28154(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28154  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA      DE      CASACIÓN PENAL   

Magistrado Ponente:  

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

Aprobado  acta No.  245    

Bogotá,   D.   C.,    cinco  de  diciembre  del  año  dos mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal   de   la   demanda   de   revisión   presentada  por  el  defensor  del  sentenciado    SANTOS   DÍAZ   VANEGAS,  contra  el fallo proferido el tres de octubre de mil novecientos  noventa  y  seis  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Ibagué,  mediante  el  cual  confirmó  el  de  primera  instancia dictado por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Melgar–Tolima-,  en  el  que lo condenó a la pena principal de veintiocho  (28)  años  de  prisión a consecuencia de hallarlo responsable del concurso de  delitos    de    homicidio    y    tentativa   de   homicidio.      

Hechos.-   

La  cuestión  fáctica fue declarada por el  juzgador de la manera siguiente:   

“Tales  hechos  tuvieron  ocurrencia  el  domingo  trece  (13)  de  junio  de  mil novecientos noventa y tres (1993) en la  vereda  Buena  Vista,  municipio de Melgar, cuando a eso de las once de la noche  se  hicieron presente en la casa de habitación de Fernando Gómez Carrillo, los  hermanos  SANTOS  y ORLANDO DÍAZ VANEGAS, exigiendo a sus moradores la venta de  cerveza,  ante  lo  cual  Alexander Gómez Durán, hijo de Fernando, salió a la  puerta  y  a  continuación  lo  hizo  su  señora madre Naife Durán, quien les  manifestó  que  no  se  vendía licor porque se había agotado y además ya era  muy  tarde,  razón  por la cual recibió insultos, diciéndole que llamara a su  esposo  y a su hijo para que salieran. Al asomarse Fernando a la puerta recibió  un  disparo  que  le lesionó la cabeza y a Naife Durán, su esposa, le cercenó  el  dedo  índice  de  la  mano  derecha,  disparo que hizo Santos Díaz con una  escopeta  calibre  16.  Ante  tal agresión Fernando salió al patio de la casa,  momento  en  el cual SANTOS DÍAZ VANEGAS le disparó nuevamente, impacto que no  hizo  blanco  en  su  humanidad  sino  en  la del hermano del agresor, de nombre  Orlando,  quien  también  efectuaba  disparos  con  su revólver. Acto seguido,  Fernando  se  levantó  y  cuando cerraba la escopeta, logró agarrarse de ella,  por  lo  que  el  disparo dio en la pared de la casa, entrando en lucha cuerpo a  cuerpo,  resultando  Santos  Díaz  Vanegas  derrotado, emprendiendo entonces la  retirada  del  lugar, en tanto que Fernando al despojar a su contendor del arma,  en  compañía de su familia abandonó ese sitio, presentándose más tarde a la  autoridad    policiva    donde   entregó   el   arma   citada   y   narró   lo  acontecido”.   

          La demanda.   

Con  apoyo  en la causal tercera   del   artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  que  autoriza  la  apertura  al trámite de la acción cuando después de la sentencia condenatoria  aparezcan  hechos  nuevos  o  surjan  pruebas,  no  conocidas  al  tiempo de los  debates,    que    establezcan    la    inocencia    del    condenado    o    su  inimputabilidad,  el  defensor del sentenciado SANTOS  DÍAZ   VANEGAS   solicita  la  revisión  de  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal.   

Argumenta   que  cuando  su  asistido  fue  capturado  el  16  de abril de 2006 por unidades de la Policía del Municipio de  Melgar,  Tolima,  “todos  sus  amigos,  conocidos y  vecinos  que tenían conocimiento de la muerte de ORLANDO DÍAZ VANEGAS ocurrida  el  día  13 de junio de 1993 en la vereda de Buenavista de la jurisdicción del  municipio  de  Melgar,  manifestaron  su deseo de colaboración con la justicia,  con  el  fin  de  aclarar  ante  la  ley  quién  o  quiénes fueron los autores  materiales   responsables  del  homicidio  del  señor  ORLANDO  DÍAZ  VANEGAS,  teniendo  en cuenta que tenían pleno desconocimiento que hubiera sido condenado  de  dicho homicidio a un inocente en este caso SANTOS DÍAZ VANEGAS, quien está  dispuesto a declarar toda la verdad de su inocencia”.   

Sostiene      que      Abelardo  Prada  fue  testigo  presencial  de los hechos materia de  juzgamiento,              y   bajo  la  gravedad  de  juramento en testimonio rendido ante el  Notario    Único   de   Melgar,   afirmó  que  quien disparó el arma homicida  fue  el  señor  FERNANDO  GÓMEZ  CARRILLO,  que  los  hermanos  DÍAZ  VANEGAS  al   momento  de  los  acontecimientos  no  poseían arma alguna, que la amputación del dedo índice de la  mano  derecha  de  NAIFE  DURÁN obedeció a la defensa que hizo en beneficio de  SANTOS,  para  que  su  esposo  FERNANDO  GÓMEZ CARRILLO no lo matara, quien al  levantar  la mano le desvió el cañón de la escopeta que poseía FERNANDO y le  quitó  el  dedo  permitiendo  así  la huida de SANTOS del lugar; que la razón  para  que  los  hermanos  DÍAZ  VANEGAS  fueran  a  la  casa de Fernando Gómez  Carrillo,  no  fue  con  el  fin  de  ir  a tomar unas cervezas, sino   el   de   aceptar  una  invitación  que   Gómez   Carrillo  les  había  hecho  a  los  hermanos   DÍAZ  VANEGAS,  según  lo declara el señor  ÁLVARO  GARZÓN;  que los  hermanos       DÍAZ       VANEGAS      cabalgaban      juntos      sobre   un   mismo   animal;        que        ABELARDO         PRADA     se  desplazaba    a   pié,   como   lo   declara  LUCILA  ARANZÁLEZ,  y  que por este motivo llegó más tarde  a la casa de FERNANDO GÓMEZ CARRILLO.   

Agrega  que  las  declaraciones de Fernando  Gómez  Carrillo,  Alexander Gómez Durán, José Antonio Cuevas, Naife Durán y  Ventura  Carrillo, rendidas en el curso del proceso, “son totalmente amañadas  y  carecen  de  veracidad”,  pues  a excepción de Naife Durán, “los demás  participaron   activamente   en   el   homicidio   de  ORLANDO  DÍAZ  VANEGAS  y  de  las  lesiones  que  recibió  SANTOS  DÍAZ VANEGAS”,  y se pusieron de acuerdo para inculpar  a  éste  del homicidio de su hermano con el fin de evadir toda responsabilidad,  como  acostumbran proceder y de lo cual podrán dar  cuenta     Abelardo    Prada    y    Humberto Riveros.   

Sostiene  que  según testigos presenciales  del  hecho,  los  hermanos  DÍAZ  VANEGAS  no portaban armas  y  no  es  cierto  que al occiso se le  viera    un    arma  a la altura de la cintura  cuando    estaba    tendido   en   el   piso,   como   lo   declararan  las primeras personas que llegaron  al  lugar,  entre  ellos  el  doctor  César Parrado,  quien  bajo  la gravedad del juramento dijo que aproximadamente a las tres de la  mañana   hizo  presencia  al  lugar  de  los  hechos  donde  se  encontraba  el  cuerpo  sin  vida  de la  víctima.      

Con  fundamento  en  lo  expuesto, solicita  admitir  la  demanda de revisión, decretar las pruebas que enuncia y revocar la  sentencia                               de                               segunda  instancia.             

A  continuación,  en  el  acápite  que el  libelista  destina  a las “PRUEBAS”, solicita   escuchar   en  versión  al  sentenciado  SANTOS  DÍAZ  VANEGAS,  “para  que  exponga  todo  lo  que  le  conste  en relación con las  circunstancias  de modo,  tiempo  y  lugar,  en  que  se cometió el homicidio de su hermano ORLANDO DÍAZ  VANEGAS   en   la  noche  del  13  de  junio  de  1993”  ;  como  pruebas  “documentales”,  anuncia,  pero  no  allega,  una certificación del Fondo Porvenir, Certificado de trabajo  supuestamente       expedida       por  la  empresa  Schrader  Carmargo,  y  una  constancia de buena  conducta.        Finalmente       solicita,  tener  como  tales,  las declaraciones juradas rendidas  ante  el Notario Único de Melgar, por Nidia Carreño  Rosales,  Marcos  Escobar  Bahamón, María Lilia Vanegas Cadena, José Humberto  Riveros,   Lisandro  Enrique  Orjuela  Reyes,  César  Augusto  Parrado  Barbosa  y     Abelardo     Prada     que   anexa   a   la   demanda   (fls.  11-18  y  ss. cno.   Corte).   

    

Adjunta el poder en cuyo ejercicio actúa y  fotocopia  de  los  fallos  de  primera  y segunda instancias.      

