30463(29-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  30463   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                                                 Magistrado  Ponente:   

                                                 DR. ALFREDO  GOMEZ QUINTERO   

                                               Aprobado Acta  No. 312   

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de octubre de  dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Decide la Sala la admisibilidad del recurso  extraordinario  de casación instaurado por el defensor  contractual  de  FRANKLIN MIRANDA MARTÍNEZ,  contra  la  sentencia  del  30 de abril de 2008, proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Ibagué, que confirmó el fallo  proferido  en  primera  instancia  por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de la  misma ciudad el 14 de diciembre de 2007.   

El  señor  MIRANDA  MARTÍNEZ  fue  sentenciado  a las penas de cuarenta y  dos  (42) meses de prisión, multa de cuatro millones novecientos treinta y tres  mil  trescientos  treinta y siete pesos con cincuenta centavos ($4 933 337.50) e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y de funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la pena de prisión, por hallarlo responsable en condición de  coautor   de  los  delitos  de  hurto  calificado  y  agravado  (artículos  240  –  4  y  241 –  10),  fabricación, tráfico y porte  de  armas de fuego o municiones (artículo 365) y lesiones personales (artículo  111 y 113 del C.P.).   

El  Juez  de  primera  instancia  negó  el  subrogado  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena por superar  el  mínimo  de  tres  años  previsto en el inciso primero del artículo 63 del  C.P.,  y  por virtud de la impugnación, el Tribunal negó la sustitución de la  pena de prisión por prisión domiciliaria (artículo 38 del C.P.).   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

En  la noche del 8 de septiembre de 2005, el  taxsta  Diego  Fernando  Bonilla  Giraldo  recogió  a los señores FRANKLIN  MIRANDA MARTÍNEZ y José Vicente  Lozano  Tabares  en  un  barrio  de Ibagué;  en el curso de la carrera fue  víctima  de  despojo  de  sus  pertenencias  por  los  ocupantes del vehículo,  quienes usaron cuchillo y revólver para ejecutar la acción.   

Ante  la  resistencia  del  taxista,  Lozano  Tabares  –que  iba  en la  parte  trasera- efectuó un disparo que le causó heridas en los dedos meñique,  corazón  y  anular  de la mano derecha y le generaron a la víctima incapacidad  de 35 días y lesión corporal de carácter permanente.   

Como  reacción  defensiva,  Bonilla Giraldo  estrelló  el  vehículo  y  los  atacantes  corrieron, no obstante que lograron  apoderarse de la suma de treinta mil pesos y del radio del auto.   

A instancias de la terminación abreviada del  proceso  por  el  trámite de sentencia anticipada por aceptación de los cargos  que  hiciera MIRANDA MARTÍNEZ  después  de  la formulación de la acusación, el Juez Sexto Penal del Circuito  profirió  sentencia  el  14  de  diciembre  de  2007  (folios  255 –    267),    que    fue   confirmada  integralmente  por  el Tribunal Superior de Ibagué el 30 de abril de 2008 (Fls.  4 – 14 / 2).   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

Estas  fueron  las razones del Tribunal para  denegar   la   prisión   domiciliaria   como   sustitutiva   de   la   pena  de  prisión:   

“Consideramos  desde  ya  la  improcedencia de conceder al sentenciado la prisión domiciliara,  aunque  si  bien  es cierto el factor objetivo de la pena se cumple a cabalidad,  el  factor subjetivo que queda a consideración en este caso del sentenciador no  hace viable otorgar dicho mecanismo.   

Este  factor  hace  referencia  a  que  el  desempeño  personal  ,  familiar,  laboral  y social del sentenciado permita al  juez  deducir  que  no  colocará  en  peligro  a  la  comunidad, la modalidad y  gravedad  de  la  conducta punible sub júdice, hace dudar a esta colegiatura de  las  condiciones  personales, laborales y sociales del sentenciado, toda vez que  en  la   realización  de la conducta se puede evidenciar la participación  de  otro  individuo,  la  conformación de una banda delincuencial con el fin de  perpetrar  esta  clase  de  punibles,  además  de ello, no olvidemos que fueron  varios  los  bienes jurídicos afectados, entre ellos el de la vida e integridad  personal,     ocasionándose     lesiones     con    secuelas    de    carácter  permanente1.   

Si  bien  el  sentenciado  se  acogió  a  sentencia  anticipada, la gravedad del delito que en innumerables ocasiones y ya  de  forma  cotidiana  aqueja  nuestra sociedad hace sentir a esta colegiatura la  necesidad  de  una  resocialización  intramural,  otorgar la sustitución de la  pena  privativa  de la libertad es desamparar y poner en peligro a la comunidad,  pues  no  solamente  tiene que ser víctima de estos delitos, sino que tiene que  ver  como  la justicia premia a estos delincuentes dejándolos estar en su casa,  quedando   latente   la   posibilidad   de   dirigir   y  beneficiarse  con  los  punibles.   

