33697(16-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33697  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado Acta N°187   

Bogotá, D. C., dieciséis  (16) de junio de dos mil diez (2010).   

VISTOS:  

Procede   la  Sala  a  resolver  sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora del  procesado  Andrés  Fernando  García, contra la sentencia del Tribunal Superior  de  Cali  que revocó la proferida por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de  esa  ciudad,  y  en  su  lugar  se  le  condenó  como coautor de los delitos de  homicidio  agravado, tentativa de homicidio agravado, y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.- Los primeros fueron tratados en el fallo  impugnado  de  la siguiente  manera:   

Se tiene conocimiento que el día 14 de mayo  de  2005,  en  horas de la tarde se desplazaba el señor Duberney Toro Quintero,  en  compañía de Jhon Jairo Carmona Martínez, Norberto Ayala y la menor Girley  Andrea  Toro,  por  el  sector  de  la  calle 9ª entre carreras 6ª y 7ª de la  ciudad   de   Yumbo,   cuando   fueron   interceptados   por  otro  vehículo  y  sorpresivamente  atacados  con  armas  de fuego, deviniendo como consecuencia de  ello  la  muerte  del  primero de los nombrados y heridos los restantes, de esos  hechos  se  acusa  a  título  de  autores  materiales  a Jimmy Balanta Gómez y  Andrés Fernando García.   

2.-  Abierta la  investigación  y  vinculados  mediante  indagatoria  Andrés  Fernando García,  Jimmy  Balanta  Gómez, Carlos Alberto Ramos Bedoya, José Guillermo Soto Reina,  Víctor  Fabian  Vallejo Domínguez, Cristian David Reyes Vallejo, Eider Velasco  Perdomo,  Richard  Rojas  López,  Juan  Camilo  Gómez  Parra, Carolina Pereira  Camacho,  José  Germán  Velasco  Varona, César Augusto Velasco Chávez, José  Guillermo  Reina  Soto,  Cecilia  Gómez  Marín,  Alejandro Saavedra Lasprilla,  Alfredo  Emilio  Sánchez  Carabalí,  y Jhon Maicoln González, la Fiscalía 11  Delegada  Seccional  de Cali mediante resolución del 26 de mayo de 2005 dispuso  contra  los  cuatro  primeros  medida de aseguramiento consistente en detención  preventiva  sin  derecho  a libertad provisional, como coautor de los delitos de  homicidio  agravado,  tentativa de homicidio agravado y porte ilegal de armas, y  se abstuvo de imponerla a los restantes.   

3.-  El  15 de julio siguiente, ese despacho  modificó  de  manera  parcial  la resolución en cita, y en su lugar otorgó la  libertad  a  Carlos  Alberto  Ramos  Bedoya  e  impuso  medida  de aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva  a  Cristian David Reyes Vallejo por las  conductas punibles referidas.   

4.-  Cerrada  la  instrucción,  la  misma  Fiscalía  el  31  de  marzo  de 2006 profirió resolución de acusación contra  Jimmy  Balanta  Gómez  y  Andrés  Fernando García, por las conductas punibles  atribuidas  al momento de la definición de situación jurídica, y precluyó la  investigación  a  favor de Cristian David Reyes Vallejo y José Guillermo Reina  Soto,  y  de  las  otras  personas  que  se  vincularon,  decisión que alcanzó  ejecutoria  el  24  de  abril de 2006, toda vez que los sujetos procesales no la  impugnaron.   

5.- Correspondió al Juzgado Séxto Penal del  Circuito  de  Cali  ciudad  adelantar  el  juicio  y  celebrada  la audiencia de  juzgamiento,  el  10  de  noviembre  de  2006 absolvió a Jimmy Balanta Gómez y  Andrés Fernando García de las conductas punibles referidas.   

6.-  La providencia anterior fue apelada por  el  Ministerio  Público,  y  el Tribunal Superior de Cali el 7 de septiembre de  2009  la  revocó.  En  su  lugar  les  condenó  a  las  penas de cuatrocientos  cincuenta  y  seis  (456)  meses  de  prisión, inhabilidad para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  tiempo igual, y les negó la suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena como coautores de los delitos en cita,  fallo que fue objeto del recurso de casación.   

LA DEMANDA:  

1.-  Al  amparo de la causal primera (cuerpo  segundo)  del  artículo  207  de  la  ley  600 de 2000, la defensora de Andrés  Fernando  García  formuló  una  censura en  la que acusó al Tribunal de incurrir en error de hecho derivado  de  falso  raciocinio en la apreciación de algunas pruebas, lo que condujo a la  falta de aplicación de la duda probatoria.   

Adujo  que  el  ad  quem se introdujo en las  siguientes  falencias: (i).- acudió a una personalísima ideación acerca de lo  que  pudo  ocurrir  en  ese  “acaecer  cruento  de incuestionable gravedad”,  (ii).-  otorgó  credibilidad  al  testimonio único de cargo Jhon Jairo Carmona  Martínez   quien   además   de   retractarse   se   contradijo  a  través  de  “manifestaciones  inveraces”  que  resquebrajaron su veracidad, (iii).- hizo  “concreciones  directas”  producto  de “creencias falsas” para sustentar  la  responsabilidad penal, y (iv).- valoró como indicios graves situaciones que  no tienen esa condición.   

