28941(28-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28941  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   Nº    206   

Bogotá D. C., veintiocho (28) de julio de dos  mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor de FLAVIO  ÁLVAREZ  RINCÓN  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Medellín (Antioquia), el 19 de  julio  de  2007, mediante la cual confirmó la dictada por el Juzgado Once Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad, el 25 de abril de 2007, y lo condenó a la  pena   principal  de  54  meses  de  prisión  y  a  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  plazo  de la sanción privativa de la libertad, como autor de la conducta  punible de acceso carnal abusivo con menor de catorce años.   

H E C H O S  

El   juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“SEBASTIÁN   PÉREZ   ARAQUE,  puso  en  conocimiento  de  las  autoridades que meses atrás a su denuncia, presentada el  tres  de  marzo  de  dos  mil  cuatro,  atendiendo  que  vendía periódico, fue  abordado  por FLAVIO ÁLVAREZ, quien al adquirir el diario le regalaba el cambio  o  “vueltas” o le daba propina hasta que un domingo, cuya fecha no recuerda,  lo   ‘cogió   a   las  malas’, lo ingresó a su  residencia,  le  bajó el pantalón, logrando el joven escapar. Nuevamente, otro  domingo,  al pasar por allí, se repitió la escena obligando al joven a tocarlo  en  sus  partes genitales mientras él lo tocaba y besaba en la boca. Sucediendo  estos  hechos  tres  o  cuatro veces. Tuvo ocurrencia lo narrado en comprensión  municipal de Sabaneta”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la Fiscalía  Octava  Delegada  ante  los Jueces Penales del Circuito de Envigado (Antioquia),  el  30 de julio de 2004, acusó a  FLAVIO ÁLVAREZ  RINCÓN  por  la  conducta  punible  de  acto  sexual  abusivo  con  menor  de  catorce  años  en  concurso,  proveído  que adquirió  ejecutoria el 31 de agosto de 2004.   

2.   El   Juzgado  Once   Penal    del    Circuito    de    Medellín,   el   25   de   abril  de 2007,  dictó  sentencia de primera  instancia  en  la  que  condenó  al procesado  a  la  pena   principal   de   54   meses  de  prisión  y   a   la   sanción  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo lapso de la sanción privativa de  la  libertad,  como  autor de la conducta punible de actos sexuales con menor de  catorce años.   

3.  Apelado el fallo por el defensor, el  Tribunal  Superior  de Medellín, el 19 de julio de 2007, al desatar el recurso,  lo confirmó.   

   

Contra  la  anterior  decisión,  el  citado  defensor de los acusados interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La defensa técnica del procesado, con base  en  la  causal  primera  de  casación, presenta dos cargos contra la sentencia,  cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

El defensor, basado en la causal primera de  casación,  acusa  al  Tribunal de haber violado, de manera indirecta, una norma  de  derecho  sustancial  “puesto que se ha aplicado  indebidamente la ley sustancial en la apreciación probatoria”.   

Afirma   que  el  Tribunal  incurrió  en  múltiples  errores  al valorar la evidencia constituyéndose un falso juicio de  existencia  al   “distorsionarse la expresión  fáctica  de  la prueba al hacérsele decir algo diferente a lo que su verdadero  contexto   expresa”   con  lo  que  se  violan  los  artículos  232  y 238 de la Ley 600 de 2000 sobre la certeza para condenar y la  apreciación  de las pruebas, y el artículo 209 del Código Penal que contempla  el delito de actos sexuales con menor de catorce años.   

Sostiene    que    la    defensa   “con  ahínco  predicó  siempre  que  no  existía  consistencia    en   el   dicho   del   menor”   y  que   “no   avizoraba  ningún  elemento  material  probatorio  que  pudiera  dar firmeza a sus dichos”;  sin  embargo,  en  el  análisis  efectuado  en  las instancias, dicha prueba se  convierte    en    suficiente    a    pesar    de     que   “siempre  se  hizo  notar  las  contradicciones  existentes entre el  dicho  del  entrenador  deportivo  y  la  madre del menor”.  Así,  afirma  que  “no existe prueba que pueda llevar al grado de  certeza necesario para condenar”.   

Considera  que  el  Tribunal no apreció en  debida  forma  la prueba, acto que impidió que se demostrara la inocencia de su  defendido  o, que en últimas permite el reconocimiento de la duda a favor de su  prohijado,  mucho  más cuando “no está debidamente  corroborado    por    ningún    elemento    material    probatorio    o   medio  cognoscitivo”.   

Segundo cargo  

La defensa lo sustenta en un error de hecho  por  falso juicio de identidad “como quiera que a la  prueba  obrante,  correspondiente  al  dicho  del  menor,  el  del entrenador de  fútbol  y  la madre de quien se presenta como víctima, se le tergiversa, se le  cercena  y  adiciona en su expresión fáctica, haciéndole producir efectos que  objetivamente no se establecen de ella”.   

De igual manera, reitera que el sentenciador  incurrió              en              razonamientos             “infundados”,  y   que   no   tuvo   en   cuenta         las        “fisuras”  que  le  eran  favorables al  procesado,   dando   credibilidad   a   simples  rumores  que  solo  son  eso  y  “nunca fuente de prueba”.   

Así  mismo,  anota  que  de  los  citados  testimonios    no    se    pueden   construir   indicios   en   contra   de   su  representado.   

También  dice  que  las  declaraciones del  ofendido,  en  referencia  al  lugar donde acontecieron los hechos acusan varias  contradicciones,   y  que  aunque  “cierto  que  se  mantuvo  firme  en  el  núcleo  central  de  su dicho, esto es en lanzar cargos  contra  FLAVIO,  pero apuntalando esos cargos en mentiras y contradicciones, que  hacen  que  lo edificado deba caer por su peso”, con  todo  indica  que  “la defensa jamás osó atacar el  testimonio  del  menor por esa mera condición, es decir, por partir de un menor  de edad”.   

Afirma que la probable motivación para que  el  ofendido  hubiere  mentido  fue  el  temor  de  haber  sido expulsado por el  entrenador    del    equipo    de    fútbol    y    que    éste   –   el   entrenador-  “alguna  animadversión  puede  tener  con la hija del reo, quien es  empleada en la misma institución municipal”.   

Luego  de  recordar  apartes de la denuncia  presentada   en   contra   de   su   defendido,   indica   que   “otro    detalle    que   se   pasó   de   agache”   son   los  diversos  lugares  donde  se  dice  se  perpetraron  los  vejámenes  sexuales, cuando “mi defendido aseveró,  lo  que  no  se  ha  desvirtuado,  que  vive  en  su  actual  residencia hace 29  años”,   adicionalmente   anota   que   no   pudo  desconocerse    “la   conducta   desadaptada   del  menor”  que  se  refleja  en  su  bajo  rendimiento  académico  como  que  tampoco pueda llegar a aceptarse que dada la contextura y  edad   del   ofendido  (15  a  16  años)  “resulta  increíble,   inverosímil  y  fantasioso,  que  fuera  a  ser  forzado  por  un  septuagenario”,  en  tanto  que  no  existe  prueba  directa  o  indirecta  que  comprometa la responsabilidad de su defendido. Así,  ante   las  dudas  que  emergen  de  la  actuación,  indica  que  debió  darse  “aplicación  al  principio  universal del in dubio  pro   reo,   que   fue   desconocido   tanto   por  el  a  quo  como  por  el  a  quem” .   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  la   sentencia   impugnada   y,   en   su   lugar,  proferir  una  de  carácter  absolutoria.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   El  artículo 212 de la Ley 600 de  2000  contempla  los  presupuestos  que  debe  contener la demanda de casación,  encontrándose,  entre ellos, el de señalar la causal y fundamentar el yerro, a  fin  de que la Sala pueda avizorar la trascendencia del mismo con respecto a las  conclusiones adoptadas en la sentencia.   

En  tales condiciones, cuando el reproche se  funda  por  los  senderos  de  la  causal  primera  de  casación por violación  indirecta  de  la ley sustancial por error de hecho, falso juicio de existencia,  identidad  o  raciocinio, corresponde al censor enunciar y demostrar el vicio de  la siguiente manera:   

En primer lugar, dentro del entendido que la  violación  de  la ley surge de manera mediata, esto es, como consecuencia de la  equivocada  apreciación  de  la  prueba,  lógico es que se señale sobre cuál  elemento de juicio recae el error invocado.   

Así,  en  lo atinente al error de hecho por  falso  juicio  de  identidad  corresponde  al  libelista  que  indique  en  qué  consistió  la  distorsión  del  contenido  objetivo de la prueba, al punto que  condujo   a  declarar  una  verdad  distinta  de  la  que  revela  el  medio  de  convicción.   

Y,  respecto  del  error  de hecho por falso  juicio  de  existencia,  también  compete  al libelista que señale si el vicio  consistió   porque  en  el  acto  de  apreciación el juzgador excluyó un  medio  de  prueba  que  obra  en  el  diligenciamiento  o supuso otro que no fue  incorporado al proceso.   

De la misma manera, también debe cumplir con  la  carga  de enseñar a la Corte cómo de no haberse cometido dicho yerro en la  actividad  probatoria,  necesariamente  el  fallo  habría  sido favorable a los  intereses del acusado.   

Ahora bien, vale recalcar que en lo atinente  a  la  trascendencia  del  error, necesario es que el casacionista tenga para el  efecto  los  demás medios de prueba que sustentaron el juicio de condena, en la  medida   en   que   si   el  mismo  resulta  inane,  la  sentencia  permanecerá  incólume.   

Finalmente,  con  el  objeto  de integrar la  proposición  jurídica  completa,  el libelista debe señalar cómo el error en  la  apreciación  de  las  pruebas  condujo  a  aplicar  una norma que no era la  llamada  a  gobernar  el  asunto  o,  a  excluir otra que sí dirimía el objeto  litigioso desde el plano del juicio de derecho.      

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  en lo que respecta al primer cargo, si bien es cierto que el casacionista  invoca  error  de hecho por falso juicio de existencia, en la medida en que así  lo  postula,  de  todos  modos  ninguno de los argumentos se compadece con dicho  enunciado.   

En  efecto,  como  si la casación fuera una  tercera  instancia,  sin  señalar en qué consistió el alegado falso juicio de  existencia,  procede  a criticar el merito probatorio dado por el sentenciador a  la  unidad  probatoria,  puesto  que estima que el dicho del infante víctima no  tiene  sustento  probatorio,  máxime  cuando  la  defensa puso en evidencia las  contradicciones  que  habían  entre  el dicho del entrenador y la madre aquél,  aspecto  que,  en  su  criterio,  lleva  a  predicar la ausencia de certeza para  condenar.   

Dicho de otra forma, el casacionista apoyado  en  un  error de hecho por falso juicio de existencia, se opone a la conclusión  probatoria  inferida  por el juzgador, sin que de su discurso se advierta si fue  que  el  Tribunal excluyó un elemento de juicio allegado validamente al proceso  o supuso otro que no obraba en el diligenciamiento.   

Frente   al   argumento  expuesto  por  el  libelista,  vale  reiterar  que  el  recurso  de  casación  no  es  una tercera  instancia  donde de manera libre y sin ningún soporte se pretenda desconocer la  valoración  probatoria  realizada  por  los  juzgadores  y,  menos,  cuando del  discurso  no  se  advierte  error  que imponga la intervención de la Corte como  tribunal de casación.   

Además, tampoco se puede pasar por alto que  la  sentencia  llega  a esta sede amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad,  es  decir,  que los hechos y las pruebas declaradas como probadas en  los  fallos  corresponden  a la actividad probatoria desplegada en el proceso, y  que  la  norma sustancial escogida en la construcción del juicio de derecho era  la llamada a gobernar el asunto.   

Por  manera  que corresponde al casacionista  derrumbar  dicha  presunción  bajo  los  lineamientos de las taxativas causales  consagradas  por  el  legislador  y,  por supuesto, demostrar el error que se le  señala al sentenciador.   

En  lo  atinente  al  segundo  cargo  que el  casacionista  postula  por  la  vía  del  error  de  hecho  por falso juicio de  identidad  consistente  en  que  en  el  acto  de  apreciación sólo se tuvo en  cuenta   todos  aquellos  elementos de juicio que perjudicaba la situación  procesal   de   su  representado,  “dando  aire  de  irrelevancia   a   aquellas  contradicciones y fisuras favorables para  el  mismo”,  tampoco   cumple   con   los       requisitos       formales       para      su   admisibilidad.   

De  acuerdo  con  el  anterior  enunciado  y  teniendo  como soporte los argumentos expuestos por el libelista, surge diáfano  que  su  inconformidad está construida sobre el mérito probatorio dado por los  juzgadores  a  los  citados  elementos  de  juicio,  y  que  no se haya otorgado  crédito a las explicaciones de su representado.   

En  efecto, la sustentación del reproche se  fundamenta  en  que  el  hoy  sentenciado admitió que efectivamente conocía al  menor,  que le había dado dinero y que el entrenador le hizo el reclamo por tal  situación,  hechos  de los cuales no se pueden construir indicios, en tanto que  en  este  asunto  los  mismos  permiten una gama de posibilidades que no lleva a  concluir en el grado de certeza para proferir fallo de condena.   

Así  mismo,   se  observa que el actor  desconoce  los  parámetros  de  lógica y debida fundamentación para atacar la  prueba  de  indicios  en  sede  de  casación. Recuérdese que le corresponde al  libelista  que  indique  si el yerro en la construcción indiciaria radica en el  hecho   indicador,   en  la  inferencia  lógica  o  respecto  de  su  gravedad,  concordancia y convergencia.   

Como  lo ha indicado la jurisprudencia de la  Sala  si  el error radica en el hecho indicador, el casacionista debe señalar a  la  Corte  su  fuente, esto es, si fue de hecho o de derecho, así como también  el  falso  juicio  que  lo  determinó,  es  decir,  de  existencia,  identidad,  raciocinio, legalidad o convicción.   

En cambio, si la censura está centrada sobre  la   inferencia  lógica  o,  en  torno  a   la  gravedad,  concordancia  y  convergencia  del indicio, la única vía para postularla es a través del error  de  hecho por falso raciocinio, en evento en cual el libelista debe indicar a la  Sala  cuál  fue la regla de la lógica, el principio de ciencia o la máxima de  la  experiencia  trasgredido, de qué manera lo fue y su incidencia frente a las  decisiones    adoptadas    en    la    parte    resolutiva   de   la   sentencia  impugnada.   

De otro lado, anota que el sentenciador para  inferir el grado de conocimiento de certeza se basó en rumores.   

En  síntesis,  las  dos  censuras  están  edificadas  sobre  la  base  en  que  en  el expediente no obra prueba directa o  indirecta  que  comprometa  la  responsabilidad de su representado en los hechos  por  los  cuales  fue  condenado, presentando una personal visión del acontecer  fáctico  en  abierta discrepancia con la de los sentenciadores, sin que tampoco  evidencie error en la actividad probatoria.   

Por manera que ninguno de los dos reparos que  el   actor  presenta  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  reúne  los  presupuestos  legales para su admisibilidad, en la medida en que ambos tienden a  oponerse  a  la  apreciación  de las pruebas hechas por las instancias; de ahí  que se imponga la inadmisión del libelo.   

Por último, otra razón más para inadmitir  el  libelo  aunado  a  que  no  se  advierte  violación  alguna de los derechos  fundamentales   o   garantías   de  FLAVIO  ÁLVAREZ  RINCÓN,  que  determine  el ejercicio de la facultad  oficiosa  de  índole  legal  que  al  respecto  le asiste a la Sala en punto de  asegurar su salvaguarda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el  defensor  de  FLAVIO   ÁLVAREZ         RINCÓN     En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS           

                    

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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