27890(06-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 27890  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado      acta     Nº   052   

Bogotá,   D.   C.,    seis (6) de marzo de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad  del  recurso   de   casación   interpuesto   por   el   defensor   de   JUAN  PABLO  GÓMEZ  BARRERO  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá,  el  14  de  agosto de 2006, mediante la cual modificó la dictada por el Juzgado  Segundo  Penal del Circuito Especializado de Bogotá, el 2 de mayo de 2005, y lo  condenó  a  las  penas  principales  de  48  meses  de  prisión, multa de 1012  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes y a la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término, como cómplice de la conducta punible  de concierto para delinquir con fines terroristas.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“1.-  Mediante  informe  de  inteligencia  calendado  el  31 de enero de 2003, suscrito por el Jefe Antiterrorismo SIJIN de  esta  ciudad, se dio a conocer el contenido de una llamada anónima en la que se  afirmaba  varios sujetos con los alias de Franco, Claudia y Marcela, integrantes  del   grupo   subversivo   de   las   FARC,   preparaban  atentados  terroristas  específicamente  contra  la infraestructura de los puentes de Honda, Girardot y  Flandes,  personas que se encontrarían en esta capital preparando la logística  criminal.   

“La  referida  llamada agregó, que tales  sujetos  tenían  relación  con los individuos capturados el 11 de diciembre de  2002,  por  el  diseño  y  montaje de los vehículos bombas dirigidos a control  remoto.    Ofreció   el   colaborador   anónimo  un  número  de  abonado  telefónico.   

“Así  las  cosas,  se  procedieron  las  indagaciones  e  interceptaciones  respectivas,  a través de las cuales se pudo  establecer  y  dar  captura  a  alias  Franco,  quien  respondía  al  nombre de  ANTONIO    GONZÁLEZ  MONTAÑEZ,  alias Marcela, MARÍA LINDERIA ROJAS  MANCIPE   y  finalmente  alias  Claudia,  su  verdadero  nombre  YENNY  PATRICIA  OLIVEROS.   

“Esta  última  confesó  hacer parte del  grupo  subversivo  autodenominado  FARC,  y haber sido entrenada en el manejo de  explosivos,  instrucciones  que  recibió  de  alias YOYO, FIDEL, JAVIER TANGA y  RUFINO,  comandantes  de  las  FARC.   Sobre  su misión informó que alias  RAYO,  le  encomendó  comprar  inmuebles  con  garajes  amplios  cercanos a los  puentes  viales de los municipios de Girardot, Flandes y Suárez, agregó que el  dinero  para  adquirir  los  mismos,  los  recibía a través de un joven que se  comunicaba con ella a su celular.   

“Una   vez   capturada  YENNY  PATRICIA  OLIVEROS,  manifestó  su  interés de colaborar con las autoridades, por lo que  se  dispuso  operativo  policial  tendiente  a  determinar  la  persona  que  le  entregaría  el  dinero,  el  cual  debía  ser  utilizado  para la compra de un  inmueble  en  Girardot,  es así como se verifica en el escenario a JUAN  PABLO  GÓMEZ  BARRERO, persona que  reconocía  la  procesada  con el nombre de “Fernando”, quien le entregó la  suma de veintiséis millones de pesos en una caja de zapatos.   

“Escuchado  en  diligencia de indagatoria  JUAN  PABLO GÓMEZ BARRERO,  manifestó  a  su  vez  que  el  dinero  se  lo  entregó ANDREA CAROLINA VARGAS  RODRÍGUEZ,  esposa  de  su  primo  GERARDO ANDRÉS GÓMEZ FALLA, quienes fueron  vinculados posteriormente al proceso”.   

A C T U A C I Ó N     P  R O C E S A L   

1.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  17   Especializada,    el   13  de  febrero  de  2004,  acusó,  entre  otros,  a  Juan  Pablo  Gómez  Barrero  por las conductas punibles de concierto para  delinquir  con fines de terrorismo, en calidad de coautor y rebelión en calidad  de  cómplice;  le  precluyó  la  investigación  adelantada  por  el delito de  terrorismo  (Folio  279,  C.O. No. 14).  Mediante  resolución  del  16  de  abril  de  2004,   se  aclaró  que  los  delitos  por  los  cuales  se  acusó  a  Gómez  Barrero,  lo son en  calidad  de cómplice.   Esta  decisión  cobró  ejecutoria  el 25 de mayo de  2004,  fecha en la que por resolución de trámite, el  Fiscal  17  aceptó  el  desistimiento  de  los  recursos interpuestos contra la  acusación (Folio 156, C.O. No 15).   

2.  El  Juzgado  Segundo Penal del Circuito  Especializado  de  Bogotá,  el  2  de mayo de 2005, dictó sentencia de primera  instancia  en  la  que  absolvió  a Juan Pablo Gómez  Barrero  de  los cargos proferidos en su contra en la  resolución de acusación.   

3.  Apelado  el fallo por la fiscalía y la  defensa  de  otra  coprocesada, el Tribunal Superior de Bogotá, el 14 de agosto  de   2006,   al   desatar  el  recurso,  lo  modificó  con  los  resultados  ya  conocidos.   

Contra la anterior decisión, el defensor de  Juan    Pablo    Gómez    Barrero    interpuso recurso de casación.   

    

L  A      D  E  M A N D  A  DE  CASACIÓN   

La  defensa técnica, con base en la causal  primera   de   casación,   presenta   tres   cargos  contra  la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan  de la siguiente manera:   

Primer cargo  

El defensor del procesado acusa al juzgador  de  segunda  instancia de haber incurrido en error de hecho, por falso juicio de  identidad,  al  dictar  sentencia condenatoria, en abierta contradicción con el  fallador  de  primera  instancia  que  había  absuelto a su representado,   incurriendo  en  error  en  la  inferencia lógica que hizo del hecho indicador,  como  que  con  base  en  los  mismos testimonios que fueron valorados de manera  favorable  por  el  a quo, sin que mediara ningún hecho nuevo, el Tribunal  los  apreció de manera diferente y decidió condenarlo aduciendo, en su sentir,  afirmaciones genéricas.   

Afirma  el censor que el Tribunal concluyó  que  las entregas de dineros  efectuadas por Andrea Carolina y Gómez    Barrero,    distinto   a   la  afirmación    realizada    por    éste    a    quien   ninguna   sospecha   le  despertaban,   por   el  contrario,  según  el Tribunal, necesariamente sí debieron parecerle de origen  ilícito,  porque  se  hacían  de  forma oculta “en  cualquier  esquina”,  sin  que  se  firmara ningún  recibo,  ni  se  contara  el  dinero  que,  además,  se guardaba en una caja de  zapatos.   

El  Tribunal  también  consideró  que  la  conducta  de  su defendido era ilícita y que tenía pleno conocimiento de ello,  por  cuanto  que,  para  realizar  la  tarea  antes descrita,  utilizaba el  seudónimo  de  “Fernando”  y,  siguiendo las instrucciones de Andrea, no se  comunicaba  desde  su  teléfono  sino  desde  uno  de  uso  público y, una vez  realizada  la  entrega  de  dinero,  botaba  el  papel  donde había anotado los  nombres y números telefónicos de las personas contactadas.   

El  libelista  transcribe  otros argumentos  expuestos  por el ad quem, para concluir que de su procurado se aprovecharon sus  familiares  para  hacerlo  realizar  las  entregas de dinero conocidas de autos,  pero  con  el consentimiento “manchado, ya que éste  desconocía su procedencia ilícita”.   

Alega que la prueba testimonial “no  es  suficiente, entendible y contundente para considerarla o  darle  valor  de  plena  prueba”, pues considera que  acusa  contradicciones y que se le oponen “versiones  de     gran     valía”     que    no    podían  descalificarse.   

Concluye   que   el  yerro  del  Tribunal  consistió    en    “inferir   que   JUAN  PABLO  GÓMEZ  BARRERO, sin ningún  fundamento  o  causa  justificativa, prestó su colaboración para la entrega de  los   dineros   a   personas   que   pertenecían  a  las  FARC”  de  unas  pruebas  de  cargo  que,  sostiene,  no  tenían  ninguna  capacidad  demostrativa y se las corroboró con otros medios de prueba a los que  se  dio  un  valor  que  no  les  correspondía,  como por ejemplo, arribar a la  conclusión  de  que  las  siete  entregas  de  dinero  realizadas  se hacían a  sabiendas de que éste era de origen ilícito.   