1.1.-  Afirmó  que  Carmona  Martínez  incurrió  en  mentiras  a través de manifestaciones que se descartaron, cuando  afirmó  que  además  de  los  aquí  procesados, también, participaron cuatro  personas  que  se  transportaban  en  dos  motos,  hecho  complementario que fue  producto de su imaginación, toda vez que eso no ocurrió.   

1.2.- Expresó que el Tribunal otorgó fuerza  probatoria  a  un  testimonio falso que no tenía la “posibilidad de acreditar  ante  la justicia la identidad de los homicidas”. Adujo que en el plano de las  posibilidades  es  dable  plantear  que Andrés Fernando García y Jimmy Balanta  Gómez  pudieron  ser  coautores  de los hechos, ejercicio que de igual es dable  efectuar  respecto  de  otras  personas,  pero que eso no se probó, máxime que  Carmona  Martínez se retractó de lo dicho en forma inicial y adujo que lo hizo  “porque  unos  agentes  de  policía  le  pagaron  para  que  declarara de esa  forma”,  cambios  de  sentido  y ambivalencias de los que no surge la certeza,  pues  no es dable determinar en que momentos fue veraz el testigo, ni en cuáles  oportunidades  sus  manifestaciones coincidieron con la verdad o se apartaron de  ella,   de   lo   cual   surge   el   in  dubio  pro  reo.   

1.3.-  Adujo  que la segunda instancia optó  por  recordar  de  manera  azarosa  una  selección  de los relatos mentirosos y  contradictorios  del  testigo  en  cita, y desechó en forma arbitraria aquellos  apartes  que  evidenciaban  la  liviandad  de  lo dicho por éste, ejercicio que  constituye  un  falso  raciocinio,  falencia que, además, se concretó al “no  oír las razones del juez de primera instancia”.   

1.4.-  Manifestó  que  la  sentencia  está  viciada  porque  otorgó  a  unos  indicios  la  condición de graves de la cual  carecen,  circunstancia  que  se  pone de presente cuando el Tribunal consideró  que  el  móvil  del  homicidio  de  Duberney  Toro Quintero fue una “supuesta  divergencia  por  asuntos  amorosos” entre éste y Jimmy Balanta Gómez, quien  “había  intentado  quitarle una novia a Toro Quintero”, deducción que a su  juicio  es “descabellada” toda vez que ese enfrentamiento “de faldas” no  fue  motivo  de  referencia  por parte de Verónica Zapata (novia del occiso) ni  por Norberto Ayala, personas que debieron conocer del tema.   

1.5.-  Planteó  que  existe  una disparidad  entre  lo  que  las  pruebas  acreditan  y  lo  que  el  Tribunal dijo que ellas  expresaban,  defecto  mediante el cual “se echaron por la borda” elementales  principios  se  sentido  común,  máximas de la experiencia y reglas de la sana  crítica,  que de haberse tenido en cuenta habían conducido a absolver por duda  a  Andrés  Fernando  García  toda  vez que en la actuación no se consolida la  certeza.   

Por lo anterior, solicitó a la Sala casar la  sentencia  y  en  su reemplazo proferir una de carácter absolutorio a favor del  acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.-  El  recurso extraordinario de casación  entendido  como  control  de  constitucionalidad  y  legalidad de las sentencias  proferidas  en  segundo  grado  se  halla  des-formalizado  en lo relativo a las  exigencias   rigurosas  de  debida  técnica  que  en  el  pasado  inmediato  se  demandaban,  a las que en el presente no se les debe otorgar preponderancia pues  ello  implicaría  contrariar  el  principio constitucional de prevalencia de lo  sustancial  sobre  lo  formal,  en  la medida que los controles de referencia no  recaen  sobre  lo  formalmente  demandado  sino  sobre  el  proceso  en sí y lo  sustancialmente decidido en las instancias.   

El anterior postulado se debe hacer extensivo  incluso  para  las  impugnaciones  que  se  efectúen  contra  las sentencias de  segundo   grado  proferidas  en  vigencia  de  la  Ley  600  de  2000,  pero  la  des-formalización  no  convierte  a la casación penal en una tercera instancia  para  prolongar  en  libre discurso los debates dados en los fallos de instancia  sobre  unas  presuntas  violaciones  indirectas  derivadas  de falsos juicios de  raciocinio  y  falta de aplicación de la duda, aspectos que de manera genérica  pero  nada concreta se enunciaron en la demanda sin ninguna trascendencia en las  disposiciones del fallo impugnado.   

En  esta  sede extraordinaria a efecto de la  prosperidad  de  los  cargos antes que exigencias formales de debida técnica lo  que  se demandan son requerimientos lógicos y jurídicos que sean desarrollados  con  razones  suficientes  en la finalidad de evidenciar a la Corte con efectiva  trascendencia   sustancial   que   la   declaración   de   justicia  objeto  de  impugnación,  la  cual  llega  a  esta  sede  extraordinaria  amparada  por los  principios  de presunción de acierto y legalidad, se fundó en errores de hecho  o  de  derecho  manifiestos o se profirió al interior de un J.C. io viciado por  irregularidades  que afectaron la estructura o la garantía del debido proceso o  del  derecho  de  defensa,  errores  in  iudicando  o  in  procedendo claramente  diferenciados  en  sus  realidades  y  alcances  que reclaman el correspondiente  control  legal  o  constitucional  y  los  necesarios correctivos sustanciales o  procesales de que se trate.   

