  de  tres  elementos,  a  saber:  un  punto  de  vista, una fundamentación (premisas) y un  garante,  siendo  el  primero  la  proposición,  tesis  o  verdad que se quiere  defender,  el  segundo  las razones que sustentan el punto de vista y el tercero  (el  garante) el principio cuya validez se presume aceptada en una sociedad, que  en  derecho  penal son conocidas como normas rectoras, ejemplo de las cuales son  los  principios de acto, tipicidad, culpabilidad, etc.             

          Al  respecto,  destaca  cómo dentro del punto de vista defendido en  la   sentencia,  el  Tribunal  establece  una  relación  condicional  entre  el  antecedente  de  su tesis, esto es, si el sentenciado no hubiera sacado el carro  en  el  momento  en  que  lo  hizo,  y  el  consecuente,  vale  decir, el señor  José  Paco  Muñoz  no  se  habría  chocado  con  el  camión, así se hubiera tomado antes unas cervezas y  condujera  con  una licencia de menor categoría a la exigida. Mientras, añade,  el  garante  que  utilizó  fue la observancia del deber objetivo de cuidado, el  cual    sirvió    de    conector    entre    su    punto    de   vista   y   la  fundamentación.   

          Estima,  sin  embargo,  que  el  juzgador  infirió la conclusión a  partir  de  una  hipótesis  o  enunciado  condicional demasiado especulativo e,  incluso,  ajeno  a  la  racionalidad,  incurriendo  en el denominado sofisma del  consecuente,   violatorio   del  principio  lógico  de  implicación,  pues  la  conclusión  no  se  desprende  lógicamente  de  las  premisas.  Esto porque el  ad   quem   interpuso  una  condición  (la  colisión no se habría producido si el automotor del procesado  no  hubiera  salido  del  parqueadero  a  esa  hora)  entre  el antecedente y el  consecuente,  lo  cual  resulta inadmisible conforme lo expuso Aristóteles hace  siglos en su Organón.   

          Según  el  actor,  al  suponer el antecedente el Tribunal presumió  que  el  acusado  fue  quien  violó,  de  manera  única  y verdadera, el deber  objetivo   de  cuidado,  ignorando  de  esa  forma  otras  causas  que  pudieron  contribuir,  en forma determinante, a la producción del resultado lesivo, tales  como  la  embriaguez,  la velocidad y el porte de una licencia de una categoría  inferior  en  cabeza  de  José Paco Muñoz.   

          En  su  criterio,  el  sentenciador  debió  probar que SÁNCHEZ  SUÁREZ, por el hecho de sacar en  reversa  su camión del parqueadero, era el determinante de la colisión, mas no  suponerlo como lo hizo.   

          Juzga  trascedente  el  yerro  porque  si  se  resta  valor  a  este  argumento  del  fallador,  el  cual  constituye  uno de los cinco sostenes de la  sentencia,  la  estructura  de  ésta  se tambalea y el juicio de condena pierde  solidez.   

          Segundo cargo:   

         

          Atribuye  también  al ad quem la  violación  del  principio  de  implicación  cuando  a pesar de  aceptar  que  el  estado  de  alicoramiento  de  Muñoz  Santos    le    había    afectado   sus   funciones  psicosomáticas  y  su  capacidad de reacción, concluyó que ese estado no tuvo  ningún efecto en el resultado lesivo.   

          Para  sustentar el reproche, el libelista hizo referencia nuevamente  a  los  elementos  del  argumento,  precisando  que la tesis en esta oportunidad  defendida   por  el  sentenciador  constituye  una  falacia  de  la  conclusión  inatinente,  porque  si  el licor había alterado el sistema psicosomático y la  capacidad  de  reacción,  no  resultaba  pertinente  concluir  que ese hecho no  incidió  en  la  colisión, en tanto José Paco Muñoz  “manejaba   dentro  de  los  límites  de  velocidad  y  por  su  derecha  sin  contratiempo    alguno”.                  

          En  otras  palabras,  en  su  criterio, el argumento no justifica la  conclusión,   pues   lo   que   se   pretende  probar  no  es  si  Muñoz  Santos  conducía  dentro  de  los  límites  de  velocidad  y por su derecha, sino si su estado psicosomático y su  capacidad  de  reacción  disminuida  incidieron en el resultado lesivo. En esas  condiciones,  considera  que  el  Tribunal se limitó a hacer un razonamiento en  abstracto,  evasivo  y  sin asiento en la realidad, distrayendo la atención del  punto central de la discusión   

          De   tal  manera  que,  concluye,  del  hecho  de  que  José  Paco Muñoz estuviese conduciendo su  vehículo  con  su sistema psicosomático alterado y disminuida su capacidad, no  se  sigue  que  quien  determinó  el accidente, por haber sacado en reversa del  parqueadero  su  camión,  fue el aquí procesado. En su sentir, el principio de  implicación  le  imponía  concluir  al  juzgador que la superación del riesgo  jurídicamente  desaprobado,  para efectos de negar la aplicación del principio  de  confianza,  recaía  en la persona que en ese momento había incurrido en un  mayor número de infracciones a los reglamentos de tránsito.   

