27872(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso 27872  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado      acta     Nº 231   

         

Bogotá,    D.    C.,    diecinueve (19) de agosto de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad  del  recurso   de   casación   interpuesto   por   el   defensor   de   FREDY  ANTONIO  SATIZÁBAL  SOLÍS contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Cali,  el  28  de  febrero  de 2007, mediante la cual revocó la dictada por el Juzgado  4°  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cali, el 21 de julio de 2006, y lo  condenó  a  las  penas principales de 72 meses de prisión, multa equivalente a  2000   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término, como autor de la conducta punible de tráfico de sustancias par  el procesamiento de narcóticos.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Como consecuencia de las investigaciones  previas,  ordenadas  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  se  efectuó  diligencia  de  allanamiento  y registro a la vivienda ubicada en la Carrera 43B  No.  52-59,  del  barrio  Ciudad  Córdoba,  hallándose  en  un cuarto de dicho  inmueble,  3  canecas  que  contenían  una  sustancia  líquida de color habano  corrosivo,  el  cual en prueba de identificación preliminar y confirmada por el  dictamen  de  laboratorio  de  investigación  científica se obtuvo un positivo  para  ácido  sulfúrico,  a  su  vez,  en  el  patio  de  la  vivienda,  fueron  encontrados  10  recipientes plásticos con capacidad para 5 galones, los cuales  contenían  igual  sustancia.   De otro lado se tuvo conocimiento que dicho  inmueble  había  sido  arrendado por la señora LIX JANETH ROA ZAMORA, desde el  20  de  junio  de  2002, para residir junto con su novio FREDY ANTONIO SATIZÁBL  SOLÍS”.   

A C T U A C I Ó N     P  R O C E S A L   

1.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  4°   Especializada   Delegada   ante   los   Jueces  Penales  del  Circuito  de  Cali,     el   09   de   julio   de   2004,   acusó   a  Fredy  Antonio  Satizábal Solís y a Liz  Yaneth  Roa  Zamora  por la  conducta   punible   de   tráfico   de  sustancias  para  el  procesamiento  de  narcóticos,   decisión   que   cobró   ejecutoria   el   10   de   agosto  de  2004.   

2.  El  Juzgado  4°  Penal  del  Circuito  Especializado   de  Cali,  el  21  de  julio  de  2006, dictó sentencia de  primera  instancia en la que absolvió a Fredy Antonio  Satizábal  Solís    y  a  Lix  Yaneth Roa  Zamora  del  cargo proferido en su contra en la resolución de acusación.   Le  concedió  al primero el beneficio de la libertad provisional y confirmó la  ya otorgada a la señora Roa Zamora.   

3.  Apelado  el  fallo por la fiscalía, el  Tribunal  Superior  de Cali, el 28 de febrero de 2007, al desatar el recurso, lo  revocó con los resultados ya conocidos.   

Contra la anterior decisión, el defensor de  Fredy   Antonio   Satizábal   Solís   interpuso recurso de casación.   

    

L  A      D  E  M A N D  A  DE  CASACIÓN   

La  defensa  técnica,  con  base  en  las  causales    tercera     y   primera    de    casación,    presenta   dos  cargos contra la sentencia,  cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

El defensor del procesado acusa al juzgador  de  segunda instancia de haber dictado sentencia en un juicio viciado de nulidad  por violación al debido proceso.   

Aduce  el censor que resulta un imperativo,  “entratándose  de  delitos contenidos en la Ley 30  de  1986,  determinar  con  exactitud la cantidad de droga (marihuana, cocaína,  heroína,  metacualona,  sustancias químicas, precursores, etc.), que haya sido  incautada,  o  que  sea objeto de investigación judicial”.  Sin  esa cuantificación cuya responsabilidad recae en la Fiscalía  General  de  la Nación, sostiene, “no puede existir  un  objeto de reproche penal, ya que la punibilidad penal varía de acuerdo a la  cantidad  de  sustancia ilícita”, porque incluso la  ley  permite  el  porte  y  la  posesión  de determinada cantidad de droga o de  sustancias precursoras, sin castigarlo penalmente.   

Alega que no se estableció, en el presente  caso  lo anterior, y que no se puede suponer que porque fueron encontrados en la  diligencia  de  allanamiento  y  registro  en  la  vivienda  donde  residía  su  representado   unos   recipientes   que  contenían  ácido  sulfúrico,  éstos  estuvieran  llenos  del  líquido,  máxime  si  se  tiene en cuenta que algunos  llevaban más de siete meses almacenados en la vivienda.   

Sostiene  que  tampoco  se puede suponer la  cantidad   incautada   simplemente   de  la  comercialización  que  en  grandes  cantidades  realiza la Dirección Nacional de Estupefacientes, por cuanto que la  Fiscalía  ha  debido,  al  interior  del  proceso  establecer  con exactitud la  cantidad neta del líquido precursor.   

Asevera que en el proceso bajo examen, el 8  de  mayo  de  2006,  una  vez  concluyó la audiencia pública en la que puso de  presente  que la sustancia no estaba exactamente determinada en su peso ni en su  volumen,  la  Fiscalía  se  percató  de  la  falta  de prueba fundamental para  determinar  la  responsabilidad  de los procesados y, para enmendar su error, al  día  siguiente llamó a la Dirección General de Estupefacientes para averiguar  por  la  cantidad  incautada,  pero ésta ya había ido comercializada.  La  respuesta  escrita  oficial  fue emitida el 24 de agosto de 2006, mucho después  de  haberse  dictado  el fallo de primera instancia que está calendado el 21 de  julio de 2006.   

Por lo anterior, considera el informante que  la  fiscalía  no  podía recurrir un fallo, “por no  haberse  considerado una prueba que no estuvo presente al momento de hacer dicho  pronunciamiento,  y  menos  aún,  (…)  cómo  pretende hacerse valer en estos  momentos  por parte de la Fiscalía general de la Nación, una prueba que no fue  legal,   ni  oportunamente  aportada  al  proceso”.   

En  estas condiciones, manifiesta que desde  cuando  asumió la defensa, ya con miras a la audiencia pública, siempre en sus  intervenciones  escritas  y orales invocó la atipicidad de la conducta derivada  de   la   ausencia  de  determinación  de  la  cantidad  de  ácido  sulfúrico  incautado.   

Por lo anterior, asevera que se vulneró el  debido  proceso de su defendido al no ser decretada la prueba que determinaba la  tipicidad  de  la  conducta  endilgada,  irregularidad  sustancial  que vicia de  nulidad el presente proceso.   

Segundo cargo  

Por   último,  el  defensor  del  señor  Satizábal  Solís, basado  en  la causal  primera de casación, acusa al fallador de primera instancia  de  haber  violado  la  ley  sustancial,  en  tanto  que  vulneró  los derechos  fundamentales  a  la igualdad y al debido proceso con las reiteradas negativas a  las  solicitudes  de  sustitución de la detención preventiva y al otorgamiento  de la libertad provisional.   

Manifiesta   que   la  Ley  750  de  2002  estableció,  con  el cumplimiento de ciertos requisitos objetivos y subjetivos,  la posibilidad de la ejecución de la   

pena privativa de la libertad para la mujer  cabeza  de  familia procesada, en el lugar de su residencia o, en su defecto, en  donde  señale  el  juez  si  es que la víctima también residiera allí mismo.   

Agrega que mediante sentencia C-184 de 2003,  este  beneficio también se aplicaba  a lo hombres que se encontraran en la  misma  situación  que  una  mujer  cabeza de familia, para proteger el interés  superior de un hijo menor o impedido.   

Recuerda que durante la etapa de juicio, la  acusada  Liz  Yaneth  Roa  Zamora fue capturada; solicitó la sustitución de la  detención  preventiva  invocando  la  Ley  750  de 2002 y le fue concedida. Que  posteriormente  solicitó la libertad provisional por haber transcurrido más de  un  año  desde  la  ejecutoria  de  la  resolución  acusatoria sin que hubiera  culminado la audiencia pública y también le fue concedida.   

Sin   embargo,   al  señor  Satizábal   Solis  le  fue  negada  la  sustitución  solicitada,  “bajo el argumento de que  este  sujeto  procesal  no  se encontraba privado de su libertad, por lo cual no  procedía dicho beneficio”.   

Dice  que  aunque su defendido se presentó  voluntariamente  ante  el  Despacho  antes  de  concluir la audiencia pública y  solicitó  nuevamente  la  libertad  provisional  ahora  que  sí  se encontraba  encarcelado,  ésta le fue negada nuevamente “con el  argumento  de  que no contaba con un    tiempo superior a UN AÑO  privado   de  la  libertad  y  por  ello  no  tenía  derecho  al  beneficio”,  aunque  la otra coprocesada sí obtuvo decisión  favorable   a   pesar   de   no   haber   cumplido   un   año   de   detención  física.   

Agrega  que  el  Juez,  en  sus  sucesivas  negativas,  solamente  valoró  aspectos  de  tipo objetivo, que en su sentir no  poseen  respaldo  legal,  contenidos  en  la Ley 750 de 2002 y dejó de lado los  juicios subjetivos que esa normatividad contempla.    

En  estas  condiciones, solicita a la Corte  “considere  y tenga en cuenta de manera subsidiaria  estos argumentos si no procede la CASACIÓN”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. En la medida en  que  el  recurso  de  casación es de naturaleza rogada, compete al casacionista  que  enuncie el vicio de derecho o de actividad cometido en la sentencia o en el  proceso,  según el caso.  De ahí que, el mismo legislador, contempló los  presupuestos  formales  que  debe  contener la demanda para ser admitida en esta  sede.   

Si  bien es cierto que en tratándose de la  causal   de   nulidad  la  jurisprudencia  de la Sala ha sido laxa para su postulación y demostración, de  todos   modos   el   libelista   debe   señalar   en   qué   consistió  el  error in procedendo, esto es,  si  fue  de estructura o de garantía.  Así mismo, debe demostrar cómo de  no  haberse incurrido en él necesariamente el fallo habría sido favorable a la  parte que recurre.   

2.   En  tales  condiciones   surge  claro  y  evidente  que  el  censor  no  cumplió  con  los  anteriores    parámetros,   en   tanto   que   no   demostró   que   efectivamente  en  este  asunto  no  hubo   la  diligencia  de  pesaje  de la sustancia y que dicha situación conduce  a la trasgresión del debido proceso.   

En  lo  que  se  podría  entender  como la  fundamentación  de  la  censura, el actor no hace otra cosa que insistir en que  en  este  asunto  no  hubo  la  citada  diligencia de  pesaje  de  la sustancia incautada, que tal asunto no  se  puede  suponer  y  que en el acto de la audiencia  pública   manifestó   dicha   circunstancia   y   que   no   fue   objeto   de  pronunciamiento  por parte  del  sentenciador  de primer  grado.   

Así, el censor dejó el cargo a  mitad de camino, en la medida en que no  demostró  cómo  el  vicio  desquicia las  bases  de  la  instrucción  y  del  juzgamiento  y  cómo  dicha  irregularidad incidió en el resultado final del proceso.   

En lo atinente al  segundo  cargo  que  postula  por  los senderos de la  causal     primera     de     casación,     se    observan    las    siguientes  inexactitudes     en     la    postulación    del  reproche:   

En  efecto,  no  señaló si la infracción  a  la  ley  fue  de manera  inmediata,  esto  es, al momento de elaborarse el juicio de derecho o, si fue de  forma  mediata,  es  decir,  como  consecuencia de la  errada      apreciación      de     la  prueba,  yerro  que condujo a aplicar  una  norma  que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el asunto, o, a excluir otra  que  encajaba  en  la  descripción  fáctica declarada como probada en el fallo.   

Así  mismo,   se  observa  que  el  censor  avasalló  el  principio  de  autonomía  que  rige  la casación, habida cuenta que mezcla los  errores   de   derecho   con  los  de  actividad,  en  tanto  que  aduce  que  a  su   defendido   se   le   vulneraron  los  derechos  fundamentales  a  la  igualdad y al debido proceso, afirmación que ha debido de  postular  por  la  vía  de  la  causal  tercera  y  respetando  el principio de  prioridad.   

Dentro  del  entendido  que  se trata de la  violación  directa de la ley sustancial, tampoco del discurso se puede advertir  en   qué   consistió  el  motivo   de   la  trasgresión,  es  decir,  si  hubo  aplicación  indebida  de una norma, se excluyó otra  que  era llamada a dirimir el conflicto, o habiéndola  escogido  correctamente  se  le dio una hermenéutica  que no consulta su texto.   

En  lo  que  se  podría  entender  como la  demostración  de  la  censura,  el  casacionista  la  fundamenta  argumentando que a una coprocesada sí se  le  reconoció que se trataba de mujer cabeza de familia y, por lo mismo, tenía  derecho  a que se le reconociera la prisión domiciliaria como sustitutiva de la  de  prisión, sin que en modo alguno se vislumbre el sentido de la violación de  la ley sustancial.   

De  la misma manera, si se considera que se  trataba  de  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial,   tampoco  se avizora en qué consistió  el   error   en   la  apreciación  de  la  prueba, es decir, si de hecho o de derecho y el falso juicio que  lo  determinó,  esto  es,  de  legalidad,  convicción, existencia, identidad o  raciocinio.   

Por    manera    que    las          censuras  carecen  de la debida claridad y precisión para su admisibilidad.   

Por  último,  se  advierte  que  del  estudio  del  proceso  no se  percibe  violación  de  derechos   fundamentales  o  garantías  del  sujeto  procesal        que        recurre,   que  determine el ejercicio de  la  facultad  oficiosa  de  índole legal que al respecto le asiste a la Sala en  punto de asegurar su salvaguarda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

       R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor  de    FREDY   ANTONIO  SATIZÁBAL              SOLIS,   por  lo  anotado  en  la  motivación  de este proveído. En consecuencia,        se        DECLARA        DESIERTO       el  recurso.     

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS                    AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                           

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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