El libelista dice que la fuente testimonial,  así  como  los  informes obrantes valorados acusan serias contradicciones y que  “se  oponen  a  sus  afirmaciones  un  cúmulo  de  versiones  de gran valía y que no pueden descalificarse, sin más ni más, toda  vez     que     suministran     importantísimos    detalles”,    aunque no menciona de cuáles se trata.   

Señala,  en  consecuencia,  que  con  la  valoración  dada  por  el  a quem “salta a la vista  que  se incurrió en un error de hecho, por falso juicio de identidad, porque el  hecho   indicador   no   prueba  lo  que  de  él  ´INFIERE´  el  Tribunal”,  puesto que los testigos Gerardo Andrés Gómez Falla,  primo  de  su  defendido,  y  su  esposa  Andrea Carolina Vargas Rodríguez, son  también  procesados  en  el  mismo  caso y a sus declaraciones y a los informes  rendidos    se    les    dio    un   alcance   que   no   tenían   “cuando,  en  realidad  de  verdad, del acervo probatorio, surgen  otras  fuentes  de  suma  importancia que desvirtúan esa apreciación”.   Este  yerro  tuvo la entidad suficiente de cambiar la  decisión judicial adoptada por el a quo.   

Cargo Segundo  

El     defensor    de    Gómez  Barrero,  al amparo de la causal  primera  de casación, inciso segundo, formula cargo por violación indirecta de  la  ley,  por  desconocimiento del principio de In Dubio Pro Reo, con violación  de  los  artículos  2°,  27,  201, 248, 269, 270 y 323 del Código Penal y por  exclusión  del  artículo  247  del Código de Procedimiento Penal.  Alega  que  se  violaron indirectamente, por aplicación indebida, los artículos 269 y  270, numerales 2° y 11, del Código Penal.   

Aduce  que  en  el  proceso  no  se  logró  demostrar  “en  forma  plena   indiscutible”  la  responsabilidad  penal  de  su  defendido; por el  contrario,  concurrieron  “pruebas  que  tienden  a  demostrar  que  aquellos  no  solo  (no) sucedieron,  como  son narrados por los testigos de cargo, sino que  tienden  a demostrar su inocencia y que no fueron debidamente apreciados por los  juzgadores de la segunda instancia”.   

De igual forma, luego de transcribir algunas  precisiones  doctrinales  sobre  la  valoración de la prueba, recalca que en el  sistema  de  la  libre  convicción  o  sana  crítica,  a  pesar de las amplias  facultades  judiciales,  existe un límite infranqueable cual es el “respeto   por  las  normas  que  gobiernan  la  corrección  del  pensamiento  humano,   las  normas  de  la  lógica,  la  psicología  y la  experiencia”.   

Y  en  tal  sentido,  agrega,  una duda que  contravenga  estas  normas  siempre  se  debe  resolver  a favor del reo, ya que  imposibilita  el  grado de certeza exigido para proferir sentencia condenatoria,  como  lo  consagran  los  artículos 81 de la Ley 190 de 1995 y el artículo 247  del  Código de Procedimiento Penal, ya que “CERTEZA  equivale al requerimiento de la PLENA PRUEBA”.   

Concluye   que   el  yerro  del  Tribunal  consistió  en  revocar  una  sentencia  absolutoria  sin  que existiera certeza  probatoria para condenar.   

Cargo       Tercero       (Único  Subsidiario)   

Por   último   el  defensor  del  señor  Gómez  Barrero, basado en  la  causal  primera  de  casación,  inciso  segundo, acusa al Tribunal de haber  violado,  de  manera  directa,  la  ley sustancial, en tanto que incurrió en un  error,  en  el sentido de proferir decisión de condena en contra del procesado,  cuando  no  se  había  demostrado el dolo, y, por tanto, no se podía hablar de  “una  participación,  a  título  de cómplice por  parte   de   JUAN  PABLO  GÓMEZ  BARRERO,  pues ni éste forma parte de ningún grupo al margen de la ley y  menos  aún  tenía  motivo  alguno  para hacer las entregas de dinero; no puede  pasarse  por  alto  que  la  Jueza  en  la  sentencia  de  primera  instancia lo  absolvió”.   

En  estas  condiciones, solicita a la Corte  “reconociendo  la  existencia  de  una  VIOLACIÓN  DIRECTA  DE LA LEY SUSTANCIAL por estar viciada de nulidad SE CASE LA SENTENCIA,  y  en  su  lugar, se ABSUELVA” a su prohijado.   En  el  mismo sentido solicita se case la sentencia impugnada, por la existencia  de   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial,  en  los  términos  antes  señalados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  casación,  se  debe  recordar,  es una  impugnación  mediante  la  cual  se  denuncia errores de derecho o de actividad  cometidos  en  la  sentencia o al interior del proceso, según el caso.  En  la  medida en que se trata de un recurso de naturaleza rogada, los vicios que se  postulen  deben  tener como fundamento las estrictas causales estatuidas para el  efecto  y  su fundamentación debe ser construida de acuerdo con una lógica que  permita  a  la  Sala  concluir  en  la  existencia  del yerro y su trascendencia  frente  las decisiones adoptadas en el fallo.   

Así,  no  basta con postular un yerro sino  que  la  labor  del  casacionista debe estar dirigida a demostrarlo y evidenciar  que  la  solución no es otra que la infirmación de la sentencia.  Tampoco  se  puede  perder  de  vista  que de acuerdo con el principio de limitación que  rige  a  esta  impugnación,  a la Corte no le es dable entrar a complementar la  censura,  desentrañar  su  sentido  o  corregir  todos  los  defectos  a fin de  concluir  que  el  libelo  contiene todos los presupuestos formales que lleven a  colegir en el estudio de fondo del reproche.   

De acuerdo con las anteriores directrices de  orden  técnico,  si  bien los dos primeros cargos los sustenta en la violación  indirecta  de la ley sustancial por presuntos errores de hecho, por falso juicio  de  identidad  (primer cargo) y falso raciocinio (segundo cargo), también lo es  que  las  censuras  así planteadas resultaron totalmente incompletas y ajenas a  los cánones que rigen dichas hipótesis.   

Así,  el  actor  simplemente  muestra  su  inconformidad  con los argumentos y valoración de los medios de convicción por  parte  del  Tribunal,  y,  en vez de demostrar en qué consistió la distorsión  del  contenido  objetivo  de  la  prueba,  critica  al  sentenciador  por  haber  concluido  en  la  existencia  del  tipo  penal del concierto para delinquir con  fines  terroristas,  en  calidad  de cómplice, discrepancia de criterios que no  pone  en  evidencia  la existencia del yerro de apreciación probatoria invocado  y,   menos,   su  trascendencia  que  lleve  a  inferir  la  procedencia  de  la  casación.   

Además,  el  libelista  afirma  que  a los  testimonios   de   cargo   se  le  oponen,  como  se  dijo  antes,  “versiones   de   gran   valía”   y  “otras fuentes” que los  desvirtuaban,  pero  jamás  mencionó  siquiera  cuáles eran esos elementos de  juicio enunciados.   

Por  manera  que  el primer cargo formulado  contra  la  sentencia carece de la debida claridad y precisión, en tanto que la  primera  parte  de  la  censura está dirigida solo a cuestionar la sentencia de  segunda  instancia  y,  la  otra,  a  increpar  una  conclusión  probatoria del  juzgador  por  supuesto  desconocimiento  de  otros  medios  de  prueba  que  no  relaciona, sin que se advierta la existencia del error invocado.   

De otro lado, en punto del segundo cargo, se  sabe  que  se  incurre  en  el  error  de  hecho  por falso raciocinio cuando el  juzgador  al  apreciar  de  manera  individual  y  mancomunada  los elementos de  juicio,  se  aparta  de la reglas de la lógica, de los principios de la ciencia  y/o  de las máximas de la experiencia, yerro que lo lleva a declarar una verdad  que no se deriva del contenido de la prueba.   