          Estima   trascendente   el  yerro,  en  cuanto  si  se  reconoce  su  existencia  el  fallo  pierde  un  segundo  soporte, con lo cual la sentencia se  orienta hacia un juicio absolutorio.   

          Tercer cargo:   

          Nuevamente,  acusa  al ad quem de   quebrantar  el  principio  lógico  de  implicación,  en  esta  ocasión  por  concluir que hechos tales como que José  Paco  Muñoz  condujera  portando  un  pase  de  menor  categoría  al exigido para manejar camionetas turbos y que llevara en la cabina  tres  personas o más, incluido un menor de edad, no se erigieron en los riesgos  causantes del accidente.   

          Para  el censor, el argumento del Tribunal no tiene relación con la  conclusión,  porque  si,  de una parte, el conductor de la camioneta portaba un  pase  diferente  a  la  categoría  permitida  y  esa  situación  indica  menor  capacidad  y destreza en José Paco Muñoz para  pilotear  camionetas y si, además, llevaba en la cabina de su  automotor  más  de  las dos personas permitidas por el Código de Tránsito, lo  cual  le  dificultaba  para maniobrar el vehículo, dada la estrechez ocasionada  por  el  exceso de viajeros, de tales hechos no es pertinente concluir que ellos  no  tuvieron  ninguna  incidencia en la colisión y, consecuencialmente, que fue  “el actuar irresponsable del acusado” lo que generó el accidente.   

          En  consecuencia,  es  del  criterio  que con dicho razonamiento, de  carácter  también  elusivo  y  sin  asiento  en  la  realidad, el ad  quem  incurrió  en otra falacia de la  conclusión   inatinente,   pues  las  premisas  no  guardan  relación  con  la  conclusión.   

          Para  el  casacionista,  contrariamente,  el  principio  lógico  de  implicación  debió  llevar  a  concluir al sentenciador que fue la superación  del  riesgo  permitido  por  parte de José Paco Muñoz  lo que pudo haber dado lugar al accidente.   

          Sobre  la  trascendencia,  estima  que  con  este  tercer  error  la  sentencia condenatoria no puede mantenerse en pie.   

          Cuarto cargo:   

          Una  vez  más  enjuicia  al  fallador  por  apartarse del principio  lógico  de  implicación,  en  esta ocasión cuando consideró que José   Paco   Muñoz   no   “tenía  la  posibilidad  de  evitar  la  colisión”,  porque  el procesado invadió el carril por el cual se movilizaba  antes de que él pasara por allí.   

          En  criterio  del  actor, la fundamentación del juzgador se basa en  la  premisa  según  la  cual  ni  aun  habiendo observado la máxima prudencia,  José  Paco  Muñoz  había  podido  evitar  el  accidente  porque  el  acusado sacó de manera imprevista su  camión  del  parqueadero.  Considera,  empero,  que ese argumento constituye la  falacia      denominada      “falsa     relación  causal”,  conforme  a la cual se presume que como un  evento   ocurrió   antes   que   otro,  el  primero  es  la  única  causa  del  segundo.   

          Lo  anterior,  añade,  por  cuanto  si  bien el juzgador tomó como  “garante”  la observancia  del  deber  objetivo  de  cuidado,  no lo hizo de manera lógica, en tanto quien  puede  ampararse en el principio de confianza es aquel que no ha incrementado el  riesgo  jurídicamente  permitido,  situación  que  no  es dable predicarse del  procesado  por  el  solo hecho de salirse de la vía mientras parqueaba, sino de  quien  con  tres  infracciones  a  la  ley  de  tránsito  (sobrecupo,  licencia  inadecuada y velocidad indebida) conduce en estado de embriaguez.   

          Por  tanto,  en  su  sentir,  del hecho de que la salida del camión  hubiera  sucedido  antes  del  choque,  no  se sigue necesariamente que la causa  determinante del accidente hubiera sido la acción del procesado.   

          A  modo  de  trascendencia  del  yerro,  sostiene  que si se declara  inválido  el  comentado  razonamiento  del  fallador,  se  resta  fuerza  a los  sustentáculos  de la sentencia condenatoria, abriéndose camino a una decisión  absolutoria.            

          Quinto cargo:   

          Según  el  impugnante,  cuando  el Tribunal sostiene que la acción  del  procesado  determinó  el  accidente,  pues fue quien incrementó el riesgo  permitido,  quebranta  de  nuevo  el  principio lógico de implicación, en esta  oportunidad    por    incurrir   en   la   falacia   denominada   petición   de  principio.   

          Lo  anterior,  en criterio del libelista, porque de unas premisas no  sustentadas   debidamente   el  ad  quem  infirió  una conclusión, en la cual repite lo mismo que plantea en  aquéllas,   a  saber:  como  ANDRÉS  DAVID  SÁNCHEZ  obró  imprudentemente al sacar su camión en reversa,  invadiendo  el  carril  de  quien chocó contra él, le es imputable entonces el  resultado, pues infringió el deber objetivo de cuidado.   

