27979(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27979   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 162   

          Bogotá, D.C., seis de septiembre de dos mil siete.   

VISTOS  

Con  el  fin de establecer si se cumplen los  presupuestos  establecidos en los Arts. 205 y 212 de la Ley 600 de 2000, examina  la  Corte  de  manera  preliminar  la  demanda  de  casación  instaurada por el  defensor      de     NELSON     ENRIQUE     PEDROZA  PIRATOVA,  respecto  de  la sentencia de segundo grado  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  16  de febrero de 2007,  confirmatoria  de  la  condena  de 24 meses de prisión, multa de 20 s.m.l.m.v.,  suspensión  de  su  oficio  de  conductor  por  un lapso de 36 meses, y la pena  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  término  similar  al  de  la restrictiva de la libertad, que el Juzgado 55  Penal  del  Circuito de la ciudad le impuso al procesado al hallarlo responsable  de la conducta punible de homicidio culposo.   

ANTECEDENTES   

         

La  situación  fáctica en relación con el  presente  asunto, se contrae a que el 9 de enero de 2002, a eso de la 1:40 de la  tarde,  aproximadamente,  cuando  Germán  Guarín se desplazaba en su bicicleta  por  la  Avenida  Caracas  con  calle  51  Sur,  frente  al  número 11A-57, fue  arrollado   por  la  volqueta  de  placas  UUJ-370  que  conducía  NELSON   ENRIQUE   PEDROZA   PIRATOVA,  a  consecuencia    de   lo   cual,   por   aplastamiento   craneal,   la   víctima  falleció.       

En   virtud  de  esos  acontecimientos,   PEDROZA  PIRATOVA  fue vinculado a la  investigación  mediante  indagatoria  y,  agotada  la  etapa  instructiva,  por  Resolución  del  19  de noviembre de 2003, la Fiscalía 3ª Delegada adscrita a  la  Unidad  1ª  de  Delitos  contra la Vida y la Integridad Personal, acusó al  antes  nombrado  como  presunto  responsable de la conducta punible de homicidio  culposo  -Art.  109  del  C.  Penal-,  determinación  que al ser apelada por la  defensa,  la  Fiscalía  45  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  convalidó por la suya del 12 de marzo de 2004.   

Adelantada  la etapa del  juicio  por el Juzgado 47 Penal del Circuito de esta ciudad y culminada la vista  pública,  dicha  dependencia  profirió  el  fallo  de  condena del que se hizo  mérito  en  el  acápite  precedente,  cuya confirmación integral impartió el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  por  medio  del  que hoy es objeto del presente  recurso        extraordinario,        como       igualmente       allí       se  anotó.       

LA  DEMANDA   

         

1.   Dentro  del  Capítulo   del   libelo   que   el   actor  denomina  “Fundamentos   y   procedencia   del   recurso   de  casación”,  acusa  al Tribunal de haber desconocido  “abiertamente”    la  decisión  de invalidación del informe policivo tomada por el Fiscal instructor  en  su  momento,  la  cual, a su juicio, es ley del proceso, como quiera que esa  Colegiatura  le  otorgó  valor  probatorio sin tener en cuanta que la Fiscalía  3ª  Delegada  había  declarado  probada  la objeción por error grave de dicha  experticia.  Con  un tal proceder, incurrió el Ad-Quem  en desacato al principio rector de lealtad procesal de  acuerdo  con  lo reglado en el Art. 18 del C. de P. Penal y, por contera, violó  el   debido   proceso   y   el   derecho   de  defensa  -Arts.  24  ejusdem  y  29  de  la Carta Política- al  revivir una prueba declarada ilegal por el ente investigador.   

A  renglón seguido, agrega el censor que el  Tribunal  incurrió en errónea apreciación de la prueba técnica incorporada a  la   actuación,   al   inferir  que  “el  conductor  sentenciado  se  desplazaba a alta velocidad”, cuando  lo  hacía a un promedio de 42 a 52 kilómetros por hora, ignorando el hecho que  transitaba  por  una  vía arteria como es la Troncal Caracas donde es permitido  ese  promedio de velocidad. También incurre el juzgador de segunda instancia en  “grave   yerro”,   al  desechar  la  tesis  defensiva del caso fortuito y la fuerza mayor esgrimida por  la forma aparatosa en que la víctima fue atropellada.   

Termina este capítulo el actor indicando que  las  evidencias lo obligan a atacar el fallo con fundamento en la causal primera  de casación, cuerpo segundo.   

2.    Los  cargos.   

2.1.  En primer lugar, el censor dice acusar  la  sentencia impugnada de violar la ley sustancial por quebranto a la garantía  fundamental  del  debido  proceso estatuido en el Art. 29 de la Carta Política,  en    cuanto    el    juzgador    en    un    hecho    inusual   “ignoró”  una  decisión  judicial  que  dejó  sin  valor  el informe policivo sobre el accidente en que perdió la vida  la  víctima,  respecto  del  cual  se  declaró  probada la objeción por error  grave.   

La  condena se sustenta en el citado informe  invalidado  a  través  del  incidente  propuesto,  agrega, y con argumentación  similar  se  rechazaron  los  planteamientos de la defensa, apreciaciones que de  suyo  vician  de  nulidad  el  fallo  recurrido.  Así,  el  juzgador de segunda  instancia  “incurrió  en  un  error  de  hecho  que  desconoce  abiertamente  una garantía de orden Constitucional como es el debido  proceso  el  cual tiene prevalencia en un Estado Social de derecho que es el que  nos rige (…)”   

Como   preceptos  infringidos  señala  la  indebida  aplicación del Art. 232 del C. de P. Penal, y la inaplicación de los  Arts.  29 de la Carta Política; 6°, 18 y 24 del estatuto procesal penal; y 109  del C. Penal.   

2.2. Por vía de la violación indirecta, el  actor  denuncia  la  incursión del juzgador en errores de hecho en sus diversas  modalidades   -falso  juicio  de  identidad,  falso  raciocinio  y  omisión    de    prueba   por   errónea  apreciación-.   

2.2.1.  El yerro que el libelista identifica  “de      apreciación      errónea”,   consistió  -aduce-  en  tener  como  suficiente  el  informe  policivo  invalidado  por  la  Fiscalía  instructora  al  momento  de  resolver  mediante incidente de objeción por error grave dicha experticia.   

El  sentenciador  de  segunda instancia para  confirmar  el  fallo  de  instancia,  basa  su  apreciación  en  el  informe en  cuestión  con  lo  cual  incurrió  en  un  falso  juicio  de  valoración  por  desconocer  la decisión judicial que desestimó ese elemento de juicio. De ahí  el   equivocado   razonamiento   en   el  que  sustenta  su  pronunciamiento  de  condena.   

2.2.2.   El   falso  juicio  de  identidad  consistió  -argumenta-  en  que  el  juzgador  tergiversó  el fundamento de la  prueba,  al  acomodar  con  dichos elementos los indicios de responsabilidad del  sentenciado   en   lo   atinente  al  delito  de  homicidio  culposo  endilgado.   

Al  tener el fallador como prueba suficiente  para  condenar  el  informe  policivo  invalidado, desconoció los descargos del  procesado,  lo  cual  constituye  una  “omisión  de  prueba”  en  cuanto  que  con el dictamen de física  aportado  por  Medicina Legal mediante el cual claramente se determina que quien  conducía  la volqueta marchaba entre 42 y 52 kilómetros por hora-, se confirma  el dicho del sentenciado.   

2.2.3.  El falso raciocinio se dio -alega el  demandante-  en la medida en que Tribunal le dio a un medio de prueba un alcance  que  no  tenía,  incurriendo en una suposición de pruebas para endilgarle a su  defendido  autoría  en  los acontecimientos por los cuales se profirió condena  en su contra.   

De esta manera se ignoraron los descargos del  procesado,  y  el  oficio de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá  que  se  allegó  cuando  el  expediente  se  encontraba  a despacho para dictar  sentencia,  del que se desprende -deja entrever- la necesidad de acoger su dicho  respecto  a  que  en el lugar del los hechos existía una alcantarilla sin tapa,  hueco  sobre  el cual pasó el ciclista en su velocípedo, perdió el equilibrio  y rodó por el piso, causa generadora del fatal accidente.   

Casar    la   sentencia   impugnada,   o  subsidiariamente,  decretar  la  nulidad  de  la misma por violación del debido  proceso  y  del  derecho  de  defensa,  al tenerse como fundamento del fallo una  prueba  cuya  ilegalidad  decretó  la  Fiscalía  instructora  cuando  declaró  fundada  su  objeción por error grave, es la petición que el censor eleva ante  la Corte.           

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

          Si  bien  la  sentencia  de  segunda instancia fue proferida por un  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial,  al  procederse por delito que tiene  señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo no excede de 8 años de  prisión    -homicidio  culposo que tiene como tope  punitivo    máximo    el    de   6   años,   según   el   Art.   109    de  la    Ley    599   de   2000,  normatividad vigente para la época de  los  hechos-,  es claro que contra ella no procede la  casación    común    sino   la   excepcional.   

         

         Ahora,  en  lo relativo a la carga del demandante de fundamentar la  solicitud  frente  a las razones que se invocan en orden a demandar la admisión  del   trámite   excepcional   por   la  Corte,  y  la  correspondencia  de  sus  razonamientos  con los cargos formulados contra el fallo de segundo grado, es de  recordarse  que  la  jurisprudencia  ha sido persistente en señalar cómo en el  libelo  debe  presentarse  una  fundamentación  acorde frente a los motivos que  determinan  la viabilidad de su admisión, relacionada con las posibilidades que  para  su  interposición  la ley otorga, ya sea para perseguir por dicha vía el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  o  la  garantía  de un derecho fundamental  presuntamente  desconocido  en  las  instancias,  por  lo que se ha de precisar,  clara  y  nítidamente,  la razón o razones por las cuales el Juez de casación  debe  intervenir  en un asunto sobre el cual no concurren los presupuestos de la  casación común.   

         

         De   este   modo,  y  dado  que  el  motivo  de  inconformidad  del  casacionista  con  el  fallo  de segundo grado dictado con ocasión del presente  asunto  lo  hace  consistir en la violación de una garantía fundamental, es de  su  resorte  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida a patentizar el  desacierto,  siendo  de  su cargo demostrar el desconocimiento de un tal derecho  por  haberse  quebrantado  la  estructura básica del proceso o la actividad del  juzgador,  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado  y  su  concreto  conculcamiento  con  la  sentencia.      

         En  ese  sentido,  reiterativamente se ha dicho que cuando se aduce  violación   del   debido   proceso,   debe  comprobarse  la  existencia  de  la  irregularidad  sustancial  que  afecte la estructura del sistema que lo inspira,  Vgr.,  falta  de  apertura  de investigación, no vinculación del procesado, no  definición  de  la situación jurídica cuando ella sea obligatoria, o ausencia  de  la  decisión de cierre de la investigación; desconocimiento de la etapa de  investigación  y/o juzgamiento; dentro del juicio: de la fase probatoria y/o de  debate  oral;  de  formulación  de  cargos  o  sentencia,  o  la posibilidad de  recurrir en segunda instancia.   

         

         En  lo que dice relación con la violación del derecho de defensa,  es  de  cargo  de  quien la alegue determinar la actuación que estima lesiva de  esta  garantía  fundamental,  indicar  las  normas que fueron violadas, y dejar  establecido  cómo  el  vicio  repercute  negativamente  en  la validez del rito  llevado  a  cabo,  y  por  qué  el  reo  fue  privado  de  oportunidades que le  permitieran sacar avante posturas favorables a su situación.   

   

         Compete   al   censor,   asimismo,   cumplir   con  los  requisitos  establecidos  en  el  artículo  212  de  la  ley  600 de 2000, entre los que se  incluye  la  necesidad  de  enunciar  el  motivo de casación en que se apoya la  demanda,     e     indicar     con    claridad  y  precisión los fundamentos  fácticos  y  jurídicos  del  cargo  o  cargos  que  se  formulen,  los  cuales  inexorablemente  han  de  corresponder  a un desarrollo de las razones en que se  funda la solicitud de admisión de la vía discrecional.   

         

         En  todo  caso,  es competencia exclusiva de la Corte, en ejercicio  de  su  discrecionalidad,  ponderar la fundamentación expuesta por la parte que  acude  a  dicho  mecanismo,  y  decidir  si  admite  o rechaza el trámite de la  casación excepcional.   

         

         En   el   presente   evento,  si  bien  el  demandante  sugiere  la  transgresión  de garantías fundamentales derivadas de la violación del debido  proceso  por  razón  de  los pretextados errores de apreciación probatoria por  parte  del  juzgador,  resulta  evidente  la  precariedad  en  grado  sumo de la  argumentación  acerca  de  la  necesidad  de  la  intervención  de la Corte en  procura  de  la  protección  de  las  garantías  fundamentales  cuyo  presunto  conculcamiento denuncia.   

         

         En  efecto,  en tratándose de defectos de apreciación probatoria,  fundamento  de  la solicitud de que la Corte ejercite en este evento la potestad  discrecional  que  le  asiste, la demanda no tendría ninguna posibilidad de ser  admitida  en  los  términos planteados por el censor, pues, como constantemente  lo  viene  sosteniendo,  entre  otros,  en  el pronunciamiento realizado el 9 de  febrero  del  año  en  curso,  Rad.  23.055  con ponencia de quien aquí cumple  similar  cometido,  “en principio, las posibilidades  reconocidas  en la jurisprudencia para acceder a la casación discrecional no se  extienden  a  las  hipótesis  planteadas en la demanda, es decir, a discutir la  valoración  judicial  de  los elementos de convicción, porque en esa labor los  jueces  cuentan con la relativa libertad que se desprende de la sana crítica, a  no  ser  que  se  proponga  que  sus deducciones son producto de una motivación  aparente,  falsa  o  ausente,  supuesto  que  determinaría,  en  caso de que se  demuestre  y  aparezca  concretado,  la  consolidación  de  un  quebranto a las  garantías,  en  cuanto obedecerían tales deducciones a la arbitrariedad -ajena  a   un  estado  democrático  y  constitucional-  y  no  a  la  razón  y  a  la  justicia”.   

         Empero,  es  claro que en este caso el censor no plantea la nulidad  de  la  sentencia  por defectos de motivación, sino yerros en la valoración de  los medios de convicción allegados a la actuación.   

           

         Quedando  patentizado,  entonces,  que  no  resulta  procedente  el  ejercicio  de  la  discrecionalidad  con  apoyo en la pretensión de un reexamen  probatorio  en sede casacional con el evidente propósito de discutir el mérito  persuasivo  conferido  a  los medios por el juzgador, con el argumento de que lo  que  se  persigue  con  el  recurso  extraordinario es obtener la protección de  garantías  fundamentales  del procesado supuestamente conculcadas en el devenir  del   trámite   procesal   cuestionado,   la   aspiración   del   libelista  está  llamada  al  fracaso,  máxime  cuando  la  enunciación  de  las  censuras no  corresponde   con  su  desarrollo,  pues,    de   la  reclamación     de  la  causal  de  nulidad  por  violación  del  debido  proceso  propia  de  la causal tercera de casación, la cual ni siquiera invoca,  el  fundamento  del  reparo  se  hace  consistir en la estimación de una prueba  judicialmente     declarada     ilegal.   

Con  ese  planteamiento,  el censor pasa por  alto  que  si  bien  la  aducción  de  un  elemento  probatorio  al proceso con  desconocimiento  de  las  pautas  legales  que rigen su incorporación, hace que  éste  sea  nulo de pleno derecho, como lo señala el artículo 29, in  fine, de la Carta Política y que, por  tanto,  no  puede  ser  valorado  por  el  funcionario judicial, si tal error se  produce  en  la  labor  apreciativa del juez el remedio no está en invalidar la  actuación,  habida  cuenta  que un testimonio o cualquier otra prueba, no es un  acto procesal que presuponga la existencia de otro posterior.   

Ante  la  presencia  de  un  yerro  de  esa  naturaleza  y  magnitud,  la  vía  idónea para atacar las premisas del fallo y  para  tratar  de  derruir  la presunción de acierto y legalidad de la que está  revestido,  es la de invocar la causal primera, cuerpo segundo, del Art. 207 del  C.  de  P.  Penal,  esto  es,  el  quebranto  indirecto  de una norma de derecho  sustancial,   a   causa   de   un   error   de   derecho  por  falso  juicio  de  legalidad.   

En  ese escenario, también ha sido dicho en  innumerables   ocasiones,  es  carga  del  demandante  señalar  el  precepto  o  preceptos  que  establecen  el rito bajo el cual la prueba debe ser adosada a la  actuación  y, acto seguido, como condición ineludible y trascendental en orden  a  demostrar  la ilegalidad de la sentencia, enfrentar los restantes fundamentos  del  fallo  para  señalar  que  no  perviven  al  excluir  los  atinentes  a la  valoración de la prueba señalada de ilegal.   

         

Del  mismo  modo,  y ya en relación con la  postulación  del  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad,  su  planteamiento  en  forma alguna se  encamina  a acreditar que la prueba fue distorsionada en su expresión fáctica,  por las siguientes razones:   

Cuando  se acude al error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  es  deber  del  censor acreditar que uno es el contenido  material  del  medio  probatorio deformado, y otro muy diferente el valor que el  juzgador  le otorga, al extremo de hacerle decir a esa probanza algo distinto de  lo  que  en  realidad expresa, por lo cual el sentido de la decisión se altera.   

Nada  de  esto  propone  el  actor,  pues ni  siquiera  ilustra  a la Corte sobre el contenido integral de la prueba que aduce  distorsionada,  y  menos  indica  cuál  fue el análisis que sobre ella hizo el  fallador  -situación  que le impone al libelista la carga de traer a la demanda  los   apartes  pertinentes  del  fallo-  limitando  su  inconformidad,  llana  y  simplemente,      a     sostener     que     el     juzgador     “omitió”  considerar  la  experticia rendida por el Instituto de  Medicina  Legal, terminando por plantear, sin desarrollo alguno, un falso juicio  de existencia por omisión probatoria.   

Otro  tanto  ocurre con el falso raciocinio  denunciado,   yerro  cuya  demostración  implica  señalar  cuáles  fueron las  leyes  de  la  ciencia,  los  dictados  de  la  lógica o  las reglas de la  experiencia  o  del  sentido  común  objeto  del supuesto quebranto.  En  vez de ello, el actor,          en          afirmación          inextricable,     sostiene    que    Tribunal  le  dio  a  un  medio  de  prueba un alcance que no tiene,  incurriendo  por  lo  tanto  en  una suposición de pruebas para endilgarle a su  defendido  autoría  en  los acontecimientos por los cuales se profirió condena  en su contra.   

Lo que en últimas  descubre  la  demanda, es la inconformidad del recurrente con la declaración de  los  hechos  y  el  mérito persuasivo conferido por el fallador a los medios de  prueba   recaudados   en   el   proceso,   pero   sin   llegar   a  acreditar  la necesidad de que la Corte  proceda   a   garantizar   derechos   fundamentales  del  acusado  presuntamente  menoscabados  en  las instancias, como para que la Sala de cabida a la casación  discrecional    para    un    caso    en    el   que   no   concurre   la   vía  común.            

         

        Como  quiera  que  el  casacionista omite fundamentar con           claridad      y     precisión  los  motivos  que  lo  llevan  a  invocar  el  ejercicio  de  la  discrecionalidad  por  la  Corte, los cargos que  formula  no  sólo  resultan desconectados de la realidad jurídica que el fallo  ofrece   sino   que   acusan   inocultables   defectos   de  orden  argumentativo    y,    porque  además, de la revisión de lo  actuado  no  se observa violación de garantías fundamentales que tornen viable  el    ejercicio    de    la    oficiosidad    por    la    Sala,    deviene inexorable tener que inadmitir  la  demanda y disponer la devolución de las  diligencias   al   Tribunal de origen.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

         

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  discrecional        presentada       a       nombre       del       procesado  NELSON    ENRIQUE   PEDROZA   PIROTAVA,  conforme  con  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este  proveído.   

    

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ           MARIA  DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                               MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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