28676(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28676   

          CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 245  

Bogotá, D.C., cinco de diciembre de dos mil  siete.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor de la procesada NOHEMY  TORRES  CORTÉS,   contra  el  fallo de segunda instancia que profiriera el  Tribunal  Superior  de  Manizales, Caldas, fechado el 26 de junio de 2007,   mediante  el cual confirmó en su integridad la sentencia emitida por el Juzgado  Penal  del  Circuito  de La Dorada, en el cual condenó a su representada legal,  a   la  pena  de  tres  (3)  años  de prisión, en calidad de coautora del  delito  de  falsedad  material en documento público. Además, se impuso la pena  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas, por lapso igual a  la   sanción  privativa  de  la  libertad,  y se otorgó a la procesada el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, por un  período de prueba de cuatro años.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia de primera  instancia, del siguiente tenor:   

“Labores investigativas desplegadas por el  Puesto   Operativo   del   Departamento   Administrativo   de  Seguridad  de  la  localidad1,  advirtieron sobre la posibilidad de que en el inmueble ubicado en  la  calle  10  N°  9-50  del  Barrio La Soledad estaba funcionando una pequeña  empresa  donde  se  expedían  documentos  de  carácter  oficial y otros de uso  particular  falsos.  Con  fundamento  en dicha información la Fiscalía Segunda  Seccional  decretó  la correspondiente diligencia de allanamiento y registro al  inmueble,  la  cual se llevó a cabo el 5 de mayo de 2003, encontrando allí una  papelería  atendida  por  el  señor  GERMÁN  TORRES  ROJAS,  y en la misma un  computador   con   varios   programas  que  almacenaban  documentos  tales  como  antecedentes  disciplinarios  que normalmente expide la Procuraduría General de  la  Nación, Libretas Militares, formatos con el logotipo de ECOPETROL, diplomas  y  certificados de estudio, etc. La diligencia se extendió hasta la Secretaría  del  Hospital San Félix de la población, donde labora la señora NOHEMY TORRES  CORTÉS,  esposa  de  GERMÁN  TORRES  ROJAS,  quien  según  averiguaciones del  organismo   investigador   era  la  persona  que  introducía  los  antecedentes  disciplinarios  expedidos  por éste a las hojas de vida del personal adscrito a  la  institución.  En  esa  oportunidad  se  extrajeron  de las Hojas de Vida 53  certificados  de  antecedentes para verificar su autenticidad. La investigación  se  encausó hacia los señores TORRES ROJAS y TORRES CORTES, al igual que hacia  las  personas  que  adquirieron  ilegalmente  dichos  certificados; respecto del  primero  se profirió sentencia anticipada al haber aceptado su responsabilidad;  los  demás  fueron  beneficiados  con  preclusión   de la instrucción, a  excepción  de  NOHEMY  TORRES,  CORTÉS,  quien fue cobijada con resolución de  acusación.”   

DECURSO PROCESAL  

Conforme  lo  denunciado,  el  16 de mayo de  2003,   la   Fiscalía  Primera  Seccional  de  La  Dorada,  decidió  adelantar  investigación previa.   

El  26  de  mayo de 2003, esa oficina abrió  formal instrucción.   

El   3  de  julio  de  2003,  se  vinculó  penalmente,  a través de indagatoria, a NOHEMY TORRES CORTÉS, endilgándose le  el delito de falsedad material en documento público.   

En  curso  de esta tramitación, el también  procesado  Germán  Torres  Rojas,  esposo  de  NOHEMY  TORRES,  se  acogió  al  instituto  de  la  sentencia anticipada, aceptando responsabilidad penal por los  delitos  de  falsedad  material  en  documento  público  y  defraudación a los  derechos  patrimoniales de autor, lo que condujo a que se rompiera la unidad del  proceso.   

El  30  de abril de 2004, se cerró el ciclo  investigativo.  En  seguimiento de lo dispuesto, el día 23 de junio de 2004, se  calificó   el   mérito  del  sumario.  En  la  providencia,  se  precluyó  la  investigación  a  favor  de  todas  las  personas que recibieron de manos de la  procesada  los  certificados  judiciales  espurios  y  se formuló acusación en  contra  de  NOHEMY   TORRES  CORTÉS,  en calidad de coautora del delito de  falsedad  material  en  documento  público,  consagrado en el artículo 287 del  C.P..  Allí  mismo, se precluyó la investigación, a favor de ésta, en lo que  toca   con   el   delito  de  defraudación  a  los  derechos  patrimoniales  de  autor.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  proceso  fue  repartido, para adelantar la fase del juicio, al Juzgado Penal del  Circuito  de  La  Dorada,  el  cual  asumió  conocimiento el 25 de noviembre de  2004.   

El  28  de  febrero  de 2005, se celebró la  audiencia preparatoria.   

El  2  de  agosto  de  2005,  tuvo  lugar la  audiencia de juzgamiento.   

Consecuentemente, el 22 de agosto de 2005, se  profirió  la  sentencia  de primer grado, la cual fue apelada oportunamente por  el defensor de la procesada.   

Finalmente,  el  26  de  junio  de  2007, la  correspondiente   Sala   de  Decisión  Penal  del   Tribunal  Superior  de  Manizales,  emitió la sentencia de segundo grado que confirmó en su integridad  el fallo condenatorio.   

LA DEMANDA  

         En  un  primer  acápite  del escrito impugnatorio, el  recurrente  advierte  que  se  trata,  en  este caso, de una solicitud de que se  acepte  discrecionalmente la demanda, dado que el delito por el cual se condenó  a  su  representada  legal,  comporta  una pena máxima de seis años, que no se  aviene  con el tope mínimo a partir del cual faculta la ley acudir al mecanismo  de la casación.   

         Para  soportar  su  petición,  el  casacionista  aborda  el  examen del tópico  referido  a  la  calificación  jurídica  y  sus  efectos respecto del trámite  procesal,  haciendo  un  recorrido  por  las  diferentes  normatividades que han  regulado  la  materia,  hasta concluir que si bien, el error en la denominación  jurídica  no  constituye  hoy,  cuando  lo  pretendido es que se condene por un  ilícito  de  menor  entidad, causal de nulidad, dado que perfectamente la Corte  puede  emitir  la  sentencia  sustitutiva  que  consagre  la nueva delimitación  típica,  de  todas  formas  un  yerro  de  esa  magnitud  representa violación  ostensible  al  debido  proceso  y  al  principio  de  legalidad  con  lo  cual,  finalmente,  la forma discrecional del recurso interpuesto se habilita  por  virtud   de   que   se   pretenden   proteger  garantías  fundamentales  de  la  acusada.   

         Hecha  la  precisión,  el  recurrente  formula  un  solo  cargo en contra de la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal,  sustentado  en  la  existencia  de una  violación  indirecta  de la ley, radicada en un error de hecho por falso juicio  de   identidad   –causal  primera, cuerpo segundo, del artículo 207 de La Ley 600 de 2000.   

        En  sustento  del  cargo,  el recurrente parte por advertir que demostrará cómo el  delito  ejecutado  por  su  prohijada  legal,  no  es el de falsedad material en  documento público, sino uso de documento falso.   

             Para    el  efecto,  transcribe  amplios  apartados  de  la  indagatoria  surtida  por el ya  condenado  Germán  Torres  Rojas,  quien  se  acogió  a  sentencia anticipada,  señalando  haber  ejecutado directamente la falsedad, con desconocimiento de su  esposa,  la  hoy procesada NOHEMY TORRES, y de la injurada recepcionada a ésta,  en la que se dijo ajena a la falsedad en cuestión.   

          Deduce, a renglón  seguido,  que la única prueba existente acerca de cómo o quién realizó en el  computador,    scanner   e   impresora,   los   certificados   de   antecedentes  disciplinarios  falsos,  lo  es  precisamente  la indagatoria de Torres Rojas, y  éste,    resalta,    manifestó   que   su   esposa   no   intervino   en   los  hechos.   

        Entonces,  colige,  si  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados,  aseveran  que la  procesada  conocía  de  la  actuación  de  su  esposo y a ella se le significa  apenas  introduciendo  las  certificaciones  falsas  en  la  hoja de vida de los  empleado  del  Hospital  San  Félix, de La Dorada, no puede concluirse que haya  intervenido  materialmente  en  la  acción  falsificadora,  que  es  el  delito  atribuido,  y únicamente es posible relacionarla ejecutando el delito de uso de  documento público falso.   

              Agrega      el  impugnante:   “Nada  revela,  por  ejemplo,  que  la  señora  TORRES  CORTÉS hubiera acompañado a su esposo GERMÁN TORRES ROJAS en  las  tareas  propias  de  la  elaboración  en  su computador de esos documentos  apócrifos:  por  ejemplo,  escaneando  los  modelos, digitando las leyendas que  debían  insertarse  en  los  falsos  certificados,  imprimiéndolos,  etc, etc,  etc.-“       

            En    aras    de  explicar  el  tipo  de  error  propuesto,  de  nuevo el recurrente transcribe la  indagatoria  del  cónyuge  de  la  procesada, reiterando que allí expresamente  dijo él haber realizado sin ayuda de nadie la tarea falsificadora.   

        Y  si  bien,  advera  el  casacionista,  concuerda  con  el  Tribunal  en  que  esa  declaración  puede  ir  encaminada  a  favorecer  a  la procesada, “sí  hay  algo  absolutamente  claro (…) esa “actividad   material” fue obra exclusivamente suya”.   

         La   tergiversación  en  que  incurrió  el  Tribunal,  señala  el  impugnante,  ocurre  en  atención  a  que  no existe prueba de la intervención  material  de  la  procesada  en  la  labor  de  falsificación, soslayándose el  apartado  de  la  indagatoria en el cual el esposo de ésta hizo tan contundente  afirmación.    

        Y remata: “tan evidente fue  la  pretermisión  de  la  estimación de ese comentado aparte de la indagatoria  del  señor  GERMÁN  TORRES ROJAS que la propia señora Juez A- quo, a pesar de  haber  admitido  que  “no  era”  la  señora  NOHEMY  TORRES  CORTÉS  quien  “elaboraba”  esos certificados apócrifos de antecedentes disciplinarios (fl  686),  no  vaciló  en  tildarla  como  coautora  de  un  hacer que implicaba la  realización   de   la   “actividad  material”  por  parte  del  agente:  la  confección, por propia mano, de esos documentos falsos.”   

        La  omisión  en  cita,  destaca  el  recurrente,  tuvo enorme trascendencia, ya que  condujo  a  despejar en contra de la procesada el delito de falsedad material en  documento  público, cuando es lo cierto que la actividad desplegada por ella la  muestra ejecutando la conducta punible de uso de documento falso.   

       Se  dejó de  aplicar,  así,  el  artículo 291 del C.P., para en su lugar tomar en cuenta el  artículo 287 ibídem.   

         En  consecuencia,  pide  de  la  Corte casar el fallo para que se emita sentencia de  reemplazo  en  la cual se considere “el hecho punible  que realmente reflejan los autos”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

        En  primer  lugar,  debe  referirse  la Corte a las condiciones que  facultan  asumir el examen de la demanda por la vía discrecional, evidente como  surge  que  el  monto de pena establecido para el delito de falsedad material en  documento  público,  por  el  cual  se  condenó  a  la  procesada, no cubre la  exigencia   objetiva   que   para   acceder   al   mecanismo  extraordinario  de  impugnación,  estatuye el artículo 205 de la Ley 600  de 2000, bajo cuya férula se guía el procedimiento.   

        En  este  sentido,      el      artículo      citado      señala      que      el  recurso  extraordinario  procede  “…por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años”.   

         Mirada  la  conducta por la cual se emitió la sentencia objeto de impugnación,  se  ha de partir por significar que ella se inscribió  en  el  auto de llamamiento a juicio y los   fallos  de  instancia,    dentro     de     lo     establecido     en     el     artículo    287  de  la  Ley 599 de 2000,    y    no    concurren,  por  razones  obvias,  los  incrementos  punitivos de la Ley 890 de  2004.   

       Significa   lo  anotado,   que   la   conducta   objeto  de  condena  no   cubre  la  exigencia  punitiva   mínima   establecida   para  acceder  al  mecanismo  excepcional  invocado     por     el     demandante.    

        El  procesado  recibió  sentencia  de  condena,  se  recuerda,  por el delito de  falsedad  material  en documento público,  previsto  en  la  normatividad arriba  citada, de la siguiente manera:   

          “ARTICULO  287.  El  que  falsifique documento público que pueda servir de prueba, incurrirá en  prisión de tres (3) a seis (6) años.   

        Si la  conducta   fuere  realizada  por  un  servidor  público  en  ejercicio  de  sus  funciones,  la  pena será de cuatro (4) a ocho (8) años e inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  de  cinco  (5) a diez (10)  años”.   

               A  la  luz  de  la  Ley  600  de  2000  que rige esta  actuación,  es  claro  que  la  casación esta prevista para “…delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho años, aún cuando la  sanción    impuesta    haya    sido   una   medida   de   seguridad”.  De  suerte que la conducta  examinada  no  accede  al  extraordinario recurso.   

              De  ello,  como  se  dijo,  fue consciente el demandante y por tal razón buscó  acudir  a  la vía excepcional que contempla el inciso tercero del artículo 205  de  la  Ley  600  de  2000,  esto  es,  apela  a la discrecionalidad de la Sala,  argumentando  necesario  el  pronunciamiento,  en  aras de que se garanticen los  derechos fundamentales de su asistida legal.   

              Empero,  la  Corte  ha  revisado  detenidamente los argumentos de que se vale el  recurrente  para  soportar  la excepcionalidad  y  encuentra  que  ellos  lejos  de determinar la existencia del agravio propuesto,  buscan  por el camino simplemente dialéctico, incluso  con  afirmaciones  de alguna manera especiosas, allanar el camino para el examen  del único cargo propuesto.   

           Al  efecto,  la  Sala  no  encuentra  que  deba  restañarse cualesquiera garantías  procesales  presuntamente  vulneradas  a la acusada, cuando es claro, y el mismo  recurrente  así termina por aceptarlo, que la tramitación operó completamente  legal,  con respeto no solo de los derechos de la vinculada penalmente, sino con  absoluto apego a las normas que gobiernan el rito penal.   

              El  recuento  procesal  y  jurisprudencial  efectuado  por el impugnante permite  señalar,  como apotegma básico,  que si bien, en cuanto principio legal y  garantía   para   los  sujetos  procesales,  el  debido  proceso  comporta  una  connotación  genérica  y  de  alguna manera abstracta, la definición de si en  determinado     asunto     ocurrió     o    no    una    violación,   implica  necesariamente  acudir  al  proceso  o  trámite específico que en el        momento      histórico      regula      la   definición   de   responsabilidad  penal.   

           En  otros  términos,  esa  serie  ordenada  de pasos que tienen como fin definir la  existencia  del  delito  y  consecuente  responsabilidad  penal  atribuible a la  persona,  obligan  auscultar  cuál  es  el  proceso  debido,  o  mejor, qué ha  establecido  como  tal el legislador y se halla vigente para regular la concreta  condición sub iudice del vinculado penalmente.     

             Para   el   caso   concreto  examinado,   aunque   en   estatutos  anteriores  la  inadecuada  determinación  jurídica  que hacía el funcionario instructor al momento de llamar a juicio al  procesado,  podía  eventualmente  conducir  a  la  invalidación  del  trámite  procesal,  no  importa  cuál  fuese la modificación obligada de hacer frente a  los  hechos,  es  lo cierto que en vigor la Ley 600 de 2000, ese efecto absoluto  desapareció,  pues,  como  se  sabe, ya la definición típica consignada en la  acusación  no deviene absoluta o inalterable, pues, claramente el artículo 404  de  esa normatividad contempla la posibilidad de que en curso de la audiencia de  juzgamiento,  una  vez  practicadas  las  pruebas, el fiscal, e incluso el juez,  modifiquen  el nomen iuris de la conducta y, entonces, como así lo sostuvo esta  Corporación2,  perfectamente, sin que se quebrante el principio de congruencia,  el  juez  puede   condenar  por  el  delito  contenido en la resolución de  acusación,  o  por  el presentado en la audiencia por el fiscal, o por el nuevo  que plantee el fallador.   

       Y, en punto  de  las  causales  de  casación,  cuando se trata de que el recurrente busca se  revoquen  los  fallos  de  instancia  para  que  la condena opere respecto de un  delito  más leve, la vía no es la causal tercera del artículo 207, que genera  la  nulidad de lo actuado, sino lo consignado en la causal primera, en tanto, la  consecuencia  de  demostrarse  la existencia del yerro, es que la Corte emita un  fallo        sustitutivo        considerando        el        nuevo        nomen  iuris.          

    

         Entonces,  el  debido proceso que estimó menester aplicar el legislador, dentro  de  su  poder  de  configuración,  no  pasa  ahora  por  advertir inamovible la  resolución  de  acusación, en punto de la denominación concreta del delito, y  por  ello,  cuando es claro que ya culminando el debate público se hace posible  su  variación,  resulta desacertado significar que se vulneraron las garantías  de  la  procesada  cuando  la  fiscalía  la  acusó  por  el delito de falsedad  material  en  documento  público y no por el más leve de uso de documento  falso.   

       Mucho  menos,  ya  en  un plano eminentemente material de verificación de que se hayan  respetado  o  no los derechos de la acusada durante la tramitación penal, si la  violación  que plantea el recurrente en el único cargo que soporta la demanda,  remite  a  la  particular auscultación que hace de la prueba y el entendimiento  que  tiene  del  fenómeno  de  la  autoría  y la participación criminal, para  contraponerlos  a  lo  que  consignaron  sobre  el  tema  las  instancias  en el  fallo.   

        Esto  significa,  no  cabe duda, de que la violación alegada no supera el plano de la  discusión  probatoria,  o  incluso dogmática, pero lejos se halla de verificar  pasibles  de  vulneración  derechos  o garantías fundamentales de la prohijada  legal  del  recurrente, evento en el cual funda éste  la   necesidad   de  pronunciamiento  de  la  Corte  por  el  camino  de  la  discrecionalidad.   

          Lo  señalado en  precedencia    resultaría   suficiente   para   inadmitir   la   demanda   bajo  consideración.   

             Pero,  además,  examinado    el    cargo    presentado    por    el   impugnante,   ostensibles  los  yerros  de  fundamentación que lo acompañan, a  igual conclusión se llega.   

           En  efecto,   al  inicio  de  su  postulación  el impugnante manifiesta que la  controversia  opera  por  la  vía  de la violación indirecta de la ley, cuerpo  segundo,  causal  primera,  sustentada en la existencia de un error de hecho por  falso juicio de identidad.   

          Sin  embargo,  al  momento  de  abordar  el  cargo  y su desarrollo, el recurrente se  desvía    ostensiblemente    de    lo    propuesto,    para    recalar,   dentro  de  su  argumentación  general,  en  el  falso  raciocinio    o    la    violación    directa    de   la   ley   por   indebida  aplicación.   

         Dentro  de  tan  confuso  panorama,  que  indistintamente aborda, contraviniendo  elementales  principios  lógicos,  vías por esencia  contrapuestas,  el  casacionista  yerra  en  el cometido básico de indicar a la  Corte     con     claridad     cuál     entonces     es     el     error  en  el que se pregona incurrió  el Tribunal.    

Debe  destacarse,  respecto de lo analizado,  como  reiterada  y  pacíficamente  lo  tiene dicho la sala, que la controversia  surgida  a  partir  del  falso  juicio  de identidad representa demostrar, en un  plano  meramente  objetivo, que el Tribunal tergiversó, cercenó o adicionó el  contenido  material  de lo dicho por el testigo, para lo cual asoma fundamental,  precisamente  en  razón  a  la  naturaleza  de lo propuesto, transcribir lo que  expresamente  contiene  el  dicho  del  testigo, a fin de confrontarlo, también  efectuando  la  correcta  y  expresa  transcripción, con lo que de ello dijo el  fallador.  Ya  luego,  se  agrega,  es  menester  demostrar la trascendencia del  yerro,  realizando  una  nueva  evaluación  probatoria  conjunta  en la cual se  introduzca la verdadera forma de leer lo expresado por la prueba.   

Respecto  de  tan específicos preceptos, el  demandante  dice  que  el  Tribunal  tergiversó  el contenido de lo dicho en la  indagatoria   por   el   esposo  de  la  procesada,  pues,  dejó  de  tomar  en  consideración   la  afirmación  expresa  de  que  él,  sin  ayuda  de  nadie,  confeccionó  en  su  computador,  impresora  y  scanner, las certificaciones de  carencia  de  antecedentes  disciplinarios  que debía expedir la procuraduría.   

No obstante, su manifestación no superó el  estadio  de  la  simple afirmación, dado que, ya para demostrar lo relacionado,  en  lugar  de  cumplir  con  la  específica  tarea arriba reseñada, desvió la  argumentación  hacia  otros  campos,  como  se  dijo,  incluso aceptando que el  Tribunal   sí  tomó  en  cuenta  lo  dicho  por  el  cónyuge  de  la  acusada  –sin  omitirlo, añadirle  algo   no   expresado   o   tergiversarlo  en  su  contenido  objetivo,  únicas  circunstancias  que  facultan  alegar  falso  juicio  de identidad-, pero que lo  valoró  inadecuadamente  o  le dio una connotación jurídica distinta a lo que  la    norma    típica    enseña    –casos,  estos  últimos,  que  eventualmente representan violaciones  por  la  senda  indirecta  del  falso  raciocinio,  o  la directa de la indebida  aplicación de la ley-.   

En  efecto,  apenas  a titulo de ejemplo, el  casacionista,  en  torno de lo dicho por el esposo de la procesada y la forma en  que  lo  abordó  el  Tribunal,  anotó,  citando  las  providencias  de primera  instancia,  que  los  falladores  no  cercenaron  el  testimonio contenido en la  indagatoria,  obviando  tomar  en  consideración  lo  dicho  acerca  de la nula  intervención  de NOHEMY TORRES CORTÉS, sino que, estimaron, buscó favorecerla  diciéndola ajena  a los hechos.   

Incluso,  más  adelante  el  casacionsita  controvierte    su    afirmación    de    que    el    Tribunal    “cercenó”  el  apartado objetivo en  el  cual  el  declarante  advirtió  que  su  esposa  no  elaboró  “materialmente”  las certificaciones  espurias,  anotando: “…la propia señora  Juez  A-quo,  a  pesar  de  haber  admitido que “no era” la señora NOHEMÍ TORRES  CORTÉS  quien  “elaboraba”  esos  certificados  apócrifos  de antecedentes  disciplinarios  (fl  686),  no vaciló en tildarla como coautora de un hacer que  implicaba  la  realización de la “actividad material” por parte del agente:  la confección, por propia mano, de esos documentos falsos”.   

Bajo  este  presupuesto, vale decir, que los  falladores  sí  aceptaron  que  la  procesada  no intervino materialmente en la  confección  de  los  certificados,  la controversia no puede operar  en la  égida  del falso juicio de identidad, sino, en estricto rigor jurídico, dentro  de   los   postulados   de   la  violación  directa,  pues,  en  este  caso  la  argumentación  parece  dar  por sentado que las pruebas y hechos revelan lo que  de  ellas concluyeron los sentenciadores, pero se equivocaron estos al elegir la  norma aplicable al caso.   

Entonces,  deriva  el asunto hacia el examen  eminentemente  jurídico de lo que los hechos informan y su ubicación dentro de  determinada  norma  típica, por aplicarse indebidamente la que regula el delito  de   falsedad   material   en  documento  público,  con  perjuicio  de  aquella  consagratoria   de   la   conducta   punible   de   uso  de  documento  público  falso.   

Así   las  cosas,  era  menester  que  el  impugnante,  en  desarrollo  del  estudio  puramente  jurídico  de  lo  que las  sentencias  establecen,  controvirtiese  los  argumentos  tomados en cuenta para  hacer  derivar  responsabilidad penal a la procesada como coautora del delito de  falsedad material en documento público.   

Pero ello no puede hacerse apenas a partir de  significar,  como  una  especie de hecho jurídico incontrastable, que el delito  de  falsedad  material en documento público únicamente admite, en términos de  autoría  o  coautoría, que los responsables, de propia mano, realicen la labor  material  de  confeccionar  el  documento  espurio  o  falsear  sobre  él datos  relevantes  con  virtualidad probatoria, sin abordar en concreto los fundamentos  en   contrario  que  expusieron  los  funcionarios  de  ambas  instancias.    

Para  el  caso,  si  en  la misma demanda se  sostiene  que  las  instancias recurrieron al fenómeno, antes reconocido apenas  por  vía   jurisprudencial,  de  la llamada coautoría impropia, con clara  regulación  legal,  aplicable para el caso, en el artículo 29, inciso segundo,  de  la  Ley  599  de 2000, en el entendido de que hubo un reparto de funciones o  división  de  trabajo  criminal,  con  acuerdo  previo, que significaba para el  esposo  de  la  procesada ejecutar la tarea falsaria en el computador, con ayuda  del  scanner y la impresora, al tanto que la acusada se ocupaba de hacerse a los  clientes  y  después  introducir  los  certificados espurios en las respectivas  hojas  de  vida,  el asunto no puede de ninguna manera despacharse apenas con la  advertencia  de  que  se cometió un inexistente error de hecho por falso juicio  de  identidad,  sin  penetrar  a  fondo  ni  mucho  menos controvertir los   fundamentos jurídicos consignados en los fallos que se atacan.   

Mucho  menos,  si  de  entrada  acepta  el  impugnante  que  su  prohijada  legal  efectivamente  pudo  conocer “el  carácter  espurio  de  las certificaciones que obran en el  proceso”,  y  sustenta  la  controversia sólo en el  hecho  de  que no realizara con sus propias manos la falsificación, con lo cual  pasa  por  alto deliberadamente que esos documentos fueron confeccionados por su  esposo  precisamente  porque antes la acusada se contactó con los empleados del  Hospital  San  Félix,  a  fin  de  ofrecerles  los  servicios  para  obtener el  documento   que   registra  los  antecedentes  disciplinarios  de  todos  ellos.   

Jamás el impugnante significa, por fuera de  la  afirmación  contundente,  en  típica  petición de principios, por qué el  delito   de   falsedad   material   en  documento  público  no  admite  que  la  intervención  de varias personas opere a través del fenómeno de la coautoría  impropia,  o  mejor,  dentro  de  una  organización  delictiva,  con reparto de  funciones   que   no   necesariamente  impliquen  ejecutar  de  propia  mano  la  confección del documento falso.   

Ello  impide  a  la  Corte conocer cuál, en  concreto,  es  la  razón jurídica que impulsa al demandante a apartarse de los  razonamientos  de  las  instancias,  sosteniendo  que el delito ejecutado por su  representada  legal  es  apenas el de uso de documento público falso y no aquel  por el cual se le condenó.   

Por  lo  demás,  dentro  de  la  necesaria  corrección  fáctica  que  ha  de  contener  el  escrito  de  casación,  y  la  obligación  de  verificar  previamente  que  lo  expresado  se  avenga  con  lo  consignado       en       el       expediente3,  la  simple  lectura  de  las  sentencias  de instancia, permite observar, en contravía de lo sostenido por el  censor,  que  la  definición  del tipo de responsabilidad penal atribuible a la  acusada,  dentro  de la órbita del delito que se estimó ejecutar ella, no tuvo  como  eje gravitacional la indagatoria surtida por su esposo, quien se acogió a  sentencia anticipada.   

Todo  lo  contrario,  esa  declaración  se  desechó,  como  así  lo advirtió el recurrente, por entenderse parcializada a  favor   de  su  esposa,  pero  se  tomó  en  consideración  un  amplio  acervo  indiciario,  a  través  del cual se concluyó que la procesada conformó con su  esposo  una  empresa  criminal  encaminada a obtener lucro con la expedición de  certificados   de   antecedentes   disciplinarios   falsos,   los   cuales  eran  introducidos  por  ella, en su calidad de Secretaria del Hospital San Félix del  municipio   de  La  Dorada,  en  las  correspondientes  hojas  de  vida  de  los  empleados.   

Nada  dijo  el  impugnante  acerca  de  esos  elementos  de  juicio, con lo cual, además de lo dicho, la crítica formulada a  partir  del  supuesto error de hecho por falso juicio de identidad, se quedó en  simple  enunciación,  sin  determinación adecuada de trascendencia respecto de  lo  decidido,  que  implicaba,  como  ya  se  dijo  atrás,  no  sólo demostrar  efectivamente  la  existencia  del vicio, sino efectuar una nueva evaluación de  todos  los  factores  probatorios  tenidos  en  cuenta para, expurgado el error,  demostrar  que con ello no se mantiene en pie la sentencia o, cuando menos, esta  deriva  hacia  circunstancias  mucho  más  favorables  para  su asistida legal.   

Está claro entonces, que no se cumplen los  presupuestos   legales   que   facultan  acudir  al  excepcional  mecanismo,  en  tratándose  de  la  condena  por  el  delito  de falsedad material en documento  público,  que,  además, el cargo postulado por el recurrente adolece de serias  falencias  de  fundamentación,  al punto que ninguna violación trascendente se  demuestra,  y  que,  finalmente,  del  escrito  presentado  por  el casacionista  ninguna  afectación  de  garantías fundamentales se extracta, conclusión a la  que también se llega una vez verificado el trámite del asunto.   

No   es,  pues,  necesario  que  la  Corte  intervenga  oficiosamente, razón suficiente, junto con los impedimentos legales  y  argumentales  antes  referenciados,  para  que  se  inadmita  la  demanda  de  casación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el     defensor     de              la         procesada  NOHEMY  TORRES CORTÉS.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ         MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN         JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS             JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  El  municipio de La Dorada, Caldas, se aclara   

2 Auto  del 14 de febrero de 2002, radicado18.457   

3  Véase,  sobre  el  particular,  Auto  del  28  de  febrero  de  2006,  Radicado  24.783     

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