          Para  el  censor,  empero,  el  juzgador  no  ha  probado que fue el  acusado   y   no   José  Paco  Muñoz,  quien  con  su  acción incrementó el riesgo permitido. Ese factor,  añade,  lo  dio  por  probado,  estableciendo  una  relación  causal  falsa  o  inexistente entre las premisas y la conclusión.   

          En  su  sentir,  ninguna de las sentencias en las cuales la Corte se  ha  referido  a  la  teoría de la imputación objetiva es aplicable al presente  caso,  pues se trata de situaciones diversas. Por eso, le parece erróneo que el  sentenciador  de  segundo grado fundamente su decisión en los fallos proferidos  en  los  radicados  22511  y  23157, máxime cuando ni siquiera explica por qué  José   Paco  Muñoz  y  no  ANDRÉS DAVID SÁNCHEZ podía  acogerse   al  principio  de  confianza  para  ser  eximido  de  la  imputación  objetiva.   

          Insiste  en  que el Tribunal no debió suponer que quien incrementó  el  riesgo jurídicamente permitido fue el procesado. Le correspondía analizar,  agrega,    que   José   Paco   Muñoz   había   transgredido   tres  de  las  disposiciones  de  tránsito,  mientras  SÁNCHEZ únicamente  incurrió  en  una  falta  jurídicamente  desaprobada,  esto  es,  la invasión  cuidadosa,  no  abrupta  del  carril  por  el cual transitaba aquél. A pesar de  tener  a  su  disposición esos elementos, prosigue, el juzgador no hizo ningún  razonamiento.   

          El  fallador  simplemente,  sostiene  el casacionista, supuso que el  acusado,  por el hecho de haber invadido en reversa el carril derecho de la vía  había  superado  el riesgo jurídicamente permito, pero no tuvo en cuenta, para  que  la  conclusión no quedara de suyo incluida en la premisa, que SÁNCHEZ  SUÁREZ   estaba autorizado  por  el  artículo 69 del Código Nacional de Tránsito Terrestre, por lo menos,  para  reversar  como  lo hizo, mientras que quien conducía su vehículo bajo la  transgresión  de  tres  normas de tránsito no podía ampararse en el principio  de confianza.   

          Estima  que  si  se  reconoce  la existencia del error de raciocinio  denominado  falacia de la petición de principio, la sentencia debe reorientarse  hacia  un  juicio  absolutorio, porque de esa forma la condena pierde su último  soporte.   

          De  todas  maneras,  considera  que  la  aceptación conjunta de los  cinco  errores  de  hecho  antes reseñados, produce como efecto, igualmente, la  imposibilidad de dar aprobación al fallo de segundo grado.   

          Falsos juicios de identidad:   

         Primer cargo:   

          En  su  criterio,  el  Tribunal  tergiversó  por  segmentación  el  testimonio   de   Martha  Yamile  León,  en  cuanto  le  atribuyó  afirmar  que  no  vio  nada sobre la vía  momentos  antes  de la colisión, cuando en realidad ella manifestó que divisó  el camión previo al choque.   

          En  su criterio, si el ad quem hubiera  examinado  el  referido  testimonio  en  su  integridad, su  postura  frente al mérito de la misma habría sido diferente. Es decir, añade,  con  fundamento en dicha prueba no hubiese podido concluir que el camión salió  de  manera  súbita,  abrupta e imprevista, pues si la testigo lo alcanzó a ver  cuando   salía   del  parqueadero,  eso  significa  que  el  carro  retrocedía  cuidadosamente, sin incurrir en imprudencia alguna.   

          Segundo cargo:   

          Estima   que   el   sentenciador   de   segundo  grado  no  apreció  integralmente     el     testimonio     de    Carlos  Nossa, pues omitió valorar la afirmación hecha en la  entrevista  rendida  el  24 de agosto de 2006, en el sentido de que “el  camión estaba reversando cuando de repente escuché el golpe  en la parte trasera”.   

          Para  el  demandante, el yerro es trascendente porque si se tiene en  cuenta  la  omitida  afirmación  del  testigo,  ya  no se puede sostener que el  procesado  salió  del parqueadero de manera súbita, imprudente y temeraria. En  su  sentir,  estar  reversando  es sinónimo de salir con precaución. Por ello,  concluye,  al  extraer  la  mencionada  prueba  del  plenario, atendido el error  cometido,   la   aparente   solidez   original   de   la   sentencia   se  torna  débil.   

          Tercer cargo:   

          Sostiene   que   el   a  quo  adicionó  al  testimonio  de Simón Torres  Rueda  un  elemento  que  no  contiene,  en  cuanto le  atribuyó  el  aparte  según el cual el acusado conducía su vehículo en forma  temeraria,  afirmación  que  nunca  realizó  el  declarante, quien únicamente  manifestó  que  el  camión  estaba  reversando  “a  manera de tanteo”.   

          En  su concepto, si se retira de la sentencia la citada probanza, la  condena   pierde   uno   de   sus   principales  puntuales  porque  Torres  Rueda  es  testigo  directo de los  hechos, luego nadie mejor que él para dar fe de lo ocurrido.   