2.-  Por  tanto,  cuando  en  la  demanda de  casación   se    omiten  las  exigencias  relacionadas  con  una  adecuada  formulación  del  cargo  y se deja de señalar con claridad y precisión debida  sus  fundamentos o cuando lo acusado se queda en el plano de los enunciados como  aquí  ha ocurrido sin demostración ni incidencias reales de infirmación ni de  mutación   total  o  parcial  de  lo  resuelto  en  la  segunda  instancia,  la  consecuencia  procesal  inmediata  no  puede  ser otra que la inadmisión según  así lo estatuye el artículo 213  de la Ley 600 de 2000.   

3.-  Las siguientes son las falencias que se  advierten  en  la  impugnación  presentada por la defensora de Andrés Fernando  García.   

3.1.- Desacierta la casacionista al plantear  de  manera  genérica  que el Tribunal incurrió en falencias de hecho derivados  de falso raciocinio. En efecto:   

Desde  la  perspectiva  de  las  exigencias  lógico-jurídicas  sustanciales dirigidas a socavar en forma total o parcial lo  resuelto  en  las  instancias,  debe  insistirse  que  las  impugnaciones que en  casación  penal  se  efectúen  por la modalidad del error referido, el cual se  materializa  por  la violación que efectúan los juzgadores a los postulados de  la  sana crítica, no pueden quedarse en el plano de lo enunciativo como en este  cargo     único    ha  ocurrido.   

La  sana  crítica  se  identifica  con  los  ejercicios  de  verificabilidad  del  conocimiento  hacia  la aprehensión de la  verdad,  proceso  en  el que los jueces deberán ser respetuosos de las máximas  generales  de  experiencia,  leyes  de  la  lógica  o  de la ciencia que al ser  correctamente  aplicadas  permiten  efectuar  inferencias  acertadas,  llegar  a  conclusiones  y  otorgar  credibilidad  a  los  distintos  medios de convicción  habida    razón    de    la    verosimilitud    de    los    mismos.   

Tratándose  de  esta  clase  de censura, es  decir,  de  los errores de hecho derivados de falsos raciocinios, corresponde al  casacionista  no quedarse en meras afirmaciones pregonando genéricamente que se  violaron  las  reglas  de  la  sana crítica, sino que por el contrario se torna  obligatorio  identificar  con  puntualidad  si  la trasgresión se dio de manera  específica  en  una  máxima  de experiencia, en una ley de la lógica formal o  dialéctica,  en  una  ley  de la ciencia y determinarla, además penetrar en la  incidencia  de  dichos errores en las disposiciones de la decisión, demostrando  que  de  no  haber  ocurrido  dichas  falencias  valorativas otro habría sido o  podido  ser  el  sentido  de  lo  sustancialmente  decidido,  aspectos estos que  omitió  la  casacionista  quien se limitó en su discurso a descalificar que en  la   sentencia  se  “otorgó  credibilidad  a  un  testigo  mentiroso  que  se  retractó,  la segunda instancia seleccionó de manera azarosa relatos falaces y  contradictorios  del  testigo único, y se otorgó a unos indicios la condición  de  graves  de  la  cual carecen”, pero para nada se ocupó en demostrar dicho  vicio  in iudicando ni menos en evidenciar su trascendencia en lo resuelto en el  fallo impugnado.   

3.2.-  En  lo  que corresponde al inexistente  error  de  raciocinio  por  haberse  otorgado fuerza probatoria al testimonio de  Jhon          Jairo          Carmona  Martínez  quien  se  retractó  de las afirmaciones   incriminatorias   que   en   forma   inicial   expresó  contra  Andrés  Fernando García y  el         otro         procesado, debe tenerse en cuenta lo que la Corte  ha dicho:   

En  las  sentencias  de  casación del 9 de  noviembre  de 1994 (Radicado. 8.887), del 25 de mayo de 1999 (Radicado. 12.855),  del  4  de abril de 2003 (Radicado. 14.636), del 27 de julio de 2006 (Radicados:  25.5031   

y 24.679); esta Sala viene disciplinando:   

La     retractación     no  es  por  sí  misma  una  causal  que  destruya de inmediato lo  sostenido  por el testigo en sus afirmaciones precedentes. En esta materia, como  en  todo  lo  que  atañe a la credibilidad del testimonio, hay que emprender un  trabajo  analítico,  de comparación, a fin de establecer en cuál momento dijo  el  declarante  la  verdad  en  sus  opuestas versiones. Quien se retracta de su  dicho  ha  de tener un motivo para hacerlo, y este motivo debe ser apreciado por  el  Juez,  para  determinar  si  lo  manifestado  por  el testigo es verosímil,  obrando  en  consonancia  con las demás comprobaciones del proceso (….) si el  testigo  varía el contenido de una declaración en una intervención posterior,  o  se  retracta  de  lo dicho, ello en manera alguna traduce que la totalidad de  sus  afirmaciones deben ser descartadas. No se trata de una regla de la lógica,  la  ciencia  o  la  experiencia,  en  consecuencia,  que cuando un declarante se  retracta,  todo  lo  dicho  en  sus  distintas  intervenciones  pierda  eficacia  demostrativa…”   

En una nueva decisión del 21 de febrero de  2007 (Radicado. 23.164), la Corte afirmó:   

De  acuerdo  con  el  sistema  racional  de  apreciación   probatoria,   la   retractación   por  sí  sola  no  anula  las  afirmaciones  que  en  apariciones  procesales  precedentes  haya  realizado  el  atestante,  por  el contrario, es necesaria una exigencia valorativa adicional a  fin de comparar o cotejar sus contradicciones.   

