31440(27-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 31440  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  260  

Bogotá,  D.C., veintisiete (27) de julio de  dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor  común  de  las procesadas Shirley Pineda  Alarcón  y  Adriana  Arias  Mora  contra  el fallo del 7 de noviembre de 2008, por  medio  del  cual  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Bogotá modificó  parcialmente   la   sentencia  anticipada  de  primera instancia, proferida el 24 de abril del mismo año por  el  Juzgado  7º  Penal del Circuito con Función de Conocimiento de esta ciudad  que    condenó   a   las  mencionadas  como  coautoras  de  la  conducta  punible  de  trafico  de  moneda  falsificada.   

H E C H O S  

Los funcionarios judiciales de instancia los  resumieron así:   

“Tuvieron  génesis  el 14 de noviembre de  2007,  cuando  la  señora  María  Ruby  Echeverri  de las Casas fue contactada  telefónicamente   por   quien   manifestó   llamarse   Diego  Fernando  Muñoz  solicitándole  el  cambio  de  US  $3.000  reseñándole  que  para  el  efecto  enviaría  a  su  secretaria,  transacción  que  ciertamente  se concretó para  determinarse  por aquella que el papel moneda recibido era espurio. No obstante,  al  día  siguiente  una  vez  más  es  contactada por Muñoz, quien nuevamente  solicita  el  cambio  de  igual suma dineraria a lo que [Echeverri de las Casas]  accedió,  procediendo de inmediato a dar aviso a los agentes del orden, quienes  efectuaron  la captura de las dos mujeres, hallando en el bolso de Adriana Arias  Mora  un  sobre  con  US  $3.000 dólares, teniéndose que la otra mujer Shirley  Pineda  fue  quien  efectuó  la entrega del dinero el día anterior. Acerca del  papel  moneda  extranjero  incautado mediante pruebas técnicas se determinó su  espureidad.   

Dentro  de  la  audiencia  de  imputación  celebrada   ante  la  Juez  59  Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías,  las  aludidas ajusticiables (sic) se allanaron al cargo de tráfico  de  moneda  falsificada  para  Adriana Arias Mora y la misma conducta punible en  concurso homogéneo para Shirley Pineda Alarcón.”    

ANTECEDENTES PROCESALES  

1. A solicitud de la Fiscal Seccional 303 de  Bogotá,  la Juez 59 Penal Municipal con Función de Control de Garantías de la  misma  ciudad,  en  audiencia  preliminar  celebrada el 16 de noviembre de 2007,  legalizó   la  captura  de  Shirley  Pineda  Alarcón  y     Adriana    Arias  Mora,  aprobó  la  imputación  que  les formulara la  fiscal  por  la  conducta punible de tráfico de moneda falsificada, en concurso  homogéneo  para  la primera (artículo 274 del Código Penal, modificado por el  artículo  14 de la Ley 890 de 2004). Las imputadas, previas las advertencias de  rigor,  se  allanaron  a  los cargos formulados, luego de lo cual la funcionaria  judicial  accedió a la solicitud de la fiscalía sobre la imposición de medida  de aseguramiento de detención domiciliaria.   

2. El escrito de acusación fue radicado por  la  Fiscal  329  Seccional  de  Bogotá  el  26  de  noviembre de 2007. Así, en  audiencia    de   individualización   de   pena   y  sentencia,  llevada  a  cabo  el 15 de enero, el 27 de  marzo  y  el 24 de abril de 2008, la Juez 7ª Penal del Circuito con Función de  Conocimiento,   aprobó  el  allanamiento  al  que  se  sometieron  las  acusadas,  al  tiempo que corrió el  traslado del artículo 447 de  la  Ley  906  de  2004;  así  mismo,  en  la última de las fechas mencionadas,  profirió  y  leyó  el  fallo,  por  medio  del  cual  condenó  a Shirley   Pineda   Alarcón   a  la  pena  principal  de  44  meses  de prisión y a Adriana Arias  Mora a 33 meses y 18 días de prisión, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  pena privativa de la libertad, como  coautoras  del  delito  de tráfico de moneda falsificada.  Así mismo, les  negó  el  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la pena y  el sustituto de la prisión domiciliaria.   