         

          Cuarto cargo:   

          Reprocha   al   Tribunal   suprimir  el  aparte  del  testimonio  de  Alejo   Rodríguez  Ospina,  patrullero  de  la  policía,  cuando  dijo  que  en  su informe codificó, como  posible   causa   del   accidente,  el  hecho  de  que  el  señor  José  Paco Muñoz no conducía atento a la  vía,    lo    cual   le   impidió   maniobrar   frente   al   obstáculo   que  encontró.   

          En   su   criterio,   la   percepción   del   citado   testigo  era  importantísima  al momento de apreciar la forma como sucedieron los hechos, por  cuya  razón  de  haber  considerado  la  prueba  en toda su extensión, ello le  habría  podido  servir  de  elemento  para desistir de la imputación jurídica  hecha al procesado.   

          Quinto cargo:   

          Para   el   censor,  el  juzgador  de  segundo  grado  suprimió  al  testimonio   de   Jairo   Fuentes  Pérez,  perito del laboratorio de física forense, elementos que contiene  dicha  prueba. En concreto, dice que el Tribunal tuvo en cuenta la velocidad del  carro  conducido  por  José  Paco Muñoz dictaminada  por  el  perito,  quien  dijo  que estaba entre 52 y 85  kilómetros  por  hora,  pero  pasó  por  alto  la del camión piloteado por el  acusado,   la   cual   el   experto  fijó  entre  2:2  y  0:5  kilómetros  por  hora.   

          Considera  que  si  el ad quem no  hubiera  cercenado  el referido testimonio, no habría concluido  que   el  vehículo  conducido  por  SÁNCHEZ  SUÁREZ  salió del parqueadero en forma intempestiva, abrupta,  irresponsable y temeraria, sino de manera lenta.   

          A   modo  de  trascendencia  conjunta  de los errores por falso  juicio  de  identidad, el libelista argumenta que si se excluyen los testimonios  de  Martha  Yamile León, Carlos Nossa, Simón Torres,  Alejo   Rodríguez  y  Jairo  Fuentes,  queda sin piso el fundamento utilizado en la  sentencia   para   formular   la  imputación  jurídica,  esto  es,  la  salida  intempestiva  y  temeraria  del  procesado,  pues en el plenario no obra ninguna  otra  prueba  de  la  cual pueda inferirse que el sentenciado sobrepasó, con su  imprudencia, el límite de lo jurídicamente permitido.   

          De  esa  manera,  pidió  casar  la  sentencia  impugnada  y,  en su  reemplazo, proferir una de carácter absolutorio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

El   estatuto  procesal  penal  expedido mediante la Ley 906 de 2004,  conforme  ocurre  con  el  previsto  en la Ley 600 de 2000, también exige, como  condición  para  la  admisión  de la demanda de casación, la satisfacción de  exigencias      de     lógica     y     adecuada  argumentación,  cuyo fin es permitirle a la Corte, a  partir    de    la    coherencia    y    precisión  conceptual      del      libelo,     establecer   sin   dificultad   cuál  es  el  error  atribuido  al  sentenciador,     causante     de     la   violación   de   la  Constitución   o   la  ley  o  la  afectación  de  las  garantías  fundamentales de las partes.   

Esos   presupuestos   de   sustentación,  acorde  con  lo establecido  en  los  artículos  183  y  184, inciso segundo de la  precitada  Ley 906 de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal  invocada     y     al     adecuado    desarrollo  de  los  cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben   corresponder   en   un   todo   con   la  realidad  procesal1.   

          Pues  bien,  pasa la Sala a examinar si los cargos formulados por el  defensor    de   ANDRÉS   DAVID   SÁNCHEZ   SUÁREZ  cumplen     los     referidos     requisitos     de  fundamentación.   

          Falsos raciocinios:   

Como  está suficientemente decantado por la  jurisprudencia,  esta clase de error de hecho se presenta cuando el juzgador, al  apreciar  el  conjunto  probatorio,  vulnera  los principios de la sana crítica  integrados  por  las  reglas  de  la  experiencia, los postulados lógicos y las  leyes   de  la  ciencia,  para  cuya  demostración  entonces  al  libelista  le  corresponde  indicar  la  regla de la experiencia, el postulado lógico o la ley  de  la ciencia desatendida, precisar cuál principio de la sana crítica debió,  en   su   defecto,   aplicar   el  juzgador  y  explicar  la  trascendencia  del  yerro.   

          Si  bien el actor predica la vulneración de algunos criterios de la  sana  crítica  y explica su trascendencia, lo cierto es que en la sustentación  de los yerros desatiende el principio de corrección material.   

          En  efecto,  en  los cinco cargos en examen atribuye al ad  quem el quebranto del principio lógico  de  implicación.  En  el  primero,  por  incurrir  en el denominado sofisma del  consecuente,  en  cuanto  supuso  a  modo  de antecedente que la colisión no se  habría  producido  si  el  camión Ford 600 del procesado no hubiera salido del  parqueadero  a  la  hora  en  la  cual  pasaba por allí la camioneta turbo tipo  furgón,  marca Chevrolet NPR, conducida por José Paco  Muñoz,  ignorando  de  esa  forma  otras  causas  que  pudieron  contribuir,  en  forma  determinante,  a  la producción del resultado  lesivo,  tales  como  la  embriaguez, la velocidad y el porte de una licencia de  una categoría inferior en cabeza del antes nombrado.   

