33065(13-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33065  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

                                                 Magistrado  Ponente:   

                             ALFREDO      GOMEZ  QUINTERO   

           Aprobado    Acta    No.  417   

Bogotá,  D.C.,  trece (13) de diciembre de dos mil diez (2010)   

VISTOS  

La  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte  Suprema  de  Justicia  entra a resolver el recurso de apelación interpuesto por  los  representantes  de  la  Fiscalía  General  de  la Nación y del Ministerio  Público,  contra  la  decisión del seis (6) de noviembre de 2009 en el proceso  radicado  con  el  número 110016000253200681090 que adelanta la fiscalía 28 de  la  Unidad Nacional de Justicia y Paz de Bogotá, mediante la cual el Magistrado  con  funciones  de  control  de  garantías  de  la  Sala  de Justicia y Paz del  Tribunal  Superior  de Medellín resolvió declarar la  viabilidad   de   la   aceptación   –parcial-  de  la  imputación    formulada    contra   GERARDO  ZULUAGA CLAVIJO (a. ponzoña, a.  el  anciano),  comandante  desmovilizado  del frente “fundadores del Magdalena  medio”  de  las  autodefensas  unidas  de Colombia “A.U.C.”, conforme a lo  dispuesto   en   el   inciso   tercero  del  artículo  19  de  la  ley  975  de  2005.   

En  la  misma  determinación,  el    Magistrado    de    control    de   garantías   resolvió                   suspender                  provisionalmente el proceso radicado con  el  número  4198  en  la  Fiscalía  67  Especializada de la Unidad Nacional de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario de Bucaramanga (léase  justicia permanente).   

Es  de  precisar que los hechos fueron    referidos   en   el  proceso  penal que viene adelantando  la  justicia ordinaria y que por solicitud de la defensa se pretende acumular al  trámite  de  Justicia  y Paz;  la imputación se  presentó   por  la  fiscalía  de  Justicia  y  Paz,  de   conformidad  con  la  resolución que definió la  situación  jurídica  de ZULUAGA CLAVIJO  el  16  de  junio  de  2009, proferida  por  la  Fiscalía  67  Especializada  de  la  Unidad  Nacional de Derechos Humanos en el radicado número 4198.   

LOS CARGOS  

Con ocasión del proceso de desmovilización  de  las autodefensas producido en cumplimiento del acuerdo de Santa Fe de Ralito  – Córdoba, firmado el 15  de  julio  de  2003,  que generó el sometimiento a la justicia de 34 bloques de  las    referidas   autodefensas,   GERARDO   ZULUAGA  CLAVIJO  (a. ponzoña), fue postulado por el Gobierno  Nacional  en  condición  de  comandante  del frente “fundadores del Magdalena  medio”  de  las  autodefensas  unidas de Colombia “A.U.C.”, que operaba en  los  departamentos de Santander, Boyacá y Antioquia (zona Geográfica del medio  magdalena).   La  desmovilización colectiva del bloque de las autodefensas  se  dio  el 28 de enero de  2006.   

En  resolución  del  16  de  junio de 2009,  que  definió la situación  jurídica  del  sindicado ZULUAGA CLAVIJO en  el  proceso  que  se adelanta ante la jurisdicción ordinaria y  que  fuera  motivo  de suspensión provisional en la decisión del magistrado de  control  de  garantías  que  ahora  se  recurre  en apelación, la Fiscalía 67  Especializada  de la Unidad de Derechos Humanos narró  así los hechos:   

“Datan de los años 2001 a 2003 cuando los  menores  José Luis Agudelo Muñoz, Oscar Arnubio Ramírez Tamayo y Luis Alberto  Arévalo  Agudelo, ingresaron al grupo de las autodefensas unidas de Colombia de  Puerto  Boyacá,  el primero de ellos por voluntad propia cuando tenía 13 años  de  edad  y residía en la vereda la India  del  municipio  de  Landázuri,  Santander,  inducido  por alias  “piñata”.   Oscar  Arnubio  Ramírez fue capturado por las autoridades  militares  adscritas  al  batallón  Rafael  Reyes  el  2  de  julio de 2003 con  material  bélico  y  como  se  comprobó  que  era  menor  de edad fue dejado a  disposición  de  la  Justicia  de  menores de Vélez, quien a su vez lo dejó a  disposición  de  la  defensoría  de  Familia  para  que  fuera  inscrito en el  programa   de   niños   y   niñas   y  jóvenes  desvinculados  del  conflicto  armado.   

Posteriormente  se  localizó a Luis Alberto  Arévalo  Agudelo  quien  hizo parte de un grupo de desmovilizados del bloque de  autodefensas   campesinas  de  Puerto  Boyacá,  de  quien  se  estableció  que  fue obligado a ser parte de  la  citada organización cuando era menor de edad que militó en la misma por un  lapso  de aproximadamente siete años hasta su proceso de desmovilización en el  año        2007”.         (Cuaderno anexo).   

En   síntesis,   de  conformidad  con  la  definición  de  situación  jurídica (en  el  proceso  ordinario)  y con la aceptación de esa imputación         por  parte  del  desmovilizado  GERARDO ZULUAGA CLAVIJO en la audiencia  del  6  de  noviembre  de  2009,  los  comportamientos  punibles son:   

Primer    hecho:    Concierto    para  delinquir   

Se  refiere  a  la  conducta  permanente de  concierto   para   delinquir   agravada,  por  haber  pertenecido  al  grupo  de  autodefensas         del         Magdalena          Medio (artículo 340 inc. 2 del C.P.)   

Segundo     hecho:     Reclutamiento  ilícito1   

Reclutamiento   del  menor  Luis  Alberto  Arévalo    Agudelo   (a.   piraña),   quien   se   desmovilizó   –siendo ya mayor de edad- en el año  2007  de un grupo de autodefensas campesinas en Puerto Boyacá, y se estableció  que  fue  obligado  a hacer parte de la organización cuando era menor de edad y  que  militó  en las autodefensas por espacio de siete años.  Conducta que  se   adecua   al  tipo  penal  de  reclutamiento  ilícito  (artículo  162  del  C.P.).   

Tercer     hecho:     Reclutamiento  ilícito   

Reclutamiento  del  menor  Oscar  Arnubio  Ramírez  Tamayo  (a.  solín), conducta que cometió hasta el momento en que el  menor  fue capturado por las autoridades militares adscritas al Batallón Rafael  Reyes  el  2  de julio de 2003 con material bélico y como se comprobara que era  menor  de  edad,  se  dejó  a disposición de la justicia de menores de Vélez,  quien  a  su vez lo entregó a la Defensoría de familia para que fuera inscrito  en  el  programa  de  “Niños  y niñas y jóvenes desvinculados del conflicto  armado”.   Tal   comportamiento  se  adecua  al tipo penal de reclutamiento ilícito (artículo 162 del  C.P.).   

Cuarto     hecho:     Reclutamiento  ilicito   

Reclutamiento  del menor José Luis Agudelo  Muñoz,  quien  ingresó a las autodefensas por voluntad propia cuando tenía 13  años  de  edad;   el  menor  residía  en  la  vereda  “La  India” del  municipio  de  Landázuri,  Santander, fue inducido por alias “piñata” para  que  ingresara  la  grupo  armado ilegal2.   Conducta  que  se  adecua al tipo penal de reclutamiento ilícito (artículo 162  del   C.P.)3.   

ANTECEDENTES  

1.  Mediante  resolución  091  de 2004, el  señor  Presidente de la República y sus Ministros del Interior y de Justicia y  de  Defensa Nacional, en ejercicio de las atribuciones conferidas por la Ley 418  de  1997,  prorrogada  y  modificada  por la Ley 548 de 1999 y por la Ley 782 de  2002,  y  considerando  que  se  encontraban  dadas  las  condiciones para ello,  declararon   “abierto  el  proceso  de  diálogo,  negociación  y  firma  de acuerdos con las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC  de que trata el artículo 3 de la Ley 782 de 2002”.   

2.   En  el  proceso  de  la  justicia  permanente,  la apertura de instrucción data del 18 de noviembre de 2008;   el   9  de  junio  de  2009  fue  capturado  por  las  autoridades  GERARDO  ZULUAGA CLAVIJO quien se negó  a  rendir indagatoria y alegó que es desmovilizado de las autodefensas y que se  acogió  a los beneficios de la ley de justicia y paz (num. 42 de la definición  de situación jurídica).   

3.    Al   proceso  de  la  justicia  permanente  (número 4198 de la Fiscalía 67 Especializada de la Unidad Nacional  de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario de Bucaramanga) se  allegó  fotocopia  de la certificación expedida por la Fiscal 28 Delegada ante  el  Tribunal  de Distrito de la Unidad de Justicia y Paz, en el que se da cuenta  que     GERARDO    ZULUAGA    CLAVIJO  se  encuentra  postulado  por  el  Gobierno  nacional dentro del  proceso   de   Justicia  y  Paz,  en  el  expediente  radicado  con  el  número  110016000253200681090    (núm.    41    de   la   resolución   de   situación  jurídica).   

4.   El  16  de  junio  de 2009, en el  proceso  de la justicia permanente radicado con el número 4198, la Fiscalía 67  Especializada  de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario  de  Bucaramanga  definió  la  situación jurídica de GERARDO  ZULUAGA  CLAVIJO con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin beneficio de libertad provisional  (folios   10   –  20  cuaderno del Magistrado de Garantías).   

5.  Ante la fiscalía 28 de Justicia y  Paz,  en  sesión  de versión libre de los días 26, 27 y 28 de agosto de 2009,  el  postulado  confesó  los  hechos  que  le imputaron en la resolución que le  definió  la  situación  jurídica  en  el proceso ordinario de la Fiscalía de  Derechos  Humanos, donde le impusieron la medida de aseguramiento (audiencia del  26 de agosto de 2009).   

6.   Por  solicitud  de la defensa del  desmovilizado,  se  realizó  en  el  trámite  de  Justicia  y Paz la audiencia  preliminar  de  formulación  de imputación por las  conductas    punibles   que   fueron   objeto  de la definición de situación  jurídica  ante  la Fiscalía 67 Especializada de la Unidad Nacional de Derechos  Humanos  con  sede  en Bucaramanga (proceso radicado con el número 4198), y con  fundamento  en  el  artículo  22 de la ley 975 de 2005 el defensor solicitó al  Magistrado  de  Control de Garantías la suspensión del proceso penal ordinario  (folio   1   –  3  /  1).   

7.   En la  sesión  del  6  de  noviembre  de 2009 el postulado  ZULUAGA  CLAVIJO aceptó  las  imputaciones hechas por la fiscalía de Justicia  y  Paz, con fundamento en la definición de situación jurídica proferida en el  proceso  radicado  con  el número 4198 (resolución  del  16  de  junio de 2009), por concierto para delinquir y por el reclutamiento  ilícito de tres menores de edad.   

