30007(14-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30007  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 292.  

Bogotá,  D.  C., catorce (14) de octubre de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación de la demanda de casación instaurada por el defensor de  SUSSY    SORAYA    BARROS    DURÁN    contra  la  sentencia  del 28 de febrero de 2008 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga confirmó el fallo proferido el 4 de octubre  de  2007  por  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, que  condenó  a  la  acusada a las penas principales de 32 meses de prisión y 26.66  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa,  así  como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  fijado  para  la sanción privativa de la libertad, como autora  responsable  del  delito  de  defraudación  a  los  derechos  patrimoniales  de  autor.   

HECHOS  

En desarrollo de operativo realizado por las  autoridades  de  policía en el Centro Comercial San Bazar situado en la carrera  14  con  calle 37 de la ciudad de Bucaramanga en busca de combatir la piratería  fonográfica,  el  patrullero Carlos Andrés Castro Rey  ingresó  al  local  120,  encontrando  a SUSY  BARROS  DURÁN  cuando vendía a una  tercera  persona  3 discos compactos (CDS), que resultaron ser ilegales. Por tal  motivo,  el uniformado procedió a la aprehensión de la vendedora, no sin antes  realizar  una  revisión  general  al  local,  hallando en sus instalaciones 120  películas en formato VCD, reproducidas también en forma ilegal.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   Noticiados   los   hechos  al  fiscal  correspondiente,  solicitó  éste  audiencia  preliminar con miras a obtener la  legalización   de   la  captura,  como  efectivamente  ocurrió  en  diligencia  realizada  el  17  de  abril  de  2006  ante  el Juez Quince Penal Municipal con  funciones de control de garantías de Bucaramanga.   

2. El 16 de julio siguiente, previa solicitud  del  fiscal  investigador,  se  celebró ante el Juzgado Catorce Penal Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  la  audiencia  de  formulación  de  imputación,  en  cuyo  desarrollo  el  delegado  de  la  fiscalía  atribuyó a  SUSSY SORAYA BARROS DURÁN el  delito  de  defraudación a los derechos patrimoniales de autor tipificado en el  artículo 271 del Código Penal.   

3.  Presentado  el escrito de acusación, el  Juez  Quinto  Penal  del Circuito de Bucaramanga celebró el 23 de enero de 2007  la  respectiva  audiencia, durante la cual la fiscalía atribuyó a la procesada  el   ilícito   considerado  en  la  audiencia  preliminar  de  formulación  de  imputación.   

4. La audiencia preparatoria la llevó a cabo  el  juez  de  conocimiento el 13 de marzo de 2007 y el juicio oral lo evacuó el  23  de  agosto  siguiente,  a  cuyo  término  anunció  el  sentido  del fallo,  precisando  que sería de carácter condenatorio, como en efecto procedió en la  sentencia  del  4  de  octubre  de  2007,  decisión  contra la cual se alzó en  apelación  la  defensa con resultado desfavorable, sujeto procesal que entonces  acudió al recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          Un  cargo  formula el actor contra la sentencia del Tribunal. En él  acusa  al  juzgador violar indirectamente la ley sustancial como consecuencia de  incurrir  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio en la apreciación de las  pruebas.   

          Lo  hace  consistir  en el desconocimiento por parte del fallador de  los  principios  de la sana crítica, en concreto las reglas de la lógica y las  máximas  de  la  experiencia.  Al  efecto sostiene que la conclusión a la cual  arribó  el  ad quem a partir  de  la valoración de las pruebas y, en particular del testimonio del patrullero  Carlos Andrés Castro Rey, en  el  sentido  de  que  la acusada se dedicaba a la venta de 3 CDS, es equivocada,  pues  “no aparece en el informe ejecutivo referencia  alguna  en  torno al presunto comprador y tampoco se registra el dinero producto  de la venta…”.   

          Consideró,   además,   que  las  manifestaciones  del  testigo  en  mención  son  contradictorias,  en cuanto en entrevista del 16 de abril de 2006  indicó  que  la capturada no presentó ningún documento de identificación, en  tanto  en  el  juicio  oral  afirmó  lo  contrario. En su criterio, es también  equivocada  la inferencia del sentenciador según la cual los elementos hallados  en  el  local  se  le  incautaron a la aludida, pues respecto de ese hecho no se  probó el nexo causal.   

          Para  el  censor, el Tribunal no efectuó una valoración objetiva e  integral  del  conjunto  probatorio, pues desestimó las pruebas que favorecen a  la  acusada  como  lo  son  las  declaraciones de Jhoan  Harry  Flórez  Díaz  y Elsa  Fonseca  Gutiérrez,  con  el  único argumento de ser  parcializadas  y  con interés, pasando por alto que suministraron una secuencia  lógica  de  los  hechos, amén de contener el primero de esos testimonios todas  las  condiciones  para  arrojar credibilidad. Esas probanzas, en su opinión, no  permiten   “pregonar   como  probados  (sic)  la titularidad en cualquiera de sus  formas  del  material  incautado y la procesada ni la presunta comercialización  de videogramas”.    

