31514(27-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso nº 31514  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                       Magistrado Ponente   

                                     Dr. AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

Aprobado Acta No. 260-  

Bogotá,  D. C., veintisiete (27) de julio de  dos mil once (2011)   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  del  procesado  José    Félix    Santacruz   Nates,   contra  la  sentencia  dictada  el  25  de julio de 2008 por la Sala  Penal  de  Tribunal Superior de Bogotá, mediante la cual confirmó parcialmente  la  proferida  el  25  de  enero de 2008 por el Juzgado 17 Penal del Circuito de  esta   ciudad,   que   condenó   al   recurrente   por   el  delito  de  estafa  agravada.   

HECHOS.  

Tuvieron  su génesis en la denuncia anónima  presentada  ante  la  Procuraduría  General  de  la  Nación,  en  la  cual  se  solicitaba  investigar al señor José Félix Santacruz  Nates   por   la   ejecución   de  varias  conductas  ilícitas1   

.  

Así,  dicha institución, remitió copia del  escrito  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  con  el fin de realizar las  pesquisas  pertinentes,  lográndose  establecer que el procesado, quien fungía  como   asistente   de  varios  Senadores  de  la  República  durante  el  lapso  comprendido  entre  los años 1995 y 2001, se hizo acreedor a una prima técnica  por  estudios,  valiéndose  de  documentos  falsos  que  certificaban  que  era  bachiller  y  que había cursado estudios superiores en el área de Economía en  la Universidad de Nariño.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE.   

1. La Fiscalía inició investigación formal  por    estos    hechos,    vinculó    a    Santacruz  Nates  al  proceso  mediante  indagatoria,  y  el  30  de  septiembre  de  2005  la  Fiscalía  138  de  la  Unidad  Primera  de  Delitos  contra la Fe Pública y el  Patrimonio  económico  de  Bogotá  calificó el mérito probatorio del sumario  con   resolución   de   acusación  en  su  contra  por  el  delito  de  estafa  agravada2,   decisión   que   fue   confirmada   el   2   de   noviembre  de  20063.   

2. El 25 de enero de 2008, el Juzgado 17 Penal  del  Circuito de Bogotá condenó al acusado a la pena principal privativa de la  libertad  de  55  meses de prisión, a la accesoria de inhabilidad de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo  de  la  pena principal, al pago de  perjuicios   por             $  27´562.354  y  multa  de  $ 160.000. Igualmente decretó el embargo y secuestro  del      automotor      de      su      propiedad4.   

3.  Apelado  el fallo por la defensa, la Sala  Penal  del Tribunal Superior de Bogotá lo confirmó el 25 de julio de 2008, con  excepción  de  las  penas  de  prisión y de multa, pues redujo la primera a 40  meses    y    la    segunda   a   120   mil   pesos5.   

Inconforme  con  esta decisión, el apoderado  del condenado recurre en casación.   

LA         DEMANDA.   

En escrito de difícil comprensión el censor  formula  dos  cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal, uno, al amparo de la  causal  primera (violación de una norma de derecho sustancial), y el otro, bajo  la causal tercera (nulidad).   

Con relación al primer cargo, manifiesta que  los   jueces   de  instancia  se  equivocaron  al  aducir  la  circunstancia  de  agravación  prevista  en  el numeral segundo del artículo 267 de la Ley 599 de  20006,  disposición  que no estaba vigente para la época de los hechos,  lo que sin duda generó un incremento de la pena impuesta.   

Cuestiona  la prueba pericial que sirvió de  fundamento  para  establecer el monto que le fue pagado por concepto de la prima  técnica  por  estudio,  pues  estima  que  la cuantía determinada permitió la  variación  de  la  competencia del  Juzgado 46 Penal Municipal al 17 Penal  del  Circuito  y fueron incluidos valores del año 1994 cuando las conductas por  las   cuales   fue  procesado  acaecieron  entre  los  años  de  1995  y  2001.   