Las  reglas mínimas de las Naciones Unidas  para  la  Administración  de  la  Justicia  Penal, en lo que respecta al juicio  establece  en  el numeral tercero del principio trigésimo tercero que: “En el  ejercicio  de  la  libertad  de  apreciación  de  la  prueba  los jueces en los  supuestos  de  testigos de referencia; declaración de  arrepentidos  y  situaciones  análogas,  tendrán en  cuenta  que  sólo  con otras pruebas corroboradoras de tales testimonios podrá  dictarse sentencia condenatoria” (Realce ajeno al texto).   

En  consecuencia,  como  la  retractación  se encuentra íntimamente  ligada  a  la  valoración  ponderada  del testimonio, su análisis no puede ser  aislado  o  apartado  del mismo, por el contrario, es una dualidad de expresión  donde  siempre  habrá  una  versión  que se opone, enfrenta o contradice otra.   

Los  funcionarios  que administran justicia  deben  seleccionar  –si a  ello   hay   lugar-   una   de   las   dos   o   excluirlas  ambas  –según   el   caso-,   pero  no  por  capricho,  tozudez o aquiescencia evidente con alguna; se requiere, entonces, un  proceso  de  cotejo  entre  ellas,  el  estudio  detallado  de las explicaciones  presentadas  en  cada  una  con el fin de imprimirle certeza o incertidumbre, el  análisis  de  los  motivos obligatorios o voluntarios para haberla rendido, las  razones  que  lo  llevaron  a  cambiar  diametralmente  de parecer, junto con la  observación   del   tiempo   transcurrido   entre  ellas  y,  el  descarte,  de  incoherencias  sustanciales  en  la versión que se acogerá, pues cuando existe  choque   de   aserciones,   es  deber  de  la  colegiatura  sopesar  los  medios  testimoniales  bajo  una  hermenéutica  individual  y  de  conjunto,  a  fin de  difundir  credibilidad  o  no  a  alguna  de  las  dos  declaraciones  o quizás  desecharlas,  si ninguna se aviene con los hechos jurídicamente relevantes y el  plexo  probatorio en general, pero siempre con fundamento en el estudio racional  del  testimonio,  relevado  por  los  criterios de la sana crítica.     

Por  tanto,  jamás  podrá  ser fundamento  incontrovertible,  ni  menos  aún  se puede pensar que quien revoca, invalida o  rescinde  su  dicción,  plasma  la  verdad real en su novísima versión y, por  sustracción  de  materia,  debe creérsele  contra cualquier contingencia,  para  de  contera, eliminarle, suprimirle o prescindir su anterior declaración;  tal  proceder   jamás  será  una  regla  de  la  lógica, postulado de la  ciencia,  pauta de la experiencia o del sentido común, para concluir que cuando  una  persona  se  retracta,  todo  lo  expresado en sus diversas manifestaciones  cognoscentes  pierda  validez  o  eficacia  probatoria.  Deberá,  por lo tanto,  campear  un  discernimiento  judicial  objetivo  y  puntual,  extractado  de los  diversos  medios,  a  fin de determinar con cuál de ellos concuerda, coincide y  se      aviene     la     realidad     procesal,     excluyendo     –como    es    natural-    aquellas  circunstancias     o     aspectos     divergentes2.     

De otra parte, se advierte que la exclusión  de    la   retractación   que   hizo   Jhon   Jairo  Carmona Martínez por parte  del  Tribunal  no  fue un ejercicio tozudo, arbitrario  ni   caprichoso   a   su  antojo,      por     el     contrario,    se    fundamentó   con   razones  suficientes,               así:   

Lo    declarado    por    Jhon  Jairo  Carmona  Martínez, no puede  ser  desechado  simplemente  porque en posterior oportunidad cambiara su inicial  versión   y   la   acomodara  a  circunstancias  que  en  su  contenido  riñen  ostensiblemente  con  lo  primigeniamente  informado,  sustentando para hacer su  modificación  el  hecho  que fue sobornado con la suma de dos millones de pesos  por  parte  de los agentes captores para que declarara en contra de Jimmy     Balanta     Gómez    y  Andrés  Fernando  García,  evento    que   obviamente   es   negado   por   los   policiales   Manuel   Geovany   Pérez,  Franklin  Auseche  Narváez, amen, de no  encontrarse  una  armonía  en  la razón de éste ofrecimiento, adversamente lo  que  se  evidencia  claro  en  su  justificación  es  la  amenaza de la que fue  víctima    el    propio    Jhon    Jairo   Carmona  Martínez,  la  que en su momento se efectivizó pero  que   afortunadamente   salió   bien   librado  de  ella,  tanto  física  como  jurídicamente   al   ser   absuelto  por  haber  obrado  en  legítima  defensa  (…)   

De   esta   manera,   encuentra  la  Sala  explicación  a  la  razón  por  la  que  Jhon Jairo  Carmona  Martínez decidió retractarse del contenido  de  las  dos  versiones  iniciales,  denuncio  y  ampliación  del  mismo, donde  señalaba   a   Jimmy   Balanta   Gómez  y  otro  compinche como los autores del homicidio, que no es otra  que  el  miedo  a  la  amenazas  provenientes  de éste sujeto, las cuales ya se  habían  concretado cuando fue atacado por un individuo a quien se vio precisado  darle  muerte  y  por  el  que  se  adelantó  el  proceso  referido en acápite  anterior.   