Como quiera que se alega error de hecho por  falso  raciocinio,  de la misma manera compete al casacionista que señale cuál  fue  la  regla  de  la  lógica,  principio  de  la  ciencia  y/o  máxima de la  experiencia  vulnerada,  de qué manera lo fue y su incidencia frente a la parte  conclusiva del fallo.   

Vale  recalcar  que  en  lo  atinente  a la  trascendencia  del  error  en  la  apreciación  probatoria, necesario es que el  casacionista  tenga para el efecto todos los medios de prueba que sustentaron el  juicio  de  condena, en la medida en que si el mismo resulta inane, la sentencia  permanecerá incólume.   

Por último, con  el  objeto  de  integrar  la  proposición jurídica completa, el libelista debe  señalar  cómo el error en la apreciación de las pruebas condujo a aplicar una  norma  que  no  era  la  llamada  a gobernar el asunto o, a excluir otra que sí  dirimía    el    objeto    litigioso    desde    el   plano   del   juicio   de  derecho.      

En  el evento que ocupa la atención de la  Sala,  si  bien  es  cierto  que  el  casacionista  invoca el error de hecho por  violación  de  la  reglas  de  la  sana crítica, de todas maneras, como era su  deber,  no  indicó  cuál  fue  el  postulado de la lógica, el principio de la  ciencia  o  la  máxima de la experiencia desconocida en el acto de apreciación  de  la  prueba,  al  punto  que condujo al juzgador a declarar una verdad que no  revela el proceso.   

Dentro  de la pluralidad de argumentos que  exhibe  el  casacionista  con  el  ánimo  de  demostrar  el error invocado como  sustento  de  la  causal  de  casación  por él escogida, muestra inconformidad  sobre  la  credibilidad  que  los  juzgadores  le  dieron  a  las  declaraciones  del    primo    de    su   defendido   y  a la esposa  de  éste,  hipótesis  que pone en evidencia el desconocimiento de las mínimas  reglas  para  demandar,  por  ejemplo,  la  prueba  del  testimonio  en  sede de  casación.   

En  fin,   como  se  observa,  es  un  discurso  indiscriminado que desconoce los lineamientos técnicos exigidos, hace  una  generalización  en  donde  envuelve todo en críticas personales y además  señala  como  fundamentación de derecho del segundo cargo, unos artículos que  no corresponden con los temas planteados.   

Así, pues, los argumentos expuestos por el  casacionista  no  resultan lógicos como para que permitan a la Sala advertir el  error invocado como sustento de la censura.   

Al  respecto,  no  sobra  recordar,  que la  sentencia  llega  a  esta  sede  amparada  por la doble presunción de acierto y  legalidad,  esto  es, que los hechos y los medios de convicción declarados como  probados  se  ajustan  a  la  actividad  de  apreciación, y la norma sustancial  escogida  era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  presunción que compete al  casacionista   derrumbarla   de   acuerdo   con  las  causales  de  casación  y  fundamentarlo  con  argumentos  lógicos  que  lleve  a  la Sala a colegir en la  existencia del vicio.   

Por  último, en cuanto al tercer cargo, en  el  que  si  bien es cierto acusa la violación directa de la ley sustancial, de  todos  modos,  su breve argumentación la perfila nuevamente en asuntos de orden  probatorio,    pues    insiste    en    indicar    que    el   dolo   no   está  demostrado.   

Aseveración  que se aleja de la hipótesis  planteada  para  ingresar,  de manera indebida, en la violación indirecta de la  ley   sustancial,  sin  dejar  pasar  por  alto  que  la  censura  queda  en  el  desconcierto  cuando  finalmente  afirma  que  la  sentencia  está  viciada  de  nulidad,  postulación que no es propia de la causal invocada, sino de la causal  tercera.   

En  estas  condiciones, no se admitirá la  demanda.   

Finalmente,  se  advierte  que  del estudio del proceso no se vislumbra  violación  de derechos fundamentales o garantías del  sujeto     procesal     que    recurre,   que determine el ejercicio de la  facultad  oficiosa de índole legal que al respecto le asiste a la Sala en punto  de asegurar su salvaguarda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de   JUAN  PABLO  GÓMEZ  BARRERO,   por  lo  anotado  en la motivación de  este  proveído.   En  consecuencia,     se  DECLARA   DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                           JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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