Agrega   que  no  tuvo  la  oportunidad  de  controvertir  el  dictamen,  toda vez que fue incorporado al proceso sin cumplir  las  solemnidades  constitucionales y legales, “así  las    cosas    considero    que    el   proceso   se   encuentra   viciado   de  nulidad”.   

Estima  que:  “no  está   determinada  la  cuantía  o  monto  de  la  defraudación,  ingrediente  normativo  necesario  para  adecuar  la  conducta en el denominado tipo penal de  estafa en circunstancia de agravación punitiva.”    

Considera como normas violadas los artículos  232 y 306 de la Ley 600 de 2000 y 29 de la Constitución Política.   

En lo que respecta al segundo cargo, reprocha  la  forma  como  el  Juez  de  primer grado subsanó la nulidad decretada por el  Tribunal  Superior de Bogotá, pues la orden consistía en rehacer la actuación  a  partir  del auto que convocó a las partes a la audiencia pública y no desde  la resolución de acusación emitida por la Fiscalía 57 Local.   

Solicita  que  se  admita  la demanda o en su  defecto  de  no  prosperar,  se  case  la  sentencia oficiosamente por cuanto se  predica la vulneración de derechos fundamentales.   

CONSIDERACIONES  

1.  El  recurrente desconoce de modo absoluto  que  la demanda de casación no es un escrito de libre confección en el que sea  dable  realizar  cualquier  clase  de  cuestionamientos para continuar el debate  fáctico y jurídico que se surtió durante las instancias.   

Su  naturaleza  extraordinaria,  exige que el  libelo  contenga  una argumentación sólida, dialéctica y coherente en la que,  con  fundamento  en  los  motivos  expresamente señalados por el legislador, se  esbocen  en  forma  ordenada y clara los errores de juicio o de procedimiento en  que  pudo  incurrir  el fallador de segundo grado y se resalte su trascendencia.   

Su  propósito  no  es  el  de  instituir una  instancia  adicional  a  las ordinarias para continuar con el debate probatorio,  sino  el  de  realizar un control jurídico sobre la sentencia que puso fin a la  actuación,  a  efectos  de  verificar  si  se ajusta o no al ordenamiento y, en  consecuencia,  hacer  efectivo el derecho material, el respeto de las garantías  de   los   intervinientes   o   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos.   

Atendiendo  los  criterios  referidos,  los  equívocos  en  que  incurrió el libelista al formular los cargos son evidentes  pues  en  relación  con  todos ellos dejó de lado los principios de prioridad,  subsidiariedad, claridad, precisión y trascendencia.   

En efecto, el demandante erró al formular los  dos  cargos  contra  la sentencia como principales, cuando en este caso concreto  la  técnica  imponía  la  postulación  de  la  nulidad  como  principal  y la  violación  directa  como subsidiaria, pues, dada su naturaleza, en el evento de  que  prosperara  haría inútil el estudio de fondo de la otra censura formulada  en  tanto,  como  su  efecto  sería la invalidez de la actuación, la sentencia  objeto del reproche quedaría sin sustento legal.   

Frente   al   principio   de   prioridad  o  jerarquización  de las causales, la Sala ha dicho que debe examinarse desde una  doble        perspectiva,        a        saber7:   

[a)   La  general, según la cual, los  cargos  deben presentarse de acuerdo con la naturaleza de las causales invocadas  en  la  demanda  y  con  las consecuencias del error alegado. En otras palabras,  cuando  se ataca la sentencia con base en las causales primera (violación de la  ley  sustancial)  y  tercera  (nulidad)  de  casación,  es lógico que el cargo  principal  debe  ser el de nulidad, pues de prosperar, por regla general, haría  inane el estudio de los demás reparos.   

b) La específica, consistente en que cuando  se  presentan  varios  cargos  contra la sentencia apoyados en la causal tercera  (nulidad),  resulta  lógico que el cargo primero debe ser el que, de prosperar,  abarque  una mayor extensión del proceso anulado y, consecuentemente, su éxito  haría  innecesario, por sustracción de materia,  el estudio de los demás  cargos.]   