          Señaló  que el juzgador, igualmente, desconoció la prueba médico  legal  aportada  en  el  juicio  oral,  conforme  a  la cual la acusada presenta  pérdida  de  la capacidad laboral en un 60% por un daño en la médula espinal,  elemento   de   convicción   que   “infería   una  limitación   de  gran  entidad  para  desarrollar  la  actividad  aparentemente  ilícita  endilgada  y  de  contera  otorgaba  relevancia jurídica a los demás  elementos    de    probatorios   (sic)   arrimados    e    indicativos    de    su    agenidad   (sic)   con   la   comercialización   de  videogramas y fonogramas”.   

          Con   fundamento   en  los  anteriores  razonamientos  el  libelista  solicita   casar  la  sentencia  impugnada  para,  en  su  lugar,  dictar  fallo  absolutorio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          La  Sala no deja de insistir en señalar que la demanda de casación  no   es   un   escrito  de  libre  elaboración  sino  que,  dado  el  carácter  extraordinario  de  ese  recurso,  debe  cumplir unos presupuestos de adecuada y  lógica   fundamentación,   sin   los   cuales   el   libelo   no   podrá  ser  admitido.           

         

          Esos  presupuestos, en el esquema procesal contemplado en la Ley 906  de  2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 182 y 184, inciso segundo. La  primera  de  esas  normas  exige  al  censor  presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Así,  por  ejemplo,  tiene dicho la Corte que cuando se denuncia la  incursión  en  un  falso  raciocinio,  especie de error de hecho que, a su vez,  constituye  una  de  las  expresiones  de  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,  compete  al  actor acreditar la vulneración por parte del juzgador  de  los principios de la sana crítica, especificando cuál de ellos exactamente  vulneró,  es  decir,  deberá  indicar la regla de la experiencia, el postulado  lógico  o  la  ley  de  la  ciencia  indebidamente  aplicada  por el fallador y  mencionar,  en  su  defecto, cuál principio de esa naturaleza debió considerar  para decidir el asunto.   

          En  el  caso  materia de análisis, si bien el libelista comienza la  sustentación  del  único  cargo  que  formuló  contra la sentencia de segunda  instancia,  acusando  al  Tribunal  haber  desconocido los principios de la sana  crítica  e,  incluso,  aduce  que  el  quebranto recayó sobre las reglas de la  lógica  y las máximas de la experiencia, omite por completo identificar éstas  e   indicar   cuál  o  cuáles  eran  las  llamadas  a  ser  aplicadas  por  el  sentenciador.   

          En  vez  de  ello,  dedicó  sus  esfuerzos  a cuestionar el mérito  asignado  por  el  Tribunal  al  conjunto  probatorio  y  a postular su propia y  particular  visión  sobre  el alcance de las pruebas, pretendiendo que la Corte  deseche  la  valoración  judicial y acoja la del demandante, con lo cual olvida  que  ese tipo de alegaciones no tienen vocación de éxito en sede de casación,  dada  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que acompaña la sentencia  impugnada.   

          Más  aún,  al  final  resulta  deslizando  el  discurso  hacia una  especie  de  error  de  hecho  distinto al inicialmente esbozado, al atribuir al  Tribunal  omitir  considerar  la prueba médico legal en la cual se dictaminó a  la  acusada  una pérdida de la capacidad laboral del 60%, entremezclando de esa  manera  en  una  misma  censura,  en  forma desacertada, motivos de casación de  características  diversas,  proceder  que conspira contra la cabal comprensión  del reproche.   

          Con  todo,  tampoco  desarrolla  adecuadamente  el  falso  juicio de  existencia  que  con el anterior planteamiento insinúa, pues simplemente afirma  que  el  quebranto  de  salud  padecido  por  la  procesada,  según  lo infiere  lógicamente,  la  limitaba  para desempeñar la actividad por razón de la cual  se   le  condenó,  sin  ofrecer  explicación  adicional  alguna  encaminada  a  acreditar  que  el  daño  corporal  es  de  tal  magnitud que ni siquiera puede  realizar  trabajos  que,  como  la  venta de videos, no requieren mayor esfuerzo  físico.    

          En  consecuencia,  por  las falencias de sustentación anteriormente  advertidas,  se inadmitirá la demanda de casación objeto de examen, sin que la  Sala  encuentre la necesidad de superar los defectos advertidos, pues no observa  la  concurrencia  de  alguna  de  las  causales legales que lo recomienden (art.  184.3  de  la  Ley  906  de  2004),  ni  tampoco  la  vulneración de garantías  fundamentales.                            

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   SUSSY SORAYA BARROS DURÁN.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos  referidos  en  el  acápite   final   de   esta  determinación,  contra  la    misma    procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Comisión de servicio  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

Comisión de servicio  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                           YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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