          En  el  segundo,  por  afirmar  en  forma  abstracta,  evasiva y sin  asiento  en  la  realidad,  que  el  estado  de  alicoramiento  de  Muñoz  Santos no incidió en la colisión,  no  obstante  reconocer  que  la  ingesta  de alcohol había alterado su sistema  psicosomático  y  su  capacidad de reacción, argumento constitutivo, por ende,  de una falacia de la conclusión inatinente.   

          En  el  tercer  cargo, por considerar que el hecho de portar un pase  de  menor categoría al exigido para manejar camionetas turbos y de llevar en la  cabina  tres  personas  más, incluido un menor de edad, no se erigieron tampoco  en  los  riesgos  causantes  del  accidente.  Tal  razonamiento, en su criterio,  constituye  igualmente  una  falacia  de  la  conclusión  inatinente, porque la  primera   de   esas   circunstancias   indica  menor  capacidad  y  destreza  en  José   Paco   Muñoz  para  pilotear  camionetas,  mientras  la  segunda  le  dificultaba  para maniobrar el  vehículo, dada la estrechez ocasionada por el exceso de viajeros.   

          En  el cuarto cargo, por concluir que José  Paco  Muñoz  no “tenía la  posibilidad  de  evitar  la colisión”, por cuanto el  procesado  invadió  el carril por el cual se movilizaba antes de que él pasara  por  allí.  Le  atribuye  así  incurrir  en la falacia denominada “falsa  relación  causal”, consistente  en  presumir que como un evento ocurrió antes que otro, el primero es la única  causa  del  segundo,  olvidando que el principio de confianza no puede amparar a  quien  en  estado  de  embriaguez  conduce  un vehículo con sobrecupo, licencia  inadecuada y velocidad indebida.   

          Finalmente,  en  el  quinto  cargo,  por predicar, incurriendo en la  falacia   denominada   petición   de   principio,   que   el   procesado  sacó  imprudentemente  su camión en reversa, para enrostrarle de esa manera ser quien  violó  el deber objetivo de cuidado, sin sustentar debidamente las premisas con  las  cuales  arriba a dicha conclusión. En otros términos, según el actor, el  juzgador  no  probó que fue el acusado y no José Paco  Muñoz,  quien  con  su  acción incrementó el riesgo  permitido,  dejando  así  de analizar que este último transgredió tres de las  disposiciones   de   tránsito,   mientras   SÁNCHEZ  únicamente  incurrió  en  una  falta  jurídicamente  desaprobada,  esto es, la invasión cuidadosa, no abrupta del carril por el cual  transitaba aquél.   

          Como  se  observa,  el  común denominador en los cinco reproches en  examen  es  el  de  censurar al fallador por concluir, sin prueba, que la única  causa  de la colisión obedeció a la intempestiva salida en reverso del camión  conducido  por  el  procesado, dejando de lado otras circunstancias que pudieron  determinar  el  accidente,  como  son la embriaguez del piloto del otro rodante,  conducir  éste  con  una  licencia de categoría inferior a la exigida para esa  clase  de  vehículos,  llevar  sobrecupo en la cabina e, incluso, por exceso de  velocidad,   las   cuales  dejó  de  examinar  el  ad  quem, según el actor.   

          Sin   embargo,  advierte  la  Sala  que  tales  cuestionamientos  no  consultan  los fundamentos del fallo, pues el juzgador, contrariamente, soportó  su  decisión  con  fundamento en las pruebas allegadas a la actuación. Es así  como   valoró   los   testimonios   de   José  Paco  Muñoz,  quien  expresó  que  el  camión  salió  de  improviso  de  entre  otros  vehículos que se encontraban en el parqueadero; de  Martha  Yamila  León, quien  manifestó  que  vio  el mencionado automotor “cuando  ya  estaba  encima”, pues no tenía luces laterales;  de     Simón     Torres     Rueda,    conductor  de  una  tractomula  que transitaba en ese momento por el  lugar,  quien  enfatizó  que  dicho  rodante salió de en medio de “unos  vehículos  grandes  y pesados”,  presentaba   apariencia  oscura  y  se  atravesó  obstruyendo  la  vía,  y  de  Carlos Nossa García, celador  del  parador “La Acacias”,  quien   refirió   que  el  Ford  600  pretendía   parquearse,  pero  como  “no  se  metió  bien” y  había  otro carro parqueado “le dije que le diera”  y  “el  señor en lugar de  darle  hacia  delante  le  dio  fue  reversa  para ubicarse mejor”,   y  en  ese  momento sintió el impacto.   

          El      ad      quem      también  ponderó  el  dictamen  pericial  rendido  por  un físico  forense  del Instituto de Medicina Legal, en el cual señaló que el promedio de  velocidad  estimada de la camioneta Chevrolet NPR era de 68 kilómetros por hora  y  conceptuó,  además,  que  atendiendo  los daños recibidos por el vehículo  antes   mencionado,   era   poco   probable   que   su   conductor  “reaccionara  oportunamente”, mientras  el  camión  “por su relativa baja velocidad con que  se  movilizaba  en  reversa,  era  el que contaba con todas las acciones viables  para       evitar      en      absoluto      la      colisión…”.      

