28189(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 28189  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 181.  

Bogotá,  D. C., septiembre veintiséis (26)  de dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  acerca  de  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  la defensora de  JOSÉ  IGNACIO  ROJAS CELIS,  contra  la  sentencia  del  17  de  mayo  del cursante año, mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Bogotá confirmó el fallo adoptado el 7 de diciembre de  2006  por   el  Juzgado Trece Penal del Circuito de la misma sede, por cuyo  medio  condenó  al  procesado  en  mención a la pena principal de 110 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo término, como autor responsable del delito de  acto  sexual  abusivo  con incapaz de resistir agravado, en concurso homogéneo.   

HECHOS  

Los  juzgadores  los vienen resumiendo de la  siguiente manera:   

“Los  hechos se  remontan  a  mediados  de  abril de dos mil cinco (2005), cuando aprovechando su  condición   de   Director  y  Sicólogo  de  la  Fundación  Sicogerontológica  Levantemos  el  Mañana  “Funlena”,  José  Ignacio Rojas Celis ejecutó, en  varias  ocasiones,  tocamientos libidinosos en las partes íntimas del cuerpo de  Sandra  Rocío  Rodríguez  Baracaldo,  mujer  de treinta y cuatro (34) años de  edad,  que padece de trastorno mental, y para ese entonces se encontraba interna  en    esa    Fundación    ante    la   imposibilidad   de   su   familia   para  asistirla”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Tras iniciar la respectiva indagación, la  fiscalía  solicitó la realización de audiencia preliminar con miras a obtener  autorización  para  capturar  a  JOSÉ IGNACIO ROJAS  CELIS.  La  diligencia  se  llevó  a  cabo  el  23 de  septiembre  de 2005 ante el Juzgado 34 Penal Municipal, con funciones de control  de garantías, cuyo titular accedió a la autorización solicitada.   

2.   Producida  la  captura  del  entonces  indiciado,  el  3  de  octubre  del  citado año, el Juez 11 Penal Municipal con  funciones   de   control  de  garantías,  realizó  audiencia  preliminar  para  legalizar  la captura, formular la imputación e imponer medida de aseguramiento  de  detención preventiva. La fiscalía atribuyó el ilícito de acto sexual con  incapaz  de  resistir  agravado,  en  concurso homogéneo y sucesivo y, por esas  mismas  conductas,  el  juez  profirió  la  medida  de aseguramiento, decisión  contra la cual la defensa interpuso el recurso de apelación.   

3. En audiencia celebrada el 10 de noviembre  de  2005,  el  Juzgado  52  Penal del Circuito de Bogotá resolvió la alzada en  mención, revocando la medida de aseguramiento.   

4.  El  28  de  octubre  del  mismo 2005, la  Fiscalía  332 Seccional presentó escrito de acusación por el ilícito de acto  sexual  con  incapaz  de  resistir,  conducta  descrita  en el artículo 210 del  Código  Penal,  agravada  conforme al numeral 2º del artículo 211 ibídem, en  concurso homogéneo y sucesivo.   

5.  Con  fundamento  en  dicho  escrito,  el  Juzgado  Trece  Penal  del  Circuito  de esta ciudad instaló el 10 de noviembre  siguiente  la  respectiva  audiencia,  en  cuyo  desarrollo la defensa solicitó  decretar  la nulidad, por violación a los derechos al debido proceso y defensa,  petición  que  el funcionario judicial negó, pero su decisión fue apelada por  el  mismo  sujeto  procesal,  quien,  sin  embargo,  no  acudió  a sustentar el  recurso,  por  cuya  razón  el  Tribunal  Superior de Bogotá, en audiencia que  realizó el 15 de diciembre postrero, lo declaró desierto.   

6. De retorno la actuación a sede de primera  instancia,  el  15  de  febrero  de  2006  el  Juzgado  Trece Penal del Circuito  reanudó  la  audiencia de acusación, durante la cual la fiscalía formuló los  cargos condensados en el escrito previamente presentado.   