Apelada la sentencia de primer grado por los  defensores  de  las  procesadas,  fue  modificada  por  el  Tribunal Superior de  Bogotá  en  decisión  del  7  de  noviembre  de  2008;  así,  el ad  quem  rebajó  la pena privativa de la  libertad   a   favor   de   las   procesadas  a  40  y  30  meses  de  prisión,  respectivamente,   así  como  la  accesoria;  solicitó  la  intervención  del  Instituto  Colombiano  de Bienestar Familiar en protección de los menores hijos  de    aquellas,    y   confirmó   la   providencia   impugnada   en   todo   lo  demás.   

En contra del fallo del Tribunal, el defensor  común   de   las   acusadas   interpuso  y  sustentó  de  manera  oportuna  el  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

A  nombre de las dos procesadas, su defensor  postula  un  cargo principal por nulidad y uno subsidiario de violación directa  de   la   ley   sustancial.   Sus   argumentos   se   resumen  de  la  siguiente  manera:   

Cargo principal: nulidad  

El  casacionista  se  apoya  en la causal de  casación  de  que  trata  el  artículo 181, numeral 3º, de la Ley 906 de 2004  para  denunciar  una  nulidad,  por violación al debido proceso y al derecho de  defensa  (artículo  457  del  mismo  estatuto), que tuvo origen en la audiencia  preliminar  de imputación, toda vez que la formulación jurídica de los cargos  fue  imprecisa  y  anfibológica,  tanto  así que, según dice, a estas alturas  aún no se sabe qué fue lo que las procesadas aceptaron.   

En  sustento  del reproche, aduce que de los  verbos  rectores  que  contiene el artículo 274 del Código Penal, la fiscalía  no  precisó aquellos que les endilgaba a las imputadas; sin embargo, indica que  la    fiscalía    se    limitó    a    enunciar    los   verbos   comercializar,         hacer    circular    y/o    entregar,   de  manera  generalizada  para  ambas,  lo que configura la imprecisión denunciada, pues, además, no les  explicó en que consistía cada conducta.   

Reprocha  que  en el mismo yerro incurrieron  los  falladores de instancia, quienes, además, no advirtieron que en los hechos  ocurridos  el  15  de  noviembre  de 2007, ninguna de la acusadas comercializó,  puso  en  circulación,  entregó  ni vendió la moneda falsa, sin que por haber  estado  aquellas  debidamente  asesoradas  a  la  hora  de aceptar los cargos se  convalide  la  irregularidad.  Dice,  por  último, que de no haber incurrido el  sentenciador  en  los  vicios alegados, las procesadas no se habrían allanado a  los cargos por los hechos acaecidos el 15 de noviembre.   

El  censor  pide  a  la  Sala  que  case  la  sentencia  y  anule  todo  lo  actuado  desde  la  audiencia  de formulación de  imputación,  para  que  dicha  diligencia  se  repita  con  sujeción al debido  proceso.   

Cargo  subsidiario: violación directa de la  ley sustancial   

Al  tenor  de  la causal de casación de que  trata  el  artículo  181-1  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2004, el  demandante  denuncia  que  el  fallador incurrió en la aplicación indebida del  artículo  274  del Código Penal y en la falta de aplicación de los artículos  28  de  la  Constitución  Política  y  10  del  Código Penal, “en  relación  con las dos procesadas, pero únicamente en lo que se  refiere  al  ‘hecho número  dos’,  esto  es,  a  los  hechos     ocurridos     el     15     e     noviembre    de    2007”.   

El  libelista enfatiza en que las procesadas  fueron  capturadas en el barrio Morato de Bogotá, más exactamente a 22 cuadras  de  distancia  de  la  residencia  de  la  víctima.  Dice que a aquellas se les  imputó  el  delito  del artículo 274 del Código Penal, según el verbo rector  de  portar, el cual, como no está previsto en dicha norma, hace que la conducta  deba tenerse como atípica.   