          A  partir de la apreciación de tales pruebas, el juzgador concluyó  en lo siguiente:   

          “Ciertamente,  el  señor  Andrés  David  Sánchez  Suárez,  sin  ninguna  cautela,  e  inobservando pautas de comportamiento vial como lo dispone  el  artículo 55 del Código Nacional de Tránsito (Ley 769 de 2002) realizó la  noche  del  12  de  agosto  de  2006  una  maniobra de retroceso del camión que  conducía,  para  efectos  de  poder  estacionar  el automotor en un parqueadero  adyacente  a  la calzada, sin tomar alguna medida de prudencia, siendo así como  no  obstante  estar  el  empleado  del parqueadero, señor Carlos Nossa García,  indicándole  que  avanzara hacia delante, súbitamente le da reversa ingresando  a  la carretera central, con lo cual invade totalmente el carril que corresponde  al  sentido  norte-sur,  esto es San Gil-Socorro, justo en el momento en que por  ese  lateral  se  desplazaba  el  camión conducido por José Paco Muñoz, quien  ante  lo  inopinado  e intempestivo de la incursión del pesado camión, carente  de  señalización  o  de  algún dispositivo visible, choca de frente contra su  carrocería, …”.   

          Pudiera  pensarse  en los términos en que lo hace el recurrente que  el  señor  Muñoz  Santos,  tenía  toda la posibilidad de evitar la colisión,  porque  el  parqueadero  estaba iluminado, y que debió percatarse que había un  obstáculo  en  la  vía,  amén de que el camión tenía una franja reflectiva,  sin  embargo,  tal planteamiento no es atendible en razón a que la invasión de  su  carril  fue  absolutamente intempestiva y la misma no podía preverse ni con  la  máxima prudencia o atención, porque nada hacía presagiar que el procesado  estaba  realizando  tan  peligrosa  maniobra de retroceso dado que a lado y lado  del  camión  habían  vehículos grandes y pesados como lo afirman los testigos  Simón  Torres y Carlos Nossa, circunstancia que impedía por eso mismo avizorar  o  intuir  la  irrupción  del  automotor  en  la  calzada  para  interrumpir su  paso”2.                         

          Como  se evidencia de lo anterior, la conclusión acorde con la cual  la  causa  de la colisión obedeció a la repentina salida del camión conducido  por  el  procesado,  no se basó en una suposición o presunción del juzgador o  en  premisas  sin  sustentar, como lo sostiene el demandante, sino en el mérito  que  le  atribuyó  a  las  pruebas  incorporadas  a  la  actuación.  Ese mismo  análisis  le  permitió  descartar las infracciones a las reglas de tránsito a  cargo    de    José    Paco   Muñoz   como  las  causantes del choque, frente a cuya presencia el fallador  hizo  expresa  referencia,  contrario  a  lo  expresado por el actor. En efecto,  sobre tales circunstancias señaló:   

          “Ahora,  si  bien es cierto que el conductor de la camioneta donde  viajaba  el  hoy  occiso y las personas que resultaron lesionadas, iba en estado  de  embriaguez,  lo que entraña un comportamiento imprudente, tal circunstancia  no  fue la causa del nefasto accidente, el que obedeció al riesgo creado por el  acusado,  es  decir que si la infracción al deber objetivo de cuidado por parte  de  Sánchez  Suárez  no  se  hubiera  presentado, la imprudencia de José Paco  Muñoz  al  conducir  ebrio  hubiese  resultado  insuficiente  con  miras  a  la  producción del resultado.   

          Haciendo  abstracción  de  la  ebriedad  de  este  último, y en el  hipotético  caso  que  en su lugar el conductor de la camioneta Turbo estuviese  sobrio,  en  perfectas  condiciones  de  salud,  igual  se  habría producido el  accidente,  por  la  sencilla  razón  que  la  causa  eficiente  y única de la  aparatosa  colisión  lo  fue  la  invasión  repentina y sin previo aviso de la  calzada  por parte del camionero, tornándose así en un obstáculo imprevisto e  insalvable,  para cualquier vehículo que transitara correctamente por esa vía,  observando     las     normas     reglamentarias     atinentes    al    tráfico  terrestre.   

          En  ese  orden  se  resalta  para  responder  al censor, que tampoco  ninguna  incidencia  tiene  en  el  resultado  lesivo, el hecho de que el señor  Muñoz  Santos  poseyera  una licencia de conducción de menor categoría que la  exigida  para  manejar  camionetas  turbo  o que llevara más gente dentro de la  cabina,  pues  no  fueron  esos  riesgos los que generaron el accidente, sino el  actuar    irresponsable    del   acusado,   como   quedó   visto”3.           

          Por  lo  expuesto, advierte la Sala que detrás de la argumentación  del  censor  y,  particularmente, del principio lógico cuya vulneración asigna  al  Tribunal  subyace,  en  realidad,  su  particular postura acerca del mérito  persuasivo  de  las pruebas, la cual enfrenta a la ponderación realizada por el  Tribunal,  olvidando  que  ese  tipo  de  controversias  no  están  llamadas  a  prosperar  en  sede  de  casación,  dada  la  doble  presunción  de  acierto y  legalidad  de  que está dotada la sentencia impugnada. Ese criterio personal lo  lleva  a  tal  grado  de exageración que termina atribuyendo al conductor de la  camioneta  Chevrolet  NPR  conducir  en  exceso de velocidad, sin esforzarse por  rebatir  el  razonamiento  del  juzgador,  quien  sobre el particular concluyó,  contrariamente, lo siguiente:   

          “En  relación  con  la  velocidad con que se desplazaba el señor  José  Paco  Muñoz,  la testigo Marta Yamile León sostiene que lo hacía entre  60  y  70  km/hr. Y que lo supo porque había mirado el velocímetro, como es su  costumbre,  dato  que es corroborado por el físico forense quien la calculó en  un  promedió  de 68 km/hr., rango permitido de acuerdo al Código de Tránsito,  que   la   autoriza   en   la  zona  de  accidente  en  80  km/hr”4.   

          En   consecuencia,   por   las   razones  antes  anotadas,  la  Sala  inadmitirá   los   cinco   cargos   por  falso  raciocinio  objeto  de  examen.   

          Falsos juicios de identidad:   

          Esta  clase  de  yerro se estructura cuando el fallador, al apreciar  la  prueba,  distorsiona su contenido fáctico para hacerle decir lo que ella no  expresa, en cuanto la cercena, adiciona o translitera.   

Su adecuada sustentación le exige al censor  identificar  el medio sobre el cual recayó el dislate, realizar un cotejo entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el fallador, precisando los apartes donde  se   presenta   la   distorsión   y   luego   acreditar  la  trascendencia  del  yerro.   

          Pues  bien,  en  el  primer  cargo  el  actor desatiende también el  principio  de  corrección  material  que  rige en sede de casación, pues allí  reprocha  al  ad quem atribuir  al  testimonio  de  Martha  Yamile  León afirmar  que  no  vio  nada  sobre  la  vía  momentos  antes  de la  colisión,  cuando  en realidad ella manifestó que divisó el camión previo al  choque.   

          Pero  tal  cuestionamiento no se corresponde con los fundamentos del  fallo,  pues  el  Tribunal  sí  contempló  la afirmación de la testigo que el  demandante estima omitida, como se aprecia a continuación:   

          “Explicó5   que   el  camión  que  los  accidentó  no  tenía  luces  laterales  y  que  lo único que vio ‘cuando  ya  estaba encima’  de  ellos  fue unas líneas rojas y blancas.   

          …   

          Sobre  lo  imprevisto  de  la  salida  del  camión  del acusado, la  testigo  expuso  que  no  lo  alcanzó a ver cuando estaba saliendo ‘cuando  yo  lo vi, lo vi fue encima o  sea      lo      vi      fue     ya’”6          (subraya la Sala)   

         

          Se  aprecia  que la afirmación del ad quem  reprochada por el impugnante, en realidad, corresponde  al  resumen  que  efectuó  respecto  de  los  fundamentos  del fallo de primera  instancia,  de  manera  que  no se trató de la valoración probatoria realizada  por  la  citada  Corporación,  en  la  cual  ésta  sí  contempló  el  aparte  supuestamente cercenado, conforme quedó visto atrás.   

          En  el  segundo  cargo  el  libelista  censura  al  sentenciador  no  apreciar   el   segmento   del  testimonio  de  Carlos  Nossa,   en   cuanto   expresó   que   “el  camión estaba reversando cuando de repente escuché el golpe  en la parte trasera”.   

Sobre  el  particular,  es  preciso recordar  aquí  la  jurisprudencia  de la Corte acorde con la cual no se incurre en falso  juicio  de  existencia  ni  en  falso  juicio  de identidad cuando a pesar de no  mencionarse  expresamente una o varias pruebas o algún aparte de las mismas, el  sentenciador  asume el análisis del aspecto cuya omisión se aduce, dándole el  mérito    suasorio    que    estima    pertinente7.   

Pues  bien,  aun  cuando el Tribunal no hizo  mención  expresa  al  aparte  del testimonio de Carlos  Nossa  García  referido  por el actor, sí contempló  otro   fragmento   de   la   misma   declaración   con   similar   alcance,   a  saber:   

“…  el  señor  no  se  metió  bien, el  camión,  como  había  otro  carro  parqueado  le dije que le diera(,)  el  señor  en  lugar  de darle hacia  delante  le  dio fue reversa  para  ubicarse  mejor,  yo  como  estaba  por en frente del camión sentí    fue    el    impacto   de   la  camioneta…”8 (subraya la Sala).   

