33489(28-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33489  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                              Magistrado Ponente   

                                                  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                    Aprobado Acta No. 236   

Bogotá D.C., veintiocho (28) de julio de dos  mil diez (2010)   

VISTOS:  

Agotado  el trámite previsto en el artículo  500  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  rinde  la  Sala  concepto sobre la  solicitud  de  extradición  que  del  ciudadano  colombiano  LEONARDO  DÁVALOS  JIMÉNEZ formula el Gobierno de España.   

ANTECEDENTES:   

1.  A  través  de Notas Verbales Nos. 570 de  noviembre  20  de  2009  y  016  de  enero 15 de 2010, la Embajada de España en  Colombia  solicitó  respectivamente  la  detención con fines de extradición y  ésta  misma  del  ciudadano  colombiano  LEONARDO  DÁVALOS  JIMÉNEZ  para que  responda  en  el  proceso que allí se le adelanta por los delitos de asesinato,  asociación  ilícita  y tráfico de drogas, según auto de prisión dictado por  el  Juzgado  de  Instrucción  No. 1 de Valdemoro (Madrid) el 20 de noviembre de  2009.   

En  virtud de la primera el Fiscal General de  la  Nación  dispuso  en  resolución  del  mismo 20 de noviembre la captura del  requerido, haciéndose ésta efectiva el día 22 siguiente.   

2.   A  la  solicitud  de  extradición  se  acompañó   la   siguiente   documentación   relevante   a   efectos  de  este  trámite:   

2.1. Auto motivado de noviembre 20 de 2009 por  medio  del  cual  el Juzgado de Instrucción No. 1 de Valdemoro (Madrid) dispuso  la  prisión  y  captura  de  Leonardo  Dávalos  Jiménez, alias Pampo, bajo el  supuesto  fáctico  de que éste “sería el líder de  una  organización de sicarios dedicados a realizar extorsiones, cobros de deuda  por  estupefacientes  y  homicidios por encargo, y habría tenido participación  en  el  asesinato que presuntamente tuvo lugar en fecha 7 de septiembre del 2007  en  el  inmueble  sito  en la Glorieta de San Antonio número 10 de Ciempozuelos  (Madrid)  donde  un  grupo de colombianos llevó a cabo un ajuste de cuentas con  el   también  colombiano  José  Fernando  Dávalos  Sepúlveda,  quien  en  el  mencionado  inmueble fue amordazado, le ataron las manos con cinta aislante y le  mataron,  amputándole  las  manos y parte de la cara, quemándolo con ácido en  la  cabeza  y  las  manos,  llevándose a cabo tales actos bajo la dirección de  Leonardo  Dávalos  Sepúlveda.  El  cadáver apareció el día 14 de septiembre  del  2007 semienterrado en un paraje de Ciempozuelos. LEONARDO DÁVALOS JIMÉNEZ  dio  las órdenes oportunas desde Colombia al grupo para cometer el asesinato de  José  Fernando  Dávalos  Sepúlveda  en Ciempozuelos así como para cobrar una  deuda  relacionada  con el tráfico de drogas en la ciudad de Barcelona. Para el  cobro  de  dicha  deuda  se  desplazaron  a esa localidad varios integrantes del  grupo  organizado,  mientras  que Leonardo Dávalos Jiménez, alias ‘Pampo’ desde Colombia habría presionado por  teléfono  al  supuesto deudor, localizando a su familia en Colombia, y después  de  varias  reuniones en Barcelona habrían conseguido pactar el pago, siendo el  importe   en  especie  de  dicha  deuda  aproximadamente  quince  kilogramos  de  cocaína.  Dicha  sustancia  estupefaciente  fue  trasladada  a  Madrid  el 2 de  febrero     por    encargo    de    ‘Oscar’,  mano  derecha           de          ‘Pampo’, siendo  aprehendidos  por la Policía esos quince kilogramos al día siguiente cuando se  procedió  a  practicar  la  detención de la mayor parte de los implicados así  como     entradas     y     registros     en    sus    domicilios”.   

Tales  acontecimientos  -señala  el  auto-  corresponden  a  los  delitos de asesinato, asociación ilícita y uno contra la  salud  pública en su modalidad de tráfico de drogas estupefacientes según los  artículos    139,    515.1    y    517.1    del    Código    Penal   español,  respectivamente.   

