28303(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28303  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 224  

Bogotá, D. C., noviembre catorce (14) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Se  ocupa  la  Sala  de  examinar  las bases  lógicas  y  de  adecuada sustentación de las demandas de casación presentadas  por  el  defensor  de  CARLOS  ENRIQUE HERRERA MORALES  y  por  el  apoderado  de  una  de  las partes civiles  reconocidas  en  el  proceso,  contra  la  sentencia  del  12  de marzo de 2007,  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  al  revocar  el  fallo  absolutorio  proferido el 25 de agosto de 2006 por el Juzgado Cuarenta Penal del  Circuito  de  la  misma  sede,  condenó  al  mencionado  procesado  a las penas  principales  de 24 meses de prisión y 20 salarios mínimos legales mensuales de  multa,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el mismo término fijado para la sanción privativa de  la   libertad,   como   autor  responsable  del  delito  de  homicidio  culposo.   

HECHOS  

          El  3  de septiembre de 2003, el vehículo automotor marca Jeep Gran  Cherokee  de  placas  BLD  878,  conducido  por  CARLOS  ENRIQUE  HERRERA  MORALES, se desplazaba por la carrera  57  (Avenida  carrera  68)  cuando,  frente al número 46-26, arrolló al señor  Julio  César  García Acero,  como  consecuencia  de  lo  cual  le  produjo la muerte.      

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La  investigación  penal  respectiva la  inició,  el  mismo  día  3  de septiembre de 2003, la Fiscalía 306 Seccional,  cuyo  titular  escuchó  en declaración de indagatoria al conductor del aludido  automotor.  Luego la continuó la Fiscalía 51 de igual categoría, despacho que  dispuso  el cierre de la instrucción, mediante decisión del 18 de noviembre de  2004.   

2. En el curso de la actuación se reconoció  como   parte   civil   a   la  señora  Melba  Agudelo  Rincón, en su condición de compañera permanente del  occiso,    así    como    a    Antonina   Nieto   de  García,  Nora Isabel García  Nieto,   Ana  Beatriz  García  Nieto  y  Martín  Antonio  García Nieto, la primera  como   cónyuge  del  obitado  y  los  restantes  en  su  calidad  de  hijos  de  éste.   

3.  El  instructor  calificó el mérito del  sumario  el  2  de  marzo  de 2005, profiriendo resolución de acusación contra  CARLOS    ENRIQUE    HERRERA    MORALES, por el delito de homicidio culposo.   

4. Como el pliego acusatorio no fue objeto de  impugnación  alguna,  el  proceso  se  remitió  rápidamente  a  la  autoridad  judicial  competente,  asumiendo  su  conocimiento el Juzgado Cuarenta Penal del  Circuito  de  Bogotá,  el  cual  llevó  a  cabo  las audiencias preparatoria y  pública  de  juzgamiento,  a  cuyo  término  profirió  sentencia absolutoria,  impugnada  por  vía  de  apelación  por  los  apoderados de las partes civiles  reconocidas.   

5.  En virtud de los comentados recursos, el  Tribunal  Superior  de Bogotá revocó la absolución y, en su lugar, condenó a  HERRERA  MORALES a las penas  referidas  en  el  exordio  de  esta  determinación.  Tanto  la defensa como el  representante  de  la parte civil constituida por Melba  Agudelo  Rincón acudieron al recurso extraordinario de  casación, mismo que concita la atención de la Sala.   

LAS  DEMANDAS   

          1) Demanda presentada por el defensor del procesado:   

          Un  cargo  formula la defensa contra la sentencia del Tribunal. Dice  apoyarlo  en la causal primera de casación de la Ley 600 de 2000, a cuyo amparo  denuncia  la violación directa de la ley sustancial por exclusión evidente del  numeral  1º  del  artículo  32  del  Código  Penal y aplicación indebida del  artículo  109  ibídem,  aun cuando, simultáneamente, invoca el cuerpo segundo  del   numeral   1º   del   artículo   207   del  estatuto  procesal  penal  de  2000.   

          Al  desarrollar  el  reproche,  atribuye al sentenciador incurrir en  errores  de  hecho  derivados  de  falsos juicios de identidad, por tergiversar,  cercenar   o   adicionar  los  medios  probatorios.  Al  efecto,  adujo  que  el  ad   quem   erró   en  la  ubicación  del  lugar de los hechos, lo cual lo llevó a predicar que ese sitio  contaba  con señales de tránsito que informaban sobre la velocidad permitida y  la  presencia  de  peatones,  cuando  donde  realmente  ocurrió el accidente no  existían  tales  señales,  lo cual autorizaba al procesado a desplazarse, como  lo  hacía,  a  60  kilómetros  por hora, cuestión ésta que pasó por alto el  fallador.   

          Según  el  actor,  el  juzgador  también omitió considerar que el  vehículo  involucrado  en los hechos es blindado, lo cual explica la huella que  dejó  cuando  su  conductor accionó los frenos de manera intempestiva, dada la  velocidad  que llevaba. Y dejó de apreciar, añadió, que el impacto se produjo  cuando  el  peatón  ya  había superado parte de la Avenida 68, “habiendo  cruzado por delante de otros automotores hasta estrellarse  con  el  vehículo  conducido  por  el acusado… De donde se puede concluir que  tiene  razón  al  (sic)  a  quo  cuando  señala que el siniestro se dio por el  ‘efecto  cortina’…”.     

            Consideró,  de  otra  parte,  que  el  Tribunal  tergiversó  los  testimonios   de   los   acompañantes   del   procesado,  personas  que  fueron  coincidentes  al  afirmar  la  velocidad  del  automotor,  el lugar por donde se  desplazaba  y la actitud irresponsable del peatón al intentar cruzar la vía en  el  momento  en  que  los  vehículos  estaban autorizados para transitar. En su  criterio,  esas declaraciones se encuentran apoyadas por pruebas como el croquis  y  los  dictámenes periciales, elementos de convicción demostrativos de que al  procesado  no le era fácil percibir al peatón cuando se movilizaba a la sombra  de otros vehículos.   

          Por  lo  anterior,  a  su  juicio,  en  este caso debe exonerarse de  responsabilidad    a    HERRERA   MORALES,  por  cuanto  la  causa de la muerte obedeció, en primer lugar, a  fuerza  mayor  o  caso  fortuito  y,  en  segundo  término,  a  la  culpa de la  víctima.   

          Tras  discurrir  sobre  los  fenómenos  de la imprevisibilidad y la  irresistibilidad  como  elementos del caso fortuito o fuerza mayor, señaló que  al  proceso  se  aportaron  evidencias físicas como fotografías desde diversos  planos,     pero   el   ad   quem   sólo  analizó  parcialmente  varias  de esas evidencias, omitiendo  precisar  el lugar de los hechos, “ocasionándose una  confusión  que  lesionó  la  verdad  y  los  intereses  del  acusado…  Y, al  producirse   esta   exclusión   de  los  elementos  de  juicio,  claramente  la  determinación  asumida fue equivocada y produjo efecto contrario al que causaba  la  realidad probatoria, emitiendo un fallo condenatorio que no concuerda con la  verdad”.   

          De  esa  forma,  solicitó  casar la sentencia impugnada para, en su  lugar, dictar la sentencia de reemplazo.    

          2)  Demanda  presentada  por  el  representante  de  la  parte civil  impugnante:   

          Postuló,  igualmente,  un  único cargo, el cual cifra en la causal  primera  de  casación  de  la  Ley  600  de  2000, bajo cuya égida denuncia la  aplicación  indebida  del  artículo  97  del  Código  Penal,  “porque  no  se  aplicó  al  tasar  los  perjuicios  en  las  formas  consagradas en el inciso 2º de la norma”.   

          Según  el  libelista, el Tribunal no siguió los lineamientos de la  mencionada  norma,  por  cuanto  para  justipreciar los perjuicios materiales se  basó  en  un  peritaje  donde sólo se tuvieron en cuenta los posibles ingresos  del  occiso,  pero  no  la  naturaleza  del  hecho,  la  clase de perjuicio o la  magnitud  del  daño,  peritaje que, además, fue objeto de cuestionamiento  en  la etapa del juicio a través de solicitud de aclaración y adición, frente  a  la  cual  no  se  pronunció  el  a quo.    

          En  su  concepto,  era  necesario que el ad  quem   apreciara  la  naturaleza  del  daño  causado,  “pues  no  se trata de un homicidio simplemente, fue  la  desaparición de una persona que tenía a cargo la manutención y amor de su  compañera  que  por su edad no puede obtener los medios de subsistencia por sí  misma  porque  no  encuentra  ocupación  remuneratoria,  ni posee bienes que le  produzcan renta…”.   