Informe  de  la  Secretaría   de   la  Sala.   

La  Secretaría  comunica  que revisado el  sistema  de  gestión  se  constató  que la Corte, en decisión de diez  de  agosto  de  dos  mil  seis,  inadmitió  una  demanda de  revisión  en  donde  fungía  como  demandante  el señor SANTOS DÍAZ VANEGAS.  Contra  esa  decisión,  se  interpuso  recurso de reposición que fue declarado  desierto  por  la Sala mediante decisión adoptada el doce de octubre siguiente.  De   dichos   pronunciamientos   se  adjuntaron  sendas  copias  a  la  presente  actuación.   

                        SE  CONSIDERA:   

1.-  Competencia.  

La  Corte  es competente para conocer de la  acción  de  revisión  propuesta contra la sentencia dictada el tres de octubre  de  mil  novecientos  noventa  y  seis  por  el  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial  de  Ibagué,  según  se establece de lo normado por el artículo 75.2  del Estatuto Procesal Penal de 2000.   

2.- Contenido y efectos del pronunciamiento  anterior.   

Como resultado de confrontar la demanda que  dio  origen  a  la  decisión  inadmisoria de diez de  agosto  de  dos mil seis con la que ahora es objeto de examen, sin dificultad se  establece  que  ambas son coincidentes en su pretensión y fundamentos, y que la  prueba  que  en  ellas  se  aduce  para sustentar la causal invocada es también  sustancialmente  la misma (versión del sentenciado y declaraciones de conocidos  y amigos de éste).   

Esto,  en principio, haría improcedente la  nueva  acción,  por  tratarse  de  un  asunto ya decidido. Pero como uno de los  argumentos  que  se  adujo  para  inadmitir  la  demanda inicial se hizo  radicar  en que el accionante no  había  aportado  las pruebas con que se demostrarían los hechos básicos de la  pretensión  y  aunque  idéntica  en lo demás a la  anterior,  con  el  libelo  se allega la prueba en que el demandante sustenta la  acción, la Corte se pronunciará sobre ella.   

3.- Decisión.  

La      jurisprudencia1   tiene  establecido  que  el  ejercicio  de  la  acción  de  revisión  con  fundamento  en la causal tercera del  artículo   220   del  estatuto  procesal  penal  de  2000,   exige  acreditar  el  cumplimiento  de  los  siguientes      presupuestos:      a)  que  la  sentencia  contra  la  cual se dirige la acción sea de  carácter  condenatorio;  b)  que después de su ejecutoria surjan  hechos     nuevos    o    pruebas    nuevas  no  conocidas al tiempo de los  debates    en    las    instancias   ordinarias   del   trámite;   c)  que el  acontecer  fáctico esté ligado a la conducta punible materia de investigación  y    juzgamiento    y;  d)  que  las pruebas aducidas sean aptas para establecer en grado de  certeza  la  inocencia  del  procesado  o su inimputabilidad, o de tornar cuando  menos  discutible  la  verdad  declarada  en  el  fallo,  haciendo  que no pueda  probatoriamente mantenerse.   

Por prueba nueva  ha     sido     entendido    todo    instrumento  o  mecanismo  probatorio  que por cualquier motivo no  fue  incorporado  al  proceso,  y, por ende, no pudo haber sido apreciado por el  juzgador.    Y    por    hecho   nuevo,  toda  situación fáctica no conocida en las instancias, o toda  variante   sustancial  de  una  situación  fáctica  conocida,  que  tengan  la  virtualidad  de  desvirtuar  o  dejar  en  entredicho  la verdad declarada en el  fallo,  pues  sólo  frente a una evidencia de esta naturaleza es posible romper  las  caracterizaciones  de  inmutabilidad,  intangibilidad  y  definitividad que  amparan la res iudicata.   

Y si bien en esta ocasión con la intención  de  corregir el yerro  advertido por la Corte en  la    anterior    oportunidad    en    que   se   acudió   a   este   mecanismo  extraordinario, el demandante aporta las pruebas con  que  dice  pretende  demostrar los hechos básicos de la petición, es lo cierto  que  pese  al  esfuerzo  que lleva a cabo  no  logra  acreditar  la idoneidad sustancial de los medios para  desvirtuar    las   conclusiones   del   fallo,   o   al   menos   dejarlas   en  entredicho.   

Si  bien  anuncia  que con posterioridad al  fallo  aparecieron  unas  pruebas  que  apuntan  a  demostrar  la  inocencia del  sentenciado   DÍAZ   VANEGAS,  como  así  dice  se  concluye  respecto  de  los testimonios con  fines  extraprocesales  rendidos  por Nidia Carreño Rosales,  Marcos  Escobar  Bahamón,  María Lilia Vanegas Cadena, José Humberto Riveros,  Lisandro  Enrique  Orjuela  Reyes,  César  Augusto  Parrado  Barbosa y Abelardo  Prada,   por  parte alguna precisa con  la  objetividad requerida, qué se  establece  de  dichos  medios,  por  qué  son  novedosos,  y  de qué manera su  apreciación,  tanto  individualmente  como en conjunto y siguiendo  las  reglas  de  la  sana  crítica,  tendría   entidad   suficiente   para  modificar  la  facticidad  declarada en el   fallo   y,  por  ende,  su  parte  resolutiva,  en  sentido  sustancialmente distinto y  opuesto al que se persigue derruir.   

Así,  desconoce el carácter rogado que la  revisión  ostenta,  y  traslada  a  la  Corte lo que  normativamente   constituye   un   deber   para  el  demandante    en    revisión    de    acreditar    la   pertinencia,    conducencia   y  mérito  persuasivo de la prueba que  aduce  en  orden a demostrar la inocencia o la inimputabilidad del procesado, lo  cual resulta inadmisible.         

Sucede  además,  que  el  demandante  no  solamente  aduce  pruebas  ya  consideradas  por los juzgadores siendo por tanto  superfluas,  o  que  no  guardan  directa  relación  con  los hechos que fueron  materia  de  juzgamiento  resultando impertinentes, sino que pone en boca de los  testigos  algo  que  éstos  no  han  expresado,  lo  que  patentiza la falta de  seriedad en la propuesta.   

Sobre  el primer aspecto, se destaca que el  testimonio     de     María     Lilia    Vanegas  Cadena,    madre    del    occiso,    no     solo     fue    practicado    en    el    curso    de    la  investigación,   sino  ponderado  por  los juzgadores, de donde se colige el  incumplimiento  de los presupuestos de procedencia del motivo aducido. Para ello  baste   con   indicar   que   en  la  página  6  de  la  sentencia  de  primera  instancia, el juzgado de  conocimiento       hace       mención       a      dicho      medio,  en  el  que  además se planteó la  hipótesis   de   que   Fernando  Gómez  Carrillo  hubiese  accionado  el  arma  homicida,   la   cual  finalmente   desechó   con   argumentos  que   el   accionante   ni   siquiera  ensaya  probatoriamente             rebatir:   

“LILIA   VANEGAS   CADENA   (fl.  19),  madre del occiso y  del  procesado, manifestó que ella se enteró de los hechos por el menor Daniel  Portela,  quien  fue  en  las horas de la madrugada del 14 de junio de 1993 y le  contó, que después su hijo SANTOS le contó que el  autor  de  la  muerte  de  su hijo Orlando había sido Fernando Gómez Carrillo,  diciéndole  que  habían  llegado  a  la  casa  de Fernando y desde adentro les  dispararon  cayendo Orlando al piso y como Fernando, un muchacho hijo de éste y  Ventura  se  le  habían mandado a pegarle le tocó salir corriendo; que su hijo  le  dijo  que el disparo loo habían hecho con una escopeta. Dijo que una vez la  señora  de  Fernando  llamada  Naife  lo  dijo que le dijera a sus hijos que no  fueran por el lado de ellos porque de pronto les pasaba algo”.   

(…)  

Además de todo lo anterior existe en contra  de  SANTOS  DÍAZ VANEGAS, serios indicios que lo hacen aún más responsable en  el  reato,  como  son,  el  indicio de presencia en el sitio de los hechos, y su  definitiva  desaparición  de  la  región,  pues  como bien lo anotó el señor  Fiscal  si  en  realidad  éste  no fue el autor de la muerte de su hermano como  así  se  lo contó a sus parientes, por qué razón huyó y no se quedó allí,  para  persistir  en  la  acusación  de  Gómez  Carrillo  ante  las autoridades  judiciales,      lo     que     sí     hizo     este     último”.   

Además,  de  las  propias  declaraciones  rendidas  ante  notario  por Marcos Escobar Bahamón,  Lucila  Aranzález  Díaz  y César Augusto Parrado Barbosa, se establece que no  fueron  testigos  presenciales  de  los  hechos ya juzgados sino que tuvieron un  conocimiento    posterior    por    boca    de   terceras   personas:   

Así,          Marcos           Escobar          Bahamón:  “El   día   14   de   junio  de  1993,  en las horas de la madrugada   me  enteré  por el señor Miguel Díaz Vanegas, que me informó de la muerte de  Orlando  Díaz  Vanegas  en  la  Vereda  de  Buena  Vista  en la casa del señor  Fernando  Gómez  Carrillo,   de  inmediato  me  alisté  por petición del  señor      Díaz      Vanegas       y     Ruth     Díaz     Vanegas  que  los  acompañara al lugar  de  los  hechos y de camino acordamos con la señora  Ruth  Díaz  Vanegas  , que fuera Miguel Díaz Vanegas, para que fuera a colocar  el  denuncio  a  la  ciudad  de  Melgar”  (fl.  12  Vto.)     

        

De  igual  modo  Lucila  Aranzález  Díaz:  “…a  las 22 de la noche llegó Santos Díaz todo  herido  estaba  todo  herido,  y  diciendo  que  le  había matado al hermanito,  nosotros  nos  fuimos  con Santos, la señora Rubiela y el doctor César Parrado  donde   estaba   el   finado,   ellos  no  tenían  armas  de  juego (sic)”.    

En  el mismo sentido César Augusto Parrado  Barbosa:  “Ese día yo estaba en mi casa, por ahí  entre  las 3 a 2 de la mañana, a esa hora golpearon la puerta de la casa, salí  a  ver  quién  era  y  me  contestó  que  era Santos, que un hermano de él se  encontraba  herido  en  una  casa  cercana a la mía, que si podía ser (sic) el  favorde  trasladarlo  hasta Melgar, al Hospital, que  había  tocado  en  varias  casas  donde había también vehículos y ninguno le  había  prestado  para  hacer esas diligencias. Yo abrí la puerta, vi al señor  Santos  con  la  camisa  ensangrentada  con  manchas  de sangre y le dije que me  esperara  mientras  me  vestía  y que le hacía el favor de trasladarle el  hermano hasta el hospital del Melgar”.   

        

Asimismo,  el  accionante  aduce  pruebas  que  no  guardan relación con los hechos que fueron  materia    de    investigación,    resultando    impertinentes,  y,  por  tanto, inocuas para los propósitos perseguidos con la  presentación de la demanda.   

Tal el caso de lo declarado por José   Humberto   Riveros   y  Nidia  Carreño Rosales.   

El primero de los  mencionados  da cuenta de un incidente en que estuvo involucrado Fernando Gómez  Carrillo en contra de la integridad física del deponente.   

La  segunda,  por  su  parte,  informa  sobre  las  varias oportunidades en que el sentenciado ha  trabajado  al  servicio  de la testigo, pero sin referir  tiempos precisos,  dada la desaparición del libro donde llevaba tales registros.   

   

Y  si  bien  eventualmente  podría  llegar  a  considerarse  que  la  prueba  verdaderamente  novedosa  y  relacionada con el caso, es la declaración  para    fines    extraprocesales   rendida   por   Abelardo   Prada,  pues de dicho medio no se ocupan las  sentencias,  es  lo  cierto  que  los hechos que refiere,  cotejados con lo  declarado   en   los   fallos  de  las  instancias,  no  son  en  manera  alguna  novedosos,  resultando  incluso contrarios al relato hecho por la esposa del  occiso.   

Así, en torno a  los  motivos para haber concurrido al lugar de los acontecimientos, Rubiela  Cartagena  dijo  en  el  curso  del  proceso “que  esos hechos habían  sucedido  cuando ellos habían ido allí a que les vendieran dos  cervezas”      (pág.     6    sentencia  de  primera  instancia),  en  tanto  que el demandante,  interpretando  lo  dicho  por  el testigo, a partir de lo narrado por éste ante  Notario  sostiene  que “la razón para que los hermanos DÍAZ VANEGAS fueran a  la  casa  de  Fernando Gómez Carrillo, no fue con el fin de ircen (sic) a tomar  unas  cervezas,  sin  no  (sic)  el  de aceptar una invitación de GÓMEZ CARRILLO, que había hecho a los  hermanos   DÍAZ   VANEGAS”,   lo   cual   pone   de   presente   la     falta     de     consistencia     argumentativa    de    la  propuesta.         

De  todos modos la Sala no pasa inadvertido  que  al  contrario  de  lo  expuesto  interesadamente  por  el  accionante,  el  testigo  no refiere que la  mutilación    de    un    dedo    de   la   mano   derecha   de   Naife  Durán  hubiere  obedecido a que  ésta  trató  de  desviar  el  disparo  que Fernando Gómez Carrillo pretendía  hacerle  a  Santos  Díaz,  sino que, por el contrario, sobre dicho aspecto dijo  “No   se   nada”   (fl.   17   vto.),  dejando  así  sin  explicación  las  circunstancias  en  que  se  produjeron las lesiones recibidas por la mencionada  dama  y por su esposo, por ende, sin controversia, la  declaración  del fallo cuando señala que “probado  está  que  fue  SANTOS  DÍAZ  quien  disparó  a  la  cabeza de Gómez, con la  escopeta  calibre  16   y como su esposa le tenía la mano en la cabeza con  el  disparo  le  amputó el segundo dedo de la mano derecha y le causó lesiones  en   la   cabeza  que  le  ameritó  una  incapacidad  de  10  días”.   

Pero   si   lo   expuesto   no  resultare  suficientemente  ilustrativo  de  la  falta  de  apego a las precisas exigencias  normativamente  establecidas  para  que la demanda de revisión supere el juicio  de    admisibilidad    que    compete   realizar   a   la   Sala,   preciso  resulta destacar la consideración del accionante, según  la   cual   “las  declaraciones  de  los  señores  FERNANDO  GÓMEZ  CARRILLO, ALEXANDER GÓMEZ DURÁN, JOSÉ ANTONIO CUEVAS, NAIFE  DURÁN  y  de  VENTURA  CARRILLO,  quienes se encontraban en el escenario de los  hechos,   son   totalmente   amañadas  y  carecen  de  veracidad…”  con lo cual resulta claro que sus argumentaciones se orientan  a  descalificar  sin  más  el  mérito  demostrativo  de  los  testimonios  que  sirvieron  de  sustento  al  fallo  de  condena, para sostener que faltaron a la  verdad,  y que se trató de una conspiración contra su representado.   

Así   se   observa   que   lo   planteado   por   el  demandante  en  el fondo es un cuestionamiento a la veracidad de  los  testigos  que  declararon en su contra, y que en ese marco de alegación lo  que  realmente  pretende  es  que  la  Corte  analice de nuevo los dichos de los  testigos  presenciales  de los hechos, frente a la versión de quien se presenta  más   de  trece  años  después  de ocurridos éstos, para sostener inopinadamente y sin que nadie más  lo     indique,     que    él    estuvo  en  el teatro de los acontecimientos, que éstos ocurrieron de  una  manera  diversa  a  la declarada judicialmente con apoyo en los mencionados  testigos   y   que   éstos   faltaron  a  la  verdad  cuando  comparecieron  al  proceso.   

La pretensión así entendida resulta ajena  al  recurso  de  revisión,  porque  la  determinación  de  la existencia de la  falsedad  de un medio de prueba no compete determinarla a la Corte en esta sede,  por  no  ser  de  su  resorte, y porque hacerlo implicaría reabrir la             controversia   probatoria  de  un  juicio        ya       finiquitado.  Este  es  un  debate que debe darse  en   los  estrados  judiciales  competentes,  como  requisito  previo  para  acceder  a  la  acción, de acuerdo con lo previsto  en la causal quinta de  revisión,  que  sería  la aplicable al caso: Cuando  se  demuestre,  en  sentencia  en  firme,  que  el  fallo objeto de pedimento de  revisión  se  fundamento  en prueba falsa, como así  ha   sido   indicado   reiteradamente  por  la  jurisprudencia,  incluso  en  la  providencia que párrafos arriba se evoca.   

Pese  a  que  lo expuesto sería suficiente  para    declarar    la    improcedencia  de  la  acción de revisión, en razón de ser el único aspecto  que  estaría  pendiente  de  recibir  una  respuesta  de la Corte, necesario es  señalar  que  la  única  declaración  que  el  accionante podría aducir como  prueba  nueva  para  intentar la remoción del fallo, está distante de erigirse  en  un  medio probatorio idóneo para desvirtuar o dejar en entredicho la verdad  en  él  declarada,  si  se  da en considerar la solidez de los medios en que se  sustenta  la  declaración de condena, y la inocultable falta de consistencia de  la que ahora se aduce con el propósito de desvirtuarla.   

               

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el defensor del sentenciado SANTOS DÍAZ VANEGAS.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                    SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS           AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Cfr. por todos. Auto de septiembre 27 de 2007. Rad. 28181.     

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