Extender la concesión del citado instituto  a  casos  como  el  que  aquí se analiza, equivaldría a frustrar, aún mas las  expectativas  de  la  comunidad  y a facilitar a esta clase de delincuentes, los  medios  para  que  continúen  infringiendo  la  ley.   Por  estas razones,  considera    que    en    estos    casos,    el    tratamiento   intramural   es  indiscutible…”.   

LA DEMANDA  

Único  cargo.  Violación indirecta de  la   ley  sustantiva  por  falso  razonamiento;   exclusión  evidente  del  artículo  38  del  C.P.   (La prisión domiciliaria como sustitutiva de la  prisión)   

Aduce  el libelista que el Tribunal negó el  beneficio  de  la  pena de prisión domiciliaria como sustitutiva de la prisión  intramuros  porque…  “no consideró varias pruebas  que  apuntarían  a conceder el beneficio y que de haberlas tenido en cuenta, la  decisión  habría  sido otra… desconoció los postulados de la sana crítica,  lógica y experiencia…”.   

En      últimas      –dice-    el    Tribunal   negó   la  sustitución  de  la  ejecución de la pena en el domicilio del sentenciado, sin  que  exista  prueba  que  demuestre  que pertenecía a una banda u organización  criminal,  además, carece de antecedentes penales, ha mostrado características  familiares,  laborales  y vínculos con la comunidad estables, y se presentó al  proceso en todas las oportunidades en las que fue requerido.   

Ello    permite   colegir   –y  así  debió deducirlo el Tribunal-  que  en  ningún  momento  pone  en  peligro  a la comunidad y que cumplirá las  obligaciones   que   la   justicia  le  imponga;   sin  embargo,  de  forma  arbitraria,  sesgada,  apartada  de  la  sana crítica, el Tribunal llegó a una  conclusión diversa.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda  de  casación que presentó el  defensor  de  FRANKLIN  MIRANDA  MARTÍNEZ      se  INADMITIRÁ porque incumple  con  la finalidad de hacer efectivo el derecho material, condición inherente al  extraordinario  recurso  a  la  luz  del artículo 206 de la Ley 600 de 2000 que  reguló el proceso de principio a fin:   

Es  pacíficamente  aceptado  en  sede  de  casación,  que  no es dable  alegar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo por el mero hecho de  haberse  negado la pena sustitutiva de la prisión efectiva, bien sea porque los  falladores  de  instancia  no  hayan  hecho  referencia  al  tema de la sanción  alternativa,  o  bien  porque  razonadamente  la  nieguen  con argumentos que no  comparta el recurrente.   

El tema lo abordó la Sala en decisión del  27   de   junio   de   2007,   radicación  número  26931,  en  los  siguientes  términos:   

“Si  bien es cierto que los juzgadores de  instancia  no  hicieron  referencia  alguna  a  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión…,  lo  cierto  es  que  ello no es tema que deba  resolver  la Sala de casación penal de la Corte, en la medida que el mero hecho  de  no  abordar el tema de sustitución de la pena de prisión no hace ilegal la  sentencia…   

“Como    es    obvio,    si  en  las  instancias  no  se  ha resuelto nada sobre la prisión  domiciliaria,  el  juez  de  ejecución  está  habilitado para hacerlo, siempre  frente  al  artículo  38  del  Código Penal, con las exigencias propias de esa  institución…”2.      (Destaca     la  Sala).   

…el   defensor   deberá  presentar  la  solicitud  al  juez  de ejecución de penas y medidas de seguridad, argumentando  en  todo  caso  las  razones por las cuales estima que el sentenciado cumple los  presupuestos  normativos para hacerse acreedor a algún mecanismo sustitutivo de  la pena privativa de libertad en el establecimiento penitenciario.   

El  punto viene siendo tratado por la Corte  –desde  antes-  en  los  siguientes términos:   

“Al  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de Seguridad, que adquiere competencia con la  ejecutoria  del  fallo,  le  está  permitido  pronunciarse  sobre  la  prisión  domiciliaria en los siguientes casos:   

(a)  Cuando  un  cambio  legislativo varíe  favorablemente  las  circunstancias que fueron consideradas por el fallador para  negarla.   

(b)  Cuando  el  asunto no haya sido objeto de decisión en las sentencias.   