         

          Los  apartes destacados ponen de presente que el juzgador consideró  tanto  el  hecho  de  que  el  camión  reversó, como la ocurrencia del impacto  cuando  su  conductor  realizaba  esa  acción.  Ahora  bien, la conclusión del  demandante,  según  la  cual  esos  aspectos  del  testimonio  de  Nossa  García  desvirtúan el razonamiento  del  juzgador  de  que  el  procesado  salió del parqueadero de manera súbita,  imprudente  y  temeraria,  no pasa de ser su particular visión sobre el mérito  de  dicha  prueba,  cuyo  criterio  opone  al plasmado en la sentencia, proceder  inadmisible en esta sede extraordinaria.   

          En  el  tercer  cargo el censor reprocha al juzgador de primer grado  adicionarle  al  testimonio  de  Simón  Torres  Rueda  el  segmento  según  el  cual el acusado conducía en  forma temeraria.   

          Si  bien  el reproche se corresponde con la realidad procesal, es lo  cierto  que  dicho yerro fue corregido tácitamente por el Tribunal, al no hacer  mención  a  tal afirmación y edificar la condena, contrariamente, con lo dicho  efectivamente  por  el mencionado declarante, en conjunto con las demás pruebas  incorporadas a la actuación.   

          En  los  cargos cuarto y quinto el casacionista atribuye al Tribunal  suprimir   al   testimonio   del   patrullero   de   la   Policía  Alejo  Rodríguez  Ospina  el aparte de su  informe  en el cual codificó, como posible causa del accidente, el hecho de que  el    señor    José   Paco   Muñoz   no  conducía  atento  a  la  vía,  mientras  a  la declaración de  Jairo  Fuentes Pérez, perito  del  laboratorio  de  física  forense,  el fragmento en donde determinó que el  camión  piloteado  por el acusado se desplazaba entre 2:2 y 0:5 kilómetros por  hora.   

Aquí nuevamente se impone recordar, como se  reseñó  en  precedencia,  el criterio de la Sala acerca de la no ocurrencia de  un  falso  juicio  de  identidad  cuando  a pesar de no mencionarse expresamente  algún  aparte de una determinada prueba, el sentenciador asume el análisis del  aspecto  cuya  omisión  se  aduce,  dándole  el  mérito  suasorio  que estima  pertinente.   

Tal situación ocurre con los testimonios del  patrullero   Alejo   Rodríguez  Ospina  y     del     perito    Jairo    Fuentes  Pérez.  En  cuanto al primero, porque el sentenciador  sopesó  ampliamente  la situación del conductor de la camioneta Chevrolet NPR,  llegando  a  la  conclusión  de  que  el  comportamiento  del aludido no fue el  determinante de la colisión.   

Y  en  cuanto  al  segundo,  por  cuanto  el  Tribunal  cimentó  la  condena  no  en  un  posible  exceso  de  velocidad  del  procesado,  sino  en  su  salida  repentina  de en medio de vehículos grandes y  pesados  y  sin  exhibir  señal  alguna,  todo  lo cual impidió a José     Paco    Muñoz    visualizarlo  oportunamente  para  de  esa  manera  evitar  el  choque. Más aún, el juzgador  partió   de   la   base   de   que  SÁNCHEZ  SUÁREZ  realizó  la  maniobra de reservo con una “relativa  baja  velocidad”.  Así  se  desprende  de  la  siguiente  transcripción  que hizo respecto del dictamen del  físico forense:   

“De  acuerdo a lo anterior, en el caso del  camión  NPR  podría  eventualmente evitar el accidente, pero si observamos los  daños   en   este   vehículo,   el   foco  de  (sic)  impacto  no se encuentra en la parte delantera sino en  la  nave  lateral  derecha,  lo  cual puede indicar que el camión F-600 impacta  cuando  el  NPR  iba  pasando,  lo  cual  era  poco probable que dicho conductor  reaccionara   oportunamente   coherente   con   las   evidencias   reportadas…  respecto  del  camión  F-600  por  su  relativa baja  velocidad  con que se movilizaba en reversa, era el que  contaba  con  todas la acciones viables para evitar en absoluto la colisión con  el            otro           camión…”9.   

En  consecuencia,  atendida  la  inadecuada  sustentación  de  los  cargos formulados, la Sala inadmitirá la demanda objeto  de  examen, considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora  de  garantías  fundamentales que imponga superar los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.   

   

Se precisará que contra esta decisión sólo  cabe  el  mecanismo  de  insistencia, conforme lo tiene establecido el artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede bajo las reglas fijadas  en    jurisprudencia    reiterada   de   la   Sala10.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ANDRÉS    DAVID    SÁNCHEZ    SUÁREZ, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

2  Págs. 27 a 29 del fallo de segundo grado.   

3  Páginas 32 y 33 ídem.   

4  Páginas 29 y 30 ibídem.   

5  Se  refiere  al  testimonio  de  Martha  Yamile León,   

6  Páginas 22 y 23 del mismo fallo.   

7 Cfr.  Sentencias  del   3 y 24 de octubre de 2002, radicaciones 15927 y 15298. En  el  mismo  sentido  auto  del  30  de  mayo  de  2007,  radicación 27174,   sentencia  del 1º de noviembre de 2007, radicación 25236 y sentencia del 21 de  julio de 2009, radicación 32099.   

8  Página 25 del fallo de segunda instancia.   

9  Página 26 ibídem.   

10  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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