          La  compañera  del  occiso,  insistió el censor, convivió durante  más  de  25  años  con  él,  tiempo durante el cual se dedicó a su cuidado y  compañía  permanente,  de  manera  que  “es apenas  lógico  que  al  desaparecer  el  jefe  del  hogar,  la  tristeza, sufrimiento,  soledad,   situación   económica   invade  el  alma  hasta  el  punto  que  mi  representada,  tuvo que someterse a tratamientos siquiátricas (sic) e inclusive  a operaciones de tumores ocasionados por el estrés.   

          En  tal  virtud,  considera  que el sentenciador debió acudir a las  facultades  otorgadas  por  la ley y fijar los perjuicios materiales en un monto  muy  superior,  sin  tener  en cuenta el dictamen pericial, máxime cuando al no  tramitarse  la  solicitud  de  aclaración  y  adición,  el  avalúo  resultaba  inaplicable.    

          En  sentido  similar,  estima  que  los 10 salarios mínimos legales  mensuales   determinados   por  perjuicios  morales  corresponden  a  una  cifra  irrisoria,  pues  “no se compadece con la situación  de  tristeza,  congoja y calamitosa (sic) a la que quedó sometida MELBA AGUDELO  RINCÓN,  quien después de velar por el bienestar, prestarle compañía, amor y  entrega  durante  más  de veinticinco años, hasta la hora del fallecimiento de  GARCIA  ACERO,  bruscamente  lo pierde, la deja sumida en intenso e interminable  dolor…”.   

          Recalcando  que  los  perjuicios materiales y morales se fijaron con  base  en  un peritaje que no se ajusta a derecho, dado que respecto del mismo no  se  tramitó  la solicitud de aclaración y adición, amén de no corresponder a  la  realidad demostrada en el proceso, solicitó casar la sentencia impugnada en  el  aspecto de la indemnización de los daños, para tasar éstos de acuerdo con  el  artículo  97 del estatuto punitivo y considerando la cuantía pretendida en  la demanda de parte civil.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          1)  Demanda  instaurada  por  el  defensor de CARLOS ENRIQUE HERRERA  MORALES:   

De acuerdo con lo previsto el inciso 1º del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de casación  procede   contra   las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la  libertad cuyo máximo exceda de ocho años.   

No obstante lo anterior, el inciso tercero de  la  misma  disposición  faculta  a  la  Sala  Penal de la Corte para admitir de  manera  excepcional  la  demanda  de  casación  contra  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por autoridades judiciales diferentes a las ya mencionadas  o  relativas  a  delitos  que  tengan  señalada  pena de prisión inferior a la  prevista   por   el   legislador  para  acceder  a  esta  vía  de  impugnación  extraordinaria  o  para  los  no  sancionados con pena privativa de la libertad,  cuando  quiera  que  ello  sea necesario para el desarrollo de la jurisprudencia  nacional  o  para  garantizar  derechos  fundamentales,  siempre  que reúna los  demás requisitos exigidos por la ley.   

         

          Como  insistentemente  lo  ha  señalado la Sala, cuando se trata de  invocar  la  casación  discrecional,  “es deber del  impugnante      exponer     con     claridad     y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  ora  para  unificar  posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina, bien para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de  qué  manera  la  decisión solicitada tiene la dual  utilidad  de  brindar  solución  al  asunto  y  servir  de guía a la actividad  judicial.  Y,  si  la  pretensión  del  casacionista  se  orienta a asegurar la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación  de demostrar la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido1.   

         En   el  asunto  en  estudio,     la    casación    sólo     procedía    por    vía    discrecional,    por   cuanto   la  conducta  punible  de  homicidio    culposo,  por  razón  del  cual fue  condenado  el  procesado,  tiene  señalada  pena  de  prisión     cuyo     máximo    no    excede    de    ocho    (8)    años2.   

El  actor  pasó  por  alto  esa  especial  circunstancia,  haciendo  simple  y llana invocación del recurso extraordinario  por  la  vía  común,  es decir, como si en el presente evento se tuviera pleno  acceso a esta impugnación extraordinaria.   

          Por  ello,  se  limitó  a denunciar la existencia de una violación  directa  de  la ley, sin justificar la procedencia del recurso por alguno de los  dos  factores  que  habilitan  la casación excepcional. Es decir, se abstuvo de  explicarle  a  la  Corte  si  pretende  el  desarrollo de la jurisprudencia o la  protección de garantías fundamentales.   

          El  demandante,  entonces, no hizo ningún esfuerzo para persuadir a  la  Sala  sobre  la  necesidad  de admitir el libelo, omisión que conlleva a su  rechazo de plano, como se procederá.   

          2)  Demanda  presentada  por  el  representante  de  la  parte civil  constituida por la señora Melba Agudelo Rincón.   

          El   artículo   208   de   la   Ley   600  de  2000  establece  que  “cuando la casación tenga por objeto únicamente lo  referente   a  la  indemnización  de  perjuicios  decretados  en  la  sentencia  condenatoria   deberá   tener  como  fundamento  las  causales  y  la  cuantía  establecidas  en las normas que regulan la casación civil, sin consideración a  la  pena  señalada para el delito o delitos”.            

          La  norma  que  se acaba de transcribir resulta plenamente aplicable  en  el caso materia de examen, dado que la demanda instaurada por la parte civil  tiene   por   objeto   únicamente  lo  relacionado  con  la  indemnización  de  perjuicios.  En  tal  virtud,  correspondía  al  actor  diseñar  el libelo con  fundamento  en  las  casuales  previstas  en  las  disposiciones  que regulan la  casación    civil    y    someterse    a    la   cuantía   que   habilita   su  procedencia.   

          En   torno   al  tema  de  la  cuantía,  tiene  dicho  la  Sala  lo  siguiente:   

“…  conviene  anotar  que  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  tanto  en  su  Sala de Casación  Civil   como  en  la Penal, han sostenido que la cuantía del interés para  recurrir  en  casación  se  determina  para  la  fecha  del  fallo  de  segunda  instancia,  que  es  la  decisión  objeto de la impugnación extraordinaria, en  tanto  que allí se decide si se impone la afectación patrimonial cuya cuantía  habrá  de  determinar  la  viabilidad  jurídica  de  censurar el fallo en este  puntual  aspecto3.   

         El  valor de la resolución desfavorable al recurrente puede surgir  bien  de  la  diferencia  entre  lo  pedido por el demandante y lo negado por el  juez,  ora  entre  las  sumas  fijadas  en  las  sentencias de primera y segunda  instancia,  y  esa  diferencia  es  la  que  se ha de confrontar con la cuantía  fijada  por  la  ley  al  momento  de  dictarse  el  fallo impugnado”4.   

          De  conformidad  con  lo  previsto en el artículo 366 del estatuto  procesal  civil,  modificado  por  el  artículo 1º de la Ley 592 de 2000, para  acceder  al  recurso  de casación en materia civil es necesario que el valor de  la  decisión  desfavorable  sea  o  exceda  de  425  salarios  mínimos legales  mensuales.   

             

          En  el  presente  caso,  el  demandante  cumple  el  requisito de la  cuantía,  pues  para  el  12  de  marzo  de  2007,  fecha  del fallo de segunda  instancia,   los  425  salarios  mensuales  equivalían  a  $184.322.500,  valor  inferior  al  de la decisión desfavorable, que corresponde a $197.782.708, dado  que  el Tribunal reconoció al impugnante por perjuicios materiales y morales un  total  de  75.66  salarios  mínimos  legales  mensuales,  esto es, $36.717.042,  mientras  que  lo  pretendido  en  la demanda fue de $200.000.000 por perjuicios  materiales  y  1.000  gramos  oro  por perjuicios morales, equivalentes éstos a  $34.499.7505.   

         

          El  actor,  empero,  no  se  allanó  a  satisfacer  la exigencia de  formular  la  demanda con fundamento en las causales de la casación civil, pues  el  único  cargo  que  formuló  lo  apoyó en la causal primera prevista en el  artículo 207 del Código de Procedimiento Penal.   

          Desde  luego,  teniendo  en  cuenta  que  la  causal invocada por el  libelista  tiene  una  estructura similar a la contemplada en el numeral 1º del  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil, la comentada falencia podría  pasarse  por  alto  si  el  reproche  se  hubiese  fundamentado  atendiendo  los  presupuestos  de  lógica y adecuada sustentación que la Sala ha señalado para  el efecto, pero el actor no cumplió esos requisitos.   

          En  efecto,  mencionó  de  manera  genérica  el  numeral  1º  del  artículo  207  del  estatuto  procesal  penal,  sin  precisar  si  se trató de  violación  directa o indirecta de la ley sustancial. Pareciera que acudió a la  primera  de  esas  violaciones,  en  cuanto sostiene que el sentenciador aplicó  indebidamente  el  artículo 97 del Código Penal. Sin embargo, incurrió en dos  garrafales  desaciertos  que  conspiran  contra  la  claridad  y  precisión del  cargo.   

          El  primero,  al  afirmar  que  el fallador aplicó indebidamente la  norma  precitada,  cuando el desarrollo de la censura lo orienta a demostrar que  el  juzgador  omitió  considerar los criterios condensados en el inciso segundo  de  esa  disposición,  con  lo  cual contradice el enunciado, porque si aplicar  indebidamente  significa  seleccionar  una  norma  que  no  es  la adecuada para  regular  el  caso,  de la propia demanda surge que el cuestionamiento, contrario  sensu,  lo  formula  por  no  aplicarse, justamente, el mencionado artículo 97,  inciso segundo.    

          Y  el  segundo,  por cuanto el actor desatendió la regla casacional  según  la  cual,  cuando  se  acude  a  la  violación  directa  de  la ley, al  casacionista  le  está  vedado  controvertir los hechos que el sentenciador dio  por  acreditados,  así  como desconocer el valor probatorio que éste asignó a  los  medios  de convicción recaudados. Por tanto, la discusión debe plantearla  en  un  plano  puramente jurídico y dirigirla a demostrar que el juzgador dejó  de  aplicar,  aplicó  indebidamente  o  interpretó  erróneamente una norma de  carácter sustancial.   

          El  libelista,  en  cambio,  se  dedicó  a  cuestionar  el  alcance  suasorio     que    el    ad    quem    otorgó  al  avalúo  pericial,  prueba  que, incluso, dice no estar  ajustada  a  derecho, por cuanto no se dio trámite en su momento a la solicitud  de aclaración y adición que la defensa formuló contra la misma.   

          En  otras  palabras,  trasladó la controversia a los terrenos de la  violación  indirecta, aun cuando sin estructurar adecuadamente una propuesta de  esa  naturaleza,  pues no especificó si el fallador incurrió en error de hecho  o  de  derecho, ni indicó tampoco la clase del yerro, es decir, si se trató de  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad o falso raciocinio,  especies  del  error  de hecho, o de falso juicio de convicción o de legalidad,  modalidades del error de derecho.    

          Buscando  desentrañar  el  sentido  de  la  demanda,  lo cual no se  acompasa  con  el principio de limitación que gobierna el recurso de casación,  pudiera  pensarse que cuando aduce que el dictamen no se ajusta a derecho, está  denunciando  la existencia de un error de derecho por falso juicio de legalidad.  Con  todo,  el impugnante omite, como era su obligación en esta sede, citar las  normas  legales  que  se  desconocieron  en  la  formación  o producción de la  prueba, así como fundamentar la trascendencia del yerro.   

          En  consecuencia,  por no cumplir la exigencia de adecuada y lógica  sustentación,  la Sala inadmitirá la demanda presentada por el apoderado de la  parte civil impugnante.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Sala  no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR        las  demandas  de  casación  interpuestas  por el defensor de  CARLOS   ENRIQUE   HERRERA   MORALES   y  por  el  apoderado   de   la   parte   civil  constituida  por  la  señora  Melba Agudelo Rincón.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO J. IBAÑEZ  GUZMÁN                    JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                  JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1 Auto  del 18 de abril de 2007, radicación 26916, entre otros.   

2  El  artículo  109  del  Código Penal de 2000 lo sanciona con prisión de dos (2) a  seis  (6)  años  y  multa de veinte (20) a cien (100) salarios mínimos legales  mensuales.   

3 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Auto    marzo8/99,  rad.  7475,  M.  P., Dr. Jorge Santos Ballesteros, Sala  Civil,  y  autos Nov.19/96,  rad.  11.637  y abril25/02, rad. 14495, M. P., Dr. Nilson Pinilla Pinilla, entre  otros.   

4 Auto  del 23 de agosto de 2005, radicación 23190.   

5 El 15  de  octubre  de  2003,  fecha  de presentación de la demanda de parte civil, el  gramo oro para venta tenía un valor de $34.499,75.     

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