Este   ha   sido   el   criterio   de  la  jurisprudencia  de  la  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  como  se  desprende,  por  ejemplo, del auto del 2 de marzo del 2005, dentro del  radicado número 23.347.   

(c) En los eventos previstos en el artículo  461  del  Código  de Procedimiento Penal. La norma dispone que puede ordenar la  sustitución  de  la ejecución de la pena, previa caución, en los mismos casos  de  la  sustitución  de la detención preventiva”3.   

Por     manera    que    no    es    la    Corte   –en  sede  de  casación- la instancia  para  alegar  la sustitución de la prisión efectiva por prisión domiciliaria,  pues  la  exclusión de aquél tema en la decisión no es razón suficiente para  demostrar  la ilegalidad de la sentencia de segunda instancia objeto del recurso  extraordinario de casación.   

Así  pues,  el Juez de ejecución de penas  podrá   conceder   o   negar   la  sustitución  de  la  medida,  y  contra  la  determinación  del  juez  proceden  los recursos ordinarios (cfr. Artículos 38  num. 1 y 6, del C.P.;  459, 461 y 34 num. 6 de la Ley 906).   

De  manera  que,  para  hacer  efectivo  el  derecho  material  reclamado  por  el libelista, lo procedente es que formule la  solicitud  ante  el  juez  de  ejecución  de  penas  que  es el encargado de la  ejecución   de   la  pena  impuesta  en  la  sentencia;   por  suerte  que  no  se precisa de fallo de casación para los efectos  pretendidos    por   el   recurrente”.  (Destaca la Sala).   

Y  en  aquella  misma  decisión,  la  Sala  precisó:   

“3.2.  Los criterios para conceder o  negar     la     sustitución     de     la     prisión     son    –de  forma exclusiva- los previstos en  el  artículo  38  de  la  Ley  599 de 2000 en concordancia con los principios y  funciones  de la pena privativa de la libertad previstos en los artículos 3 y 4  ibídem4,  y  el  juez  del conocimiento o el juez de ejecución de penas y  medidas      de      seguridad     –según  el  caso-  son  los  llamados  a conceder o negar de manera  razonada  (motivada) y previas las garantías establecidas en el numeral tercero  del            artículo            38”5.   

De manera que la Sala inadmitirá la demanda  por  ser  evidente  que  no  ofrece razón alguna que justifique la finalidad   que   persigue  el  recurso  extraordinario,  a  la  luz  del  artículo  206 de la Ley 600 de 2000, en suma,  porque  no  se  precisa  de  la intervención de la Sala de Casación para hacer  efectivo el derecho material que persigue el libelista.   

Es  claro  además  que, la discrepancia de  criterios  entre  el  demandante  y  el  juez  colegiado  en  relación  con  la  perspectiva  argumentativa  para  negar  el sustituto de la prisión efectiva no  habilita  a  la  Corte  para  que  examine  el  fondo  de la materia6.   

Finalmente, la Sala  no  encuentra  la  necesidad  de  casar  de  oficio  el  fallo  por  no advertir  hipótesis  alguna  de  compromiso  de garantías fundamentales, ningún agravio  inferido  a las partes intervinientes en el proceso, ningún criterio que devele  la  necesidad  de  variar la jurisprudencia según lo previsto en los artículos  206 y 216 de la Ley 600 de 2000.   

En virtud de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   FRANKLIN  MIRANDA MARTÍNEZ contra el fallo  del  30  de  abril  de  2008  proferido  por  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Ibagué.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

   JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARIA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                                                AUGUSTO    J.   IBAÑEZ  GUZMÁN   

    JORGE  LUIS QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

      JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1La  experticia  reportó  treinta  y cinco (35) días de incapacidad definitiva, con  secuelas  permanentes  (deformidad física que afecta el cuerpo… (página  5 de la sentencia de primer grado).   

2Sentencia del 19/10/2006, rad. 25724   

3CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  casación  penal  Rad.  núm.  24530 del 16/03/2006   

4CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala de casación penal, auto del 23/03/2006, rad. núm.  24927;   en  el  mismo  sentido,  cfr.  Sentencia  de segunda instancia del  01/06/2006,   rad.   núm.   21428;    auto   del  03/08/2006,  rad.  núm.  25726.   

5CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala Penal, auto del 27 de junio  de  2007,  radicación  número 26931;  en el mismo sentido, auto del 19 de  agosto de 2008, rad. núm. 29982.   

6CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto del 20/04/2005, rad. núm. 23517;  en el mismo  sentido,  auto del 24/11/2005, Rad. 23897;  auto del 23/03/2006, rad. núm.  24065.     

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