2. En atacamiento al principio en mención, se  invertirá el orden de los cargos para su estudio:   

2.1. Respecto a la causal tercera se ha dicho  de  tiempo atrás que aun cuando admite cierta flexibilidad en su proposición y  desarrollo  no es de libre alegación pues la naturaleza y la especialidad de la  casación  hacen  ineludible  la  observancia  de  las  exigencias técnicas que  gobiernan a este medio de impugnación extraordinario.   

Al  censor  se  le  impone en su postulación  identificar  la  clase  de  vicio, esto es, si se trata de una irregularidad que  afecta  la  estructura  del proceso o desconoce las garantías fundamentales del  procesado,  proponerlo  de  acuerdo  con  su  alcance y autonomía invalidatoria  debiendo   hacerlo   en   cargos  separados  cuando  son  varios,  señalar  sus  fundamentos  y  las  normas que se estiman lesionadas y demostrar de qué manera  la  irregularidad  repercute  en  el  trámite  y  cómo  ella  trasciende  a la  sentencia impugnada conduciendo a su anulación.   

También será imprescindible indicar la etapa  procesal  a partir de la cual se debe invalidar la actuación y demostrar que no  existe  otro  medio  para  subsanar  la  irregularidad  sustancial  distinto que  proceder  a  su  reconocimiento,  conforme  a  los  principios  que  orientan la  declaratoria de las nulidades y su convalidación.   

Ha de advertirse que uno de los principios que  gobiernan      las      nulidades      es      el     de     la     trascendencia  del  defecto. Tal principio  implica  que  quien  solicita  la  declaratoria de nulidad tiene el indeclinable  deber  de  demostrar no sólo la ocurrencia de la incorrección denunciada, sino  que  esta  afecta  de  manera  real  y  cierta  las  garantías  de  los sujetos  procesales o socava las bases fundamentales del proceso.   

Frente a este postulado la Sala ha dicho que:   

[significa que no hay nulidad sin perjuicio  y  sin la probabilidad del correlativo beneficio para el nulidicente. Más allá  del  otrora  carácter puramente formalista del derecho, para que exista nulidad  se  requiere  la  producción  de daño a una parte o sujeto procesal. Se exige,  así,  de  un  lado, la causación de agravio con la actuación; y, del otro, la  posibilidad  de éxito a que pueda conducir la declaración de nulidad. Dicho de  otra  forma,  se  debe  demostrar que el vicio procesal ha creado un perjuicio y  que  la  sanción  de nulidad generará una ventaja]8.   

En  esta ocasión, el ataque se muestra inane  por   desconocimiento   del  principio  de       trascendencia      por  cuanto la actuación cuestionada al Juez de primer grado por ir  más  allá  de  lo  ordenado  por  el  Tribunal  en  el  auto  del 5 de mayo de  20059, resultó más garantista. Veamos porque:   

(i)   Inicialmente  la  investigación  fue  adelantada  por  el  Fiscalía  211  Seccional de Bogotá, sin embargo, el 12 de  febrero  de 2002 se abstuvo de calificar el mérito del sumario porque advirtió  que  la  cuantía  no  superaba  los  50  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  por  lo  cual,  remitió las diligencias a las Fiscalías Locales por  competencia10.   

(ii) Asumido el expediente por la Fiscalía 57  Local  de  esta  ciudad,  el  13  de  marzo  de  2002  profirió  resolución de  acusación  contra  el  procesado  por  el delito de estafa agravada11.   

(iii) El juicio le correspondió al Juzgado 46  Penal  Municipal, en cuyo desarrollo se estableció que los pagos efectuados por  la   pagaduría   del   Senado   de   la  República  a  favor  de  José   Félix   Santacruz  Nates,  fueron  superiores  a  50 salarios mínimos legales mensuales vigentes. En consecuencia,  mediante  auto  del  29  de  enero  de  2004 dispuso el envió del expediente al  funcionario       de       mayor      jerarquía12.    

(iv)  El  proceso fue repartido al Juzgado 17  Penal  del  Circuito  de  este  Distrito  Judicial,  que  en  últimas profirió  sentencia  condenatoria  el  25  de  agosto  de  200413. Decisión que fue objeto de  apelación por parte de la defensa.   

(v)  La  Sala  Penal del Tribunal Superior de  Bogotá  al  desatar  el  recurso  de  alzada,  el 5 de mayo de 2005 decretó la  nulidad  de  todo lo actuado a partir del auto 5 de marzo de 2004, por medio del  cual  se  fijó  fecha  para  la  audiencia pública, toda vez que el Juzgado 17  Penal  del  Circuito  profirió  fallo  condenatorio  tomando  como referente la  resolución  de  acusación proferida por la Fiscalía  57  Local,  pues  convalidó diligencias adelantas por  una  autoridad  judicial  que carecía de competencia14.   

(vi)  El  juzgado  en  mención, al acatar la  orden,  el  4  de  agosto de 2005 decretó la nulidad, no desde el auto indicado  por  el  juez colegiado, sino desde la resolución de acusación proferida el 13  de    marzo    de   2002   por   la   Fiscalía   57  Local y dispuso remitir las diligencias a la Fiscalía  211      Seccional     que     en     principio     había     adelantado     la  investigación.       

Así  las  cosas,  observa  la  Sala  que  la  decisión  del  Juez  de  primer  grado no produjo perjuicio alguno en contra el  procesado,  todo lo contrario, en aras de garantizar el debido proceso invalidó  la   actuación   procesal   que  efectivamente  estaba  viciada,  esto  es,  la  resolución de acusación proferida por una Fiscalía Local.   

2.2. En lo que respecta al cargo formulado al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  tiene  dicho  la  Corte  que le  corresponde  precisar al censor si la violación denunciada de la ley sustancial  lo  fue por la vía directa o indirecta y en todo caso señalar el sentido de la  infracción,  es  decir  si  lo  fue  por  falta  de  aplicación,  por indebida  aplicación  o  errada  interpretación con obvia indicación de la norma que de  tal  naturaleza hubiere sufrido la afectación denunciada. Y si escogía la vía  indirecta  -como  al  parecer  fue  la  inicial  pretensión  del recurrente- le  resultaba  imperativo  precisar  si  a la vulneración de la norma sustancial se  llegó  por  la  comisión de errores de hecho o de derecho en la valoración de  las  pruebas,  especificando  por  razón de aquellos su derivación a partir de  falsos  juicios  de  existencia,  de  identidad  o  falsos  raciocinios y los de  derecho  por  la  concurrencia  de  un  falso  juicio  de  legalidad  o  uno  de  convicción.   

Tales  exigencias  fueron  desconocidas  por  completo  por  el  censor,  toda  vez  que  omitió  señalar  el  sentido de la  violación,  pues no indicó si el ataque estaba perfilado por la vía directa o  indirecta,     simplemente     se     limitó     a    enunciar:    “PRIMER        CARGO:  Causal  primera  de  casación  la contenida en el artículo 207  numeral  1  del  C.P.P.  Ley  600  de  200, Sentencia violatoria de una norma de  derecho   sustancial”,   y   en   su   intento  por  desarrollarlo, no se evidencia que cumpla tal cometido.   

No obstante, de la lectura del cargo se extrae  que  su  intención  es cuestionar la prueba pericial que determinó el monto de  lo  defraudado,  así  las cosas, era imperativo para el libelista recurrir a la  vía  indirecta  indicando si el error era de hecho o de derecho, lo que tampoco  acomete.   

