28566(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28566   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 245.  

Bogotá      D.C.,      diciembre cinco (5) de dos mil siete (2007).   

VISTOS  

La   Sala   aborda  el  estudio  sobre  el  cumplimiento  de los requisitos de lógica y adecuada fundamentación del libelo  casacional  presentado  por  el  defensor  de MAURICIO  ALFONSO   MORENO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Neiva el 12 de junio de 2007,  confirmatoria   de  la  dictada  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad  el  17 de abril de 2006, por cuyo medio lo  condenó,     junto     con     Elmer     Beltrán  Ramírez, como autor penalmente responsable del delito  de tráfico y porte de estupefacientes.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Con  fundamento  en  una  llamada  anónima  a través de la cual se  informó  que  en  el  vehículo  de  placas  BGL  589 se encontraban sustancias  estupefacientes,  el  21  de  mayo  de  2004,  miembros  de la Policía Nacional  apostados  en  un  puesto  de  control  en  el municipio de Tello dispusieron la  inmovilización  del referido automotor, en el que se transportaban MAURICIO  ALFONSO  MORENO  y Elmer   Beltrán   Ramírez.   Al   día  siguiente,  la  Fiscalía  Especializada ante los Jueces Penales del Circuito de  Neiva  realizó  inspección  judicial  al  vehículo, encontrando en una caleta  dentro  de  su  interior  cincuenta  y  nueve (59) paquetes de una sustancia que  pesó  ciento  veintiséis (126) libras y que un perito estableció dentro de la  misma diligencia, que arrojaba resultado positivo para cocaína.   

La Fiscalía Especializada de Neiva declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo  vinculó  mediante indagatoria  a  MAURICIO ALFONSO MORENO y  a  Elmer  Beltrán Ramírez,  resolviéndoles   su   situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención   preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posibles  coautores del delito de tráfico y porte de estupefacientes.   

Concluida la fase instructiva, el sumario fue  calificado,  el 23 de diciembre de 2004, con resolución de acusación en contra  de  los  procesados  como presuntos coautores del delito que sustentó la medida  de aseguramiento.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Tercero Penal del Circuito Especializado de Neiva, despacho que una  vez  surtida  la  ritualidad  dispuesta  para  este  ciclo  por  el  legislador,  profirió  fallo  el  17  de  abril  de  2006,  por  medio  del  cual condenó a  MAURICIO ALFONSO MORENO a la  pena  principal  de  dieciséis  (16) años de prisión y multa de 2000 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes como autor del delito objeto de acusación.  A    su    vez,    condenó    a    Elmer   Beltrán  Ramírez  a  la  pena  principal  de ocho (8) años de  prisión  y multa por 1000 salarios mínimos legales mensuales como cómplice de  la conducta por la cual se lo acusó.   

También sancionó a los incriminados con la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  igual  al de la sanción privativa de libertad. En la  misma   decisión  les  fue  negada  tanto  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  como  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

          Impugnada  la  sentencia  por  los  defensores  de  los acusados, el  Tribunal  Superior de Neiva la confirmó mediante fallo del 12 de junio de 2007,  decisión  contra  la  cual  el  defensor  de MAURICIO  ALFONSO    interpuso   recurso   extraordinario   de  casación.   

LA DEMANDA  

El  impugnante  formula dos cargos contra el  fallo  del  Tribunal.  El primero, por violación indirecta de la ley sustancial  derivada  de  un error de derecho por falso juicio de legalidad. El segundo, por  quebranto de las reglas de la sana crítica.   

Con la finalidad de soslayar repeticiones, se  optará  a  continuación  por  referir  de  manera  independiente los reproches  presentados  por  el  censor, para acto seguido analizar si en su postulación y  desarrollo   cumplen   o   no   con   los   requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación    exigidos    para    acceder   a   este   medio   impugnaticio  extraordinario.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Como  ya  ha  sido  suficientemente  decantado  por  la  Sala, en el  estudio  sobre  la  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales le corresponde  verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus  censuras  con  sujeción  a las  exigencias  de lógica y pertinente argumentación definidas por el legislador y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario  no  se  convierta en una tercera instancia.  Tales  requisitos  se  orientan  a  conseguir que las demandas se  enmarquen  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros,  dado  que  no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

Advertido  lo  anterior,  procede  la Sala a  realizar  el  anunciado  estudio  sobre los cargos formulados por el defensor de  MAURICIO       ALFONSO       MORENO.   