7.  El  Juez  de  conocimiento  realizó  la  audiencia  preparatoria  el  9  de marzo de 2006 y, el 5 de julio siguiente, dio  inicio  al juicio oral. En desarrollo del mismo la defensa solicitó la nulidad,  por  violación  al  debido proceso y al derecho de defensa, petición que negó  el    a   quo,  cuya  decisión  fue  objeto  de  apelación  por  el  mismo  sujeto procesal, pero el  Tribunal  Superior  la  confirmó  en audiencia que celebró el 28 de septiembre  del precitado año.   

8.  El  juicio  oral  concluyó  el  21  de  noviembre  último  con  la  emisión  del  sentido  del  fallo  por parte de su  director,  quien  anunció que sería de carácter condenatorio. La sentencia la  profirió  el  7  de  diciembre  siguiente  y  contra  ella interpuso recurso de  apelación  la  defensora  del  acusado,  siendo  confirmada por la Corporación  ad  quem el 17 de mayo de la  cursante  anualidad,  por cuyo motivo la referida profesional acudió al recurso  extraordinario   de   casación,   el   cual   concita   la   atención   de  la  Sala.   

LA  DEMANDA   

          La  impugnante  formula  tres  cargos contra la sentencia de segunda  instancia,  el primero al amparo de la causal segunda de casación de la Ley 906  de  2004  y  los  dos  restantes  con  apoyo  en  la  causal tercera de la misma  disposición legal.   

          Cargo primero. Nulidad.   

          Considera  que  el  Tribunal vulneró el debido proceso y el derecho  de  defensa  del  procesado, cuando no decretó la nulidad de lo actuado, pese a  la  irregularidad que se presentó el día 2 de febrero de 2006, fecha señalada  para  reanudar  la  audiencia de formulación de acusación, pero que no se pudo  llevar a cabo por la inasistencia del imputado y de su defensor.   

          La   anomalía,   según   expresó,  consistió  en  que  en  dicha  oportunidad,  no  obstante  la  ausencia  de  la parte defendida, el juzgador de  primer  grado  permitió  la  presencia  en  la diligencia de dos hermanos de la  víctima,  a quienes sometió a interrogatorio, desconociendo lo dispuesto en el  artículo  391 del estatuto procesal penal, pues no permitió la controversia de  esos testimonios.   

          Para  la  libelista, el proceder del a quo  es  censurable,  porque  en tal ocasión se formularon  graves  acusaciones contra el imputado, con las cuales el juzgador pudo formarse  “un  juicio valorativo”,  no  obstante  “que no fueron soportadas dentro de la  etapa  del  juicio  pues  al observar el acerbo (sic) probatorio recaudado no se  encuentra  (sic)  los  testimonios  de  los  señores  Nubia  Lucero  Rodríguez  Baracaldo  y  Néstor  Domingo  Rodríguez Baracaldo1”.   

          Consideró,  de  otra  parte,  que  la  amonestación que le hizo el  Tribunal  cuando  negó  la nulidad que impetró en el curso del juicio oral, al  atribuirle  supuestos  actos  dilatorios, constituye una forma de amedrentar que  vulnera  el derecho de defensa, porque ella se ha limitado a actuar en ejercicio  de   sus  deberes  y  obligaciones  como  representante  de  los  intereses  del  acusado.                             

          Con  ese  sustento,  solicitó casar la sentencia para, en su lugar,  dictar sentencia absolutoria a favor del acusado.   

          Cargo segundo. Violación indirecta.   

          Acusa  al Tribunal de incurrir en error de hecho por falso juicio de  existencia,  al  “omitir la estimación”  de algunas pruebas, lo cual lo llevó a no aplicar el principio  del  “in dubio pro reo”.  Para  sustentar  el  reproche,  sostiene  que  en la etapa del juicio la defensa  presentó  como  prueba los experticios efectuados por las doctoras Ángela   Cecilia   Tapias   Saldaña   y  Luz  Teresa  Díaz Morantes,  probanzas que se introdujeron al juicio oral con sus testimonios.   

          Dichas  pruebas,  añadió,  tenían  como fin desvirtuar la pericia  psiquiátrica  rendida  por  el doctor Eduardo Enrique  Roncayo,  adscrito  al  Instituto  de  Medicina Legal,  incorporada  también al juicio con su testimonio y, con sustento en la cual, se  determinó    la    calidad    de    “incapaz   de  resistir”  de la afectada. Es así como las expertas  en  alusión  “demostraron  que no es procedente la  metodología  y  protocolos  utilizadas  por el doctor Roncayo, para proferir un  dictamen   que   pueda   ser   considerado   experticio   técnico,   más  aún  manifiestan…   que   no   puede   ni  siquiera  considerarse  un  diagnóstico  psiquiátrico,  dado  que  presenta  falencias en cuando (sic) a la metodología  aplicada,    y    los    test    efectuados    a    la   paciente”.   

          A  pesar  de  ello, según la demandante, el Tribunal desestimó las  referidas  conclusiones,  para  lo  cual  no  tuvo  en cuenta ni siquiera que el  propio   doctor   Roncayo  admitió  la  posibilidad  de  que  se cambiara el diagnóstico. Contrariamente,  sostuvo,   el  ad  quem  se  apoyó  en  el  experticio  sexológico  efectuado  por  la doctora Agudelo  Yepes, pese a no ser psiquiatra.  Es  más, agregó, se fundamentó también en los dictámenes presentados por la  defensa,  al  señalar  que  la existencia del retardo mental es aceptada por la  doctora   Luz   Teresa   Díaz  Morantes.   

          Consideró  así,  que  las pruebas no fueron bien apreciadas por el  fallador,  porque  no  entiende  cómo  el  Tribunal,  de una parte, rechaza tan  enfáticamente  los  experticios presentados por la defensa cuando ponen en duda  la  efectividad  y  veracidad del dictamen rendido por el forense oficial, pero,  por otro lado, los acoge para confirmar sus apreciaciones.   

          En   adelante,   la  libelista  se  dedica  a  citar  fragmentos  de  decisiones  proferidas  por  la  Corte  Constitucional  y  la  Corte  Suprema de  Justicia  relacionadas  con  la  presunción  de  inocencia  y  a  cuestionar la  valoración   probatoria   que   los  juzgadores  efectuaron  a  los  medios  de  convicción  recaudados  en  el juicio, insistiendo en que aquéllos no debieron  apoyarse  en  el  dictamen  del  doctor  Roncayo,  por  cuanto  no  siguió  los  protocolos  universales  propios  del  caso,  amén  de  haber dejado abierta la  posibilidad de que la víctima no sufriera retardo mental.   

          En   desarrollo   de   ese   cuestionamiento,   manifestó  también  inconformidad  por la conclusión de los falladores referente a no ser relevante  demostrar  el  grado  de  deficiencia mental de Sandra  Rocío  Rodríguez, aspecto que, en su sentir, sí era  trascendente,  si  se  tiene  en  cuenta  que su testimonio se erige como única  prueba  de  lo ocurrido, pero sin que, en todo caso, pueda con él fundamentarse  el  juicio  de  reproche,  dado  que  su  relato es incoherente, descoordinado y  desorientado,  al  punto  de  que  ni  siquiera pudo identificar al acusado. Por  ello,  consideró  que los juzgadores no podían otorgarle credibilidad, sin que  para  tal  efecto  sea  admisible  el  argumento  por  ellos expuestos de que su  decisión  obedeció “a la motivación sensorial que  implica  estar  rindiendo  un  testimonio,  porque si así fuera tampoco hubiese  sido    tan    directa,    precisa    y    congruente    para    contestar    el  interrogatorio…”.    

          Retomó,  luego,  el peritaje rendido por la médico sexóloga, para  censurar  a  los  falladores  por  no  advertir  que  el  mismo  “adolece   de   falacias”,   dadas  las  omisiones  en que incurrió cuando examinó a la supuesta víctima. Censuró, de  otra  parte,  el  análisis apenas somero que los juzgadores efectuaron respecto  de  los  testimonios  presentados  en  el  juicio  por  la defensa, así como la  decisión  de  aquellos de dar por demostrada la lesión que sufrió la afectada  cuando fue objeto de los abusos sexuales.    