Para  la  Colegiatura  como  se  dijera en  acápites  anteriores, no hay duda alguna sobre la base de un trabajo analítico  y  objetivo  que  el  declarante  Jhon  Jairo Carmona  Martínez  dijo  la verdad en su primera versión, la  cual  obra  en  congruencia  con  otras pruebas que unidas son demostrativas con  fuerza  de rigor en cuanto a la responsabilidad penal de los comprometidos, pues  si  no  fuese  así, por qué razón en el instante que se cometió el atentado,  Jhon    Jairo    Carmona    Martínez,   al   verse   herido  le  dice  a  su  compañero  de  infortunio  Norberto  Ayala según las  propias  palabras  de  éste  y  específicamente  interrogado con respecto a la  identificación  de  sus  atacantes afirma: “no las vi., solo que Jhon   Jairo  Carmona  Martínez  cuando  estábamos     heridos     desde     el     carro     me    dijo    Gary,  en caso de que yo me muera fueron  ese    h.p.    de    Balanta   y   Precoz,  esas fueron las palabras que me dijo  Jhon     Jairo    Carmona    Martínez,  yo  cogí  la  niña y me la llevé para el hospital.   

         De  lo  así  trascrito  se advierte sin  dificultan  que  ningún  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  emerge de la  valoración  que  se  le  dio  al  testimonio en cita, y que por el contrario la  fuerza   probatoria  del  mismo  tenía  entidad  suficiente  para  soportar  la  decisión de condena objeto de impugnación.   

3.3.- En  igual  sentido, se observa que la casacionista al desarrollar la  censura  en  comento,  planteó que el Tribunal otorgó la calidad de grave a un  indicio  que  no  tiene esa condición, en especial, cuando puso de presente que  el  móvil  del  homicidio  de  Toro  Quintero fue una divergencia entre éste y  Balanta Gómez por temas amorosos.   

Al respecto, sin esfuerzos, se advierte que  los  argumentos  los presentó de manera por demás escasa en libre discurso, al  estilo  de  memorial  de  instancia  y  sin  ninguna trascendencia mutante en lo  decidido por el ad quem.   

En   efecto,   cuando   se  trata  de  la  impugnación  de indicios en casación penal como lo ha planteado la recurrente,  la Corte, entre otros pronunciamientos, ha dicho:   

El  indicio  es  un  medio  de  prueba que  permite  el  conocimiento  indirecto  de la realidad. Supone la existencia de un  hecho  indicador  que debe encontrarse demostrado a través de cualquiera de los  medios  probatorios  autorizados por el Código de Procedimiento Penal, del cual  es  derivable  la  existencia  de  otro  hecho mediante un proceso de inferencia  lógica.   

Como  prueba  que  es, cuando se alegan en  casación  defectos  en  su  apreciación como fundamento de la violación de la  ley  sustancial,  la  vía  de  ataque debe ser la indirecta, y en tal medida es  obligación  del  recurrente  señalar el tipo de error en el cual se incurrió,  su  modalidad  y  si  el  mismo se predica del hecho indicador, de la inferencia  lógica  o  de  la manera como los indicios se articulan entre sí, es decir, su  convergencia,   concordancia   y   fuerza   de   convicción  por  su  análisis  conjunto.   

Si  la  equivocación se predica del hecho  indicador  y  se toma en consideración que debe estar demostrado con otro medio  de  prueba,  los  errores  susceptibles de plantearse son tanto de hecho como de  derecho.   

De   hecho,   porque  la  prueba  de  la  circunstancia  conocida  pudo  haberse supuesto, o porque pudo haberse dejado de  apreciar  otro  medio  demostrativo que la neutralizaba o disolvía, o porque se  tergiversó  su  contenido  material  haciéndola  decir  algo  que no decía, o  porque  el  proceso  de  valoración  condujo  a  la afirmación de la premisa a  partir  de la cual se hará luego la inferencia, se apartó de los principios de  la sana crítica.   

De  derecho, porque el juzgador pudo haber  admitido   y   valorado   como   prueba  fundante  del  hecho  indicador  alguna  irregularmente  aportada  al  proceso  y por lo tanto inválida. Como en ningún  caso  la  prueba indiciaria está dentro del proceso sometida a tarifa legal, es  obvio  que  frente  a ella la modalidad del error de derecho conocida como falso  juicio  de  convicción no es susceptible de ser propuesta a través del recurso  extraordinario de casación.   

Ahora  bien, cuando el error se predica de  la  inferencia  lógica, ello supone -como condición lógica del cargo- aceptar  la  validez  de  la  prueba  del  hecho  indicador, ya que si ésta es discutida  sería  un contrasentido plantear al tiempo algún defecto del juicio valorativo  en  el marco del mismo ataque. Existe la posibilidad, no obstante, de refutar el  indicio  tanto  en  la prueba del hecho indicador como en la inferencia lógica,  sólo que en cargos distintos y de manera subsidiaria.   