Con   ocasión   de  la  aceptación,  el  Magistrado  de  control  de garantías de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal  Superior   del  Distrito  Judicial  de  Medellín  declaró  la  viabilidad  del  asentimiento  (parcial),  y  ordenó  al  mismo  tiempo  suspender  provisionalmente  el  proceso radicado  con  el  número  4198 en la Fiscalía 67 Especializada de la Unidad Nacional de  Derechos      Humanos     y     Derecho     Internacional     Humanitario     de  Bucaramanga.   

8.     Contra    las    anteriores  determinaciones,  tanto la fiscal como el  representante  del  Ministerio Público interpusieron recurso de  apelación,  que  fue  concedido  en  el    efecto    suspensivo;    la  audiencia     de  sustentación  de  la impugnación se realizó el siete (7) de diciembre de 2010  en la Sala de Audiencias de la Corte Suprema.   

IDENTIDAD DEL PROCESADO  

GERARDO   ZULUAGA   CLAVIJO  (a.  ponzoña),  identificado con la  cédula  de  ciudadanía  número 4 566 934 de Samaná, Caldas, nacido el 1º de  octubre  de 1953 en Samaná, Caldas, de 55 años de edad, hijo de Jesús Antonio  y  María  Rosa,  estado  civil Unión libre con Yeni León Sepúlveda, Grado de  instrucción 1º de primaria, de profesión ganadero y agricultor.   

EL   RECURSO   DE  APELACIÓN (Audiencia del 7/12/2010)   

1.   LA  FISCAL  28  DE  LA  UNIDAD DE  JUSTICIA Y PAZ   

Sostuvo que el trámite de Justicia y Paz se  rige   por   el   postulado   del   debido   proceso   y   que  es  improcedente     la     aceptación  (parcial)        de        la   imputación  de  conductas  hechas  en  el  proceso  que  se viene investigando en la jurisdicción ordinaria,  de  acuerdo  con  lo  previsto en el artículo 19 de la misma disposición legal  (Ley  975),  por  cuanto  las admisiones de responsabilidad sólo proceden en el  curso  de  la  audiencia  de  formulación  de  cargos,  luego de agotarse en su  totalidad el trámite de la versión libre.   

El  artículo  11  del Decreto 3391 de 2006  (que  derogó  el  artículo  7° del Decreto 4760 que permitía la acumulación  antes   de   la   formulación   de   imputación)   dispone   expresamente  que  puede    operar   la  suspensión   del   proceso   ordinario   “una   vez  adoptada  la  medida  de  aseguramiento  por  parte  del magistrado de control de garantías”, de suerte  que     es     norma     de     obligatorio     cumplimiento     que,  hasta tanto no se decrete la medida  de  aseguramiento en Justicia y Paz no se puede suspender el proceso de justicia  ordinaria,  y  como  en  Justicia  y  Paz el desmovilizado todavía se encuentra  rindiendo  versión libre, no se puede aducir que hay investigaciones paralelas,  o  violación  al principio de ne bis in idem.   

El  motivo  de  la defensa para promover la  audiencia  preliminar  y  aceptar la imputación (de  los  cargos  que  la  fiscalía  de derechos humanos dedujo en la definición de  situación   jurídica)  fue  la  preocupación  del  postulado     de     que     resultare  condenado  en  el  proceso  ordinario antes de que el proceso de  Justicia    y   Paz   termine;    sin  embargo,  en  ningún momento está previsto que el postulado  pierda  los  beneficios  en  el  evento de que fuere  condenado en la Justicia ordinaria.   

En  suma, cuando  no  se  ha  formulado  imputación  en el trámite de  Justicia    y    Paz,  no    es      posible      que      el     postulado     acepte   los  hechos en los cuales la justicia ordinaria profirió  medida   de  aseguramiento,  porque  para  ese  momento  procesal  no  opera  la  reseña   suspensión,  luego  lo  pertinente  es  que  deben  agotarse  todas  las  etapas  del proceso  ordinario para poder acumular.   

Si se acepta la confesión anticipada antes  de  que  al  postulado se le haya formulado la imputación, cuál sería el paso  subsiguiente?:  ¿seguirá  la audiencia  de   legalización   de   cargos?,   ¿desaparecería  el  espacio  para  verificar los hechos que fueron  objeto  de  aceptación  anticipada?, ¿se   estaría   negando   la   posibilidad  a  que  las  víctimas  intervengan  en  las  fases anticipadas del proceso?,  ¿cuál es el beneficio para el postulado de aceptar  los  cargos  anticipadamente?  (en  la  justicia ordinaria es obtener una rebaja  punitiva,  en  Justicia y Paz dicha posibilidad está dada por la alternatividad  penal).   

La   fiscalía   piensa   que   aceptar  anticipadamente     la     imputación             (deducida  inicialmente       por      la      fiscalía      en     justicia  ordinaria)  rompe la estructura del proceso y constituye  una  violación  al  debido  proceso  de  Justicia y  Paz;      la  figura de la suspensión  debe  operar  una  vez  se  adopte  la  medida  de aseguramiento por parte del Magistrado de control  de garantías.   

Pidió   declarar   la   nulidad   de   la   aceptación   de  los  cargos,  según  el marco  referencial   de   la   definición  de  situación  jurídica    en   el   proceso   de   la   justicia  ordinaria,  con  el  fin  de  que  no  se decrete la  suspensión          de          aquella         investigación.   

2.    EL  PROCURADOR JUDICIAL PENAL ANTE LA UNIDAD DE JUSTICIA  Y PAZ   

Reconoció que es  viable    formular  imputación     y  aceptarla   (de   manera  parcial),  cuando   se   trata   de  suspender  los  procesos  que  se vienen  adelantando   ante   la  justicia  ordinaria;   recordó  que  el  artículo 22 de la ley 975 (conc.  Art.  11  del  Decreto 3391 de 2006) regula una situación prevista, de sencilla  comprensión,  y  que la  aspiración  del  postulado  de que se suspenda el proceso ordinario para que el  asunto  sea  resuelto en el proceso de Justicia y paz  es  respetuosa del debido proceso en desarrollo de la  ley   975;   por  ello  solicitó  confirmar  la  decisión  de  primera  instancia.   

3.    NO  RECURRENTES             (Defensor de confianza).   

Informó que en la actualidad el proceso que  solicita  sea suspendido  se  encuentra  radicado  en  el  Juzgado  2° Penal Especializado de Bucaramanga  (Rdo.  Núm.  040  de  2010);   solicitó  a la Sala la confirmación de la  decisión del Magistrado de Control de Garantías de Medellín:   

En  el  trámite  del proceso penal ante la  jurisdicción   de   Justicia   y   Paz  resulta  válido  aceptar  la   imputación  por  hechos  que  se  investigan  y  juzgan ante la justicia ordinaria;  el hecho de confesar las  conductas  y  aceptar  la  responsabilidad  penal  en el trámite del proceso de  justicia  transicional cuando paralelamente se está investigado en la  ordinaria el mismo hecho, persigue  solamente  que  el  Magistrado  de  Control de Garantías ordene la suspensión  del  proceso que se viene  adelantando en la justicia ordinaria.   

Y  en este caso, la fiscalía debe hacer la  imputación  en  el  proceso  de  Justicia  y  Paz,  simplemente garantizando la  oportunidad  para  la  intervención  de  víctimas,  porque  en  todo  caso  la  confesión   satisface   los   estándares  de  verdad  que  se  requieren  para  administrar  justicia  de manera correcta;  por ello, el artículo 22 de la  Ley  de  Justicia  y  Paz  facilita  la acumulación de los procesos, sin que se  requiera    necesariamente    esperar    la    sentencia    de    la    Justicia  ordinaria.   

Pidió confirmar la medida del Magistrado de  Control de Garantías   

GERARDO      ZULUAGA      CLAVIJO  (Postulado)   

Se   abstuvo   de   hacer   uso   de   la  palabra.   

CONSIDERACIONES  

La competencia de la Sala de Casación Penal  de   la   Corte  para  resolver  el  recurso  de  apelación  propuesto  por  la  fiscalía4  contra  la  decisión del magistrado de control de garantías de  la  Sala  de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  Medellín,  se  deriva  directamente del artículo 26  de la Ley 975 de 2005 por tratarse de una decisión de mérito.   

1.   Aceptación de imputaciones parciales   

Está fuera de toda crítica la posibilidad   de   realizar   imputaciones   parciales   y   la   validez   de   la   aceptación  de  cargos  en  tales  condiciones.   La Sala unificó la postura desde  el  pasado  14  de  diciembre  de  2009  (rad.  núm.  32575)  en los siguientes  términos:   

“Es indudable  que  lo  ideal  es  conseguir  una  imputación  completa  por todos los delitos  asumidos   por   el  postulado  en  su  versión,  siempre  que  se  consiga  su  documentación  y acreditación suficientes, en la medida que ello permite a los  funcionarios  judiciales una visión general de sus conductas, así como las del  grupo  armado ilegal al cual pertenecía;  desde  luego,   siempre   que   se   incluya   el   delito   base   de  concierto  para  delinquir.   

Es claro, que tanto en la decisión adoptada  contra  el postulado Wilson Salazar Carrascal, como en la dictada posteriormente  en  el  caso  de  Gian  Carlo  Gutiérrez  Suárez  (radicado  32022  del  21 de  septiembre  de  2009)  se  dijo  que las imputaciones parciales deben unificarse  “específicamente  en  el  momento de la formulación de cargos, para que este  acto  se realice como una unidad”, no obstante, tal  conjunción  tiene  sentido  en  la  medida que esté atada al delito condición  para  acceder a los beneficios de la Ley 975 de 2005,  esto  es,  al  concierto  para  delinquir,  pues  tratándose de otras conductas  conexas   a   la   pertenencia   a   un   grupo   armado   ilegal,  siempre   que   ya   se   haya   imputado   el   referido   delito  base, no pueden descartarse las audiencias parciales  de  cargos,  junto  a  su correlativa expresión, las sentencias parciales, todo  ello  en  procura, se reitera, de avanzar en un procedimiento de suyo complicado  y  dificultoso,  en  el  cual  los  pasos  que  se  den  hacia  adelante y en el  propósito   de   su   progresividad,  se  erigen,  como  en  ninguno  otro,  en  acercamiento    a    los   fines   medulares   de   la   referida   legislación  especial.   

Es así como en la primera de las decisiones  mencionadas  se  afirmó  que  “Ante la ausencia de  pronunciamiento  respecto del delito base en la Ley de Justicia y Paz -concierto  para  delinquir-  no  es  posible  aplicar la pena alternativa y, obviamente, es  utópico  proferir  una  sentencia  que no evidencie el nexo de causalidad entre  los  hechos  imputados  a  SALAZAR  CARRASCAL  y su ejecución y consumación al  interior de la organización armada ilegal”.   

Como viene de verse, es claro que la Sala en  la  referida  decisión  fue  en  clara  en  señalar,  de  una parte, que si el  tratamiento  punitivo  benévolo  consagrado  en la Ley 975 de 2005 obedece a la  vinculación  del  postulado  con  una organización armada al margen de la ley,  resulta  imprescindible que le sea formulado el cargo por el delito de concierto  para  delinquir,  pues  no de otra manera tiene la condición de acceder a dicho  trámite  especial,  es  decir,  se  trata  de  una  imputación que se erige en  supuesto  para ser sujeto pasivo del ius puniendi en las condiciones regladas en  la citada legislación.   

Y  de otra, es cierto que en circunstancias  ideales  sería  imprescindible  que  a  cada postulado le fuera imputada, se le  formularan  cargos  y  se  lo  condenara  por  la  totalidad  de comportamientos  delictivos,  no  obstante,  argumentos de razón práctica permiten concluir sin  mayor  dificultad  que  ello  no  es  posible  en  todos  los  casos,  pues  las  peculiaridades  de  cada  uno de esos comportamientos, en ocasiones cometidos en  escalada,  otras  en la manigua, en la vereda, en el corregimiento, en la noche,  en   lugares   despoblados,  en  circunstancias  de  suyo  oprobiosas  para  las  víctimas,  cuando  no  aterradoras para los testigos sobrevivientes, dificultan  la reconstrucción de la verdad procesal.   

De todas maneras, es necesario señalar que  el  éxito  de  todo este proceso cobra sentido en la medida en que se avance en  la  verificación  parcial  o  total  de  actos que, reconocidos o asumidos como  propios  por  sus autores o partícipes, permitan develar ante las víctimas, la  sociedad  civil  colombiana y la comunidad internacional, aspectos fácticos que  efectivamente  ocurrieron  y  que  como  tales,  son  condignos de las sanciones  regladas en la Ley de justicia y paz.   

Es  por  ello, que la Sala considera que en  casos  como  el  de  la especie, y siguiendo lo que ya antes de la decisión del  postulado  Wilson  Salazar  Carrascal se dijo, las imputaciones parciales son de  recibo,  en  la medida que constituyen un avance en esa reconstrucción conjunta  de  un  cruento  cuadro  histórico  de  la realidad colombiana, desde luego, se  reitera,  sin  olvidar  que  el acceso a este procedimiento especial supone como  condición  necesaria  la  imputación por el delito de concierto para delinquir  como  punible  base y condición, supuesto del tratamiento benéfico del cual se  harán acreedores quienes se sometan a la Ley 975 de 2005.   

La  anterior  decisión consulta, en primer  lugar,  la necesidad de avanzar en cada uno de los procesos, pues de exigirse la  acreditación   total   de  todos  los  comportamientos,  se  harían  casi  que  nugatorios  los  fines  esenciales  de la Ley de justicia y paz, enmarcada en un  contexto  de  justicia  transicional  propia de aquellos momentos en los que los  Estados  deben  definir  prácticas  judiciales  y de punibilidad propicias para  lograr  la  reconciliación y continuar hacia delante en procura de caminos más  prósperos para generaciones futuras.   

En tal sentido, en la exposición de motivos  del  proyecto  que  culminó  siendo  la Ley 906 de 2004, se dijo que lo mínimo  esperado  de los miembros de grupos armados ilegales  es  que  no  cambien  su  rutina y desmovilicen el grupo que organizaron durante  tantos  años.  Por  dicha  razón, no parece jurídicamente justificable que se  confieran  tan  importantes  beneficios  a  una persona que, pese a haber creado  poderosas  estructuras  criminales,  decida entregarse individualmente, mientras  el   grupo   que   creó   y  comandó  sigue  operando  como  si  nada  hubiera  pasado.   

En  segundo término se tiene, que permitir  la  formulación  de  acusación  parcial  no  excluye la ulterior inclusión de  nuevos  comportamientos,  en  la  medida  que  nada imposibilita la acumulación  jurídica  de  penas  regladas  por el referido instrumento legislativo especial  para  quienes  actuaron  con  ocasión  de  su  pertenencia a un grupo armado al  margen  de  la  ley,  siempre  que, como ya se advirtió, se incluya como delito  base,  condición  para acceder a este instituto legislativo especial, el delito  de  concierto  para  delinquir,  pues  en  otro  marco  no  tiene aplicación la  benévola  pena  que para los delitos cometidos con ocasión de la pertenencia a  un grupo armado al margen de la ley ha dispuesto el legislador.   

En  tercer lugar se observa que también la  misma  Ley  975  de 2005 entrega elementos para resolver los casos ocultados por  los  postulados,  pues  se  dispone  que se tratarán conforme a la legislación  ordinaria,  lo  cual les implica privarse de los beneficios derivados de la pena  alternativa dispuesta en dicha legislación.   

En  cuarto lugar constata la Sala que sólo  en  la  medida que se acepten las imputaciones parciales se podrá avanzar en un  proceso   histórico,   de   por   sí  lleno  de  difíciles  averiguaciones  y  constataciones…   

En sexto lugar impera señalar, en cuanto se  refiere  a  lo  expuesto  en  la  decisión  impugnada,  que no se aviene con la  noción  de Estado social y democrático de derecho archivar ciertas diligencias  por  no  hallar pruebas sobre la materialidad y responsabilidad penal, pues ello  supondría  entronizar  en  el  derecho  patrio  una  especie  de  principio  de  oportunidad  sin  reglamentación  alguna,  cuando  lo cierto es, que si bien no  todos  los  atroces  casos  podrán ser documentados, si es preciso seguir en la  búsqueda   de   la   verdad   de  ellos,  inclusive  después  de  impuesta  la  correspondiente  pena  a  su autor, pues ello es consecuencia del derecho de las  víctimas  a  la  verdad,  a  la  justicia  y a la reparación, de modo que nada  impide  ulteriormente  formular  cargos adicionales, ni dictar nuevas sentencias  contra  las  mismas  personas,  amén  de dosificar las sanciones conforme a las  reglas  de  la  acumulación  jurídica  de penas (artículo 20 de la Ley 975 de  2005)”5.   

Criterio   que  se  reitera  –de  manera  uniforme- en esta nueva  oportunidad.   

No desconoce la  Sala  el antecedente adjunto de un listado de menores (al menos cuarenta y seis)  que   fueron   reclutados   por  el  “bloque           puerto       boyacá”    de    las   autodefensas   (cfr.  oficio  número  1268 del  22  de octubre de 2009 del asistente del fiscal 28 de  Justicia   y   paz,   folios   14   –   18   del   antecedente),  y  que  algunas  imputaciones  quedan  pendientes   por   formulación   y   aceptación6;   no obstante ello, la  legalidad  de  las  imputaciones  y  de  las  aceptaciones parciales se mantiene  porque  no contradicen el espíritu del artículo 22 de la ley de justicia y paz  (ley 975 de 2005).   

“INVESTIGACIONES      Y     ACUSACIONES     ANTERIORES     A     LA  DESMOVILIZACIÓN.  Si  para  el  momento  en  que el  desmovilizado  se acoja a la presente ley, la Fiscalía adelanta investigaciones  o  formuló  acusación  en su contra, el imputado, o  acusado,  asistido  por  su defensor, podrá oralmente o por escrito aceptar los  cargos  consignados  en  la resolución que le impuso medida de aseguramiento, o  en   la   formulación  de  imputación,  o  en  la  resolución  o  escrito  de  acusación,   según  el  caso.  Dicha  aceptación  deberá  hacerla  ante  el  magistrado  que  cumpla  la  función  de control de  garantías  en  las  condiciones  previstas  en  la presente ley”.  (Destaca la Sala).   

2.    La  suspensión   de  procesos  ordinarios  y   la   acumulación  al  proceso  de  justicia transicional (homologación del trámite)   

La  pregunta  nuclear  a resolver es:   ¿es   posible   o  no  suspender  un proceso penal en la justicia ordinaria y en qué momento procesal,  cuando  de  manera  simultánea se adelanta una investigación (o juicio) contra  un     desmovilizado    /    postulado    en    Justicia    y    Paz?:   

Cuando  se tramitan procesos en la justicia  ordinaria    por    conductas    del   desmovilizado,   sucedidas   durante   y  con  ocasión  de  la  pertenencia  al  grupo  armado  organizado     al     margen     de    la    ley7,  y  existe –como  en este caso- la manifestación libre de aceptar esos cargos  en  el proceso de transición, lo pertinente es establecer las condiciones de la  suspensión     y     posterior     acumulación  de las investigaciones, partiendo del presupuesto de  que  los  procesos penales  ordinarios  que  se  tramitan  ya  por la ley 600 de 2000, ora por la ley 906 de  2004  (sistema  penal acusatorio), no coinciden en su estructura procesal con el  trámite   de   la  ley  975  de  2005  que  fijó  el  marco  jurídico  de  la  reincorporación  de miembros de grupos armados organizados al margen de la ley,  que  contribuyan  de manera efectiva a la consecución de la paz nacional, en el  marco de un acuerdo humanitario.   

2.1.         A  manera  de  síntesis  resumida, el  proceso  de  justicia  y  paz  tiene una estructura precisa marcada por actos de  rito  tales  como  i)  la  versión  libre  del  desmovilizado ante la fiscalía de la Unidad de Justicia y  Paz,  ii) la audiencia de  formulación      de      imputación8, audiencia  de      solicitud      de      medida      de     aseguramiento     –entre       otras9-  que  se  surten  ante  el  magistrado  de  justicia  y  paz  con  funciones de control de  garantías,   iii)  la  audiencia  de  formulación  de  cargos  ante  el mismo magistrado de control de  garantías10,  iv)  la  audiencia      de  verificación  de  la  aceptación  de  cargos,  o de  control  de  legalidad formal y material de los cargos (legalización de cargos)  ante  la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior  del           Distrito          respectivo11,   v)  la  audiencia  de  individualización  de  pena  y  sentencia ante la misma Sala del  conocimiento,              vi)  incidente de reparación integral  ante  la  Sala  del  Conocimiento  del  Tribunal  de  Justicia y Paz:   

Audiencia de versión  libre del desmovilizado             

Ante la fiscalía de  la Unidad de Justicia y Paz  

Formulación   de  imputación / solicitud de medida de aseguramiento (entre otras)             

Ante     el  MCG  

Formulación   y  aceptación de cargos             

Ante     el  MCG  

Verificación  de la  aceptación  de  cargos,  o  control  de  legalidad  formal  y  material  de los  cargos             

Ante   la   Sala  del conocimiento  

Individualización de  pena y sentencia             

Ante  la  Sala  del  conocimiento  

Incidente   de  reparación             

Ante  la  Sala  del  conocimiento  

2.2.    Como   no   son   procesos  homogéneos     en     su    trámite,  lo  que  se  advierte  de  la censura es una discrepancia nimia  –de   método,   de  ritualidad      y      nada     más-   en   relación   con   el  estado  del     proceso    de    justicia    transicional   y   con   ocasión  de  la   suspensión   del  proceso   ordinario,   con  el  fin  –futuro-  de  acumularlo  al de Justicia y Paz, por la aceptación   de   los   hechos        jurídicamente        relevantes        definidos  en  la  resolución  de  situación  jurídica (o en la  resolución de acusación en el proceso penal ordinario):   

Baste   con  decir  que a partir de la  postulación   del   desmovilizado  al  trámite  de  Justicia  y  Paz,  lo que de hecho implica la base para iniciar el proceso penal  en   la   justicia   de  transición,  en   todo  momento  es  susceptible  de  suspender  un  proceso  ordinario  (ley  600 de 2000  –  ley  906  de  2004)  donde   se   investiguen   conductas   sucedidas  durante y con ocasión de la  pertenencia   al  grupo  armado  organizado  al  margen  de  la  ley,  con  la  finalidad  de  definir  a futuro si se acumula o no al  proceso  de  justicia  y  paz,  pues así lo establece el artículo 20 de la ley  975          (conc.          art.  22),  y  así lo viene reseñando la jurisprudencia:   

“2.2.10. En lo  atinente     a     la     acumulación     de     procesos    se      ha      afirmado      que12  tiene  lugar una  vez  declarada  la  legalidad de la aceptación de los cargos  por  la  Sala  del  Tribunal  Superior de Distrito Judicial, y que esa figura es  distinta   a   la   de   la  suspensión  de  los  procesos  que  estén a cargo de otras autoridades, por  conductas  cometidas  por  el imputado durante o con  ocasión  de  su  pertenencia  al grupo armado ilegal. En concreto, la  suspensión es una medida de carácter provisional que compete  al  magistrado  de control de garantías y tiene como  objeto  permitir  a  la  fiscalía  ahondar  sobre  ese  vínculo a fin de poder  imputarlas  en  la  audiencia de formulación y aceptación de cargos -si no han  sido  admitidas  por  el  desmovilizado  en  la  versión  libre-.  La   acumulación,   en   cambio,   es  definitiva  y  compete  al  funcionario     de     conocimiento”13.   (Destaca la Sala)   

Si  en el proceso penal ordinario se cuenta  con   fundamento   probatorio  y  con  decisión   que  satisfaga  de  manera  razonable  los  presupuestos  de  la  imputación fáctica (la narración de los  hechos  jurídicamente relevantes) que permitan inferir la imputación jurídica  (provisional,  pues  aún faltan controles a la imputación por parte de la Sala  de  Justicia  y  Paz)  y  fundamentar  la atribución  subjetiva  de esos hechos al desmovilizado,  habrá  que  predicar  entonces  que  tal acto de imputación  del proceso ordinario (L. 600 / L. 906) corresponde    con    el    momento   procesal   de   la   audiencia   de   formulación  de  imputación  en  Justicia y Paz ante el magistrado de  control           de           garantías14     quien    dispondrá  válidamente      la      suspensión del proceso ordinario.   

La audiencia de  formulación     de    imputación    se  contrae  a  que, tanto la fiscalía  como   el  magistrado  de control de garantías  verifiquen  las  condiciones jurídicas y procesales  de  la aceptación por parte del desmovilizado de los  cargos  (hechos  jurídicamente  relevantes)  que surjan del acto de imputación  que  viene  materializado  en  el proceso penal ante la justicia ordinaria, y lo  pertinente  entonces  es  que  el  juez  que funge como control de garantías en  justicia  y paz –una vez  verifique   las   condiciones   legítimas   de   la  imputación    y    aceptación    por   parte   del   desmovilizado-   disponga  la  suspensión  de  la  investigación del trámite ordinario.   

En  síntesis,  porque  se  está  ante  un  proceso  de contribución decisiva a la reconciliación nacional que se funda en  el  compromiso del desmovilizado de promover el derecho de las víctimas y de la  sociedad  en  general  a la verdad, la justicia y la reparación (en condiciones  del   debido   proceso   de  justicia  y  paz  y  con  respecto  de  estándares  internacionales de Administración de Justicia).   

Por  ello,  leído  el  asunto  en clave de  justicia  de  transición,  no  encuentra  la  Sala  dificultad alguna en que se  provea  la  suspensión  del  proceso –penal  ordinario-  en  el  expediente  de Justicia y Paz, donde se  asumirá  el  juzgamiento  de  la  totalidad  de  conductas cuya responsabilidad  acepta   el  desmovilizado,  para  que  se      continúe     la     investigación     y    juzgamiento    bajo    el    trámite    de    la    ley    975    de    2005.   Ya la Corte debatió un asunto  de         similares        características15,   no  obstante  que  por  razones  diferentes  (que  no son del caso aquí), no fuese resuelto de la misma  manera.   

2.3.  Ahora bien, como la promoción de  la  acción  penal  en Justicia y Paz es de cargo de la fiscalía (artículo 251  de  la  C. Pol., modificado por el Acto Legislativo número 03 de 2002), resulta  evidente   que  es  al  fiscal  a  quien  corresponde  definir  la  manera  como  enfrentará  los demás  hechos      delictivos      por     imputar,  teniendo  en  cuenta  que  las  imputaciones  parciales  permiten  agilidad a la  investigación  y  al  juzgamiento,  y  que  sin  obstáculo alguno ofrecen   una   visión   general   y  conjunta de los hechos que se investigan16.   

En  suma, aunque  el  fiscal  de  Justicia  y  Paz  se  encuentre  recibiendo  versión  libre  al  desmovilizado  y aún no tenga fundamento probatorio  suficiente   para   solicitar   audiencia  de  formulación  de  imputación  en  su    investigación,  ello   no   obsta  para  que,  con  fundamento en  las    conductas   que   se   investigan,   o   en  las   medidas   que  se  adopten   por   la   fiscalía  en  el  proceso  ordinario  (definición  de  situación  jurídica  –  acusación)     formule    imputación   o   formule   cargos   ante   el   Magistrado   de  Control  de  Garantías   según  el  estadio más o menos avanzado del proceso ordinario.   

Esas   posibilidades   de   audiencia  de  formulación   de  imputación  o  audiencia  de  formulación  de  cargos  (con  fundamento   en  las  pruebas  del  proceso  ordinario)  le  permiten  al fiscal solicitar y al Magistrado  de  control de garantías disponer que se suspenda el  proceso    ordinario,  siempre      y      cuando      aquél   trate  de  conductas  cometidas  durante   y  con  ocasión  de  la  pertenencia  al  grupo,  fundamento de legitimidad de las medidas que  se adoptan en Justicia y Paz.   

De suerte que si  el     interés     del     desmovilizado     es     que     se     acumulen  aquellas  conductas  al proceso de Justicia y Paz, simple y llanamente, tanto el  Fiscal  como  el  Magistrado  de  Control  de Garantías verificarán que los hechos del proceso ordinario  sí  prestan mérito para  adoptar  la  medida  de  aseguramiento,  solicitar y  disponer  la  suspensión  del     proceso     ordinario.      En    la  práctica, ello  implica  conjurar  el  desgaste de  adelantar investigaciones  penales  paralelas (una ante la justicia ordinaria y  otra  ante  el  sistema  de  transición)  por  hechos  sucedidos  durante y con  ocasión  de  la  pertenencia al grupo ilegal que por  virtud  del proceso de paz, corresponden a la jurisdicción especializada y no a  la ordinaria.   

Si  en  Justicia  y  Paz  el  desmovilizado  se  encuentra  rindiendo  versión libre,  es  procedente  pedir  la  suspensión  del  proceso ordinario  para  que  se  remitan  las  diligencias  a  la  Unidad  de Justicia y Paz de la  Fiscalía,  con  el  argumento suficiente   de   que  uno  y  otro  proceso  se  adelantan… “por  conductas  cometidas durante y  con     ocasión    de    la    pertenencia    al    grupo    ilegal”.   

Ergo,  será del  resorte   de   la   fiscalía   encarar  metodológicamente la formulación de  imputación  y  las  demás  audiencias del proceso, con el fin de igualar en la  medida  de  lo  posible la acusación en audiencia de  verificación   de  la  aceptación  de  cargos,  o control de legalidad formal y material de los cargos  ante  la Sala de Justicia y Paz, para que   el   proceso  penal  avance  de  manera  coordinada;   sin  perjuicio    –claro  está-  de  la  posibilidad  de  obtener  sentencias  parciales  cuando  no  sea  posible  igualar  en  la  audiencia  de  control  de  legalidad los múltiples  cargos contra el desmovilizado.   

2.4.     Una    vez   el   proceso   penal   cuente  con  el  escrito     de     formulación     (total   o   parcial)  de  cargos  que  satisfaga  las  exigencias  formales  verificadas en  sede   de   control   de   garantías,  se        tendrá        materializada       la       acusación  en  el proceso de justicia  transicional  y  se  surtirá la audiencia de control  de   legalidad   formal   y   material   de   los   cargos   (legalización   de  cargos,  verificación  de  la  aceptación   de   cargos)  ante  la     Sala    del    conocimiento17,  como  paso  previo  a la  individualización      de      pena,     sentencia    y    al    trámite   del   incidente   de  reparación.   

3.          La  adopción  de  las  decisiones  de  mérito proferidas por la justicia ordinaria  (definición  de  situación  jurídica,  medidas  de  aseguramiento, actos de acusación) en el proceso de  Justicia transicional:   

Como  se trata del juzgamiento de conductas  del    desmovilizado,  sucedidas  durante  y con ocasión de la pertenencia  al  grupo  armado  organizado  al  margen  de la ley,  la     medida    de  aseguramiento  proferida  en  el  proceso  ordinario  (como    sucede   en  este  caso,  en el que la fiscalía especializada de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos Humanos ordenó la  detención preventiva del  sindicado)  no afecta en  manera  alguna el trámite  de  justicia  y  paz,  pues  el  fiscal  del proceso  suspendido  verificó  en  su  oportunidad, y con fundamento en hechos precisos,  jurídicamente     relevantes,     que    la    decisión    que    limita  el  derecho de locomoción se corresponde con los fines de  la  medida  de  aseguramiento  previstos  en  la ley  ordinaria   (idéntico  análisis  cabe  en  relación  con  los  actos  de  acusación,  tanto  en sistema de ley 600 de 2000, como en sistema de ley 906 de  2004).   

Es  que,  la  medida     de     aseguramiento     puede        decirse        que        obedece        –en      principio-     a    idénticos    fines   en   uno   y   otro  trámites  (ordinario  y  de  justicia y paz); sin embargo y no  empece  que  no existe norma en la ley de transición  que     con     carácter    especial     regule     las    medidas    de  aseguramiento    (sus  requisitos,     procedencia    y    la    posibilidad    de    sustitución    o  revocatoria)18,        no  puede  olvidarse  que en el desarrollo del proceso de justicia  transicional    la   medida   de   aseguramiento           debe           obedecer           –en mayor grado- a la filosofía que  inspira   tal   legislación,   que   no  es  otra  que  la  protección  de  la  víctima   y  la  búsqueda  de  su integral  reparación.  Por eso, este último ingrediente ha  de  ser  tenido  en  cuenta  por  el  funcionario de justicia y paz a la hora de  adoptar    –en   su  trámite-  una  medida asegurativa tomada por el juez  (fiscal)   ordinario,  dado  que  los  objetivos  en  una  y  otra  legislación  no tienen los       mismos       alcances       y      dimensiones.   

Esto dice la resolución del 16 de junio de  2009  de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario (Fiscalía 67 Especializada, Rad. número 4198):   

“El     sindicado     ZULUAGA  CLAVIJO  no  tiene  derecho a  libertad                provisional,  por  no  cumplirse  los  requisitos expuestos en el artículo 365 del Código de  Procedimiento Penal.   

En   lo   referente  a  la  necesidad  de  aplicación  de  esta medida, se considera que en procura de los fines  perseguidos  con  esta  medida, se  hace  necesaria  por  la  gravedad y connotación de los delitos y la calidad de  los  investigados  (integrantes  del  grupo armado ilegal autodefensas unidas de  Colombia),  que  nos  lleva a inferir que de no aplicar la medida restrictiva de  la   libertad   no   comparecerán  al  proceso,  además  es  necesaria   para   la  protección  de  la  prueba,  pues estando en  libertad   podrán  emprender  actividades  tendientes  a  ocultar,  destruir  o  deformar  elementos  probatorios importantes para la investigación o entorpecer  la         actividad        probatoria, pues  al   traerse   testigos   que   declaren  en su contra y que ya no hacen parte de la organización armada  pueden    correr   peligro   sus   vidas,   pues   ya   uno   de   ellos   fue   amenazado,   a  más  de  lo  anterior son personas  que  residen en la región  donde  tienen  área  de  influencia  le grupo armado lo que podrá en riesgo su  seguridad,  ya  que pueden  tratar  de  intimidarlos  o  incluso  atentar  contra  su  vida”  (folios     247     – 254 / 2).   

No     se     trata     –en  Justicia y Paz- de legalizar de  nuevo  lo que es legal (las medidas de aseguramiento, las medidas cautelares, la  legalidad  de  evidencias  recaudadas  en  el  proceso ordinario, la acusación,  etc.);    nótese  bien  que  se  “suspende”  el  impulso  del  proceso  ordinario   que   adelanta  un  fiscal  de  la  República,  con  el  propósito  –futuro-  de  acumular  definitivamente   dicho   proceso   penal   al  de  Justicia  y  Paz.   

La suspensión del proceso en la justicia  ordinaria  no  implica en manera alguna que la actuación legítima que allí se  surtió  tenga  que  repetirse, simplemente al traer las diligencias (legalmente  aducidas  y adoptadas) al proceso de justicia transicional éste las adopta como  suyas19,  y  lo  pertinente es que la fiscalía adscrita a Justicia y Paz  continúe  con la formulación de imputación por las  demás  conductas  de las que tiene conocimiento y ha instruido, hasta que lleve  a     término     la    formulación    de    cargos    y    su    aceptación   por  parte  del  desmovilizado,  previo  control  de  legalidad  formal y material por parte de la Sala del  Conocimiento  del  Tribunal  de  Justicia y Paz, para  dar paso al incidente de reparación a víctimas.   

Es en   tal   sentido   como  deben  interpretarse  los artículos 22 de la Ley 975 de 2005 y 11  del Decreto 3391 de 2006.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1)          CONFIRMAR   la  decisión  de  declarar  viable   la   diligencia  de  aceptación  de  cargos  formulados  al  postulado  GERARDO  ZULUAGA  CLAVIJO,  tomada  por  el Magistrado de control de garantías de la Sala de Justicia y Paz  del Tribunal de Medellín el 6 de noviembre de 2009.   

2)          CONFIRMAR  la  orden  de  suspender  de  manera  provisional  el  proceso  radicado  con  el  número  4198  en  la  Fiscalía  67  Especializada  de  la  Unidad Nacional  de  Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario  de  Bucaramanga  (Por  información  del defensor, el  proceso  cuya  suspensión se dispuso… se encuentra radicado en el Juzgado 2°  Penal   Especializado  de  Bucaramanga,  Rdo.  Núm.  040  de  2010).   

3)          DEVOLVER  la actuación al Magistrado de  control  de  garantías  de  la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Medellín  con  el  fin de que continúe con el trámite  previsto en la L 975/05.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno;  se notifica en estrados.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                            SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

             

        ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                             JULIO       ENRIQUE       SOCHA      SALAMANCA                                

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1Dada  la  relevancia  del tema, la Sala estima oportuno recordar lo que se expresó en  el  auto  de  segunda  instancia  del  pasado  24 de febrero de 2010, rad. núm.  32889:   

“2.1. El menor  combatiente.   

La participación de menores de edad en los  conflictos  armados  es  una de las mayores vergüenzas de la humanidad en tanto  en  ella  se  aprecia  la trasgresión del principio ético del hombre como auto  fin  en sí mismo, y se proyecta como en ningún otro caso con tanta intensidad,  la  utilización  del  hombre  como medio al servicio de los intereses de otros;  con  la  gravedad  de  que  se  usa  a  personas  que  aún  no han alcanzado el  desarrollo  necesario  para  poder  decidir  con  la  madurez y juicio reflexivo  aconsejables en la determinación de vincularse a un grupo armado.   

El  derecho internacional humanitario, esa  rama  del  derecho  surgida  del  horror,  construida  sobre las  humeantes  ruinas  europeas  de  la  segunda guerra mundial, escrito con la sangre  de  las  víctimas  y  animado  por  los  gritos de horror salidos de sus moribundas  entrañas   que   aturden  la  racionalidad  fracasada,  para  quienes  no  hubo  explicación  sobre  lo  inevitable  de  las  guerras,  las  que  esconden en su  justificación  nada  más que la vanidad, la avaricia y el orgullo de aquéllos  a quienes nada importa los derechos de los demás.    

La justificación de la guerra entraña por  tanto  el fracaso del discurso filosófico de la modernidad, ese que exaltaba al  hombre  como  eje del conocimiento y razón de ser del mundo, de ese meta-relato  que  condujo  a  la  ciencia a convertirse en usufructuaria de las vanidades y a  que  subordinara  al  hombre  bajo  la  técnica, a su vez puesta al servicio de  intereses  egoístas  que esconden la acumulación de poder, siendo la guerra el  mejor  medio  para realizar las aspiraciones de los que traicionaron la doctrina  del protagonismo del hombre.   

Pues  bien,  el  DIH  se fue gestando como  paliativo  frente  a  la aparente inevitabilidad de la guerra, provocada por los  intereses   mezquinos,   presentada   descarnadamente  como  la  partera  de  la  historia.   Con  vergüenza el mundo civilizado tiene que seguir apelando a  la  normatividad  del  DIH,  originada  en  la  incapacidad  de  la política de  encontrar  caminos  diferentes para el logro de la convivencia pacífica, de esa  paz  perpetua con la que soñaron Kant y los utópicos, fundada, en todo caso en  la justicia social.    

De manera enérgica se debe declarar que en  nuestro  territorio  se  respeta  el  derecho de la guerra, ya que la Ley 5ª de  1960  avaló la aplicación de los Cuatro Convenios de Ginebra de 1949, mediante  la  Ley 11 de 1992 se aprobó la aplicación del Protocolo Adicional I de 1977 y  la Ley 171 de 1994 la del Protocolo Adicional II.   

Permitir  que  los menores hagan parte del  conflicto  armado,  como  combatientes,  mensajeros, informantes, utileros, o de  cualquier  manera,  constituye  una  afrenta  contra  el  Derecho  Internacional  Humanitario.   

Se  ordena en el Título II artículo 4º,  numeral 2º del Protocolo II, que:   

“c)  Los  niños  menores de 15 años no  serán  reclutados  en  las  fuerzas  o  grupos  armados  y no se permitirá que  participen en las hostilidades;   

d) La protección especial prevista en este  artículo  para los niños menores de 15 años seguirá aplicándose a ellos si,  no  obstante  las disposiciones del apartado c), han participado directamente en  las hostilidades y han sido capturados”;   

Por tal razón el reclutamiento de menores,  en  principio  con edad inferior a quince años,  se convierte en un crimen  de  guerra,  y  de manera específica nuestro Código Penal en su artículo 162,  inserto  en  el Título II dedicado a penalizar los “Delitos contra personas y  bienes  protegidos  por  el Derecho Internacional Humanitario”, extiende dicha  protección  a  los  18  años,  intentando  evitar  que  a los infantes les sea  arrebatado su derecho a ser niños, advierte:   

“Reclutamiento  ilícito.  El  que,  con ocasión y en desarrollo de  conflicto  armado, reclute menores de dieciocho (18) años o los obligue  a  participar  directa  o indirectamente en las hostilidades o en acciones armadas,  incurrirá  en  prisión  de  seis  (6) a diez (10) años y multa de seiscientos  (600)     a     mil     (1.000)     salarios    mínimos    legales    mensuales  vigentes.”   

También en cumplimiento de dicho postulado  del  DIH,  la  Ley  418 de 1997 modificada por el artículo 2º de la Ley 548 de  1999, sentencia:   

“Los  menores de dieciocho (18) años de  edad   no   serán  incorporados  a  filas  para  la  prestación  del  servicio  militar.   A  los  estudiantes  de  undécimo  grado,  menores de edad que,  conforme  a  la Ley 48 de 1993, resultaren elegidos para prestar dicho servicio,  se  les  aplazará  su  incorporación  a  las filas hasta el cumplimiento de la  referida edad”.   

Los menores de dieciocho años ciertamente  no  pueden  hacer parte del conflicto armado porque tal situación constituye un  atentado  contra  el  menor,  contra  la  institución  de la familia, contra la  cultura,  contra  la  sociedad,  por  no  mencionar  lo más evidente, contra la  libertad y la vida.   

Su reclutamiento conduce a la desaparición  de  los futuros agricultores y al nacimiento de guerreros baratos, apasionados y  no  deliberantes,  para  quienes  la  única  normalidad  es  la obediencia y la  guerra;   pero  además, interrumpe la evolución cultural y económica del  entorno  social,  sustituye  la  esperanza  del bienestar colectivo por la   convicción  de  que  la  intervención  violenta  facilita  el  cumplimiento de  objetivos  estratégicos  de  la  máquina  de  muerte a la que sirven, también  alienta  la  opción  de  la  guerra como alternativa laboral posible para otros  niños  que  enfrentan  su  evolución  psicológica a la rebeldía de su orden,  sustituye  la  inocencia  por  la sed de muerte, les roba sus sueños, acalla al  campo,  a  la familia y a la sociedad en un mismo silencio, ya que la alegría y  la felicidad huyen del tableteo de metralla.   

Por   tal   razón,   se  había  venido  considerando  al  menor  combatiente, ante todo, como víctima del reclutamiento  ilegal.   Sin  embargo, al sopesar dicha situación con los derechos de las  víctimas,  la Corte Constitucional, al declarar la exequibilidad del Parágrafo  Segundo  del  artículo 50 de la Ley 418 de 1997, modificado por el artículo 19  de  la  Ley  782  de  2002,  que  admite la posibilidad de indulto a los menores  participantes  en  actividades militares y responsables de delitos graves, en la  sentencia  C-203  de  2005  modificó  tal  forma  de razonar, desde el supuesto  según   el  cual  los  menores  tienen  la  doble  condición  de  víctimas  y  victimarios,   y  en  tanto  pueden  ser  responsables  de  delitos  graves,  su  juzgamiento  solo  puede  adelantarse  a partir del cumplimiento del conjunto de  derechos  que  acompañan  su trasegar por el proceso sancionatorio, reconocido,  tanto  en  el  bloque de constitucionalidad como en la ley patria.  Así lo  explicó:   

“¿es constitucional que a los menores de  edad  que han formado parte de grupos armados al margen de la ley se les procese  judicialmente  por motivo de los delitos que hubiesen podido cometer en el curso  del conflicto armado?   

6.4. La respuesta a este interrogante es la  siguiente:  no  se  desconoce  ni  la  Constitución  Política  ni  el  derecho  internacional  por  la  vinculación  de  los  menores desmovilizados a procesos  judiciales  destinados  a  establecer  su  responsabilidad penal, pero siempre y  cuando  se de cumplimiento a las garantías sustanciales y procesales básicas a  las  que  tienen derecho en su triple calidad de  (i) menores de edad, (ii)  víctimas   del   conflicto  armado  especialmente  protegidos  por  el  Derecho  Internacional,  y  (iii)  menores  infractores de la ley penal. Estas garantías  mínimas,  que  ya  fueron  reseñadas  en  los  acápites  precedentes,  serán  sintetizadas  en  el  capítulo  final  de  esta  sentencia,  y  constituyen  un  catálogo  de  salvaguardas  que  deben  garantizarse  en  todos  los  casos  de  procesamiento penal de menores combatientes.   

Las  razones  por  las  cuales  la  Corte  considera  que  el  procesamiento  jurídico-penal de estos menores no desconoce  las  obligaciones  constitucionales  e internacionales del Estado colombiano, ni  es  incompatible  con  la  protección  especial que merecen por sus condiciones  personales,  siempre  y  cuando  se respeten plenamente las garantías aludidas,  son las siguientes:   

6.4.1.  Es incuestionable que por el hecho  de   haber   sido  reclutados  a  las  filas  de  los  grupos  armados  ilegales  –muchos  de  ellos  de  manera  forzosa  o  de  forma  aparentemente  “voluntaria”-,  los  niños  y  adolescentes  combatientes son víctimas del delito de reclutamiento ilícito de  menores,  y  en  tal  calidad  tienen  derecho  a  una  asistencia y protección  especial   por   parte  del  Estado,  así  como  a  que  se  haga  efectiva  la  responsabilidad  penal  de  quienes les llevaron a ingresar al conflicto armado.  Pero  al  mismo tiempo, resulta igualmente incuestionable que en el curso de las  confrontaciones,  estos  menores  pueden llegar a cometer hechos ilícitos de la  mayor   gravedad,   los   cuales   a   su  vez  generan  víctimas  – y estas víctimas, en la medida en  que  sobrevivan  o  bien  sus  familiares, también tienen derechos de raigambre  constitucional  e  internacional  que  han  de  ser necesariamente respetados (a  saber,  los  derechos  a la verdad, a la justicia y a la reparación respecto de  las  infracciones  a  las  leyes penales1).   

6.4.2.  La  existencia  y  el  grado  de  responsabilidad  penal  de  cada  menor  implicado  en la comisión de un delito  durante  el  conflicto tiene que ser evaluado en forma individual, con la debida  atención  no  sólo a su corta edad y su nivel de desarrollo psicológico, sino  también   a   una  serie  de  factores  que  incluyen  (a)  las  circunstancias  específicas  de  la  comisión  del hecho y (b) las circunstancias personales y  sociales  del niño o adolescente implicado, entre ellas si ha sido, a su turno,  víctima  de  un crimen de guerra de la mayor seriedad; así mismo, en cada caso  concreto  deberá establecerse (c) el grado de responsabilidad que cabe atribuir  a  los  culpables  del reclutamiento del menor que impartieron las órdenes, (d)  la  responsabilidad  de  quienes,  además  de los reclutadores, han obrado como  determinadores   de   su   conducta  –entre  otras, bajo la amenaza de ejecución o de castigos físicos  extremos,  como  se  mencionó en acápites precedentes-, y (e) la incidencia de  estas  circunstancias  sobre  la  configuración  de los elementos de tipicidad,  antijuridicidad  y  culpabilidad  necesarios  para  la  existencia de un delito.  También  habrá  de determinarse en cada caso individual (f) si es posible, por  las   conductas   específicas   y  concretas  del  menor  involucrado,  que  su  comportamiento  configure  un determinado delito político a pesar de haber sido  reclutado,  si fuere el caso, en forma contraria a su voluntad, así como (g) la  relación  entre  la  configuración  de  estos  delitos políticos y la posible  responsabilidad  penal que proceda por los delitos conexos, al igual que (h) las  conductas  que  quedarían  excluidas  de  su  órbita, tales como la ferocidad,  barbarie,  terrorismo,  etc. Estos son factores a los que el juzgador individual  habrá   de   conferir   la  mayor  trascendencia  dentro  de  su  análisis  de  responsabilidad.  En  esta  medida,  los procesos judiciales que se adelanten en  relación  con  los  menores  combatientes,  si bien deben ser respetuosos de la  totalidad  de  las  garantías que rodean el juzgamiento de menores infractores,  deben  además  tener  un  carácter  especialmente  tutelar y protectivo de los  niños  o  adolescentes  implicados,  por  su  condición  de  víctimas  de  la  violencia  política y por el status de protección especial y reforzada que les  confiere  el  Derecho  Internacional  en tanto menores combatientes –   carácter   tutelar   que  hace  imperativa  la  inclusión  de  este  tipo  de  consideraciones en el proceso de  determinación  de  la  responsabilidad  penal  que  les quepa, así como de las  medidas  a  adoptar.  Todo  ello  sin  perjuicio  de  la coordinación entre las  autoridades  judiciales  competentes  y  el  Instituto  Colombiano  de Bienestar  Familiar,  encargados  de  desarrollar  el proceso de protección y reinserción  social que ordena la ley.   

6.4.3.  Lo  que es claro para la Corte, es  que  la  exclusión  ab  initio  y  general de cualquier tipo de responsabilidad  penal  para  los menores combatientes, con base en el argumento de su condición  de  sujetos  pasivos  del delito de reclutamiento forzoso, desconoce la realidad  de  la  conducta  de  cada  uno  de estos niños o adolescentes en particular, y  presupone  que  los  menores  combatientes no cometen hechos punibles durante el  conflicto  distintos  al de formar parte de las filas de grupos armados ilegales  y  que  a  lo  largo  del  conflicto no pueden llegar a decidir participar en la  comisión  de  delitos,  lo cual también descartaría su responsabilidad por la  eventual  comisión  de delitos atroces. Su condición de víctimas de un crimen  de  guerra tan execrable como el del reclutamiento forzoso amerita una respuesta  enérgica  y decidida por parte de las autoridades, orientada a su protección y  tutela  y  a  la sanción de los responsables;  pero al mismo tiempo, deben  considerarse  con  el  cuidado  y detenimiento requeridos las diversas conductas  punibles   desarrolladas   por   cada   uno   de  los  menores,  individualmente  considerados,  durante su militancia en las filas de los grupos armados ilegales  y  los  efectos  de  tales  conductas punibles sobre los derechos ajenos, ya que  existen  otros  derechos  implicados  –los  derechos  de  las víctimas- que no pueden ser desestimados o  ignorados por las autoridades”.   

Se  dice  que  un  alto  porcentaje de los  combatientes  en  el  conflicto  colombiano  no superan la minoridad1,   lo   cual  adquiere  dimensiones  trágicas    frente    al   futuro   próximo   de   la   superación   de   las  hostilidades.   Por  tal razón la Ley 975 de 2005 en su artículo 64, para  alentar  a  los  miembros de los grupos armados al margen de la ley a entregar a  sus  integrantes  menores  de edad, dispuso que el haberlos tenido en sus filas,  no  constituye  causal para perder los beneficios concedidos, tanto en la Ley de  Justicia y Paz como en la 782 de 2002.   

Lo que debe quedar claro es que los menores  deben  estar por fuera del conflicto armado.  En desarrollo de lo dispuesto  en  la  Convención de los Derechos del Niño (artículos 38 y 39), el artículo  20.6  de  la  Ley  1098  dispone  que  los niños, niñas y adolescentes, serán  protegidos contra las guerras y los conflictos armados internos”.   

2El  antecedente  reposa en el Juzgado Segundo Promiscuo de Familia de Vélez, que el  3  de  noviembre de 2004 profirió decisión en relación con este menor de edad  (cfr.  folios  173 – 173  / 2).   

3En  relación  con este hecho, se planteó por la Fiscalía que no ha habido expresa  aceptación,  no  obstante,  el  Magistrado de garantías inquirió al postulado  por  los  cargos a los que se refiere las resolución que definió la situación  jurídica  en el radicado número 4198, y ZULUAGA CLAVIJO los aceptó… por tal  razón  la  Sala  incluye  el  reclutamiento del menor José Luis Agudelo Muñoz  como  una  de las conductas aceptadas;  sin embargo, si alguna imprecisión  existe  en  esa  materia  (en  relación  con una declaración completa, veraz y  aceptación  expresa  del  cargo),  tanto  la  defensa,  como  la  fiscalía, el  Ministerio  Público  y  el Magistrado de Control de Garantías habrán de hacer  las  verificaciones  del  caso  para  que  no  quede  duda alguna de la correcta  imputación  (completa,  veraz,  en  términos  del proceso de Justicia y Paz) y  aceptación  expresa,  legal  del  cargo (cfr. auto del 9 de marzo de 2009, rad.  núm. 31048).   

4La  petición        del       Ministerio       Público       de       confirmar   la   decisión  impugnada  implicó el desistimiento del recurso.   

5CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, auto del 14 de diciembre de 2009, rad.  núm. 32575;  ib. Auto del 11 de marzo de 2010, rad. 33301.   

6El  artículo  3  de  la  Ley  de  Justicia  y  Paz  enseña  que  “el  proceso de  reconciliación  nacional al que dé lugar la presente ley, deberá promover, en  todo  caso,  el  derecho  de  las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia  y la  reparación  y respetar el derecho al debido proceso y las garantías judiciales  de  los  procesados”,  lo  que  implica  que  para  hacerse acreedor a la pena  alternativa,   el   desmovilizado   debe  confesar  la  totalidad de crímenes que cometió, indicando las  circunstancias  en  las  cuales  ocurrieron  éstos,  así  como  reparar  a los  afectados.    (Ib.   Auto   del   9   de   marzo   de   2009,   rad.  Núm.  31048).   

7CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICDIA,  Auto  del 12 de mayo de 2010, rad.  núm. 33610.   

8“…el  juicio de legalidad material  que  le  corresponde  al  magistrado de control de garantías en la audiencia de  imputación,  está  circunscrito  a  los  motivos  fundados  que  propician  la  inferencia  razonable  de la probable autoría o participación del procesado en  los   hechos   a  él  atribuidos.   Esto  es  que  está  circunscrita  su  intervención  en  este punto, a la revisión del fundamento argumentativo de la  imputación”.   Auto del 01 de julio de 2009,  rad. núm. 31788.   

9Tales  como las medidas cautelares sobre bienes del desmovilizado,  las provisiones relativas a la reparación a víctimas.   

10Una  revisión  detallada  del  ESQUEMA PROCESAL de las investigaciones en Justicia y  Paz,  se refirió en el auto del 31 de julio de 2009, radicado número 31539, en  donde  la  Sala  precisó que el objetivo de esta diligencia es que el fiscal…  “solicitará   al   magistrado   de   control  de  garantías  la  programación  de una audiencia de formulación de cargos, en la  que,  a  través  de  una  valoración jurídica que satisfaga el presupuesto de  tipicidad  estricta  de las conductas punibles, concrete la imputación fáctica  y   precise   las   categorías  de  atribución  subjetivas  cometidas  por  el  desmovilizado,  en  su condición de militante de una organización ilegal, para  que  de  manera  espontánea,  libre,  voluntaria,  y  asistido por su defensor,  manifieste  qué  cargos o delitos acepta”.  Y  si  existe  la  aceptación en tan precisas condiciones, el Magistrado que funge  como   control   de  garantías…  “remitirá  la  actuación  a  la  secretaría  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  conocimiento…”.  (ib.  Auto  del  11 de marzo de  2003, rad. núm. 33 301).   

11CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  auto  del  8 de marzo de 2010, rad.  núm. 33301.   

12  Cfr.  Auto  de  segunda  instancia 28250 del 25 de septiembre de 2007.   

13CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto de segunda instancia del 31 de  julio  de  2009, rad. núm. 31539;  Ib. Auto de segunda instancia del 25 de  septiembre de 2007, rad. núm. 28250.   

14“…el  juicio de legalidad material  que  le  corresponde  al  magistrado de control de garantías en la audiencia de  imputación,  está  circunscrito  a  los  motivos  fundados  que  propician  la  inferencia  razonable  de la probable autoría o participación del procesado en  los   hechos   a  él  atribuidos.   Esto  es  que  está  circunscrita  su  intervención  en  este punto, a la revisión del fundamento argumentativo de la  imputación”.   Auto del 01 de julio de 2009,  rad. núm. 31788.   

15“La   controversia  jurídica  objeto  de  decisión  radica  en  determinar    si   resulta   válido   que   TRIANA  MAHECHA,  en  el  marco  del  trámite  en mención,  acepte  cargos por un delito respecto del cual la justicia ordinaria le adelanta  paralelamente  un  proceso  penal,  sin que esté concluida la versión ni se le  haya formulado imputación ni mucho menos formulación de cargos.   

La  defensa y el Ministerio Público en esa  oportunidad,  en  tesis  avalada  por  el Magistrado de Control de Garantías de  Justicia  y Paz de Medellín, consideran que tal actuación es correcta, pues se  fundamenta   en   el   artículo   22   de   la   citada   Ley   975…   

Para  dilucidar  la  controversia,  se hace  necesario  recordar  el  propósito  que  animó la expedición de la Ley 975 de  2005,      esto     es,     según     su     artículo     1º     “facilitar  los procesos de paz y la  reincorporación  individual  o  colectiva a la vida civil de miembros de grupos  armados  al  margen  de  la ley, garantizando los derechos de las víctimas a la  verdad,    la   justicia   y   la   reparación”.   

Con dicha disposición legal, entonces, el  legislador  buscó  alcanzar  el  axioma  fundamental  de la paz a través de la  reinserción  a  la  sociedad  de miembros de organizaciones al margen de la ley  que  estaban generando violencia en el país. Para ello la ley consagró a favor  de  aquellos un importante incentivo que denominó pena alternativa, consistente  en  la  imposición  de  una  sanción  sensiblemente  benévola para quienes se  desmovilizaran   de  esas  agrupaciones  delictivas  y  aceptaran  sus  delitos.   

Tal  tratamiento punitivo, sin embargo, no  fue  gratuito,  pues se condicionó a la obtención de la satisfacción efectiva  de  los derechos de la víctima a la justicia, verdad y reparación, como quedó  establecido  en  el  artículo  3º,  al  señalarse  allí  que “el  proceso  de  reconciliación  nacional  al  que  dé  lugar la  presente  ley,  deberá promover, en todo caso, el derecho de las víctimas a la  verdad,  la  justicia y la reparación y respetar el derecho al debido proceso y  las      garantías      judiciales     de     los     procesados”,  lo cual  implica  que  los  desmovilizados  para hacerse acreedores a la pena alternativa  deben  confesar  sus  crímenes,  indicando  las  circunstancias  en  las cuales  ocurrieron    éstos,    así   como   reparar   a   los   afectados…   

…De  ahí  que  esta  Corporación,  en  reciente   decisión,   haya   señalado  que  “el  protagonista  del  procedimiento previsto en la Ley 975 es la víctima, será la  destinataria  de  la  verdad que se encuentre a partir de las confesiones de los  desmovilizados,  de suerte que esa es tal vez una de las tareas más importantes  para  mitigar  su  sufrimiento:  la  reivindicación  de su intimidad personal y  familiar,  la  recuperación  de  la vergüenza y la dignidad arrebatadas por la  impotencia  que  provoca  el  silencio y la desventaja humillante”15.   

Precisamente,  para  la  obtención  de  la  confesión  fue  que  la  Ley  975  de  2005 estableció como paso inicial en el  trámite  judicial  de  la  actuación  la  diligencia  de versión libre. En su  desarrollo  el  postulado  debe  admitir  sus  actividades  delictivas de manera  completa  y  veraz,  como lo estableció la Corte Constitucional en la sentencia  C-370  de  2006  al condicionar en esos términos la exequibilidad del artículo  17 de la Ley de Justicia y Paz.   

Por tanto, es bajo tal perspectiva que debe  interpretarse  el  artículo 22 de la citada ley. Ciertamente, la misma autoriza  al  postulado  a  aceptar dentro del proceso de Justicia y Paz los cargos que se  le  hayan  imputado  en  medida  de  aseguramiento o resolución de acusación o  escrito  de  acusación  con  ocasión  de  investigaciones  adelantadas  por la  justicia  ordinaria,  siempre  y  cuando,  por  supuesto,  que  los hechos hayan  ocurrido  en desarrollo y con ocasión de su pertenencia a la agrupación armada  organizada al margen de la ley…   

…El artículo  22  arriba  citado  establece que la aceptación allí regulada se hará ante el  Magistrado  de  Control  de  Garantías,  sin  que  para el efecto sea necesario  agotar  toda  la  ritualidad  regulada  en  el artículo 19 de la misma Ley 975,  acorde   con  el  cual  la  admisión  de  responsabilidad  debe  efectuarse  en  desarrollo  de  la audiencia de formulación de cargos. Sin embargo, la norma en  alusión  exige  que  el  procedimiento  de  aceptación  se realice mediante el  cumplimiento  de  “las condiciones previstas en la  presente ley”.    

Esas         “condiciones”   a   que   alude   el  artículo  22  están  relacionadas,  precisamente,  con la satisfacción de los  objetivos  de la Ley 975 ya comentados, es decir, el logro de la paz mediante la  reinserción  social a cambio de un benévolo tratamiento punitivo, condicionado  al  respeto  de los derechos de las víctimas, lo cual significa entonces que la  aceptación  de  cargos  sólo  resulta  viable  si el desmovilizado, además de  cumplir  los  requisitos  de  elegibilidad  para  la  desmovilización colectiva  previstos  en  el  artículo  10  de  la  Ley  de  Justicia y Paz, así como los  establecidos        en        sus        normas       reglamentarias15,  durante la diligencia de versión  libre  realizada  en  el  marco del proceso de Justicia y Paz confiesa de manera  completa  y  veraz  el  delito  o  delitos  por  razón  de  los  cuales hace la  manifestación de responsabilidad.   

La anterior hermenéutica se fortalece si se  examinan  las  razones  ofrecidas  por  la  Corte  Constitucional  cuando  en la  sentencia  C-575  de  2006  refrendó  la  exequibilidad  del  artículo  22  en  cuestión. En efecto, dicha Corporación señaló:   

“En  similar  sentido  ha  de señalarse que en manera alguna cabría interpretar el artículo  22  acusado  en  un sentido que exonere  al desmovilizado, en la hipótesis  que  en  él  se  señala,  del  cumplimiento del conjunto de etapas procesales,  requisitos  y  obligaciones  que  en  la  ley  se imponen para quienes pretenden  acceder  al  beneficio  de  la  alternatividad  penal  regulada en dicha ley”.   

Para  arribar  a  tal conclusión, la Corte  Constitucional  partió  de  considerar  que  el  examen  de  dicha norma debía  hacerse  necesariamente  en  armonía  con  el coetáneo propósito de la Ley de  Justicia  y Paz de garantizar los derechos de las víctimas. Así reflexionó el  órgano   judicial   en   mención   en   la   antes   remembrada  sentencia  de  constitucionalidad:   

“Al respecto la Corte señala que como lo  ponen  de  presente  el  señor  Fiscal   y   el   señor   Procurador   General  de  la  Nación  dichos  artículos15   deben  necesariamente  examinarse de manera sistemática con  el  conjunto  de  la  ley  y  particularmente con el  entendimiento   que   dio  la  Corte  del  beneficio  de  la  alternatividad  al  condicionar  la  exequibilidad  del  artículo  3  de  la  Ley 975 de 2005 en el  entendido  que  dicha  alternatividad  y la colaboración con la justicia que en  ella  se exige deben estar encaminadas a “lograr el  goce  efectivo  de  los  derechos  a  las víctimas a la verdad, la justicia, la  reparación   y   la  no  repetición”(subraya la Sala).   

Obsérvese   cómo   la   propia   Corte  Constitucional  prohíja  en  el  aparte  antes  transcrito  los  planteamientos  ofrecidos  por  la Fiscalía General de la Nación y la Procuraduría General de  la  Nación sobre la constitucionalidad del artículo 22, y es así como, según  las  referencias  consignadas  en dicha sentencia, el primero de los mencionados  organismos  señaló  que  esa  disposición  “hace  parte  de  un  engranaje  procedimental  que  impide  pensar que se trate de una  opción  legal  aplicable  al  margen  de  las demás disposiciones de la ley de  justicia  y  paz”, en tanto la Procuraduría pidió  desestimar   el   cargo   significando   que   esa   norma   no  “puede  entenderse  en  el  sentido  de  autorizar  el otorgamiento  gratuito  y  sin  ninguna condición  de un beneficio jurídico, como es la  pena alternativa”.   

En  tal  virtud,  no  resulta  admisible el  planteamiento  del  delegado  de  la  Procuraduría  expresado  en  la audiencia  celebrada  en  primera  instancia cuando sostiene que el presupuesto de justicia  en     este     caso    se    cumplió    en    el    trámite    del    proceso  ordinario.    La  exigencia  de garantizar la justicia, verdad y reparación establecida en la Ley  975  de  2005  queda a cargo de manera fundamental del desmovilizado si aspira a  beneficiarse    de   la   pena   alternativa.   Ese  presupuesto,  por  tanto,  no  puede entenderse  satisfecho  con  la  investigación  que  los  funcionarios  judiciales realizan  mediante  los  procedimientos ordinarios, pues en ese caso ninguna colaboración  con  la  justicia  ha  prestado  el  postulado  para garantizar tales derechos y  entonces hacerse acreedor a la pena alternativa.   

Ejemplificando  se tiene que si alguien que  se  desmovilizó  de  un  grupo armado ilegal está siendo investigado o juzgado  por  la  justicia ordinaria por un delito de homicidio cometido en desarrollo de  su  pertenencia a esa organización y ocurrido antes del 25 de julio de 2005, no  le  basta acudir al proceso adelantado en su contra por la justicia transicional  consagrada  en  la Ley 975 de 2005 y admitir dicho punible para automáticamente  beneficiarse  de  la  pena  alternativa. Es necesario  que  en  el  marco de la diligencia de versión libre indique las circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  bajo  las  cuales  cometió  el  crimen,  revele  el  sitio  donde  quedaron  los despojos mortales de la  víctima  y  procure  reparar  de manera integral los perjuicios causados con su  acción      delictiva.      (Destaca     la  Sala)    

El  cumplimiento de tales condiciones ha de  ser  verificado  por  el  Magistrado de Control de Garantías para acceder a dar  trámite  a  la  aceptación  del  cargo  o  cargos,  es  decir,  le corresponde  previamente  examinar  si  el  desmovilizado  en desarrollo de la versión libre  confesó  de  manera  completa  y  veraz  los  hechos  en  torno a los cuales se  edificó  la  imputación  o acusación formulada en la justicia ordinaria”…  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto de segunda instancia del 9 de marzo de 2009,  rad. núm. 31048.   

16Cfr.  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Auto de segunda instancia del 18  de febrero de 2009, rad. núm. 30775.   

17Ib. Auto del 11 de marzo de 2003, rad. Núm. 33 301.   

18CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  auto  de segunda instancia del 9 de  febrero  de  2009, rad. núm. 30942.  Id. Auto del 22 de mayo de 2009, rad.  núm. 31582;  auto del 23 de julio de 20088, rad. 30120.   

19“…resulta   oportuno,   en   ese  sentido,  de  conformidad  con  la figura de complementariedad o de integración  prevista  en  el  artículo  62 de la Ley de Justicia y Paz, acudir a las reglas  del  Código  de   Procedimiento  Penal, en particular a lo previsto en los  artículos 306 a 320 de la Ley 906 de 2004.   

Pues bien, la actual normatividad en cuanto  a  los  requisitos para imponer la detención preventiva como medida restrictiva  del  derecho  a  la  libertad,  se ciñe a las directrices sentadas por la Corte  Constitucional  a  través de la sentencia C-774 del 25 de julio 2001, en cuanto  a  que  para  su  imposición  no  basta  con  la concurrencia de los requisitos  formales  y  sustanciales  establecidos en la ley, sino que también debe emanar  su  necesidad  en  orden  a  evitar  que el imputado obstruya el ejercicio de la  justicia,  constituya  peligro para la sociedad o la víctima o para conjurar el  riesgo  de  que  no comparezca al proceso o no cumpla la sentencia, como así lo  recoge  el artículo 308 de la Ley 906 de 2004.  Sobre el particular, en el  aludido fallo de constitucionalidad, se consignó:   

        “Para   que   proceda  la  detención  preventiva  no  sólo  es  necesario  que  se  cumplan  los  requisitos  formales  y  sustanciales  que  el  ordenamiento  impone, sino que se requiere, además, y con un ineludible alcance  de  garantía,  que  quien  haya  de  decretarla  sustente  su  decisión  en la  consideración  de las finalidades constitucionalmente admisibles para la misma.  los  criterios  legales  de  procedencia  y  de señalamiento de los fines de la  detención  preventiva,  deben  concurrir  con  los mandatos constitucionales, y  podrían  ser  objeto de juicio de constitucionalidad cuando no se ajusten a los  postulados  de  la  Carta fundamental. Si la detención se ordena sin considerar  los  principios  y  valores  que inspiran la Constitución, y en particular, las  finalidades  constitucionalmente admisibles para la misma, en su apreciación en  el  caso  concreto,  el  presunto  infractor  de  la ley penal, su defensor o el  Ministerio  Público  pueden  solicitar  el  control  de  legalidad de la medida  adoptada,  o  hacer  uso de los mecanismos constitucionalmente previstos para la  defensa  de  los  derechos  fundamentales, toda vez que de ello, resultaría una  violación  de  los  derechos  constitucionales  a  la  libertad personal y a la  presunción  de  inocencia y se presentaría, además, una violación del debido  proceso,  si  se establece que la ley se ha aplicado en un sentido excluido como  inconstitucional por la Corte”.   

Lo  anterior,  como también lo explica el  máximo  Tribunal  Constitucional,  porque  la  restricción  al  derecho  a  la  libertad  es  de carácter excepcional, conforme se precisó recientemente en la  sentencia C-318 de l 9 de abril de 2008, al señalar:   

        “…la  determinación  sobre  las medidas de aseguramiento, los  requisitos  y  los  supuestos  en  que ellas resultan procedentes, así como las  condiciones  para su cumplimiento, son decisiones que involucran consideraciones  de  política  criminal,  de  conveniencia  y  de  oportunidad  que caen bajo la  órbita  de  competencia  legislativa.  Sin embargo, no se trata de una potestad  absoluta  sino  que ella encuentra su límite en los fines constitucionales y en  los   derechos  fundamentales,  y  debe  estar  guiada  por  los  principios  de  razonabilidad   y  proporcionalidad.  Los  criterios  puramente  objetivos  resultan insuficientes para justificar la razonabilidad de  la  prohibición  de  una  medida  sustitutiva a la privación de la libertad en  establecimiento       carcelario”. (subrayas fuera de texto).   

Es decir que cuando el funcionario judicial  afronta  el diagnóstico de establecer si es viable la imposición de una medida  de  aseguramiento  privativa  de  la  libertad,  debe  acometer  una evaluación  compleja  que  no  sólo  comprende  presupuestos  formales  y sustanciales sino  también en torno a su necesidad.    

Por consiguiente, en primer lugar se verá  compelido  a  analizar  si  se cumplen los condicionamientos previstos en la ley  para  decretar la medida de aseguramiento en sentido general, ya sean privativas  o  no  de  la libertad (artículo 307 de la Ley 906 de 2004), contemplados en el  artículo        308        ibídem.   

Dichos  presupuestos  se  proyectan  en un  doble   sentido:    por  una  parte,  según  el  inciso  primero  de  esta  preceptiva,  determinar  si  de los elementos materiales probatorios y evidencia  física  recogidos  y  asegurados  o  de  la información obtenida legalmente se  puede  inferir  razonablemente que el imputado es probable autor o partícipe de  la  conducta delictiva investigada.  Por otra, auscultar sobre su necesidad  en  los  términos  anteriormente  expuestos,  esto  es,  conforme  a  los fines  inherentes  a  tales  medidas  contenidos  en  los  tres  numerales  de la misma  norma.   

En  segundo  lugar,  y  sólo  cuando  ha  superado  el  análisis anterior, el funcionario ha de establecer la procedencia  de  la  medida  de  aseguramiento  privativa  de la libertad, circunscrita a los  casos    específicos    previstos    en    el    artículo   313   ejusdem,  adicionado  por  el 26 de la  Ley     1142     de     2007,    a    saber:          

“1. En los delitos de competencia de los  jueces penales de circuito especializados.   

2. En los delitos investigables de oficio,  cuando  el  mínimo  de  la  pena prevista por la ley sea o exceda de cuatro (4)  años.   

         

3.  En  los  delitos  a  que se refiere el  Título  VIII  del  Libro II del Código Penal cuando la defraudación sobrepase  la  cuantía  de  ciento  cincuenta  (150)  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes.   

4. Cuando la persona haya sido capturada por  conducta  constitutiva  de  delito  o  contravención, dentro del lapso del año  anterior,  contado a partir de la nueva captura o imputación, siempre que no se  haya  producido  la  preclusión o absolución en el caso precedente”.   CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Auto de segunda instancia  del  9 de febrero de 2009, rad. núm. 30942;  ib. Auto de segunda instancia  del 31 de julio de 2009, rad. núm. 31539.     

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