28190(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28190  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado  Acta  N°  181   

Bogotá,  D. C., septiembre veintiséis (26)  de dos mil siete (2007).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado Irene Ramón  Madrid  Rivera  contra  la  sentencia  proferida el 27 de febrero de 2007 por el  Tribunal  Superior de Cartagena, que lo absolvió de toda responsabilidad por el  delito  de  lavado de activos  pero  ordenó  compulsar  copias para que se inicie un proceso de extinción del  derecho de dominio.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1.    Los  primeros   fueron descritos en los siguientes términos por el ad quem:   

El  27 de abril de 2002, a las 15:30 horas,  aproximadamente,  la  Policía  Fiscal  y  Aduanera  que  ejercía control en el  aeropuerto  Rafael  Núñez  de  la  ciudad  de  Cartagena, tras información de  inteligencia,  procedió  a  inspeccionar  el  equipaje del ciudadano hondureño  Irene    Ramón    Madrid    Rivera,    quien  arribaba a esa Terminal aérea, en un vuelo de la aerolínea  Copa,  procedente  de  Ciudad  de Panamá. Como resultado de dicha revisión, al  procesado  se  le encontraron US$427.650,00 encaletados en dos maletas con falso  fondo,  dinero  que  no  había  declarado  ante  las  autoridades  cambiarias y  aduaneras de Colombia, e incluso, del país de donde es oriundo.   

2.  Tal situación  llevó  a  que  el 29 de abril de 2002 la Fiscalía dispusiera la apertura de la  investigación,  escuchara  en  diligencia  de indagatoria a Irene Ramón Madrid  Rivera  y  le  impusiera mediante resolución de 8 de mayo del mismo año medida  de aseguramiento consistente en detención preventiva.   

3.  Habiéndose  recaudado  la  prueba  necesaria  para  calificar  el  mérito  del  sumario  se  clausuró  la instrucción de acuerdo con providencia de 21 de agosto de 2002, y  luego,  de  conformidad con resolución de 17 de septiembre siguiente, se acusó  al   indagado   como  posible  autor  responsable  del  delito  de  lavado de activos.   

4. En contra de la  resolución  acusatoria  se  promovió  el  recurso  de  apelación  el cual fue  resuelto  mediante  decisión del 18 de octubre de 2002 sin que se modificara la  situación del procesado.   

5.   El  11  de  diciembre  de  2003,  luego  de  verificadas  las  audiencias  preparatoria y de  juzgamiento,  el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Descongestión de  Cartagena,  absolvió  al  procesado  Irene  Ramón  Madrid Rivera del delito de  lavado de activos por el cual  lo había acusado la Fiscalía.   

6.  Solicitando la  condena  del  procesado  la Procuradora Judicial presentó escrito de apelación  contra  la  anterior  decisión  del  a quo,  y  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena,  a  través  del  fallo  recurrido           en           casación1,  expedido el 27 de febrero de  2007,  la confirmó en cuanto a la absolución pero revocó la orden de entregar  las  divisas  extranjeras  y  en su lugar ordenó que los dólares se pusieran a  disposición  de la Fiscalía General de la Nación para que, previa expedición  de  copias  del proceso penal, se inicie la acción de extinción del derecho de  dominio.   

         

LA DEMANDA:  

El  apoderado  del  procesado  Irene  Ramón  Madrid  Rivera  presentó  demanda  de casación, cuyo contenido se resume de la  siguiente manera:   

En  el  acápite  denominado “cargo que se  formula  contra  la  sentencia”,  señala que la demanda busca “corregir los  yerros  en  que  incurre  la  segunda instancia”, razón por la cual invoca la  causal   primera  de  casación,  teniendo  como  motivo  que  la  sentencia  es  “violatoria  de una norma de derecho sustancial”, “por error en la lógica  jurídica  al  asignarle  (el  Tribunal)  al precepto legal un sentido o alcance  contrario  a  su  recto  entendimiento”,  destacando  que  la  decisión “es  anfibológica o contradictoria”.   

Expresa que “la violación es por error de  hecho  y  de  derecho”  y  pasa  a  exponer  dos  cargos  que desarrolla de la  siguiente manera:   

PRIMER CARGO: Falso  raciocinio    por   error   de   derecho   en   la   aplicación   de   la   ley  sustancial.   

Transcribe  el  texto  legal que consagra el  tipo   penal   del   lavado   de  activos  y  advierte que el procesado fue absuelto en las decisiones de las  instancias  porque  no se demostró su responsabilidad penal, razón por la cual  lo  judicialmente prudente consiste en que se ordene la entrega de bienes que le  fueron incautados.   

SEGUNDO   CARGO:  Indebida aplicación de la ley.   

Observa  que  el Tribunal en aplicación del  artículo  88  en  concordancia  con  el  82  de la Ley 906 debió ordenar en la  sentencia   la   devolución  de  los  dólares  al  procesado  por  ser  de  su  propiedad.   

Dice que “la sentencia es violatoria de una  norma  de derecho sustancial por error de hecho en la interpretación indebida y  valoración  errónea  de la prueba”; agrega que “es de tal entidad el error  y  el  falso  juicio  de  raciocinio”  que  un  principio  de  la  ciencia fue  ignorado.   

Luego se refiere a la certeza como requisito  esencial  para  proferir sentencia condenatoria, de donde concluye al proferirse  sentencia  absolutoria  lo  congruente  consistía  en  devolver  las divisas al  procesado  y  no  ponerlas por cuenta de un proceso de extinción del derecho de  dominio.   

Cita  jurisprudencia que trata el tema de la  presunción  de  inocencia  para  destacar  que  la defensa no debe demostrar la  procedencia lícita del dinero.   

Peticiona  que  se  case  parcialmente  la  sentencia  demanda  para que en su lugar se orden la devolución de los dólares  incautados al procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

         

1. El propósito de  la  demanda  se  concentra  en  discutir  y cuestionar la orden impartida por el  Tribunal  de  compulsar  copias  y  la  subsiguiente puesta a disposición de la  Fiscalía  de  los  dólares incautados, problema ante el cual hácese necesario  precisar  que  todas  las  autoridades  judiciales  están  en la obligación de  compulsar  copias  cuando  de  la  actuación  procesal  se desprende la posible  ocurrencia   de  alguna  infracción  –penal,          disciplinaria          o          fiscal–    que    deba    ser   investigada  oficiosamente y amerite pronunciamiento judicial o administrativo.   

2.  En el presente  asunto  resulta  jurídicamente correcta la decisión de poner a disposición de  la  Fiscalía  las divisas conocidas en autos para que ésta autoridad de inicio  a  la  acción de orígen constitucional regulada en la Ley 793 de 2002, pues la  extinción  del  derecho  de  dominio  es  una acción autónoma e independiente  tanto  del  ius  puniendi del  Estado  como  del derecho civil. Lo primero, porque no es una pena que se impone  por  la  comisión  de  una conducta punible sino que procede independientemente  del  juicio de responsabilidad criminal de que sea susceptible el afectado. Y lo  segundo,   porque   es   una   acción  que  no  está  motivada  por  intereses  patrimoniales  sino por intereses superiores del Estado. Es decir, la extinción  del  dominio ilícitamente adquirido no es un instituto que se circunscribe a la  órbita  patrimonial  del  particular  afectado con su ejercicio, pues, lejos de  ello,   se  trata  de  una  institución  asistida  por  un  legítimo  interés  público.   

3.  El ejercicio de  la   acción   de   extinción   de   dominio,  como  lo  señaló  el  Tribunal  Constitucional2,   no   está   condicionado  a  la  existencia  de  una  sentencia  condenatoria  previa  por delito alguno. Ello es así por cuanto se trata de una  acción  constitucional  pública, consagrada directamente por el constituyente,  relacionada  con  el  régimen  constitucional  del derecho a la propiedad y que  prevé  los efectos sobrevinientes en caso de ilegitimidad del título generador  del   dominio.   Un   dominio  amparado  en  un  título  injusto  se  extingue,  indistintamente  de  que  para la consecución de tal título se haya cometido o  no  una  conducta  punible.  Éste  es el carácter de la acción y de allí por  qué  resulte  vano  todo  esfuerzo  por ligarla a la responsabilidad penal y al  fallo en que ésta se declare.   

4. De lo expuesto se  sigue    que   la   orden   impartida   por   el   ad  quem para que se inicie el trámite previsto en la Ley  793  de 2002 hace parte de sus obligaciones constitucionales; tal clase de orden  bien  puede  ocurrir en los albores de una indagación, en su etapa intermedia o  finalizando  la  actuación y aún después de proferir la propia sentencia y su  ejecutoria,  pues perfectamente puede suceder que sobre bienes que se encuentran  a  disposición  de  una  autoridad judicial no se diga nada en el fallo, por lo  que  en  decisión  posterior  debe indicarse el destino de los mismos, bien sea  entregándolos  a  quienes  hayan  demostrado su legítima tenencia, posesión o  propiedad,  ya  ordenando su comiso, ora trasladándolos a la Fiscalía para que  por vía de la extinción de dominio se resuelva su destino final.   

5.  Como  se puede  observar  el  procesado  recurrente  no  discute una condena, tampoco una pena y  mucho  menos la forma como ésta deba cumplirse, porque en el presente asunto no  fueron  decretadas,  limitándose  a plantear como objeto de casación una orden  de  compulsar copias para que se inicie el trámite de la acción constitucional  consagrada  en el artículo 34 de la Carta, de todo lo cual surge con diafanidad  la    falta    de    interés   del   recurrente   para   acceder   al   recurso  extraordinario.   

6.  El  recurso de  casación  está  previsto  para  que  se resuelva sobre la constitucionalidad y  legalidad  de  una  sentencia judicial, como control sobre la actividad cumplida  por  la  jurisdicción en la sentencia y el procedimiento adelantado para llegar  a   ella   por   errores   in   judicando  o in procedendo,  de  lo  cual  se  deriva  que  la  discrecional  facultad  que  tiene un juez de  compulsar  copias  para que se investigue un delito o se de inicio a una acción  no  constituye  agravio  al  procesado  sino  simple ejercicio de las potestades  estatales,     razón     que    deja    al    recurrente    sin    legitimation   ad  caussan  por  falta  de  interés jurídico para demandar en casación.   

7. Compulsar copias  para  que  se  examine  por la autoridad competente la posibilidad de iniciar un  trámite  legal no puede considerarse agravio para el procesado o cualquier otro  interviniente,  pues  una  orden  de  tal  naturaleza  simplemente  busca que se  respete el orden jurídico vigente.   

8.  Notorio resulta  que  el casacionista carece de interés jurídico para hacer uso del recurso, de  donde  se  impone su inadmisión de conformidad con lo dispuesto en el artículo  213 de la Ley 600 de 2000.   

Finalmente  es oportuno resaltar que la Sala  no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos  o garantías del procesado Irene Ramón Madrid Rivera,  como  para  que  se hiciera necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa  que  le  asiste  a fin de asegurar su protección en los términos del artículo  216 de la Ley 600 de 2000.   

A   mérito   de  lo  expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

          1.      INADMITIR      la      demanda  presentada.   

2.   Contra  la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO     

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           MARIA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                              JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS   

  YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                                                  JULIO         ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.    

1  Decisión  en  contra de la cual se presentó un riguroso y sugerente salvamento  de voto.   

2 Corte  Constitucional, sentencia C-740/03.     

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