La   inferencia  lógica,  entonces,  es  atacable  en  casación.  Pero en atención a que la misma es el resultado de un  proceso  intelectual valorativo, la única vía posible para hacerlo es el error  de  hecho  por trasgresión ostensible de los principios de la sana crítica. La  hipótesis  supone,  por  lo  tanto,  la  aceptación  del  hecho indicador y la  demostración  de  que  el juzgador realizó un juicio de valor en contravía de  las  leyes  de  la  ciencia,  los principios de la lógica o de las reglas de la  experiencia.   

Así  las  cosas,  para que el cargo quede  correctamente  demostrado es imprescindible concretar el error y demostrar cómo  ha  sido  transgredida  o  desconocida  una  ley científica, un principio de la  lógica  (que  no  niegue ni desconozca la unidad del ser) o una regla constante  de  la  experiencia  común  o aceptada y practicada en medios especializados en  una  determinada materia. Se precisa además y ello es obvio, la fundamentación  correspondiente a la trascendencia del error.   

La   Sala  ha  sido  reiterativa  en  lo  precedente  y  también ha señalado que cuando de atacar dicho medio probatorio  en  casación  se  trata,  no  puede desconocerse que por su naturaleza misma su  valoración  es  de  conjunto, siendo el vínculo que surge entre los diferentes  indicios  (su concordancia y convergencia) el que hace que la conclusión crezca  desde  la  probabilidad  hasta  constituir  certeza.  En consecuencia, aunque el  ataque  a  los  hechos  indicadores debe ser independiente, ello no significa en  manera  alguna  que el conjunto indiciario cuya fuerza de convicción depende de  que   se   le   estime  globalmente,  pueda  dejar  de  ser  enfrentado  por  el  demandante3.   

En este punto la  demandante  olvidó  la  metodología  que  gobierna el ataque en casación a la  prueba    indiciaria,    la   cual   es   dable   afrontar   de   la   siguiente  manera:   

(i).-  Cuando se ataca la prueba del hecho  indicador  cabe  la posibilidad de formular errores de hecho derivados de falsos  juicios  de  existencia  cuando  el  juzgador  hubiese supuesto la prueba que lo  soporta.   

Por  esta  modalidad  también  es  dable  plantear   cuestionamientos  cuando  los  jueces  hubiesen  omitido  o  ignorado  considerar  los  medios de prueba en los que tuviesen asiento hechos indicadores  de  circunstancias  excluyentes  de  la  forma  de  participación  atribuida  o  indicadores   de   una   conducta   ausente   o  incluyente  de  responsabilidad  penal.   

Además, puede ser objeto de censura por el  sendero  del  error  de hecho derivado de falsos juicios de identidad, cuando el  fallador  hubiese  efectuado  tergiversaciones  o  distorsiones  fácticas a los  elementos  materiales  probatorios o a las evidencias físicas, al hacerle decir  a  éstos  lo  que  no dicen o por impedirles expresar lo que aquellos muestran,  resultado que se produce por agregados o cercenamientos.   

En   esa  medida,  el  juzgador  da  por  existentes  hechos indicadores que no tienen soporte y como tales no podían ser  utilizados  para  efectuar  inferencias  lógicas,  o  por  la  vía de aquellas  supresiones  o aumentos desecha hechos indicadores que habrían sido de utilidad  para la construcción de procesos deductivo-inductivos.   

A su vez, la prueba de aquel es susceptible  de  ser  impugnada  por  la  modalidad  del error de derecho por falso juicio de  legalidad,   en   el   evento  en  que  los  medios  de  convicción  autónomos  –personales o reales- de  los  que se deriva o soporta el hecho indicador se hubiesen incorporado en forma  ilícita  o  ilegal  o  por  irregularidades cometidas en la cadena de custodia.   

En   esa   proyección,   demostrada  la  inexistencia   jurídica   de   los   medios  de  prueba,  elementos  materiales  probatorios  y  evidencia física conforme a los dictados del artículo 29 de la  Carta  Política  en donde se ordena tener por nulos de pleno derecho, es decir,  inexistentes,   los  que  se  hubiesen  aducido,  producido  o  incorporado  con  violación  del  debido  proceso, por efectos de correspondencia se comprenderá  que   también   lo   serán   los   hechos   indicadores  que  de  aquellos  se  deriven.   

(ii).-  Los  indicios  también pueden ser  objeto  de  impugnación  en  lo que dice relación con el proceso de inferencia  lógica  en  cuyo  caso, partiendo de la aceptación de la existencia material y  jurídica  del  medio  de  convicción,  corresponde  demostrar  que  de aquel o  aquellos  hechos  indicadores no se podía deducir o derivar el hecho indicado o  lo  concluido,  sino  a  través  del  menoscabo  o atropello de las máximas de  experiencia, las leyes de la lógica o de la ciencia.   

En  el anterior evento se debe utilizar la  metodología  sustancial  cuando  de  la  censura  de errores derivados de falso  raciocinio  se trata, desde luego teniendo como referente inicial el fenómeno o  fenómenos  indicantes  con  los que se ha construido la singular inferencia que  se acusa de ilógica y se pretende derruir.   

(iii).-  Y,  desde  luego  que otro de los  extremos  objeto  de  acusación  en tratándose de indicios es el relativo a la  articulación  individual o plural de los mismos entre sí o de aquellos con los  otros  medios  de  prueba  autónomos  en lo relativo a la fuerza demostrativa o  poder de persuasión.   