2.2.  Copias  de  las  partes pertinentes del  Código  Penal  español contentivas de las normas supuestamente infringidas por  el requerido en extradición.   

3.  Mediante oficio No. DAJI.E. 0078 de enero  18  de  2010  el Ministerio de Relaciones Exteriores conceptuó que “el  Convenio  aplicable  al  presente  caso  es la Convención de  Extradición  de  Reos entre Colombia y el Reino de España, suscrita en Bogotá  el  23  de  julio  de  1892  y  aprobada  por  Ley  35  de  1892  y el Protocolo  Modificativo  del  Convenio  de  Extradición  hecho en Madrid el 16 de marzo de  1999 y aprobado por la ley 876 del 2 de enero de 2004”.   

4. Con oficio de enero 26 del año en curso y  por  encontrar  reunidos los documentos que exige el Convenio aplicable al caso,  el  Ministerio  del Interior y de Justicia remitió a la Corte la documentación  relacionada  con la solicitud de extradición elevada por el Gobierno de España  del   nacional   colombiano   Leonardo  Dávalos  Jiménez  para  que  se  emita  concepto.   

5.  Proveída  la  defensa  del solicitado en  extradición,  se  surtió  el  trámite  pertinente  solicitando aquélla en el  período  de  alegaciones  se emita concepto desfavorable al pedido del Gobierno  de  España  toda  vez  que  -afirma-  de los diversos documentos aportados para  efectos    de    este   trámite   se   advierte   con   claridad   “que  las  presuntas  actividades  delictivas  imputadas al señor  Leonardo  Dávalos  fueron  realizadas  desde  Colombia  lo  que  constituye  un  impedimento para su extradición”.   

Además -sostiene la defensora- en el auto que  fundamenta  la  solicitud  de  extradición  no  se  observa cómo se llega a la  conclusión   de   que   Leonardo   Dávalos  Jiménez  sea  alias  ‘Pampo’,  por ende no se halla establecida su  plena  identidad  y  mientras  eso  suceda  el  requerido  será  sometido  a un  procedimiento  lesivo  del  debido  proceso al no poder controvertir las pruebas  recaudadas  en su contra a juzgar porque la investigación que se le sigue tiene  su origen en noviembre de 2008.   

El  Procurador  Segundo Delegado en lo Penal,  por  su  parte,  demandó  la emisión de concepto favorable toda vez que se han  satisfecho  las  exigencias  contempladas  en  la Convención de Extradición de  Reos  suscrita  entre los Gobiernos de Colombia y España el 23 de julio de 1892  y su protocolo modificatorio de marzo 16 de 1999.   

Así,  en cuanto a la documentación aportada  por  vía  diplomática,  ella  revela  los  hechos que fundamentan el pedido de  extradición,  el  proferimiento  de  decisiones  que  dispusieron  la  prisión  provisional,  búsqueda  y  captura  internacional  del  requerido  y sus señas  personales,  por  manera  que con éstas se satisface además la plena identidad  del  solicitado,  la  que fuera verificada al momento de su captura y con la que  el propio requerido se ha venido presentando en este asunto.   

En  cuanto  hace  al  principio  de  la doble  incriminación  -en  criterio  del  Delegado-  las  conductas  que se imputan al  requerido  se  sancionan  en  España  como  asesinato,  asociación  ilícita y  tráfico  de  estupefacientes,  las  que  igualmente  son  punibles  en  nuestro  ordenamiento  bajo  la  denominación  de  homicidio  agravado,  concierto  para  delinquir  y  tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes, todas ellas  sancionadas   con   pena  mínima  superior  a  un  año  de  privación  de  la  libertad.   

De  otro lado -agrega el Ministerio Público-  no  se  encuentra  constituida causal alguna de improcedencia de la extradición  pues  además  de que por los hechos materia del pedido, Dávalos Jiménez no ha  sido  investigado  en  nuestro  país,  ni  los delitos que se le imputan tienen  carácter político, las acciones no han prescrito.   

En  consecuencia,  en  el  evento  de  que el  concepto  de  la  Corte  sea  favorable a la extradición y el Gobierno Nacional  decida  concederla,  deberá  exigirse que el requerido no sea sometido a juicio  por  delitos  diversos  de  aquéllos que fundaron el requerimiento, ni a tratos  crueles,  inhumanos o degradantes, ni a desaparición forzada, tortura, penas de  destierro,    prisión   perpetua   o   confiscación,   ni   a   la   pena   de  muerte.   

CONSIDERACIONES:   

1. Como de conformidad con el artículo 35 de  la  Constitución Nacional, modificado por el 1º del Acto Legislativo No. 01 de  1997  la  extradición se solicitará, concederá u ofrecerá de acuerdo con los  tratados  públicos  y  en  su  defecto  con  la ley y habiendo el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  precisado  que  “el Convenio  aplicable  al  presente  caso  es  la  Convención de Extradición de Reos entre  Colombia  y  el  Reino  de España, suscrita en Bogotá el 23 de julio de 1892 y  aprobada  por  Ley  35  de  1892  y  el  Protocolo  Modificativo del Convenio de  Extradición  hecho  en  Madrid el 16 de marzo de 1999 y aprobado por la ley 876  del  2 de enero de 2004”, el concepto que de la Corte  se  demanda  en  este  asunto  ha de sujetarse a las condiciones de la precitada  normatividad  internacional  vigente entre España y Colombia, bajo el entendido  además     que     el     referido    Protocolo    Modificativo    aprobado  en  nuestro  país  mediante  la  Ley 876 de 2004 fue con  ésta  declarado  exequible por la Corte Constitucional mediante sentencia C-780  de agosto 18 del mismo año.   

2. En ese orden prevé el artículo I de la  Convención  de  Extradición  celebrada  entre  la  República de Colombia y el  Reino   de   España  que  los  dos  gobiernos  “se  comprometen  a  entregarse  recíprocamente los individuos condenados o acusados  por  los  tribunales  o  autoridades  competentes  de  uno  de  los  dos Estados  contratantes,  como  autores  o cómplices de los delitos o crímenes enumerados  en  el  Artículo  3º  y  que  se  hubieren  refugiado  en  el  territorio  del  otro”.   

A  su  turno  el II dispone que “ninguna  de  las  Partes  contratantes queda obligada a entregar  sus  propios  ciudadanos o nacionales, ni los individuos que en ella se hubieren  naturalizado    antes    de    la    perpetración   del   crimen”.   

Que “ambas partes  se  comprometen,  sin  embargo, a perseguir y juzgar, conforme a sus respectivas  leyes,  los  crímenes o delitos cometidos por nacionales de la una Parte contra  las  leyes  de  la  otra,  mediante  la  oportuna  demanda  de  esta  última  y  con  tal que dichos delitos  o   crímenes   se   hallen   comprendidos  en  la  enumeración  del  Artículo  3º”   y   que   “La  solicitud   será   acompañada,  en  ese  caso,  de  los  objetos,  documentos,  antecedentes,   declaraciones   y   demás   informes  necesarios”.   

Por  su lado el artículo III -reformado por  el  1º  del Protocolo Modificatorio- prescribe que la  extradición  “procederá  con  respecto  a  las  personas a quienes las autoridades judiciales de la Parte  requirente  persiguieren  por algún delito o buscaren para la ejecución de una  pena  privativa  de  libertad  no  inferior  a un (1) año. A este efecto, será  indiferente  el  que las leyes de las Partes clasifiquen o no al  delito en  la  misma  categoría  de  delitos o usen la misma o distinta terminología para  designarlo”.   

Como  contrapartida al anterior el artículo  IV  de la Convención dispone que no habrá lugar a la extradición “cuando  se  pida por un crimen o delito por el cual el individuo  reclamado  sufre o ha sufrido ya la pena, o que ha sido juzgado y absuelto en el  territorio      de     la     otra     Parte     contratante”     o  “si se ha cumplido la prescripción  de  la  acción  o  de  la  pena,  según las leyes del país a quien el reo sea  reclamado”.   