          En  fin,  concluyó que el Tribunal introdujo para soportar el fallo  una  prueba inexistente, por cuya razón pidió casar la sentencia para absolver  a    JOSÉ    IGNACIO    ROJAS    CELIS.   

          Tercer cargo. Falso juicio de existencia.   

          Según  la  casacionista,  el  fallador  de  segundo  grado  omitió  apreciar  los  testimonios de Ofelia Cruz y    Olga    Georguievskaia,  los  cuales resultaban de suma relevancia. Sobre ellos, añadió,  el  a  quem  se  limitó  a  señalar:   “Finalmente   en   relación  con  los  testimonios  de  los  subalternos  de la fundación de propiedad del imputado no  concitan  credibilidad por razones precisamente del interés que les asiste para  declarar   a   favor  de  su  superior”.    

          Ese  breve  sustento le bastó para pedir casar el fallo y dictar, a  cambio, sentencia absolutoria.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

La  Sala  inadmitirá  la  demanda objeto de  examen,  pues  la  actora no cumple los presupuestos de argumentación lógica y  adecuada    fundamentación,    anejos    a    ese   medio   extraordinario   de  impugnación.   

En   efecto,   sobre   el   primer  cargo,  se impone recordar que aun  cuando  en  sede  de casación la propuesta orientada a obtener la nulidad de la  actuación   no  exige  el  cumplimiento  de  formalidades  técnicas  demasiado  exigentes,  la  Sala  ha dicho que de todas maneras el libelista debe satisfacer  unos  requisitos  mínimos  de  coherencia  y  claridad,  a  efectos de su cabal  entendimiento y comprensión.   

“Esos  presupuestos están vinculados con  la  necesidad de precisar el vicio y la naturaleza del mismo, es decir, si es de  garantía  o  de  estructura,  indicar las normas violadas, mencionar el momento  procesal  en  que  se presentó la irregularidad y las actuaciones afectadas con  la  misma,  así  como expresar la trascendencia de la anomalía con respecto al  fallo,  en  orden a acreditar que su corrección solamente se lograría mediante  el      expediente      de     la     nulidad”2.   

Es   de   anotar   que,  en  la  nueva sistemática procesal penal, la  obligación  de  fundamentar  la  trascendencia  de la irregularidad surge de lo  dispuesto   en   el  artículo  457  del  Código  de  Procedimiento   Penal   de   2004,   cuando   establece   que   “(E)s  causal  de  nulidad la violación del derecho de defensa o del  debido  proceso  en aspectos sustanciales” (subrayas la Sala).   

En el caso sometido a estudio, la demandante  argumenta  la  vulneración  del  debido  proceso  y del derecho de defensa, por  cuanto     el      a     quo     recaudó  dos  testimonios  durante  la audiencia de formulación de  acusación,  a  pesar  de  no  contarse  con  la  presencia  del  procesado y su  defensor.  Sostiene  que  también  se violó el derecho de defensa, dado que el  ad quem la amedrentó cuando  la amonestó por la realización de supuestos actos dilatorios.   

En relación con el primero de los referidos  aspectos,  se  observa  que la libelista no explica cabalmente la naturaleza del  vicio,  pues  aun  cuando  asevera  genéricamente  que  se  conculcó el debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa,  no  precisó  si  la  irregularidad es de  estructura   o   garantía.  Y  aunque  la  Corte  no  pasa  por  alto  que,  en  excepcionales  casos,  la  anomalía  tiene  esa doble connotación, constituía  obligación  para  el actor señalar por qué en el asunto examinado se presenta  dicha                   situación3,  deber  que  no  cumplió, al  punto    que,    sin    explicación   alguna,   pidió   la   absolución   del  acusado.   