1.            Primer cargo: Violación indirecta de la  ley   sustancial   derivada   de   errores   de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad.   

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  recurrente afirma que en el fallo atacado se incurrió en errores de derecho  por  falso  juicio  de legalidad, dado que la materialidad del delito se dio por  demostrada   con   el  informe  de  incautación,  la  diligencia  de  pesaje  y  destrucción,  y  con el dictamen técnico sobre la sustancia encontrada, pese a  que  se  trata de medios de prueba allegados a la actuación sin el cumplimiento  de  las  formalidades  legales,  todo  lo  cual  condujo  a  que  el fallo fuera  condenatorio.   

          Acerca  del  informe  de  incautación de la sustancia afirma que no  fue  aportado  con  aplicación del sistema de cadena de custodia dispuesto para  asegurar   condiciones   de  identidad,  integridad,  preservación,  seguridad,  continuidad  y  registro  de los elementos físicos recaudados, desde que inicia  la  cadena  en  el  lugar  donde se obtienen, hasta que finaliza “por  orden  de  autoridad  competente”,  motivo  por  el  cual no debió ser apreciado, pues sólo tenía el carácter de  medio  de  orientación,  dado  que por mandato legal carece de la condición de  prueba.   

          Respecto  de  la  diligencia  de  decomiso  y  ulterior pesaje de la  sustancia  expone, que no se practicó de acuerdo con las reglas definidas en la  Resolución  1890  de  2002  de  la  Fiscalía  General de la Nación, con mayor  razón  si  fue  manipulada, pues arrojó un peso de 126 libras, utilizando para  ello  una  báscula  con  capacidad  máxima  de 60 libras y expresándose en la  misma   diligencia   que   se   decretaba   la  incautación  de  la  sustancia,  “al    parecer   base   de   cocaína”.   

Añade  que según el mencionado informe, el  caso  fue  conocido  por  los  subintendentes  Margoth  Hernández  y Alvaro Borrero  Salas  y por el agente José  Farin   Rodríguez   Tapias,  circunstancia  que  fue  ratificada  por  la primera en su intervención dentro de la audiencia pública,  pese  a  lo  cual,  los  citados  servidores públicos no aparecen en el acta de  incautación de la sustancia.   

Resalta,  que de lo expuesto se concluye que  no  se  dio inicio a la cadena de custodia dispuesta en los artículos 288 y 289  de  la Ley 600 de 2000, así como en la Resolución 1890 de 2002 de la Fiscalía  General  de la Nación, además de que no se señala al responsable de la cadena  de  custodia,  pues  se  imponía  que  toda  persona  que  interviniera  en  la  diligencia  debía firmar la correspondiente acta, más aún, si los primeros en  entrar  en  contacto con la sustancia ilegal fueron los miembros de la policía,  quienes tenían la obligación de elaborar dicha acta.   

Añade que no se dejó consignada la cantidad  de  sustancia  remanente  objeto de destrucción, ni el método de incineración  utilizado,   pues   el   funcionario   judicial   no   dispuso   “la  fijación,  la  filmación  y  demás  procedimientos  que  los  peritos debían cumplir”.   

          Entonces,   concluye   que   si   tal   diligencia   “que     está    sujeta    a    ciertas    solemnidades”,   se   realizó   sin   someterse   a   ellas,  “no  puede  surtir  efectos de legalidad”  y, por tanto, no debió ser apreciada.   

          El  censor  aduce  que  también  se incurrió en un falso juicio de  legalidad  respecto  del dictamen del Instituto Nacional de Medicina Legal, pues  allí  no  se establece que realmente se cumplió la cadena de custodia respecto  de  la  sustancia  incautada  y  luego  analizada,  sino que en dicha entidad se  cumplieron los protocolos dispuestos para su análisis.   

Similares observaciones efectúa respecto de  lo  declarado  por el perito forense durante el debate del juicio, para concluir  que  tales  pruebas  son nulas de pleno derecho, en atención a que se violó el  debido  proceso,  esto es, se impone aplicar la regla de exclusión, dado que no  se  conservó la cadena de custodia establecida en los artículo 288 y 289 de la  Ley 600 de 2000.   

          Señala  que  así  como  un  testimonio  sería  insuficiente  para  acreditar  la  materialidad  del  delito  de  tráfico  de  estupefacientes,  en  tratándose   de   dicho   punible   se   impone   acudir   “a  la  peritación,  científica,  especializada  y  técnica en la  materia  es la forma sustancial para acreditar de manera idónea que se trata de  determinada  sustancia  y  que  la  misma no ha sufrido contaminación que pueda  generar     duda     en     su     autenticidad    y    originalidad”.   

Destaca que no se sabe si las muestras de la  sustancia   fueron   cambiadas,   adulteradas,   manipuladas   o   contaminadas,  circunstancia  que vulnera la estructura del proceso e imposibilita que se tenga  por  demostrada  la  existencia  material del delito investigado, situación que  acredita  que  los  falladores desconocieron el artículo 232 de la legislación  procesal penal.   

          Finalmente  advera  que  con  el denunciado proceder se violaron los  artículos  78  y 79 de la Ley 30 de 1986, así como los artículos 288 y 289 de  la Ley 600 de 2000.   

          Con   fundamento  en  las  consideraciones  expuestas,  el  defensor  solicita  a la Sala casar la sentencia atacada para, en su lugar, proferir fallo  absolutorio a favor de su asistido.   

          Consideraciones de la Sala   

Dado que en el planteamiento de este reproche  el  recurrente  refiere  la presencia de un error de derecho por falso juicio de  legalidad,  es pertinente indicar que dicho yerro se presenta cuando el fallador  aprecia  una  prueba  irregularmente  aducida  a la actuación o cuando la misma  adolece  de  irregularidades que afectan su validez; también se presenta cuando  el  funcionario  desecha por ilegal una prueba que no ostenta tal irregularidad.  En  el  primer  caso,  corresponde  al actor identificar el medio probatorio que  tacha  de  ilegal,  indicar  las disposiciones legales o constitucionales que al  ser  quebrantadas  determinan  su  ilegalidad y demostrar que ello efectivamente  ocurrió;  en  el  segundo  es deber del demandante comprobar la legalidad de la  prueba desechada por el juzgador.   

Además,  en  los  dos  eventos, también le  compete  acreditar  la  trascendencia  del  yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es, demostrar que con la marginación de la prueba que se dice ilegal, las  restantes  pruebas  conducen  a  una  decisión  sustancialmente  diversa  de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada.   

Puntualizado  lo  anterior, advierte la Sala  que  el  casacionista  encamina  su  esfuerzo  a  demostrar que no se mantuvo la  cadena  de  custodia  respecto  de  la  incautación,  pesaje  y análisis de la  sustancia   encontrada   en  el  vehículo  en  el  cual  se  transportaban  los  procesados,  pero no explica de qué manera si resultaran marginadas las pruebas  que  tacha  de  ilegales,  esto es, el informe de incautación, la diligencia de  pesaje  y  destrucción,  y  el  dictamen  del  Instituto de Medicina Legal, las  conclusiones    del    fallo    serían    diversas    y    favorables    a   su  representado.   

          También  se  tiene  que  el  objeto  de reproche apunta a que si la  diligencia   de  incautación,  pesaje  y  experticio  de  la  sustancia  ilegal  “está  sujeta  a  ciertas solemnidades”,   pero  se  realizó  sin  sujetarse  a  ellas  “no  puede  surtir efectos de legalidad”,  encuentra  la  Sala  que el defensor ingresa en el discurrir propio del error de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción, que se configura cuando existiendo  tarifa  legal  en  punto  de  la  apreciación de las pruebas, se niega al medio  demostrativo  el  valor  que  la  ley  le ha conferido o se le otorga un mérito  diferente  al  atribuido  legalmente. En atención a que en el estatuto procesal  penal  no  se  conserva  este  método  de  apreciación  probatoria,  por regla  general,  salvo  contadas  excepciones,  la denuncia de ésta clase de yerros no  tiene  cabida  en  sede  del recurso de casación, amén de que correspondía al  actor  en  tal  evento  demostrar  la  infracción  de  la tarifa de valoración  dispuesta  por  el  legislador, así como su injerencia en el sentido del fallo,  labor que tampoco emprendió.   