Agrega  que  si  bien  es cierto que las hoy  enjuiciadas  fueron  capturadas con la moneda falsa en su poder, a una distancia  de  22 cuadras del lugar donde se iba a hacer la entrega, en un sitio ubicado de  tal  manera  que  bien puede inferirse que se dirigían a cumplir la cita con la  víctima,  siendo  posible  que  en el trayecto Shirley  Pineda  Alarcón  y  Adriana  Arias  Mora  hubieran podido desistir de su conducta o  ser  instruidas para no concretar lo planeado, también lo es que de todos modos  la  entrega  de  los dólares falsos nunca ocurrió. Ello significa que el hecho  se  quedó  en  el plano de los actos preparativos, los cuales por sí mismos no  son punibles, por lo que resultan atípicos.   

Con   fundamento   en   las   anteriores  consideraciones,  el  censor  pide  a  la  Corporación que case el fallo y, por  ende,   absuelva  a  las  dos  procesadas  del  delito  de  tráfico  de  moneda  falsificada  por  los  hechos ocurridos el 15 de noviembre de 2007, que reajuste  la   pena  para  Shirley  Pineda  Alarcón  como  consecuencia  de  lo  anterior y considere la posibilidad de  concederle   “el   sustitutivo   de  la  ejecución  condicional de la sentencia”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Requisitos  de admisibilidad generales y  particulares de la demanda de casación.   

Antes de ocuparse la Corporación del escrito  que  ocupa  su  atención,  estima  pertinente  reiterar que en el nuevo sistema  procesal  la  casación  se  concibe  como  un  medio  extraordinario de control  constitucional  y  legal,  a  cargo  de  la  Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema   de   Justicia   -según  así  lo  dispone  el  artículo  235  de  la  Constitución  Política-  que  opera  respecto  de  las  sentencias dictadas en  segunda  instancia  que ponen fin a las actuaciones procesales, a través de las  cuales se define el juzgamiento de los comportamientos punibles.   

Dicho medio de impugnación, conforme así lo  dispone  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004,  procede con el fin de  obtener  la  efectividad  del  derecho  material  desconocido, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos   y   la   unificación  de  la  jurisprudencia,  cuando  las  decisiones  proferidas,    o    bien    el    trámite    surtido,    vulneran    garantías  fundamentales.    

La  Corte ha señalado que de los artículos  183  y  184  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004 se pueden deducir las  siguientes   exigencias   de   argumentación   en   el   sustento  del  recurso  extraordinario:  a)  que  se  señalen  de  manera  precisa  y  concisa  las  causales invocadas, b) que se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos y se ofrezca una sustentación suficiente, y  c)  que  se demuestre que el  fallo  es  necesario  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del recurso.   

En  contraste  con  lo  anterior,  según lo  establecido   el   inciso  2°  del  artículo  últimamente  citado,  no  será  seleccionado  el  libelo  cuando  el  demandante  carezca de interés jurídico,  prescinda  de señalar la causal, no desarrolle los cargos de manera adecuada, o  bien  cuando de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso, es decir, cuando no se  acredita  la  real  afectación  de  los  derechos  o  garantías fundamentales.   

Como  de antaño lo ha precisado la Sala, la  demanda  de casación no le permite al impugnante continuar el debate fáctico y  jurídico  llevado  a  cabo  en el agotado proceso, sino que debe ser un escrito  claro,  lógico,  coherente  y  sistemático  en el que, al tenor de los motivos  expresa  y  taxativamente  señalados  en  la  ley,  se denuncien los errores de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  con  estricta  sujeción a los lineamientos que la  naturaleza  de cada una de las causales de casación y los requerimientos que la  jurisprudencia de la Sala ha fijado de tiempo atrás.   

Ahora  bien, en los casos en que -como en el  presente-  existe  el  fenómeno  de  la  sentencia  anticipada, el interés del  recurrente  para acudir en casación -uno de los presupuestos necesarios para la  admisibilidad  del  libelo- resulta restringido, porque en tales eventos rige el  principio  de  no retractación de lo válidamente admitido, tal como así lo ha  precisado   la   jurisprudencia   de   la  Corte,  al  afirmar  que:  “verificada  por  el  Juez  de  conocimiento  la  legalidad  del  allanamiento,  la  defensa  carece  de  interés  jurídico  para interponer los  recursos  de ley contra el fallo, cuando la impugnación pretenda cuestionar los  extremos  de  la  adecuación  típica  imputada  y de la culpabilidad que ya se  había    aceptado    en    el    marco   de   ese   allanamiento…”.   

De  la  regla  así  fijada,  ha  dicho  la  Corporación,  se exceptúan aquellos eventos “cuando  se  trata  de  remover  a  través  de los recursos alguna causa que produzca la  afectación  sustancial  del  debido proceso o la vulneración de las garantías  fundamentales;  problemática  que,  por  lo  general, es enmendable por vía de  nulidad;  y  también es válida la impugnación por motivos diferentes, pero en  todo  caso ajenos al contenido de la conducta y la culpabilidad aceptadas, tales  como  el  monto  de  la  pena  y  las  condiciones  en  que  ha  de cumplirse la  misma.”1   

De  lo  anterior  se sigue que el escrito de  casación  no solamente debe cumplir con los requisitos generales que determinan  la  admisión  de  cualquier  libelo  que aspire a ser objeto de estudio en esta  sede  extraordinaria,  sino  -como  se  viene  de  precisar-   también con  aquellos  que operan cuando el fallo impugnado se funda en la aceptación de los  cargos por parte del imputado o acusado.    

2. El caso concreto.  

2.1.  Luego  de  confrontar  las consideraciones que vienen de reseñarse frente a los argumentos  plasmados  en  la  demanda  de  casación,  desde ya la Corporación adelanta su  conclusión      en      el      sentido      de     que     la     inadmitirá,  debido  a  que  el censor se  aparta   de   las  exigencias  de  debida  fundamentación,  como  enseguida  se  demuestra:   

2.2. Comoquiera que  en  el cargo principal el impugnante propone un motivo de nulidad -y aún cuando  se  equivoca  al  apoyar  dicha  hipótesis  de impugnación en el numeral 3 del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004-, la Corte estima pertinente recordar los  presupuestos  que  su  jurisprudencia ha desarrollado para argumentar esta clase  de censuras:   

“…impera  señalar  que,  aun  cuando tiene dicho la Sala que la postulación de vicios de  nulidad  en  sede  de  casación  flexibiliza el rigor técnico que se espera de  cualquier  escrito que sustente el recurso extraordinario, ello por sí sólo no  exime  al demandante de deber de (…) demostrar la trascendencia directa que el  yerro  de  actividad  refleja  en  el  fallo  y por qué, de no haber mediado el  mismo,  el  desarrollo de la actuación sería otro y, por consiguiente, otra la  decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad  denunciada   solo   puede   remediarse   por   medio   de   la  declaración  de  nulidad”2.     

La  postura  de  la  Corte  deja  en  claro,  entonces,  que  al  impugnante  le  compete  demostrar  que la corrección de la  irritualidad  denunciada  debe acarrear lógicamente un efecto cierto, no apenas  hipotético,  en  el  sentido  del  fallo,  o  al  menos  representar una mejora  sustancial a la situación del procesado.   

Vistos los lineamientos reseñados de cara a  los  razonamientos que sustentan el cargo, la Colegiatura evidencia que el vicio  de  nulidad  pregonado  carece  de  materialidad, lo que permite asegurar que el  ataque se funda en un discurso intrascendente.   

Lo  anterior  es así, porque aún cuando el  censor  lamenta que desde la audiencia preliminar de imputación el cargo no fue  debidamente  formulado,  en  particular  por  no  citar  la fiscalía los verbos  rectores  de la conducta punible de tráfico de moneda falsificada sobre los que  edificó  la  incriminación,  enseguida  admite  que  el representante del ente  acusador,  dentro del acápite destinado a la reseña de la actuación procesal,  “se  limitó  a  enunciar  los  verbos  ‘comercializar’,             ‘hacer       circular’        y/o        ‘entregar’”,  como  también   que   agregó  lo  siguiente:  “en  ambos  sucesos,  esto  es,  en  los  del  14  y  en  los  del  15 de noviembre de 2007,  “se  dio  esa  conducta,  ese  comercializar,  ese  adquirir,   ese  comercializar,  ese  recibir,  ese  hacer  circular” (resalta el impugnante en ambas citas).   

De  manera  que  el  reproche  formulado  es  contradictorio  y, por tanto, no deja ver la irregularidad pregonada, pues surge  nítido,  con  fundamento en los argumentos del propio libelista, que los verbos  rectores  de la conducta sí fueron imputados por la fiscalía, conclusión a la  que  también  llegó  el  sentenciador,  tras  citar  textualmente el contenido  pertinente de la audiencia de imputación.   

Por  otra  parte, el casacionista deja en el  plano  de la mera hipótesis su afirmación, según la cual, de no haber mediado  el  supuesto vicio, las hoy procesadas no se habrían allanado a los cargos; con  este  razonamiento,  el libelista, al contrario de lo que pretende, no demuestra  la  trascendencia  del  vicio  que  alega, pues lo que en últimas propone es la  posibilidad  de ejercer una distinta estrategia defensiva frente a un nuevo acto  de  imputación,  sin  demostrar  cómo  de  esa  manera  se  beneficiarían las  acusadas.   

Ahora   bien,   si   lo  que  pretende  el  casacionista  es  convencer  a  la  Sala  de  que los citados verbos rectores no  reflejan  los  acontecimientos  tal  como  tuvieron lugar, entonces, el reproche  deja  de  ser uno de nulidad, para convertirse en una crítica que tiene que ver  con  la  manera  en  que el juzgador valoró los hechos; vicio este que, en sede  extraordinaria  de  casación, se debe orientar a través del error de hecho por  violación  indirecta  de  la ley sustancial (artículo 181, numeral 3 de la Ley  906 de 2004).   

2.3   Tal   es  precisamente   el  reproche  que  ofrece  el  casacionista  en  el  cargo  subsidiario,  el  cual orienta como  una     violación     directa     de     la    ley  sustancial.   

Vale  la pena recordar que cuando se demanda  una   sentencia  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  en  cualquiera  de  sus  tres modalidades  (falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  o interpretación errónea), el  casacionista   debe  demostrar,  sin  desconocer  los  hechos  plasmados  en el fallo, y sin discrepar de la forma como el juzgador los  declaró  probados,  que  entre  las  partes  motiva y  resolutiva de la providencia no existe armonía jurídica.   

A  través  del  reproche  subsidiario,  el  defensor  señala  que  los  hechos  ocurridos  el 15 de noviembre de 2007 no se  pueden  subsumir en el comportamiento abstracto descrito en el artículo 274 del  Código   Penal.   A   esta  conclusión  llega  tras  apreciar  las  siguientes  circunstancias de orden fáctico:   

i)  Que  las  hoy  enjuiciadas  fueron  capturadas  con  la  moneda falsa en su poder, ii)   que   fueron   aprehendidas  a  una  distancia  de 22 cuadras del lugar donde se iba a hacer la entrega, iii) que el lugar donde fueron privadas de  la  libertad  se  localiza  de  tal  manera  que  bien  puede  concluirse que se  dirigían  a  cumplir  la  cita con la víctima, iv) que en el trayecto hacia el  encuentro  con la ofendida, Pineda Alarcón  y  Arias  Mora  hubieran    podido    desistir    de    su   conducta,   o   bien   v)  habrían  podido ser instruidas por su  mandante  para  que  no  hicieran  la  entrega  del  dinero  falso, vi) que, en últimas, el intercambio de la  moneda   espuria  por  el  dinero  de  la  víctima  no  se  materializó.    

Pues  bien,  del  argumento  que propone el  libelista  se  extrae  claramente que se funda en su personal apreciación de la  prueba  que,  en  todo  caso,  no  pasa  de  ser distinta a la del sentenciador,  razonamiento  con  el  que se aparta de la vía de ataque alegada, en violación  al principio de autonomía de las causales de casación.    

Nótese   de   qué   manera,   desde  la  enunciación   de   los   hechos   objeto   de   investigación,  el  impugnante  extraordinario  -al contrario de lo que plasmó el juzgador- hace énfasis en la  ubicación  del  lugar  donde  las  acusadas fueron aprehendidas y aquella donde  reside  la víctima -lugares supuestamente distantes entre sí, según su propia  apreciación-  circunstancia que le sirve para poner de relieve los hechos que a  la  postre  le  permiten  formular  en  esta  sede  una nueva tesis defensiva de  atipicidad  de  la  conducta.   Así  las  cosas,  el  libelista no pasa de  ofrecer  a  la  Sala  una  nueva versión de los hechos apoyada, además, en una  serie  de   hipótesis fácticas del todo inciertas, desconociendo así los  fundamentos de la vía de censura escogida.   

Además  de  lo  anterior,  el razonamiento  vertido   configura  una  retractación  de  lo  válidamente aceptado, pues Shirley  Pineda  Alarcón  y  Adriana  Arias  Mora, de forma libre, espontánea y debidamente  asistidas,  comprendieron y aceptaron la imputación fáctica y jurídica que la  fiscalía  les formuló, a raíz de lo acontecido los días 14 y 15 de noviembre  de  2007.  De  suerte  que  con  los  razonamientos  del  cargo  subsidiario, el  recurrente,  al  introducir y enfatizar en un nuevo hecho (la supuesta distancia  entre  el  lugar  donde  las  hoy  procesadas  fueron  capturadas  y el lugar de  residencia  de  la  víctima),  solamente  logra  desentenderse de lo legalmente  admitido  por  las  acusadas,  en  busca  de  un  argumento defensivo que no fue  aprovechado oportunamente.   

Dicho de otra manera, el recurrente incurre  en  un  doble  yerro: primero, cuando en vez de demostrar los presupuestos de la  vía  de  casación  seleccionada,  esto  es,  la  violación  directa de la ley  sustancial,  termina  por  lamentar  que  el  juzgador  no hubiera compartido su  particular  apreciación  de los hechos, conforme al cual éstos deben estimarse  como  atípicos;  y  segundo,  esgrimir  un  razonamiento  con  el cual pretende  deshacer  lo válidamente aceptado por las procesadas, postura que evidentemente  va en contravía del principio de no retractación.   

2.4.    En  conclusión,   los  cargos  formulados  por  el  demandante   adolecen  de  una debida fundamentación,  motivo  por el cual, como ya se anunció, la Corte dispondrá su indamisión sin  que,  por  otra  parte,  observe  razones  que  ameriten  superar  las falencias  reseñadas    para    cumplir   con   algunos   de   los   fines   del   recurso  extraordinario.   

3. Acotación final.  

Toda  vez  que  contra  la  decisión  de  inadmitir  la demanda de casación procede el mecanismo  de  insistencia,  según  lo  establece  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite que ha de  regir  ese  instituto  procesal,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha fijado los  siguientes                lineamientos3:   

a) La insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser promovido por el demandante,  dentro  de  los cinco días siguientes a la notificación del auto pro medio del  cual  la  inadmite  la  demanda  de  casación, con el fin de provocar que ésta  reconsidere  lo decidido. También podrá ser promovido oficiosamente dentro del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la  Casación      Penal      –siempre      que     el     recurso     no   hubiera     sido     interpuesto    por     el    Procurador  Judicial–,  el   Magistrado    disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la  demanda,  o  bien  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, someter  el  asunto  a consideración de la Sala o no hacerlo, evento este último que se  informará al peticionario en un plazo de quince días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E:   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación  presentada  por  el  defensor  de  las  procesadas  Shirley  Pineda  Alarcón  y Adriana Arias Mora.   

SEGUNDO:   De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  viable la interposición del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                            JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ             

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                      MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

0NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 30 de enero de 2008,  radicación No. 28772.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de 7 de marzo de 2006,  radicación No. 24132.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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