Sobre  el  segundo  de  tales  tópicos,  se  advierte  que  la fundamentación del vicio es deficiente, pues la actora no dio  a  conocer  a  la  Sala  los  pormenores  de la amonestación que le formuló el  Tribunal  cuando  desató  la  apelación  que  interpuso  contra  la  decisión  mediante  la cual el a quo no  decretó  la  nulidad de la actuación, omisión que conspira contra la claridad  de la censura.   

Adicionalmente,  se  tiene que en ninguno de  los  dos casos la casacionista explicó la incidencia de las irregularidades que  plantea.  Porque,  en  cuanto  al  recaudo  de los dos testimonios, se limitó a  señalar  especulativamente  que el juzgado “se pudo  haber   formado…un  juicio  valorativo”,  sin  que  precisara  la  actuación o actuaciones donde se manifestó la supuesta falta de  objetividad que la libelista le atribuye.   

Frente  a  la  amonestación, a su turno, la  censora  se  abstuvo de mencionar las actividades defensivas que se vio cohibida  a  ejercitar,  como también la capacidad que revestían para cambiar el sentido  del fallo.      

Dígase, finalmente, que el sustento fáctico  de  la  primera  de  las  irregularidades  mencionadas  por la demandante, no se  corresponde  con  la  realidad  procesal.  En  efecto,  al  estudiar el registro  magnético  de  lo  ocurrido  en  la  diligencia  del  2 de febrero de 2006, con  facilidad    se   concluye   que   el   juzgador   a  quo  en  momento  alguno  recepcionó testimonio a los  hermanos de la víctima.   

Lo  realmente  acontecido  en  dicho  acto  procesal  fue  que  el  director  de  la actuación, por pedido de la fiscalía,  accedió  a  dejar  constancia  acerca  de la presencia de dichas personas en la  diligencia  y  de  su  condición  de  parientes de la afectada, y aunque éstos  hicieron  manifestaciones  relacionadas  con  no  ser de su interés promover un  incidente  de  reparación  sino  solamente  que  se  hiciera  justicia  por  lo  ocurrido,  tales  afirmaciones  las  realizaron  en  el  marco  de la constancia  dejada,  sin que por fuera de ese confín se refirieran a los hechos en concreto  sucedidos,  mediante  la toma previa de juramento. Por lo demás, el director de  la   actuación   no   los   sometió   a   interrogatorio,   como   tampoco  la  fiscalía.   

Si la diligencia en cuestión se desarrolló  de  esa  manera,  no  advierte  la  Sala  que  se precise del fallo para cumplir  algunas  de las finalidades del recurso, según los términos del inciso segundo  del  artículo  184  del  estatuto  procesal  penal  de 2004, en armonía con lo  establecido en el artículo 180 ibídem.   

Los   defectos   de   fundamentación  del  segundo  cargo son    también    evidentes.   Empieza  denunciando   la   presencia   de   un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia          por          “omitir la estimación” de     algunas    pruebas,  pero al final concluye que el Tribunal  soportó     el    fallo    con    “una    prueba  inexistente”,  generando  duda  sobre  si  el  reproche  lo  es  por  incurrirse  en  falso  juicio  de  existencia  por omisión o en falso juicio de  existencia por invención.   

Recuérdese    que    esa   clase     de     error    de     hecho     se   

presenta cuando el juzgador, al sustentar el  fallo,  deja  de  apreciar  alguna o algunas pruebas (existencia por omisión) o  supone  medios  de convicción que no se recaudaron en el juicio (existencia por  invención).  Desde luego, el principio lógico de no contradicción enseña que  respecto  de  una misma prueba no resulta dable proponer las dos modalidades del  falso  juicio  de  existencia,  pues,  o  el  medio  se deja de valorar, lo cual  implica    que    sí    existe,    o    se    inventa,   lo   que   supone   su  inexistencia.   

Pero  la  demandante ni siquiera es clara en  señalar  cuál  es  el  elemento  probatorio sobre el cual recayó el error que  predica.  Pareciera  que  hiciera  mención a los experticios efectuados por las  doctoras  Ángela Cecilia Tapias Saldaña y  Luz  Teresa Díaz Morantes,  probanzas que se introdujeron al juicio oral con sus testimonios.   

