28651(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28651   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 245  

Bogotá,  D.C., cinco de diciembre de dos mil  siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por la defensora pública del  procesado  EDWIN  JOSÉ  MOLINA IMITOLA, contra el fallo de segundo grado del 19  de  junio  de  2007,  proferido  por  el  Tribunal Superior de Barranquilla, que  confirmó  íntegramente  la  sentencia dictada por el Juzgado Segundo Promiscuo  del  Circuito  de  Sabanalarga el 18 de enero de mismo año, mediante la cual se  condenó  al  procesado  en  cita y a Aquiles Antonio Molina Imitola a las penas  principales  de  seis  (6)  años  de  prisión  y  multa por la suma de dos (2)  salarios  mínimos  mensuales  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo término de la pena  privativa   de   la   libertad,   como   autores   responsables  del  delito  de  rebelión.   

HECHOS   

         El  1º de abril de 2002, por petición del Comandante del Batallón  de  Ingenieros  No.  2  del  Ejército Nacional, el Fiscal 9º Delegado ante los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Barranquilla,  autorizó  una  diligencia de  allanamiento  y  registro  al  inmueble  ubicado  en  la  calle 27 con carrera 4  esquina,  “sin  nomenclatura”,  del  barrio  Santa  Elena  del  municipio de  Baranoa,  Atlántico,  lugar de donde se tenía conocimiento habían movimientos  sospechosos  que  hacían  presumir  la  presencia  de  miembros de las milicias  urbanas  del  E.L.N.  que tenían en su poder explosivos con los que pretendían  atentar contra la Empresa Electricaribe de ese municipio.   

          La  diligencia  se realizó en la misma fecha, dejándose constancia  en  el  acta  de  que  se  trata  de  “una  casa de  mampostería,   marcada   con   el   No.  12-02  de  la  calle  27  con  carrera  12”.  En el lugar, al que concurrió el mismo fiscal  que  autorizó  la diligencia, auxiliado por miembros del C.T.I. de la Fiscalía  y  del  Ejército  Nacional,  se encontró en el patio un maletín que contenía  elementos  explosivos; en una de sus habitaciones fue hallado un sobre de Manila  que  contenía  planos  de  algunos sitios del municipio; además se encontraron  nueve  (9)  capuchones  elaborados en tela negra y roja, marcados con las siglas  “E.L.N.”,  así  como  una  bandera  en  los mismos colores, marcada con las  siglas  del  movimiento  armado  y  las letras “H.M.” También se halló una  fotografía  de  EDWIN  JOSÉ  MOLINA  IMITOLA en la que vestía gorra militar y  blandía un arma de fuego.   

          En  el  lugar  fueron  capturados  Aquiles  Antonio Molina Imitola y  EDWIN  JOSÉ  MOLINA IMITOLA, a quienes en resolución del 176 de junio de 2003,  la      Fiscalía      acusó      como      autores      del      delito     de  rebelión.       

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

Primer cargo  

Al  amparo  de la causal  tercera  del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, la defensora pública del  procesado  EDWIN  JOSÉ  MOLINA IMITOLA acusa la sentencia de haber sido dictada  en  un juicio viciado de nulidad por haberse omitido una investigación integral  como  lo  dispone  el artículo 20 del Código de Procedimiento Penal que rigió  el  caso  (Ley 600 de 2000), configurándose la causal de nulidad prevista en el  numeral 3º del artículo 306 ibídem.   

          Cita  como  normas  violadas por falta de aplicación los artículos  29  de  la  Carta  Política,  8,  9, 20, 234 y 306 del Código de Procedimiento  Penal  y,  por aplicación indebida, los artículos 29, 60, 61 y 467 del Código  Penal.    

          En  orden  a  fundamentar  el  cargo  aduce  que  la  falta  de  una  investigación  integral  llevó  a  omitir la practica de pruebas fundamentales  para  demostrar  la  inocencia  de  su  asistido, entre ellas, una diligencia de  inspección  judicial  en el patio de la residencia allanada y las declaraciones  juradas  de  los miembros del C.T.I. de la Fiscalía que concurrieron a la misma  y que ingresaron por el patio antes de iniciar el registro.   

          La   procedencia   de  estas  pruebas,  agrega,  se  deriva  de  las  manifestaciones  hechas por los procesados en sus injuradas, en las que refieren  que  los  elementos  encontrados fueron colocados por los mismos militares y que  el  patio  es  completamente  “escueto  y  no tiene  seguridad alguna”.   

          Por  lo  tanto,  dice,  era  necesario establecer las condiciones de  seguridad   o   vulnerabilidad   del   patio  donde  encontraron  los  elementos  explosivos,  mediante  prueba  idónea  que  no  era  otra que una diligencia de  inspección judicial con o sin intervención de peritos.   

          Además  debió escucharse a los miembros del C.T.I. de la Fiscalía  que  ingresaron  por  el  patio  del  inmueble,  a  fin  de  que  expusieran las  circunstancias  que  los  llevó  a  actuar  de esa manera, y si tuvieron algún  contacto previo con el maletín incautado.   

          Bajo  lo  que  titula  “incidencia de la  omisión  probatoria en el fallo recurrido”, sostiene  que  el  error  denunciado  dejó  sin  respaldo  probatorio  las  explicaciones  ofrecidas  por  su defendido, haciendo desaparecer la opción del surgimiento de  una  duda  razonable  acerca  de  la procedencia de los explosivos, porque no se  verificó  la  posibilidad  reportada  en  sus  indagatorias  de que una persona  distinta  a  ellas,  hubiera  podido  colocarlos  en  el  patio de su residencia  aprovechando la vulnerabilidad del lugar.   

          Pide,  en consecuencia, que se declare la nulidad de la actuación a  partir  inclusive del auto que decretó el cierre de la investigación, para que  se  conceda  a  la  defensa  la  oportunidad  de solicitar las pruebas omitidas,  salvaguardando así las garantías procesales de los implicados.   

          Segundo cargo   

          De  manera subsidiaria, al amparo de la causal primera del artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  acusa  la sentencia de ser violatoria por vía  indirecta  de la ley sustancial por error de derecho derivado de un falso juicio  de  legalidad,  al  valorar  la  diligencia de allanamiento llevada a cabo en la  residencia  de  su  asistido,  por  no  haberse  ceñido  su  realización a las  formalidades  legales  del caso, en desmedro de las garantías fundamentales del  procesado.   

Como  normas  violadas  cita,  por  falta de  aplicación,  los  artículos  29  de  la  Carta  Política  y  9 del Código de  Procedimiento  Penal  y,  por  aplicación indebida, los artículos 29, 60, 61 y  467 del Código Penal.   

          En  orden  a  fundamentar  la  pretensión, sostiene que la orden de  allanamiento  fue  solicitada  y autorizada para el inmueble ubicado en la calle  27  con  carrera 4ª esquina, “sin nomenclatura”, del barrio Santa Elena del  municipio  de  Baranoa,  pero que al momento en que el despacho fiscal se dirige  al  lugar  para  evacuar  la  diligencia,  se  desvió  hacia  el inmueble de su  defendido,  ubicado  en  la  calle  27  con  carrera 12, marcado en la puerta de  entrada con el No. 12-02 del mismo barrio Santa Elena de Baranoa.   

             Por  lo tanto, dice, al no corresponder el inmueble allanado  con  el  especificado en la orden del fiscal, se vulneró una formalidad a saber  la  plena identificación del inmueble, requisito necesario para la legalidad de  la diligencia.   

          Afirma  que si se quería allanar el inmueble de su representado, la  orden  debió ser específica en su identificación, pero como no fue así, pues  la   autorización  fue  expedida  para  un  lugar  distante  del  allanado,  se  desconocieron los artículos 28 y 29 de la Carta Política.   

              

          En  consecuencia,  la  prueba recogida con ocasión del allanamiento  así realizado se torna ilegal.   

          Cuestiona  que  el  fallador de primera instancia hubiera descartado  la  exclusión  de la prueba obtenida, aduciendo que la inconsistencia detectada  por   la   defensa   no  reviste  mayor  trascendencia,  porque  “en  la  solicitud  de  allanamiento  se  deja  constancia que es la  vivienda  ubicada  en  la  intersección  de  la  calle  27  con  carrera 4 y es  precisamente   esa   vivienda,   a  la  que  ingresó  la  Fiscalía”  y  porque  además  la dirección de la calle 27 con carrera 12  No.  12-02  “es  informada  por  el  señor Aquiles  Molina,  es  decir que, tampoco es que en la puerta de entrada de dicha vivienda  apareciera  esa  nomenclatura”, postula que avala el  Tribunal.   

          Por  ello,  sostiene el demandante, debe  persistir  en esta instancia “en la demostración de  la  irregularidad  operada”,  puesto  que si bien es  cierto  que  fue  el  co-procesado  Aquiles  Molina quien suministró la aludida  nomenclatura,   la   misma   aparece   ratificada  por  los  procesados  en  sus  indagatorias,  y  es  la misma que se informa en las labores de inteligencia y a  la  que  se  refirió  el  presidente  de  la  acción  comunal del barrio en su  testimonio.   

          Sostiene  que  el  error  es trascendente porque el fundamento de la  condena  es  la  prueba  recogida  en la diligencia de allanamiento, a la que se  suman  las  declaraciones  de los militares que participaron en el operativo, de  donde  se  deriva  que al derrumbarse, por ilegal, la diligencia de allanamiento  no   queda   elemento   de  prueba  válido  para  sostener  un  pronunciamiento  condenatorio.   

          Pide,  en  consecuencia,  que  se case la sentencia y en su lugar se  absuelva a EDWIN JOSÉ MOLINA IMITOLA de los cargos imputados.   

          Tercer cargo   

          También  de  manera  subsidiaria,  acusa  la sentencia de violar de  manera  indirecta  la  ley  sustancial  por  error de hecho derivado de un falso  juicio  de existencia “por segmentación”  al apreciar la declaración que rindió el capitán Juan Carlos  Parra  Argumedo,  porque  se  parceló  su contenido, dejando de estimar apartes  relevantes    de   su   dicho   en   detrimento   de   los   intereses   de   su  defendido.   

          Cita  como  normas  violadas, por falta de aplicación, el artículo  238  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y,  por  aplicación  indebida, los  artículos 29, 60, 61 y 467 del Código Penal.   

          Para  fundamentar  el  cargo  sostiene que el aludido testigo expuso  que:  “…yo me encontraba al mando del operativo y,  del  dispositivo de seguridad, una vez llegamos al lugar… se procedió a tomar  la  seguridad, los miembros del C.T.I. se encargaron de ingresar por el patio de  la  casa,  golpearon  la  puerta  y,  se  procedió  a realizar la diligencia de  registro…”.   

         De  ese  fragmento del testimonio, dice, se deduce que un número no  determinado  de  funcionarios  del  C.T.I.  penetraron al patio de la casa donde  fueron    hallados   los   elementos   explosivos,   lo   cual   “da  al  traste  con  lo  manifestado por los condenados”  cuando  afirmaron  desconocer  la  procedencia de los elementos  hallados  en  el patio de su residencia, ambivalencia que lleva al planteamiento  de  una  duda  sobre las personas que pudieron colocar los artefactos explosivos  en  el  lugar,  duda  que  no  fue  analizada  por el fallador precisamente como  consecuencia  de  la omisión valorativa del aparte trascrito del testimonio del  capitán Argumedo.   

          La  omisión denunciada, agrega, se constituye en un “patético      desconocimiento      de      los     factores     de  incertidumbre”  que  se  generaban  a  partir de los  apartes  reseñados, lo que a su vez fortaleció la prueba de cargo y de paso la  condena contra su defendido.   

          Pide,  en  consecuencia,  que  se  valore el testimonio del capitán  Argumedo  en  toda  su extensión para que se revoque el fallo impugnado y en su  lugar  se  absuelva al procesado EDWIN JOSÉ MOLINA IMITOLA ante la presencia de  una duda razonable que impide la condena en su contra.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Primer cargo. Nulidad  

En este primer cargo el demandante acude a la  causal  de  nulidad  por  quebrantamiento  de  los  principios de investigación  integral,  porque  se  dejaron de practicar pruebas necesarias para demostrar la  inocencia de su representado.   

Cuando  se  trata  de  proponer la causal de  nulidad  por  quebranto del principio de investigación integral, el censor debe  tener  en claro que no es suficiente la indicación de los elementos probatorios  que  se  dejaron  de allegar a la actuación, así como su fuente, sino señalar  que  eran  necesarias,  conducentes y pertinentes, con el ejercicio adicional de  confrontar  lógicamente  su  hipotético  contenido  a  las  pruebas que fueron  valoradas  por  los  juzgadores  como  sustento  de  la  decisión atacada, para  demostrar  de  esa forma que de haber sido recopiladas la sentencia habría sido  favorable al procesado.   

En el presente evento, el censor se duele de  que  no  se  verificaron  las  manifestaciones de los procesados vertidas en sus  indagatorias  y que para el efecto han debido practicarse diligencias tales como  una   inspección  judicial  en  el  patio  de  la  residencia  allanada  y  las  declaraciones   juradas   de  los  miembros  del  C.T.I.  de  la  Fiscalía  que  concurrieron  a  la  misma,  pero  no  especifica  con  exactitud qué vocación  demostrativa  tendría  cada  uno de tales elementos de juicio, especialmente si  se  le  confronta  con  la  valoración que los juzgadores hicieron del conjunto  probatorio  en  que  se  sustenta  la  condena,  para  señalar  que  no podría  sostenerse.   

Apenas se limita a sintetizar lo que dijeron  los  procesados  MOLINA  IMITOLA  y  a  decir  de forma genérica que de haberse  acopiado  los elementos probatorios reseñados, a los que también se refiere de  modo  escueto,  el  sentido del fallo habría sido diverso, pero, se reitera, el  demandante  no demostró la trascendencia de tales fuentes de convicción en las  estimaciones  fijadas  en la sentencia con base en las pruebas valoradas por los  juzgadores,  pues ello no podía acreditarse con meras especulaciones, ya que en  tales  eventos  lo  que  el  recurrente  tiene  que demostrar es la relación de  causa-efecto  entre  la  prueba  que  echa  de  menos  por  haber  sido  de  tal  necesariedad,  que  su falta de aducción implicó la alteración del sentido de  la decisión por la que optó el fallador.   

Tan  deficiente  argumentación  impide,  en  virtud  del  principio de limitación, abrirle paso a la censura, pues deja a la  Corte  en  trance  de  complementar  el discurso, lo cual le está vedado ya que  conforme  a  tal principio, orientador del recurso extraordinario, así como del  carácter  rogado  que  tiene,  es  carga del actor presentar de modo adecuado y  suficiente los errores de estructura o de garantía que pregona.   

Segundo    cargo.    Falso   juicio   de  legalidad   

En  este  segundo cargo el defensor acusa la  sentencia  de  ser  violatoria por vía indirecta de la ley sustancial por error  de  derecho  derivado  de un falso juicio de legalidad, que, dice, recayó sobre  la  diligencia  de  allanamiento llevada a cabo en la residencia de su asistido,  la  que  no  se  ciñó a las formalidades legales del caso, puesto que la orden  fue  solicitada y autorizada para el inmueble ubicado en la calle 27 con carrera  4ª   esquina,   “sin  nomenclatura”,  del barrio Santa Elena del municipio de Baranoa, pero se ejecutó  en  el  inmueble  ubicado en la calle 27 con carrera 12, marcado en la puerta de  entrada con el No. 12-02 del mismo barrio.   

          Se  incurre  en  un  error  de derecho por falso juicio de legalidad  cuando  el  fallador aprecia una prueba irregularmente aducida a la actuación o  cuando  la  misma adolece de irregularidades que afectan su validez. También se  presenta  cuando el funcionario desecha por ilegal una prueba que no ostenta tal  irregularidad.   

En el primer evento, le corresponde al actor  identificar  el  medio probatorio que tacha de ilegal, indicar las disposiciones  legales  o  constitucionales  que al ser quebrantadas determinan su ilegalidad y  demostrar   que  ello  efectivamente  ocurrió;  en  el  segundo  es  deber  del  demandante  comprobar  la  legalidad  de  la  prueba  desechada por el juzgador.   

Además, en ambos casos, el censor tiene que  acreditar  la  trascendencia  del  yerro en las conclusiones del fallo, esto es,  demostrar  que  con  la  marginación  de  la  prueba  que  se  dice ilegal, los  restantes  medios  probatorios  conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que  con la incorporación de la prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada.                

          En  el  presente  evento, el demandante acude a la primera modalidad  del  error  de  derecho, alegando la ilegalidad de la diligencia de allanamiento  practicada  en  el  inmueble de su representado, la cual, dice, se transmitió a  todo  el  material probatorio allí obtenido, pero omite acreditar el fundamento  legal  y  fáctico  de  su  alegación,  si  en  cuenta  se  tiene  que el mismo  demandante  reseñó  en  el  libelo  que  la  inconsistencia  detectada  en  la  dirección  del  inmueble  allanado  por  orden  judicial, no revistió para los  juzgadores  mayor  trascendencia,  ya  que  “en  la  solicitud  de  allanamiento  se deja constancia que es la vivienda ubicada en la  intersección  de la calle 27 con carrera 4 y es precisamente esa vivienda, a la  que  ingresó  la  Fiscalía”  y  porque  además la  dirección  de  la  calle  27  con  carrera  12  No.  12-02  fue “informada  por  el  señor Aquiles Molina, es decir que, tampoco es  que   en   la   puerta   de   entrada   de   dicha   vivienda   apareciera   esa  nomenclatura”,  situaciones  que  el  demandante  no  desacredita,  sino  que  se  opone  a  ellas  sin  ningún  rigor argumentativo,  pretendiendo  que  su  posición prevalezca sobre la del fallador, lo cual no es  posible  en  esta  sede extraordinaria, a la que arriban los fallos con la doble  presunción de acierto y legalidad.   

Además,  tampoco  se preocupa el demandante  por  demostrar  la  trascendencia  del  yerro  que  alega,  pues  si  no podían  estimarse  las  pruebas  enunciadas,  le era necesario examinar críticamente el  resto  del  material  probatorio  para  establecer  si  mantenían  la sentencia  condenatoria  o,  por  el contrario, ésta debía romperse y cambiar de sentido.  De  esta  manera,  el  ataque  carece  de  la razón suficiente para provocar un  análisis  extraordinario  como  es  el que corresponde al recurso de casación,  por  que  no cita in integrum  lo considerado en materia probatoria por el fallo cuestionado.   

   

          Tercer cargo. Falso juicio de existencia   

          En  este  último  cargo,  el censor acusa la sentencia de violar de  manera  indirecta  la  ley  sustancial  por  error de hecho derivado de un falso  juicio  de existencia “por segmentación”  al apreciar la declaración que rindió el capitán Juan Carlos  Parra  Argumedo,  porque  se  parceló  su contenido, dejando de estimar apartes  relevantes    de   su   dicho   en   detrimento   de   los   intereses   de   su  defendido.   

La   jurisprudencia   de  la  Corte  tiene  establecido  que si el sentenciador valora la prueba tomando sólo una parte del  contenido  material,  como  lo  denuncia  el  recurrente,  la  evidencia resulta  distorsionada   si  con  el  texto  omitido  y  dada  su  trascendencia  resulta  expresando  una  realidad que no contiene. En este evento, el error radica en la  contemplación  de  la  prueba,  atacable  como  violación  indirecta de la ley  sustancial  por error de hecho, pero a través de un falso juicio de identidad y  no de existencia. Así lo puntualizó la Sala:    

                                                    

“…cuando  se  fracciona una prueba para  analizarla,  omitiendo  parte  de  ella,  no se incurre en “preterición” (falso  juicio  de  existencia),  sino  que  se  distorsiona  su sentido material (falso  juicio  de  identidad),  toda  vez  que  por  esa  circunstancia  no  es posible  otorgarle   el   sentido   que   realmente   tiene”1.   

Pero independientemente de la imprecisión en  la  enunciación  del cargo, lo cierto es que si el demandante buscaba denunciar  la  infracción  indirecta del precepto que regula el principio del in  dubio  pro  reo, desde la perspectiva  del  falso  juicio de identidad, no le bastaba con individualizar o concretar la  prueba  sobre la cual recayó el error, sino que además debía mostrar mediante  un  cotejo  objetivo  efectuado entre lo que valoró el sentenciador y lo que en  verdad  contiene  la  prueba,  que  hubo supresión o agregación de su contexto  real  para de allí inferir que en realidad se alteró su sentido, y además, le  era  preciso  establecer  la  trascendencia del yerro o, dicho de otro modo, que  por  virtud  de  la  deformación de la prueba la sentencia se muta en favor del  interés  que  se  representa  y  que  el  fallo  impugnado  no  se mantiene con  fundamento  en  las  restantes pruebas que sustentan la determinación adoptada.   

Como  nada  de ello aborda el demandante, el  cargo  se  muestra  carente  de  fundamentación  y  por  tanto inapropiado para  provocar  un  análisis  extraordinario como es el que corresponde al recurso de  casación.   

Acorde   con   esta   fundamentación,  se  inadmitirá  la  demanda  de  casación  analizada, dejando claro que tampoco se  observa,  a  simple  vista,  la violación a garantía fundamental alguna que en  virtud  del  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal conduzca a la Sala  a actuar oficiosamente.   

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  procesado    EDWIN    JOSÉ   MOLINA   IMITOLA, por las razones expresadas en la  parte motiva.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia  de  casación  del  16  de  mayo  de 2002,  radicado No. 11.443     

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