23466(23-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23466  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 007  

Bogotá,  D. C., veintitrés (23) de enero de  dos mil ocho (2008).   

V I S T O S  

La  Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora del procesado  WILMAR        TORRES       RENTERÍA.   

H E C H O S  

Fueron sintetizados por el juzgador de segunda  instancia de la siguiente manera:   

“Según   se  desprende  del  compendio  fáctico de este asunto, el día 18 de marzo de 1998,  en   la   carrera   7  R  Bis  No  88-39  del  barrio  Puerto  Nuevo  (Cali),  fueron  atacados  con  arma de  fuego,  por  miembros  de  la  banda  denominada “Satanás”, el señor RUBEN  VELASCO  LARGACHA,  su  hermano  HARRISON  VELASCO,  quien resultó herido en un  brazo  y  en  una  pierna  y su compañera permanente YOLANDA NIEVA RIVAS, quien  perdió   la   vida  como  consecuencia  de  las  lesiones  sufridas”.    

ACTUACIÓN   PROCESAL  

1.   Iniciada,  adelantada  y clausurada  parcialmente  la investigación, pues continuó respecto de otros vinculados, la  Fiscalía  Cuarenta y Siete Seccional de Cali, el 31 de julio de 1998, profirió  resolución   de   acusación   en   contra   de   los  procesados  Wilmar  Torres  Rentería  y  Edimer  Mina  Bejarano,  como  posibles  coautores  de  los  delitos  de  homicidio  agravado,  homicidio  agravado  en  grado  de tentativa y porte ilegal de armas de fuego de  defensa   personal,   decisión   que   quedó   ejecutoriada   el  7 de septiembre de 1998.   

2.  El Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Cali,  mediante  sentencia  fechada  el 4 de junio de 2002,  condenó a  Wilmar  Torres  Rentería y a  Edimer  Mina  Bejarano  a  la  pena  principal  de  415  meses de prisión, a la  “accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  un período de 17 años” y al pago de  los  perjuicios,  coautores  de  los  delitos  de  homicidio agravado, homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal  (artículos  103  y  104, numeral 2°, de la Ley 599 de 2000 y 201 del  Decreto  100  de  1980).  Así mismo, por este último delito les impuso la pena  accesoria  de “suspensión del porte de armas por un  lapso de 10 años”.   

3.   Apelado el fallo por los acusados y  por   la  defensora  de  Torres  Rentería,  la  Sala  de  Decisión  Penal  del Tribunal Superior de Cali, el  29  de septiembre de 2004, lo  confirmó en su integridad.   

4.  Contra  esta  determinación,  la  citada  defensora interpuso recurso extraordinario de casación.    

LA      DEMANDA      DE   CASACIÓN   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,    la    defensora    de   Wilmar   Torres  Rentería,   en  el  único  cargo  planteado, acusa al Tribunal de haber incurrido  en  “violación  directa  de la ley sustancial, por  falta  de  aplicación  o  exclusión   evidente   de   los   artículos   12,   109   y   111 del  C.  P.   y  7°  del C. P. P.”.   

Asegura la demandante que se está endilgando  una     responsabilidad     objetiva     a    Torres  Rentería,  como  quiera  que el homicidio cometido en  Yolanda  Nieva  Rivas  se atribuyó a tres personas, cuando solamente un disparo  fue  el que causó su muerte, con lo cual se dejó de aplicar el artículo 12 de  la Ley 599 de 2000.   

Así mismo, afirma que dicha muerte se produjo  por  una  bala  perdida, por lo que, en el peor de los casos, ha debido ubicarse  el  comportamiento  en el delito de homicidio culposo (artículo 109 del Código  Penal), el cual no fue considerado.   

Respecto de la agresión sufrida por Harrison  Velasco,  señala  que  a  Torres Rentería  debía  sancionársele  por lesiones personales y no por tentativa  de  homicidio “porque en ningún momento las heridas  fueron  eminentemente mortales, para decirse que realmente esa era su intención  si  es que de responsabilidad se habla, y menos aún agravado, porque en ninguno  de  los  folios  se  acusa  al  señor  WILMAR… de haber hurtado, ni intentado  hurtarle  ningún  bien  a los ofendidos”, dejando de  aplicarse,    en   consecuencia,   el   artículo   111   del   Estatuto   Penal  Sustantivo.   

Asevera que no se tuvo en cuenta el artículo  7°  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  toda vez que a pesar de no haberse  podido  establecer  de  qué arma provino el único disparo que causó la citada  muerte,   lógicamente  utilizada  por  una  sola  persona  que  ha  debido  ser  sancionada,  resultó  condenándose  a  tres procesados a quienes se les impuso  penas   diversas   y   se   les  desconoció  el  instituto  del  in  dubio  pro  reo.   

Finaliza  solicitándole  a la Corte casar la  sentencia y, en su lugar, dictar la que en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

1.   Sobre  la  prescripción de la acción penal   

En  la resolución de acusación proferida el  31   de   julio   de   1998,  cuya  ejecutoria  se  consolidó  el  7  de  septiembre  siguiente,  tal como se  refirió  en  los  antecedentes  de esta providencia, se elevó pliego de cargos  contra     Wilmar    Torres    Rentería  y  Edimer Mina Bejarano, como presuntos responsables del delito de  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal, por el cual resultaron  condenados  en  primera  y  segunda  instancia, cuya pena oscila entre uno (1) y  cuatro  (4)  años  de  prisión, de acuerdo con el inciso primero del artículo  1°  del  Decreto  3664 de 1986, modificatorio del artículo 201 del Decreto 100  de  1980, cuya pena privativa de la libertades igual a la que hoy día contempla  el  inciso  primero del artículo 365 de la Ley 599 de 2000, motivo por el cual,  oficiosamente  la  Sala  procederá  a  declarar  la prescripción de la acción  penal  respecto  de la citada conducta punible, por haber transcurrido el tiempo  necesario  que le impide al Estado el ejercicio de su potestad punitiva, lo cual  implica  ordenar  la  cesación  del  procedimiento respecto del mismo, hacer la  redosificación   punitiva   correspondiente  y  las  demás  declaraciones  que  correspondan.   

En  efecto,  la  prescripción  de la acción  penal  opera  en un tiempo igual al máximo de la pena fijada para el delito por  el  que  se  procede si no media resolución de acusación ejecutoriada, y en la  mitad  de  este  término  cuando  existe  acusación,  contado  a  partir de su  ejecutoria,  sin que en ningún caso pueda ser inferior a cinco (5) años, lapso  que  se   aumenta  en  una tercera parte cuando el delito es cometido en el  país  por servidor público en ejercicio de sus funciones, o de su cargo, o con  ocasión  de ellos, tanto en la primera como en la segunda etapa procesal citada  (artículos  80  y  82  del  Decreto  100  de  1980  y  83  de  la  Ley  599  de  2000).   

Como  ya  se  indicó,  el  pliego  de cargos  contentivo  del  delito  de  porte  ilegal  de armas imputado a los particulares  procesados  ya  mencionados,  quedó en firme el siete  (7)  de  septiembre  de  1998, lo que quiere decir que  inclusive  para  cuando  se  profirió  la sentencia de segunda instancia (29 de  septiembre  de  2004), ya había transcurrido el término de prescripción de la  acción  penal  (5  años),  lo cual debe favorecer a ambos procesados, así tan  solo  uno  de ellos, a través de su defensora, haya acudido a la casación, por  cuanto  dicho  fenómeno jurídico emerge como una garantía fundamental que los  cobija.   

Por  lo  tanto,  al ser incuestionable que la  acción  penal  se  ha  extinguido  por causa del fenómeno de la prescripción,  necesariamente  se  impone  su declaratoria y, en consecuencia, se dispondrá la  cesación  de  todo  procedimiento contra Wilmar Torres  Rentería   y   Edimer   Mina   Bejarano  en  relación  con  el  punible de porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

Lo anterior hace necesario redosificar la pena  impuesta  a  los  sentenciados,  a lo cual procederá la Sala en su oportunidad.   

2.   Sobre  la  admisibilidad de la demanda de casación   

De  acuerdo con la demanda interpuesta por la  defensora     de     Torres    Rentería,  el  yerro  atribuido  al  ad  quem  se  originó  en  la supuesta  “falta     de     aplicación    o    exclusión  evidente”   de  las  normas  que  cita,  según  la  argumentación  reseñada,  con  lo  cual  afirma su incursión en la violación  directa de la ley sustancial.   

Un  análisis de las exigencias de claridad y  precisión  cotejadas  con  los principios de autonomía y no contradicción que  rigen  la casación, dan al traste con las pretensiones de la casacionista, como  a continuación se precisa.   

Cuando  de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  se  trata, que es la vía escogida para censurar el fallo de segundo  grado,  como  se  expone  en  el  único  cargo  propuesto,  no  resulta posible  controvertir  la  apreciación  que  los  juzgadores hicieron de la prueba en la  sentencia,  ni los hechos que se declararon demostrados en ella, puesto que esta  forma  de  infracción presupone conformidad absoluta con dichos aspectos y, por  lo   tanto,  el  debate  debe  ser  de  contenido  estrictamente  jurídico,  no  probatorio,  y  debe  necesariamente  abordarse a partir del supuesto de que los  juzgadores  acertaron en la demostración de las conclusiones fácticas, pero se  equivocaron  al  determinar la valoración jurídico sustantiva del asunto, bien  porque  aplicaron una norma equivocada, porque dejaron de aplicar la correcta, o  porque  habiendo  acertado  en  su selección, le dieron un significado distinto  del que legalmente corresponde.    

En   el  desarrollo  del   cargo,     la    libelista    acude    a    temas   relacionados  con la responsabilidad endilgada a Torres  Rentería   con   el   delito   que  ha  debido   imputársele    (homicidio    culposo    y    lesiones   personales,   respecto  de   cada   una   de  las   víctimas),    descarta    la   demostración   de   la  circunstancia  de  agravación  imputada  y  critica  la manera como se terminó  sancionando  a  tres  procesados,  no obstante que la muerte solamente ha podido  causarla  uno  de ellos, con desconocimiento del principio del in dubio pro reo,  todo   ello   sustentado   a   partir   de   su   personal   percepción  de  la  prueba.   

Así,  lo  que  se  advierte  es que hace una  mixtura  incompatible  con  la hipótesis casacional seleccionada, máxime si se  tiene  en  cuenta  que  antes  que  a  la falta de aplicación de las normas que  sugiere  no  atendidas  por los juzgadores, hace reflexiones acerca de la prueba  cuya  valoración  considera  prevalente, cuando, como se indicó, la violación  directa  de  la ley sustancial no admite cuestionamientos sobre los hechos y las  pruebas  que  fueron  demostrados y apreciadas en el fallo impugnado, emergiendo  así  la  transgresión  al  principio  de  autonomía  en la formulación de la  censura,   según   el   cual   las   diversas   propuestas   que   apunten   al  resquebrajamiento  del  fallo deben ser esbozadas en forma independiente, con el  propósito  de  evitar  posibles  confusiones  argumentativas y conceptuales que  puedan     entorpecer     la    comprensión    del    planteamiento.   

Si  lo  que  se  pretendía era acreditar los  errores  en  que  incurrió el juzgador en la apreciación probatoria, siempre y  cuando  ellos  conduzcan  a  la  equivocada declaración del derecho material en  cuanto  deja  de  aplicar determinado precepto o se aplica indebidamente, debió  acudir  a  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, desde luego, con la  precisión   pertinente  sobre  la  naturaleza  del  yerro,  el  sentido  de  la  violación  y,  luego  de  identificar  el  desacierto,  proceder a demostrar su  incidencia  en  la  parte  resolutiva  del  fallo  acusado, acreditando cómo de  corregirse  el  error  sobre  las  pruebas  erradamente  apreciadas  y valoradas  adecuadamente  junto  con las restantes válidamente incorporadas al proceso, la  sentencia habría sido de distinto contenido.   

La demanda tan solo se queda en el enunciado y  equivoca  la  presunta  violación  directa que le atribuye al juzgador, cuando,  acorde  con  el desarrollo que del cargo se hace, lo que ha debido formularse es  la  violación  indirecta,  limitándose  la  demandante  a esgrimir la personal  perspectiva  que  tiene  sobre  los  medios  de  convicción,  sin  enfrentar el  análisis  que  realizó  el sentenciador, para acreditar con el examen integral  de  la prueba, la trascendencia del yerro en la declaración de condena hecha en  el  fallo,  a  fin de desvirtuar la doble presunción de acierto y legalidad que  lo  ampara,  con lo que limita el ataque a la disparidad de criterios acerca del  valor  probatorio  que  merecen  unas  pruebas,  propuesta  por la demandante en  contravía  de  lo  sostenido  por  el fallador, lo cual no resulta de recibo en  sede  de  casación,  pues, aún cuando dicha evaluación se evidencie como más  científica  o mejor razonada no podrá primar sobre la del juzgador en tanto no  se  demuestre  que  fue  obtenida  por  la  incursión  en alguno de los errores  trascendentes,  por  cuanto  de  lo  que  se  trata  es cuestionar el juicio del  juzgador  y su sujeción a la legalidad en el proferimiento de la sentencia y en  la manera como evaluó la prueba.   

Con     ello,     surge   diáfano    del    análisis    de   la   demanda   el   desconocimiento  de   la   censora   de  los   derroteros   de  coherencia,  concreción  y  logicidad  que       gobiernan       la      casación,      cuya   consagración   tiene   por   finalidad cuestionar  la   constitucionalidad   y   legalidad  del  fallo  y   no      revivir      los    debates   probatorios   de unas instancias ya superadas, razón por la cual todas las  inquietudes   del  actor  deben  canalizarse  por  causales  taxativamente   dispuestas    en    el    artículo    207    del   Código   de Procedimiento  Penal,  sin  que  sea   suficiente    para   tal   propósito   la   mera   invocación     de     las     mismas     o    la   utilización      del      lenguaje     propio     del   recurso.   

Lo anterior conlleva a que la Sala disponga la  inadmisión  del  libelo  con  la  consecuente declaración de la deserción del  recurso.   

3.          Casación  oficiosa   

3.1.    No   obstante   que  en  forma  mayoritaria  la  Sala  había  sostenido  que cuando se advierte vulneración de  alguna  garantía fundamental que imponga a la Corte su inevitable intervención  para  corregir  el  error,  debía  previamente  correr  traslado  al Ministerio  Público  para  su  concepto,  en  reciente  oportunidad  varió  su posición y  consideró  que,  en  aras de dar aplicación a los postulados de eficacia en la  administración  de  justicia, ello no es necesario y debe proceder a subsanarlo  de inmediato.1   

En   consecuencia,   la   Sala  entrará  a  pronunciarse  en  relación  con la afectación del principio de legalidad de la  pena  accesoria,  el cual fue desconocido por el sentenciador:      

3.2.  Examinada la sentencia condenatoria  que  la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal Superior de Cali profirió, el 29  de  septiembre  de 2004, contra Wilmar Torres Rentería  y Edimer Mina Bejarano, a través de la cual confirmó  la  dictada en primera instancia por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de la  misma  ciudad, surge evidente que la pena accesoria de interdicción de derechos  y  funciones públicas que le fue impuesta por el término de 17 años, excedió  los  diez años que sobre dicha sanción contemplaba el artículo 44 del Decreto  100  de  1980, norma vigente para la época de ocurrencia de los hechos juzgados  y aplicable a este asunto por ser más favorable.   

Ante esa situación y teniendo en cuenta que,  de  conformidad  con  lo  preceptuado  en  el  artículo  29 de la Constitución  Política,  “nadie podrá ser juzgado sino conforme  a  leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa”,  norma  que  contempla  el  principio  de legalidad de las penas y, por lo mismo,  protege  la  libertad  individual  frente a la arbitrariedad de los funcionarios  judiciales   y   garantiza   los   principios   de   seguridad  jurídica  y  de  igualdad      ante     la     ley,2   surge  claro   que   la   pena   accesoria   que  se  le impuso a  Wilmar  Torres  Rentería y a  Edimer  Mina  Bejarano lesiona  el citado principio de legalidad.   

En  efecto, el artículo 52 del Código Penal  de  1980,  norma  aplicable,  como  se  dijo,  por  ser  más  favorable  que la  consagrada  en  la  Ley  599  de 2000,  establecía que la pena de prisión  implicaba  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por  un  período  igual  al  de  la pena principal, pero, a su vez, el artículo 44,  ibidem, señalaba que su duración máxima era de diez (10) años.   

En  otros  términos,  la  pena  accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  debía  ser  igual a la de  prisión,  pero  si ésta era superior a diez (10) años, la de interdicción no  podía  franquear  ese  límite,  parámetro  éste  último  que  sin  duda fue  desconocido  por  el  juzgador  de  segunda  instancia,  conllevando  así  a la  violación del principio de legalidad de dicha pena.   