Esa    percepción,    sin   embargo,  se  diluye cuando se   

observa  que  su  inconformidad  obedece  al  alcance  suasorio  que  el   ad quem  les  asignó  a  esas  probanzas,  en  cuanto las rechazó en unos  aspectos  y las aceptó en otros. Es decir, de esa manera traslada la discusión  al  campo  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  que,  según lo tiene  precisado  la  jurisprudencia de la Sala, ocurre cuando el juzgador desconoce en  la  valoración de las pruebas los criterios de la sana crítica, integrados por  las  reglas  de  la  experiencia, los postulados de la lógica y las leyes de la  ciencia.   

La  casacionista,  empero,  tampoco sustenta  adecuadamente  el  reproche  por  esa  otra vía, habida cuenta que se sustrae a  señalar  los  criterios  de la sana crítica que el fallador desconoció cuando  apreció  los  testimonios  de  Ángela Cecilia Tapias  Saldaña  y Luz Teresa Díaz  Morantes  y  los experticios psiquiátricos que éstos  introdujeron   al  juicio.  Solamente  se  limita  a  exponer  el  alcance   demostrativo  que,  en  su criterio, tienen esas pruebas, labor que, igualmente,  emprende  frente  a  los demás medios probatorios recaudados, y es así como se  muestra,  en general, inconforme con el mérito que el sentenciador les otorgó,  pero  en  ningún  caso  explica  cuál regla de la experiencia, cuál postulado  lógico o cuál ley de la ciencia quebrantó el Tribunal.   

Olvida la censora que en sede de casación no  resulta  válida  tal propuesta, por cuanto el fallo viene precedido de la doble  presunción  de  acierto  y legalidad, de manera que para derruirlo es necesario  acreditar  la  existencia  de  yerros evidentes y trascendentes, tarea que no se  satisface  oponiendo  a  las  conclusiones  probatorias de los sentenciadores la  particular  visión  que  el libelista se forma respecto del alcance suasorio de  los medios de convicción.   

El    tercer  cargo  constituye ejemplo de  cómo  no  debe  postularse  una  censura  en casación. La demandante se limita  aquí  a predicar la presencia de un falso juicio de existencia por omisión, al  dejarse  de  apreciar  los  testimonios de Ofelia Cruz  y        Olga  Georguievskaia.   

Sin  embargo,  se  abstiene  de  señalar el  contenido  probatorio  de  esas  pruebas,  así  como  indicar  cuál  el aporte  demostrativo  que,  en  concreto, dejó de apreciarse. Con mayor razón, omitió  fundamentar  la  incidencia  que  tienen  frente a las conclusiones del fallo. A  este  respecto,  obligado  resulta  recordar  que un reproche como el comentado,  solamente  puede  tener  aceptación,  en  esta sede extraordinaria, si el actor  acredita  que de haberse apreciado los testimonios extrañados, el sentido de la  decisión  sería  radicalmente diverso. Tal carga argumentativa, se insiste, no  la cumplió la impugnante.   

Los     defectos     de   fundamentación  que   contiene  la   

demanda  objeto  de examen, como se anunció  ab  initio,  conducen  a su  inadmisión,   sin   que   la   Sala  advierta  la  vulneración  de  garantías  fundamentales,  que  impongan  superar los desaciertos técnicos para decidir de  fondo.   

   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación4,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por la defensora de  JOSÉ  IGNACIO  ROJAS  CELIS, por las razones expuestas  en la anterior motivación.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos  referidos  en  el  acápite   final   de   esta  determinación,  contra  la    misma    procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Cita medica  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ           MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO         J.             IBÁÑEZ        GUZMÁN                         JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                      JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                             JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Se  trata  de  los  hermanos  de  la víctima que asistieron a la  audiencia de formulación de acusación que fracasó.   

2 Auto  del 27 de junio de 2007, radicación 27522.   

3 Cfr.  Sentencia del 18 de octubre de 2001, radicación 14834.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *