27980(08-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27980  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

Aprobado   Acta   Nº  140   

Bogotá,  D.C.,  ocho de  agosto de dos mil siete.   

V    I   S   T   O  S   

Sería  del  caso  entrar a determinar si la  demanda  de  casación  presentada a nombre del procesado JAVIER RODOLFO DELGADO  contra  la  sentencia proferida el 7 de febrero del año en curso por la Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  reúne  los  requisitos  legales,  si  no  se observara que ha sobrevenido una causal de extinción de la  acción penal en relación con algunos de los delitos juzgados.   

HECHOS Y ANTECEDENTES PROCESALES  

Los  primeros  fueron  resumidos  así en la  sentencia de segunda instancia:   

“El  ciudadano  Samuel  Rodríguez  Díaz  formuló  denuncia  el  10  de  abril  de  1996, fecha para la cual fungía como  Asistente  Regional de Personal del Banco Popular, para poner en conocimiento de  las  autoridades judiciales que en enero, febrero y marzo de dicho año aparecen  cancelados  dineros  por  concepto  de  auxilio  para  optometría  a diferentes  empleados  del  Banco,  para  lo  cual se usaron documentos como cotizaciones de  monturas  para  gafas,  lentes y exámenes que resultaron apócrifos, por cuanto  la  mayoría  de  esta documentación pertenecía a establecimientos comerciales  ficticios,  lográndose así el pago por tal concepto de una cuantía aproximada  de    $80’391.000°°,  correspondientes  a  381  solicitudes de este auxilio equivalente a $211.235°°  cada uno (sic).   

“La situación fue advertida al momento en  que  dos de los asistentes del Banco, uno de la Oficina de Salarios y el otro de  la  Oficina  de  Nómina, comunicaron su preocupación por el elevado incremento  de  solicitudes  de auxilio óptico para los meses indicados, lo que generó una  revisión  detenida  de  la documentación que dio paso al descubrimiento de las  irregularidades señaladas en precedencia.”   

Con    fundamento    en    la    denuncia    y    los   documentos  anexos   a   la   misma,  el     Fiscal     112  Delegado  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito  de    Bogotá,   D.C.,  adscrito   a  la  Unidad  Tercera    de   Delitos  contra   el   Patrimonio   Económico   y   la   Fe  Pública,  dispuso el 20 de  junio    de    1996    la   apertura   formal   de  investigación,  actuación  a  la que se vinculó           mediante    indagatoria   a  JAVIER  RODOLFO  DELGADO,  Julio  Octavio  Chávez  Granados y Luz  Mireya      Camacho      Galeano,     entre otros.   

Practicadas  algunas  pruebas,  admitida  demanda  de constitución de  parte  civil  y  ordenada  la compulsación de copias  para   que   a  varios  de  los  procesados  se  les  investigara  por  separado  por  parte  de los juzgados penales municipales de la  capital  de  la  República,  por  cuanto la conducta  imputada   era   constitutiva  de  la  contravención  especial    de   Estafa,  fue  clausurada  la  etapa  instructiva  por  parte de la Fiscal 75 Delegada ante  los  Juzgados  Penales  del Circuito de Bogotá, adscrita a la Unidad de Delitos  Financieros,    y    su  mérito         probatorio        calificado   el   24  de  septiembre  de  1999,    acusándose   a   los  citados  procesados  como  posibles  autores  responsables      del     delito     de     Estafa  agravada    por    la   cuantía   y   precluyéndose  la  investigación  adelantada  en  contra  de  los  demás             sindicados.   

Impugnada   la   anterior   determinación     fue     modificada  el   18   de  agosto  de  2000    por    un    Fiscal   de   la   Unidad   de  Fiscalías  Delegadas  ante los Tribunales Superiores  de  Bogotá  y  Cundinamarca,  para imputar a los tres  procesados     los    delitos    de    Falsedad   en   documento   privado   y  Estafa  agravada  por  la  cuantía    y    por   “recaer   en   bienes   del  Estado”.   

La  etapa de juzgamiento estuvo a cargo del  Juzgado   54  Penal   del   Circuito  de  la    capital    de    la   República,  despacho   que, luego del  trámite  legal celebró la  audiencia    pública   de   juzgamiento   de   rigor   en   varias  sesiones  y,  el  29 de  marzo      2006,  emitió    el   fallo  pertinente,   a   través   del   cual     absolvió    a    Luz  Mireya  Camacho  Galeano de los cargos imputados y condenó a  Julio  Octavio  Chávez  Granados  y  JAVIER RODOLFO  DELGADO  como  coautores  penalmente  responsables  de  los  punibles  atribuidos, imponiéndosele a cada  uno  la pena principal de  36  meses  de  prisión  y  multa  de  $40.000  y  la  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo término de la privativa  de la libertad, al        tiempo        que        se       les       suspendió  condicionalmente  la  ejecución de la pena por un período de prueba de dos (2)  años,  e igualmente se les condenó al pago de los daños y perjuicios causados  con los delitos.   

El  defensor  de  JAVIER  RODOLFO  DELGADO  interpuso     recurso     de     apelación        contra  la  sentencia,  el  que fue decidido  en fallo del 7        de        febrero    de    2007   dictado   por   la   Sala  de  Decisión  Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá, en  el  que  se  revocó parcialmente el  numeral  segundo  de  la sentencia de primera instancia, para declarar prescrita  la  acción  penal  exclusivamente  en relación con JAVIER RODOLFO respecto del  delito  de  Falsedad en documento privado,   con   la  consecuente   cesación  de  procedimiento  y  la  reducción  de  las penas principal y accesoria impuesta al mismo, decisión que  no  cobijó  al  procesado  Julio  Octavio Chávez Granados, por cuanto el mismo  cometió  el  delito  valiéndose  de  su condición de servidor público. En lo  demás confirmó el fallo atacado.   

Contra   la  determinación de segunda  instancia          fue          interpuesto   recurso   de  casación por el defensor de JAVIER  RODOLFO       DELGADO,      el      cual   se  concedió     mediante    auto      calendado      11  de  abril  de  2007, cuya demanda se  presentó  en término y  el  proceso  arribó  a  esta  Corporación  el 18 de  julio  siguiente,  luego  de  que  el Tribunal aclarara la parte resolutiva  de  los  fallos  de  primer y  segundo   grado   en   el   nombre   del  procesado  DELGADO.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

          De  acuerdo  con el anterior recuento procesal, tras la declaración  de  prescripción  de la acción penal en relación con el delito de falsedad en  documento  privado  que  cobijó  al  procesado  JAVIER  RODOLFO DELGADO, quedó  vigente  en  su contra la condena por el delito de estafa agravada, mientras que  en  relación con el procesado Julio Octavio Chávez Granados, por su condición  de  funcionario  público  al  momento  de la ejecución de los hechos juzgados,  quedaron  vigentes  las  decisiones tomadas por las dos conductas señaladas, en  relación  con  las cuales se le condenó en ambas instancias.      

          Conviene  recordar  que el delito de estafa  agravada  por el cual fueron acusados y condenados los  procesados  en  cita,  de  conformidad  con  el  texto  vigente  para  la época de los hechos,  tenía una pena máxima de quince (15)  años  (artículos  356  y  372 del Decreto 100 de 1980), por lo que el término  prescriptivo  en  el  juicio era de siete (7) años y  seis (6) meses, esto  es,  la  mitad  del  máximo  de  la  sanción, de acuerdo con el 86 del Código  Penal.    

Sin  embargo,  para  determinar  el  ciclo  prescriptivo  se  debe tener en cuenta la nueva normatividad penal, toda vez que  el  artículo  248  reporta  una  pena  máxima  de  8  años,  cuya aplicación  retroactiva  se  deriva  de  la  favorabilidad que reporta frente a los 10 años  establecidos  por el anterior artículo 356, cifra que, incrementada en la mitad  conforme  al artículo 267 numerales 1 y 2, asciende a 12 años, término que se  reduce  a  la  mitad  en  el  juicio,  esto  es, 6 años, por mandato del citado  artículo 86 del Código Penal.   

Por  lo tanto, de conformidad con las reglas  de  prescripción  previstas  en  los  artículos  83 y 86 de la Ley 599 de 2000  (artículos  80  y  84 del decreto 100 de 1980), la acción penal para el delito  de  estafa  cometido por el particular JAVIER RODOLFO DELGADO, único recurrente  en    casación,    prescribió    el   18   de  agosto  de  2006,  pues  ejecutoriada  la  resolución de acusación el 18 de agosto de  2000,  según  se hizo constar en los antecedentes reseñados, al día siguiente  comenzó  a  correr  el  nuevo  lapso  prescriptivo en el juicio por un término  igual  a  la  mitad del máxima de la sanción prevista para la el delito por el  que se procede.   

Ahora,  en  relación  con  el  procesado no  recurrente  Julio  Octavio  Chávez  Granados,  dado  que  los delitos que se le  imputan  fueron  cometidos con ocasión de sus funciones como servidor público,  el  término  de prescripción en la etapa del juicio para el delito de falsedad  en  documento  privado,  es  de seis (6) años y ocho (8) meses, pues al máximo  del  término  prescriptivo  de  cinco  años  para ese delito, se le agrega una  tercera  parte  por  tratarse de un servidor público, como lo ha determinado la  Sala,  entre  otras  decisiones,  en la sentencia del 1º de septiembre de 2004,  radicado No. 20.673.   

         

Por  ende, como la resolución de acusación  quedó    ejecutoriada     el    18  de  agosto  de 2000, la acción penal  por  el  delito  de  falsedad  en  documento  privado  para el procesado Chávez  Granados,    prescribió    el   18   de   abril   de  2007,  cuando se notificaba en el Tribunal el auto del  11  de  los  mismos  mediante  el cual se concedió el recurso extraordinario de  casación (fl. 32 cuaderno de segunda instancia).   

No  sucede  igual  con  el  delito de estafa  agravada  imputada  a Chávez Granados, pues el término máximo de 6 años para  el  juicio, aumentado en una tercera parte por tratarse de un servidor público,  arroja  un  lapso de 8 años, que aún no ha transcurrido desde la ejecutoria de  la acusación.   

En  estas  condiciones,  no  queda a la Sala  alternativa  diferente  a  la  de  declarar  la  consumación  del  término  de  prescripción  de  la  acción  penal que se sigue contra JAVIER RODOLFO DELGADO  por  el  delito  de  estafa  agravada,  y en relación con Julio Octavio Chávez  Granados, por el delito de falsedad en documento privado.   

En   consecuencia   de   las   anteriores  determinaciones,  se  decretará  la cesación de todo procedimiento a favor del  enjuiciado     DELGADO,    y    parcialmente    a    favor    de    Chávez  Granados,  a  quien  entra  la  Sala  a  redosificarle la  pena,  teniendo en cuenta  que  sólo  queda  vigente  en  su contra la acción  penal por el delito de estafa agravada.   

Al  individualizar  las  penas  para  los  procesados,  el  Juzgado de primera instancia partió  de   la   pena   que   determinó  más  grave  para  el  delito  de estafa, a saber 24 meses de prisión,  a  los que incrementó 12  más  por  el  concurso  con el delito de falsedad en  documento  privado,  para  un total de 36 meses de prisión que impuso por ambas  conductas,   dosificación  que  no  fue  tocada  por  el  juzgador  de  segunda  instancia.   

Por  lo  tanto,  como  consecuencia  de la  declaración  de  prescripción de la acción penal por el delito de falsedad en  documento  privado,  ha  de  restarse a Chávez Granados el monto de 12 meses de  prisión  que  de antaño se le aumentaron por dicho concepto, quedando una pena  de  24  meses  de  prisión  por  el delito de estafa agravada, monto al cual se  reducirá  la  sanción accesoria de interdicción en el ejercicio de derechos y  funciones públicas.   

A favor del procesado JAVIER RODOLFO DELGADO,  se  cancelarán todas las medidas restrictivas personales o sobre bienes, que se  le hayan impuesto por razón de este proceso.   

         

          Finalmente,  en  relación  con  la  particular  absuelta Luz Mireya  Camacho  Galeano,  la  Sala  se  abstendrá  de  decretar la prescripción de la  acción  penal que en su contra se siguió por los delitos aquí juzgados, a fin  de  que pervivan los efectos de las sentencias absolutorias de primera y segunda  instancias,  pues  la  decisión  que en ese sentido la cobijó no fue discutida  por   ningún   sujeto   procesal,   situación   que   reactiva   el   criterio  jurisprudencial  adoptado  en  el  fallo  de  casación  del 16 de mayo de 2007,  radicado No. 24.374, en el que sobre el tema se consignó:   

   

“…si  se  entienden  en  concreto  los  derechos  fundamentales  arraigados en la norma constitucional, particularmente,  su  artículo  1°, que dice fundada la República en el respeto por la dignidad  humana,  y  el  desarrollo que se materializa en  la protección a  la  honra  y el buen nombre, no puede decirse de entrada que la decisión de ordenar  la  prescripción  en  cualquier  estado  del  proceso  en  la cual se advierta,  respeta a cabalidad unos tan profundos preceptos constitucionales.   

“Necesariamente,  estima  la  Corte,  el  análisis  debe  operar respecto del caso concreto, para ver de significar cuál  es  la  decisión  que  mejor  consulta  los  intereses  y derechos del presunto  favorecido.   

“Porque  si,  como tradicionalmente se ha  entendido,  es  la prescripción una especie de sanción al Estado, por ocasión  de  la morosidad en la tramitación, que indefectiblemente redunda a favor de la  persona  objeto  de investigación penal, tanto que es ella exclusivamente quien  puede  renunciar  al  beneficio, no parece lógico que, entonces, pretextándose  la  imposibilidad  de  continuar con el proceso, en advenimiento de una bastante  relativa  incompetencia,  se  opte  por la decisión objetiva que menos consulta  esos  derechos  buscados  a  proteger,  dejando expósita la honra y dignidad de  quien,  como  aquí  sucede,  ha  sido  declarado inocente de uno de los delitos  imputados   por   las   dos   instancias  ordinarias  encargadas  de  juzgar  su  caso.   

“(…)  

“Resultan  enfrentados,  así,  en  una  especie  de  parangón favorable para el encartado, la posibilidad de acceder al  mecanismo  de  cesación  procedimental  por la vía de la prescripción, con la  opción  de dar completo valor material a las decisiones del A quo y Ad quem, en  cuanto absolvieron al acusado de uno de los cargos endilgados.   

“Y, estima la Corte, la decisión no puede  pasar  apenas por el tamiz si se quiere organicista que gobernó la decisión de  la  mayoría  en  la  sentencia  del  año  1980 atrás citada, pues, así no se  consultan   adecuadamente   principios   básicos  de  justicia  y  los  valores  constitucionales  que  de  manera  tan  profunda  irradian  la  Constitución de  1991.   

“Desde  una  perspectiva  eminentemente  constitucional,   en  protección  de  los  derechos  fundamentales   a  la  dignidad,  la  honra  y  el  buen  nombre, no puede ser lo mismo que después de  someter  a  las  afugias  de  un proceso penal al acusado de un delito de enorme  relevancia  social,  se  diga  que  el Estado perdió toda potestad de continuar  adelantando  la  investigación, por el simple paso del tiempo, a que se pregone  examinado  de  fondo  el  asunto por las dos instancias ordinarias y luego de un  examen riguroso, se absuelva del delito a la persona.   

“Esta  última  solución,  no cabe duda,  restaña  en algo el daño que la prosecución penal pudo causar en los derechos  fundamentales  a la dignidad, la honra y el buen nombre del procesado, que es lo  menos  que  puede  esperarse  otorgar  al  individuo  una  vez  se  le  reconoce  inocente.   

“Por  lo  demás,  ya  dentro del ámbito  concreto  de  lo  que la ley informa, no se discute que si bien pueden consultar  efectos  similares, la decisión prescriptiva, así se tome dentro del cuerpo de  una  sentencia,  posee  una naturaleza de estirpe interlocutoria, asaz diferente  de la sentencia absolutoria.   

“Al   efecto,  para  citar  apenas  dos  ejemplos,  el  auto  que decreta la cesación de procedimiento por prescripción  de  la  acción  penal,  no  puede  ser  controvertido  a  través  del  recurso  extraordinario  de  casación,  ni  por  intermedio  de la acción de revisión,  consecuencias  que, en principio, podrían entenderse favorables para la persona  en cuyo favor se dictó.   

“Pero, si como sucede en este caso, ya las  decisiones  absolutorias  de  primera  y  segunda  instancias,  han  agotado  la  posibilidad  de  controversia  que  reclama  la  casación, cubierto el término  prescriptivo  en  el  trámite  casacional  que  gobierna tópicos completamente  diferentes,  no se ve porqué en lugar de cubrir con el ropaje interlocutorio de  la  prescripción  el  asunto, no se permite continuar con su plena vigencia las  decisiones  absolutorias  tomadas  en  sendos fallos, cuando es lo cierto que se  trata   de   decisiones   de   fondo  –reiteramos,   cubiertas  por  la  doble  condición  de  acierto  y  legalidad-,  y allí se consulta a cabalidad el valor justicia, a más de que se  materializan  a  favor  del  procesado  los derechos a la dignidad, honra y buen  nombre, aún periclitantes si se opta por la otra solución.   

“Mírese,  igualmente,  en  punto  de los  perjuicios  civiles  derivados  de  la  conducta  punible,  cómo  la  solución  adoptada, puede conducir a efectos bastante diferentes.   

“Sobre  el  particular,  si la persona es  absuelta,  y  esa  decisión cobra pleno vigor porque se estima que el delito no  existió  o ella no lo cometió, se cierra la puerta a la posibilidad de que por  la  vía  civil  se puedan reclamar perjuicios derivados del ilícito, como así  lo consagra el artículo 57 del C. de P. P.:   

“Efectos de la  cosa  juzgada  penal  absolutoria. La acción civil no  podrá  iniciarse  ni  proseguirse  cuando se haya declarado, por providencia en  firme,  que la conducta causante del perjuicio no se realizó o que el sindicado  no  lo  cometió  o  que  obró  en estricto cumplimiento de un deber legal o en  legítima defensa.”   

“Conocido que la prescripción en materia  civil  tiene  unos  límites  diferentes  de  los  propios  del  trámite penal,  elemental  surge  que  en  caso  de  absolución  por los factores citados en la  norma,  resulta  ello  más  favorable  a  la  persona,  que la simple decisión  interlocutoria   de   prescribir   la  investigación,  pues,  en  esta  última  circunstancia  sigue  latente la posibilidad de que por la vía civil se reclame  pago de perjuicios.   

“Y ya abordado el tema indemnizatorio, no  puede  pasar  por  alto  la  Corte cómo las recientes decisiones del Consejo de  Estado,   en   punto   del  pago  de  perjuicios  a  quien  ha  sido  objeto  de  investigación  penal  y detención por este motivo, entraña profundo beneficio  para    la    persona    absuelta    incluso    por    duda   probatoria,        pues,       en      estos      asuntos      –véase   la   decisión   del  4  de  diciembre  de  2006,  Sección  Tercera,  Radicado  13168-,  se presume la falla  estatal y basta la decisión absolutoria para ese efecto.   

“No  parece  a  la  Corte,  acorde con lo  anotado,  que  la  decisión  de  decretar  la  cesación  de  procedimiento por  prescripción,  deba surgir automática a la verificación objetiva del paso del  tiempo,  haciéndose  menester una evaluación previa que parta por auscultar la  protección  de  los  legítimos  derechos  del procesado, si se tiene claro que  otra   opción,   dígase   la   absolución,   tiene   mejor   fortuna  en  ese  cometido.     

“En  términos  generales,  es  preciso  relevarlo,  ante  el  doble  camino  de absolver o decretar la prescripción, el  juez  debe  optar  por  la  solución  que  de manera más acabada restituya los  derechos  conculcados, o cuando menos limitados o puestos en tela de juicio, del  acusado,  y ella, no cabe duda, es el mecanismo absolutorio que, desde luego, no  opera  en  cualquier  momento,  sino  en  los  casos  específicos en los que el  asunto,  por  obra  de la tramitación adelantada, ya ha cubierto las diferentes  etapas  investigativa  y  de  enjuiciamiento,  hallándose  a  despacho  para la  decisión de fondo.   

“Esto, porque no se trata de desvertebrar  el  proceso  debido  y  la estructura antecedente consecuente del mismo, sino de  facultar  al  fallador  para  que,  enfrentado al parangón antes destacado, con  plena  autonomía para decretar la prescripción o emitir la sentencia que se le  demanda,  escoja  con  absoluta competencia, la más adecuada de las soluciones.  Esto,   por  cuanto,  si  bien  puede  significarse  que  al estado, con el  advenimiento  del  plazo  prescriptivo, se le ha agotado la posibilidad de   ejercer  la  acción  penal,  no  ocurre  igual con la obligación, en cuanto se  erige  el  juez  como garante de los derechos de las personas involucradas en el  proceso, de restablecer unas dichas garantías.   

“Sólo  así  puede  significarse  que el  funcionario  cumple  adecuadamente  con  el  principio  rector  consignado en el  artículo 9° del C. de P.P., en cuanto reza:   

“Actuación    procesal.  La  actuación  procesal  se desarrollará teniendo en cuenta el  respeto  a  los  derechos fundamentales de los sujetos procesales y la necesidad  de  lograr  la  eficacia  de  la administración de justicia en los términos de  este código”   

“Y si, además el artículo primero de los  códigos  Penal  y  de Procedimiento Penal, destaca como valor primordial el del  respeto  a la dignidad humana y ambas codificaciones remiten como fuente directa  de  aplicación,  a  las  normas  que  integran el bloque de constitucionalidad,  expedito  se  halla el camino para que, precisamente buscando materializar   los  derechos  fundamentales  del vinculado al proceso, se dé plena aplicación  al   artículo  228  de  la  Carta,  respecto  de  la  prevalencia  del  derecho  sustancial.   

“Es  claro,  eso sí, que  cuando el  asunto  apenas se tramita y no ha alcanzado el estado que permite al funcionario  judicial  emitir  decisión  de fondo, ya  surge automática y necesaria la  obligación  prescriptiva,  en el entendido que el paso del tiempo ha cobrado su  efecto  y  no es posible que se continúe adelantando el proceso, a menos, desde  luego,  que  el  encartado  renuncie  a la prescripción, caso en le cual sí se  hace  necesario  agotar  el  debate  jurídico, con involucramiento de todas las  partes.   

“En  todo  caso,  debe  relevar la Corte,  precisamente  por ocasión de que el encartado entienda mejor otras opciones, ha  de  darse  plena  operatividad  a la posibilidad de renuncia a la prescripción,  contemplada  en  el  artículo 44 del C. de P.P., razón por la cual, a pesar de  que  la  decisión prescriptiva se tome, entre otras circunstancias posibles, en  sede  del  fallo  de  casación,  corre  el tiempo de ejecutoria del mismo, para  facultar posible la dicha renuncia”.   

Ahora bien, como el fenómeno jurídico de la  prescripción  se  presentó  cuando  el  proceso  se  encontraba en el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá, lo viable era que esta autoridad  hubiera     procedido    ipso    facto  a dar aplicación al artículo 83 de la Ley 599 de 2000, pues, una  vez  se  presenta la prescripción, el único camino a seguir es su declaración  por  parte  del funcionario judicial que tiene el proceso, y no continuar con el  trámite  que  se  esté  surtiendo  en  ese momento, para que finalmente sea la  Corte,  en  este  caso,  la  que  proceda a decretar la extinción de la acción  penal.   

Un  tal  proceder  va  en  contravía  del  principio  de  celeridad  consagrado  en  el  artículo  4 de la Ley 270 de 1996  -pronta  y  cumplida  administración  de  justicia-,  lo  que  de  suyo  genera  congestión  judicial  y  que  los superiores jerárquicos dediquen tiempo a ese  tipo  de  situaciones,  en lugar de utilizarlo en resolver más rápidamente los  asuntos sometidos a su consideración.   

Por  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

        1.  DECLARAR  prescrita  la  acción  penal por el delito de estafa  agravada  que  vincula  a  JAVIER  RODOLFO  DELGADO,  y por el delito de falsedad en documento privado que  vincula  a  Julio Octavio Chávez Granados, conductas  por   las   cuales   se   ordena  la  cesación  del  procedimiento    seguido    contra   los   citados  procesados.   

        2.      DECLARAR      que  la  pena principal que debe purgar el procesado Julio Octavio  Chávez  Granados es de veinticuatro (24) meses de prisión por su coautoría en  el  delito  de  estafa  agravada.  A  dicho monto se  reduce  también  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos y funciones públicas.   

         

        3.             ORDENAR   la   cancelación   de  las  eventuales    medidas  restrictivas  personales  y  sobre sus bienes, que se  hubieren              impuesto    al  procesado  JAVIER RODOLFO DELGADO, por razón de este  proceso.   

4.          ABSTENERSE     de    declarar    la  prescripción  respecto  de  los  delitos  de  estafa  agravada  y  falsedad  en  documento  privado,  por  los  cuales  se le absolvió en ambas instancias a Luz  Mireya Camacho Galeano.   

       Contra este auto procede el recurso de reposición.   

       Cópiese,  notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de  origen   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ             MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                               MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

Impedido  

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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