Por  lo  tanto,  la Sala, haciendo uso de las  facultades  conferidas  por el artículo 216 del Código de Procedimiento Penal,  casará  oficiosa  y  parcialmente el fallo de segundo grado y, en consecuencia,  disminuirá  en diez (10) años la pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas,  hoy  denominada  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos     y    funciones    públicas,    impuesta    a    los    mencionados  procesados.   

4.   Sobre  la  redosificación de la pena   

Como se inadmitirá la demanda de casación y  teniendo  en  cuenta que ha prescrito la acción penal de uno de los delitos por  los  que  fueron  acusados  y  condenados Wilmar Torres  Rentería   y  Edimer  Mina  Bejarano,  indispensable  resulta   ajustar  la  pena  que  debe  permanecer  vigente  contra  los  mismos  sentenciados  por  razón  de  los  delitos  de  homicidio  agravado y homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa,  que  son  aquellos  por  los  cuales quedan  condenados,  respetando,  desde luego, la tasación efectuada por el juzgador de  instancia.   

En  la  sentencia  impugnada,  que  a  su vez  confirmó  la  de  primera  instancia,  como  ya se señaló, el fallador, en el  proceso  de  individualización  de  la  pena,  tomando  el  delito  más  grave  (homicidio   agravado),   partió  de  “trescientos  cuarenta  y  cinco  (345)  meses  aumentado  hasta en otro tanto, por virtud del  concurso  homogéneo,  valga decir el homicidio tentado de Harrison Velasco y el  heterogéneo  por  porte  ilegal de armas,  para  imponer  en  definitiva  una  pena de cuatrocientos quince  (415)  meses  de prisión”, dosificación que permite  concluir  que  por  el último delito cuya prescripción da lugar a la cesación  de  procedimiento  relacionado  con dicha conducta y que será declarada en esta  decisión, se adicionó una pena de diez (10) meses de prisión.   

Por lo tanto, resulta fácil colegir que a los  sentenciados  se  les  debe restar diez (10) meses por razón de la declaratoria  de  prescripción  de  la  acción  penal del delito de porte ilegal de armas de  fuego  de  defensa  personal,  situación  que  lleva a concluir que la pena que  subsiste     en     contra    de    Wilmar    Torres  Rentería   y  Edimer  Mina  Bejarano,  será  la  de  cuatrocientos     cinco     (405)     meses     de  prisión,  como  coautores responsables de los delitos  de homicidio agravado y homicidio agravado en grado de tentativa.   

Así  mismo, queda excluida la pena accesoria  de  “suspensión del porte de armas por un lapso de  10  años” que se les impusiera a los condenados por  razón del delito cuya acción penal prescribió.   

5.    La   sentencia   se   mantendrá  inmodificable en todo lo demás.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1.   DECLARAR  que  la acción penal que por el delito de  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa   personal  se  adelantó  en  contra  de  los  procesados   WILMAR   TORRES  RENTERÍA  y   EDIMER   MINA   BEJARANO    se    encuentra   prescrita.   En   consecuencia,   DECRETAR   en   su   favor   cesación   de   la   actuación  procesal  respecto de dicha conducta punible.   

3.           READECUAR  la pena impuesta a WILMAR  TORRES  RENTERÍA  y  EDIMER  MINA  BEJARANO, razón por la cual  la  pena  principal  que deben cumplir como coautores responsable de los delitos  de  homicidio  agravado  y  homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa, es de  CUATROCIENTOS     CINCO     (405)     MESES     DE  PRISIÓN.   

4.   Contra  las  anteriores  decisiones  procede el recurso de reposición.   

5.   INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por la    defensora    del    procesado       WILMAR       TORRES  RENTERÍA.  En  consecuencia,  se declara desierto el  recurso extraordinario de casación interpuesto.   

6. CASAR   oficiosa  y  parcialmente  la  sentencia  impugnada   y,   en   consecuencia,   imponer   a  los  procesados  WILMAR  TORRES  RENTERÍA  y  EDIMER  MINA  BEJARANO la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término    de   diez   (10)   años,   conforme   a   lo   expuesto   en   esta  providencia.   

7.           PRECISAR  que  las  restantes  decisiones  adoptadas en el fallo impugnado se mantienen incólumes.   

8.  Contra las determinaciones adoptadas  en los numerales 5°, 6° y 7° no procede ningún recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                              JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación 26967, auto del 12 de septiembre de 2007.   

2 Ver,  entre otras, casación 23491 del 8 de junio de 2005.     

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