          En  efecto,  pese  a  que el actor considera que la materialidad del  delito  de tráfico y porte de estupefacientes se prueba única y exclusivamente  con  “la  peritación, científica, especializada y  técnica”  sobre  la  sustancia,  ninguna referencia  realiza  con  relación  a  lo  expuesto de tiempo atrás por esta Sala sobre el  particular,  esto  es,  que  en  virtud  del  principio  de  libertad probatoria  establecido  en  el  artículo  237  de  la  Ley  600  de  2000, según el cual,  “los elementos constitutivos de la conducta punible  (…)   podrán   demostrarse   con   cualquier   medio   probatorio”,  las referidas diligencias que el demandante tilda de ilegales,  no  constituyen la única forma de acreditar la materialidad del delito de porte  y  tráfico de estupefacientes, pues se puede acudir a otros medios probatorios,  como    por    ejemplo    a    los    testimonios1,  en  este  caso,  del  agente  Luis  Farín  Rodríguez  Tapias,  la  Sub Intendente  Margoth  Hernández, Angela Paola Coba, Jaime Martínez Guarnizo, Nelson Enrique  Torres  y  Jorge  Alberto  Franco, amén de lo expuesto  por  el  mismo  MAURICIO  ALFONSO  MORENO en su injurada.   

Es  oportuno  acotar que el censor considera  violados  los  artículos 78 y 79 de la Ley 30 de 1986, así como los artículos  288  y 289 de la Ley 600 de 2000, sin percatarse, de una parte, que si el delito  investigado  ocurrió  con  posterioridad  al  24  de  julio  de  2001, ya no se  encontraba  vigente  la  Ley  30  de  1986,  y  de otra, que las últimas normas  citadas  no tienen la condición de preceptos sustanciales, en cuanto no definen  conductas   delictivas   o   hacen   referencia   a   la   punibilidad  o  a  la  responsabilidad,  sino  que sólo sirven como medio o instrumento para arribar a  los  fines  de  las disposiciones sustantivas, falencia que se desentiende de la  preceptiva  contenida  en  el  numeral  1º  del  artículo  207  de la referida  legislación   procesal   de   2000,   según  la  cual,  la  casación  procede  “cuando   la   sentencia  sea  violatoria  de  una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta   imprescindible   (numeral   3º   del   artículo   212   ejusdem).   

Ahora, si de conformidad con el principio de  claridad  y  precisión que rige la presentación y fundamentación del cargo en  este  trámite, corresponde al actor dentro de la violación indirecta de la ley  sustancial,  identificar  la  especie  de  yerro  que reprocha y conforme a ello  desarrollar  la  censura, no se aviene al referido principio que respecto de las  mismas  pruebas  y  en  el  mismo  reproche, o en otro postulado sin señalar su  prioridad,  se  confunda la argumentación y acreditación propias de errores de  distinta  especie,  como  ha  ocurrido  en  este  asunto, con el error por falso  juicio de legalidad y el yerro por falso juicio de convicción.   

          La  referida  confusión lógica y conceptual imposibilita a la Sala  para  acometer  el  estudio  de  la censura así planteada, más aún, cuando el  impugnante  no  se  ocupa  de desvirtuar el aporte demostrativo de otras pruebas  que  obran en la actuación (principio de trascendencia), como para derrumbar la  atribución  de responsabilidad contenida en el fallo atacado, circunstancia que  impone la inadmisión del reproche.   

2.            Segundo  cargo (subsidiario): Violación  de las reglas de la sana crítica.   

          También  al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación, cuerpo  segundo,  el censor manifiesta que el Tribunal incurrió en violación indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  un  error  de  hecho  por “falso  error de apreciación” al plasmar  en  el  fallo inferencias erróneas que contrariaron la lógica, la ciencia y la  experiencia  que  condujo a la falta de aplicación del inciso 2º del artículo  7º  de  la  Ley  600  de 2000 y a la aplicación indebida del artículo 232 del  mismo  ordenamiento,  así  como  de  los  artículos  376 y 384 numeral 3º del  Código Penal.   

Afirma  que  los  falladores  arribaron a la  certeza  exigida  para condenar con base “en pruebas  que  por  falta de llenar los requisitos en su producción fáctica, conllevan a  su       exclusión       (…)      brilla       (sic)      por  su  ausencia los hechos demostrativos que permitan inferir que  la  sustancia  de  la  cual  se ha dicho por el ad quem está demostrada, que se  trataba  estupefaciente  –  cocaína”,  en  atención a que una vez inmovilizado  el  automotor  “el cual al no ser sometido desde ese  instante  el  día  20  de  mayo de 2004, a cadena de custodia, y sólo hasta el  tercer  día  después  aparezca  que dicha sustancia encontrada en un vehículo  que  quedó  bajo la custodia y responsabilidad de la autoridad, se predique que  en    el    se    transportaba    la   sustancia   estupefaciente   –         cocaína”.   