Adicional  a esto, falta a la verdad procesal  cuando  sostiene que no está demostrada la cuantía de las defraudaciones, pues  los  falladores  verificaron  que  el  valor  de  los  dineros que la Dirección  Administrativa  del  Senado  de  la  República pagó ilegalmente a José  Félix  Santacruz Nates, ascendió a  la     suma     de     $19´410.108.76.15    

Un   desatino   más,   incurrió  en  una  contradicción  metodológica  que  transgredió  del  principio  de  autonomía  que  gobierna  la  formulación  de  los cargos y las  causales  de  casación, toda vez, mezcló en el mismo  reparo,  argumentos  propios  de  la  nulidad  cuando afirmó que al no tener la  oportunidad  de  controvertir la prueba pericial “el  proceso  estaba  viciado  de  nulidad”, con los de un  falso  juicio  de legalidad, al señalar que el dictamen fue allegado al proceso  sin  cumplir  las  solemnidades  legales  y  constitucionales. De manera que, lo  correcto  era  que  el  casacionista  explicará  de  forma separada, cómo pudo  resultar  afectado  el  debido proceso y/o el derecho de defensa, por un lado, y  por  el  otro,  demostrar que la prueba no reunió las condiciones esenciales de  validez.   

Finalmente,  también resulta intrascendente  el  reparo  relacionado  con  la  aplicación de la circunstancia de agravación  prevista  en  el  numeral  2º  del  artículo 267 de la Ley 599 de 2000, por no  estar  vigente para la época de los hechos. Aunque en principio tendría razón  porque  la  conducta  se realizó en vigor del Decreto 100 de 1980, lo cierto es  que  en  esa normatividad también se contempla el agravante del numeral 2º del  artículo  372,  lo  que  en  nada  cambiaría la pena impuesta por el fallador.   

En  síntesis,  los reparos propuestos por la  defensa  son expresiones  de corte libre y, por tanto,  impropias para  los  propósitos de la casación, pues en esta sede  la sentencia impugnada  goza  de  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad, punto de partida que  implica  demostración  de  lo  contrario,  requerimiento  que  no  preocupó al  libelista.   

Así las cosas y, como quiera que el recurso  de  casación  está  regido,  entre otros, por el principio de limitación, las  deficiencias  que  presenta  la demanda no pueden ser remediadas por la Sala, en  tanto   que   no  le  corresponde  asumir  la  tarea  argumentativa  propia  del  recurrente,  para complementar, adicionar o corregir su escrito de impugnación,  máxime  cuando  es  antiquísimo  el  criterio  en el sentido de que el recurso  extraordinario  de  casación  es  un  juicio  técnico-jurídico  que tiene una  regulación  prevista  por  el  legislador y desarrollada por la jurisprudencia,  con el propósito de que no se convierta en una tercera instancia.   

Cabe  señalar  que  el  estudio detenido del  expediente  permite a la Sala concluir que no procede la casación oficiosa, por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal  de nulidad ni vulneración de derechos  fundamentales.   

Visto,  entonces, que los reparos formulados  por  la defensa no cumplen las exigencias mínimas de fundamentación requeridas  para  su estudio de fondo, la Corte inadmitirá la demanda estudiada y ordenará  la devolución al proceso a la oficina de origen.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   el   apoderado   del   señor   José Félix Santacruz Nates.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSE   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                               JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTINEZ                                                         

FERNANDO  A.  CASTRO  CABALLERO                                                    SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                                MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE   LEMOS        

AUGUSTO    J.   IBÁÑEZ   GUZMÁN                                                                     JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA           

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  La  Procuraduría  sancionó  al  inculpado con destitución del cargo e inhabilidad  por     el     término     de     3     años     para     ejercer    funciones  públicas.        

2 Folios  5-11  cuaderno  original  No.  3.  Ello  tuvo  lugar  por  razón de una nulidad  decretada por el Tribunal Superior de Bogotá.   

3 Folio  8-16 cuaderno de la Corte.   

4 Folios  141-158 Juzgado.   

5 Folios  3-22 cuaderno Tribunal.   

6 Sobre  bienes del Estado.   

7  Casación 31.222 del 1 de abril de 2009.   

8  Casación 11.135 del 26 de noviembre de 2006.   

9 Por el  cual decretó la nulidad por falta de competencia.   

10 Folio  134 cuaderno Fiscalía.   

11  Folios 140-147 Ídem.   

12  Folio 287 Ídem.   

13  Folios 54-71 cuaderno Juzgado.   

14  Folios 4-9 cuaderno Tribunal No.1.   

15  Folio 7 del fallo de primera instancia.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *