28284(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28284  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    231   

Bogotá,      D.      C.,      diecinueve (19) de agosto de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de MARÍA DEL  PILAR PINTO RODRÍGUEZ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Se conoce en el  proceso  de  información  recibida por la dragoneante del Inpec, Consuelo Ortiz  Ortiz,  que  el domingo 10 de septiembre de 2006, mas o menos a las 11:35 horas,  le  tocó  revisar  a  la  Sra. MARÍA DEL PILAR PINTO  RODRÍGUEZ  que  vestían  unos  jeans, y al hacer la  requisa  notó que apretaba sus piernas y al pasar la mano sintió una bola, por  lo  que  le solicitó que entregara lo que llevaba y, así lo hizo y le dijo que  era marihuana.   

“La  retenida  sólo  expresó que lo hacía por necesidad y que en el reclusorio visitaba a un  primo  en  el  patio  Titanic  B (Cúcuta),  pero  que  el vegetal lo llevaba para venderlo. Al ser pesada la  sustancia  en  la  fiscalía,  resultó  una cantidad de 113 gramos identificada  como marihuana”.   

2.     Iniciada   y   agotada   la  investigación,  la Fiscalía Séptima Seccional de Cúcuta, el 31 de octubre de  2006,   profirió   resolución   de   acusación   en  contra  de  María  del Pilar Pinto Rodríguez por el  delito   de   tráfico,   fabricación   o  porte  de  estupefacientes  agravado  (artículos  376,  inciso  2°,  y 384, literal b, del Código Penal), decisión  que   quedó   ejecutoriada   el   20  de  noviembre  siguiente.   

3.   En el curso del juicio y con base  en  la  solicitud elevada por la procesada, el 22 de febrero de 2007 se llevó a  cabo  diligencia  de  formulación  de  cargos,  dentro  de  la cual   María  del  Pilar  Pinto  Rodríguez  aceptó,  de  manera  libre y voluntaria, los cargos que le fueron formulados en  la resolución de acusación.   

4.   El  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de Cúcuta, mediante sentencia anticipada fechada el 23 de febrero del  citado  año, luego de aprobar la formulación y aceptación de cargos realizada  por  la  acusada,  toda  vez  que  no  se incurrió en ninguna violación de sus  garantías      fundamentales,        condenó      a     María  del  Pilar  Pinto Rodríguez a la  pena  principal  de 4 años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  privativa  de  la  libertad,  como autora del delito de tráfico, fabricación o  porte  de  estupefacientes  agravado.  Así  mismo,  por  no  reunirse el factor  objetivo,  le  negó  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena de  prisión, aun cuando le concedió la prisión domiciliaria.   

Cabe  añadir  que en la rebaja de pena por  razón  de  la  sentencia  anticipada,  por  favorabilidad  se  le aplicaron las  preceptivas de la Ley 906 de 2004.   

5.  Apelado el fallo por el defensor de  la  procesada,  quien  alegó  que  no  se aplicó la atenuación prevista en el  artículo  56  del  Código Penal, el cual atañe a la situación económica que  padece  la  acusada  y  que la llevó a la ejecución de la conducta punible, el  Tribunal  Superior de Cúcuta, el 26 de abril de 2007, lo confirmó. Contra esta  determinación,   el   citado  profesional  del  derecho  interpuso  recurso  de  casación.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  de  la  procesada  Pinto  Rodríguez,  al  amparo  de  la  causal    tercera   de   casación,   presenta   dos  cargos  contra  la  sentencia de segundo grado, cuyos  argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en  un juicio viciado de nulidad, toda vez que cuando su defendida fue capturada  no se le concedió inmediatamente la entrevista con un abogado.   

En el acápite que denominó “DEMOSTRACIÓN  DEL  CARGO” asevera que  el  10  de  septiembre fue capturada su representada, se elaboró el acta de sus  “supuestos  derechos”,  se  le indicó las razones por las cuales era aprehendida y al siguiente día se  le  escuchó  en indagatoria, nombrándosele un defensor de oficio. Sin embargo,  afirma  que con anterioridad no se le dio la oportunidad de entrevistarse con un  abogado  defensor,  situación  que  conllevó  a  que  no  pudiera  obtener una  adecuada preparación frente a los cargos que se le imputaron.   

Luego  de  citar jurisprudencia de la Corte  Constitucional  y  de mencionar algunos tratados internacionales relativos a los  derechos  fundamentales  de  las  personas  capturadas,  indica  que la falta de  entrevista   con   un  profesional  del  derecho  antes  de  la  indagatoria  de  María  del  Pilar  Pinto,  conlleva      a      que      esta      diligencia      sea      “nula”.   

Dice   que   cuando   se  “preguntó     supuestamente     a     la    señora    María  del  Pilar Pinto Rodríguez en la  diligencia  informal  de derechos del capturado, sobre designación de defensor,  nada  se  escribe  en  el  formato  para  tal  efecto,  y  nada se efectúa para  cumplirse  con  la  inmediata asignación de por lo menos un defensor de oficio.  Se  deja  huérfana  a la señora capturada de defensor letrado o técnico, pues  si  no  poseía  medios  para  designar  ella  misma un abogado contractual o de  confianza,  debió  propiciarse  esa  defensa  por  el propio Estado”.   

Reitera que la mencionada omisión implicó  que  su procurada fuera inmediatamente remitida a la URI para la realización de  la  indagatoria  sin  tener  “en  esos instantes un  profesional  del derecho que le indicara si debía o no declarar, si debía o no  reconocer  responsabilidad penal, si debía o no responder ciertas preguntas, en  fin,    que    le   ayudara   a   preparar   su   defensa   material”.   

Después   de   citar   como  preceptivas  vulneradas  los tratados internacionales sobre derechos humanos y los artículos  29  de  la  Constitución  Política  y  337  y 338 del Código de Procedimiento  Penal,  finaliza  solicitándole  a  la  Corte casar el fallo impugnado y, en su  lugar,  declarar  la  nulidad  de  todo  lo  actuado  desde  el  “acta    de    indagatoria”   de   su  defendida.   

Segundo  cargo  (subsidiario)    

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  “por no darse  contestación  en  la sentencia de primera instancia al pedimento de aplicación  del artículo 59 del Código Penal”.   

Refiere que una vez su defendida aceptó los  cargos  imputados  en la resolución de acusación, en su condición de defensor  público  de  la procesada solicitó la aplicación del artículo 56 del Código  Penal,  norma  que  “tiene asidero probatorio dentro  del  precario  expediente,  pero  que  no  fue tocado o analizado por el juez al  emitir  la sentencia anticipada de primera instancia, lo que significa que no se  motivó legalmente ese fallo”.   

Estima  que  dicha  irregularidad violó el  debido  proceso  y  el  derecho de petición, por cuanto es indiscutible que las  solicitudes      de      las      partes      deben      ser     “evacuadas”.   

Recuerda  que  en este caso se solicitó la  rebaja  de  pena  contemplada  en el citado artículo 56 del Código Penal, toda  vez  que  María  del  Pilar  Pinto  Rodríguez   cometió   la   conducta   punible   aceptada   por  “mera  necesidad,  como  ella  misma  lo  atestó o  aseveró  en  la diligencia de indagatoria. Es decir, la prueba de lo pedido por  el  suscrito  defensor  público  estaba  demostrada  en  autos y era procedente  entonces  analizar el juez esta solicitud. Como no obró de conformidad el juez,  obvio  que  se  afecta  el  debido  proceso  y se cae dentro de la irregularidad  sustancial      que      afecta     este     derecho     fundamental”.   

Considera que la omisión o el silencio por  parte   del   juez   de   primer  grado  frente  a  la  mencionada petición, conllevó a la vulneración de  los  artículos  6°,  9°,  13, 17, 170 del Código de Procedimiento Penal y 56  del Código Penal.   

Por consiguiente, solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  declarar la nulidad de la sentencia de  primera instancia con el fin de restablecer el derecho vulnerado.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La Sala advierte que la demanda presentada a  nombre   de  la  procesada  María  del  Pilar  Pinto  Rodríguez  no  reúne  los  requisitos  de claridad,  precisión  y coherencia que para ser admitida establecen las normas que regulan  la casación.   

Ante todo debe reiterarse que la demanda de  casación  no  es  de libre formulación, por lo que no es procedente toda clase  de  cuestionamientos  a   una  sentencia  que por ser la culminación de un  proceso  está  amparada  por  la doble presunción de acierto y legalidad, sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico y sistemático en el que, al tenor de  los  motivos  expresa y taxativamente señalados en la ley, se denuncian errores  bien  sea  de  juicio  (in iudicando) o de procedimiento (in procedendo) en  que   haya   podido   incurrir   el  sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente y evidenciando su trascendencia.   

Tales  presupuestos no los reúne el libelo  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  pues  si  bien el actor anuncia que lo  sustenta  en  la causal tercera de casación, de todos modos en su desarrollo no  se  respetan  los  parámetros  y las reglas técnicas que la ley ha establecido  para tales hipótesis.   

En  efecto,  teniendo  en  cuenta  que  los  dos  cargos los fundamentó  en  la  causal tercera de casación, por cuanto que, en su criterio, se violaron  los  derechos  de defensa y del debido proceso, debe una vez más indicarse que,  como  lo ha reiterado la jurisprudencia de la Corte, la nulidad como motivo para  atacar,   por   vía   de   casación,   el   fallo  de  segunda  instancia,  en  “orden   a   la  técnica  propia  de  este  medio  extraordinario  de  confrontación  de  la legalidad de las sentencias, comporta  los  mismos  niveles  de exigencia que son inherentes a las demás causales dada  su  especial  naturaleza,  lo  cual  significa  que  de  modo  insoslayable debe  especificarse  la  causal  o  motivo  de  nulidad  concurrente,  demostrando  el  carácter  sustancial del vicio o la irregularidad acusados y particularmente la  etapa  o  el  momento  procesal  a  partir  de  la  cual  se  hace imperativa la  anulación,  explicando  justificativamente  las razones por las cuales no media  alternativa    diversa    que    la    de   invalidar   lo   actuado”.1   

En  otros  términos, la nulidad no aparece  marginada  del  imperativo  de  claridad,  logicidad y precisión en cuanto a su  postulación  y  demostración  correspondientes,  toda  vez que es tan exigente  como  las  demás  dado  el  rigor  predicable  de  la  naturaleza  misma  de la  casación,  de  manera  tal que se impone para el actor el deber de concretar la  índole  del  vicio,  sea  de  estructura  o de garantía, que se dice afecta el  proceso,  en  qué  grado  y  magnitud  y  desde  qué  actuación  procesal  se  configura.   

Por  consiguiente, tratándose del cargo de  nulidad  la demanda no es un escrito de libre confección, toda vez que también  debe ajustarse a los presupuestos formales para su admisibilidad.   

De  igual  manera,  en   virtud    del    principio   de   trascendencia    que   gobierna   la   declaratoria   de   nulidad,   según   el  cual,   no   basta   con  denunciar irregularidades o que éstas efectivamente  se  presenten  en  el  proceso,  sino  que  se  hace indispensable demostrar que  aquellas  inciden  de  manera  concreta  en  el quebranto de los derechos de los  sujetos  procesales,  se   hace   necesario   que   el   actor    evidencie    un    perjuicio    con   el   yerro     in    procedendo     denunciado,     pues,    caso  contrario,     la     Corte,     por     razón     del  principio   de   limitación,   no  puede  entrar   a  complementar  al  censor.   

En  esas  condiciones,  observa la Sala que  dichas  censuras  se  quedaron  en  el  simple  enunciado, pues el demandante no  demostró   con   la  claridad  y  precisión  necesarias  cómo  las  supuestas  irregularidades  invocadas  incidieron  de manera ostensible en las conclusiones  de  la  sentencia atacada, al punto que de no haberse cometido necesariamente el  fallo  habría  sido  favorable  a  los  intereses  de la procesado María del Pilar Pinto.   

En  otras  palabras,  constituía una carga  para  el censor indicar a la Corte cómo el hecho de que a la procesada, una vez  capturada,    no    se   le   hubiese   “concedió  inmediatamente   la   entrevista  con  un  abogado”  (cargo  primero)  o que el  juzgador  de  primer grado al no dar contestación a la solicitud de aplicación  del   artículo   56   del   Código   Penal   (cargo  segundo),  conllevó a ineludiblemente a la flagrante  violación del derecho de defensa y del debido proceso.   

En  otros términos, no ilustró a la Corte  cómo  de no haberse presentado dichas supuestas irregularidades, necesariamente  la  situación de su defendida hubiese sido distinta y favorable a sus intereses  jurídicos  expresada  de  tal  forma  en  la  parte resolutiva de la sentencia,  máxime  si  se  tiene  en  cuenta  que  ésta  indefectiblemente tenía que ser  condenatoria  por  haber  aceptado,  de manera libre, voluntaria y asistida, los  cargos que le fueron imputados en la resolución de acusación.   

Ahora   bien,   debe  insistirse  que  el  demandante,  dentro del escenario propio de esta sede, no solo tiene el deber de  cumplir  con  los lineamientos que la ley y la jurisprudencia han diseñado para  el  correcto  entendimiento  de  los  fines  del  recurso de casación, sino que  también  recae  en  él  la  carga  de demostrar la existencia del yerro que lo  llevó  a  impugnar  el fallo, aspecto que necesariamente le impone sujetarse  a  la  verdad  que reflejan tanto la actuación procesal  como  el  contenido de la sentencia atacada, es decir,  que  efectivamente  se  generó  la  irregularidad  in iudicando o in procedendo  acusada, según el caso.    

Y  se  precisa lo anterior por cuanto no se  ajusta   a   la   realidad   procesal   las   afirmaciones   que   ha  hecho  el  casacionista:   

En  efecto,  examinada  la  actuación  se  observa    incorporado   al   expediente   el   acta   de   la   “diligencia  de  lectura de los derechos de la capturada”,  documento  en  el  cual  se dejó expresa constancia que a la  entonces    recién   aprehendida,   hoy   sentenciada,   se   le   enteró     de     los    derechos    constitucionales    que    le  asistían,  según  el  artículo  349 del Código de  Procedimiento      Penal,      entre     ellos     el     de     “entrevistarse  con  un  abogado”. Así  mismo,  se  le  notificó  de  manera personal del contenido de la resolución a  través  de  la  cual  se  dispuso  “la apertura de  instrucción”  y,  finalmente,  en la diligencia de  indagatoria   se   le   designó   un   defensor   adscrito   a  la  Defensoría  Pública.2   

A  su vez, de la lectura de la sentencia de  segunda  instancia  se  aprecia  de  manera  concreta  el pronunciamiento que el  Tribunal  hizo  respecto  de  la  solicitada  aplicación  del  artículo 56 del  Código  Penal, pues fue uno de los motivos que llevaron a la defensa técnica a  interponer    el   recurso   de   apelación   contra   el   fallo   de   primer  grado.   

En  cuanto  a  dicho  tema,  el  ad quem se  pronunció así:   

“De otra parte,  no  hay  lugar  a la aplicación del artículo 56 del C. P. ya que su situación  económica  no  justifica  el  hecho  punitivo:  la  norma  establece  que  debe  realizarse   bajo  la  influencia  de  profundas  situaciones  de  marginalidad,  ignorancia  o  pobreza,  las  cuales  deben  ser extremas y estas circunstancias  deben   haber   influido   directamente   en   la   ejecución  de  la  conducta  punible.   

“La situación  económica  de  la  procesada  no es de extrema pobreza ya que en su indagatoria  asegura  ganar  más  o menos el mínimo con lo cual puede mantener a su familia  en   lo   necesario   y   estos  la  debió  mantener  al  margen  de  acudir  a  comportamientos   delictivos;  es  decir,  la  procesada  no  se  encontraba  en  situaciones  tales  de  marginalidad,  que  por  ello  se  debiera  reconocer la  atenuación    solicitada    por    el    defensor   y   por   consiguiente   es  improcedente.   

“Lo  anterior  excluye  a  MARÍA DEL PILAR PINTO RODRÍGUEZ de las circunstancias descritas en  el  artículo  56  del  Código  Penal”.3   

Sobre es último aspecto, cabe precisar que  si  bien  es  cierto  en  la  sentencia de primera instancia se guardó silencio  respecto  de la solicitud de aplicación del citado artículo 56, también lo es  que  el asunto fue resuelto en sede de segunda instancia, olvidando el actor que  tratándose  de  los fallos de instancia opera el principio de inescindibilidad,  según  el  cual,  las  sentencias  de las instancias  conforman  una unidad jurídica inescindible, de modo que el ataque en casación  no  puede  hacerse a la sentencia del Tribunal entendida única y exclusivamente  como  el  texto  que  emitió  esa  Corporación,  sino que debe asumirse que en  todo,  cuanto no haya sido  objeto  de  revocación,  la  de  primera  instancia  queda fundida con la de su  superior funcional.   

En   otros   términos,   las  sentencias  de primera y segunda instancia conforman una unidad  jurídica  de  decisión  en  aquellos  aspectos  que  son ratificados cuando se  confirman  las  razones  del  a  quo,  en forma tal que ejercen una dinámica de  complementariedad    en    los    fundamentos    sobre    el   sentido   de   la  decisión.   

En consecuencia, es sencillo colegir que era  un  imposible  para  el  libelista  demostrar  a  la Corte los errores que nunca  existieron,  pues,  a  la  procesada  María del Pilar  Pinto  Rodríguez,  al  momento  de su captura, se le  informó  del  derecho  que tenía de entrevistarse con un abogado (primer  cargo) y, así mismo, en el fallo  impugnado  hubo  un  expreso  pronunciamiento  sobre la solicitud que la defensa  técnica  hizo  respecto  de la posible aplicación del artículo 56 del Código  Penal   (segundo  cargo),  aspectos  que,  sin  duda,  descartan la alegada violación del debido proceso y  del derecho de defensa.   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los   presupuestos   de   claridad,   precisión   y   logicidad,  la  Corte  la  inadmitirá.   

Cabe  señalar  que  el   estudio   detenido   del   expediente  permite  a   la   Sala    concluir    que    no   procede   la   casación    oficiosa   por   cuanto   no   se  percibe  ninguna     causal     de     nulidad     ni     vulneración     de    derechos  fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  la   procesada  MARÍA  DEL  PILAR  PINTO RODRÍGUEZ. En consecuencia,  se   declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Ver,  entre otros, auto del 11 de febrero de 2004, rad. 20046.   

2  Folios 2, 4, 7 y 8 del cuaderno original.   

3  Página  6  de la sentencia del Tribunal o folio 12 del cuaderno original.      

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