          Reitera  que con el informe de incautación, la diligencia de pesaje  y  destrucción y dictámenes, se dio por demostrada la materialidad del delito,  sin   tener  en  cuenta  que  tales  medios  demostrativos  están  viciados  de  ilegalidad,  al  no  ser  mantenida  la  cadena de custodia y sin que puedan ser  suplidos    por    otras    pruebas,   según   lo   explicó   en   el   reparo  precedente.   

          Considera   que   debió   aplicarse   el   principio   in  dubio  pro  reo, pues no se configura  “un  elemento  fundamental del tipo penal que es la  culpabilidad  al  existir  duda  sobre  el  elemento volitivo doloso”,   circunstancia   que   excluye   la   certeza  necesaria  para  condenar.   

          Puntualiza  que  los  sentenciadores  debieron  concluir que en este  asunto  no había certeza sobre la responsabilidad penal de su procurado, habida  cuenta  que  no  existe  elemento probatorio alguno que sustente la acusación y  condena impuestas.   

          Con  apoyo  en  lo  anterior,  el defensor solicita la casación del  fallo,  a  fin  de  que  la  Sala  profiera  sentencia  absolutoria  en favor de  MAURICIO        ALFONSO        MELO.   

          Consideraciones de la Sala   

          Como  en  este reproche el censor finca su aspiración casacional en  la  denuncia  de  un  error de hecho por falso raciocinio, conviene señalar que  tal  yerro  se  presenta  cuando  las  pruebas son tenidas en cuenta, pero en su  valoración  los  funcionarios  quebrantan  las reglas de la sana crítica, esto  es,  los  principios de la lógica, las leyes de la ciencia y las máximas de la  experiencia,  caso  en  el  cual  es  deber  del  recurrente  expresar qué dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar la trascendencia del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado,    proceder    que    en    este    asunto    no   emprendió   el  defensor.   

          Así  pues,  encuentra  la Sala que de manera indebida el recurrente  comienza  por  denunciar  como error de apreciación las mismas incorrecciones a  las  que  se  refirió  en  el  reparo precedente. Además, considera que debió  aplicarse  el  principio  in dubio pro reo,  pues  no  se  configura  “un elemento  fundamental  del  tipo  penal  que  es  la culpabilidad al existir duda sobre el  elemento  volitivo  doloso”,  pero  no  emprende  de  manera  alguna  la demostración de tal aserto, como que no basta para conseguir  la  admisión  del  reproche  que,  sin más, se afirme que no fue acreditada la  existencia  de  dolo  en  la  conducta  del  procesado  o  que  no  se probó la  responsabilidad del mismo.   

No hay duda, que si el libelo de casación no  corresponde  a  un  alegato  de  libre confección, su presentación con base en  meras  apreciaciones  personales e indemostradas del impugnante y sin atenerse a  alguna  de  las  reglas  lógicas y argumentativas que lo gobiernan, comporta el  desconocimiento  de  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad  del fallo  atacado,   circunstancia   que   determina   en   este  asunto  el  rechazo  del  cargo.   

Así  las  cosas,  encuentra la Sala que si  el   censor  no  ajusta  su  demanda  a  las  mencionadas  exigencias  dispuestas  para  postular y demostrar los  reproches que  presenta  contra  el  fallo  de  segundo  grado  y,  en  virtud del principio de  limitación  que  rige el trámite casacional la Corte no se encuentra facultada  para  enmendar  las  falencias de aquella, de conformidad con lo dispuesto en el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000 se impone de plano la inadmisión del  libelo.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación   de   derechos   o   garantías   de  los  procesados, como para que tal circunstancia impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el  legislador     en     punto    de    asegurar    su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   MAURICIO  ALFONSO  MORENO, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ver  providencias  del  30  de  junio  de  2005. Rad. 22779, 25 de mayo de 1999. Rad.  12885,  18  de  septiembre  de  1996.  Rad.  9582  y del 5 de mayo de 1994. Rad.  8.361.     

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