Tampoco -en términos del artículo V- habrá  lugar  a  la extradición por delitos políticos o por hechos conexos con ellos,  ni  el  individuo  cuya extradición se haya concedido podrá ser perseguido, en  ningún  caso,  por  delito  político anterior a la extradición, ni -según el  artículo   VI-   por   crimen   o  delito  perpetrado  con  anterioridad  a  la  ratificación   del  convenio  o  diverso  del  que  haya  motivado  el  pedido.   

Bajo las anteriores restricciones -prescribe  el  artículo  VIII-  la solicitud de extradición ha de presentarse por la vía  diplomática  y  a  ella debe adjuntarse copia autorizada de la sentencia, si se  trata  de  un  criminal condenado y evadido; copia autorizada del mandamiento de  prisión  o  auto  de  proceder o de cualquier otro documento que tenga la misma  fuerza  de  dicho  auto  y  precise  igualmente  los  hechos  denunciados  y  la  disposición  que  les  sea aplicable, cuando se trate de un individuo acusado o  perseguido  y  las  señas  personales  del  reo  o  encausado,  hasta donde sea  posible, para facilitar su búsqueda y arresto.   

Finalmente  y  para  los  efectos  de  este  concepto  prevé  el  artículo  XV  del  Convenio  -modificado  por  el 1º del  Protocolo-   que  “cuando el delito por el que  se  solicita  la  extradición  sea punible con pena de muerte con arreglo a las  leyes  del  Estado  requirente  y  las leyes del Estado requerido no permitan la  imposición  de  tal  sanción, se rehusará la extradición, a menos que, antes  de  concederse  la  extradición, el Estado requirente garantice a satisfacción  del     Estado    requerido    que    no    impondrá    tal    pena”.   

Súmase  a  todas las anteriores condiciones  previstas  en  el  Convenio  la  estipulada  en  el  artículo 2º del Protocolo  Modificatorio,   según  la  cual  “los  documentos  presentados  con  las  solicitudes  de extradición que por vía diplomática se  tramiten,  en  virtud  de  la Convención de Extradición suscrita entre los dos  países,   estarán   exentos   del  requisito  de  legalización”.   

3. Corresponde entonces a la Sala en aras de  la  emisión  del  concepto  que  en  estos  asuntos  le  concierne verificar el  cumplimiento   de  las  anteriores  condiciones  en  torno  a  la  solicitud  de extradición que el Reino de  España   hace   del  ciudadano  colombiano  Leonardo  Dávalos Jiménez, así:   

3.1. Documentación  necesaria:   

Satisfecha se halla la exigencia prevista en  el  artículo  VIII  de la Convención de Extradición suscrita entre Colombia y  el  Reino  de  España  toda  vez  que  la  solicitud fue presentada por la vía  diplomática  y así formalizada ante el Ministerio de Relaciones Exteriores por  parte de la Embajada de España en Colombia.   

Establecido en consecuencia por ese medio que  contra  Leonardo  Dávalos  Jiménez fue acordada en auto de noviembre 5 de 2008  por  el  Juzgado  de  Instrucción  No.  1  de Valdemoro (Madrid), su búsqueda,  captura  y  detención, así como su prisión en auto del pasado 20 de noviembre  de  2009  por  los  delitos  de  asesinato,  asociación  ilícita y tráfico de  estupefacientes,  se adjuntó por consiguiente la documentación referida en los  ordinales  2º  y  3º del citado precepto, esto es copia auténtica del auto de  prisión  dictado  por el Juzgado en cita donde se precisan los hechos objeto de  investigación  -ya  transcritos- y las normas que del país requirente resultan  aplicables.   

Se  precisa  además  en  la  documentación  enviada  que  el  procesado es de nacionalidad colombiana, responde al nombre de  Leonardo Dávalos Jiménez,  nacido   el   22  de  noviembre  de  1960       en       Bolívar-Valle,  hijo  de  Leonardo  y  Evangelina  y  se  identifica con la  cédula  de  ciudadanía  No. 94.307.320, datos  que  con  suficiencia  permitieron  a  las  autoridades  colombianas  la constatación de  su identidad, por      lo     que     así  se acredita el requisito contenido  en  el  numeral  3º  del  precitado  artículo VIII de la Convención más aún  cuando  la  exigencia  allí  contenida  se  limita  a  que el Estado requirente  entregue   “las   señas   personales  del  reo  o  encausado,    hasta   donde   sea   posible,   para   facilitar   su   busca   y  arresto”.   

Toda  la  anterior documentación presentada  por  vía  diplomática se halla exenta del requisito de legalización, conforme  lo  dispone  el  artículo segundo del Protocolo Modificatorio de la Convención  de  Extradición suscrita entre la República de Colombia y el Reino de España.   

3.2.          Identificación del requerido en extradición.   

Colígese  de  lo  aportado que el ciudadano  Colombiano   Leonardo  Dávalos  Jiménez  nacido  el 22  de  noviembre  de  1960 en  Bolívar-Valle,    hijo    de    Leonardo   y  Evangelina   e  identificado  con  la  cédula  No.  94.307.320  corresponde a la persona en contra de la  cual  se  dispuso en autos  de   noviembre   5   de  2008  y  noviembre  20  de  2009  proferidos  por el  Juzgado    de    Instrucción   No.   1   de   Valdemoro(Madrid),   su  búsqueda,  captura,  detención y  prisión      dentro      del      sumario      2/08     y  a  quien  igualmente  hacen  referencia  las notas verbales por  medio   de  las  cuales  se  ha  solicitado  su  extradición,  sin  que  en  la  determinación       de       esta       exigencia      incida      el  cuestionamiento  defensivo  acerca  de que en el auto de prisión no se advierte  la  forma  de  cómo  se  llegó  a la conclusión de que Dávalos Jiménez   sea   alias   ‘Pampo’,      pues      lo  relevante  en  tal sentido es que el Reino de España solicitó  la  extradición  de un nacional colombiano que identificó con aquellos datos y  que  los mismos corresponden a quien hoy se encuentra privado de su libertad con  ocasión  de  este trámite, elementos que además de  verificarse  al momento de su aprehensión han venido  siendo  suministrados por el propio requerido en esta actuación y que en manera  alguna ha cuestionado.   

No  existe  por ende duda alguna acerca de la  identidad del solicitado.   

3.3. Delitos por  los  que  se  demanda la  extradición.   

Como  quiera  que  de  conformidad  con  el  Convenio  aplicable al caso -artículo III, modificado por el 1º del Protocolo-  la  extradición pedida es  procedente  cuando  la  persona  requerida  es  perseguida  por  algún delito o  buscada  para  la  ejecución de una pena privativa de la libertad no inferior a  un  año para cuyo efecto “será indiferente el que  las  leyes  de  las  Partes clasifiquen o no al delito en la misma categoría de  delitos  o usen la misma o distinta terminología para designarlo”    y    los    hechos    que    se    imputan   al   nacional    se    relacionan    con  su     pertenencia  a  una organización delictiva que además de traficar  estupefacientes  mató  a  una  persona,  conductas  que en el ámbito legal del  país  requirente  se tipifican como punibles de asesinato, asociación ilícita  y    tráfico   de   estupefacientes   previstos y  sancionados  respectivamente     en     los    artículos         139,   515  y    368     del     Código    Penal       español,   resulta  incuestionable   que  todas  ellas  se  hallan  igualmente  punidas  en  nuestro  ordenamiento      a     través     de     los     artículos     104,   340  y     376     del    Código    Penal.   

Dado  el principio de doble incriminación,  la  procedencia  de  la extradición no se satisface sin embargo con el hecho de  que  en ambos países las conductas imputadas sean delitos, pues en este caso el  Protocolo  Modificativo  condiciona  el  mecanismo  además  a  que ellas tengan  sanción  mínima  de  un  año de prisión, sanción que ha de mirarse desde el  ordenamiento  del Estado requirente por indicar el artículo 3 de aquel convenio  que  la extradición “procederá con respecto a las  personas   a   quienes   las  autoridades  judiciales  de  la  Parte  requirente  persiguieren  por  algún  delito  o  buscaren  para  la  ejecución de una pena  privativa de libertad no inferior a un (1) año”.   

La interpretación de dicho precepto implica  entonces  que  las penas a tener en cuenta para estos efectos de procedencia son  las  establecidas  en  el Estado requirente, por manera que miradas ellas en las  normas  que  se  dicen  infringidas  en  España  el mecanismo se hace viable en  relación  con todos los punibles en cuyo respecto se  ha     acordado     la     prisión    del    nacional    colombiano.   

El pedido se hace en consecuencia procedente  por  razón  del  quantum punitivo y de la doble incriminación en relación con  los  punibles referidos  que además -como lo releva  el  Ministerio  Público-  no  corresponden  a  delitos políticos o conexos con  éstos,  tampoco  existe  constancia  en la actuación de que el requerido en extradición haya cumplido o  esté  cumpliendo  pena  en  Colombia  por  los  delitos  que motivan  la solicitud, o haya sido juzgado y  absuelto   en   este  país  por  dichas          conductas.   

Y           disponiendo  el  artículo  IV  de  la  Convención  que no habrá lugar a la extradición -entre  otras   hipótesis-   “si   se   ha  cumplido  la  prescripción  de la acción o de la pena, según las leyes del país a quien el  reo  sea  reclamado”,  situación  que remite a la  legislación  del  Estado  requerido  y  de  acuerdo  con  la  cual  habría  de  determinarse   en  este  caso  el  fenómeno  de  la  prescripción   de  la  acción,  tiénese  que  tal  fenómeno  no  se  ha producido en relación con ninguno de los punibles materia  del  pedido,  dada  la  fecha  de  su  comisión  y los máximos de pena con que  nuestro ordenamiento los sanciona.   

Por  ende  el  mecanismo    se    hace    viable    respecto   a   los   delitos   señalados  por  la autoridad foránea,  más   aún  cuando  en  frente  de  los  mismos  ninguna  de  las  causales  de  improcedencia  de  la  extradición  previstas  en  los  artículos IV y V de la  Convención  se  halla constituida, ni tampoco limitante alguna que pueda surgir  de  la  interpretación  del  artículo  II  toda  vez  que a pesar de que éste  señala  que  “Ninguna  de las Partes contratantes  queda  obligada  a  entregar  sus propios ciudadanos o nacionales”,  es lo cierto que el instrumento internacional no prohíbe a las  Partes  contratantes  la  extradición  de  sus propios ciudadanos o nacionales,  sino  que  prevé  simplemente  la  posibilidad de negarse a concederla por esta  causa  de  manera  que  cuando  ello suceda, “ambas  partes,  se  comprometen,  sin  embargo,  a  perseguir  y juzgar, conforme a sus  respectivas  leyes,  los  crímenes o delitos cometidos por nacionales de la una  Parte  contra  las  leyes  de  la  otra,  mediante  la  oportuna demanda de esta  última,  y  con tal que dichos delitos o crímenes  se hallen comprendidos  en la enumeración del Artículo 3º”.   

Tampoco puede entenderse constituida causal  de  improcedencia  bajo  la  argumentación  de  la  defensa  según  la cual la  documentación  adjuntada  permite  observar que la conducta imputada a Dávalos  Jiménez  fue cometida desde Colombia, pues la propia  expresión  utilizada  por  la apoderada da la idea de que bajo la teoría de la  ubicuidad  los  hechos se cometieron en España, así el requerido, en términos  de los autos adjuntados, haya dado las órdenes desde Colombia.   

En las anteriores condiciones el concepto de  la  Sala  ha de ser favorable a la extradición del nacional colombiano Leonardo  Dávalos  Jiménez  por  los tres delitos mencionados, sin dejar de advertir que  atañe  al  Gobierno  Nacional,  si  en  ejercicio  de su competencia lo estima,  subordinar  la  concesión  de  la  extradición  a las exigencias que considere  oportunas,  demandando  en todo caso que el solicitado no vaya a ser juzgado por  un  hecho  anterior,  ni  diverso  del que motiva la extradición, ni sometido a  penas  o  tratos  crueles  inhumanos o degradantes, ni a las penas de destierro,  prisión  perpetua  o  confiscación  y si la legislación del Estado requirente  sanciona  con  la  muerte  el  injusto que motiva la extradición, la entrega se  hará  bajo  la condición de que tal pena sea conmutada tal como lo prevén los  artículos  512 del Código de Procedimiento Penal, VI y XV de la Convención de  Extradición  celebrada el 23 de julio de 1892 entre la República de Colombia y  el  Reino de España y el Protocolo Modificatorio hecho en Madrid el 16 de marzo  de 1999.   

Adicionalmente  la  Corte  condicionará  el  concepto  que  ahora  rinde a que el Presidente de la República en ejercicio de  sus  deberes  constitucionales  y  de  la  función  de  dirigir  las relaciones  internacionales,  disponga  lo  necesario  para  que  el servicio exterior de la  República  realice  un  detallado  seguimiento  a  los  condicionamientos antes  referidos  y  a  que  advierta al Estado requirente que la persona solicitada en  extradición   ha   permanecido   privada   de   libertad  por  virtud  de  este  trámite.   

El   Gobierno   Nacional   debe,   además,  condicionar  la entrega de Leonardo Dávalos Jiménez a que se le respeten -como  a  cualquier  otro  nacional  en  las  mismas  condiciones- todas las garantías  debidas  a  su condición de justiciable, en particular, a que tenga acceso a un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se presuma su inocencia,  a  que  tenga un defensor designado por él o por el Estado, a que se le conceda  el  tiempo  y  los  medios  adecuados  para  que prepare la defensa, a presentar  pruebas  y  controvertir las que se aduzcan en su contra, a que su situación de  privación  de  la  libertad  se  desarrolle  en  condiciones  dignas,  a que la  eventual  pena  que se le imponga no trascienda de su persona, a que la sanción  pueda  ser  apelada  ante  un  tribunal  superior, a que la pena privativa de la  libertad   tenga  la  finalidad  esencial  de  reforma  y  readaptación  social  (Artículos  29  de  la  Carta;  9 y 10 de la Declaración Universal de Derechos  Humanos;  5-3.6,  7-2.5,8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos;  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional de Derechos Civiles y Políticos).   

A  la  par,  el  gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades  racionales  y  reales para que el eventual  extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con  sus familiares más cercanos,  habida  cuenta  que  la Constitución de 1991, en su artículo 42, reconoce a la  familia  como  núcleo  esencial  de  la  sociedad,  garantiza  su protección y  reconoce  su honra, dignidad e intimidad, lo cual se refuerza con la protección  adicional  que  a ese núcleo le otorgan la Convención Americana sobre Derechos  Humanos   (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos (artículo 23).   

Esto   en   cumplimiento  de  su  deber  de  protección  a  las  garantías  y derechos del nacional colombiano entregado en  extradición,  por  cuanto  es  misión  del  Estado,  por  medio del ámbito de  competencias  de los órganos respectivos, vigilar que en el país reclamante se  respeten  las  mencionadas condiciones (artículo 9 y 226 de la Carta). Así, en  primer   orden,  a  través  del  cuerpo  diplomático,  en  concreto,  por  las  diferentes  oficinas  consulares,  con  apoyo  de la Procuraduría General de la  Nación  (artículo  277  de  la  Constitución)  y de la Defensoría del Pueblo  (artículo  282  ibídem),  de  lo  cual,  además,  habrá  de  darse  informes  periódicos  a  la  Corte,  en  virtud  del principio de colaboración armónica  entre  los  diferentes Poderes Públicos (artículo 113 de la Carta), con el fin  de  que  todos  los  estamentos  con  injerencia  en el tema tengan elementos de  juicio  que  les  permitan sopesar la conveniencia de privilegiar jurisdicciones  foráneas frente a la interna.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, CONCEPTÚA FAVORABLEMENTE   a   la   extradición  del  ciudadano  colombiano  LEONARDO  DÁVALOS  JIMÉNEZ solicitada  al  Gobierno  de  Colombia  por el Reino de   España,   en  relación  con  los  delitos  de  asesinato,      asociación     ilícita     y     tráfico     de  estupefacientes  a  que  hace  referencia el auto de  prisión  dictado  por  el Juzgado de Instrucción No. 1 de Valdemoro (Madrid)  el 20 de noviembre de 2009.   

Por  la  Secretaría  de  la Sala comunicar  este    concepto   al  requerido   LEONARDO  DÁVALOS  JIMÉNEZ,  a  su  defensora, al Agente del Ministerio Público y al Fiscal  General de la Nación para lo de su cargo.   

Devolver  el  expediente  al Ministerio del  Interior y de Justicia para los trámites subsiguientes.   

         

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ           SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA            JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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