28061(12-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28061  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  170   

Bogotá, D.C., doce (12) de septiembre de dos  mil siete (2007).   

DECISIÓN  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación   presentada   por  el  defensor  de  MELBA  CUPITRA,  contra  el  fallo  del  6  de julio de 2006,  mediante  el  cual  el  Tribunal Superior de Distrito  Judicial       de       Ibagué,      confirmó  la  sentencia  adoptada por el  Juez   Penal   del  Circuito  del  Guamo, el 12 de agosto de 2004.   

HECHOS Y ACTUCIÓN PROCESAL  

1.   La   menor  L.M.M.C.,  comunicó  que  debido   a   las  relaciones  sexuales  mantenidas  con  su  novio  ANTONIO  DUCUARA, quedó en embarazada. El  1  de julio de 1999, denunció que la hicieron abortar  MELBA   CUPITRA  (mamá)  y  HÉCTOR    QUINTANA    PERDOMO    (farmaceuta).   Los  acontecimientos   fueron   relatados   por  la  joven  de  la  siguiente  forma:   

“Allá  ese  señor  don HECTOR me aplicó  cuatro  inyecciones  no  sé  de  que sería, me la aplicó en la nalga, me hizo  tomar  cuatro  pastas  y  cuatro  pastas  en Vaginal (Sic) y me puso a tomar una  copada  cada  día de un jarabe que me dio me metió unas pinzas con unas pastas  por  la vagina, yo sentí mucho dolor, pero me aguanté, eso fue una sola vez…  yo  no quería que me hicieran eso pero ellas mi madre y esa señora NELLY me la  hicieron   a   la   fuerza,  yo  quería  tener   al  bebé”.   

2.  La Fiscalía  29  de Purificación, Delegada ante los Juzgados Penales  del  Circuito  del  Guamo (Tolima), el 25 de septiembre  de      2002,     profirió     resolución     de  acusación    por   el   punible   de   aborto    sin   consentimiento,   contra  QUINTANA   PERDOMO y MELBA  CUPITRA;  proveído  que  cobró  ejecutoria  el 15 de  octubre de 2002.   

El  Juzgado Penal  del     Circuito     del     Guamo,    condenó       a       HÉCTOR  QUINTANA  PERDOMO y MELBA CUPITRA  por      el      punible     de     aborto     sin  consentimiento1,  a la pena principal de cuarenta (40) meses de prisión, para cada  uno;  accesoriamente  los  inhabilitó para el ejercicio de derechos y funciones  públicas por un lapso igual al de la pena principal.    

Contra el fallo referido interpuso recurso de  apelación    la    defensa    técnica;  alzada  resuelta  por  el  Tribunal de  Ibagué,           al           confirmar  en  su integridad la decisión  del Juez.   

El  defensor  de  HÉCTOR  QUINTANA  PERDOMO y MELBA CUPITRA,  interpuso recurso de casación  en  nombre  de  los dos sentenciados, no obstante, sólo lo sustentó a favor de uno  de  ellos,  motivo  por  el  cual, el Tribunal declaró desierto el presentado a  nombre del primero.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

El actor propone con base en el artículo 207  de  la  Ley  600  de  2000,  un  cargo  por  vía indirecta, contra el fallo del  Tribunal.   

El    ataque  fue  sustentado por  error  de  hecho  en sentido de falso  juicio  de  existencia; concibiéndolo el actor en que  el  Tribunal  omitió las declaraciones de la denunciante y la historia clínica  en  donde  afirmó  que  tenía dieciséis (16) años de edad, porque los hechos  ocurrieron  “el  1 de julio de 1.999,  lo cual  significa  que  para  ese  momento  dicha menor estaba por encima de los catorce  años  de edad, circunstancia que por no haberse tenido en cuenta, se consideró  tipificada    y    consumada    la    conducta    punible    de    aborto    sin  consentimiento”.   

Siendo  ello así, las pruebas que contienen  tanto  la  afirmación  de  la  víctima  como la historia clínica de la misma,  demuestran  que ella manifestó tener 16 años al momento de la denuncia, motivo  que  llevó  al  Tribunal  a  desconocerlas  “por no  haberse  analizado,  evaluado  y  valorado,  con aplicación de las reglas de la  sana  crítica,  como  lo  ordena el art. 238 del Código de Procedimiento Penal  (Ley  600  de  2000)”. Y, refiriéndose a los mismos  medios  probatorios,  indicó  que, “se incurrió en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia”,  porque  supuso que estaba probado el hecho que ella era menor de 14 años cuando  se le practicó el aborto.   

En consecuencia, solicita a la Sala casar el  fallo recurrido absolviéndose a  su prohijada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  censura presentada a favor de    MELBA   CUPITRA,   no   reúne   los  presupuestos   de   coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda.  Pues si bien, propone como punto de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, violación de  la  ley sustancial cuerpo segundo del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, en su  desarrollo  y  demostración  incurre  en  graves  fallas  que atentan contra la  filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No  es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  unida  a  los  fallos,  tampoco  es  una  adición  de  ideas en busca de un fin  jurídico  subjetivo  o  hipotético del actor para asegurar la demostración de  la  violación de la ley sustancia por vía indirecta,  error de hecho en sentido de falso juicio de existencia.   

El           primer  yerro del libelista consistió en  combinar  en  el  cargo  alegado  el  falso juicio de  existencia  con  el falso raciocinio, los cuales tienen  asignada  una  argumentación  jurídica antagónica y unos fines independientes  para  atacar  las  pruebas, pues mientras que en el cargo planteado se debate la  existencia   material   de   un   medio   probatorio,   porque  se  omitió permaneciendo materialmente en la  actuación  o  se  supuso no  hallándose  en  el  plenario;  el falso raciocinio, en esencia, controvierte la  valoración   acreditada   por  los  falladores  porque  desconocieron  las  los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia o los principios de la  experiencia.  Mezclar  los  dos  ataques  en  un mismo contexto argumentativo es  atentar  contra  los principios que rigen el recurso extraordinario, como los de  autonomía y claridad.   

El           segundo  dislate  se  evidencia cuando el  actor  antepone su particular y exclusivo estilo hermenéutico al afirmar que la  víctima  contaba  con  16  años de edad al momento de habérsele practicado el  aborto,  circunstancia  suficiente  para  entender  que  la conducta es atípica  porque  el  artículo  344  de  la  ley 100 de 1980, por el que se condenó a su  prohijada,  enseña  que  el  aborto  sin  consentimiento  se causa “en  mujer  menor  de  catorce años”,  por tanto, no se adecuan los hechos al delito.   

Tales  aseveraciones implican un cambio en la  teoría  general del delito, pues sin que se torne en una respuesta de fondo, el  tipo      penal     aludido     también     disciplina     que     “el   que   causare   el  aborto  sin  consentimiento  en  la  mujer  o  en  mujer  menor de  catorce  años,  incurrirá…”;  con tal preceptiva  queda  claro que también puede ser víctima de ese reato cualquier “mujer”,  sin  condicionar, ignorar o  torcer  los  elementos  normativos del tipo en el sentido de que sólo puede ser  víctima       del       comportamiento       ilícito      la      “mujer”    de    catorce    años;  interpretarlo   así,  es  contraer  la  norma  a  intereses  particulares,  que  desquician  el  sentido  dogmático  del  punible  por  el  que  fue sentenciada  MELBA  CUPITRA.  (Subrayado  fuera de texto)   

Amén  que  el procedimiento abortivo, estuvo  encaminado  a  anular  la  voluntad  de  la  menor,  sin  que interfiera para la  estructuración  de  la  conducta  antijurídica,  la  edad  de  la “mujer”,  pues  como  en  el  caso en  estudio,  los  acontecimientos  sucedieron  a la edad de 16 años, circunstancia  objetiva  y  nítida  para entender que los hechos se sincronizan con el mandato  sustancial penal por el que se condenó a los procesados.   

El           tercer   equívoco   del  demandante  es  pretender   debatir   una  presunta  atipicidad  mediante  el  falso  juicio  de  existencia  porque  en su sentir no se estructuran las características básicas  del  delito  imputado  con  las  pruebas; sin embargo, tal ejercicio intelectual  debe  conducir necesariamente al juicio en derecho que le imprimió el fallador,  siendo  desde  luego,  un  error in iudicando, por falta de aplicación, el cual  debe  argumentarse por la vía directa, aceptando, como es de rigor y coherencia  jurídica,  los  hechos  y  las  pruebas  tal  y  como  fueron sopesadas por las  instancias.   

En  el  caso  en  estudio,  lo  único que le  interesó  al  actor  fue demostrar que la víctima tenía 16 años cuando se le  provocó  la  interrupción  natal,  por  ello, acusó el fallo del Tribunal por  error  de  hecho  en el sentido referido, al indicar que desconoció las pruebas  que  acreditaban  los 16 años; pero al desarrollar la temática del por qué en  su  concepción  jurídica  el  haberle  practicado  el  aborto  a  un  mujer de  dieciséis  años  es  un  hecho atípico, no logró desvirtuar la legalidad del  proceso,  como el haber exhibido la tesis por atipicidad por ausencia o falta de  cualificación     del    sujeto    pasivo,    cuestión    que    omitió    el  demandante.     

Con  fines  pedagógicos la Sala recuerda que  también  la  atipicidad es  viable   motivarla   por  vía  indirecta,  alegando, desde luego, yerros probatorios, por ejemplo, cuando se  debate   la  ausencia  de  los  elementos  subjetivos  del  tipo  o  porque  los  coautores2  ignoraban  que  se  encontraban consumando el aspecto objetivo del  delito  o  por  un  error  sobre  algún componente del tipo objetivo: casos que  pueden  soportar un ataque mediante las pruebas legalmente aportadas al proceso;  los  que  podrían demostrar, en sede extraordinaria, la inadecuada y defectuosa  adecuación  típica  del hecho, en sí mismo considerado, con el punible motivo  de  censura,  por  lo cual tendría el actor que ocuparse y seleccionar aquellos  elementos  normativos,  descriptivos  o  subjetivos  de la conducta.     

El           cuarto  desacierto  del  recurrente,  se  perfila  como  consecuencia inmediata del anterior, al olvidar sustentar la  trascendencia   del  cargo  alegado,  quedando  inane  la  demostración  de tal proyección de lesión a la  legalidad  del  proceso;  toda  vez  que  no  puede  ser  suplida  con  la misma  fundamentación  que  englobó  la  censura;  con ello, lo demandado se queda en  enunciados   insustanciales,   en   limitadas   y   exiguas  tesis  producto  de  ininteligibles  propuestas jurídicas, plasmadas en un memorial de connotaciones  de instancia.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  libelista  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin  ninguna  prevalencia  en la lógica-jurídica requerida para motivar la demanda,  con  lo  cual  sus  pretensiones  se  alejan  de  la  filosofía  que inspira el  instituto casacional.   

Los defectos sustanciales enunciados atrás no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que inadmitir la  demanda    de    casación,   presentada   a   favor  de   MELBA   CUPITRA,  de  conformidad  con  lo  preceptuado en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000; sin  olvidar  que, estudiado el proceso, no se percibe en su contexto, que se hubiese  violentado  alguna garantía fundamental que amerite el facultativo ejercicio de  la  oficiosidad,  en virtud de lo dispuesto en el artículo 216 de la misma obra  instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

RESUELVE   

Primero:         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  MELBA  CUPITRA.   

Segundo:  contra  la  presente  providencia  no procede recurso  alguno.   

         

Cópiese,  comuníquese,     cúmplase     y     devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

                                                                                            

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

         

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Permiso                                             

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

        Secretaria   

    

1  Artículo   344   del   Código   Penal,   Ley   100   de   1980:   “El  que  causaré  el aborto sin consentimiento de la mujer o en  mujer  menor  de  catorce  (14) años, incurrirá en prisión de tres (3) a diez  (10) años.   

2  El  Tribunal  Superior de Ibagué, en el fallo, hizo hincapié en que “sin temor a  equívocos…  los  acusados  MELBA CUPITRA y HÉCTOR  QUINTANA  PERDOMO,  son  responsables,  a títulos de  coautores  de la conducta punible de “Aborto sin consentimiento”, por lo que  fueron vinculados al proceso”.     

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