32618(21-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32618  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 120.  

         

          Bogotá   D.C.,  abril  veintiuno  (21)  de  dos  mil  diez  (2010).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  presentada por la defensora de JULIÁN GÓMEZ  JARAMILLO  con  el  objeto  de sustentar el recurso de  casación  excepcional  interpuesto  contra  la  sentencia  proferida  el  28 de  noviembre  de  2008  por  el  Tribunal  Superior  de Manizales, mediante la cual  confirmó  la  dictada  el  7  de noviembre de 2006 por el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de Puerto Boyacá que lo condenó por los delitos de homicidio culposo  y lesiones personales culposas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El supuesto fáctico que originó la presente  actuación      procesal      fue      declarado     por     el     ad-quem,     en     los     siguientes  términos:   

“El 16 de abril  de  2003,  ente  las  11:30  a.m.  y  12:00  m, en la vía que de Puerto Boyacá  conduce  a  La  Dorada,  Caldas,  en  el  punto  conocido  como  kilómetro  14,  colisionaron  los  vehículos  particular  Citroën Saxo conducido por el señor  JULIÁN  GÓMEZ  JARAMILLO  quien  se  movilizaba en compañía de Paula Fajardo  –ambos  lesionados- y el  taxi  Daewoo  Tico  conducido  por  el  señor  Fidel Rodolfo Valdez Toro, quien  falleció  junto  con  sus pasajeras Diana Carolina Pérez García y Luz Ángela  Piragua  López;   las  otras  dos  ocupantes  del  taxi  Gina Paola Bustos  Piragua    -menor-    y    Maris    Nelly    Ruiz   Machado   sufrieron   graves  lesiones”.   

          Con  ocasión de los sucesos narrados, se dispuso la apertura formal  de  instrucción, en cuyo marco se vinculó, mediante diligencia de indagatoria,  a     JULIÁN     GÓMEZ     JARAMILLO.   

     

Al último en mención, mediante resolución  del  13  de  octubre  de  2004,  la  Fiscalía  Primera Delegada ante el Juzgado  Promiscuo   de   Circuito   de  Puerto  Boyacá  le  precluyó  parcialmente  la  investigación        por       indemnización       integral       “en   cuanto  se  relaciona  con  las  lesiones    de   que   fue   víctima   Paula   Fajardo   Rodríguez”.   

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  su  mérito  el  1° de marzo de 2005 con resolución de acusación en contra de  GÓMEZ   JARAMILLO   como  presunto    autor    de    los    delitos    previstos    en   el   “Libro   Segundo,   Título   Primero  artículo  109  del  Código  Penal  y  que  trata  del homicidio culposo;   Título  Segundo, capítulo tercero, artículo 113 incisos 2° y 3° de la misma  obra   y   que   trata  de  las  lesiones  personales,  en  concurso”,   la  cual  se  confirmó,  al  ser  impugnada  por  la  parte  civil y la defensa, el 20 de diciembre de 2005 por la  Fiscalía Cuarta Delegada ante el Tribunal Superior de Manizales.   

El  juzgamiento  le correspondió al Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Puerto Boyacá, donde, una vez surtido el trámite  legal  correspondiente,  se  dictó sentencia el 7 de noviembre de 2006 por cuyo  medio  se  condenó  al  acusado  a las penas principales de treinta y seis (36)  meses  de  prisión,  multa por valor de cuarenta (40) salarios mínimos legales  mensuales   y  privación  del  derecho  a  conducir  vehículos  automotores  y  motocicletas  por  un  lapso  de  cuarenta  y  dos  (42)  meses,  así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la privativa de la libertad, tras encontrarlo  autor  penalmente  responsable  del  de delito homicidio culposo en las personas  de  Fidel  Rodolfo Valdez Toro, Diana Carolina Pérez  García  y  Luz  Ángela  Piragua  López  y  lesiones  personales  culposas,  a  su vez, en las de Gina Paola  Bustos  Piragua y Maris Nelly  Ruiz Machado.   

En  la misma decisión, además, lo condenó  al  pago  de  perjuicios  materiales  y  morales  en  las sumas estipuladas y le  concedió    el    subrogado    penal    de    la    condena    de    ejecución  condicional.   

En desacuerdo con la anterior determinación,  la  impugnó  la  defensa del procesado, conociendo de ella el Tribunal Superior  de  Manizales  mediante  fallo  del 28 de noviembre de 2008, corporación que la  confirmó  en  lo  esencial, con la única modificación relativa al monto de la  condena en perjuicios.      

La anterior decisión desencadenó nuevamente  la  inconformidad  de  la defensa, quien la recurrió extraordinariamente por la  vía  excepcional,  mediante demanda sobre cuya admisibilidad se pronuncia ahora  la Sala.   

LA DEMANDA  

          Previo  a sustentar los dos reparos que interpone contra la demanda,  la  defensora  de JULIÁN GÓMEZ JARAMILLO,  presenta  un  capítulo  bajo  la  denominación  de “casación   discrecional”,  en  el  cual expone las razones por  las cuales estima la Sala debe admitir la demanda.   

          En  ese orden, comienza por aducir que en este caso es procedente la  casación  discrecional  como  quiera  que  con el fallo impugnado se vulneraron  garantías  fundamentales de su defendido por desconocimiento del debido proceso  “del  cual  hace  parte  integrante  la  presunción  de  inocencia y en consecuencia el principio del in  dubio          pro          reo”.   

          Luego  de señalar, con base en jurisprudencia de esta Corporación,  que  el  principio  in  dubio  pro  reo  hace  parte  integral  del  debido proceso, señala que en este caso  fue  quebrantado  a  consecuencia  de  desaciertos  en  la  apreciación  de las  pruebas.   

          Así  las  cosas,  procede a postular dos cargos contra el fallo. El  primero,  con carácter principal, por violación indirecta de la ley sustancial  a  consecuencia  de  errores de hecho y, el segundo, subsidiario, con fundamento  en el mismo motivo casacional.   

          Por  razones  metodológicas y particularmente por la extensión del  primer  cargo  del  libelo,  conformado  a  su  vez por varios motivos dirigidos  contra  la  apreciación  de diversas pruebas, la Sala, en el siguiente acápite  considerativo,  asumirá el estudio correspondiente en punto de los presupuestos  de  admisibilidad  de las censuras de forma individual e inmediatamente después  de                                 sintetizar                                sus  fundamentos.                

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.   Primer   cargo,  principal.  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho:   

          1.1. Planteamiento:   

          Los  desaciertos  en  la  valoración probatoria que pasa a exponer,  indica,  se  tradujeron  en  la  falta  de  aplicación  del  artículo 29 de la  Constitución  Política  y del 7° de la Ley 600 de 2000. Los yerros de hecho a  los  que la libelista hace referencia en esta censura se pueden compendiar de la  siguiente forma:   

          (i)  Falso  raciocinio  en  la  valoración  del informe pericial de  física,  emitido  por  el  Instituto  de  Medicina  Legal  y Ciencias Forenses,  visible  a  folios 337 a 346 del c.o. 1, de cuyo contenido extractó el Tribunal  que  el accidente se produjo a consecuencia de la invasión del carril contrario  por   el   vehículo   conducido   por   el  procesado,  hecho  que  derivó  su  responsabilidad penal culposa.   

          Lo  dicho,  en  tanto  para  la  demandante se trata de “un  documento  que  está  lleno  de  contradicciones  y  se  basa  en medios de prueba que serán objeto de reparo en  motivos           posteriores”.   

         

          Las      inconsistencias      y      contrariedades      de     esta  prueba,     que  para la libelista constituyen desconocimiento de  la lógica y la física, fundamentalmente son las siguientes:   

          -Se  basa  en  hechos  no  probados en el expediente, como las fotos  allí    obrantes,    pues   ellas   “son  muestra  de  una  escena  de  los  hechos  alterada, no fueron  aportadas  ni tomadas por autoridad, no hay prueba alguna de la fecha ni hora en  que  se  realizó  el  registro,  e indican elementos e información que resulta  contradictoria   con   la  que  refleja  el  croquis  del  accidente,  éste  si  levantado  por autoridad de  policía   competente”.   

          –  Resulta  contradictoria al afirmar que el punto del impacto no se  presentó  en la zona ubicada entre el hueco en la vía y la posición final del  taxi  y,  a  la  vez, al señalar que éste quedó ubicado en el mismo lugar del  impacto.   

          –  Exhibe  un  contrasentido frente a las leyes de la física cuando  advierte  que  un  objeto  quedó ubicado donde no se encuentra, pues si bien el  perito  manifiesta  que  el  taxi no se movió luego del impacto, también adujo  que,  como  no  pudo observar rastros ni restos sobre el pavimento en el espacio  comprendido  entre el hueco en la vía y el lugar donde quedó este vehículo no  se produjo en esa zona.   

          Esta   situación,   conduce   a  la  casacionista  a  formular  los  siguientes      interrogantes:     “cómo  puede  producirse un impacto en un lugar por una razón y no  por  otra ? cómo puede el perito afirmar dos conclusiones que son insostenibles  entre  sí ? la regla de lógica más básica es que no se puede ser y no ser al  mismo               tiempo”.       

          Sobre  el  mismo  punto, tampoco se puede asegurar que la huella que  se  observa  en  el  pavimento  fue  producida por el vehículo conducido por el  procesado cuando no se visualiza al final de ella a este rodante.   

          -La  huella que se observa en las fotografías tomadas por el perito  como  base de su análisis, con fundamento en las reglas de experiencia, lógica  y    física,    “no  corresponden  a una marcación de llanta de vehículo y no fueron producidas por  el    automóvil    marca    Citroën”.   

          Acto  seguido,  realiza  un  cotejo  entre  las características que  según  estas  reglas tiene una huella producida por las llantas de un automotor  y  las  que  aparecen  en dicha fotografía, base del dictamen para concluir que  definitivamente no existe correspondencia.   

          Advera  que  si  el  Tribunal  se hubiera percatado de las falencias  reseñadas     del     informe     “no  habría  aceptado  la  afirmación de que se encontraba probado  que  el  punto de impacto de los vehículos se produjo en el tramo que conducía  de   Puerto  Boyacá  a  la  Dorada,  porque  esa  conclusión  del  informe  es  insostenible”.   

          (ii)   Falso  raciocinio  en  la  valoración  de  las  fotografías  obrantes  a  folios 187 a 193 del c.o. 1, aportadas al proceso por una apoderada  de  la parte civil, con la misma entidad probatoria del dictamen reseñado en el  acápite    anterior,    al    punto    de    constituirse    en    su    fuente  principal.         

          A   juicio   de   la   casacionista,  esos  documentos  “presentan  errores  determinantes  en  punto  de su fuerza o capacidad probatoria a la luz de los postulados de la sana  crítica”.   Así:   

          En  cuanto  a  su  origen, pues no se sabe quién, ni cuándo fueron  tomadas,  ni  los mecanismos empleados para ello, circunstancias que son de gran  importancia  para  el  análisis  que  se  debe realizar a fin de reconstruir un  accidente  de  tránsito,  partiendo,  necesariamente,  de  una  escena  fiel  e  inalterada de los hechos.   

          La  demandante  encuentra, con fundamento en la experiencia, que las  fotografías  evidencian  una  escena  alterada  de  los  hechos porque muestran  elementos  dentro  del  taxi  colisionado  que  no podían estar ubicados en ese  lugar  antes  del  accidente, partes desprendidas del vehículo conducido por el  acusado  a su lado frontal que tampoco podían estar al momento en que ocurrió,  una  vía  despejada  para  el  tránsito vehicular, vehículos diferentes a los  colisionados  ubicados  a  los  costados  y  sobre la vía y personas que ni son  miembros  de la fuerza pública ni son autoridades circulando por la vía y que,  sin embargo, están en contacto con los vehículos.   

          De  ahí  que, agrega, a consecuencia de tales falencias    pierden  credibilidad  las  conclusiones  indicadas  en  el referido peritaje de  Medicina  Legal  y que fueron adoptadas por el Tribunal en la sentencia sobre el  lugar  en  donde  se  produjo  el  impacto entre los dos vehículos, en tanto se  basan       en       estos       registros       fotográficos      “poco   confiables   como  fuente  de  acreditación     para    el    informe    pericial    objeto    de    análisis  probatorio”.   

          (iii)   Falso   raciocinio  en  la  valoración  del  testimonio  de  Maris  Nelly  Ruíz Machado,  obrante  a  folio  106 del c.o. 1 y en los registros de la audiencia del juicio,  de  cuyo  dicho  se  infirió,  igualmente,  que  el accidente se produjo por la  acción  del  procesado tendiente a esquivar un hueco en la vía que lo llevó a  invadir  el carril contrario colisionando con el vehículo que venía en sentido  contrario.   

          Luego  de efectuar un parangón entre lo sostenido por la declarante  en  estas  dos ocasiones, advierte múltiples contradicciones indicativas de que  no  están  ajustadas  a  la  realidad “y   por   ende   se   traducen   en   un   escaso   y  débil  peso  probatorio”.  Con lo cual  se   contraría   la  regla  de  la  experiencia  según  la  cual  “un  testigo que se contradice consigo  mismo  en  múltiples  oportunidades  es  muy  probable que no esté diciendo la  verdad”.   

          Además,   encuentra   que  las  afirmaciones  realizadas  por  esta  deponente  desconocen las reglas de la sana crítica, pues resultan “insostenibles            e  increíbles”.   

          Así,  precisa,  es contrario a las reglas de la experiencia y a los  postulados  de  la  física,  entre  otros  puntos, admitir que los huecos no se  esquivan  en el lugar donde están, como igual es consecuente con la experiencia  señalar  que  tan pronto se esquiva uno se retorna inmediatamente a la vía por  la  que  corresponde  el  desplazamiento  y con la física en cuanto enseña que  cuando   un   objeto   de  determinado  tamaño  impacta  a  otro  de  similares  características  que  se  desplaza en sentido contrario no puede arrastrarlo en  la dirección inicial.   

          Igualmente,  destaca,  resulta  contradictoria  esta deponente en lo  relacionado  con  la  distancia  que  guardaba  el  vehículo  conducido  por el  procesado       con       el      “furgón”  que  le  antecedía,  de  donde  no  puede  inferir  el  juzgador que no guardaba una  distancia prudente.   

          Más  adelante  señala  que  si  el  Tribunal  se hubiera percatado  “de    las   enormes  inconsistencias  y  manifiestas  contradicciones en que incurrió esta testigo a  lo  largo  de  sus  declaraciones  habría  advertido  la  dudosa  capacidad  de  acreditación  de  una  verdad  fáctica  que  pudiera ser asumida como realidad  procesal   y   sustentar  una  condena”,  y si además hubiera hecho una valoración de las afirmaciones de  esta  testigo  a la luz de las reglas de la sana crítica se habría dado cuenta  que  su  teoría  sobre  la  forma  como  ocurrieron  los  hechos es por competo  insostenible.   

          (iv)   Falso   raciocinio   en  la  valoración  del  testimonio  de  Gina  Paola  Bustos Piragua,  visible  a  folios  109  y 110 del c.o. 1 y en los registros de la audiencia del  juicio,  de la cual se     dedujo, así como de la anterior,  que  el  accidente  se produjo por la acción del procesado tendiente a esquivar  un  hueco en la vía que lo llevó a invadir el carril contrario colisionado con  el vehículo que venía en sentido contrario.   

          Para  la  censora  se  incurre  en  el error denunciado porque se le  otorgó  pleno  valor  probatorio  sin  que  merezca  credibilidad  y porque sus  afirmaciones  no son sustentables a la luz de la sana crítica, las reglas de la  experiencia y los postulados de la lógica.   

          Ello,  porque  al  igual  que  la anterior declaración cuestionada,  evidencia  múltiples contradicciones, cuya reseña expone a continuación y que  minan    en    grado    sumo   su   credibilidad   por   resultar   “evidente  el  hecho de que ella misma  cambió  su  versión de los hechos a lo largo del tiempo, pasando de la teoría  de  la  invasión  para  adelantar,  a  la teoría de la otra testigo que era de  invasión para esquivar un hueco”.   

          Desde  su parecer, entonces, es violatorio de la sana crítica que a  este  medio  de prueba no se lo valore en conjunto y que se tome una sola de sus  versiones  contradictoria  frente  a  las  demás  sobre  el  mismo punto.   Además,  como  lo anunció, todo lo que se puede concluir de este testimonio es  atentatorio  de  las reglas de la experiencia y de las leyes de la física, como  así lo destaca a continuación.   

         Concluye  que,  como  existe  absoluta  contradicción  en los datos  suministrados   por   la   testigo   frente   a  un  mismo  hecho,  “la  sana  crítica  exige  no  tomar  ninguno   de   los   dos  como  cierto”,         pues        “de aceptar uno de ellos, como lo hizo  la  providencia  para concluir la cercanía de los vehículos, se incurre en una  manifiesta  violación  del  principio  lógico de no contradicción”.   

          (v)  Falso  juicio  de  existencia  por haberse supuesto un medio de  prueba  que  acreditaba  que el procesado no tenía visibilidad para observar el  hueco  sobre  la  vía  ni  para  visualizar  que  sobre  el carril contrario se  desplazaba un vehículo.   

        Aduce  que  tal  información  de las providencias se derivó de haber tenido en frente  el  vehículo  conducido  por el acusado un automotor tipo furgón que obstruía  su   capacidad  de  observar,  a lo cual replica que ese es un análisis de  contenido   físico   técnico   ausente   en   el   proceso   que  “debe  atender  a lo tamaños precisos  de  los  vehículos,  a  la ubicación exacta de cada uno de los tres vehículos  involucrados  en  el  ejercicio,  a  las  distancias   presentes  entre los  mismos,  a la iluminación del lugar en el momento preciso del hecho, a la forma  de  la  vía, su rectitud, a la pendiente de la vía, si es plana o inclinada. Y  lo  más  importante para lograr poner en contacto estos valores y establecer el  rango  de  visibilidad  de  ese  conductor,  debe  saberse  dónde  se  efectuó  exactamente  esa maniobra de salirse al carril contrario. Sin el conocimiento de  ese  dato  no podrán determinarse los restantes valores requeridos para obtener  el       resultado      pretendido”.   

          Es  decir que, desde su punto de vista, no sólo no se cuenta con el  medio  de  prueba,  sino  que  además  no  podía haberse producido, pues no se  tenía la información necesaria para llegar a esa conclusión.   

          Indica  que  si  se elimina el hecho que supone probado el fallador,  en  relación  con  la  falta  de  visibilidad  del  procesado,  se desvanece el  argumento  de  la invasión del carril contrario, pues no actúa de esa forma si  se  sabe  que  por  éste  se  desplaza  un  vehículo a una distancia que pueda  implicar un impacto.   

          En  el  capítulo  final  de  la  censura,  intitulado  “trascendencia  general de los errores  de    hecho    expuestos    en    este   cargo   primero   principal”,  procede  a realizar una valoración  conjunta  de  los  medios  de prueba obrantes en el expediente para demostrar la  incidencia de los errores expuestos.   

          De  esa forma, advierte que, descartados los medios de prueba objeto  de  reproche,  se debe concluir que no existe en el expediente prueba con fuerza  suficiente  para acreditar el punto de impacto entre los vehículos y si ello no  está  corroborado,  prosigue, no puede afirmarse que el vehículo conducido por  el acusado invadió el carril contrario.   

          Sin     esta    última    verificación,    añade,    “no  se cuenta con medio de prueba con  fuerza  de  certeza, que mi representado infringió un deber objetivo de cuidado  que  se  tradujo  en  los  resultados  muerte  y  lesión  generados a raíz del  accidente.   Y  por  ende  no se le puede atribuir responsabilidad por vía  culposa”,  en aplicación  del   principio   in   dubio   pro   reo.   

          Por  lo  expuesto, solicita casar el fallo impugnado y, en su lugar,  absolver a su prohijado de los cargos imputados.   

          1.2. Consideraciones de la Corte:   

          Como  la  pretensión  de  la  casacionista  es demostrar que con el  fallo  impugnado  se violó indirectamente la ley sustancial por confluir varios  errores  de  hecho,  se abordará su análisis de forma individual, salvo cuando  por  su  similitud  argumentativa o por la identidad de crítica que merezcan se  pueda  asumir  su estudio conjunto. Ello, en procura de establecer si la censura  cumple  con los presupuestos para su admisibilidad previstos en el artículo 212  de la Ley 600 de 2000.   

          En  ese  orden de ideas, se comenzará por el cuestionamiento que la  censora  emprende  con  fundamento  en  errores  de  hecho  por falso raciocinio  respecto  del  informe  pericial  de  física  forense  emitido por el Instituto  Nacional  de  Medicina Legal y Ciencias Forenses, visible a folios 337 a 346 del  c.o.,    y    las    fotografías    a    folios    187   a   193   ejusdem,  cuyo análisis se puede abordar  en  un  mismo  aparte,  toda  vez  que  están  orientados  a  discutir el valor  probatorio  otorgado  por  el  sentenciador  al  dictamen, cuyas conclusiones se  sustentan   en   otros  medios  de  convicción,  entre  otros,  las  anunciadas  fotografías.   

          De  las  razones plasmadas en el reproche para atacar la valoración  de  estos  medios  de prueba, la Sala observa que, en realidad, la intención de  la  censora  no estaba enfocada, como debía ser, a demostrar falsos raciocinios  en  los  juicios  del sentenciador sobre la prueba en cuestión, sino a discutir  de   las  conclusiones  a  las  que  llegó  el  perito  físico  para  absolver  inquietudes  de la defensa relativas a “los  promedios de velocidad con que posiblemente se desplazaban los  automotores  involucrados  en  el  fatídico  accidente de tránsito”,  y  en  torno  a  establecer los motivos por los cuales  “los vehículos muestran  las  posiciones  finales que se observan en el informe de accidente de tránsito  levantado   por   la   autoridad   competente   para   estos   fines”1.   

          Huelga  recordar  que  una  vez  obtenido  el informe, el juzgado de  conocimiento  dispuso,  con sujeción a lo establecido en el artículo 254 de la  Ley  600  de  2000,  correr  traslado a los sujetos procesales con el fin de que  solicitaran  su  aclaración,  ampliación  y adición, término dentro del cual  ninguna manifestación se hizo sobre el particular.   

          Los   cuestionamientos   que  in  extenso  pregona la libelista con el objeto de sustentar falsos  raciocinios  del  juzgador  en  la  valoración  de  las  pruebas  referidas, en  realidad  revelan  presuntos  errores  del  perito  en  la determinación de sus  conclusiones  y  no  de aquél, se insiste, en su valoración, que bien podrían  haber  dado  lugar  a  la  objeción del dictamen a la luz de lo dispuesto en el  artículo  siguiente  de  la  normatividad  procesal, pero no a su tacha en sede  extraordinaria de casación.   

          No  de  otra  forma podrían catalogarse cuestionamientos al aludido  estudio  pericial tales como, por ejemplo, que se basó en hechos no probados en  el   expediente,   cuando,  dicho  sea  de  paso,  tuvo  sustento  en  elementos  debidamente  aportados  al proceso como las multimencionadas fotografías, sobre  las cuales la actora edificó un nuevo falso juicio valorativo.   

          Igualmente,  cuando  señala  que  el  dictamen llega a conclusiones  erróneas  que  riñen  con  las leyes de la física para establecer el punto de  impacto  entre  los  dos  vehículos  o  para determinar su posición final, las  cuales  se  dirigen  directamente  al  convencimiento  del perito, que ha debido  ventilar  dentro  del  proceso  mediante  el  incidente  de  objeción,  en  los  términos  del artículo 255 del estatuto procesal, cuya oportunidad expiró con  el finiquito de la audiencia pública.   

            Se sigue de lo expuesto, entonces, que con esta prédica lo que en  realidad   subyace   es   la   intención   de   la  defensora  de  JULIÁN  GÓMEZ  JARAMILLO  de  revivir una oportunidad procesal que ya  feneció   y   que   escapa   al   ámbito   de  discusión  permitido  en  sede  extraordinaria.   

          En  todo  caso,  es preciso aclarar que el juzgador en su condición  reconocida  de  “perito de  peritos”    otorgó  credibilidad  a esta probanza en cuanto encontró satisfechos los criterios para  su  valoración  previstos  en  el artículo 257 del estatuto procesal, esto es,  dado  que  provenía  de  un  experto idóneo en la materia y gozaba de adecuada  fundamentación,  pues,  como  lo  ha señalado de vieja data la Corte, frente a  este  tipo  de  prueba lo que mayor confiabilidad ofrece no son las conclusiones  en  sí,  sino  el  procedimiento técnico científico que se emplee2.   

          Al   encontrar   los   juzgadores   debidamente   fundamentadas  las  conclusiones  consignadas en el dictamen, amén de que resultaban acordes con el  contenido  de  la  prueba  testimonial  en el sentido de colegir que el lugar de  impacto  de  los  vehículos  se  produjo en el carril por el cual transitaba el  vehículo   de   servicio   público   conducido   por  el  occiso  Fidel  Rodolfo  Valdez Toro, es decir, que  el  procesado  JULIÁN  GÓMEZ  JARAMILLO  se  salió  de su carril e invadió súbitamente esa otra parte de  la  vía,  infirió  con  acierto que este último con su actuar incrementó los  niveles  de  riesgo  permitido que lo hacen responsable de los delitos imputados  en su contra.   

          En  relación con los errores de hecho que a continuación expone la  demandante  por  falso  raciocinio respecto de la valoración de los testimonios  de    Maris   Nelly   Ruíz   Machado   y     de     Gina     Paola     Bustos  Piragua, únicas sobrevivientes luego del accidente de  los  pasajeros  del  vehículo  de  servicio  público  y,  por  ende,  testigos  excepcionales  de  los  hechos,  advierte  la  Sala defectos en su construcción  lógica.   

          Comiéncese  en  tal  sentido  por  evocar  que,  de  acuerdo con lo  expuesto  en  la  censura,  estos testimonios son contradictorios, pues una cosa  sostuvieron  en  su declaración inicial y otra durante la audiencia pública de  juzgamiento.  Para  demostrar  su  aserto, la casacionista realiza un exhaustivo  cuadro  comparativo  entre  las  versiones suministradas con el fin de demostrar  las desavenencias.   

          No  obstante  lo  anterior, frente a la valoración concedida por el  fallador,  advierte  nuevamente respecto de ambas deponentes que se incurrió en  el  referido  yerro  porque  los  relatos  brindados  (o teorías, coma así los  llama)  sobre  la forma como tuvieron ocurrencia los hechos, no se ajustan a las  reglas  de  la  sana crítica, ya sea a las leyes de la ciencia física, o a las  de la lógica o de la experiencia.   

          El  argumento presentado por la censora carece de coherencia y da al  traste  con  el  cabal  entendimiento  de  su disertación.  En efecto, si,  según   dice,   existen   múltiples  contradicciones  en  los  dichos  de  las  declarantes,  prácticamente  en  todo  cuanto  aseveraron  sobre  la  forma  de  ocurrencia  de  los  hechos, como así se concluye luego de su lectura,  se  pregunta  la  Corte: ¿ cómo extraer de allí una teoría que resulte contraria  a los postulados de la sana crítica ?.    

          Dicho  de  otro modo: si un deponente es contradictorio porque, como  lo  enfatiza  la  demandante,  sostiene  respecto  de  un  mismo punto dos tesis  opuestas,  ¿  cuál  de  las  dos  posturas  contrapuestas  es  la  que se debe  considerar  a  efectos  de increparle que no va a tono con las reglas de la sana  crítica ?.   

          Es  que,  como  bien  lo  dice  la  casacionista, cuando se advierte  contradicción  no es viable tomar una de las versiones enfrentadas, sino que se  debe descartar el argumento.   

Una  disertación  de  esa  laya  refleja un  defecto  de lógica formal o de construcción, paradójicamente por la que tanto  clama  la  libelista  en  el  ataque  emprendido  contra el fallo impugnado, que  redunda,  necesariamente,  en  el rechazo de estos motivos en los que fundamenta  la   crítica   hacia   estas   probanzas,  por  evidente  desatención  de  los  presupuestos  de  admisibilidad  que  exigen  una  argumentación  suficiente  y  lógica  de  las  censuras,  pues,  acorde  con  la  naturaleza rogada del medio  extraordinario   de  impugnación  no  le  es  dable  a  la  Corte  desentrañar  propuestas confusas, ambivalentes o ambiguas.   

          Con  todo, se ha de decir que las contradicciones encontradas por la  libelista,  fruto,  eso  sí, de una minuciosa labor de cotejo y confrontación,  no  recaen  sobre  lo  esencial  de  su  dicho,  pues  lo  que  ocurre es que se  magnifican   con   la   intención   de   demeritar   su  veracidad.     

          Más   que   contradicciones   en  el  dicho  de  cada  una  de  las  declarantes,  lo  que  se  encuentra  en la presentación del error es el hábil  manejo   subjetivo   de   sus  afirmaciones  para  inferir  de  ellas  supuestas  inconsistencias  entre  sí  y  frente  a  presuntas  leyes de la física, de la  experiencia  y  de  la  lógica,  perdiendo  de  vista el contexto global de sus  relatos,  en  donde,  salvo  ligeras  discrepancias, apenas comprensibles por el  tiempo  transcurrido,  se observa un claro y coincidente recuento de los hechos.   

          Algo   similar  se  presenta  en  relación  con  el  último  error  postulado  en  el  cargo  por  falso  juicio  de existencia, derivado de haberse  supuesto  un  medio  de  prueba  para  acreditar  que  el  procesado  no  tenía  visibilidad  para  observar  el hueco sobre la vía y así observar que sobre el  carril  contrario  se  desplazaba  un  vehículo,  producto  del cual, según la  libelista,  pierde  sustento  la  tesis de la invasión del carril contrario, ya  que  no se procede de esa forma si se sabe que viene un vehículo contra el cual  eventualmente se puede colisionar.   

          En  torno  a este cuestionamiento, es preciso puntualizar, en primer  lugar,  que  no  es  cierto que el juzgador supuso el medio probatorio a través  del  cual se encontró demostrado ese aserto. Baste, para tal efecto, con evocar  lo señalado por el a quo:   

“…Aparte  de  las   anteriores  consideraciones  se  puede  esbozar  otra  que  surge  de  los  testimonios  de  las  sobrevivientes  del  taxi  Maris Nelly Ruiz Machado y Gina  Paola  Bustos  Piragua y que obligó, no por fuerza mayor o por caso fortuito, a  hacer     lo    que    hizo    GÓMEZ    JARAMILLO    una    vez    ‘le        apareció’  el hueco sobre la vía.  Estas  personas  afirman que el automóvil blanco, refiriéndose al que las colisionó,  que  seguía  al  furgón y  pretendía  adelantarlo,  transitaba rápido y que de un momento a otro invadió  el  carril  del taxi. Quienes tienen experiencia en la  conducción  de  vehículos  automotores  saben que si se transita detrás y muy  cerca  de  un  vehículo  más  grande, éste le tapa o le impide la visibilidad  hacía  adelante;  se reduce a la parte trasera del automotor que se sigue,  de  suerte  que  le  impide ver con la debida anticipación cualquier obstáculo  sobre  la  vía,  al  punto  que si el de adelante lo supera, al de atrás se le  dificulta  hacerlo;  o si el de adelante frena para evitarlo, el que lo sigue lo  colisiona  (por  la  parte  trasera),  o  puede  hacer una maniobra imprudente e  inexperta  como  la  del  aquí  procesado  para  evitar el impacto con la parte  trasera   del   carro   que   se   sigue  o  se  pretende  adelantar”3          (subrayas           fuera           de           texto).                      

          Está  visto  entonces  que  el juzgador a  quo  para  inferir  la presencia del vehículo furgón  que  antecedía al conducido por el procesado, así como la poca distancia entre  uno   y   otro,  se  basó  en  lo  expuesto  por  las  deponentes  Maris  Nelly  Ruiz Machado y Gina Paola Bustos Piragua y  luego,  con  sustento  en  esa información, extraída de pruebas  existentes  en el proceso, dedujo, por vía indiciaria, y aplicando una regla de  la  experiencia,  la  poca  visibilidad  que tenía el procesado, no obstante lo  cual  de  forma  imprudente  realizó  la  maniobra  de  invasión de carril que  desencadenó la fatal colisión.       

          Como  se  puede  observar,  entonces,  ninguna razón le asiste a la  demandante  para  asegurar  que  ese  hecho,  esto  es,  la poca visibilidad del  procesado,  determinante  de  su responsabilidad, fue producto de la suposición  de  una  prueba. Por el contrario, se trata de un hecho debidamente sustentado y  adecuadamente  construido  por vía indiciara, para cuyo ataque ha debido seguir  las  pautas  precisadas  por  esta  Sala,  sobre  las  cuales se ahondará en la  respuesta  al siguiente reproche, dada la particular naturaleza de este medio de  prueba.   

El  Tribunal  también  tomó  ese  medio de  prueba,  se reitera, correctamente construido por el a  quo,     para   reafirmar  el  juicio  de  responsabilidad  del  sindicado  y  particularmente  para  refutar la recurrente tesis defensiva de que se estaba en  presencia  de  un  caso  fortuito.   Así  lo  plasmó  en  los  siguientes  términos:   

“Simplemente  puede  afirmarse  que  al  hecho  de  la  presencia del desperfecto nombrado, se  agregó   la   maniobra   ostensiblemente   imprudente  de  procurar  esquivarlo  invadiendo  el  carril  contrario,  tanto peor con la  escasa  visibilidad  presentada respecto del tráfico que se movía en contrario  por  desplazarse  el  aquí  justiciable  detrás  de otro automotor;   se  creó  de esa guisa un evidente riesgo para la vida de  los  demás  ocupantes  de la carretera” (subraya fuera de texto).   

          De  esta  manera, se puede puntualizar en relación con este reparo,  que  la  libelista  en  su  elaboración desconoció el principio de corrección  material  que  regenta  el  medio extraordinario de impugnación, según el cual  los  fundamentos  de  la  censura deben ajustarse a la realidad procesal, lo que  aquí  no  se  verificó  porque esa afirmación de la libelista no se compadece  con la realidad de los fallos.   

Adicionalmente,   llama  poderosamente  la  atención  de  la   Sala la afirmación de la casacionista en el sentido de  que  conclusiones  como  éstas  deben  estar precedidas de un minucioso estudio  físico      técnico      que     “debe  atender  a  lo  tamaños  precisos  de  los  vehículos, a la  ubicación  exacta  de  cada  uno  de  los  tres  vehículos  involucrados en el  ejercicio,  a las distancias  presentes entre los mismos, a la iluminación  del  lugar  en el momento preciso del hecho, a la forma de la vía, su rectitud,  a  la  pendiente  de la vía, si es plana o inclinada. Y lo más importante para  lograr  poner  en contacto estos valores y establecer el rango de visibilidad de  ese  conductor,  debe  saberse  dónde  se  efectuó exactamente esa maniobra de  salirse  al  carril  contrario.  Sin  el  conocimiento  de  ese  dato no podrán  determinarse   los  restantes  valores  requeridos  para  obtener  el  resultado  pretendido”.   

La  anterior  aseveración en cuanto pone en  evidencia  su  desconocimiento  del  principio de libertad probatoria en materia  penal  contemplado  en  el  artículo  237  del  estatuto  adjetivo penal, en el  entendido  de  que  “los  elementos  constitutivos  de  la conducta punible, las causales de agravación y  atenuación  punitiva,  las  que  excluyen  la  responsabilidad, la naturaleza y  cuantía  de  los  perjuicios, podrán demostrarse con  cualquier  medio  probatorio, a menos que la ley exija  prueba  especial,  respetando  siempre  los  derechos  fundamentales”  (subraya  fuera de texto).   

Mas  con  una aseveración de ese talante no  sólo  se  riñe  directamente  con  el principio referido, sino que se pretende  imponer  una  especie de tarifa probatoria para la corroboración de hechos como  el que es objeto de análisis.   

De  lo expuesto en relación con cada uno de  los  errores  de  apreciación  probatoria  planteados  por la libelista en esta  censura,   queda   claro  que  ninguno  de  ellos  cumple  los  presupuestos  de  argumentación  exigidos  para  su  admisión en el mencionado artículo 212 del  estatuto  procesal  penal,  bien  sea  porque  no  se  avienen con su naturaleza  extraordinaria,  exhiben defectos de lógica insuperables o porque no se ajustan  a   la  realidad  procesal.  En  esas  condiciones,  el  cargo  se  inadmitirá.   

          2.  Segundo  cargo,  subsidiario.  Violación  indirecta  de  la ley  sustancial por error de hecho:   

          2.1. Planteamiento:   

          En  este  reproche la defensora de JULIÁN  GÓMEZ  JARAMILLO sostiene que el juzgador incurrió en  yerros  de  hecho  al  apreciar  los medios de prueba que acreditan la muerte de  Luz    Ángela    Piragua    López,   conduciendo  a  la  falta  de aplicación de los artículos 29 de la  Carta  Política  y  7°  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  referidos  al  principio  de  presunción  de  inocencia  y  a  la  indebida aplicación de las  disposiciones  alusivas  a  la  responsabilidad  penal  por  culpa  y al nexo de  causalidad  exigido  para la construcción del tipo objetivo (arts.  9 y 23  de la Ley 599 de 2000).         

         Los yerros propuestos son del siguiente tenor:   

     

i. Error de hecho por falso raciocinio  en  la  valoración  del  Acta  de  Inspección  del  Cadáver  de  Luz   Ángela  Piragua  López  No.  007,  obrante a folios 25 a 27 del c.o. 1, de fecha 8 de mayo de 2003.     

          Luego  de  transcribir  la información contenida en este documento,  destaca   de   ella   la   afirmación   en   el  sentido  de  que  “la  causa  probable  de  muerte de la  señora  Piragua  López fue el accidente de tránsito que había sucedido el 16  de       abril       de       2003”.   

          Señala,  para su sustentar su pretensión, que revisados los demás  medios  de  prueba  del  expediente el único en donde se afirma que la causa de  muerte  de  la mencionada fue el accidente de tránsito es este documento;   empero,  tomarlo  en  ese  sentido,  a  su  juicio, constituye violación de las  reglas de la ciencia y la técnica médica.   

          Ello,  porque se trata de un documento elaborado por funcionarios de  la  SIJÍN,  que  no son profesionales de la salud y para establecer la causa de  muerte,      asegura,      se      “requiere  un  análisis técnico científico que utilice las reglas  de  la  ciencia  aplicables  a  la  materia  y  por ende formule una conclusión  sustentada     en    la    lógica    y    la    técnica    vigente”, máxime en este caso, añade, porque  el   deceso   no   se   produjo   el   día   de   los  hechos,  sino  22  días  después.   

          Para  la  casacionista  el  error  destacado resulta relevante si se  tiene  en cuenta que en el ordenamiento penal la responsabilidad por el hecho no  se  puede establecer solamente con fundamento en la causalidad natural, sino que  debe   ser   complementada   con   los  criterios  de  la  imputación  objetiva  introducidos en la Ley 599 de 2000.        

i. Error de hecho por falso juicio de  identidad   por   adición   en  la  apreciación  del  protocolo  de  necropsia  del     cadáver  de  Luz  Ángela  Piragua  López,   obrante   a   folios   130   y   131   del  c.o.1.     

          Después  de  transcribir  el  contenido de la prueba, la demandante  acota  que si bien en el documento se informa acerca de la causa de muerte de la  mencionada,  dejando  constancia  de que en su cuerpo se encontraron muestras de  intervención  médica  previa y que había recibido lesiones en el accidente de  tránsito  ocurrido  22  días  antes, “en  ningún  lugar  dice  que  la muerte de esta persona se produjo  como  resultado  directo  de  esas  lesiones  que  había  recibido  a raíz del  accidente       de       tránsito”.   

          Entonces,  añade,  cuando  el juzgador llega a la conclusión sobre  la  causa  de  muerte  de  Luz Ángela Piragua López  con  fundamento  en este medio probatorio, adiciona su  contenido, pues lo pone a decir lo que éste no expresa.   

          En  el  capítulo  final de la censura refiere a la trascendencia de  los  errores  de apreciación probatoria indicados, precisando que como la causa  de  muerte  de  la prenombrada se estableció exclusivamente con base en los dos  documentos  cuya  apreciación  discute,  y  ellos  en realidad no acreditan que  hubiera   tenido   lugar   por   razón  del  accidente  de  tránsito  ocurrido  previamente,  se  desvirtúa la responsabilidad penal culposa de su defendido en  relación con este delito.   

          Lo  dicho,  asegura,  porque  no hay prueba del nexo causal entre la  conducta   imputada   al   procesado  y  el  resultado  muerte  de  Luz   Ángela   Piragua  López,  máxime  cuando  no  se puede descartar que éste se haya producido, de acuerdo con otras  pruebas  obrantes  en  el  expediente,  por  otras causas, como, por ejemplo, la  imprudencia médica.   

          Ante  esas  dudas,  concluye,  el  fallador  ha  debido  aplicar  el  principio  de presunción de inocencia y reconocer la garantía del in dubio pro reo.   

          En  consecuencia,  depreca casar el fallo impugnado en el sentido de  modificarlo  para eliminar la condena proferida en contra de su prohijado por el  delito  de  homicidio  culposo  de Luz Ángela Piragua  López,    procediéndose a los ajustes punitivos pertinentes.   

          2.2.    Consideraciones   de   la   Sala:   

          Sea  lo primero destacar que la determinación de la causa de muerte  de  la señora Luz Ángela Piragua López como  resultado  del accidente de tránsito ocurrido 22 días antes,  no  se  derivó  exclusivamente  de  las dos pruebas sobre las cuales recaen los  yerros  de  apreciación  probatoria  contenidos  en  la  censura,  como así lo  consignó  el a quo, dado que  el  de  segunda  instancia,  por  razón  del  tema  planteado para sustentar el  recurso de apelación, nada dijo sobre ese particular.   

          Así  se colige de lo plasmado al comienzo de las consideraciones de  la decisión referida:   

          “En  efecto,  en  cuanto a las pruebas  que  conducen  a  la  certeza  del delito y la responsabilidad del procesado, se  puede  afirmar:  sobre  la  primeras, estas abundan y entre ellas tenemos:   informe  del  accidente  y  croquis  del  mismo levantado por las autoridades de  policía  que  primeramente conocieron el caso; inspección de los cadáveres de  Fidel  Rodolfo  Valdez  Toro, Diana Carolina Pérez Vargas y Luz Ángela Piragua  López  y  necropsias  de  éstos, quienes fallecieron en el trágico accidente,  reconocimientos  médico legales a Maris Nelly Ruíz Machado y Gina Paola Bustos  Piragua  que también resultaron lesionadas en dicho insuceso; registros civiles  de  defunción  y  testimonios  de  las  personas que se vieron envueltos en los  hechos,  incluyendo  la  indagatoria  rendida  por  el  procesado JULIÁN GÓMEZ  JARAMILLO.  Todos  estos  medios  de  prueba  dan  la  certeza  de  los  delitos  investigados     y     nadie     lo     ha     puesto     en    duda”.        

          Surge  claro  del párrafo que se viene de transcribir que la muerte  de  Fidel  Rodolfo Valdez Toro, Diana Carolina Pérez  Vargas  y  Luz Ángela Piragua López y las lesiones de  Maris Nelly Ruíz Machado y Gina Paola Bustos Piragua  a  consecuencia del accidente de tránsito ocurrido el  16  de  abril  de  2003, están acreditadas con una serie de elementos de juicio  obrantes  en  el  proceso  de  carácter  documental  y testimonial.     

Ahora,   que  el  deceso  de  Luz    Ángela   Piragua   López   haya  sobrevenido  a consecuencia de este accidente de tránsito, no es una deducción  emanada  exclusivamente  de  lo  consignado  de  manera  expresa  en  el acta de  levantamiento  de cadáver y la necropsia cuestionadas por la casacionista, sino  de los diversos elementos de juicio acopiados en el expediente.   

Lo  que  importa  para  el caso es que a esa  conclusión  se  llegó  por  virtud  de inferencia indiciaria y, por ende, para  atacarla  correctamente  en  sede  extraordinaria la demandante ha debido seguir  las  pautas  establecidas  por  esta  Sala, como atrás se dijo, atendiendo a su  especial estructura lógica.   

Así, se ha dicho sobre la forma correcta en  que  ha  de proceder el cuestionamiento en casación frente a la apreciación de  la  prueba  indiciaria  que para emprender tal cometido es necesario identificar  si  la  equivocación  se  cometió  respecto de los medios demostrativos de los  hechos  indicadores,  la  inferencia  lógica, o en el proceso de su valoración  individual  o  conjunta  (valor  suasorio),  esta  última  luego de apreciar su  articulación,  convergencia  y concordancia de los varios indicios entre sí, y  entre  éstos  y  las  restantes pruebas, para llegar a una conclusión fáctica  desacertada.   

Si  el  error  radica en la apreciación del  hecho  indicador,  cuando  quiera que éste necesariamente ha de acreditarse con  otro  medio  de  prueba,  obligado  resulta  postular  si  en su apreciación se  incurrió  en  un error de hecho o de derecho y, desde luego, impera señalar la  expresión correspondiente a uno cualquiera de ellos.   

     

Ahora,  si  el  error se ubica en la segunda  fase  de  la  construcción  indiciaria,  esto  es,  en el proceso de inferencia  lógica  elaborado por el juzgador, ello supone aceptar la validez del medio con  el  que  se  acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en la labor  de  asignación  de  su  mérito  persuasivo se apartó de las reglas de la sana  crítica,  es decir, de las leyes de la ciencia, los principios de la lógica, o  las  máximas  de  experiencia, haciendo evidente en qué consiste y cuál es la  incidencia  correcta  en  la  inferencia  cuestionada y cómo en concreto un tal  medio de razonar fue desconocido.   

Pero si lo que se pretende es denunciar error  de  hecho  por  falso juicio de existencia de un indicio o un conjunto de ellos,  se  debe acreditar la existencia material en el proceso del medio que constituye  el  hecho indicador, la validez de su aducción, qué se establece de él, cuál  mérito  le  corresponde y, luego de realizar el proceso de inferencia lógica a  partir  de  tener  por  acreditado  el  hecho  base,  exponer  el indicio que se  estructura   con   sustento   en   el   mismo   e   indicar  el  valor  suasorio  correspondiente,  así como su articulación y convergencia con otros indicios o  medios        de        prueba        directos4.   

Adicional a lo anterior, en consideración a  la  naturaleza  de  este medio de prueba, si el yerro se presenta en la labor de  análisis  de  la  convergencia  y congruencia entre los distintos indicios y de  éstos  con  los  demás  medios,  o  al  asignar  la  fuerza demostrativa en su  valoración  conjunta,  no  puede dejar de precisarse en la demanda, concretando  el  tipo  de  error  cometido,  que  la  inferencia  realizada  por  el juzgador  transgrede  los  postulados de la sana crítica, acreditando que la apreciación  probatoria  que se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa  de  aquella a la que arribara el sentenciador, pues no resulta de recibo en este  trámite   anteponer   el   particular   punto   de   vista  del  actor  al  del  fallador.     

Esta  forma  de atacar la apreciación de la  prueba  indiciaria,  se reitera, garantiza no sólo el respeto por su estructura  lógica  sino también facilita la comprensión del cuestionamiento, pues cuando  la  censura  aborda  en  forma indiscriminada los estadios a los que se ha hecho  referencia  se incurre en contradicción, toda vez que, como se ha dejado dicho,  es  presupuesto  de  cada  eslabón  del  cuestionamiento  estar conforme con el  anterior.   

Como  en este caso la demandante se sustrajo  al  deber  de  atacar  una  clara  inferencia  indiciaria  del fallo en la forma  precisada,  en  atención, como ya se dijo, a su especial esencia, y simplemente  encauzó  su  crítica hacia dos de los diversas pruebas que soportaron el hecho  indicador, deviene diáfano que su propuesta resulta inane.   

Sin  embargo,  como se señaló respecto del  último  error  propuesto  en  la  censura  anterior,  aquí  también  llama la  atención  que nuevamente se pretenda por parte de la casacionista establecer un  sistema  de  tarifa  legal  probatoria  para  determinar un hecho con relevancia  penal,  en contravía del principio de libertad probatoria, al indicar que sólo  servía  para  esclarecer  la  causa  de muerte de Luz  Ángela     Piragua     López     “un  análisis  técnico  científico  que  utilice las reglas de la  ciencia  aplicables  a  la materia y por ende formule una conclusión sustentada  en  la  lógica  y  la técnica vigente”.   

Como  ocurrió con el precedente, este cargo  también se inadmitirá.   

En  conclusión:  los  defectos de lógica y  argumentación  destacados  permiten  razonablemente  a  la  Sala colegir que la  demanda  presentada por la defensora de JULIÁN GÓMEZ  JARAMILLO  no  cumple con las exigencias contenidas en  el  numeral  3°  del artículo 212 de la Ley 600 de 2000, motivo por el cual se  impone  su  inadmisión y la  devolución  del  expediente  al  despacho  de  origen,  como así lo señala el  artículo        213        ibídem.   Adicionalmente,  porque  no se advierte que dentro del presente trámite o en la  sentencia  se  hubiera  incurrido  en violación de garantías fundamentales que  imponga acudir a la alternativa que ofrece la casación oficiosa.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por la defensora de JULIÁN  GÓMEZ  JARAMILLO,  por  las  razones  expuestas en la  anterior motivación.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

        JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                          YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                

JULIO         E.        SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1   Prueba  solicitada  por  la defensa mediante memorial suscrito el 24 de enero de 2006, a  folio 298 del c.o.       

2 Sentencia del 1° de septiembre de 1987.   

3  Págs. 9 y 10 del fallo de primer grado.   

4  Sentencia    del    2    de    agosto    de    2001,   entre   otras.     

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