En este evento corresponde demostrar que la  convergencia  efectuada  en  la  sentencia  por  los juzgadores a los diferentes  indicios  o  de  estos  con los restantes medios de convicción, se realizó con  trasgresión  de  los  postulados  de la sana crítica pues no se puede elaborar  una  censura  de  manera libre como alegato de instancia, y que en esa medida no  tenían  la  fuerza  ni  la  capacidad  de  construir  entre  ellos  el grado de  verificación de la certeza.   

Esta modalidad de impugnación respecto del  poder  de  persuasión,  puede  formularse,  objetivarse y demostrarse de manera  independiente,  pero desde luego, también puede ser complementaria de las otras  maneras de impugnar el indicio vistas.   

Además,  debe precisarse que en los casos  en  que  se  elaboran  censuras por las modalidades antes vistas, corresponde al  censor  detenerse  en  la  trascendencia  de los errores cometidos y ocuparse de  demostrar  por  vía de la posibilidad argumentativa que de no haberse incurrido  en  esas  falencias, los sentidos sustanciales de lo fallado habrían podido ser  otros4.   

De  los  anteriores  aspectos para nada se  ocupó  la  casacionista  quien  apenas  mencionó el  referido   indicio   de   móvil   para   delinquir   surgido   de  supuestas      discusiones     por  “divergencias        amorosas”   entre   aquellos,   pero  además,  olvidó  que  en el fallo  de  segundo  grado  se  tuvo  en cuenta como   soporte   las   evidencias  materiales  encontradas  en  la  residencia   de   Jimmy  Balanta  Gómez, así:   

En   el  operativo  que  inmediatamente  después  de  los  hechos  adelantó  la policía para dar con la captura de los  autores  del  crimen,  hicieron  presencia  en  la  residencia  de  Jimmy    Balanta   Gómez,  ubicada  en la calle 7ª No 9-31 del Barrio Uribe, donde previo  consentimiento  de  la  propietaria,  realizaron  un  registro al inmueble donde  encontraron en sitios ocultos, cinco armas de fuego (…)   

En  la  misma  habitación  se  encontró  dentro  de  un  baúl  cubierto  con  prendas  de  vestir, una pistola 9mm marca  CZ75BD,  pavonada  con  cachas ortopédicas y un proveedor con cuatro cartuchos,  en  el  aludido  baúl  se  halló  una pistola calibre 9mm marca Pietro Beretta  acondicionada para adaptar silenciador (…)   

El  dictamen  que  se practicó por orden  oficiosa  del  juez  y  que  fue realizado por el Instituto de Medicina Legal el  16-03-06, concluye entre otros aspectos que:   

Así mismo, de  las  ocho  vainillas  incriminadas, igualmente allegadas por el despacho Fiscal,  mediante   oficio  100749370-11.  Tres  de  las  cuales  acotadas  con  cita  de  enmascarar   con   los   dígitos   9/5,  4/5  y  3/5,  presentan  identidad  de  uniprocedencia  con  referencia  a  las  muestras  tomadas del arma tipo pistola  Pietro Beretta modelo 92 FS calibre 9mm (…)   

En   efecto,   la   pistola   referida  precedentemente,    se    ubicó    en    la    habitación    de   Jimmy   Balanta  Gómez,  una  de  las  personas  señaladas  como el autor de los atentados contra la vida e integridad  personal.  Ahora no es factible restar fuerza probatoria a este hecho indicador,  como  lo  deduce  el  funcionario  a  quo,  por la conclusión que en el último  experticio,  saca  el  perito  en  el  sentido  de descartar que los proyectiles  acriminados  hubieran sido disparados, por no tener identidad de uniprocedencia,  por  cualquiera  de  las  cinco  armas  tipo  pistola,  halladas  en  la casa de  Jimmy        Balanta        Gómez.   

Así  las  cosas,  de  éste  dictamen se  extraen  dos  conclusiones  que difieren, en atención al estudio realizado, una  con  relación a las vainillas halladas en la camioneta donde se movilizaban los  agresores  donde  se  encontró  identidad  de  uniprocedencia con respecto a la  pistola  Pietro  Beretta  y  otra respecto a los proyectiles, con respecto a las  cuales no se halló esta identidad.   

3.4.- Al  interior  del cargo la demandante de manera por demás abreviada  adujo  que existía una disparidad entre lo que las pruebas acreditaban y lo que  el  Tribunal  dijo  que  las  mismas  expresaban,  defecto  mediante  el cual se  desconocieron  principios  de  sentido  común  y máximas de experiencia que de  haberse  tenido  en  cuenta  habrían  conducido  a  aplicar  a favor de Andrés  Fernando  García  el  in  dubio  pro reo,  pero  hasta  allí  llegó  su  predicado pues en los desarrollos  siguientes  no  hizo ningún esfuerzo encaminado a demostrar la existencia de la  duda      probatoria.   

Debe  recordarse  que  esta  categoría  sustancial,  es  un  estadio  cognoscitivo  en  el  que en la aprehensión de la  realidad  objetiva  concurren  circunstancias  que  afirman y a la vez niegan la  existencia  del  objeto  de  conocimiento  de que se trate, que para el caso del  debido  proceso penal no puede ser otro que el delito entendido en su dimensión  integral.   

En  esa  medida,  en  los  supuestos  de  divergencias,  se  plantea una relación probatoria de contradicciones en la que  concurren  pruebas  a  favor y en contra, de cargo y descargo, de afirmaciones y  negaciones  las  cuales  como  fenómenos proyectan sus efectos de incertidumbre  respecto  de  alguna  o  algunas categorías jurídicas en discusión dentro del  singular proceso penal objeto de examen.   

En  igual  sentido,  se integran aspectos  objetivos  y  subjetivos,  desde los cuales se puede inferir que el in  dubio pro reo no se materializa por  los  simples efectos unilaterales de los dilemas relacionados con lo subjetivo o  con  lo  objetivo  dados  en  los fenómenos en contradicción, ni por la simple  mención de su existencia como aquí se ha hecho en la demanda.   

Con lo anterior se significa que en orden  a  la  consolidación  de  este instituto y su correlativa aplicación, la labor  fundamental   de  quien  reclama  su  aplicabilidad  en  esta  sede  de  control  constitucional  y  legal  de  las  sentencias,  no  está dada ni puede quedarse  simplemente  en  enunciar  la  existencia  del  mismo,  ni  en  identificar  las  circunstancias  de  perplejidad  o  en  la  denotación  de  las contradicciones  secundarias  mas  no principales que se presenten al interior o exterior de unos  medios  de  prueba  en  especial,  sino  que por el contrario se debe proceder a  efectuar  una  construcción discursiva, esto  es,  a  discernir  hacia  dónde  se  inclina  la balanza de  exclusiones,   es   decir,   se   deberá  formular  la  pregunta  y  resolverla  determinando   si   los   contenidos  probatorios  de  descargo  excluyentes  de  responsabilidad  penal tienen la capacidad de eliminar de manera total o parcial  a  los  de  cargo  o  a  la  inversa,  bajo  el  entendido  que  el in  dubio  pro  reo se consolida cuando  las  dudas  surgidas  de  los  elementos  fácticos  divergentes  no  se  pueden  disolver,  en  cuyo  evento  por  principio universal corresponde por imperativo  legal   y   constitucional   resolverlas   en   todo   evento   a   favor   rei   en  salvaguarda  de  la  presunción  de  inocencia, aspectos de los cuales no  se  ocupó  la  impugnante,  en orden a demostrar vacíos, ausencias de certeza,  respecto   de  la  materialidad  de  las  conductas  derivadas   al   aquí  procesado.   

Por   lo   anterior,   el   cargo   se  inadmite   

4.-  Casación  oficiosa.-   

De  la  actuación procesal a que se hizo  alusión  al  comienzo,  advierte la Sala la configuración de una irregularidad  que  por  ser  violatoria  de  las  garantías  fundamentales debidas al acusado  Andrés    Fernando  García, incentivan la facultad oficiosa de la Corte  para  controlar  la  legalidad  y  constitucionalidad  de la sentencia en lo que  corresponde  a  los  principios  de legalidad de la pena accesoria, sin que para  dicha    finalidad    sea    necesario    correr    traslado    al    Ministerio  Público5.   

En efecto, se observa que al procesado se  le  impuso  pena  de  inhabilidad  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas  por tiempo igual al de la de prisión, cuatrocientos cincuenta y seis  (456)  meses,  esto  es,  treinta  y ocho (38) años, valga decir, un tiempo que  excede  al  máximo imponible de veinte (20) años de acuerdo con lo establecido  en   el  artículo  51  de  la  ley  599  de  20006.   

Por  tanto,  se  corrige  en  el  sentido  de  imponer  a  Andrés  Fernando  García  esa  pena  accesoria  por el tope  máximo    fijado    en    la    norma    que   viene   de   citarse.   

.  

A  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación    Penal    de    la   Corte   Suprema   de   Justicia,   administrando justicia en nombre de la República:   

RESUELVE:  

         1.-           Inadmitir  la   demanda   presentada  por  la  defensora  de  Andrés  Fernando  García.   

          2.-      Casar  de  manera oficiosa y parcial la  sentencia  en  sentido  de  condenar  a Andrés  Fernando  García  a  la  pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  veinte  (20)  años.  En  lo  demás  rigen  el fallo de segunda  instancia.   

Advertir  que  contra esta providencia no  procede ningún recurso.   

Cópiese,   notifíquese  y  cúmplase.   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                 

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                             SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO          GÓMEZ  QUINTERO                                                                                           AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                          

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                                               

                                                                                                                 Permiso   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

        Secretaria   

    

1  También  se advirtió en esta última decisión: “Cuando un testigo modifica su  versión  bien  puede  el  juzgador, dentro de la amplia discrecionalidad que le  otorga  la  ley en la apreciación de las pruebas, sólo limitada por el respeto  de  los  principios  de  la sana crítica, determinar cuál de las versiones del  declarante es la que dice la verdad”.   

2 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Sentencia  del  9  de diciembre de 2009,  Radicado 31.296.   

3 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Sentencia  del  4 de abril de 2000. Rad.  12.218   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Auto  del 22 de julio de 2009, Radicado 31.338.   

5 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Sentencia  de  septiembre  12  de  2007,  Radicado 26.967.   

6 Ley  599  de  2000.-  Artículo  51.-  Duración  de  las  penas  privativas de otros  derechos.-  La  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  tendrá  una  duración de cinco (5) años a veinte (20) años, salvo  en el caso del inciso 3º del artículo 52.     

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